¡Hola de nuevo! Muchas gracias por sus alentadores reviews :'3 -Brozz Ren Me alegra muchisimo que te guste como es Shae y aun le queda mucho por demostrarse y admito que me dio mucha gracias tu comentario sobre Asmita porque creo que es el deseo interior de todas nosotras jaja -Monkey D. Ivy ¡Es agradable que estés aquí nuevamente! Espero te siga gustanto la historia xD -Blaisse Gracias a ti por darle una oportunidad a mi ffc espero cumplir con las espectativas jaja

La verdad disculpenme, este capitulo sera mucho mas corto que el anterior, pero tuve que dejarlo por aqui. Pero prometo que el cuarto sera un poquito mas extenso, aunque no se si estara listo para la proxima semana :'v

¡Nuevamente gracias a todas!

¡Saludos!


Capitulo III

Unos cuantos días después de que compartieron esa mañana tan peculiar y nada prevista. Shae ya había vuelvo al trabajo. Todo estaba en orden, solo quedaba el pequeño inconveniente de que sus empleados más cercanos seguían insistiendo de como se había hecho aquella herida larga. Ella contesto simplemente que había sido un rasguño ocasionado por su torpeza. Y a pesar que nadie estaba convencido, dejaron el tema por temor a que la pequeña jefa los mandara a casa.

Nunca lo había hecho realmente, pero nadie quería ponerla a prueba.

Se amarro el cabello en su típica coleta. Poniéndose manos a la obra para preparar aquellos dulces que se habían atrasado por su ausencia.

Le encantaba estar horneando, hacer nuevas recetas y todo lo relacionado a la pastelería. Pero ese día especialmente se sentía nostálgica.

No volvió a saber de Asmita Relish, no después de su último encuentro. Tal vez se había dado cuenta por fin que ella era un caso perdido en todos los sentidos.

Con un suspiro apagado cuadro los hombros y comenzó a rearmar su escudo de hielo alrededor de su estropeado corazón, o lo que quedaba de él… Bueno la vida continuaba, aunque ahora la veía de un raro color gris. Con el tiempo se recuperaría.

El tiempo lo cura todo a veces. Si pasaban un millón de años más, quizás podría pasar.

Descargo una parte de su amargura cuando amasaba los panes. Pero ni eso podía mitigar el ligero pinchazo en su pecho. Ahora no estaba nostálgica, simplemente se sentía enojada porque nadie le mando a salvar la vida de ese hombre y que estúpidamente ella en su mente ridícula se hiciera falsas ilusiones aunque él no le dio motivo para dárselas. A pesar de su preocupación inicial no había pasado absolutamente nada de lo normal.

¿Y que pretendía su mente haciéndola esa jugarreta? Si apenas si se conocían.

Ya a esas alturas debía de estar consiente que moriría sola. Y si quería tener hijos, tendría que adoptar. No volvería a poner su corazón en manos de ningún hombre, ni que el mismísimo señor Relish viniera ahora mismo con una propuesta de matrimonio.

Tras descargar su pequeño mal humor, encogió los hombros ante el peso de la responsabilidad que como a cada momento; se cernía sobre ella como una macabra sombra recordándole que se le estaba escapando la situación de las manos. Shae se mordió el labio con frustración y pena. Su sueño estaba a punto de irse por la ventana, y todo por culpa de ella. Había estado tan desesperada en abrir una pastelería propia que sencillamente se lanzó de cabeza.

Por ser tan ingenua cuando compro a toda prisa aquel local, se dio cuenta muy tarde que estaba bastante destartalado, más de lo que las apariencias superficiales aparentaban.

El vendedor se había dado a la fuga en un parpadeo. Y ella no podía permitirse un abogado para poner cartas legales en el asunto. Además que ir a llevar una denuncia a la comisaria sería una pérdida de tiempo porque sabía que no harían nada.

No sabiendo que misma ella había caído tontamente en una trampa...

Finalmente no le quedo de otra que gastar una buena parte de su capital en las reparaciones y le llevo más tiempo y dinero de lo que había pensado. Dejándola en una situación muy apretada, tanto que no se había podido permitir mudarse a otro lugar más tranquilo.

