Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.


Capítulo 3


El Señor Mellark viste muy casual camisa blanca de lino, pantalones grises ajustados a su hermosa anatomía y zapatos impecables, lleva el cabello despeinado, rebelde y sus ojos azules me examinan detenidamente de arriba abajo en varias ocasiones. Yo visto una falda lápiz debajo de la rodilla negra, blusa rosa pastel sin mangas, medias y zapatos de aguja negros.

—Katniss que alegría verte de nuevo. — Me extiende la mano y se la estrecho educadamente.

—Lo mismo digo Señor Mellark.

—Dejémonos de formalidades, dime Peeta. — Me lo dice con una media sonrisa capaz de derretir por completo a un helado.

—Está bien, ¿Qué se le ofrece Peeta?

—Háblame de tú; y mi presencia aquí es para preguntarte porque no me deleitaste con tu belleza el martes pasado. Creí que acompañarías a Hawthorne; tú eres la culpable de que mi semana estuviera gris y apagada. Pero ahora que te veo mi fin de semana pintara de otro color, ¿No te parece? — Me ve como si un león tuviera a su presa enfrente lista para atacar.

—No lo sé, supongo que sí. — No sé lo que digo.

—Todavía puedes compensarme, déjame cenar contigo esta noche y estarás completamente disculpada. — Y su media sonrisa ataca de nuevo.

—No suelo cenar con clientes; políticas de la empresa. — Si; eso lo alejara.

—Yo también tengo esa política; pero no vamos a cenar en la oficina, lo vamos a hacer en un restaurant y fuera de horario; recuerda que me lo debes.

— Salgo en media hora, y no creo que esté dispuesto a esperar demasiado.

—Por ti, esperaría hasta el fin del mundo. —Me dice esto en un susurro y mi cabeza empieza a dar vueltas. Mi lado racional me dicta que este hombre es peligroso y que puedo terminar peor que cuando termine hace algunos meses. Pero por otro lado algo me dicta que una cena no hace nada. Y tengo hambre.

—Está bien, en donde nos vemos. — Y mi lado salvaje gana esta vez.

—Ja, no pequeña, yo te espero aquí, no voy a correr el riesgo de que te me escapes otra vez.

Se sienta y me mira pacientemente mientras termino mi trabajo, los siguientes 20 minutos se me hacen eternos con él aquí, mirándome cual halcón; no dice nada solo observa todos mis movimientos, estudiándome con sus largos dedos sobre su barbilla; en ocasiones sonríe de medio lado maliciosamente, como si recordara un chiste que solo él sabe y esto hace que ciertos músculos que se contraigan con ese acto. Cuando por fin acabo camino hacia la puerta y le digo.

—Estoy lista, ¿Nos vamos?

—Despues de ti. —Me detiene la puerta para que salga primero.

Cuando bajamos a la planta baja del edificio donde trabajo, caminamos al estacionamiento y ante mis ojos esta un Mercedes Benz SLK 350 color negro. Mi boca cae abierta ante el coche porque es justo el que sueño algún día tener pero en color rojo. Se adelanta a abrirme la puerta del copiloto.

—Entra por favor.

El coche es cómodo y los interiores son lo último en tecnología. Él se sube enciende el motor y el coche vuelve a la vida.

— ¿Lista para cenar conmigo?

— Seguro, que tan malo podrá ser.

Salimos fuera del estacionamiento y avanzamos entre los coches a la avenida. Entramos a unos cuantos metros del edificio de la Empresa Mellark y nos estacionamos en un restaurante de comida italiana. Sale el primer del coche, abre mi puerta y me ofrece su mano, la tomo y me ayuda a salir.

—Espero que te guste la comida Italiana. —Me dice con esa sonrisa que me está gustando cada vez más.

— Claro, comida italiana está bien. ¿Vamos a comer Pizza?

— Si no te importa sí.

Entramos al lugar y frente a nosotros esta un horno de piedra enorme, el lugar es acogedor, mesas de madera con manteles blancos, velas blancas, sillas pequeñas que se ven muy cómodas, y rematan con cuadros abstractos de los monumentos italianos más representativos. Nos asignan una mesa en el fondo del lugar, muy íntimo a mi punto de vista. Llega el camarero y pregunta que queremos.

— ¿Desean ordenar? — pregunta el camarero

—Claro ¿Sería tan amable de traernos un Monte Xanic Chenin Colombard y una pizza Pastor?

