Los personajes no me pertenecen, sino a Christy Hui. La imagen tampoco es mía, la encontré en internet. La historia si es mía. Cualquier copia y reproducción de esto sin mi autorización es un PLAGIO.
Si quieren entender mejor el fic, vayan a mi perfil y lean el One Shot "La Cueva",ya que eso fue lo que pasó justo antes de esta historia.
Disfruten. Reviews con cuenta registrada responderé con gusto.
3.
Había algo muy en el fondo del cerebro de Kimiko que parecía que todavía conservaba algo de cordura, porque no dejaba de decirle una vocecita interna que aquello estaba mal. Muy mal. Que era como una bomba que le estallaría justo en la cara. ¡Ella no debería estar a un paso de tener sexo salvaje y delicioso con Chase Young! Malditamente que ni siquiera debería estar ahí. Y sin embargo, quería eso. Lo necesitaba a un punto que debía doler.
Chase debió haber presentido ese atisbo de duda, porque dejó de atacar el cuello de Kimiko para subir hasta la oreja y darle especial atención a ese punto sensible.
—¿Porqué te resistes, Kimiko? —susurró Chase, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Debía ser la primera vez que le llamaba por su nombre y no el apelativo que le había puesto, y el sonido fue como terciopelo acariciándola entera—. Tú quieres esto, y yo también. Déjame sentir ese fuego que esta rogando por salir.
Kimiko no supo en qué momento fue que aceptó, pero se rindió a sentir todo por lo que había luchado por no hacer. Cuando llevó sus manos hasta el cabello de Chase, enredando los dedos en las hebras de color negro y buscó su boca con ansias, todo se fue a un espiral de pasión que le desconectó el cerebro definitivamente.
Kimiko reaccionó hasta dos horas después, cuando la temperatura corporal volvió a su rumbo habitual y sus hormonas estaban descansando feliz de la vida de haber sido adecuadamente satisfechas. Y vaya que lo estaban. Kimiko se removió entre las sabanas, como si fuera un gato ronroneando. No supo exactamente en qué punto de la situación habían llegado a lo que parecía ser la habitación de Chase, pero eso fue definitivamente bueno porque apenas su cuerpo tocó el colchón, Chase bajó la cabeza hacia el sur de su cuerpo y se dedicó a hacerle un par de cosas que le hicieron llegar al orgasmo más rápido de lo que podía decir "Esto es fabuloso". Y después, cuando invadió su entrepierna de una embestida, volvió a ver las estrellas. Ni siquiera la habitual molestia de romper su himen fue impedimento para gozar de aquella experiencia.
Kimiko suspiró alegremente y abrió los ojos, desperezándose poco a poco. Había tomado una pequeña siesta de veinte minutos luego de haber tenido la mejor primera vez de su vida, y lo primero que vio fue a Chase vestido únicamente con sus pantalones holgados, mirándola intensamente desde el filo de la cama, como si deseara comérsela en ese mismo momento. Era abrumador pero excitantemente halagador, y no sabía cómo responder ante esa sensación aun demasiado nueva.
—¿Qué miras? —preguntó Kimiko, carraspeando al escuchar lo ronca que estaba su voz. Sí, eso debió haber sido por todo lo que gimió antes.
—Eras virgen —fue todo lo que dijo, sin inmutarse desde su posición. No podía negar que su animal interno estaba rugiendo de posesividad ante ese hecho.
Cuando decidió semanas atrás que se acostaría con Kimiko, no esperaba ese pequeño detalle, pero ahora que se ponía a pensar detenidamente en ello, era bastante razonable. Ella prácticamente había vivido en el templo desde los quince años, únicamente con la compañía de su edad de los otros Xiaolin, y no debió haber sido sino hasta recientemente que sus hormonas comenzaron a reclamar por compañía de tipo carnal.
Chase podría apostar que él también había sido su primer beso, y este hecho también le hinchó el pecho de orgullo. Porque era toda suya. Para enseñarle concienzudamente las artes carnales, para arrancarle tantos gemidos que la harían loca, para marcarla tanto que nadie jamás podría siquiera aspirar a parecérsele. Porque después de que la había probado entera, no había ninguna maldita manera que fuera a abandonar eso. Kimiko era de su entera propiedad y ya nada ni nadie podían cambiar eso.
