Noche 2
Pareja: MadoHomu (AkuMadoka x Homucifer)
Keywords: Lujuria, celos y nuevo
Pedido por: RatchetPower-chan
"No me culpes, tú eres la que prefiere que seamos solo amigas en todo lo estricto de la palabra, ni siquiera acercamientos ocasionales. Sabes de sobra mis sentimientos por ti, y yo sé los tuyos, pero no estaré esperándote para siempre, Homura-chan. Estamos en esto juntas, sí, pero si tú no quieres nada físico conmigo, me veo obligada a mirar otras opciones. Es lógico, ¿no?"
Homura apretó los puños, frente arrugada y ojos cerrados para evitar fulminarla con la mirada. "Madoka…"
Se dio la vuelta y fue a amarrarse el largo cabello rosa en una cola de caballo. "¿Madoka qué? Solo digo la verdad."
Avanzó para ponerle una mano en el hombro; le era una falta de respeto que ni siquiera la mirara considerando el tema que estaban hablando. La jaló para que la mirara, y Madoka solo la vio con las cejas arqueadas. Apretó la quijada y presionó su hombro con más fuerza que la necesaria. "Te estás pasando. No me tratarás como cualquier cosa, al menos mírame cuando te hablo."
Madoka rodó los ojos. "Mhm. Bueno, te estoy mirando, ¿qué más?"
Homura tuvo que contar hasta 10 mentalmente para resistir las ganas de gritarle. Suspiró profundamente y acabó soltándola. Hizo una mueca de lado, y bufó. "Haz lo que quieras. Ve a buscar tus opciones si tienes tantas ganas de coger. Diviértete."
Se volteó y caminó, lista para irse a dar una vuelta mejor. No quería compartir la misma habitación con ella en ese momento; si lo hacía solo tendría el estómago revolviéndose y eventualmente provocándole ganas de vomitar.
Madoka entornó los ojos y sintió la ira burbujeando por su pecho. Acabó riéndose estruendosamente y agarró el labial para seguir con su labor. "Sí, sí. ¡Gracias, Homura-chan! Procuraré pasarla muy bien con mi nueva pretendiente."
Homura alcanzó a escuchar y llevó una mano a cubrir sus ojos. Sintió la garganta arder pero no le daría el gusto de saber que sus palabras le afectaban. Las cosas estaban lejos de ser como antes, y claro, tenía razón. Fue ella misma quien no quiso, así que se mantendría a un lado hasta el final.
Madoka volvió a la mañana siguiente. Homura no durmió, pero nunca dormía, de todos modos. Mientras la otra andaba tonteando por ahí, alguien tenía que hacerse cargo de vigilar el mundo de mierda que tenían.
Por ahora no había nada de lo que ocuparse, así que estaba sentada en la sala de su departamento leyendo un libro de Nietzsche. Leía concentrada, y cuando sintió la presencia de Madoka acercándose, buscó sus audífonos y puso la música al máximo volumen para que no la distrajera.
La conocía, y con lo pesada que se había vuelto últimamente, seguro vendría a enrostrarle todo lo que hizo en su salida y no tenía ganas de saber.
Entró, cabello desordenado y su hálito a alcohol que se podía oler a metros de distancia. Rodó los ojos, y levantó su libro deliberadamente para no verla, piernas cruzadas.
Como se lo imaginó, llegó a pararse frente suyo a pesar de todas las señales visibles que dio para gritar que quería estar sola. Ella tomó el libro y se lo arrancó de las manos, una sonrisa burlona plantada por todo su rostro. Homura la vio mover los labios nada más, porque seguía con audífonos puestos. Ladeó la cabeza, cara inexpresiva. Se puso de pie, ignorándola completamente, y se dirigió a su habitación. Se giró para cerrar la puerta, pero para su sorpresa, Madoka fue lo suficientemente terca como para seguirla y llegó en el momento preciso para sostener la puerta y cerrarla tras de sí. Homura se llevó un par de dedos hacia la frente, masajeando la zona, ojos cerrados. Madoka aprovechó la oportunidad y tiró los audífonos para luego guardarlos en el bolsillo de su chaqueta que apestaba a tabaco, también.
"Homura-chan, no es de buena educación dejar a la gente hablando sola."
"¿No? Pensé que sí, tú sueles hacerlo, así que no veo el problema." Se sentó en la cama y la miró con una ceja arqueada. "¿Será que puedes devolverme mi libro ahora? Estaba en una parte interesante."
Madoka la miró directo a los ojos. "No sé cuántas veces te he visto leyendo Zaratustra, seguro te lo sabes de memoria ya."
Se encogió de hombros. "Y si es así, ¿qué? Soy libre de leer lo que se me venga en gana."
Madoka se le acercó lentamente y una vez estuvo frente a ella, se inclinó para posar ambas manos sobre sus hombros, masajeando la zona. "Mhm, lo eres. Puedes leer lo que se te dé la gana, aun si se trata de libros añejos con teorías sin relevancia escritas por debiluchos que acabaron siendo consumidos por ellas, pero…" Se acercó hasta quedar junto a su oído, y tras lamerlo, susurró, "…no cuando requiero tu atención, Homura-chan."
No pudo frenar el escalofrío que le recorrió la espalda, pero su molestia era más fuerte y se movió hacia el lado para apartarse. "Me sorprende, sabes. No pensé que Kaname Madoka fuera tan egocéntrica en el fondo de su corazón."
Ella frunció el entrecejo y la tomó del mentón, movimiento rápido para girarle el rostro y obligarla a mirarla. "Tú me idealizaste, Homura-chan. ¿Te decepcioné mucho, uhm?"
Los ojos púrpura la miraban directo, sin intimidarse, y bostezó. "¿Realmente te importa? Quizás eres tú quien se decepciona a sí misma, Madoka."
La escuchó rechinar los dientes y rió para sus adentros. Por fin la soltaron y llevó una mano a relajar el hombro, moviéndolo en círculos. "Si no tienes nada más que añadir, te agradecería que respetaras mi privacidad."
Madoka estiró los labios en una línea y no se movió ni un solo centímetro. "La noche estuvo interesante, ¿sabes?"
