Muchísimas gracias por el apoyo que Alone Together está recibiendo, sus comentarios y kudos son especiales para mí, espero disfruten el cap de hoy que escribí con amor. Sé que parece relleno de telenovela mexicana pero no desesperen, pronto arrancará lo bueno. Como siempre créditos a sus respectivos creadores, yo solo tomé prestados los personajes (σ

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I am in misery

And there ain't nobody who can comfort me

Why won't you answer me?

The silence is slowly killing me

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Llevaba pensando en el capitán la última hora, el baile, sus ojos y la pequeña sonrisa que le regalaba cuando se movían al compás de la música suave y lenta. Tony se había perdido tanto en el momento que no se dio cuenta que la gente observaba muy atentamente hasta que Bruce tuvo que interrumpir pidiéndole amablemente a su guardaespaldas que le permitiera a Tony por un segundo. Janet ayudó y se encargó de bailar un par de minutos con el capitán para que no se viera mal la movida que ella y Bruce habían planeado para evitarle los problemas al recién casado.

— ¿Estás loco? — Bruce lo había regañado mientras lo hacía girar al compás del sonido muy elegantemente a lo que Tony respondió encogiéndose de hombros, no tenía palabras para excusarse, como por instinto dirigió una última mirada a su guardaespaldas aunque el gustó apenas y le duró segundos pues su amigo lo atrajo a su lado y se interpuso en su vista.

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La fiesta había terminado pasada la media noche, al menos para los novios. Una limusina blanca se había encargado de sacar a la pareja del lugar a la vista de todos. Su madre lo había abrazado y besado en la mejilla, su padre les deseó buena fortuna, Janet no aguantó el par de lagrimitas que se asomaban en sus ojos y sus demás amigos lo abrazaron.

Gustav y él subieron al automóvil, Tony se pegó al vidrio de la ventana del coche y poco a poco vio cómo su antigua vida se alejaba a sus espaldas a la misma velocidad con la que avanzaba la máquina.

Estaba aún más nervioso porque sabía que era lo que seguía… la hora de consumar el matrimonio. A Tony se le erizó la piel de tal solo pensar en ese punto, más que nada porque en sus veintidós años de vida no había estado involucrado con nadie de esa manera. Que si le habían inventado un sinfín de chismes era una cosa pero todos habían sido mentiras, obviamente jamás los había desmentido pero tampoco afirmado.

El chico Stark se giró a ver a su nuevo esposo que se encontraba entretenido en su teléfono. Gustav pareció notar su interés y de igual forma lo miró, a Tony se le encogió el corazón. A pesar de haber firmado un papel y legalmente ser esposos, aún existía ese muro invisible de hielo entre ellos. Tony se preguntaba si alguna vez se derretiría o si en su defecto se acostumbraría a ese trato.

— ¿Algo te molesta? — preguntó Gustav y aunque Tony trató de desviar la mirada, algo en él hizo que se detuviera.

—La verdad no… sólo estoy un poco cansado —dijo. —También me intriga un poco a dónde vamos a ir. — Al instante que mencionó la última frase deseó jamás haberla dicho. Se suponía que ahora su esposo estaba cargo de todo, era algo tonto preguntar cosas que de seguro aquel ya tenía resueltas.

—Por ahora, a Nueva York. — Gustav dijo y una cara de decepción adornó la cara de Tony. Por estar perdido en sus pensamientos, no se había fijado por la ventana del coche que el panorama comenzaba a hacérsele familiar junto a los edificios y las calles. Esos no eran los planes que tenía en mente, en su imaginación había pensado que su nuevo esposo lo llevaría a un lugar excepciona, tal vez a una playa o a alguna ciudad europea, no es como si él no las conociera por supuesto, pero todos sus sueños se desvanecieron con cada palabra áspera que Gustav le decía.

¿Entonces a dónde irían? A Tony le dio escalofríos en solo pensar que lo llevaría a algún hotel en la ciudad. De ser así prefería tirarse desde el piso más alto del edificio a poner un pie en algún cuarto. Estaba seguro que no sería algún lugar cualquiera pero eso no era lo que tenía en mente para ese momento "especial".

