SK no me pertenece, solo me adjudico la historia.


The Promise

Hicieron una promesa de niños… Han pasado los años y ahora ella lo encuentra para hacerlo cumplir su palabra, el problema es ¡que el no la recuerda!... ¿No iras a retractarte, verdad Yoh?


Yo soy la invitada, y por lo tanto, mis ordenes son absolutas.


Capitulo 3: De mandatos, tareas y demás

Tercer Sueño

Sonidos varios se escuchan en el lugar, platos, sillas moviéndose, la televisión a un volumen medio mientras escuchaban al cantante en turno, las bebidas pasando por la traquea… Quien fuera que viese superficialmente aquella escena, diría que son amigos, por no decir familia, que tienen una cena muy agradable, lo que un posible espectador no sabría descifrar era el tipo de tensión que sucedía en este momento en la cocina de la gran casa Asakura.

El televisor, mas pequeño que el de la sala de estar, estaba colocado sobre una repisa, y debido a su perfecto ángulo de localización, la pantalla daba hacia la mesa/comedor brindando una vista por igual a quien quiera que se sentara en cualquiera de las sillas. Sobre la mesa había una caja de pizza, los platillos extranjeros y postres que el menor de los castaños había visto al llegar, al parecer, habían sido ordenados por su hermano mayor para complacer los deseos de la imponente rubia.

Anna miraba sin despejar sus orbes negros de la joven de unos veinte años cantar al ritmo de la música tecno, los movimientos de Yoh al comer se veían muy automáticos, con la mandíbula tensa en la totalidad de la palabra, y cada enfoque de sus ojos más bien parecía robotizado, incluso parecía que el pobre chico sudaba frío. Mientras tanto Hao no podía quitar la mirada del cuerpo de la chica, miraba primero sus piernas, subía por su abdomen hasta llegar a sus senos, y finalmente, admiraba a aquel rostro de ángel de cabellos dorados. Su mente llena de lujuria solo pensaba e imaginaba todo lo que podría hacer, tocar, y lamer en un futuro tal vez muy cercano. Observaba minuciosamente la forma en que la boca de la rubia tocaba cada bocado y como masticaba el mismo.

Acabamos de escuchar a una integrante del equipo blanco. ¡La competencia esta muy reñida! ¿Quién lograra ganar este encuentro? Anuncio el anfitrión desde la pantalla de la TV.

– ¿Y bien? – Pregunto el hermano mayor, dirigiéndose en especial a la joven – ¿Creen que el equipo rojo gane? Tienen a Amaya Ringo, ¿no es así, Anna?

– Por supuesto – Respondió sin quitar la mirada de su plato – Amaya es mucho mejor que el representante del equipo blanco, Bob.

– ¿Qué? ¡Por supuesto que no! – Hablo esta vez Yoh con sus movimientos vueltos a la naturalidad – Bob tiene el mejor estilo.

– Vaya tonterías que dices, Yoh. – Agrego con serenidad – No puedo creer con que clase de tipo haré validar una promesa.

– ¡Pero que yo no hice ninguna promesa contigo! – Se defendió el menor al mismo tiempo en que Anna fruncía el ceño, tratando de mostrarse tranquila, como si el comentario no la hubiese ofendido.

– ¿Eh? ¿De que tanto hablan ustedes dos? – Quiso saber Hao interesado.

– Yoh hizo una promesa conmigo, la cual al parecer, no quiere cumplir.

– ¿Eso es cierto, hermanito? – Exclamo con cierta acidez en la voz.

– ¡Acabo de decir que no! – Las palabras y el tono del menor comenzaban a tornarse frustradas – ¿Qué acaso nadie me escucha?

– Hum… ¿Anna, quieres algo más de comer?

– Claro.

Sí, definitivamente nadie estaba escuchando a Yoh Asakura en estos instantes.

Él, se sentía fuera de lugar y su vida no tenia mucho sentido ahora, es decir, había sido un día normal hasta que la rubia apareció, había sido a una tarde y noche normal hasta que llego a su hogar y vio a la joven viendo televisión con su hermano mayor… ¿No seria una cazahombres como Horo le había dicho?