Homura se tardó un poco en procesar lo que había escuchado, en unir las ideas, y sintió algo revolverle el estómago cuando por fin entendió. "No, no lo sé. Tampoco me interesa, así que ve a contarle a alguien que le importe."
Madoka entrecerró los ojos, pero sonrió de lado. "Qué lástima, no hay muchas personas despiertas a esta hora un domingo por la mañana. Así que serás una buena mejor amiga y me escucharás, Homura-chan. ¡Esta chica fue más lanzada de lo que me imaginé! Me comía con la mirada. Y bueno… Me comió de otras formas, también." Se sentó junto a Homura en la cama y la miró de reojo. "Fue interesante, ¿sabes? Intenso, me encantó. ¿Crees que debería volver a salir con ella?"
Si fuera una tetera, estaría hirviendo hace muchísimo rato. Apartó la mirada, de hecho, para que Madoka no pudiera verla. Requirió mucha fuerza de voluntad para no demostrar físicamente su molestia. En cambio, acabó ajustándose en la cama y se recostó, manos tras la cabeza, mirando al techo. "No creo que necesites mi opinión al respecto. Solo me has dicho que la pasaste bien carnalmente con ella, no has dicho nada sobre interacción personal, así que… Con la información que manejo, te diría que sí. Aprovecha y diviértete con toda la acción que te puede proporcionar." Agradeció enormemente la capacidad que tenía para ocultar emociones, así pudo camuflar el veneno que disparó en cada frase.
Ella se giró nuevamente para buscar su rostro, y le irritó profundamente verla con cara de nada. Rió forzosamente y asintió. "¿Cierto? Y pues nada, la interacción queda de lado, Homura-chan. Ella me dio lo que buscaba, y bastante bien, es todo lo que importa. Lo demás se puede parchar. Tiene un lindo rostro, así que eso me vale."
"Oh, pues mejor así. Me alegra que estés satisfecha, Madoka."
Ahora, Madoka se volteó por completo y la fulminó con la mirada. Pateó con rabia sus zapatos fuera, y se encaramó en la cama para sentarse encima de Homura a la altura de su cadera, viéndola hacia abajo. "¿De verdad, Homura-chan? ¿Estarías dispuesta a conocerla?"
Notó sus intentos por quitarla sin que fuera demasiado evidente, pero respondió acomodándose mejor. Homura acabó suspirando. "No veo para qué. Sabes que no soy la persona más sociable, mejor preséntasela a Miki Sayaka o qué se yo."
Alzó un dedo y lo movió hacia los lados, negando. "No. Tú eres más mi mejor amiga que Sayaka-chan. Es una obligación de las mejores amigas conocer a las parejas de la otra."
Parejas.
Si la irritación de Homura pudiera ser gráficamente visible, podrían dibujarla echando humo por las orejas. Por suerte, gozaba del premio pokerface del año. "Pues tráela, pero no esperes mucho de mí, no le daré trato especial por ser tu novia."
Mantuvo un largo silencio. Su mirada descansaba obsesivamente en el rostro de Homura, escaneándolo, buscando algo que al parecer no lograba encontrar. Ella le mantenía la mirada, negándose a perder la batalla, hasta que Madoka optó por lanzar lejos la chaqueta y quitarse la blusa, rostro serio. Se inclinó hacia abajo hasta quedar peligrosamente cerca del rostro de Homura, enseñándole el pecho. Ahí había una gran marca roja. "Homura-chan, ¿ves eso? ¿Puedes creer que me lo hizo para marcar propiedad? ¡Es tierno!"
Homura fue quien mantuvo silencio esta vez. Respiró profundo y acabó cerrando los ojos, manos cubriendo su rostro. "Madoka. ¿Por qué haces esto? ¿Lo disfrutas?"
"¿Disfruto qué, Homura-chan?"
"Lucir tus aventuras. Como si a alguien le importara." Se enderezó, fuego en sus ojos. "Te lo dejo claro: a mí NO me importa, así que, en serio, cuéntale todo este rollo a Miki Sayaka que le gusta el chisme y déjame sola, ¿vale?"
"¡Por supuesto que no te importa! Solo piensas en ti, Homura-chan. Vives cantando discursos y haciéndote la mártir, pero no te importa nadie más que tu ombligo." Se inclinó nuevamente, manos tomando el rostro ajeno con fuerza. "Sé que te importa, aunque lo niegues. Pero como siempre, no tienes coraje. Puedo acostarme con todos los que se me dé la gana, y nunca harás nada al respecto porque eres una cobarde. Seguro estás esperando que yo vaya y te pida disculpas, ¿no? Porque así de egoísta eres."
Homura se echó a reír. "En serio, estás desesperada por atención, Madoka." Se acercó lo suficiente para estar solo a centímetros de su rostro, ojos entornados, ambas fulminándose. "Escúchame. No-me-interesa."
Notó el pequeño saltó que dio Madoka al escucharla, pero mantuvo la expresión neutra y no se apartó ni un solo centímetro. "Qué mal, entonces. Yo que quería contarte porque era mi primera vez. Nunca lo olvidaré, es un momento especial para cada chica. ¡Deberías mejorar tu status como mejor amiga, Homura-chan!"
"…"
"¿Homura-chan?" Madoka llevó una mano hasta su mentón y lo sacudió de un lado a otro, buscando reacción. "¡Homura-chan!"
"…Estás feliz, ¿verdad, Madoka?"
Parpadeó, ladeando el rostro.
"Qué bien por ti. En serio, qué bien por ti. Me alegra que sortearas tu virginidad a la primera que se te cruzara. Te aplaudo. Ahora, ¿me haces el favor y me dejas estar sola?"