Para empeorar las cosas, aun había varias fallas en el pequeño local. Y todas sus ganancias se iban para seguir mejorando los daños, el pago de sus empleados y por último el alquiler de su apartamento. Simplemente el dinero se esfumaba sin que ella pudiera utilizarlo para algo más. Y si eso seguía así, lamentablemente tendría que vender la tienda, porque tenía varios pagos del banco atrasado del préstamo que había pedido para terminarlo y poder abrir por fin.

Eso le rompía el alma en tantos pesados que no sabía si algún día podría recoger cada uno de los fragmentos. Sus queridos empleados tendrían que irse para otro sitio y ella con el dinero de la venta de la pastelería pagaría el banco y nuevamente se quedaría sin nada.

Tal vez esa era su forma de vivir para el resto de sus días.

Trago el nudo de su garganta y apretó los puños mientras miraba a un punto en la nada de la cocina. Había estropeado todo, ojala su querida abuela le perdonara todo desde el mas allá por a ver tenido una nieta tan incompetente.

Paso el resto el día con el corazón pesado, a pesar que lo escondía con una sonrisa y sus típicas bromas a sus empleados para aligerar el ambiente y que nadie sospechara nada. Llegará el momento que tendrá que decirle que no podría seguir manteniendo el local abierto.

Con una sonrisa forzada se despidió de los jóvenes, que poco a poco se iban a sus propios hogares y la dejaban sola para poder cerrar. Petter había insistió en ayudarla con la tarea, pero ella lo despacho alegando que tenía otra cosa que hacer antes de cerrar. Lo cual era falso, no tenía que hacer nada más que echarse a morir por un rato en su pequeño escritorio.

Sabía que debía darse prisa y que no la agarrara la noche. No le apetecía pasar otro susto mortal como la noche pasada. Pero era como si su cuerpo no tenía ánimos ni para una simple caminata.

Poco rato después un golpeteo en la puerta principal de la tienda la hizo ponerse alerta.

Era extraño porque ya estaba en cartel de "cerrado" y todos los empleados se habían retirado ya a sus casas. A menos que a uno de ellos se le haya olvidado algo.

O quizás no…

Tamborileo con las uñas la madera del escritorio algo nerviosa he indecisa. Tenía muchas ganas de que aquella persona se cansara y se fuera. Una parte de ella le aterraba que fuera aquel sujeto que la había intentado robar, que este hubiera descubierto donde trabajaba y le diera una visita no tan agradable.

El toque al vidrio se hizo más pausado pero igual de insistente. Shae se armó de valor y decidió correr el riesgo. Tal vez si era uno de sus empleados, o quizás algún cliente con un pedido demasiado urgente como para esperar a la mañana.

Una risa sarcástica subió por su garganta al ser algo tan absurdo.

-¿Shae?

Ella se quedó estática a medio camino en su oficina. Enseguida el corazón comenzó a retumbarle en el pecho. Reconocería esa voz profunda y con ese acento tan exquisito en cualquier parte.

Salió de su oficina que quedaba en la parte de atrás del local. Llegando a la barra donde se atendían los clientes, vio al señor Relish en la entrada, al otro lado del vidrio, examinando el interior del lugar buscándola. Su respiración se cortó, cada vez ese hombre la dejaba clavada en el sitio con su devastador atractivo. Nuevamente estaba con un traje color plomo oscuro. Aún tenía el yeso, pero eso no le quitaba el aura de sensualidad a su alrededor. Y esa cabellera dorada fluía por debajo de los hombros en una caída gloriosa.

Y sus profundos ojos violáceos la hacían flaquear las rodillas.

La segunda vez que la llamo, Shae parpadeo saliendo del trance de su atractivo.

Despacio se dirigió a la entrada, dándose cuenta que debía de verse fatal y toda llena de harina como siempre.

Abrió la puerta y esta dio un suave tintineo de campanas- Señor Relish, ¿Que lo trae por aquí?-procuro que su voz sonara normal y no nerviosa como realmente se sentía.