No era momento para pensar en eso ahora, Yoh aun tenía la esperanza de que todo fuera un sueño, un proyecto de su imaginación, una broma morbosa, una posible alucinación.

….

– Oye Ren –Hablo el peliazul divertido mientras caminaban rumbo a la escuela. Eran las 7:00 AM y el sol relucía ya entre el cielo azul claramente despejado. Los pajarillos cantaban y la brisa fría pero refrescante del aire hacia un ambiente realmente agradable.

– Dime – Respondió mirando el reloj ubicado en su mano derecha, estaba preocupado por llegar tarde a su encuentro con Jeanne, la jefa de grupo del salón A, hoy a ella le tocaba el aseo del aula y Ren galantemente se había ofrecido a ayudarle.

– ¿Te acuerdas cuando compramos esos increíbles capuchinos con mucha crema batida, chispas de chocolate y una deliciosa cereza? – Hablo haciéndose agua en la boca, literalmente. – Aun siento ese celestial sabor… ¡Lo recuerdo como si hubiese sido ayer!

– Horo Horo….

– ¿Sí?

– ¡Pero si fue hoy! – Exclamo frustrado – Aun tengo yo el mío – Señalo su mano izquierda en donde claramente estaba la bebida a medio vaso – Y de hecho, acabas de tirar tu vaso vacío en el bote de basura hace unas tres cuadras.

– Vaya… – Agrego pensativo y nada avergonzado – Quiero otro.

Poco después llegaron a la gran institución, algunos estudiantes ya estaban ahí, esperaban el comienzo de clases en las jardineras recostados, sentados o haciendo tareas, unos en grupos y otros en solitario.

Podía observársele a Manta sentado bajo un árbol leyendo un libro sobre Geografía Política tranquilamente, concentrado, disfrutándolo como si fuera lo ultimo que hiciera en su vida. Tanta devoción daba miedo algunas veces. Tao y Usui se le acercaron y se sentaron a su lado, Oyamada al notar su presencia doblo la esquina superior de la hoja que leía para no perderla.

– Hola, amigos, ¿Cómo están?

– ¡Muy bien, peque! – Saludo alegremente Horo. Ren solo le saludo con la mano.

– ¿Cómo creen que le haya ido a Yoh? – Pregunto preocupado el menor de los tres.

– ¿Cómo que como le fue? – Se intereso Ren.

– ¿Entonces no lo saben? – Ambos negaron. – Hoy antes de venirme para acá, Yoh me llamo, se le notaba cansado, estresado y muy, muy mal. Eso no es típico de el.

– ¿Qué te dijo? – Pregunto esta vez Horo.

– Que si le podía pasar la tarea de Matemáticas. – Respondió mas calmado – Eso es normal, pero me preocupa mucho la forma en que lo dijo.

– Tranquilo Manta – Musito el chino – Estamos hablando de Yoh, el tipo mas hippie que conocemos… Estará bien.

– ¡Sí! Además ¿Qué le pudo haber sucedido? ¿Un ataque al corazón porque Bob se retiro? – Bromeo el ainu para después unirse en coro a las carcajadas de sus amigos. – ¿O que la tal Anna de ayer lo haya secuestrado y el intentaba pedirte ayuda? – Volvieron a reír divertidos hasta que gradualmente dejaron de hacerlo dibujando una sonrisa sombría en su rostro. No iban a negarlo, en su imaginación ya veían al castaño atado de pies y manos en un calabozo.

Posteriormente, Ren miro nuevamente su reloj para descubrir que eran las 7:15, se excuso y fue en dirección al aula en donde Jeanne se encontraba, tratando de ignorar las burlas que decían, y casi gritaban, sus compañeros.

– ¡No hagas nada inapropiado, Rencito! – Grito Horo con picardía, mientras el pelinegro, totalmente sonrojado, trataba de no mirar atrás para asesinarlos con la mirada, y mantener su orgullo.

