Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J.K. Rowling y a Warner Bros, yo solo tomo prestado los escenarios y los personajes para divertirme un ratito.
Esta historia participa en el Reto #31: "NaNoWriMo" del Foro "Hogwarts a través de los años".
Ha empezado como un reto, pero ha tomado forma por si sola, así que esperemos a ver como resulta.
Quiero tomar unas lineas para agradecer a todos aquellos que se dieron la oportunidad de leer esta loca historia y que como un bonus comentaron, incluso a los que no lo hicieron y añadieron a favoritos y comenzaron a seguirla. Se merecen todo mi amor, espero no defraudarlos.
Máquina infernal
Las horas después del juicio transcurrieron demasiado aprisa para desgracia del rubio, dado que era catalogado como una escoria del mundo mágico, su última magia "permitida" se basó en unos cuantos lumus y un wingardium leviosa para levitar una pluma del suelo, patético, realmente patético.
El ministerio se encargó de canalizar toda su magia sin varita con un discreto artefacto parecido a una pulsera, tenerla puesta no hubiera sido demasiado malo, si la mugrosa pulsera no absorbiera parte de su energía vital.
─Es solo es cuestión de acostumbrarse─. Había dicho la auror de la cual no recordaba el nombre y tampoco le interesaba, no después de ver esa mirada que todos le dedicaban, ¿rencor, asco, lástima? ¿Una mezcla de las tres? Ni puta idea realmente y lo traía sin cuidado también, ¡que se jodieran todos!
Un fuerte ruido de metales chocando lo saco de aquel sueño que después de mucho trabajo había logrado concebir, miró con cara de pocas pulgas al desdichado y grande fue su sorpresa al encontrarse a la cabeza intelectual detrás de todo este teatro.
─ ¿Estás listo, Malfoy?─ preguntó la chica sonriendo de esa forma que a el tanto le exasperaba.
Un único gruñido salió de sus labios y levantándose se acerco hasta ella. Kingsley, explícitamente le sugirió que al lugar al que iba, no le haría falta ninguna de sus pertenencias, por lo que lo único que debía llevar a su castigo era a si mismo y ya.
─¡Qué bueno que estés tan cooperativo, hurón!─bromeó ella, saliendo del cuarto del ministerio en el cual lo habían mantenido retenido desde la tarde anterior ─Me alegra que estés tomando esto con gracia─, continuó ─al menos yo si lo estoy disfrutando mucho.
─ ¡Vete al demonio, sangre sucia!
─ ¡Aja! Ahí está el hurón botador que todos detestamos─. Rió ella.
El chico puso los ojos en blanco y mordió sus labios para terminar de una vez con aquella molesta visita.
─Dado que me he autonombrado tu niñera con permiso de Kingsley, es hora de irnos.
¡Merlín, no!
El ascenso hasta la primera planta del ministerio fue demasiado silencioso aunque no tan rápido como a el le hubiera gustado, bastante gente pululaba incomoda a su alrededor, lanzaban miradas de desprecio y susurraban entre cotilleos sobre su persona, sin ser demasiado discretos para ser sinceros, ¿pero qué se le podía hacer? Nadie de ellos se había caracterizado por tener más de una neurona funcional en su cerebro.
Salir del ministerio se sintió algo gratificante, había pasado casi un año desde que Malfoy pudo mirar libremente el cielo sin temer por represalias o ataques inesperados. La guerra le había cambiado a todos, era cierto. Tuvo que madurar de golpe; un día era aquel chico malcriado y berrinchudo y al otro tenía el peso de la vida de sus padres y la propia arrastrándolas sobre sus hombros, solo porque a un maldito lunático se le había ocurrido la grandiosa idea de dejar en manos de un adolescente la vida de uno de los magos más poderosos del mundo mágico.
Negó levemente y cerró los ojos con fuerza.
─ ¿Te pasa algo, Malfoy?─ preguntó su acompañante.