Por un momento se sintió estúpido al haberse puesto a pensar cosas tan triviales como el tema de la virginidad ¿Qué más daba si Gustav reclamaba sus derechos de esposo en ese instante o en otro o en cualquier lugar? Tony no podría decir que no, para eso se había casado; unir dos empresas y dar un heredero. Las cursilerías no tenían espacio en ese momento.

Y para que lo último sucediera necesitaba acostarse con su esposo.

Genial.

Perfecto.

—Ese guardia tuyo…— Gustav dijo y todos los sentidos de Tony se pusieron alerta. ¿Es qué la noche podía ir peor? ¿Su esposo se había enterado de la escena en la pista de baile?

Tony se quedó callado por unos segundos esperando a que el contrario continuara, sí es que lo hacía por supuesto.

—Tu padre parece tenerlo en alta estima, me pregunto si lo mandará contigo. — La cara de sorpresa del chico Stark se hizo presente.

— ¿A dónde? — Tony preguntó y una sonrisa (para nada agradable) se cruzó en la cara de Gustav.

— ¿Creías que nos íbamos a quedar aquí en América? — su esposo contestó. A Tony no le empezaba a gustar nada hacia donde las cosas comenzaban a dirigirse.

—Regresaremos a Suiza una vez que todos mis asuntos queden zanjados aquí, será lo mejor. Tu hijo nacerá allá, será mejor que empiece a acostumbrarse desde pequeño lo que significa ser un Svennson. — El suizo le dedicó una mirada brusca. —Por ningún motivo dejaré que siga un estilo de vida tan… vano. —

Por primera vez en toda su existencia Tony se sintió asustado, pero algo dentro suyo despertó y se prometió a sí mismo que pasara lo que pasara, no dejaría que un ser tan horrible le pusiera las manos encima ni mucho menos fuera el padre de sus hijos.

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No habían pasado ni veinticuatro horas después de su boda y Tony ya estaba convencido que nada de eso iba a funcionar ¿en qué estaba pensando cuando dijo qué si? Oh cierto, él no pensó nada, fue su padre.

Su flamante esposo lo había llevado a la torre Stark solo para dejarlo ahí al cuidado de los guardias y la servidumbre diciéndole que lo vería después. Al principio estuvo aliviado de que Gustav no intentara consumar el matrimonio pero luego cuando estuvo solo, en su cómoda cama rodeado de almohadas y sus propios guardias, se permitió tener una rabieta.

Estaba molesto. Con su padre, consigo mismo y con el idiota de Steven que no podía borrarse de la cabeza por más que intentara pensar en otra cosa.

Tony siempre lo había tenido todo, nadie le negaba nada y con el simple hecho de desearlo lo tenía. No era posible que el hijo de una de las personas más poderosas del mundo se sintiera desdichado y a la vez usado. Él era Anthony Edward Stark, primogénito de Howard Stark y María Collins Carbonell, y aunque hubiese firmado un papel y la ley dictara que tenía que adoptar el apellido de su nuevo marido, primero muerto que llamarse así mismo "Svennson". Tony no era un simple caballo que su padre podía vender al mejor postor para ser domado, no señor.

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"El clima es perfecto para salir a dar una vuelta, los soles de verano están cada vez más cerca aquí en la ciudad de Nueva York. En otras noticias, la boda del siglo se llevó a cabo ayer por la tarde ¡en la bella Long Island! Se estima que más de doscientos invitados estuvieron presentes entre ellos algunas de las figuras más sobresalientes del medio económico. Nuestras fuentes nos cuentan que fue todo un espectáculo ¡Nuestras más sinceras felicitaciones a la pareja de recién casados!..."

Vaya manera de iniciar el día con noticias de su matrimonio. Apagó la televisión con un simple click del control remoto y abrazó una almohada a la vez que enterraba su rostro en esta.

Había dormido bien, incluso soñó con varios de sus recuerdos favoritos, su niñez en Italia. El tiempo que pasó con su madre viviendo ahí había sido uno de los momentos más fantásticos de su vida. Carlo Collins fue su abuelo por parte materna y aunque tenía memorias muy vagas de él, se acordaba de aquel señor que lo abrazaba y le decía que algún día iba a llegar muy lejos.