Los amigos siguieron estallando en risa durante un buen rato, poco después la campana de la escuela sonó. Se encaminaron al salón de clases como todos los demás estudiantes que estaban en los alrededores. Cuando llegaron al aula vieron al castaño dormido con una mueca de dolor sobre su pupitre. Horo y Manta se acercaron apresurados y algo alarmados. Lo movieron ligeramente e Yoh no despertó. Le llamaron por su nombre y tampoco abrió los ojos. Horo tomo un lápiz y le pico con el, y ni un ruido emitió. El salón iba llenándose poco a poco lo que significaba que se estaban quedando sin tiempo, porque en cuanto el profesor en turno cruzara la puerta mandarían a su amigo a la dirección.

Sin embargo, el chico tenía suerte, su asiento estaba ubicado en la penúltima silla de la fila al lado de la ventana que daba vista a las canchas deportivas. Si el maestro entrara, se daría cuenta de su "descanso" hasta que pasara asistencia.

– ¡Yoh, despierta de una buena vez! – Exclamaba el peliazul moviéndolo cada ves mas fuerte.

– ¡Vamos, amigo! – Alentaba Manta, para después dirigirse a Horo – Algo terrible debió de haberle pasado… No es normal que lo encontremos tan temprano, generalmente el llega tarde.

– ¡Es verdad! – Casi grito alarmado Usui – El pobre debió de pasar por algo horrible.

De repente el castaño despertó como si una bomba hubiese caído, su rostro estaba hecho un desastre y su mirada expresaba pánico y horror. Manta y Horo le veían un tanto asustados, no entendían lo que pasaba, intentaron hablar pero las palabras no salían de su boca. Yoh los miro de tal manera que parecía que no se habían visto en años, volteo a sus lados pareciendo buscar algo o alguien. Su respiración estaba muy agitada, como si hubiese sido victima de un susto.

Pasaron segundos antes de que Asakura se serenara y sus amigos se atrevieran a preguntar que le había sucedido.

– ¿Qué demonios te sucede, Yoh?

– ¡Manta! – Exclamo alarmado – ¡Por favor dime que trajiste la tarea de Matemáticas!

El rubio lo miro sacado de onda… De verdad no comprendía que estaba pasando… ¿De verdad estaba en tal condición solo por no haber hecho la tarea de algebra?

– Sí, la traigo… ¿pero dinos que te paso? Te ves muy demacrado…

– A-A….A-n….¡Anna!

– ¿La cazahombres? – Pregunto Horo consternado

– ¡Tengo que hacer la tarea antes de que toque la clase! – Dijo al momento en que sacaba de su mochila el cuaderno correspondiente a la materia.

–… ¿le estas haciendo la tarea a Anna?

– ¡Vamos, Manta, préstame tu cuaderno!

– Yoh, Yoh… ¡tranquilo! Primero dinos que te ha sucedido. Estamos preocupados.

El castaño tomo un gran respiro, miro otra vez por todos lados, y en susurro les confeso a sus amigos:

– Veo que recuerdan a Anna… – Ante eso Manta y Horo asintieron – Bueno… Resulta que ayer, cuando entre a mi casa encontré a mi hermano viendo la televisión con ella. – Los chicos se impresionaron poniendo los ojos como platos – Hao se había ofrecido a darle pensión a Anna.

– ¡No puede ser! – Exclamo Horo – ¡Esa chica tiene una alianza con tu hermano contra ti!

– Yoh, eso es realmente malo, no sabemos nada de ella como para que permitas que se aloje en tu casa.

– Créeme que lo se, Manta… Pero mi hermano ya la había invitado a quedarse, y estaba segurísimo de que ya estaba instalada. Además….– Le miraron con interés – No pude debatir mucho, en la tele estaban dando el programa donde sale Bob, una cosa llevo a otra y terminamos discutiendo que equipo ganaría – Finalizo con melancolía.

– ¡Yoh, eres un tonto! – Le agredió Horo con un tono de enfado y desesperación al momento en que le daba un ligero golpe en la cabeza – ¿Cómo pudiste distraerte por eso?