—No hay mucho de donde escoger —respondió Kimiko de manera huraña, tratando de ocultar su sonrojo tras una expresión molesta. Notó entonces que estaba desnuda y jaló la sábana para acomodarla mejor contra su cuerpo.
Chase de inmediato se lo impidió, inclinando el cuerpo hacia ella y arrojando la sábana lejos, acariciando la curva de su cintura con los dedos de una manera lenta y provocativa.
—No necesitaremos esto por un buen rato —le dijo de manera sugerente, haciéndose un hueco entre las piernas de Kimiko e inclinándose la cabeza para susurrarle contra su boca, incitándole con cada palabras—. Tú no estás hecha para conformarte con mediocres, Fuego. Estas hecha para disfrutar conmigo.
Kimiko no pudo rebatirle eso, porque la besó chupándole el labio inferior y todas las demás cosas fueron poco importantes. En su lugar, le rodeó el cuello con sus brazos y le correspondió a sus caricias. Sin embargo una repentina alarma en su cerebro le hizo abrir los ojos de golpe.
—¡Es tardísimo! —dijo asustada, tratando de quitar el cuerpo de Chase de encima e incorporarse—.Tengo que regresar al templo o estaré en serios problemas.
—¿Y para qué quieres regresar siquiera? —dijo Chase arqueando la ceja—. Aquí tienes todo lo que necesitas.
Kimiko lo miró como si acabara de decir la mayor tontería del siglo, mientras se levantaba de la cama. No trató de encontrarle significado a la profundidad de sus palabras y en su lugar buscó su ropa, comprobando que estaba doblada pulcramente en una mesita de noche, como si la persona que la puso ahí esperaba que no fuera a ser usada pronto. Ignoró ese detalle y se vistió rápidamente.
—No, no lo tengo —rebatió firmemente, peinando su cabello con sus dedos. Desde hacía un año que había decidido usarlo suelto en vez de en coletas, y el resultado le había gustado hasta ahora—. Tengo una vida en el templo, y me gusta. Lo que pasó aquí… —tragó saliva, y miró la manera en la que Chase se levantaba de la cama y caminaba con la mirada firmemente puesta en ella, como acechándola. Las cosas iban a ponerse delicadas—. Lo que hicimos fue impresionante, pero no puede volver a repetirse.
Apenas terminó la frase cuando el cuerpo de Chase la acorraló contra el mueble, y los brazos a los costados en una jaula de hierro. Tenía una mirada feroz que nunca había visto y fue en ese momento que realmente sintió miedo de él. De su fuerza, de lo que podía hacer.
—¿Renunciar a ti luego de tenerte? No te hagas ilusiones. No quiero volver a escucharte decir eso —le dijo lentamente, acariciando su rostro como quien admira su mayor posesión—. Puedo aceptar que vuelvas al templo, de momento, pero mañana estarás aquí a la misma hora que llegaste hoy. Y si no lo haces, iré a buscarte.
Con esas últimas palabras, la despidió con un beso y se hizo para atrás, dejando a Kimiko libre, que sólo pudo atinar a salir corriendo antes de que Chase decidiera que quería mantenerla allí a la fuerza. Y mientras corría de vuelta, escoltada a una prudencial distancia por el mismo guerrero gato que la había recibido en primer lugar, Kimiko pensó seriamente en qué rayos estaba pensando para haberse metido en ese embrollo.
Porque haber hecho lo que hizo con Chase, lo que le había encantado hacer y no se arrepentía, la atrapó irremediablemente en una red de mentiras y secretos. La hacía una traicionera contra sus creencias Xiaolin, contra lo que le habían inculcado. Y no sabía si todo lo que él le hacía sentir compensaba todo lo que estaba arriesgando. No quería calibrarlo de momento.
Fue un verdadero golpe de suerte el hecho de que nadie notara a qué hora llegó, ya que estaban todos dormidos. Raimundo les había explicado a los demás que Kimiko había salido corriendo luego de su declaración, así que todos pensaron que había necesitado algún tiempo de chicas para ordenar su cabeza adolescente. No se les hizo extraño ciertamente. Kimiko realmente agradeció eso, porque no sabía qué hacer.