─Nada que te interese, Granger─. Contestó él de inmediato y recobrando la compostura se enfrento a ella ─Empecemos esto de una vez, ¿cuál cree su alteza que sería el primer castigo idóneo para este traidor?─ dijo burlonamente.
Su sonrisa, casi logra que por un momento el chico se estremeciera, casi.
Con un movimiento de cabeza lo instó a seguirla hasta unas escaleras que se sumergían al ras del suelo a unas cuantas calles de donde se encontraban.
Draco, frunció el ceño cuando ella comenzó a descender por las mismas y dudando un poco al final la siguió, la curiosidad siempre había sido una de sus debilidades.
Una especie de lobby se abrió paso en cuanto terminó de bajar las escaleras, Granger se encontraba sonriendo frente a el con una sonrisa petulante y burlona, odiaba esa sonrisa y sobretodo a su dueña.
─Bienvenido al subterráneo, Malfoy. El sistema de transportes más grande de Londres.
─ ¿Por qué mierda se llama subterráneo? ¿Acaso ustedes los muggles tienen algún complejo de topos?
Ignorando sus palabras, ella continuó su camino dejándolo atrás. Soltando un gruñido se apresuró, aunque le pesara admitirlo debía prestar atención a todo lo que pudiera aprender de la pelo arbusto, si iba a vivir cinco años como un maldito muggle, mejor aprender a hacerlo.
Granger, le entregó una especie de papel de pésima calidad, por si a alguien le interesaba, y le explicó algo sobre las monedas y billetes (el extraño nombre de sus galeones) y su función.
El oro funcionaba igual en cualquier parte, si tenías mucho valías, de lo contrario eras solo uno más del montón. Desgraciadamente lo único que poseía él en ese momento era aquel billete y temía que eso no duraría por mucho tiempo, debía encontrar un lugar para obtener más de esos, él era un Malfoy y un Malfoy no era un donnadie.
─Debes ingresar el billete por esta boquilla y después pasar por estos tubos en cuanto la pantalla negra proyecte una paloma verde─. Explicaba ella.
¡Ja! ¡Bastante sencillo!
El rubio camino hasta el obstáculo e ingresó el billete, el cual fue absorbido de inmediato. Volteó a ver a Hermione con suficiencia y sonrió socarronamente. Todo muggle que se respete sabe que esas mentadas maquinas son un artefacto del diablo y que al meter un billete por la boquilla, dicho billete debe estar en perfectas condiciones, casi como si estuviera recién planchado y sin ninguna arruga.
Draco no sabía eso y demasiado entusiasmado como se encontraba se le olvido la segunda indicación que Hermione le había dado, "fijarse que la pantallita marque verde".
Fue casi poético uno de esos momentos que hubieras matado por tener una maldita cámara de vídeo para después compartirlo y reírse de la desgracia ajena.
Draco empujo los tubos con su cuerpo con demasiada fuerza y rapidez y las leyes naturales hicieron el resto, en un momento se encontraba parado frente a la máquina infernal (como la había nombrado hace un momento) y al otro segundo la inercia lo había arrojado tan fuerte que trastabillando fue a caer de culo, mirando ceñudamente a todos a su alrededor, colorado como una piruleta de cereza.
Está comprobado que es mucho más fácil decir las cosas y alardear sobre algo, pero al momento de hacerlo las cosas se complican bastante, mucho más de lo que se suponía.
Draco Malfoy, nunca había tenido en cuenta aquello, hasta que por azares del destino y por causa de una maldita leona, se encontraba en aquella situación.
La escena no hubiera sido tan humillante si la misma persona que deseaba estrangular lenta y dolorosamente estuviera riéndose de él en sus propias narices, aquello era terrible. Granger, pensó muy bien en su castigo y aunque ahora no era el momento de cobrarse el favor, algún día lo haría y por Salazar que esperaría ese día con anhelo.
Un pequeño capítulo de iniciación en el mundo sin magia. Primer día y nuestro Draco ya beso el piso. xD
Nos leemos, Ane.