"Tú eres el futuro de los Stark pequeño Tony" Le había dicho. Sí su abuelo lo pudiera ver en esos momentos muy probablemente no pensaría de la misma manera.

Y todo ese dulce sabor que había tenido al amanecer se arruinó gracias a la televisión y el estúpido programa matutino.

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El medio día llegó a la torre en forma de ruido o más bien, gritos, su madre había regresado de Nassau y ni bien puso un pie en el pent-house, comenzó a dar órdenes a toda la servidumbre del piso. Tony que estaba en la sala principal acostado en uno de los muebles de piel comiendo un par de manzanas había escuchado todo el alboroto que María hizo al llegar.

Al principio su madre se sorprendió de verlo ahí tendido, pero Tony le explico que su esposo al parecer tenía otros planes y que por su parte no le molestaban en lo absoluto. María le dedicó una mirada suspicaz y de inmediato se ruborizó.

— ¡No hicimos nada! — se alarmó y su madre simplemente se encogió de hombros.

—Gustav es un poco extraño, tal vez las cosas son diferentes en Suiza. — María le regaló una sonrisa y un beso en la frente. Tony siempre sería su pequeño. —Entonces arréglate, tendremos visitas. —dijo su madre y el Stark más joven asintió.

Tony se llenó de preguntas rápidamente pero la que más gritaba desde su mente era la que más quería ignorar, Steven.

—Madre…— dijo tratando de no sonar nada sospechoso. — ¿Regresaste sola de Long Island? — Al momento que preguntó desvió su mirada a uno de los floreros que adornaban la fina sala. Sí María se dio cuenta de su actitud, esta no dijo nada.

—Tu padre estará aquí por la tarde y creo que no le va a hacer gracia que Gustav se haya ido. — María comenzó a caminar hacia una de las grandes ventanas en el piso, Tony la siguió por detrás un poco indeciso, su madre no era de las personas que se moviera mientras hablaba. —Howard no confía en él. — ¡Bingo! Lo sabía, lo había presentido, una mezcla de felicidad y enojo comenzó a arderle en el pecho. ¿Sí su padre sabía que Svennson no era de fiarse por qué se había empecinado en casarlo con tanta urgencia con él?

Antes de que pudiera reprochar, María se giró y Tony se detuvo en seco para no chocar con ella. —Es por eso que te necesitamos. — Su madre le acarició una mejilla y él no fingió nada de sorpresa. —Entre más rápido tengan un hijo, más rápido nos quitaremos ese peso de encima…— Y sí antes no estaba entendiendo nada, ahora menos. —Eres mi hijo, demuestra que eres un Stark, recuerda que el mundo nos pertenece. — Su progenitora continuó con esa frase que tanto le había repetido con fiereza un millón de veces atrás, con tanta seguridad como si sus palabras se fueran a hacer realidad de acuerdo a la fuerza con las que las decía. Solo que esta vez Tony no le creyó.

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Una hora más tarde aún no estaba listo para las visitas que hasta ese punto no tenía ni la más mínima idea de quien o quienes se trataban. No se había molestado en preguntar, en cuanto su madre terminó de darle las claras instrucciones y remarcarle su deber con la, su, familia, Tony había desaparecido de inmediato de su vista. Se había encerrado en el baño de su antigua habitación, a decir verdad aún no sabía si era correcto llamarla "antigua" tomando en cuenta que seguía viviendo ahí, enterrándose en la amplia bañera dejando que el agua se llevara sus pensamientos con ella y no salió de ahí hasta que uno de los sirvientes llamó diciéndole que su madre requería de su presencia en la sala principal.

En esa hora fue pensó que la vida era injusta, o tal vez siempre lo había sido pero Tony en sus veintidós años de existencia jamás había probado la derrota y no estaba familiarizado con el sabor.

¿Así se sentía perder?