Estaba dividida. Por un lado realmente quería volver a sentirse deseada como con Chase. Por otra parte, no podía ni imaginar lo que pasaría si se llegaran a enterar los demás de lo que pasaba, y no deseaba causarles un disgusto tan grande que les diera un infarto. Kimiko gimió con frustración y estuvo pensando en ello todo el tiempo hasta que se quedó dormida.
Al día siguiente, fingió que todo estaba en orden con bastante más soltura de la que imaginó. No hubo alerta de Shen Gong Wu, por lo que el tiempo se aprovechó en pasarlo en el templo. Rió con sus amigos, entrenó por bastantes horas, jugó videojuegos en el descanso mientras comían y hasta platicó con Raimundo acerca de lo de ayer, diciéndole que necesitaba espacio para pensarlo, y que pobre de él que la presionara o lo mandaría a volar en ese segundo. Lo cierto es que sólo estaba comprando tiempo para ordenar su caótica cabeza, que parecía no tener tregua en hacerle recordar una y otra vez a Chase.
Realmente no quería pensar en ello, pero fue en todo lo rememoró durante el día, y eso definitivamente ya la tenía fastidiada. Cuando se acercaron las ocho de la noche y todos estaban viendo televisión luego de un día tranquilo, esperando el momento para irse a dormir, Kimiko comenzó a inquietarse demasiado. ¿Qué debía hacer? Estaba claro que eso era ser un buen aprendiz Xiaolin y olvidar. Pero, ¿Qué era lo que deseaba? Todo se resumía a un nombre.
Como si eso fuera un llamado, Kimiko pudo ver claramente por la ventana una sombra escurriéndose entre las ramas de un árbol. Imperceptible para los demás, pero clara para ella que estaba tan en guardia. Se excusó rápidamente diciendo que iría a dar un paseo para relajarse y luego se iría a su cuarto a dormir, y después salió apresuradamente. La sombra la notó de inmediato cuando Kimiko salió del templo y bajó a su encuentro, revelándose la figura del guerrero gato que parecía su nuevo guardaespaldas, entre la luz de la luna.
En silencio, el guerrero se dio la vuelta y caminó para mostrarle el camino seguro para llegar a la mansión. Kimiko lo siguió, dispuesta a no armar una guerra nuclear en el templo. Sin embargo, había un par de cosas que tenía que quedar claro con Chase y tenía toda la intención de decírselo. Tardaron alrededor de quince minutos para llegar y de nuevo Kimiko fue bienvenida como si fuera la dueña. Fue conducida hacia el comedor, donde Chase la esperaba solo en el asiento principal de la enorme mesa de madera maciza de diez piezas, terminando de cenar tranquilamente de un festín que se veía exquisito.
Cuando la vio, Chase sonrió de manera ladina como si jamás hubiera dudado ni por un segundo que aparecería. Se levantó de su asiento como un gesto de caballerosidad y esperó pacientemente a que Kimiko se sentara a su lado.
—Sírvete lo que gustes —invitó, yendo detrás de la silla donde estaba Kimiko y apretándole los hombros.
—No tengo hambre —dijo simplemente, evitando parecer tan afectada por su cercanía y su toque.
Chase no se amedrentó ante la hosca respuesta, más que decidido a doblegarla a su beneficio. Porque ese cuerpo y ese carácter era suyo y no pensaba renunciar. Se inclinó hacia Kimiko, quedando a la altura de su oreja.
—¿Ansiosa? —le dijo en un susurro, recibiendo un estremecimiento de Kimiko como respuesta, lo que le hizo sonreír de nuevo de manera confiada—. Tengo algo para ti.
Kimiko esta vez sí volteó a mirarlo, con duda. Chase tomó su mano y la hizo levantarse, conduciéndola a su habitación. Cuando llegaron, Chase se dirigió hacia el mueble tocador de la habitación y tomó una caja cuadrada de terciopelo rojo, tendiéndosela a Kimiko, que la tomó con duda y algo revoloteando en el pecho que parecía felicidad.
Cuando la abrió, Kimiko ahogó una exclamación de sorpresa al ver la joya que se encontraba descansando ahí, tan hermosa que le robó el aliento. Era nada más y nada menos que un delicado collar tipo torzal de lo que parecía ser oro blanco, con un dije de una preciosa piedra redonda rojiza, demasiado brillante para ser un rubí, rodeado entre un espiral de oro blanco que la sostenía como dije.
