Este fic participa en el reto "¿Qué significa el amor?" delforo El diente de león.

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~ Amores en Panem ~


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III. Thresh

Fortaleza

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«La verdad es que amamos la vida, no porque estemos acostumbrados a ella, sino porque estamos acostumbrados al amor».

Friedrich Nietzsche

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Me viene de pronto a la cabeza un día perdido de la infancia, yo era muy pequeño. Estábamos en la plaza, viendo obligadamente los Juegos del Hambre, como cada año. Una chica, que había sido muy hábil hasta ese momento, había caído en una trampa de otro tributo. Mientras se desangraba, miró al cielo y sonrió. Murió con la sonrisa en los labios.

Mi abuela se agachó a mi altura al ver que me estaba afectando la escena, y me dijo que seguro que los tributos antes de morir piensan en todos aquellos a quienes aman. Y que ella siempre me tenía en su pensamiento, igual que a mi abuelo, a mis padres y a mi hermana.

Yo no la entendí. ¿Por qué pensar en otros cuando vas a morir? Además, para mí la palabra «amor» siempre ha sido rara. Nunca pensé ni me planteé qué significa de verdad, qué es querer a alguien, qué implica.

Hasta ahora.

Aquí estoy, metido de cabeza en unos "Juegos". Esta atrocidad en la que o matas o mueres y que intenta arrebatarnos todo lo que tenemos. Llevo mucho tiempo escondido entre altas hierbas, tengo alimento y agua, sobrevivo bien. Solo he salido de aquí para el Banquete, me preguntaba qué tendría para mí esa enorme mochila con el número 11, no pensaba que necesitara nada… Pero sí, tiene algo importante. No solo armas, tiene una fotografía.

Son ellas. Mi abuela y mi hermana. Mays y Zea.

Pensaba que no necesitaba nada aquí dentro, pero las necesito a ellas. Sobre todo, después de lo que he hecho.

No me arrepiento de haber matado a la profesional del Dos, ella iba a torturar a la chica del Doce y se reía porque la niñita ha muerto… Pero tampoco me siento bien. No quiero seguir sus reglas, no quiero ser un asesino. Solo quiero sobrevivir.

Por eso necesitaba esta fotografía, para recordarme quién quiero ser. Quién soy.

Y me acuerdo de ese momento en el que la abuela hablaba de amor, porque nunca la había entendido y he necesitado estar aquí para comprenderlo. Sé lo que es. Sé las personas que he querido.

¿Por qué hablo en pasado? Las personas que quiero.

Conocí el amor maternal en mi abuela. Fue quien nos crio, porque nuestros padres murieron jóvenes, quien se encargó de que Zea y yo comiéramos bien y creciéramos fuertes, grandes y saludables. Fue quien nos regañó cuando hacíamos algo mal y la que celebró con nosotros los buenos momentos. La que nos arropaba por las noches y nos obligaba a ayudar en las tareas de casa. La que tantas veces curó mis manos heridas de labrar la tierra.

Mi abuela nunca había llorado delante de mí, hasta el día de la Cosecha. Sus lágrimas me mojaron el hombro cuando nos despedimos. Y me di cuenta de que, igual que yo me estaba haciendo un hombre, ella se estaba haciendo anciana. Agotada de haber perdido a tantas personas, no soportó fingir ser fuerte, porque no soporta la idea de perderme a mí también.

Y saberlo hizo que tuviera más claro aún que tengo que salir de aquí. Esa mujer no merece sufrir nada más.

Conocí el amor que se tiene por un amigo del alma, por un cómplice, por un compañero… con Zea. Es mi hermana, tiene un año más que yo, pero siempre ha sido algo distinto para mí. Aquella persona con la que compartir secretos, la mano derecha en cada cosa que emprendía, con quien tener mi primera borrachera y con quien trabajar horas extra para llevar más dinero a casa.

Ella también quería llorar, pero fingió estar bien. La conozco lo suficiente como para saber lo desbastada que se sentía en la despedida. Me dijo que puedo hacerlo y no hay palabras que crea más en el mundo que las de ella.

Estos últimos días he conocido algo más.

La niñita, Rue, se cuela en mis pensamientos desde que esta locura empezó. Tan pequeña, dulce y vivaz. Tan frágil. Cuando su fotografía apareció en el cielo, me sentí destrozado. ¿Cómo puede ser tan injusto el mundo? ¿Cómo una pequeña como ella puede ser mandada a esta locura?

Intenté mantenerme alejado de ella, en los entrenamientos, en nuestra planta, en los Juegos. Pero con sus pequeñas sonrisas y sus pasitos vacilantes consiguió atravesar mi coraza. No sé cuánto aprecio se puede tener por una persona a la que no conoces mucho, pero tengo claro que ha despertado algo en mí. El instinto de protegerla, el cariño por ella, la culpabilidad por no haber estado a su lado y haber aprovechado el cambio en las reglas…

Amor… ¿fraternal? ¿Paternal? No sé cómo llamarlo, pero es algo que nunca se irá.

Hay otro tipo que he descubierto estos días. Sabía que existía, muchos decían sentirlo, pero no lo había visto bien. El amor romántico. Ese que ha llevado al chico del Doce a hacer cualquier cosa por la chica de fuego, que hace que la mire de la forma en que lo hace. Y probablemente ella siente lo mismo, porque prácticamente fue al suicidio al Banquete solo por conseguirle medicinas, por lo que escuché.

Me apena no haberlo sentido. Me pregunto cómo es estar enamorado. Mi abuela decía que no había nada más fuerte que lo que sentía cuando mi abuelo le sonreía o cuando tenía en brazos a mi padre. Zea y yo no entendíamos sus palabras, pero ahora…

¿Por qué he tenido que esperar hasta ahora? ¿Saben ellas cuanto las quiero? ¿Sabe Rue el aprecio que me despertó? ¿A qué persona podría haber llegado a amar si hubiera tenido la oportunidad?

No sé nada de eso. Solo sé una cosa: si salgo de aquí, es por ellas.

Porque me niego a hacer que sufran, porque creen en mí, porque ver sus rostros hace que sienta la adrenalina llenando mi cuerpo.

Por ellas haré lo que sea. No importa qué obstáculo haya, pelearé. Y si caigo no será por no haberlo intentado.

Ellas me dan eso. Son mi fuerza. Y lucharé en su nombre.

Hay un último tipo de amor que he conocido: el amor por la vida. Nunca valoras tanto algo como cuando lo pierdes o estás a punto de que te lo arrebaten. El instinto de supervivencia no es más que eso, el amor por uno mismo, las ganas de seguir amando, de seguir viviendo.

La vida es demasiado especial como para dejar que otros nos la quiten. Amo la vida y no dejaré que me la arrebaten sin luchar.

Así que aquí estoy, bajo la tormenta, esperando un enfrentamiento con el chico del Dos que sé que va a llegar. Pelearé con uñas y dientes si hace falta.

Por Mays. Por Zea. Por Rue… Por Thresh.