La noche anterior se había dicho así mismo que no dejaría que nadie lo pisoteara y lo hiciera sentir que no valía, él era un Stark y tenía que sobresalir de entre todos como siempre. Pero su madre había puntualizado que tenía un deber, en pocas palabras dejarse arrastrar por el río en el que estaba sumergido y dejar que las cosas tomaran su curso predestinado.

Tony recordó las palabras que Gustav le había dicho de regreso, específicamente "Tu hijo" ¿Qué quería decir con eso? Hasta donde sabía se necesitaba de dos individuos para procrear vida, no solo uno. Entonces cayó en cuenta que su adorado esposo no quería un hijo, no, quería a alguien para moldear y hacer valido la cláusula más importante de su contrato; la mitad del emporio Stark.

Jamás y nunca había sentido tanta rabia almacenada junta, sí en algún momento pensó que las cosas mejorarían, se había equivocado. Maldición.

Ese era uno de esos momentos donde deseaba apartarse del mundo, encerrarse en su taller. Oh su taller. Recordó. Con todo el alboroto de las últimas dos semanas no había pisado ese lugar especial para él. Comenzaba a extrañar sus creaciones, sus robots, los sinfines de bocetos que tenía para nuevos modelos y todo en lo que había estado trabajando alrededor de su vida.

Cuando su padre descubrió muchos años atrás que Tony tenía esa habilidad y una inteligencia superior a cualquier niño de su edad, en vez de negarle todo el conocimiento que pudiera almacenar, lo alentó a que continuara. Industrias Stark era reconocida de antaño por sus avances tecnológicos más que por sus negocios referentes a los bancos y el oro. Realmente ese último había surgido dos generaciones atrás cuando un banco nacional le había negado un gran préstamo a su abuelo y entonces este decidió empezar el suyo propio con todas las riquezas que había ganado gracias a sus inventos. Una vez más, Industrias Stark se había puesto a la vanguardia del mercado y para cuando su padre tomó el poder, su legado ya era un completo monstruo del capitalismo.

Tony meneó la cabeza tratando de sacar absolutamente todo lo que había estado pensando en la última hora. Aunque se preguntó si en Suiza su esposo lo iba a dejar tener un taller para él solo. Ese sería el trato si es que querían llevar una vida más amena, Tony tendría un taller en donde perderse y su esposo un hijo ¿era un buen intercambio no?

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Después de un monologo frente al espejo de lo que podía o no usar para esa mañana, se había decidido por algo sencillo. Unos pantalones de mezclilla y una camisa semi-formal color purpura acompañado por unos zapatos color vino de agujetas. También dejó de lado el anillo de matrimonio, no iba a hacer algún esfuerzo por portarlo esa tarde. Se miró por última vez en el cristal reflejante y sonrió, no necesitaba que el mundo viera su desgracia.

Steven regresó a su mente una vez más y Tony quiso darse de topes contra la pared.

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Tony arrastró sus pies hasta la sala del pent-house con su cabeza hecha un desastre. Mejor serenarse ahora que decir algo inapropiado enfrente de sus invitados. Cuando llegó hasta donde su madre se encontraba esta le acomodó algunos mechones rebeldes que caían sobre su cara.

—Ellas estarán aquí en cualquier minuto Tony, es importante para mí este negocio así que sé un buen niño y coopera ¿sí? — Ellas. Esperaban a un par de mujeres o tal vez más, Tony no lo sabía con certeza, así que solo asintió como muchas veces lo había hecho ya.

Mientras esperaban se sentó en uno de los muebles cerca del ventanal de vidrio que tenía vista hacia afuera. Contempló el sol por unos segundos, las noticias tenían razón en que era un día precioso. Jamás se había quejado de su vida, siempre había estado más que conforme con todo lo que tenía pero esa mañana deseaba con todo su corazón ser uno más de los ocho millones de habitantes en la ciudad de Nueva York. Saber que era tener una vida "normal", sin responsabilidades ni preocupaciones o salir a caminar sin tener que lidiar con un guardia, estúpido Steven.