Pero antes de que Madoka pudiera responder, Homura la empujó lejos y sus ojos brillaron rojizos. Invocó fuerza y Madoka fue expulsada en segundos. Aplicó un hechizo a la puerta para que no la molestara más, y se dejó caer en la cama nuevamente, resistiendo las ganas de golpear todo para descargar la energía. Al segundo siguiente, agradeció haberlo hecho, porque Madoka era terca como mula y deshizo sus esfuerzos, nuevamente instalada encima suyo como la vez anterior, pero con el rostro rojo y lágrimas en las orillas de los ojos. "Ahora tú te estás pasando, Homura-chan. He soportado muchas cosas, ¿pero echarme así? ¿Qué te crees? Si no puedes controlar tu molestia por lo que hago, no es culpa mía. Así que te pido que no repitas eso. Sería molesto e innecesario que nos peleemos literalmente por cada desacuerdo."
"Oh, vale. Entonces, solo te ignoraré." A pesar de tenerla encima, manejó girarse y se tapó la cabeza con una almohada. Madoka no tardó en inclinarse de nuevo, sin tomar en cuenta la almohada porque sabía que Homura la escuchaba perfectamente. "Entonces no te importará si sigo hablando, perfecto. ¿Sabes qué es lo que más me gustó? Que aunque fue mi primera vez, me hizo correrme 3 veces seguidas, es una máquina. Luego me cogió 5 veces más, ¡una bestia! ¿verdad, Homura-chan?"
Sin respuesta.
Madoka se mordió el labio inferior, y susurró junto a su oído. "Me marcó en otros lugares, ¿quieres ver? Pero eso es más íntimo~ De todos modos, gracias, Homura-chan. Por ti, soy capaz de obedecer a mis deseos sin reparo y conocer el amor con otra persona, es tooooodo gracias a ti. Eres la mejor amiga, siempre lo supe."
Y Madoka lo logró.
Reventó su paciencia en miles de pedazos.
Un par de manos fueron a agarrarla con fuerza de las muñecas, ojos brillando. Cambió posiciones y la empujó espalda contra la cama. La fulminó con la mirada, aliento agitado y cuerpo temblando por la rabia. "Bueno, Madoka. ¿Esto buscabas? No creas que soy tan estúpida como para creer en tu juego de la inocencia, pero aun cuando sé que estás sobreactuando, mi paciencia tiene límites. Eres una caprichosa, eres tú a la que no le importa nada más que su ombligo luego de jurar que hacías todo por los demás, qué ironía, ¿no crees?"
Hubo más fuerza tras sus ojos, y fue a encararla, a solo un par de centímetros de su rostro. "Tú eres la que se pasa. Recuerda que no eres la única con poder esta vez, y lamentablemente para ti, yo llevo más tiempo en el puesto de demonio."
Ninguna dijo nada por varios segundos. Rojizo penetraba al dorado, ambos brillando, pero ninguna moviéndose.
Como si se hubiesen puesto de acuerdo, Madoka la jaló por el cuello al mismo tiempo que Homura se había inclinado para besarla con intensidad. Madoka fue rápidamente a abrir su blusa y tomar una de las manos de Homura para que tocara bajo su sostén. Ella respondió besándola con más agresividad y apartando la mano, sin hacerle caso. En cambio, manejó inmovilizar ambos brazos aprisionándolos sobre la cabeza de Madoka mientras sus manos recorrían a gusto el cuerpo ajeno, uñas rasguñando los muslos. Madoka se quejó por el dolor y arqueó la espalda, pero Homura aprovechó y se movió para deshacerse de la mini-falda con la que había salido la noche anterior. Empujó una mano rápidamente hacia su entrada, dedos moviéndose bajo la ropa interior, pero sin penetrar.
Madoka le mordió el labio con fuerza, ojos cerrados. Tras concentrarse, logró liberarse de las ataduras y jaló su cabello a la vez que sus caderas se movían a favor de los dedos ajenos. Homura no concedió, rostro serio y rompiendo por fin el beso, mirada fija en la otra. "¿No que te hicieron gozar tanto? No pareces satisfecha. ¿O será que eres insaciable?"
Madoka abrió los ojos de golpe, cejas fruncidas, y una de sus manos fue a clavar sus uñas en su nuca, a la vez que intentaba patear la mano que exploraba su zona íntima.
Homura intentó ignorar el dolor, y no permitió que la detuvieran; como si le hubiese echado gasolina, su mano se introdujo de golpe en su interior, sin delicadeza. Escuchó un quejido fuerte, pero no le importó. Movió su mano rápido, recorriendo todo el camino, ignorando completamente si la otra estaba a gusto con ello. Separó más sus piernas, y se posicionó para morder su cuello. Sus piernas mantenían separadas las de Madoka y su cuerpo comenzó a moverse al mismo ritmo que sus dedos.
"Homura-chan… Eres-Eres una… Una m-mentirosa, ah…" Echó la cabeza hacia atrás mientras mordía su labio inferior. Homura alzó la vista, disfrutando con la escena, y solo sirvió para que aumentara la intensidad de los movimientos. Su mano libre se apoyó en la cabecera de la cama para darse soporte, y la posición fue lo suficientemente cómoda como para besar sus senos mientras mantenía el vaivén.
Madoka elevó más el pecho, buscando el tacto, y sus caderas siguiendo el movimiento contrario a los dedos para intensificar el choque. No se lo esperó, pero jaló su cabeza hacia arriba para verla a la cara.
Ambas jadeaban, y cuando hizo el amago de besarla, Homura inclinó el cuerpo hacia abajo, su rostro descansando junto al cuello ajeno. Su mano se movió con rapidez para luego abandonar el interior y apretar varias veces la protuberancia sobresaliente, a lo que Madoka respondió retorciéndose y deslizando sus manos bajo el cuello de la camisa de Homura para rasguñar su espalda. Se la sacudió, y cuando sintió que le quedaba poco para venirse, quitó la mano por completo.
Vio como Madoka la miraba casi suplicando, y fue suficiente para hacerla continuar. Puso una mano contra la nuca de Madoka, también, y la atrajo para darle un beso profundo que ella respondió de inmediato. Las manos de Madoka bajaron rápidamente y abrieron el cierre del pantalón de Homura, tirándolo hasta donde la posición le permitió, o sea, hasta poco más arriba que las rodillas. Luego empujó la ropa interior, acariciando por encima aprovechando la cercanía. Homura empujó la mano lejos, y acabó de bajar la ropa hasta donde consideró necesario.
