Disclaimer en el capítulo 1.

¡Muchísimas gracias a todas por la acogida! En especial a Lledó, Vnat07, Pau, LyzzCullenSalvatoreSwanQueen y Liz por dejar review, y a Yara por estar encima mía para que actualice. Tengo muchas esperanzas puestas en esta historia y vosotras sólo las multiplicáis x)

Capítulo 02

Las calles de Rusia estaban frías y silenciosas. El invierno había llegado pronto ese año, adelantando a su vez las horas nocturnas y obligando a la gente a refugiarse antes en sus hogares. No había nadie alrededor para escucharla. Ni a ella, ni a sus pasos dubitativos sobre la acera.

Regina apenas sentía la nieve helada sobre la que posaba sus pies descalzos, ni el viento gélido que movía sus cabellos enmarañados, ni tampoco el reguero de sangre humana que las puntas de sus alas, demasiado grandes y desconocidas para su pequeño cuerpo, dejaban a su paso. El simple camisón blanco que utilizaba para dormir estaba rasgado y salpicado de rojo carmesí, pero no tenía muy claro como había pasado.

Recordaba el dolor. Un dolor desgarrador que la había sacado del sueño profundo propio de una niña sin demasiadas preocupaciones. Un dolor que casi le había partido la espalda. Nadie la había preparado para eso. Ella sabía que era diferente, inhumana, que sus "padres" no eran sus padres, que tenía cualidades superiores a ellos, que querían usarla por ello, pero nadie le había dicho que dolería, que se volvería loca de dolor.

Su siguiente paso se sintió más húmedo que los anteriores y, al bajar la vista, contempló como el agua de un pequeño charco se mezclaba con el líquido escarlata que venía tiempo arrastrando con ella. Las ondas suaves que se formaron distorsionaron levemente su reflejo, pero no lo suficiente como para impedir que se viera en él.

Su rostro estaba cubierto de sangre y lágrimas, y sólo las últimas eran suyas. No había tenido elección, se dijo al comprender lo que había hecho. Ellos querían seguir utilizándola como un monstruo de feria durante el máximo tiempo posible, y este cambio, esta... evolución de su cuerpo alteraba sus planes. Lo había visto en sus ojos. Iban a matarla y deshacerse de ella como si nunca hubiera existido. Y habían gritado por ello. Ella los había hecho gritar. Y gritar. Y gritar.

Sus pequeñas manos subieron hasta sus oídos, queriendo tapar así aquellos chillidos que la perseguían y parecían iluminar las oscuras calles. Cayó de rodillas y retrocedió como pudo hasta la pared más cercana, encogiéndose sobre sí misma y pidiéndole al cielo que las voces se callaran.

No supo cuánto tiempo estuvo así, pero todavía era de noche cuando pasó. Su mente halló el ansiado silencio y levantó la cabeza para descubrir que ya no estaba sola. Allí, en medio de la carretera congelada, estaba parada otra niña casi tan confusa como ella misma, mirando a un lado y a otro hasta que se encontró con la morena.

Todo cobró sentido en el preciso instante en el que sus miradas se cruzaron. Regina dejó de sentir el frío helando sus huesos y la pequeña rubia pareció no estar perdida ya. Se pertenecían. Se complementaban. Se necesitaban.

Ambas intentaron moverse hacia la otra al mismo tiempo, pero ninguna lo consiguió. La demonio se dio cuenta entonces de que sus muñecas estaban atadas a la nieve mediante gruesas cadenas e instintivamente tiró de ellas. Tiró y tiró, intentando avanzar, hasta que más lenguas de hierro salieron de la pared y aprisionaron sus recientes alas. Un grito de pánico la hizo dejar de luchar contra las ataduras y fijar su atención en la niña. O en lo que podía ver de ella ahora que sombras oscuras la rodeaban desde todos los ángulos, arrastrándola lejos. Lejos de ella.

Lograron hacer coincidir sus ojos una última vez y, sin saberlo, compartieron el mismo deseo y promesa por igual. "Volveré".

-SQ-

Emma se despertó de golpe, entre sudores fríos y pensamientos confusos. Tras un par de días sin novedades en cuanto al Ángel Negro, no entendía porqué de repente soñaba con ella. Porque era ella, ¿no? Mucho más joven, débil, y desprotegida, pero ella.