No pasaron ni diez minutos cuando el sonido del elevador en ascenso se escuchó, uno de los mayordomos de la casa se acercó para darle la bienvenida a las recién llegadas. Para sorpresa de Tony las recién llegadas eran Frigga Hagebak y su hija menor Lara. Tony casi se atragantó con el propio oxigeno cuando las vio llegar pero quiso morirse cuando detrás de ellas apareció Steven escoltándolas. De inmediato clavó su mirada en él, al parecer haber pensado en su guardia toda la mañana había funcionado para invocarlo, Steven lo atrapó observando y si no se equivocaba, se había extrañado en verlo ahí. Ah cierto, era la primera mañana después de su boda, se suponía que debería de estar en la cama de su esposo en algún lugar mágico concibiendo a sus hijos, no encerrado en la torre.

Esta vez Steven portaba el uniforme usual de los Stark, toda la magia de la noche anterior se había esfumado y su porte severo y amenazador estaba de vuelta. Cuando el reloj dio las doce el príncipe se había transformado en… bueno, lo que sea que fuera Steven en esos momentos. Algún tipo de James Bond pero sin el acento británico tal vez y en vez de ser un espía era su guardaespaldas o el de su padre, como sea.

— ¡Bienvenidas! — María rompió con el breve silencio que había inundado la sala. —Es un placer tenerlas aquí. — Su madre se acercó para envolver con un abrazo y un beso formal a la mayor de las mujeres y luego un abrazo para la más joven. Las dos se dejaron hacer correspondiendo a la vez con la misma familiaridad

—Es un placer estar aquí como sus huéspedes señora Stark. — Frigga sonrió ampliamente.

Ahora que Tony podía observar más de cerca, se interesó en que Lara era todo lo opuesto a su madre. Frigga tenía el cabello dorado y unos ojos azules muy bonitos, no tan bonitos como los de Steven, maldición Tony detente, y su sonrisa elegante la hacía parecer algún tipo de diosa que con su sola presencia iluminaba a su alrededor. Lara en cambio no le hacía justicia a los atributos de su madre. Sí tenía una cara bonita pero en donde Frigga mostraba amabilidad, Lara mostraba frialdad, no del tipo de frialdad repelente, simplemente sus gestos no manifestaban algún tipo de felicidad por ningún lado con tanta facilidad, su semblante serio contrastaba muchísimo con el de su madre y su propio hermano.

—Tony querido, se amable y enséñale a Lara los salones de la torre, estoy segura de que le gustarán. — Repentinamente la atención de las dos recién llegadas se clavó en él, Tony trató de que el nerviosismo no se notara al ver las caras de sorpresa de las invitadas de su madre.

—Oh Anthony… — Frigga dijo a la par que se acercaba a él y besaba su mejilla como si de una tía lejana que no había visto en mucho tiempo se tratara, aunque al parecer ella no se había dado cuenta de su presencia. —Pensábamos que estarías… bueno, con Gustav. — Y ahí estaba de nuevo ese nombre que con solo escucharlo le encendía una furia que ni siquiera él mismo sabía que existía en su interior hasta ese mero momento que Frigga lo mencionó.

—Mi esposo creyó conveniente esperar, estoy seguro que tiene unos planes maravillosos para nosotros cuando, bueno, sus ocupaciones se acaben. — Se forzó a decir con ese gesto en sus labios, al parecer una sonrisa, que se esforzaba por mantener sin que se viera falso.

—Ya veo querido, tuvimos una velada fantástica en tu boda, estoy segura de que María tuvo mucho que ver con la magia del momento. — Frigga dirigió la mirada a su madre y las dos rieron bajito, como las señoras de alta alcurnia que eran. —Ve con Anthony preciosa, María y yo tenemos mucho de que hablar. — La diosa, como Tony oficialmente la había registrado en su mente, le dijo a su hija y esta asintió.

—Si madre. — contestó con voz monótona mientras María y Frigga se alejaban seguidas de un par de sirvientes. Tony se quedó junto a Lara que parecía más interesada en los muebles que en su compañía.

—Uh… — Tony dijo con un pequeño carraspeo. — ¿Hay algún lugar de la torre que… te interese? — mencionó tratando de llamar su atención a la par que sus manos se dirigían a los bolsillos de sus pantalones.

— ¿La torre es solo uno de los muchos recintos de investigación que la compañía Stark tiene verdad? — La repentina pregunta de Lara lo tomó por sorpresa.

