SE QUE PROMETÍ SUBIR LA SEMANA PASADA, PERO ENTRE UNA COSA Y OTRA SE ME HA IDO EL SANTO AL CIELO. LO QUE SI PUEDO PROMETER ES QUE ANTES DEL FIN DE SEMANA INTENTARÉ SUBIR UN NUEVO CAPÍTULO.

AHORA LAS DECLARACIONES DE RIGOR:

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES PERTENECEN A JK Y LA HISTORIA A JUDE DEVERAUX, YO SOLO ADAPTO ESTA HISTORIA PARA EL DISFRUTE DE LOS SEGUIDORES DEL DRAMIONE.

Y POR ULTIMO, PERO NO MENOS IMPORTANTE, EL CAPÍTULO DE LA SEMANA:

2

Una hora más tarde, se sentaron en el suelo frente al televisor y compartieron los sándwiches de atún y una pizza que habían encontrado en el congelador.

—¿Cómo serán los supermercados de Nantucket? —preguntó Pansy. Habían encontrado unas copas de cristal preciosas y estaba usando una—. A lo mejor Ben Franklin bebió de esta copa —dijo, a sabiendas de que la madre del aludido era de Nantucket.

En cuanto a Hermione, solo quería beber ron.

La primera vez que exploraron la casa, no encontraron la cocina. Después, la descubrieron oculta en la parte trasera, justo detrás del comedor. Comparada con esa estancia, el resto de la casa era modernísima. Los muebles de la cocina eran los mismos que habían instalado en 1936. La cocina era esmaltada, de color verde y blanco, y los quemadores tenían tapa. El fregadero era de dos senos y los armarios, de metal. El frigorífico era nuevo, pero muy pequeño, ya que el espacio que debía ocupar estaba pensado para un frigorífico de los años treinta. Debajo de la ventana, en la pared del fondo, había una mesita muy desgastada con sillas. Hermione estaba segura de que el tablero de la mesa había pertenecido a la cubierta de un barco en el pasado. Sabía que solía sentarse en esa mesita y colorear mientras alguien le preparaba un sándwich. En su mente, vio de nuevo la imagen de una mujer mayor. Si esa era la tía Andy, la dueña de la casa, ¿dónde estaba su madre? Y si eran invitadas de la tía Andy, ¿por qué se habían alojado en las dependencias de la servidumbre? Nada tenía sentido.

—¿No te entran ganas de echarlo todo abajo? —le preguntó Pansy mientras contemplaban la cocina—. Yo pondría una encimera de granito y armarios de arce. Y tiraría la pared que separa la cocina del comedor.

—¡No! —exclamó Hermione con vehemencia, tras lo cual se obligó a calmarse—. Yo lo dejaría así como está.

—Creo que esta casa te está trastornando —comentó Pansy y después gritó al encontrar una pizza congelada—. ¡Esta noche nos daremos un festín! ¿Crees que este chisme funcionará? —Se refería al horno de la antigua cocina.

Para sorpresa de ambas, Hermione sabía cómo encender el horno. Sabía que los mandos tenían truco y que había que moverlos un poco para poder encender la llama.

Pansy se mantuvo apartada, observándola en silencio.

Hermione le echó un vistazo a la cocina y otra vez tuvo la impresión de que sabía algo, pero no alcanzaba a recordar de qué se trataba exactamente. En ese momento reparó en el pomo de una puerta que tenía forma de cabeza de pirata y exclamó:

—¡Ajá! —Se acercó y abrió.

Pansy fue a ver qué había descubierto.

—Este armario estaba siempre cerrado y me fascinaba. Incluso traté de robar la llave, pero no fui capaz de encontrarla. —Tenía el vago recuerdo de un hombre con voz ronca que le decía que no podía coger la llave. Sin embargo, no se lo contó a Pansy.

Por un instante, ambas contemplaron el contenido del armario sin dar crédito. Estaba lleno de bebidas alcohólicas y cocteleras. Lo inusual era que casi todas las botellas eran de ron. Ron blanco, ron dorado, ron añejo, ron viejo... y al menos doce variedades más. En el centro del armario, había una balda de mármol y, bajo ella, un frigorífico lleno de zumos de fruta. Aunque la cocina no se había modernizado desde hacía un siglo, el bar parecía sacado de una revista de decoración.

—Ahora entiendo cuáles eran las prioridades de la señorita Black —comentó Pansy.

Hermione se preguntó si la razón por la que asociaba el ron con Nantucket era el hecho de haber visto a gente beber ron en esa cocina. Fuera cual fuese el motivo de la existencia de ese armario, descubrió las recetas de distintos cócteles pegadas a la parte posterior de las puertas y se le antojó experimentar.

—¿Qué te parece un Zombie? —le sugirió a Pansy—. Lleva tres tipos de ron. ¿O un Planter's Punch?

—No, gracias —rehusó su amiga—. Prefiero champán.

No tardaron mucho en preparar la comida y en trasladarse a la estancia donde estaba el televisor. Esa noche, tenían la impresión de que las demás habitaciones eran demasiado grandes, demasiado intimidatorias.