Aunque... ¿era eso lo extraño? ¿O debería empezar por haber visto interrumpido su propio sueño en primer lugar? Ella estaba en el patio del colegio como tantas otras veces, un campo interior protegido por los muros de la academia para ángeles aún en desarrollo, viendo a los mayores volar. A sus 13 años, creía erróneamente que aún le quedaban cinco como mínimo para que le salieran las suyas y solía pensar en cuando llegaría su momento de sentirse libre, al fin.

Pero entonces todo había cambiado. Ya no era de día y no era hierba lo que pisaban sus pies. Se encontró en medio de una lúgubre nevada y, cuando la vio y quiso acercarse a ella, unas manos fantasmagóricas la agarraron y se lo impidieron. El impulso de rescatarla, desencadenarla, todavía corría por sus venas. Y no parecía una sensación pasajera.

Emma sacudió la cabeza, apartando esa línea de pensamiento de su mente, y se levantó de la cama para empezar su día. Se duchó rápidamente en el baño contiguo a su habitación y salió vestida y con el pelo húmedo al salón-cocina del apartamento. Henry y Ashley, la niñera, que ya estaban desayunando en la barra americana, la saludaron.

- Buenos días también – respondió ella peinándose con los dedos y yendo directa a la cafetera.

- Oye, ma – se lanzó el niño al verla bastante contenta para ser tan temprano -, ¿puedo quedar esta tarde con Hansel y Gretel? Es sábado y me han invitado a ir al parque con ellos.

- ¿Y quién va a...?

- Su padre estará allí con nosotros todo el tiempo – la cortó el chiquillo, emocionado.

Emma se dejó convencer y asintió conforme. No debía olvidar que, aparte del nieto de dos arcángeles, su pequeño sólo era un niño y tenía que disfrutar como tal. Además, los mellizos eran casi los únicos otros infantes de su edad, dado que los nacimientos angelicales eran más bien escasos y podían pasar años sin que se produjera ninguno. Con los demonios pasaba igual, pero nadie hablaba de las "pocas" similitudes entre las dos especies.

- ¡Gracias, ma! - y se fue corriendo a su cuarto a planear quién sabe qué aventuras.

- ¿Y tú, Ash? ¿No tienes planes? - la chica libraba los fines de semana y, a menos que a Emma le surgiera algún improvisto y no encontrara a nadie más, los pasaba fuera del piso.

- Thomas sale a las dos – Thomas era su novio, trabajaba como asistente en una de las plantas inferiores de la Torre según la rubia sabía -. He quedado con él para comer. Puedo llevarme a Henry y dejarlo en el parque después – ofreció.

- Te lo agradezco – dijo ella dejando la taza vacía en el fregadero y cogiendo su eterna chaqueta de la silla -. Yo me voy ya a la Torre.

- No trabajes demasiado...

- Lo intentaré – rió sabiendo que eso era exactamente lo que iba a hacer -. ¡Hasta luego, Henry! - gritó a través de la pared.

- ¡Adiós, ma!

-SQ-

Snow se unió a su marido en el salón del Consejo, situado en la planta 22, y ocupó su lugar de los seis que formaban un círculo perfecto alrededor de la gran mesa de caoba que presidía la sala. Su idea había sido realizar la reunión nada más solicitarla, pero el conjuro que tendrían que lanzar colectivamente para que los otros arcángeles se transportaran allí había tardado dos días en programarse.

En cuanto el reloj dio las 8 y cuarto, juntó una de sus manos con la de David y susurró con él las palabras correctas en lengua antigua. Un pestañeo después, los cuatro componentes restantes del grupo estaban en sus sitios correspondientes.

A su izquierda, Blue la obsequió con una sonrisa diplomática y Snow respondió con una propia. El "hada azul", cómo era conocida por la mayoría, gobernaba África con mano de hierro y no era famosa por dejar cabos sueltos. Un asiento más allá se encontraba Glinda, la más joven y pacífica de todos. La rubia todavía era algo ingenua en algunos aspectos pero su territorio en Oceanía llevaba tiempo sin haber entrado en conflictos de ningún tipo. Del otro lado, Archie y Marco, dueños de Europa y Asia respectivamente, se palmearon la espalda como buenos y viejos amigos. David y ella cerraban el círculo, con toda América bajo su mando aunque en esos momentos era James, su cuñado, el que regentaba el Sur junto a su propia pareja.