Asmita la escruto con la mirada, quemándola viva, pero ella se mantuvo firme. Sus ojos se demoraron aun en la herida rojiza de su cuello y rostro. Creyó ver un brillo de preocupación e ira, pero se debió habérselo imaginado porque se esfumo tan rápido como había llegado.

El suspiro suavemente.

-¿Puedo hablar contigo un momento?

Ella estrecho su mirada. Notando que detrás de sus palabras había muchos significados ocultos. En contra de su buen juicio asintió y lo invito a pasar a la tienda.

Asmita la detallo, tenía una ropa sencilla y aun no se había quitado el delantal a pesar que la pastelería ya había cerrado hace ya un buen rato, era como si fuera una parte más de ella. Al verla de espaldas a el no pudo evitar dirigir su mirada al suave bamboleo de sus caderas, o el hipnótico movimiento de su cabello oscuro. De repente tenía el fuerte impulso de quitarle esa endemoniada coleta y ver su melena libre y danzante en su espalda. Impresionante… ella no hacía nada para insinuársele y ya su sangre ardía como fuego liquido. Sonrió, es más ella lo repelía como su tuviera la peste negra.

No sabía que era, pero esa muchacha lo atraía como una abeja a la miel.

Shae lo guió a una pequeña mesa con un par de sillas donde normalmente los clientes charlaban mientras comían animadamente. Asmita tomo asiento, pensando seriamente como ella se tomaría lo que tenía que decirle. Tal vez lo tomaría con calma y simplemente lo mandaría a volar, o fácilmente le clavaria una daga en el corazón.

En cambio ella se quedó de pie observándolo con mucha intensidad, como si así pudiera descubrir todos sus secretos- ¿Puedo ofrecerle algo?-señalo la barra de dulces y a él sinceramente se le hizo agua a la boca.

-Sorpréndeme- murmuro con una sonrisa encantadora.

Trato de que esa sonrisa con hoyuelo no le afectara en lo más mínimo. Pero era un reto casi imposible. Así que ignorando el calor en sus venas, tomo el desafío con una sonrisa maligna. Está bien le daría algo que lo dejaría con ganas de más.

Asmita no le pasó desapercibido el brillo de diversión en sus ojos oscuros. El trago suavemente, esperaba que no la hubiera ofendido he iba a pagar con su estómago.

Poco tiempo después Shae regreso con una pequeña copa de vidrio muy delicada en un plato blanco con una pequeña cuchara plateada. Ella con una gran sonrisa lo coloco en frente de él.

-Que lo disfrutes-dijo tomando asiento en frente de él mientras apoyaba la barbilla en su palma con un brillo de inocencia.

Asmita observo el postre con mucha curiosidad, este era de un color amarillo pálido, en el fondo tenía un bizcocho color crema. Y arriba tenía un almíbar de un amarillo más intenso y con unas semillas oscuras como decoración. Sinceramente se veía sumamente apetitoso. Así que con mucha delicadeza tomo la cuchara, descubriendo la suavidad de aquel dulce, más curioso que nunca se lo llevo a la boca bajo la estricta mirada de Shae.

La explosión de sabor hizo bailar a sus papilas gustativas, lo cítrico del postre hacia un perfecto contraste con el bizcocho de un suave sabor a vainilla.

-Es exquisito- dijo impresionado.

Shae sonrió más ampliamente- Es mousse de Maracuyá.

El la miro algo confuso, luego sus cejas se dispararon hacia arriba- ¿La fruta de la pasión?

-La misma- ella rió al mismo tiempo que un ligero sonrojo coloreaba sus mejillas.

Shae estaba impresionada que conociera aquella fruta importada desde centro américa. Ella lo conocía gracias a la decencia latina de su difunta abuela y siempre le había gustado aquellos sabores tan exóticos. Y al parecer a ese hombre poseía pensamientos similares porque siguió devorando el postre con absoluto deleite. Le agradaba que lo disfrutara, porque ese había sido un pequeño capricho traer esa fruta y le había costado un poco. Pero admiraba el rico sabor. Y solo se lo proporcionaba a los clientes más exigentes o a los más cercanos.