—Tienes tres días —le recordó Pansy sin necesidad de explicar más. «Él» regresaría al cabo de tres días—. ¿Hoy cuenta como el primer día? Eso significaría que solo tienes dos. Tendré que comprarlo todo a la carrera.

—El equipaje debería llegar mañana, y tengo mucha ropa.

—He visto lo que has traído. Sudaderas y vaqueros.

—Justo lo que necesito —replicó Hermione—. Voy a trabajar. Pensé en preguntarle a mi padre si conocía a alguien que veraneara en Nantucket y que pudiera ofrecerme trabajo. Tendría que hacerlo usando su licencia y su aprobación, pero podría funcionar.

—No estoy hablando de tu padre —le recordó Pansy.

Hermione bebió un trago de su cóctel. Normalmente, se emborrachaba con facilidad, pero ese era el segundo y ni siquiera estaba achispada.

—Quiero aprender de Draco Malfoy. Si aparezco con pantalones cortos y un top ceñido o con un modelo de diseñador, me mirará como ha mirado a la chica del muelle.

—¿Y qué problema le ves a eso? —le preguntó su amiga.

—No creo que la vea como a un ser inteligente, ¿no te parece?

Pansy bebió un sorbo de champán.

—¡Siempre el trabajo! ¿Es que no puedes pensar en otra cosa?

—¿Qué hay de malo en eso?

—¿Que qué hay de malo en que solo pienses en el trabajo? —Pansy parecía no dar crédito—. ¡Draco Malfoy, un tío de más de metro ochenta de puro músculo! Entra en cualquier sitio y todas las mujeres se desmayan. Todas lo miran con cara de ¡hazme tuya, por favor! No hay ni una sola mujer que lo haya rechazado y tú... tú solo piensas en su mente. Yo ni siquiera sabía que tenía una. Hermione, te estás haciendo mayor.

Hermione bebió un buen trago de ron y después soltó el vaso en la alfombra.

—¿Eso crees? ¿Crees que no lo veo como a un hombre? Quédate aquí que voy a enseñarte una cosa.

Corrió escaleras arriba en busca de su portátil y lo encendió de modo que estuviera listo una vez que volviera a la planta baja. Tuvo que bucear entre las carpetas hasta localizar el archivo que siempre había tenido oculto.

El labio inferior de Draco

Suave, suculento, voluptuoso y firme

me excita, me tienta, me pone.

Es un canto de sirena, el flautista de Hamelín.

Sueño con él de día y de noche.

Sueño con tocarlo, con acariciarlo, con besarlo.

Sueño con rozarlo con la punta de la lengua,

con mezclar nuestros alientos

con chuparlo, con lamerlo.

Con sentirlo contra los míos.

¡Oh, el labio inferior de Draco!

Pansy lo leyó tres veces antes de mirarla a la cara.

—Sí que lo ves como a un hombre. ¡Vaya! ¡Qué nivel!

—Fue hace unos cuantos años, después de que fuéramos a su conferencia y nos pasáramos horas hablando de él. ¿Recuerdas cómo hizo su proyecto de final de carrera? Nada de planos ni de maquetas. Lo construyó él mismo con un martillo y clavos. Mi padre dice que debería ser obligatorio pasar un año de carrera trabajando en la construcción. Me dijo que... —Guardó silencio al ver que Pansy se había puesto en pie.

—Vamos, ven conmigo.

—¿Adónde?

—Vamos a echarle un vistazo a la casa de invitados.

—¡No podemos hacer eso! —exclamó Hermione poniéndose en pie.

—Te he visto mirarla por la ventana, lo mismo que he hecho yo. Sabes que está ahí detrás. Tiene dos plantas y un ventanal en la fachada.

—No podemos...

—Tal vez no tengamos otra oportunidad. Está pescando y sabes que hemos venido antes de lo esperado. No sabe que estamos aquí.

—¿Y qué significa eso?

—No lo sé —respondió Pansy—. Pero a lo mejor si se entera de que una estudiante de Arquitectura obsesionada con su trabajo vive en esta casa, le pone rejas a las ventanas y a las puertas.

Hermione no había pensado en eso.

—Seré sutil. Le diré lo mucho que admiro su trabajo y...

—¿Y su labio inferior? ¿Te has parado a pensar que a lo mejor tiene novia? El hecho de que no esté casado, o de que no lo estuviera la última vez que lo buscamos en internet, y de que se haya ido solo en su embarcación, no significa que sea célibe. ¿Crees que su novia te permitiría entrar en su casa?

Hermione sabía que lo que Pansy sugería estaba mal, pero a lo mejor Draco tenía planos o algo así en su casa de invitados. Quizás esa era su única oportunidad de echarles un vistazo a los diseños de Malfoy antes de que los viera el resto del mundo.

Pansy se percató de que Hermione titubeaba y la sacó de la casa entre tirones y empujones. Salieron por la puerta lateral y atravesaron el jardín por el sendero que llevaba hasta la casa de invitados. Era una construcción alta y las cortinas estaban corridas. Parecía un tanto amenazadora.