Como arcángeles, los seis representaban el máximo poder en el mundo de los Melek, y por esa misma razón ninguno se fiaba de los demás. Ellos mismos, con sus tretas y juegos de poder, eran tan peligrosos para su bienestar como cualquier demonio.

- ¿Y bien? - comenzó Archie, directo al grano. Sus compañeros de mesa ya les habían enviado a él y a los otros un informe completo, pero era necesario discutir lo más importante -. ¿Alguna idea de cómo debemos proceder en esto?

- Es una situación complicada – razonó David -, principalmente porque no tenemos acceso (ni métodos para obtener dicho acercamiento) al Ángel Negro. Pero a todos nos corresponde estar de acuerdo en que es peligrosa y tenemos que conseguir controlarla de alguna forma.

- ¿Cómo de peligrosa debemos suponer que es? - quiso entender Glinda -. Sabemos a ciencia cierta que se ha interpuesto en varias operaciones de la Guardia, pero en ninguna de ellas nos ha perjudicado explícita e intencionalmente a nosotros.

- Eso es verdad – intervino Marco -. ¿Porqué no considerar la opción de que sea una aliada?

- El peligro radica en su poder – rebatió Snow, negando inconscientemente con la cabeza -. Su forma de matar es... escalofriantemente certera. Hemos encontrado víctimas suyas con la cabeza cortada, que como sabéis es la forma más eficaz de eliminar demonios de bajo nivel – explicó -, pero también muchas otras (incluidas las dos últimas) con el corazón reventado.

- ¿Desde dentro? - inquirió Blue, sospechando lo peor.

- Rasgado de fuera hacia dentro, sí – confirmó la morena.

Nadie tuvo que especificar lo que eso significaba. Eran pocos los seres con la cualidad de sobrevivir a un ataque así (mediante la regeneración del órgano perdido), y muchísimos menos los asesinos capaces de realizar semejante acto, ya que requería acercarse mucho a la víctima y poseer una fuerza, una energía interior fuera de lo común.

El Ángel Negro era feroz e imprevisible. Y no podían dar ni un paso en falso respecto a ella.

-SQ-

Emma frunció el ceño nada más entrar en la recepción de la Torre. Notaba el ambiente... extraño, como recargado, y el personal estaba inusualmente activo y predispuesto para un sábado por la mañana. Entró en uno de los ascensores con un puñado más de personas y se apoyó en una esquina, ya que ella iba a la última planta.

Sin embargo, y al contrario que de costumbre, se fijó en los ángeles a su alrededor. Todos estaban agitados y hablaban con susurros entre ellos. ¿Cuál era el motivo de tanto secreto? Vio de reojo que una amiga agente de la Guardia acababa de subir al elevador y no perdió la oportunidad de colocarse a su lado.

- ¿Tienes idea de porqué hay tanto revuelo hoy aquí? - le susurró cuando la otra mujer notó su presencia.

- ¿No lo sabes? - le preguntó Mulán de vuelta en el mismo tono -. Hay reunión del Consejo, ya llevan una hora o así.

- ¡¿Qué?! - hizo caso omiso de los que se giraron a mirarla y se centró en su exótica compañera -. ¿Porqué no se me ha informado?

- Supuse que te lo habría dicho tu secretaria – se excusó la morena, que no tenía culpa de nada -. Todos los despachos recibieron la circular de rigor.

Emma hizo la nota mental de despedir a Johanna a la primera oportunidad que se le presentara. Sabía que la mujer le hacía más caso a su madre que a ella, pero no pensaba que llegaría al extremo de ocultarle tal información por lealtad a Snow.

Bajo la perceptiva mirada de Mulán, salió del ascensor en la vigésimo segunda planta, dispuesta a irrumpir en la sala del Consejo si era necesario. Obviamente estarían hablando del caso del Ángel Negro, y ella tenía mucho que decir sobre ello. Pero no cayó en la cuenta de que, como buen oportunista, su peor pesadilla (más conocido como su hermano Neal) estaría vigilando las puertas.

- Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí – dijo él con su petulante voz -. Creí que aparecerías antes, hermanita, debes de estar perdiendo facultades.