Después de terminarse el manjar él la miro aún más convencido de su idea inicial. Controlando las ganas que tenia de pasarle el dedo a la copa para lamer hasta lo último de aquel dulce- Esto me demuestra que la proposición que tengo que ofrecerte es la mejor idea que se me ha ocurrido- comento. Esa muchacha sabía exactamente lo que hacía.

Pero casi instantáneamente la joven se puso derecha en la silla, mirándolo intrigada y con un leve grado de sospecha- ¿Qué proposición es esa, señor Relish?

Él se puso serio mientras apartaba el plato vacío- Algo que podrá ayudarla con su situación actual.

Shae estrecho la mirada, ¿Acaso ese hombre sabia en la situación apretaba en la que se encontraba? ¿Hasta ese punto había invadido su espacio personal? Investigándola con su centenar de contactos. No le sorprendería si ya supiera la fecha en que había mudado sus primeros dientes de leche.

-¿Y ese algo es…?

-Quiero que trabaje para mí.

Ahora ella estaba genuinamente sorprendida- ¿Qué?

Asmita no pudo evitar sonreír para sí mismo. Ahora comenzaba la parte divertida o la hora de su muerte temprana…- Ha demostrado que tiene un don en sus manos, jamás en mi vida he probado algo tan singular y delicioso. Y tiene una gama muy alta de conocimiento de distintos postres y hasta panes- dijo pasando la mirada por el mostrador- Hace algún tiempo estoy buscando a alguien que sustituya a una antigua empleada que preparaba manjares para mí, pero que se retiró el año pasado. Y me parece que eres la persona indicada Shae.

La aludida se quedó sin habla, en su mente ágil pensó que esa era una oportunidad perfecta. Con ese dinero adicional podría salvar a su querida pastelería y quizás en un futuro no muy lejano mudarse de ese horrendo barrio. Pero algo le decía que había gato encerrado así que no se molestó en tardar en preguntar.

-¿Cómo sería ese trabajo en especial señor Relish?

Esta vez Asmita la observo detenidamente- Allí está el gran detalle. Si aceptas la proposición, tendrás que trabajar en mi hogar.

Ella evito hacer una mueca con los labios. La verdad es que no estaba acostumbrada a ir tan seguido a la casa de un cliente para preparar los dulces, pero podría hacer una excepción, ese dinero era una autentica bendición a esas alturas.

-Está bien, dígame que quiere que prepare exactamente y respecto al horario, tendrá que darme hasta mañana-dijo mientras pensaba con suma rapidez un plan para cubrir su ausencia en el local- Porque tengo que nombrar a una supervisora aquí en la pastelería. Pero aun así infórmeme que días puedo presentarme en su casa para trabajar.

Asmita se inclinó hacia atrás apunto de soltarle una carta que ella seguramente preferiría prenderse en fuego a que aceptarlo. Pero no pudo evitar observarla con una mirada peligrosamente sensual y con una pequeña sonrisa que la hacía delirar - Pues creo que le tengo que aclarar que tiene que vivir en mi casa.

Shae se quedó boquiabierta por unos segundos. Parpadeando incrédula ante lo que oía.

¿Hablaba en serio?

-¿Disculpa? ¿Por qué tengo que hacerlo?-dijo arqueando una oscura ceja.

El medito las palabras adecuadas antes de formularlas- Digamos que estará en el contrato, para trabajar para mi debe establecerse en mi hogar-Perfecto no era exactamente las palabras más adecuadas que se le había ocurrido. Pero demonios, estaba extrañamente ansioso y preocupado de que ella lo fuera a rechazar.

Sin embargo Asmita disfruto en secreto ver como sus mejillas enrojecían de indignación pura. Y sus ojos oscuros lanzaban chispas tras las gafas.

-Lo siento pero entonces no lo acepto- alzo la barbilla irritada por esa pérdida de tiempo y esa proposición tan indecorosa-No seré su sirvienta…-murmuro con veneno poniéndose de pie.

-Shae… por favor escúchame lo que tengo que decirte. Déjame explicarme mejor.