– ¡Cuestiono el talento de Bob! – El peliazul volvió a darle otro golpe, esta vez mas fuerte – Y eso no es nada…

Cerca de la media noche en la casa Asakura, cuando todos habían terminado de cenar y estaban a punto de marcharse a dormir y descansar para un nuevo día escolar, Yoh aun seguía bastante consternado con el asunto de que la rubia se quedara en su casa ¡prácticamente no sabia nada de ella, y prácticamente su hermano la había dejado quedarse para seducirla!... No es que lo último le molestara, solo lo incomodaba… Ya eran bastantes ocasiones en las que el menor no podía conciliar el sueño debido a los sospechosos sonidos que provenían que la habitación de su hermano siempre que una chica se quedaba a pasar la noche…

Suspiro sintiéndose derrotado al tiempo en que se dirigía a su habitación, poco antes de entrar a su pieza escucho el sonido de algo pesado arrastrándose por las escaleras, claramente tratando de subir, después el jadeo de Anna ante el esfuerzo por estar cargando algo muy pesado.

El moreno no lo pensó dos veces, el siempre había sido un caballero, se encamino hacia las escaleras y bajo para ayudarle a la chica.

Parece pesado, déjame ayudarte Musito queriendo tomar la maleta que parecía pesar como diez kilos.
La joven le miro desconfiada.

¿Por qué debería dejar que me ayudes? – Respondió a la defensiva – ¿Acaso crees que no puedo hacerlo?

No estoy diciendo eso, pero creo que te esta costando trabajo…

Pues crees mal – Respondió fría y secamente – Yo lo subiré, Yoh.

El joven observo como seguía subiendo por las escaleras de madera con una ligera molestia en su rostro, aquella maleta tan pesada era la mochila que había visto en la entrada, y la misma en la cual el había dejado sus cosas al llegar.

–…. Anna, se que tuvimos un mal comienzo pero déjame ayudarte, no pasara nada, lo prometo.

¿Lo prometes? – Le miró despectivamente, deteniéndose. Yoh trago pesado. – ¿Y como se que esta ves no lo olvidaras?

Ya te he dicho que no prometí nada contigo, lo recordaría… – Vacilo, intentando tomar de nuevo la maleta, esta vez la rubia se lo permitió. El castaño subió cargando el equipaje, estaba realmente pesado pero no dio ninguna señal de incomodidad, fueron cerca de cinco escalones antes de darse cuenta de que ella no lo seguía, paro y la volteo a ver. – ¿Sucede algo?

Yoh – Dijo ella casi en un susurro, mirándole fijamente sin ninguna expresión – ¿De verdad no recuerdas nada?

El joven guardo silencio, pensativo, serio. Ella solo lo miro inexpresiva.

– …No – Respondió volteando a ver hacia otro lado, mientras seguía subiendo al siguiente piso. – Lo recordaría.

Al poco rato él escucho los pasos de la rubia que continuaban subiendo.

Oye, espera – Había dicho él siguiendo a la pequeña niña que seguía escabulléndose de su mirada. – ¿Cuándo volveré a verte?

¿Para qué quieres verme? – Respondió ella con una ligera preocupación en su rostro, su padre estaba por llegar y no debía de encontrarla fuera de casa, ni acompañada.

Solo… Quiero verte – Musito desvergonzado, sonrojado, y con una gran sonrisa en su rostro. Ella se sonrojo también, pero frunció el ceño.

No debes verme, que te haya dicho mi nombre, que te haya dejado acompañarme, que… te haya dejado conocerme… No significa nada, Yoh Asakura, ahora vete.

No lo haré – Confeso tranquilo. – Porque soy tu amigo.

Entonces las facciones de la pequeña se suavizaron, mientras sus ojos oscuros se cristalizaban.

.