—Es un diamante rojo. Me recordó a tu elemento —dijo Chase adivinando sus pensamientos, sacando el collar de la caja y extendiéndolo sobre el cuello de Kimiko, que dio un paso lejos de él para evitar que se lo pusiera.
—No voy a aceptarlo —dijo firmemente. Aunque la pieza le había fascinado, aun tenía un orgullo que salvar—. No puedes comprarme. Y estoy aquí para exigirte que dejes de tener a alguien vigilándome. ¡Si yo quiero voy a venir, y si no quiero no me vas a obligar! —gritó, apretando los puños y mirándolo con el ceño fruncido.
Chase la observó largamente con la misma expresión. Sabía que la única manera de tenerla a su merced era siendo paciente y ganándosela de a poco, hasta que finalmente cayera y accediera libremente a ser su sirviente gato, quedándose a su lado para satisfacerle por la eternidad. Bien, jugaría ese juego, y lo ganaría. Porque se había propuesto que Kimiko sería enteramente suya, y lo haría.
—Dejarán de estar cerca —accedió caminando lentamente hacia Kimiko, con el collar aun en su mano—. Pero a cambio aceptaras mis regalos sin rechistar, y los usarás.
Kimiko volvió a taladrarle con la mirada, decidida a negarse. Sin embargo, luego de estar en silencio en una guerra de miradas, bajó los hombros y se rindió. No le estaba pidiendo nada que no pudiera cumplir, y siendo sincera y un poco superficial, la joya era demasiado hermosa como para simplemente despreciarla.
—Está bien —decidió, moviendo su cabello para que Chase le pusiera el collar—. Pero hablo en serio cuando te digo que sólo vendré cuando yo quiera.
Chase se volteó para mirar el resultado de su regalo en ella y sonrió satisfecho. Luego, se inclinó hacia los labios de Kimiko, deteniéndose sólo un milímetro antes de besarla.
—No me preocupa eso, Fuego, porque sé que vendrás —antes de que Kimiko pudiera reprochar, Chase le atrapó la cintura con sus brazos y la levantó del suelo, cargándola hacia la cama y acostándola con él. Le acarició suavemente las piernas, abriéndolas para quedarse entre ese espacio y tener libre acceso al cuerpo de Kimiko a su antojo, justo como le gustaba. Desde esa posición, también podía verle claramente las reacciones, pasando tan rápido del enojo al disfrute en su rostro que esa reacción le encendió más de lo que muchas mujeres no habían conseguido usando todas sus armas de seducción—. Porque tú quieres esto tanto como yo.
Fue la última conversación que compartieron ese día, decididos a ocupar su tiempo en cosas mucho más importantes y satisfactorias.
—Es ridículo. Me niego.
—Pero… —objetó Kimiko.
—No —acalló Chase de nuevo, súbitamente.
Kimiko observó a Chase y apretó los labios con molestia. ¡Si que era orgulloso! Tampoco lo iba a matar estar alrededor de las personas normales. Porque Chase jamás había estado en una maldita feria y ya la odiaba ¡Ridículo! Hasta la más irritable de las personas se ablandan con las luces y los juegos, pero por lo visto él no quería acompañarla, así que decidió que aquello era inútil y se levantó de la cama para comenzar a vestirse.
Llevaban viéndose a escondidas desde hacía una semana y hasta el momento nadie sospechaba nada de sus encuentros. Habían establecido alguna especia de rutina en la que Kimiko llegaba pasadas las ocho y media, se sentaba a la mesa a cenar, hablaban brevemente sobre cualquier cosa, Chase le mostraba nuevos movimientos de combate a Kimiko durante un breve entrenamiento y después iban a la cama a enredarse entre besos y caricias ardientes que no parecían tener fin. Kimiko siempre se sorprendía de la manera que tenía Chase de también mostrarle algo nuevo referente al sexo, y Chase estaba más que satisfecho de encontrar sorpresivamente en Kimiko una amante enérgica, que le correspondía en la cama con entusiasmo.
—¡Bien! —dijo Kimiko, enojada, prácticamente atacando la ropa mientras se la ponía—. Quédate aquí solo, yo iré a divertirme sin ti —y salió caminando apuradamente, golpeando el suelo con cada furiosa pisada y refunfuñando en su interior.