—Ah… así es, la torre fue creada como un laboratorio central para todos los demás a lo largo del país e internacionales. Justamente estamos sobre los recintos de investigación, ahí hay muchos departamentos de experimentación y desarrollo en los diferentes campos en los que Industrias Stark labora actualmente. — Tony mencionó con orgullo, aunque probablemente a Lara no le interesaba en absoluto.

— ¿En verdad? He leído varios artículos publicados por ustedes, más que nada en el área en área de las energías limpias ¿un reactor? Wow… es algo que parece sacado de alguna película de ciencia ficción. — Lara dijo con cierto brillo de entusiasmo. — ¿Es cierto que la energía de la torre proviene de un reactor así? — cuestionó al instante

—Tú… es decir ¿te gusta lo que nuestra industria hace? — Tony preguntó extasiado, aunque cayó en cuenta que era de mala educación responder una pregunta con otra pregunta. —Perdón, pero si, es algo muy sencillo, pero es una tecnología que no queremos poner al mercado, en las manos equivocadas podría ser una catástrofe… —

—Ya veo. — Lara dijo y se acercó un poco hacia Tony. —Sería interesante visitar los laboratorios de los que hablas tanto. — Y sin perder ni un momento más, los dos se escabulleron en el ascensor directo a la planta de investigación.

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No se dieron cuenta que habían pasado al menos tres horas desde que había empezado el recorrido. Tony le mostró a Lara la mayoría de los laboratorios pero ella se interesó más en los que se especializaban en la investigación e importancia del hidrógeno. Tony jamás había tenido la oportunidad de hablar con ella o su hermano, todas las pequeñas cosas que sabía de la familia de Frigga era gracias a la televisión, los periódicos y fuentes cercanas a los Stark que siempre traían información del otro lado del mundo a los oídos de Howard. Frigga era una importante diseñadora de joyas, por no decir la más influyente en Europa, también estaba inmiscuida en el negocio de los bancos pero en menos proporción gracias a su último matrimonio en Francia. Por alguna razón Natasha siempre se crispaba cada que la familia de Frigga salía a relucir en la conversación, tal vez luego le preguntaría a su amiga. Lara parecía ser una compañía… agradable.

Los bocadillos y la comida llegaron en bandejas a una de las salas del pent-house en donde los dos se habían detenido a descansar. Era una de las salas de conferencia que su padre solía usar algunas veces para tener juntas con sus trabajadores. Tenía varias mesas, sillas, una televisión enorme y un muro adornado con un montón de figuritas de cristal que Howard había coleccionado alrededor de toda su vida. Lara las observó muy de cerca e incluso había tomado algunas entre sus manos. A Tony se le aceleró el corazón en pensar en algún accidente que pudiera pasar, su padre le había perdonado lo ocurrido con los coches pero no creía que se pudiera salvar una vez más si algo pasaba en esa sala.

—Nada cambia ¿verdad? — Lara dijo mientras en sus manos sostenía a lo que parecía ser una princesa de cristal. Con un vestido esponjado pintado de rosa y una corona con un pequeño diamante en el pico más alto de esta. Tony alzó una ceja mientras se llevaba un bocado de pan recién horneado a la boca. Lara rió. —Tenemos un nombre importante, la mayoría de las veces se nos dice con quién nos tenemos que casar para así continuar con el legado de nuestras familias ¿No crees que es un poco anticuado? — Okay, ahora la chica se había puesto en modo sentimental, genial. No es que él fuera el más indicado para darle algún tipo de consuelo. Entonces recordó lo que Natasha había dicho, "Lara Serrure se va a casar". Un tipo de interés despertó en Tony por saber quién era su prometido pero se ahorró el comentario, no quería arruinar su amistad a pocas horas de haberla iniciado.

—Anthony de la casa Stark. — Tony dijo, aunque después se sintió un poco tonto pero la chica rió, muy bajito pero lo hizo.

— ¡El rey en el norte! — Lara mencionó y los dos rieron al unísono.