Estaba a punto de mandarlo al diablo junto con su propuesta. Pero cuando lo vio allí con una mirada violácea suplicante, su corazón dio un vuelco. Y en contra de su voluntad volvió a tomar asiento. Pensando que debería estar loca por querer prestar atención a lo que tenía que decirle.

-Está bien, pero hable rápido y al tema- dijo Shae entrelazando sus manos en la mesa, mientras se ponía derecha.

Asmita suspiro, tenía la esperanza de que confiara en el a pesar que no se conocían de mucho. Es más, eran prácticamente aun unos desconocidos. Pero él tenía ese sentimiento de protegerla tan fuerte, que no dejaba de pensar en ello los últimos días desde que le comento lo del intento de robo. Se negaba aceptar que ella corriera más peligro. Por eso busco por todos los medios crear un plan para ayudarla, pero ahora Shae tenía que cooperar.

El observo distraídamente sus pequeñas y delicadas manos entrelazadas, no sabía porque pero le escocían las suyas propias por tomarla en un cálido y suave apretón.

-Quiero ayudarte, pero tengo el leve presentimiento que no me lo dejaras fácil ¿Verdad?-él sonrió ligeramente cuando Shae esquivo su mirada y se ajustó los anteojos, una clara señal de que tenía toda la razón- Esta oportunidad que te estoy ofreciendo nos beneficiaria ambos, no te estoy pidiendo que seas mi sirviente Shae. Simplemente que seas mi pastelera personal por así decirlo, te pagare muy bien te lo puedo asegurar.

Ella volvió a mirarlo intrigada por su amabilidad, pero ahora una nueva duda surgió en su mente. Tan importante para ella que le daba miedo la respuesta- Pero no podría regalar a James, él es muy importante en mi vida.

Asmita le dedico una sonrisa tranquilizadora- Es el tan bienvenido en mi casa como tú.

Shae realmente sintió alivio, pero fue seguido por otra pregunta más- No comprendo, ¿Por qué está haciendo todo esto?

El hombre se inclinó esta vez hacia ella, su gran tamaño hacia que la pequeña mesa se viera ridícula. Entonces el deslizo su mirada en su herida aún muy reciente- Me niego a dejarte sola en ese vecindario Shae, no mereces vivir así y si yo puedo remediarlo, entonces lo hare sin dudar.

Shae trago forzosamente ante el intenso peso de su mirada, la hacía sentir cosquillas atrás de la nuca. Sin contar el tono preocupado y autoritario de su voz, era algo demasiado irreal para que no fuese un simple sueño. ¿El un hombre adinerado y tremendamente atractivo ayudando a una simple chica como ella?

¿En qué universo eso era posible?

-También te brindare apoyo en todo lo que a tu tienda concierne. Lo único que tienes que hacer es establecerte en mi casa, tendrás tu propio cuarto para ti y para James, junto con un patio muy grande-dijo pensando que al canino le encantaría al igual que la dueña.

-Pero aun no comprendo porque tendría usted una pastelera personal señor Relish -pregunto curiosa.

Asmita rio con suavidad- Admito que soy adicto a los dulces a todas horas. También sería bueno cuando tengo visitas. Al probar tus manjares; tienes más posibilidades de ampliar tu negocio hacia otros clientes.

Le concedía ese excelente punto. Siendo el un hombre importante, tal vez tendría amigos de igual categoría.

Era una oportunidad perfecta, como si alguien hubiera escuchado sus plegarias.

Sin embargo, el único detalle era que mudarse con aquel hombre sería un gran peligro para su corazón y su paz mental.

Shae alzo la barbilla. No, ella no caería en sus encantos y mucho menos le entregaría su preciado corazón ya fracturado a nadie más. Así que aceptaría el trabajo además del dinero que necesita con urgencia; también era para demostrarse a sí misma que era inquebrantable, que no quería nada que ver con el amor. A pesar que el solo sienta un mínimo sentido de la protección y además de algo responsable solamente porque ella le salvo la vida.

Solo esperaba que no se tuviera lanzando directamente de cabeza a más problemas de lo necesario…

Continuara...