Justo estaba atravesando el vestíbulo e iba hacia la puerta cuando Chase la interceptó poniéndole una mano en la muñeca para detenerla. Ella se volteó hacia él con el ceño fruncido, y comprobó que él también tenía uno. Eso le hizo a Kimiko sonreír, anticipando lo que se venía. Sí, Chase podía ser un maldito orgulloso, pero ella también lo era, y si siempre era la que cedía, ahora le tocaba dar el brazo a torcer a Chase.
—Media hora, Kimiko —le dijo por su nombre, como pocas veces lo hacía. Prefería llamarlo por el apelativo que le había puesto—. Y estoy hablando en serio.
—Seguro que sí —rió Kimiko, lanzándose a su cuello con los brazos y plantándole un beso en los labios por el próximo minuto como compensación, justo antes de separarse y prácticamente arrastrarlo animadamente a la feria del pueblo, contra su voluntad.
Chase decidió de mala gana que acceder no era tan malo si eso significaba una segunda ronda de sexo más noche. Y quizá, un poco tal vez, ver la sonrisa luminosa de Kimiko.
¿Chase Young, divirtiéndose como una persona normal? ¡Ja! ¿Cuánto aguantará realmente antes de que se aburra y se vaya?
La feria seguía igual desde la última vez que la visitó Kimiko. Las luces, los juegos, los muñecos de peluche, la gente caminando. Todo eso siempre le había gustado, y disfrutaba de las multitudes. Sabía que ese era el último día en que estaría la feria en el pueblo y realmente quería ir.
Naturalmente, algunas personas se les quedaron mirando, especialmente a Chase, ya que no estaban acostumbrados a ver a alguien con ese aire tan amenazante y adusto, además de que ciertamente su presencia era imponente, con su metro noventa de estatura y la espalda ancha.
—¿Qué mierda es esta tertulia, Fuego? —escupió Chase mirando a todos lados—. La odio.
—Sólo… intenta divertirte por una vez en tu vida —le amenazó, para después correr animadamente hacia un juego de azar en el que las personas debían tomar un aro y que cayera en un palo en el centro a algunos pasos, para poder ganar un premio. Pidió una cubeta llena de aros para encestar y empezó a jugar, mientras Chase bufada con fastidio y la veía—. Toma —dijo, dándole un aro—. Encesta más veces que yo y veré como te recompenso más tarde.
Chase la miró y sonrió entonces. Eso era un reto claramente y el siempre aceptaba uno, y lo ganaba. Ni siquiera tuvo que esforzarse mucho, apenas un simple movimiento de muñeca y el aro cayó limpiamente en donde debía, siendo el primero de la noche en lograrlo.
—Tratar de matarnos si funciona ¿Eh? —burló Kimiko, lanzando un aro y también encestando rápidamente. Volteó a mirarlo—. Llevamos uno a uno.
—Seis a uno, Fuego —interrumpió Chase, apuntando hacia el aro donde yacían otros muchos más allí, para asombro total del vendedor, que estaba por desmayarse al saber cuántas cosas perdería ese día—. Y no te distraigas.
Kimiko le dirigió una mirada ácida pero finalmente terminó sonriendo. Al menos Chase no estaba vomitando del asco por estar ahí, y eso era un avance.
Después de jugar en el aro, donde Chase derrotó a Kimiko con una puntuación de diferencia de tres puntos, y pasar después a competir por atinarle con una canica a los orificios donde Chase ganó nuevamente. La hora pasó entre competencias, y en el momento en el que Kimiko regresó al templo, y bajo insistencias de que admitiera que se había divertido, Chase medianamente aceptó que no había sido una tortura tan grande, pero que definitivamente no se repetiría si de su vida dependiera.
Kimiko le agradeció besándole animadamente justo en el claro, y quizá las cosas se les fueron un poco de las manos porque terminaron debajo del árbol haciendo cosas definitivamente indebidas para cualquiera que pasara por ahí. Lo que no fue así porque todo estaba desierto y era tardísimo. Finalmente cuando Kimiko se metió a su habitación y Chase regresó a su mansión, él se encontró ahí con una más que desagradable sorpresa.