Sin aviso, empujó su sexo contra el de Madoka, ambos totalmente empapados, y Madoka no pudo contener el gemido a pesar de tener la boca ocupada lidiando con la lengua de Homura que era increíblemente inquieta. Aprovechó la ventaja para empujarse lo más profundo que pudo mientras separaba las piernas, forzando hacia adelante para abrirla más y dejarla totalmente expuesta. Sonrió para sí misma al darse cuenta de que no hacía falta porque Madoka concedía por sí sola y había abrazado sus piernas alrededor de la cadera de Homura para atraerla. La distancia era mínima, pero Homura no la cerraba. En cambio, liberó los labios y juntó sus frentes, seria.
"Me pregunto qué dirá tu nueva novia sobre esto. Hace unas horas lo hizo contigo, y ya te estás encamando conmigo. Qué promiscua eres, Madoka."
Escuchó un quejido apagado de Madoka, y posteriormente soltó un suspiro, brazos haciendo fuerza alrededor de su cuello para volver a besarla, pero Homura no le hacía fácil la tarea. "Quizás venga a golpearte, quién sabe. Será interesante verlo."
Negó con la cabeza. "Ay no, qué pereza. Mejor lo dejamos hasta aquí, yo no diré nada si tú no dices…"
Escuchó –literalmente- un gruñido provenir de Madoka, y al segundo siguiente las uñas volvieron a clavarse en su cuello y la obligaron a mirarla. "Homura-chan. En serio, cállate. Es un pésimo momento. Si no me importa a mí, no vengas a darme lecciones de moral cuando estamos cogiendo. Solo hazlo. No es tan difícil, lo estabas haciendo bien. Así que deja el-"
No la dejó terminar y se apegó nuevamente, frotando la zona sin separarse. Madoka se llevó una mano a la boca inmediatamente pero no fue lo suficientemente rápida como para callar el gemido por completo. Homura le succionó el cuello, dejando una marca mucho más amplia y más morada que roja. "Ups, tendrás que explicarle eso también. Le puedo contar que no te satisface lo suficiente, a ver si hace algo al respecto y no tengas que buscarme a mí."
Se detuvo ahí, sin moverse, y sonrió cuando la cadera de Madoka reaccionó para buscar fricción ante su falta de iniciativa. La escuchó gemir por sí sola y llevó una mano a detener su movimiento, ojos fijos en ella. "¡Homura-chan, en serio-!"
"Homura-chan, ¿qué?" Respiró profundo y fue a lamerle el cuello. "No todo irá como tú quieras, Madoka. Está bien, sí, hice todo por ti, pero ya estás demasiado metida en esto como para salir y no tengo por qué humillarme. Sería interesante dejarte así, a medias. Si solo te interesa satisfacerte, puedes acabarlo rápidamente tú sola."
Madoka respiró profundo por varios segundos, y tras calmarse un poco, acabó llevando delicadamente ambas manos al rostro de Homura.
"Homura-chan… ¿De verdad te has creído todo eso? Salí con alguien, sí, pero a un bar a platicar y ya. Aunque me pueda molestar admitirlo, yo…" Negó con la cabeza para luego levantar el rostro y encontrar sus labios, un mero roce, "yo te quiero a ti. Pensé que provocarte era la única forma… No tengo a nadie a quien presentarte, porque solo pienso en ti todo el día." La atrajo de nuevo, esta vez besando varias veces la comisura de su boca, "por favor… No tienes nada que demostrar, lo siento…"
"Mhmhm. Y luego de todo ese acto pretendes que me crea eso solo porque estás frustrada por venirte. Dime, si esta es tu primera vez, ¿cómo puedes estar tan tranquila con todo lo que hago? Te delatas sola, Madoka. Pero da igual, no es como si yo dejara las cosas a medias, hace tiempo decidí no dudar más."
"Homura-ch-"
Le tapó la boca con la almohada y devolvió la mano a su zona íntima. Introdujo los dedos y la penetró lento, pero profundo. Acompañó todo con el roce de caderas para estimular su pequeño monte erecto, Madoka mordiendo la almohada ante la urgencia de liberarse, su cuerpo reaccionando contra su voluntad. Había fuerza tras los ojos de Homura, los impulsos dominando sus acciones. Los quejidos de Madoka estaban apagados, pero el lenguaje corporal le indicó el momento preciso en que alcanzó el clímax, su punto más sensible listo para esconderse.
Homura no lo permitió, y bajó rápidamente a succionarlo. A pesar de que la almohada seguía fija en su lugar sin necesidad de que la sostuviera directamente, escuchó los gemidos de Madoka de todos modos. Sus piernas se movían de un lado a otro, y una mano fue a jalar su cabello con fuerza mientras ella jugaba con el pobre clítoris que buscaba descanso. El cuerpo de Madoka temblaba sin parar, como si le estuvieran poniendo energía eléctrica, pero no fue capaz de detener a Homura. Mientras su boca se ocupaba de entretener el punto más sensible, los dedos volvieron a encontrar su entrada, que para vergüenza de Madoka, la recibió sin problemas, más lubricada y dilatada que antes.
No supo cuándo pasó, pero la otra había logrado mandar a volar la almohada con sus propios poderes y voluntariamente empujaba la cabeza ajena contra su sexo. "¡Homura-chan, ya… No puedo más!"
Pero Homura no la escuchaba. Solo tenía grabado en su mente el hecho de que la habían hecho venirse tres veces seguidas, y solo podía contar dos hasta ahora. Usando ambas manos, elevó su cadera hasta dejarla completamente suspendida y expuesta. Homura se enderezó y se puso de rodillas, las piernas de Madoka sobre sus hombros. Ella fue a taparse el rostro, y Homura aprovechó para ocuparse del sector con más libertad, sin que los movimientos de Madoka la dejaran sin poder respirar bien.
