H: Es mi deber. –Respondió, serio-. Sobre sus escándalos… ni los he escuchado, y no me interesan. Es su vida, puede hacer con ella lo que quiera.
S: ¿Tiene algo de beber?
H: Agua, zumo y cerveza. Están en la cocina.
S: Si no le importa. –Sonrió-. Mientras usted termina con… con… -Miró a la mesilla y aumentó su sonrisa-. Con su ropa interior, yo voy a beber un poco de zumo.

Sin darle tiempo a contestar, salió de aquella habitación y caminó hasta el frigorífico. Al abrirlo, quedó sorprendida al encontrar el electrodoméstico casi lleno. Cuando encontró el zumo, comenzó lo que ahora era más difícil, encontrar un vaso en el que echar el líquido.

H: Los vasos están en el estante de arriba, al lado del armario grande.
S: Gracias. –Cogió el objeto y por fin, bebió-. No me diga. –Sonrió-. Pensaba que iba a beber cerveza.
H: No lo negaré. –Respondió, devolviéndole la sonrisa-. Lo he pensado.
S: ¿Y no se pregunta por qué no lo hago? –Harm asintió-. Sinceramente, no quiero meterle en problemas. Todo hombre que ha intentado controlarme ha acabado despedido, justamente por ese motivo. Ellos no podían evitar que yo bebiera. Y, continuando con este arranque de sinceridad, le diré, comandante, que usted me cae bastante bien.
H: Me alegro. –Sonrió-. Pero debe saber, que yo no estoy con usted para impedir que se emborrache. Eso es decisión suya.
S: ¿Entonces para que está conmigo? –Preguntó, acercándose a él. Ese hombre le atraía demasiado y no iba a marcharse de ese país sin haberle hecho caer, como no lo había hecho su amiga Alexandra-. Respóndeme.
H: Para asegurar su seguridad. –Respondió, mientras el retrocedía. Sin darse cuenta, acabó sentado en su sofá. A diferencia de lo que él creía, Sarah tomó asiento a su lado y suspiró-.
S: ¿Cómo te llamo? ¿Harmon?
H: Harm está bien.
S: Ajá. –Levantó la mirada, observándole directamente a los ojos-. ¿Puedo hablar contigo sinceramente, sin que lo que te diga llegue a oídos de mi padre?
H: ¿No pensará matar a alguien, no?
S: ¡No es nada ilegal! –Protestó, molesta-. Y llámame Sarah. Estoy harta de que todo el mundo me trate de usted. Me hace sentir vieja.
H: Lo que hablemos será confidencial, Sarah. Mientras no planeé escaparse,… Seré una tumba.
S: Solo quiero alguien con quien hablar. Alguien que logre ver la mujer que soy, detrás de los vestidos y de mi lugar como hija del presidente Turco. –Suspiró-. Puesto que no has escuchado nada sobre mi forma de vida, te contaré con detalles lo que la televisión y la prensa habla de mí.
H: No hace falta que…
S: Por favor. –Le miró, suplicante-. Solo quiero que alguien me escuche, nada más. No voy a pedirte tu opinión.

Harm asintió y ella comenzó a relatar todo lo que comentaban de ella. Al principio, él la comparaba mentalmente con Paris Hilton. Según los medios su vida se basaba en sexo, fiestas y alcohol. De ahí no había nadie que lograra sacarla. Después de hora y media contando y explicando todo, terminó con una frase que Harm no se esperaba.

S: Yo realmente nunca… no he llegado tan lejos con los hombres como los periodistas creen. Muchos de mis novios han mentido sobre eso, para así sacar provecho. Por eso mi padre ya no se fía de mí y me somete a estricta vigilancia. Me ha tachado muchas veces de mujer cualquiera. –Desvió la mirada al suelo y se tapó la cara con las manos-. Por eso yo bebo y me paso las noches en las discotecas. Lo único que espero es que mi padre entienda que yo no quiero gobernar. No es que crea que no podría con el puesto. Simplemente no lo quiero. –Suspiró-. No me importaría ser primera dama, pero, ¿Quién no querría casarse conmigo para ser el presidente de Turquía? A todos los hombres les interesa el poder. –Se secó las lágrimas y le observó, tristemente-. Y de todas formas, ¿qué pasaría cuando yo quisiera casarme? En cuanto estuviera unida a un hombre, este pasaría a ser directamente el presidente, quedando yo en segundo lugar. –Cogió la mano de Harm y comenzó a jugar con ella. El dueño de la extremidad dejó que la joven se concentrase en su mano-. Antes me has preguntado sobre lo que yo quiero. ¿Recuerdas?
H: Sí. –Susurró-.
S: Lo único que quiero es un hombre que me quiera a mí, a la mujer que soy. Me gustaría conocer a alguien y enamorarme igual que en las películas, y que ese hombre me quisiera con locura, olvidando lo que soy ahora y lo que podría ser mañana. Que obviase el detalle de que soy la heredera del gobierno turco, y me amase de la forma en la que un hombre ama a una mujer. –Le miró a los ojos y sonrió-. Puedes pensar que soy tonta, pero eso es todo lo que quiero. Poder amar y ser correspondida, y darle al hombre del que me enamore hijos, pues es lo que todas las mujeres quieren.
H: No me pareces tonta. –Sonrió. Sabía que el gesto que iba a hacer podría acarrearle el final de su carrera, pero no le importó. Acercó su mano a la mejilla de Sarah y la acarició dulcemente, temiendo que con el simple contacto ella pudiera romperse, igual que una muñeca de porcelana fina-. Eso es anhelar lo que todos quieren.

Sin aguantar más, ella acortó la distancia y le besó. Rodeó con sus brazos su cuello, apretándose más contra él. A diferencia de lo que ella creía, Harm pasó sus fuertes brazos alrededor de su cintura y la pegó a su cuerpo.