—¿Te divertiste hoy, Chase? —preguntó una voz femenina sonando bastante afilada y venenosa, cosa que definitivamente lo puso en guardia.
—¿Te importa? —contraatacó ácidamente, mirándola como si fuera escoria. Wuya ya no era aceptada en su mansión, porque eso sólo le traería problemas innecesarios ahora que Kimiko estaba más relajada con él. Las cosas marchaban bien y definitivamente podría convencerla pronto de retenerla ahí. No lo arruinaría por una estúpida como Wuya.
—Puedo entender tu irritabilidad —dijo Wuya con falsa dulzura, yendo hacia él de manera provocativa—. Debe ser muy agotador fingir que disfrutas tirarte a la zorra de Ki-ahg…
Sus palabras quedaron atoradas en su garganta en el segundo en que Chase le atacó en cuello con su mano, apretándolo tan salvajemente que cualquier otra persona ya lo tendría destrozado.
—Repite algo como eso de nuevo —amenazó tan tenso como una cuerda, mirándola de una mirada en la que sus ojos ámbar brillaban con luz mortecina—. Y te cortaré en dos —la arrojó hacia el suelo violentamente, y casi pudo escuchar el crujido de su columna al caer—. Y si vuelvo a verte por aquí de nuevo, también será motivo suficiente.
Se limpió las manos como si sacudiera el polvo y se dio media vuelta para irse a su habitación sin dedicarle más de una mirada. Wuya en cambio, lo miró con odio y la venganza brillando en sus ojos. Esto no iba a quedar así.
Las siguientes dos semanas pasaron rápido. A Kimiko le gustaba recordar con una sonrisa la primera vez que habló con Chase sin intentar matarlo, y se reía de aquel momento que ahora le parecía tan lejano. Por otra parte, habían pasado algún par de interesantes cosas en ese corto pero intenso tiempo.
Gracias al riguroso entrenamiento que Chase le daba a Kimiko, su evolución fue notable. Sus compañeros destacaron asombrados e incrédulos el cómo Kimiko podía vencerlos con movimientos que jamás habían visto, y el Maestro Fung ciertamente encontraba eso muy intrigante, pero no le había hecho más preguntas cuando Kimiko dijo que había estado preparando en secreto una mezcla de técnicas que él le había enseñado junto con algunas que había visto en avanzados tutoriales por internet.
Había logrado lo que deseaba: respeto. Ciertamente todos apostaban a que ella sería la primera en ser Dragón Xiaolin. Por su parte, sus encuentros carnales con Chase habían evolucionado a un punto que la asustaba y al mismo tiempo, le gustaba. Era como si a cada momento, el cuerpo de Chase se le hiciera más imposible de resistir, como si tenerlo cerca fuera su pilar, su bálsamo diario. Kimiko no era ciega, sabía lo que cualquier amiga suya le diría si le contara lo que sucedía, pero ella se negaba rotundamente a aceptarlo.
Sus encuentros clandestinos era algo que guardaba muy celosamente, pero la bola de nieve se estaba agrandando tanto que en cualquier segundo podría estallar. ¿Cómo podría algo así durar eternamente? Algún día todos se enterarían, y entonces Kimiko tendría que elegir. La respuesta a eso era algo que la aterrorizaba tanto que rápidamente prefería olvidarlo.
Por otra parte, el asunto con Raimundo acabó incluso antes de empezar. Él no volvió a insistirle desde la última vez que hablaron, y por supuesto que no perdía detalle de la manera en la que a veces Kimiko desaparecía, o el hecho de que usaba un collar muy misterioso que no se quitaba por absolutamente nada del mundo. También parecía repeler su contacto como si fuera veneno y eso definitivamente fue un duro golpe a su orgullo ¿Qué carajo pasaba con Kimiko que había cambiado de esa manera? ¿En qué momento ocurrió?
Cuando uno se da cuenta que aquella persona especial esta tan lejos de tu alcance, te hace desearla más, como algo prohibido. Es algún hilo invisible que nos llama a poseerlo. Y sin embargo, la ironía es cruel: El ser humano vive del deseo prohibido, como nuestros antepasados que probaron la manzana prohibida condenándonos a todos.
—¿Tan temprano hoy, Fuego? —dijo Chase hacia Kimiko en cuanto la vio llegar a la mansión con una orgullosa sonrisa que le hizo sonreír de la misma manera.