Madoka movía ambas manos buscando en qué descargar la energía. Ocupó las sábanas varias veces, pero no era suficiente, nunca era suficiente, porque tras cada orgasmo, el siguiente parecía ser más intenso aun y aunque Homura no lo notara, estaba segura de que contaba más de cinco solo con el oral. Sacudió la cabeza hacia los lados repetidas veces cuando la lengua se introdujo directamente a penetrarla, el movimiento fino de la punta rozando sus paredes y logrando que, a pesar de la posición, ambas piernas abrazaran el cuello de la otra y la empujaran para que siguiera y nunca parara. Se sentía a completa merced, y estaba segura de que eso fue lo que Homura planeó desde el principio.
Las manos de Homura se alargaron para presionar ambos senos, uno en cada mano, y Madoka se sintió a otro nivel de ida, sus sensaciones en otro plan terrenal. Acabó jalando su propio cabello, espalda totalmente arqueada. Tenía el rostro empapado en sudor y había rastros de saliva que escapaban de su boca de tanto en tanto. Homura pellizcó sus pezones y la lengua abandonó su interior. Pegó sus labios en la parte superior de la zona y succionó, labios moviéndose para rozar los costados. La cadera de Madoka volvió a retorcerse de tal manera que nuevamente se volvió molesto mantenerse ahí, pero aprovechó para apartar solo un par de centímetros su rostro y estirar la lengua. Empezó a moverla rápidamente de arriba a abajo, tocando especialmente la protuberancia, ayudándose de la ansiedad de la inquieta cadera de Madoka. Los gemidos habían evolucionado a gritos hace un buen tiempo y un talón golpeó su nuca, obligándola a pegarse otra vez a su sexo. Rodó los ojos y echó un vistazo hacia el lado para apreciar los resultados de su trabajo.
Fueron mejores de lo que esperó.
Sonrió de lado, orgullosa, y decidió que ya había sido suficiente. Apegó sus labios nuevamente, moviendo la cabeza de un lado a otro, su nariz rozando también, por defecto. Los tobillos de Madoka la tenían enterrada ahí, pero bastaron unos segundos para que el intenso palpitar y el nuevo flujo de líquido le indicara que ya había acabado.
Luego de que la otra se calmara un poco, se apartó y bajó el cuerpo de Madoka que estaba hecho un desastre. Su cabeza estaba ladeada, un gran círculo oscuro en la almohada por todo lo que había babeado. La respiración seguía agitada y sus brazos estaban muertos, uno a cada lado. Homura usó un brazo para limpiar la mezcla de líquidos que traía en la cara, solo medianamente exitosa. Se acomodó la ropa y se levantó de la cama. Iba saliendo de la habitación cuando la voz aguda de Madoka la detuvo.
"¡Espera! ¿T-Te irás así nada más?"
La miró por sobre el hombro, ojos entrecerrados. "¿Para qué? Ya obtuviste lo que buscaste, no tengo nada más que hacer contigo."
Madoka mantuvo silencio y se incorporó para sentarse en la cama, el largo cabello rosa cubriendo parte de su pecho. "…Hablas en serio, entonces. Tú no me crees, Homura-chan, pero yo podría preguntarte lo mismo, ¿no?"
Ella solo parpadeó.
"¿Cuándo y con quién aprendiste todo eso?"
La voz grave que usó Madoka fue lo que logró hacerla voltearse por completo y cruzarse de brazos. "Te lo dije, llevo más tiempo siendo demonio. El deseo es mi bandera aquí, no sé por qué te sorprende."
Madoka agachó la cabeza, su cabello ocultando su rostro. Vio manos aferrarse a las sábanas de la cama y ladeó la cabeza. "¿Madoka?"
Silencio.
Se encogió de hombros, y se giró para reanudar su camino, pero fuerza invisible la jaló hasta sentarla junto a Madoka. Gruñó, cansada ya con ese show. "Todo esto es innecesario, Madoka. Deja los rodeos y ve al grano."
Algo la obligó a girar la cabeza y vio los ojos dorados exageradamente brillantes fulminándola. Traía las cejas fruncidas y podía ver como temblaban sus labios por la ira. "…Déjate tú de rodeos, Homura-chan. Te pregunté algo preciso, espero tu respuesta. ¿Cuándo y con quién?"
Alzó ambas cejas, para nada intimidada. "No tengo por qué responder a eso. Yo no me meto en tu vida sexual; fuiste tú sola quien me cantó los detalles, nunca te lo pedí. No esperes que haga lo mismo."
La expresión de Madoka se oscureció más aun y notó como su cabello comenzaba a alzarse por toda la fuerza que estaba liberando. Homura suspiró.
"…Entonces sí hubo alguien. A pesar de eso, no querías nada conmigo. Reescribes el universo por el amor que guardaste para mí. Te acuestas con cualquier otra, para luego preferir que nos quedemos con amigas. Dime, ¿sigue eso una línea lógica de acontecimientos?"
Se encogió de hombros. "Te contradices. Tú hiciste lo mismo anoche y no estoy haciendo drama al respecto, siendo que se supone que te volviste demonio para pseudo salvarme."
Madoka tomó una buena bocanada de aire, pero seguía soltando el mismo torrente de energía. "Estamos hablando de ti, Homura-chan. De todos modos, ya te dije que no hice nada, así que puedo encarártelo libremente. Dime quién, Homura-chan, es última vez que lo pregunto."
"Mhmhm, pues quédate esperando tu respuesta, todo esto es una estupidez." Iba a ponerse de pie, pero en un parpadeo tuvo a Madoka encima, ella recostada contra la cama, incapaz de moverse en absoluto.
"Deja de burlarte de mí. Sabes bien que tú eres mía, Homura-chan. Dime quién y la haré arrepentirse por toda su vida."
A pesar de la posición desfavorable, Homura bufó. "¿Tuya? No veo en qué parte de mí dice que soy de tu propiedad. Soy libre para hacer lo que se me venga en gana, Madoka. No sé qué más quieres, ya te cogí, no obtendrás nada más de mí. Mejor sigue tus propias palabras y busca a otra persona que te de lo que necesitas."
Y eso lo terminó.
Madoka rasgó de un solo tirón la camiseta de Homura y tomó un cuchillo de algún lugar. Lo acercó a la piel pálida de Homura y deslizó la hoja por todo el torso, rozando. "Tienes razón, debí marcarte hace mucho tiempo. ¿Dónde lo quieres? Te daré el beneficio de escoger."