— ¿El vino lo quieren en copa o botella? — Pregunta el camarero.

— Botella, esta noche tengo mucho que celebrar. — Me dice esto con su sonrisa maliciosa y mirándome fijamente a los ojos. El camarero se retira y cada vez me siento más nerviosa, tengo que dejar de sentirme asi; este hombre no puede afectarme, no debe.

— ¿En qué consiste la pizza pastor? — Pregunto intrigada

— Es carne preparada al pastor, piña miel, cebolla, chile jalapeño, pimiento verde, y queso mozzarella. Te va a gustar.

— Eso espero.

El camarero nos trae la botella con dos copas, el mesero sirve el vino y nos acomoda una copa a cada a cada quien, y desde que el camarero llego Peeta no me quita la mirada. De repente nuestros ojos se encuentran; pero su mirada es como la de un lobo hambriento a punto de atacar y su respiración se hace más densa, yo cada vez me pongo más nerviosa y llega el punto en que no puedo seguir sosteniéndole la mirada.

— ¿Se les ofrece algo más? — Pregunta el camarero.

— No gracias, puede retirarse. — Dice Peeta sin siquiera mirar al camarero.

— Mientras esperamos la pizza ¿Qué te parece si platicamos un poco? — Lo dice con una media sonrisa que sabe que tiene un efecto sobre mí porque le pregunto.

— ¿Quién te dijo que la pizza con vino sabe bien?

— Me gusta experimentar. ¿Acaso la comes con otra cosa; cerveza tal ves?

—Es lo usual.

— Como te dije, me gusta experimentar, y no te arrepentirás de nada de lo que hagas conmigo; nunca. — Me guiña un ojo y aparece esa media sonrisa de nuevo que me hace estremecer.

— ¿Por qué dices que no me arrepentiré, lo tienes comprobado en papel y tinta?

— Bueno, para ser sincero no tengo escrito de puño y letra todas las recomendaciones de mis acompañantes sobre arrepentirse o no con mi compañía, pero si te gustan las emociones fuertes te gustara estar conmigo.

— Deberías tenerlas a la mano. — Comento con una sonrisa burlona la cual el responde también. Y algo dentro de mí me dice que al menos Peeta Mellark tiene buen humor.

El camarero llega con nuestra pizza y ahora sé que realmente tengo hambre. Tomo un triángulo de ella, le doy un mordisco y ciento como el queso se derrite en mi boca al igual que la combinación de ingredientes que me dijo Peeta. Cuando como medio pedazo doy un sorbo a mi copa de vino, y Peeta tiene dos puntos esta noche en cuanto a comida se refiere, porque la combinación que en un principio era rara, es completamente deliciosa.

— ¿Y, te gusto mi combinación? — Pregunta ansioso

— Si, es delicioso.

— Excelente, ahora que ya no está en tela de juicio mi compañía ¿Puedo preguntarte por tu nombre completo? — Me asombro ante la pregunta, pero decido contestarla.

— Katniss Everdeen

— ¿Everdeen?, ¿Eres Extranjera? — Pregunta intrigado.

— No soy americana, ahora que ya sabes mi nombre ¿Cuál es el tuyo?, es lo justo. — Lo duda, pero al final responde.

— Peeta Mellark.

— ¿Mellar? Americano Supongo. — Suelta una carcajada que el todo el restaurante voltea a verlo, pero parece no importarle.

— ¿Aplicas las mismas palabras siempre?, nunca había escuchado Katniss. — Saborea mi nombre en un susurro; como fruta dulce y fresca, pero hay un problema, arrastra la última letra de una forma que me trae un mal pensamiento. A mi mente solo vienen recuerdos tormentosos al escuchar mi propio nombre asi, esa es una de las razones por las que estoy sola en un lugar que no nací y que mi hermana no está conmigo. —Katniss… — Vuelve a Repetir.

— No lo hagas.

— ¿Decir tu nombre?

— No, mi nombre los puedes decir, pero no de esa manera. Nadie lo hace.

— Yo quiero ser el primero entonces.

— Por favor no lo hagas. — Y es una súplica, mi voz es entrecortada, y mis últimas fuerzas se han esfumado. Mi cara de angustia debe ser enorme porque él no pone más objeción, y sus ojos me dicen que está de acuerdo con no hacerlo.

— Perdón, no te angusties no lo volveré a hacer.

— Gracias. — Pero no es suficiente, siento que algo me asfixia y que mi angustia crece cada vez más— Lo siento pero me siento un poco mal, ¿me puedes disculpar?, me tengo que ir a mi casa, necesito descansar.