—Sólo porque soy la única que te soporto, ignoraré tu negro sentido del humor —contraatacó Kimiko, dejándose envolver plácidamente por los brazos de Chase, que le acarició avariciosamente la espalda mientras le besaba el cuello. Gimió suavemente, jamás pudiendo resistirse a sus recibimientos—. En realidad, venía a contarte mi nueva victoria a manos de Omi, para que pudieras burlarte de él como tanto te gusta.
—Qué considerada —dijo Chase vagamente, lamiendo la clavícula de Kimiko como si fuera su paleta favorita.
—Y… también —gimió de nuevo con otro nuevo lametazo, encajándole las uñas en los hombros—. Qué… Hm… Creo que están sospechando.
—¿Y? —rebatió Chase sin intención de detenerse—. Está claro que si eso pasa, tu vida no peligrará. Eres mía, y eso nadie puede cambiarlo.
Kimiko sintió un escalofrío atravesar su cuerpo, mitad obra de la lengua de Chase, y mitad sus palabras. Siempre le había parecido demasiado enserio cuando él decía ese tipo de cosas, y eso era tan halagador como inquietante. ¿Qué tan lejos iría ese sentimiento de posesión hacia ella?
—Estoy hablando en serio —Kimiko trató de incorporarse lejos, usando sus brazos para alejarlo y consiguiendo una mirada de afilada molestia a cambio mientras se retiraba un paso atrás y conseguía finalmente toda su atención—. Esto se está yendo de las manos. Tú no dejas de ser un enemigo para nosotros.
—Y te recuerdo —interrumpió firmemente, mirándola con el ceño fruncido—. Que no les he atacado desde que nos vemos —dio un paso hacia ella—. Entonces, ¿Cuál es el problema?
Kimiko se quedó clavada en un sitio, negándose rotundamente a bajar la mirada y dejarse doblegar. ¡Que le den! Frunció el ceño y le habló de la manera más firme que encontró. El hecho de que su corazón siempre se acelerara tan sólo porque Chase estuviera acercándose peligrosamente, no era algo que demostraría.
—No podemos estar así para siempre. Llegará el día en que tenga que irme lejos a hacer mi vida.
Chase finalmente llegó hacia ella de un rápido movimiento, agarrándola de la cintura en una jaula con sus brazos y reteniéndola contra su pecho. Tenía una mirada casi animal, como cuando realmente algo le molestaba, y sus colmillos parecían haberse expandido en una señal de que su lagarto interior buscaba desesperadamente salir y destruir algo.
—¡¿Por qué te resistes?! —le casi gritó con voz grave. Luego pareció reaccionar y le atacó el cuello con mordiscos y besos húmedos—. Puedo darte todo, Fuego, cualquier cosa que quieres, incluyendo la inmortalidad. Puedo darte poder, joyas, placer. No tienes que irte a ningún lado —subió en un rastro de besos hacia la boca de Kimiko, mirándola a milímetros de distancia—. Así que problema resuelto.
Y calló cualquier cosa que Kimiko fuera a objetar de nuevo, besándola como si deseara beberse su alma y jamás liberarla. Kimiko decidió también que ya habían hablado demasiado, y se rindió ante las caricias. Sin embargo, la idea de un inminente final seguía allí, firme en su cerebro. Tuvieron una buena sesión de besos y caricias, en la que la ropa voló rápido y las hormonas atacaron sin piedad, pero de pronto Chase se alejó abruptamente, los ojos fulgurando con un brillo casi mágico.
—Un nuevo Shen Gong Wu se va a activar pronto —dijo vagamente, y Kimiko entró en pánico.
Asintió y sin decir palabra, ordenó su ropa y salió corriendo lo más rápido que pudo, rogando en su mente que pudiera llegar al templo antes de que los demás notaran su escapada.
—¡Alerta de Shen Gong Wu!
CLay, Omi y Raimundo, que en ese momento estaban discutiendo bajo un árbol del ala este acerca de quién ganaría entre una pelea de Superman y Hulk, rápidamente se reincorporaron para ver a Dojo arrastrándose hacia ellos.
—¿Qué es esta vez? —preguntó Raimundo.