Emma se obligó a respirar profundo y contar hasta diez. En realidad, Neal no tenía motivos para sentirse superior. Aunque sus padres lo consideraran un modelo perfecto a seguir y la mitad de los Melek creyeran que era el elegido para ser el próximo arcángel por ser hijo de dos de ellos, todo era pura fachada.

Los inmortales también tenían "reglas" de crecimiento. Lo normal, tanto en ángeles como en demonios, era que las alas salieran entre los 18 y los 20 años, y a partir de ahí ir ganando exponencialmente poder y experiencia para dejar de envejecer entre los 25 y los 30. Aquellos que lo conseguían antes eran los más poderosos, y por tanto más difíciles de matar. De ahí los niveles de jerarquía entre ellos.

Neal había entrado en esos intervalos por pocos días, logrando alcanzar dichas fases en el límite, pero nadie parecía fijarse en eso. Todo lo que los arcángeles veían era que, si conseguía ascender, los White controlarían la mitad del Consejo. Preferían alentar veladamente a August, hijo de Marco y otro de los candidatos, y ninguno la notaba a ella. Ninguno se daba verdaderamente cuenta de Emma, la pobre e invisible hermana pequeña que había obtenido sus alas a los 15 y aparentaba 22.

Pero casi mejor, así no la verían llegar. Que siguieran considerándola un raro caso aleatorio sin mayores connotaciones la beneficiaba en muchos aspectos.

- Déjame pasar – exigió -, es importante.

- Tú no decides lo que es importante y lo que no.

- ¿Y tú sí? Que yo sepa todavía no estás sentado en la mesa.

Neal apretó los dientes y, como siempre que se sentía impotente, atacó donde más le dolía.

- Si has venido a la Torre por la reunión... ¿Dónde te has dejado hoy al pequeño bastardo?

La espalda del irritante hombre se clavó en la puerta detrás suya con un golpe seco, los puños de la rubia sujetándolo con fuerza por la horrible camisa que llevaba puesta. Pero la contestación que tenía preparada murió en su garganta cuando David les salió al paso, alertado desde dentro por el ruido.

- ¿Se puede saber qué pasa?

- Emma quería entrar sin autorización – acusó Neal soltándose del agarre.

- Es mi caso, tengo derecho a saber lo que estáis decidiendo – se defendió ella.

El padre de ambos miró de uno a otro y finalmente le hizo un gesto de asentimiento con la cabeza.

- Puedes pasar.

- Pero...

- Yo la autorizo, Neal, no hace falta que sigas custodiando la puerta.

Emma se tragó un baile de la victoria, porque no quedaba bonito ni profesional, y se apresuró en entrar dejando a su hermano atrás. Un simple vistazo a su madre le confirmó que sólo era bien recibida por uno de sus progenitores.

- No deberías estar aquí – escupió Snow ante la atenta mirada de los demás arcángeles. Que fuera invisible no significaba que no pudieran utilizarla en contra de su propia familia llegado el momento oportuno. Y las puñaladas por la espalda no eran materia escasa en el Consejo.

- Emma es la más cercana de todos a este asunto – dijo David en su favor mientras volvía a sentarse en su sitio -. Ha estado en primera línea desde que esa mujer apareció y merece saber las conclusiones que hemos sacado respecto a ella.

Los otros cuatro asintieron conformes y Blue tomó la palabra.

- Tras deliberar y estudiar la situación, y a pesar de la improbable hipótesis de que esté de nuestro lado, creemos que esa demonio podría hacernos mucho daño si decidiera volverse en nuestra contra.

- Pero no la conocemos en realidad – contrarrestó la rubia -. No podemos dar por sentado que vaya a perjudicarnos.

- Es una Iblis. Es lo único que podemos dar por sentado.

- No cuando hasta ahora ha estado haciendo todo lo contrario.

El "hada azul" la observó despectivamente, pero ella no se achantó. David carraspeó, interrumpiendo la guerra de miradas antes de que llegara a más. Un conflicto diplomático era lo último que le faltaba.

- No podemos confiar en ella así como así, Emma – manifestó su padre con un tono parecido a una disculpa.

- No será necesario, sólo tendréis que confiar en mí – prácticamente estaba suplicando, pero nada se sentiría más correcto si funcionaba -. Yo la encontraré y demostraré que es diferente.