"…Te has vuelto loca. ¿Cuál es tu afán, Madoka? Que sea tuya, mhm, ¿para qué? Si somos amigas, amigas."
Una sonrisa amplia, "mejores amigas."
Hubo un largo silencio en el que Madoka movía el cuchillo, pero sin cortar nada. Estaba ocupada en una larga batalla de miradas contra el par rojizo. Llegado el momento, lo lanzó lejos y sus manos fueron a recorrer los senos de Homura bajo el sujetador. "Soy la única que puede estar contigo, Homura-chan. Solo yo te entiendo, solo yo te querré con tanta intensidad." Disfrutó la suavidad, y presionó, probando.
Homura la miraba sin reacción; no era especialmente sensible ahí. "Madoka." La voz fue grave y el brillo de sus ojos igualó al de Madoka. Detuvo las manos agarrando sus muñecas y miró cara a cara a la otra. "Estoy cansada. No, estoy podrida. Tú llegas y dices toda la mierda que se te pasa por la cabeza, ¿y luego yo tengo que recibirte a brazos abiertos? No seas hipócrita. Hablo en serio cuando te digo para qué me quieres. ¿Para jactarte de tu nueva mascota? ¿Para seguir burlándote? ¿O juguete sexual? Estoy absolutamente podrida de tener que soportar tu ego. ¿Tengo que estar sonriente porque te vas con otra persona para llegar a la mañana siguiente? Claro, y como tienes tan claros mis sentimientos por ti, ¿qué importa? Si Homura-chan siempre estará ahí como estúpida a pesar de que te acuestes con quien se te de la reverenda gana. ¡Hagámoslo peor! Vamos a restregarle todo a Homura-chan para provocarle celos solo para seguir alimentando ego." Temblaba de rabia, sus manos apretando con demasiada fuerza las muñecas de Madoka, "y para colmo, te funciona. Logras que me den ganas de vomitar imaginándote con alguien más. Y luego…" Apretó los dientes, "y luego tienes la cara de decirme que me quieres. Mejor ódiame, Madoka. Odiémonos y mantengámonos lo más lejos posible, ¿sí? Suena a buen plan, puedo empezar aho-"
Un cachetazo no la dejó acabar y enderezó el rostro de inmediato. Sus manos se hicieron puños y los alzó, uno a cada lado del rostro de Madoka, ambas fulminándose con la mirada.
"Adelante, hazlo. Pero primero déjame decirte que sí, eres una verdadera estúpida. Si te molestaban todas esas cosas, ¿por qué no dices nada? Tengo que adivinar lo que pasa en esa pequeña cabeza tuya. Y vaya, me vengo enterando. No tenía idea que te doliera tanto pensarme en brazos de otra o perteneciendo a otra." Una mano fue a acariciar la piel lastimada de la mejilla de Homura y se inclinó para plantar un beso ahí, y se acercó hasta su oído. "Lástima que la gran Akemi Homura se admita una perdedora. Quizás me vaya y te deje sola, ya que eso quieres. Pero no olvidaré que tú, Homura-chan, no tienes ni una pizca de pelotas."
"…Madoka."
"¿Mhm?"
Solo escuchó el respirar agitado de Homura. Se enderezó para poder verla bien, pero apenas lo hizo una mano jaló su cabello desde atrás, haciendo que su cabeza quedara mirando hacia el techo. Al segundo siguiente los labios de Homura ocuparon su boca agresivamente y Madoka la empujó con ambas manos a la cama. Se posicionó sobre ella, dedos deshaciéndose rápidamente del pantalón y ropa interior de Homura. Madoka, aun desnuda, se apegó a su cuerpo y un escalofrío recorrió su espalda al sentirse piel contra piel. El pensamiento no duró mucho y besó con más intensidad la boca iracunda de Homura. Ella le daba mordiscos y seguía jalando el largo cabello rosa. Miró de reojo su expresión y se sintió contagiar de la molestia al recordar que Homura nunca le respondió lo único que realmente quería saber y la piel que admiraba hace unos segundos le pareció sucia. Ya la habían tocado otras manos, besado otros labios. Había entregado su primera vez, también. No la esperó y seguro ni siquiera pensó en esperarla.
La rabia subió alarmantemente rápido, y frustrada, afirmó bien las rodillas en la cama. Quebró el beso e introdujo dos dedos en la boca de Homura. No le sorprendió que los mordiera de inmediato, pero Madoka los empujó de todos modos y Homura acabó tensando sus labios alrededor de ellos. Entornó los ojos y los movió hacia atrás para luego volverlos a empujar. Pronto dejó de ser necesario, porque Homura tomó su mano e hizo los movimientos por su cuenta, su cabeza acompañando el ritmo.
Madoka la miraba atenta, completamente consciente de cómo reaccionaba su cuerpo ante la imagen. Sin embargo, se le retorció el estómago cuando entendió algo que debió ser obvio: seguro había sido un hombre. Rechinó los dientes y retiró su brazo de golpe, dedos húmedos directo a la entrada de Homura, cero delicadez. Apoyó su mano libre junto a su rostro y la miró con el veneno derramado en toda su expresión. Homura no la veía, había cerrado los ojos y cada señal que indicara cómo disfrutaba hacía que se le apretara más el estómago. Empujó con fuerza, Homura quejándose abiertamente y no de forma placentera. Abrió los ojos de golpe e intentó quitarse a Madoka con brazos y piernas, pero fue imposible moverla.
"¿Ahora te molesta? Dudo que esto sea ni remotamente comparable a lo que te dio él, ¿no?"
"¿…De qué carajo estás hablando? Madoka te juro que-"
"¡¿Me juras qué?! Cruzaste todas las líneas, eres una…"
"Anda, dilo. Ya no me importa lo que pienses de mí, Madoka." Volvió a lanzar una patada, esta vez exitosa en liberarse de la penetración. Lágrimas cayeron sobre su rostro y encontró a los ojos dorados mirándola con una expresión que no podía entender; el cabello rosa bloqueaba su visión, pero de todas maneras sintió que una pequeña bola de angustia se formaba en su garganta solo por verla llorar.