— Katniss, ya te pedí perdón ¿Qué más puedo hacer? — Su cara ya no es de un hombre sexy, en su lugar está un hombre preocupado, pero no tengo ninguna intención de explicar nada ahorita, no a él.

— Llévame a mi casa. — Todo él es tensión y enojo ahora.

— Si eso quieres, eso tendrás.

Lama al camarero pide la cuenta y salimos al estacionamiento, nos montamos en el Mercedes Benz SLK 350, y me arrepiento de haber arruinado la noche, pero estoy más segura que nunca que mi pasado nunca va a dejar de atormentarme, y ahora le debo una disculpa a Mellark.

— Siento mucho haber arruinado la cena.

— Bueno, es la cena más corta que he tenido, pero la más productiva.

— ¿Por qué? — No lo entiendo, hace un momento le salían llamas por los ojos de lo enojado que estaba y ahora me sonríe amablemente. Estoy ante un caso de bipolaridad.

— Porque ahora se dónde vives. — Sonríe como si hubiera ganado el premio más grande del mundo y ahora sé que estoy en problemas.

Maneja por las calles de la ciudad con tanta facilidad que da envidia, mi padre tenía un carro como estos hace algunos años, y sonrió ante los recuerdos de mi infancia feliz al lado de mi familia, Peeta se da cuenta de eso y me dice.

— Bastardo el que te hace sonreír solo con el pensamiento.

— ¿De qué hablas? — Estoy confusa.

— ¿Me vas a decir que no hay alguien que es dueño de tu mirada gris y tus labios rojos?

— Ha, te refieres a eso, no hasta el momento la vacante está desocupada.

— Me alegra saberlo. — Sonríe y algo dentro de mí empieza a agitarse, solo con su sonrisa hace que toda yo me descomponga. Me saca de mis pensamientos porque de repente dice. — El lunes salgo de viaje asi que no voy a estar el resto de la semana, me gustaría salir contigo de nuevo, pero sin preocupaciones.

— ¿Cuándo vuelves?

— El jueves o el viernes.

— Discúlpame pero yo creo que esto lo deberíamos dejar aquí. No puedo tener ningún tipo de relación con mis clientes y tú eres uno de ellos. Puedo perder mi trabajo.

— Te daré un puesto en mi compañía.

— Por favor esta solo fue una salida a cenar, y se arruino, lo siento mucho, te lo compensare de algún modo, pero esto tiene que parar aquí, tengo el trabajo de mi vida, vivo donde quiero y hasta ahorita he logrado mis metas propuestas. — Frena en seco el coche, voltea a verme y el Peeta enojado está de vuelta

— A mí no me importa que no hayas cenado, tampoco me importa gastar mi dinero contigo porque para eso trabajo y hago lo que quiera con él. Quiero otra cita contigo. Y la voy a obtener lo quieras o no. — Sale del coche lo rodea y abre mi puerta. Al principio pienso que va a pedir un taxi para que me lleve a casa, pero cuando salgo del coche estamos estacionados fuera del edificio de apartamentos donde vivo. Mi sorpresa es enorme, ¿Cómo sabe dónde vivo? Me bajo del coche lo más elegante que puedo para tratar de ocultar mi sorpresa, de repente se acerca detrás de mí lo suficiente para estremecerme. — Yo lo sé todo de ti. — Y ahora sé que Peeta Mellark lee la mente porque responde a mi pregunta no formulada — Entra nos veos la siguiente semana. — Se separa de mí, y espera a que entre.

— ¿Y qué tal si digo que no? Que no quiero salir contigo ni volver a verte. — Sonríe a sus adentros y responde.

— Repítetelo hasta que te lo creas; y no es una opción, es una orden.

Me doy la vuelta sin despedirme de él, entro a mi apartamento lo más enojada que puedo porque sé que tiene razón, me muero de ganas de tener algo con Peeta, algo que perdí cuando deje a mi familia y llegue a trabajar a Chicago, lo necesito; pero ¿realmente estoy lista para una relación?, no puedo averiguarlo con alguien como Peeta, ¿o sí?


Capitulo un poco de misterio, Gracias por leer y por todos sus comentarios, me hacen pensar que la historia gusta y que puedo continuar; a los que están desesperados por saber cuando estos dos empiezan con algo mas fuerte tengan un poco de paciencia. Espero sus comentarios y envió Saludos...!