- ¿Votos a favor de conceder la petición de la agente Swan? - inquirió Archie rompiendo el silencio que se había formado, cada uno pensando en los pros y contras de la oferta. El pelirrojo levantó su propia mano, seguido casi inmediatamente de Marco y Glinda. Y cuando ya parecía que quedaría en empate, David también lo hizo.

- Aprobado por mayoría – anunció el padre de August antes de mirarla -. No nos decepciones, joven ángel.

- No lo haré – Emma clavó sus ojos en una fastidiada Snow y, por si aún no le había quedado claro, hizo una afirmación tan significativa como el más sagrado de los juramentos -. El Ángel Negro está bajo mi protección ahora.

-SQ-

Regina había estado distraída todo el día. Incluso sus compañeras, acostumbradas a sus cambios de humor y silencios sin sentido, notaron que esta vez había algo más. Y es que no todos los días se modifica inexplicablemente un sueño/recuerdo que lleva siendo exactamente el mismo durante más de ocho décadas. ¿Qué había cambiado? ¿Lo había provocado ella o la otra niña? Niña que, a pesar de la distancia a la que la había visto, se parecía demasiado a cierta ángel rubia para ser una coincidencia...

Llevaba dos días dándole vueltas al asunto y, tras despertar esa mañana en aquellas circunstancias, había decidido jugársela. Esa noche se colaría en la Torre para recuperar el hançer que se había dejado en el pecho de Igor, era un arma especial y la quería de vuelta. Si la conseguía sin contratiempos, se olvidaría del tema de la alianza entre Melek e Iblis. Y si por el contrario se topaba con aquella mujer... intentaría tener una conversación con ella. El que no arriesga no gana.

No les dijo a Tink y a Belle adónde iba, conocedora de que intentarían disuadirla, y subió a la azotea de la discoteca-tapadera para desplegar las alas y echar a volar. El efecto liberador fue inmediato. Las plumas extendidas para atrapar el viento, los músculos de la espalda en tensión y alerta ante cualquier obstáculo, el cuerpo entero lleno de un control único sobre el mundo alrededor. Dudaba mucho que hubiera una sensación mejor.

Se elevó hasta que la ciudad fue un conjunto de luces bajo sus pies y planeó durante una media hora hasta alcanzar la Torre con la vista. El edificio estaba vigilado día y noche, tanto en tierra como en el aire, pero ella era una experta en pasar desapercibida y no le costó confundirse con las sombras nocturnas, traspasando el perímetro de seguridad de los guardias.

Guiada por la energía restante de su propio poder que impregnaba el hançer, voló hasta la última planta y aterrizó en uno de los balcones, absorbiendo las alas en su espalda antes de entrar en el interior, que resultó ser un modesto despacho. La puerta por la que había entrado formaba parte del mismo ventanal que hacía al mismo tiempo de pared, y enfrente de ella una mesa con papeles y un portátil sobre la que estaba su puñal.

Dio la vuelta al escritorio, quedando de espaldas a la puerta de la oficina, y aferró el arma blanca al mismo tiempo que escuchaba un clic detrás suya. Ya no estaba sola y, por un segundo, no supo cómo actuar. Pero entonces le llegó el olor, la esencia de la persona que se había quedado también inmóvil. Vainilla y canela. Embriagador.

Se giró despacio, con la daga aún en la mano, y percibió un segundo clic. El de la puerta al cerrarse con decisión. Debería mantener el hançer sujeto, a sólo un movimiento de herir a su ahora acompañante de habitación y tener una posibilidad real de salir corriendo, pero en vez de eso aflojó su agarre en torno a la empuñadura y lo guardó en su bota. Me estoy volviendo una irresponsable.

- ¿No vas a atacarme? - preguntó con verdadera curiosidad, su mirada fija en su interlocutora.

Emma ladeó la cabeza, no habiendo perdido detalle de los movimientos de la misteriosa mujer.

- Sería bastante estúpido por mi parte, teniendo en cuenta que hoy me he enfrentado al Consejo de arcángeles por ti.

Regina le copió el gesto.

- ¿De qué estás hablando?