Yoh, despierta. – Escucho una voz llamándole a lo lejos, ¿pero que voz? Era una linda, femenina y dulce voz que le incitaba a despertar, ¿pero donde estaba él? ¡El estaba soñando nuevamente con ella! Pero eso era, un simple sueño… Aunque odiara admitir que ese sueño se hacia cada vez mas familiar, como si fuera un deja-vu. – Yoh, levántate de una vez.

Awh… Shada… – Dijo el, claramente aun en sueños Poco después uno de los tres despertadores sonó, se silencio, el segundo comenzó a sonar unos minutos después y también se silencio al poco rato, finalmente el último hizo su aparición y al cabo de segundos callo. El Yoh conciente lo noto, pero al Yoh inconciente no le importo.

Yoh, sal de la cama. – No, ninguna respuesta… Hasta que Anna le aventó cado uno de los tres despertadores en tres puntos específicos: El rostro de Yoh, el estomago de Yoh, y la entrepierna de Yoh.

¡AHHH! – Despertó alarmado con las pupilas contraídas, vio a una rubia con el ceño fruncido ya vestida con el uniforme escolar, con los brazos cruzados, con miedo tuvo con la sensación de que la paciencia de la joven se había terminado. – ¿Por qué hiciste eso, Anna? ¡Estaba dormido!

Precisamente por eso. – Se dio vuelta dirigiéndose a la salida. – Toma una ducha, asea tu cuarto, y haz el desayuno.

¿Eh, pero que estas…?

Solo hazlo – Espetó fríamente.

¿Por qué tendría que hacerlo? – Respondió desafiante el castaño – ¡Esta es mi casa!

Y yo soy la invitada, mas te vale que empieces a hacer lo que te digo – Le dijo con una fría mirada, y justo antes de salir por la puerta, con un tono amenazador y seco, declaró: – Mis órdenes son absolutas.

– Y no solo me pidió hacer eso, después de asear mi cuarto y preparar el desayuno para Anna, Hao y yo, ella me exigió hacer su tarea. Tuve mucho miedo. ¡Deberían haber visto su mirada de psicópata! Estaba seguro de que si no hacia lo que me pedía me asesinaría. Finalizo acelerado. El chico se veía algo ciscado.

– ¡Yoh, esa chica esta demente! Exclamo el ainu aterrorizado Debes de sacarla de tu casa antes de que te haga algo horrible.

– Y se pone peor… Musito amargamente el castaño al momento en que la puerta del salón de clases se abría y cerraba. Se escucharon pasos acercándose, Yoh se noto muy tenso y tan solo se apuro a copiar la tarea de matemáticas, Manta y Horo se miraron alarmados. ¿Seria lo que creían que será?

– Que bueno verte aquí, Yoh, saliste muy temprano esta mañana. Dijo una voz femenina. Los amigos de Asakura solo confirmaron su miedo.

– Sí… Tenia que hacer mi tarea también, Annita.

– Muy bien Musito la rubia para después tomar asiento en el pupitre que estaba detrás del joven. Yoh sudaba frío, sus amigos igual. ¿Qué tan largo seria el día hoy?

Las clases fueron interesantes.

Ren había llegado tarde y se presento hasta la segunda clase con un ligero sonrojo. Algo había pasado con Jeanne ¿pero que? Horo Horo se encargaría de eso luego mediante sus "famosas" técnicas para sacar información.

Cada que Yoh se quedaba dormido en una clase Anna le despertaba con una ligera patada en las piernas ocasionando que el joven despertara sobresaltado, siempre se ponía de pie al tiempo en que gritaba algo fuera de lugar, y el profesor, como era de esperarse, le reprendía. Él castaño terminaba excusándose totalmente apenado ante las risas de sus compañeros.

La joven Tamamura veía curiosa a la rubia quien al parecer "maltrataba" a Yoh, pero de igual manera, Tamao se sentía cohibida ante la exótica belleza de Kyoyama. Cuando quería acercarse al moreno, Anna le veía con frialdad, como siempre, eso hacia que la pelirosada se sonrojara de vergüenza y volviera a su asiento. Yoh tan solo se sentía como un preso.