Dojo sacó el pergamino y se lo extendió a los Xiaolin para que vieran la descripción.
—El Látigo de Espinas —señaló con su garra la imagen—. El rose de este látigo puedes congelar a cualquiera apenas sea tocado.
—Oh —exclamó Omi con un brillo infantil en sus ojos—. ¡Mi elemento! Debo tenerlo.
—Ya verás que lo conseguiremos —animó Clay con una sonrisa.
—Y por cierto —Raimundo volteó a todos lados, buscando la conocida figura femenina de su compañera—. ¿Dónde está Kimiko?
—¡Atrás de ti! —exclamó Kimiko, prácticamente saltando hacia ellos. Respiraba profusamente como si hubiera corrido la maratón de su vida, con el cabello alborotado y tratando de normalizar su respiración—. Lo siento, mi pie quedó atorado en un agujero de ratones —explicó rápidamente como si esa pobre excusa resolviera mágicamente todo.
Los demás, más que acostumbrados a sus caminatas que ya ni intentaban sacarle información, lo dejaron de lado. Pensaban que seguramente se iba al pueblo en su tiempo libre, a visitar a alguna amiga o amigo secreto, o tenía algún nuevo hobbie vergonzoso que no quería compartir. Bendita ignorancia.
—Muy bien chicos —Dijo Dojo sin contemplaciones, transformándose en dragón—. ¡Hora de irnos! El Shen Gong Wu no vendrá solo.
Todos se subieron al gran dragón verde y partieron hacia la cuidad de Nevada, USA. Una vez allí, buscaban por un campo congelado el dichoso Wu, hasta que lo encontraron pero por desgracia no estaba solo, y para la sorpresa, no era Jack quien estaba enfrente de ellos.
—¡Wuya! —dijo Omi en posición de batalla al ver a la bruja pelirroja descansando en la copa de un árbol, mirándolos con una mueca pretenciosa y confiada.
—Hola jóvenes monjes —respondió Wuya tranquilamente, levantándose y sacudiendo sus ropas como si fuera esa una visita social y no enemigos mortales—. Solo pasaba de casualidad a saludar.
—¿En serio? —inquirió Omi de nuevo, dejando la posición de batalla y mirándola con duda.
Wuya soltó una risotada.
—¡Claro que no, idiota! —le dijo de manera agresiva. En un inesperado movimiento, lanzó el Shen Gong Wu hacia ellos con toda la intención que lo atraparan.
Los cuatro se movilizaron rápido hacia el Wu y cuando estaban por tocarlo, Wuya hizo un pomposo movimiento de sus manos y les lanzó una cortina de humo con la intención de impedirles encontrar el objeto. No sabían qué clase de juego retorcido se le había ocurrido a Wuya ahora pero no querían perder tiempo en averiguarlo. Desde que había recuperado sus poderes era sumamente peligrosa y escurridiza, y más valía no enfrentarla sola o el resultado sería muy diferente a si la enfrentaban los cuatro.
Todos tosieron y se cubrieron la nariz para evitar inhalar cualquier cosa que pudo haberles lanzado la bruja. El humo era muy espeso y denso y no podían ver al otro en el camino, así que Raimundo hizo un rápido movimiento para impulsar el viento alrededor, disipando el humo y dejándolos a todos en una pieza. Finalmente, vieron el olvidado Shen Gong Wu a unos cuantos metros y eso fue todo los que les importó.
—Esa bruja es tan falsa como un mercante en navidad —dijo Clay con molestia, levantando el Wu.
—Oigan —llamó Raimundo entonces, mirando hacia todos lados asustado y notando recién que faltaba alguien—. ¿Dónde está Kimiko?
—¿Qué? —Omi volteó también a todos lados, comprobando que efectivamente, Kimiko es estaba por ningún lado visible—. ¿Cómo? Pero… ¡Ella estaba aquí hace un momento!
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Advertencia: Esta historia está siendo reeditada por completo. Habrá muchos cambios en la trama y escenas, pero lo importante es que conservará la temática original: Chase y Kimiko, y su evolución hasta convertirse en algo parecido a una pareja. Recomiendo leerla de nuevo desde el principio para entenderla por completo.
Me encantaría recibir sus opiniones en forma de Reviews acerca de qué les parece. ¡Hasta la próxima! Besos, Higushi.
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