"Mado-"
"¡Vete a la mierda!" Una mano voló rápidamente a abofetear la mejilla de Homura, con mucha más fuerza que la anterior, "¡vete-a-la-mierda!" un nuevo golpe desde el lado contrario acabó girando por completo su cabeza.
Más lágrimas caían, y por fin, a pesar de la rabia, la voz de Madoka se quebró, los gritos volviéndose chillidos, "¡no puedo creer-no puedo creer que…!"
Ahora fue ella quien recibió un cachetazo. Homura logró incorporarse, y en cuanto lo hizo, ambas manos fueron a jalar el cabello de la nuca, ganando un gemido inmediato por parte de la otra. "Vete tú a la mierda, Madoka," y su boca fue a besarla, Madoka intensificando el beso de inmediato. Sus manos se perdieron en las hebras oscuras mientras que su lengua viajaba todo el camino lo más profundo que le permitiera la longitud. Los labios se movían rápidos; Madoka intentando empujarla hacia abajo con el peso de su cuerpo, Homura intentando lo contrario. Madoka acabó ganando, gravedad a su favor, y ambas cayeron peso muerto haciendo rebotar la cama.
Sus manos se desplazaron a tocar con insistencia los senos de Homura quien reaccionó de inmediato, arqueando la espalda, a pesar de que nunca había sido sensible en ese punto. Sentía el cuerpo arder; sentía su corazón arder, también, como si cada toque estuviese destinado a quemarla, a destruirla, pero de una forma tan cruel, tan dolorosa. Ahora las lágrimas eran propias, frustradas, desesperadas por no saber qué hacer, a qué emoción atender entre toda la batidora de ellas que sentía en ese momento.
La frustración reinó, y fijó la mirada en los ojos cerrados de Madoka. Notaba su frente arrugada, sus párpados hinchados… Pero tenía demasiado presente el dolor en su mejilla; demasiado presente su vómito de palabras. Rompió el beso de golpe, dientes apretados con fuerza en el labio inferior de Madoka, logrando hacerlo sangrar. Ella se apartó de un salto, manos protegiendo su boca.
Intentó levantarse, dispuesta a salir de ahí por fin, lejos de ella, pero Madoka golpeó su hombro izquierdo, logrando que aterrizara de lado. La giró de nuevo y se movió para obligarla a encontrar miradas. "¿De verdad crees que ese truco te servirá? No me subestimes, Homura-chan."
La voz de Madoka había recuperado la estabilidad, y cuando estuvo a punto de replicar, el calor húmedo que se apoderó de su entrepierna la hizo desconectar toda la idea. Miró hacia abajo y solo pudo ver un manto de cabello rosa moviéndose a la altura de su vientre. "Ah, Madoka…"
Un solo ojo dorado se asomó a verla y desapareció al segundo siguiente. Sintió su lengua deslizarse por los bordes de su sexo, y acto seguido podía decir con seguridad que Madoka besaba la zona como si besara la boca de otra persona. Sus labios se movían; se abrían, cerraban, cambiaban de dirección y se detuvo un par de segundos para dar una lamida rápida a su punto sensible. Homura echó la cabeza hacia atrás, la ansiedad y el calor dominándola y haciéndola retorcerse en busca de más estímulos. Madoka se concentró en succionar su monte erguido y Homura gimió con fuerza, respiración agitada y piernas temblando. Un dedo se abrió camino para penetrarla, y un recuerdo desagradable y reciente pasó por su mente; alzó ambas piernas y pateó los hombros de Madoka para lanzarla lejos, que no la tocara más.
De nuevo hizo el amago de irse por fin, pero Madoka estaba encima suyo otra vez, terca. Sus ojos estaban casi que literalmente en llamas, pero Homura no se quedaba atrás. Detestaba sentir como palpitaba su sexo, desesperado por la interrupción, y detestaba aún más sentir la agresiva tensión sexual que emanaba Madoka, quien a pesar de estarla aniquilando con la mirada, también recorría todo su cuerpo como si estuviera frente a un festín. Le estremecía y causaba un rechazo doloroso, a la vez.
No debió sorprenderle en absoluto que su cuerpo ganara la batalla, que el magnetismo de Madoka la atrapara, y que a pesar de todo, su corazón roto la anhelara aun. El pecho le pesaba mientras intercambiaba besos angustiosos con Madoka, una mano que buscó entrelazarse con la propia. Madoka logró separarla de piernas de nuevo, y ambas gimieron al unísono cuando sus caderas se unieron. Las dos se vieron en necesidad de aire así que el beso se olvidó, los labios de Madoka ahora en su cuello enviando más torrentes de electricidad por su espina.
Homura perdió el norte y solo podía ser consciente de los choques intensos de Madoka, sus brazos abrazándola, aferrándose a ella. Una mano fue a separar más sus muslos, empujándolos levemente hacia arriba en el proceso para exponerla más y darse mayor terreno. Sus jadeos se mezclaban con los de Madoka, su aliento agitado contra su oído. Ella llevo su mano libre por debajo del brazo de Homura para abrazarse de su hombro e impulsarse con más comodidad. Aceleró el ritmo que acabó tornándose feroz y Homura por fin se sintió completamente despojada de cualquier pensamiento que no fuera netamente carnal. Sus piernas abrazaron a Madoka y la voz aguda contra su oído acabó haciéndole perder la cabeza. No se dio cuenta en qué momento sus propios gemidos se hicieron tan altos, tan ruidosos, ni como su mano había bajado hacia la espalda baja de Madoka para apegarla más aún. Lentamente, el ritmo fue bajando, pero solo para rozar con más detención, buscando los puntos más sensibles. Madoka encontró sus labios y esta vez, por fin, luego de tantos encuentros en ese día, el beso no expresó deseo solamente, sino una dolorosa pasión que las estaba haciendo pedazos. La cadera de Madoka comenzó a trazar formas contra la propia y Homura subió su mano para acariciar su rostro. Se dio cuenta de lo húmedo que estaba, pero la textura le indicó de inmediato que eran lágrimas y no sudor. Homura detuvo el beso, jadeos y gemidos nuevamente alzados pero intentó concentrarse en encontrar ojos dorados. Lo logró, ellos aparentemente también buscando rojizo, y el llanto de Madoka volvió a caer sobre su piel.