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La tarde llegó y la hora de que las dos mujeres se fueran también. María tenía en su cara un gesto de felicidad así que lo que fuera que las dos acordaran en esa visita había salido muy bien. Tony se despidió de Lara y le prometió que estarían en contacto y que si ella quería regresar alguna vez a la torre o a los laboratorios, solo tenía que decirlo.

Las vio marcharse en uno de los carros de su compañía y con ellas todas sus distracciones para evitar pensar en lo que lo atormentaba. Su matrimonio y Steven. Más bien su matrimonio en primer lugar, o al menos eso se decía así mismo.

En algún lugar de la ciudad de Nueva York.

El sol comenzaba a extinguirse en el cielo y los colores del atardecer pintaban la gran ciudad en un cuadro rosa, azul, naranja y blanco. Estaba despejado y pocas nubes se apreciaban en el ocaso. Estaba acostumbrado al frío, estar en Nueva York no se asemejaba nada al clima suizo en el que había crecido. Rodeado de un sinfín de árboles, montañas y el océano. Oh el océano. Suspiró pesado, todo eso iba a terminar pronto, tan pronto como pudiera deshacerse de los Stark. Estaba seguro que no existía persona en el mundo que odiara a Howard y a su familia más de lo que él ya lo hacía. Había sido sumamente fácil entrar en el ruedo de los negocios, mucho más fácil agarrar fuerza en Europa. Sabía que si ponía su mirada en América, el Stark llegaría solo movido por la avaricia o el miedo a la competencia.

Todo estaba sellado, se había casado con el único hijo y heredero de la compañía, lo único que tenía que hacer era poner un niño en su interior. No sería ninguna tarea difícil, lo difícil sería deshacerse de él en cuanto tuviera lo que quisiera. Tal vez un mal parto o un accidente, se encargaría de que Howard no pudiera poner las manos encima de la criatura y poco a poco despedazaría lo que con mentiras los Stark habían construido.

Por otro lado estaba el guardia del chiquillo Stark, Howard no era ningún idiota y estaba seguro que sería un inconveniente entre sus planes. No había averiguado mucho sobre él, sus investigadores solo le habían traído información que no servía para nada, que vivía en Brooklyn y que había estado al servicio de los Stark por más de tres años, nada más. Es como si fuera un fantasma, tampoco podía acercarse y revelar sus verdaderas intenciones aunque… si lo hacía ver con sus propios ojos, tal vez, solo tal vez el capitán de la guardia cooperaría con él.

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En la recepción del hotel le dieron la bienvenida y le entregaron la llave de su habitación, comenzaba a impacientarse por la lentitud del elevador pero en cuanto se detuvo en su piso se le olvidó esa pequeña molestia.

Corrió o al menos sus pasos se aceleraron cuando vio la puerta de la habitación.

Cuando la abrió se alegró de aquel aroma familiar a rosas y dulces que tanto amaba.

— ¿Luisa? — dijo en voz baja a la vez que comenzaba a desabotonar su traje y a desalinear la corbata que estaba atada alrededor de su cuello. No escuchó respuesta alguna y por un segundo se asustó. — ¡Luisa! — su voz sonó desesperada esta vez.

— ¿Gustav? — escucho aquella melodía para sus oídos proveniente del balcón de la habitación. — ¡Estás aquí! — dijo ella antes de abalanzarse a sus brazos. Gustav la estrujó con tanta fuerza que pensó que de alguna manera podía haberla lastimado.

—Lo siento Luisa ¿estás bien? — preguntó consternado.

—Estoy bien. — Dijo ella a la par sus ojos se llenaban de lágrimas. —Lo vi… tú y ese chico. — Sin más, la apretó contra su pecho, esta vez con más cuidado.

—Era necesario Luisa, ellos van a pagar…— mencionó aunque sonó más como una promesa. —Por lo que hicieron, por lo que nos hicieron. — besó la frente de la mujer que tenía en brazos. —Lo prometo. — sentenció.

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Bueno la semana de parciales comienza en la universidad, así que muy muy probablemente el próximo cap esté listo antes o poquito después del domingo, no desesperen amigos, de que hay actualización la siguiente semana, la hay (T▽T)