- Mi madre, Snow White, quería darte caza – comenzó a explicar la rubia. Ella, obviamente, reconoció el nombre, todo el mundo sabía quién era la arcángel del continente y con quién estaba casada -. Pero he conseguido convencer al resto de que no eres una amenaza inmediata para nosotros.

- ¿Eres hija del "amor verdadero"?

Curioso, le digo que la quieren apresar y es ese detalle en el que se fija. Emma hizo una mueca.

- Eso dicen.

- ¿Tú no lo crees?

- El amor pocas veces es verdadero, y mucho menos perfecto – declaró con rotundidad -, pero ese no es el tema en cuestión. ¿Tengo razón en que eres inofensiva o vienes a matarme para demostrar lo contrario? - repitió.

- No es guerra con los Melek lo que busco – afirmó ella, y Emma lo tomó como un permiso lícito para preguntar lo que se moría por saber.

- ¿Porqué entonces? - dejó escapar -. ¿Porqué actúas en contra de tu especie? ¿Porqué ayudas a aquellos que deberías odiar?

- Yo tomo mis propias decisiones. Nada es más importante que mi derecho a ser libre en todos los aspectos de mi vida. Yo decido a quién debo salvar y a quién no, y lo doy todo de mí en cualquiera de los dos casos. No tiene que ver con escoger un bando, sino con construir unos principios y valores propios, sin tener en cuenta ni la raza, ni la genética, ni nada – la demonio dejó que sus palabras calaran en Emma antes de hacer una cuestión propia -. ¿Porqué me defendiste tú dos días atrás?

- Mi compañero no estaba autorizado para atacarte – hasta a ella misma le pareció una mala escusa, pero la morena lo dejó pasar -. Sin embargo, los arcángeles exigen una prueba de que tú no cambiarás de opinión respecto a atacarnos a nosotros.

- ¿Qué deseas preguntar?

- ¿Qué había en el maletín?

- Un arma contra los Melek.

- Eso ya lo sé. ¿Qué tipo de arma?

- Una toxina. No estaba cien por cien lista pero con un par de retoques a la fórmula sería mortal para toda tu especie.

- ¿Y cómo sabes todo eso?

- No eres la única que tiene un laboratorio y un experto a su disposición para averiguar ese tipo de cosas – a Emma no se le escapó el tono orgulloso en esa frase, e intuyó que había mucho más que un hecho detrás de la simple oración.

- ¿Cómo sé que no la utilizarás en nuestra contra?

- ¿Cómo sé yo que tu "defensa" no es un truco para que me confíe y podáis atraparme con mayor facilidad?

- ¿Te parece poco que me haya enfrentado a ellos sin ninguna garantía de que tus intenciones sean buenas?

- Me parece demasiado conveniente para ti que lo hayas hecho justo antes de que yo aparezca.

Emma suspiró. Era consciente de que era lo normal que no confiaran la una en la otra pero no estaban llegando a ningún lado con esa conversación aunque, al mismo tiempo, sintiera una necesidad casi patológica de que no terminara.

En el fondo, conocía la solución. Tendría que dar un salto de fe, revelar algo tan personal de ella que la demonio no tuviera ninguna duda de que era verdad.

- Tengo un hijo – confesó en un susurro, apoyándose en la pared y sabiendo sin saber que la otra mujer jamás dañaría a ningún infante -. Tiene 10 años y lo último que quiero es que se vea en medio de una guerra que no tendrá vencedor. Y como él...

- ...miles de niños en el mundo – completó la morena.

La mirada que intercambiaron fue mucho más significativa que cualquier cosa que Emma pudiese decir en respuesta. Era casi un déjà vu, sólo habían cambiado el callejón por un despacho. Por primera vez en todo el diálogo, se entendieron a la perfección. Y quizás por eso se vieron interrumpidas.

Ambas se volvieron hacia la puerta cerrada al escuchar pasos y voces aproximándose, y la morena comenzó a recular en dirección al balcón.

- Llevo aquí demasiado tiempo – dijo saliendo al aire frío característico de las noches de Maine.

- ¡Espera! - Emma la siguió, pero se detuvo en el dintel de la salida -. Ni siquiera me has dicho tu nombre.

Regina la miró, sonrió de lado e, inconscientemente, repitió cierta palabra con sabor a promesa antes de saltar.

- Volveré.


*Melek – ángel. Iblis – demonio. Hançer – puñal.