Ninguna habló; Madoka entrelazó su mano libre con la de Homura y bajó su rostro hasta estar lo suficientemente cerca como para que el aliento caliente de ambas se encontrara. Homura vio su determinación detrás de la intensidad de sus ojos y lo siguiente que supo fue que Madoka había vuelto a acelerar el movimiento, no violento como la última vez, pero intenso de todas maneras. Homura lo sentía, estaba segura de que venía, y los empujes más duraderos y largos le indicaron que Madoka había alcanzado el límite. La vio juntar los parpados, pero no cesó el vaivén. Homura arqueó la espalda y enterró los dedos en la espalda ajena, gemidos cortos, mente comenzando a desconectarse. Miró a Madoka quien ahora la observaba expectante y se sintió derretir por el calor de esos llameantes ojos dorados. "H-Homura-chan…"
El placer comenzó a recorrer su cuerpo y se inclinó hacia adelante, rostro apegado al cuello de Madoka. Su cadera comenzó a moverse a oleadas buscando el roce, la humedad de Madoka y los sentimientos alcanzándola también, ojos llorosos. "Ma-Madoka, yo-ah…" El intento murió, pero Madoka se movió para buscar sus ojos, besos cubriendo su mejilla maltratada. El dolor seguía ahí, seguía ardiendo, pero solo fue capaz de apretar las piernas alrededor de ella y abrazarla con ambos brazos, lágrimas corriendo libres. "Madoka…"
Labios se encontraron de nuevo, lentos esta vez, pero igualmente profundos. Tenía miedo; tenía miedo de quebrarse en cuanto sus cuerpos se separaran, tenía miedo de volver a esa dinámica de mierda y que los preciados recuerdos hermosos que compartían se fueran llenado de polvo, poco a poco olvidándose por la destrucción que se volvían los que habían creado día a día de en el último tiempo de esa forma tan tóxica.
Quizás Madoka temía lo mismo. No se movía de encima, pero su boca seguía trazando besos suaves sobre la piel que tenía en frente.
Sabía…
Sabía que con eso, decía mucho más. Manifestaba su tristeza, su desesperación por curar todo el daño, físico y emocional. Los sollozos se lo confirmaban, y no podía decir qué expresión traía Madoka porque su imagen era borrosa producto de las lágrimas acumuladas. "Homura-chan."
No respondió, pero giró el rostro para verla. "Estamos mal, ¿no…?"
Homura tomó aire, voz temblorosa. "Mhm, mal…"
La frente de Madoka se apoyó sobre la propia, ahora pudiendo verla con claridad. La tristeza en su expresión no era como ninguna que hubiese visto en el último tiempo, era…
Era como la que había visto tantas veces en la Kaname Madoka humana, y eso aceleró su pulso, clavándole espinas por dentro.
"¿…Podemos mejorarlo?"
El rostro de Homura se deformó, pecho agitado dando saltos porque su llanto había estallado. Madoka la abrazó fuerte, sus sollozos uniéndosele. "…P-Por favor…"
"…T-Tú s-sabe-es q-que…" Y se ahogó con las palabras, incapaz de completar la oración.
Madoka tenía el corazón hecho un hilo y besó repetidas veces los labios de Homura, intentando reconfortarla. "¿Y-Yo sé…? No s-sé nada… D-Dime, yo… Necesito que…" Un sollozo largo, voz aguda "…necesito escucharlo…"
"Yo y-ya n-n-no…"
Y el corazón se le hizo añicos. Tragó pesado y rodeó el cuello de Homura con ambos brazos, moviéndose para apoyarse contra su cuello, pero Homura no se lo permitió. Madoka cerró los ojos con fuerza, incapaz de verla.
"Y-Yo ya- ya no pued-do negarme…"
Madoka abrió los ojos de golpe, cejas curvas hacia abajo. Sentía que todo su mundo se balanceaba en esa frase.
En esa frase que podría acabarla o devolverle el aliento.
"…N-No puedo negarte más…"
"Homura-chan…"
Ojos, ahora púrpura, la encontraron y vio el perdón en ellos. Y entendió…
Entendió que había sido una idiota, y que…
Y que Homura acababa de entregarle su virginidad a ella, a nadie más.
Justo cuando iba a gritar por el dolor en su pecho, Homura la besó y eso bastó para mitigar las punzadas que sentía en todo su cuerpo y dejarse envolver por ella.
"Una oportunidad más."
A/N: Sonata Arctica - Last drop falls y Eminem - Love the way you lie (xD sí, cuando llevaba la mitad me saltó esta última en la lista de reproducción y dije omggggg)
Ratchet me debes tu vida en chocolate porque es un oneshot EN TODA SU EXPRESIÓN. Yo iba a cortarlo hasta el fin del primer serso y mi pequeño beta me dijo que mejor continuara el sgte, y yo obedientemente aplasté mi kokoro escribiéndolo. En serio, fue literalmente doloroso, es primera vez que me acabo entristeciendo mientras escribo, no sé por qué me pegó tanto, snif ;;
Angst, angst, angst…
Ratchet me morí con lo de música de elevador XDDDD
Las sgtes petis han sido recibidas y aprobadas por el tribunal sexual de Danny. Ahaha, cochinayo :x goloso/a, fuiste trampocito pidiendo las dos parejas con la misma trama, así que seré tramposa igual y los escribiré ambos en el mismo drabble jiji ya pensé la trama.
Tomoyitoooo corazón, que dulce. Gracias por volverse fiel a esta servidora. Y sí, entendí tu curso de pensamiento :x ten por seguro que lo tendrás.
Ok lamento si me fui de olla y puse algo demasiado fuerte emocionalmente al menos en esta peti, pero no sé, a veces solo me nace escribir de tal forma :c nunca está planeado, la mitad de mis tramas las defino directamente mientras tipeo XD
Bueno, adiós mis pequeños lujuriosos ~