Pansy respiró hondo y trató de abrir la puerta principal. Estaba cerrada con llave.

—No podemos hacer esto —dijo Hermione mientras se daba media vuelta para marcharse.

Sin embargo, Pansy la detuvo y la obligó a rodear la casa.

—A lo mejor podemos ver su dormitorio —susurró—. O su armario. O su...

—¿Cuántos años tienes exactamente?

—Ahora mismo me siento como si tuviera catorce.

Hermione retrocedió un paso.

—De verdad que no creo que debamos... —De repente, se detuvo con los ojos como platos.

—¿Qué pasa? —susurró Pansy—. Por favor, dime que no estás viendo un fantasma. He leído que Nantucket es uno de los lugares del mundo con más casas encantadas.

—Es una luz —murmuró Hermione.

—¿Ha dejado una luz encendida? —Pansy se apartó un poco para mirar hacia arriba y vio lo que parecía la luz de un flexo encendida—. Tienes razón. ¿Crees que tiene un estudio aquí en la casa? ¿Crees que deberíamos entrar?

Hermione ya estaba en la ventana, intentando abrirla. Se deslizó fácilmente hacia arriba.

—Andersen Thermopane, treinta por treinta —musitó mientras tomaba impulso para subirse al alféizar y entrar en la casa, dejando que Pansy se las apañara como pudiera.

Una vez en el interior, Hermione echó un rápido vistazo a su alrededor. En la cocina había una tenue luz encendida, de modo que distinguió el salón y el comedor. La planta baja era un espacio abierto, sin tabiques de separación. Todo le parecía muy bonito, pero quería descubrir dónde estaba encendido ese flexo. Se apresuró escaleras arriba, abrió la puerta de la derecha y vio una estancia con ventanas en tres paredes. Sabía que de día contaría con una fantástica iluminación natural. El suelo de madera estaba cubierto por una antigua alfombra. Debajo de una ventana, vio una vieja mesa de dibujo, seguramente de la época eduardiana. A su lado había un armarito sobre el cual descansaba una ingente cantidad de material de dibujo. Dado que todos los bocetos se hacían por ordenador, era maravilloso ver que alguien diseñaba con lápices, rotuladores de dibujo y tinta china. Tocó los portaminas, ordenados por dureza. Vio una plantilla de borrar, varios pinceles y una regla T. Ni rastro de un tecnígrafo.

La pared de la derecha estaba cubierta por diseños. Todos ellos eran para construir edificios pequeños, no casas, y eran exquisitos tanto en el concepto como en la ejecución. Distinguió dos cobertizos, una casa de invitados y un parque infantil. Tres esbozos para construir cocheras. Varios bosquejos de estructuras para el jardín. Casi toda la pared estaba cubierta con sus dibujos y bocetos.

—Son preciosos, maravillosos. Magníficos —musitó. Retrocedió para poder contemplar la habitación en su totalidad. Parecía un altar o un santuario—. Estoy segura de que jamás ha invitado a nadie a este lugar —dijo en voz alta.

Lo más sorprendente de todo era lo mucho que se parecían ese hombre y ella en su forma de pensar. Ella creía que la belleza podía, y debía, encontrarse hasta en los objetos más pequeños. Ya fuera una jabonera o una mansión, lo esencial era resaltar su belleza.

—¡Hala! —exclamó Pansy, que estaba tras ella—. Es como...

—¿Un camarote de barco?

—Sí, parece el camarote del capitán de una película.

Hermione trataba de examinar hasta el último centímetro de la estancia. Había objetos antiguos en todos lados. Vio una pieza de porcelana con el apellido Black grabado. En un rincón, descansaba el mascarón de proa de un barco, una sirena tallada y envejecida por las inclemencias del tiempo como si hubiera surcado los siete mares.

—¿Su familia no se dedicaba a la pesca de ballenas? —preguntó Pansy.

—Más bien al comercio con China —puntualizó Hermione, que no supo muy bien de dónde había salido esa información—. No he leído nada sobre balleneros en la familia —añadió para disimular. Caminó por la estancia, tocando cosas, memorizándolas. Si tuviera un estudio, sería igual que ese—. ¿No es maravilloso?

—Pues no, la verdad —respondió Pansy—. Yo lo quiero todo informatizado. Líbrame, Señor, del rotulador de tinta. Este sitio no va conmigo. —En el exterior, alguien cerró la puerta de un coche. Ambas se miraron, alarmadas—. Será mejor que salgamos de aquí.

A regañadientes, Hermione siguió a su amiga escaleras abajo, pero se volvió para echarle un último vistazo al estudio. Caído en el suelo había un boceto de un pequeño cenador. Era de planta octogonal, cubierto con un tejado con forma de tulipán invertido. Sin pensar en lo que hacía, lo recogió, se lo metió en la cinturilla de los pantalones y bajó la escalera a la carrera.

PUES ALA, OTRO CAPÍTULO MÁS PARA LA HISTORIA.