Manta compadecía a su pobre amigo, jamás lo había visto tan limitado y cansado. Quería voltear muy seguido para saber como estaba, pero tenía miedo de que la chica en el asiento trasero le fuera a dar un golpe. Cuando él y su amigo intentaban comunicarse mediante papeles escritos se sentían observados, tanto que dada su incomodidad se veían forzados abandonar el intento.

Cuando llego el descanso, Horo, Manta y Ren quien no sabía casi nada secuestraron a su amigo lejos de la rubia, preocupados trataron de pensar con claridad. Mientras que chicos de varios grados intentaban hacer que Anna les diera un Sí para una cita, entre ellos, estaba Hao.

Hao era un gran semental entre las jóvenes estudiantes, sabia que decir, cuando decirlo y de que manera decirlo. Su sensual voz podía hacer derretir a cualquiera, y planeaba que la rubia fuera una de ellas. Una gran ventaja era que vivían bajo el mismo techo, y que su hermano menor, no podría interferir. Yoh era… algo torpe, según Hao.

"El bobo de Yoh no puede ni conquistar a una mosca, y eso que solo viven diez días" Bromeaba el mayor de los Asakura con sus amigos cuando acostumbraban hablar sobre las conquistas y posibles presas. Y Eran unas tremendas carcajadas, pues Yoh, dada su inexperiencia con las chicas lo convertía en una persona muy inocente.

Hao, estaba más que decidido por hacer que Anna fuera suya, de una manera o de otra.

..

– Joven Yoh Hablo tímidamente y con un notorio sonrojo Tamao, quien en sus manos llevaba un pequeño paquete envuelto con una manta rosada. Le he traído el almuerzo, espero que le guste.

– Muchas gracias, Tamao Respondió el castaño, mientras sus amigos daban unas picaras carcajadas de fondo.

La joven se sonrojo mucho mas y salio rápidamente de ahí.

– Preferible la chica tímida a la chica agresiva Comento Horo.

– Sí, tienes razón Opino Manta. No creo que la joven Tamamura llegue a abofetear a Yoh.

– ¡Oigan! Exclamó Yoh comiendo lo que le había llevado la pelirosada No hablen como si no estuviera aquí. Además, no hay nada entre Tamao y yo, solo dejo que me alimente.

– Yoh, muchos afirman que el amor nace del estomago, y si te gusta lo que ella cocina puede que te termine gustando. ¡Pregúntale a Ren!

– ¡Cállate, Horo Horo! Se defendió el chino bastante rojo.

– ¡Ja,ja,ja! Aun recuerdo esa ves en la que Jeanne le compartió de su comida a principios del año escolar, ¡Ren tuvo una sonrisita tonta todo el día!

Se escucharon carcajadas al recordar eso, mientras Ren se cruzaba de brazos con el ceño fruncido.

– Bueno, ya. Comento el pelinegro hartado Mejor díganme porque Yoh esta tan desdichado el día de hoy.

– Lo que pasa es que la chica de ayer fue a su casa, y Hao la invito a quedarse ahí. Explico Manta El pobre ha pasado por muchas cosas, desde el aseo de la casa hasta tareas. Cuando finalizo el condenado asintió con una sonrisa melancólica.

– Sí que eres un tonto, Yoh.

– ¿Pero porque? – Quiso saber él.

– Porque te esta tratando como esclavo.

– Eso es verdad, amigo Yoh, ¿Por qué no te le rebelas?

– Lo intente esta mañana, no funciono.

– ¡Inténtalo de nuevo! – Alentó Horo – O serás su esclavo personal.

– No lo se.

– ¿Por qué? – Cuestionaron al unísono.

– Hay algo que… Me hace soportar y hacer todo lo que me pide Anna. – Musito pensativo – ¿Recuerdan que les mencione que he estado soñando con una niña? Asintieron Siento que…

Los chicos se le quedaron observando por un buen rato, pero al notar el gesto pensativo – y perdido de Yoh, creyeron lo que mejor seria ayudarlo un poco.

– ¡Habla de una vez! – Grito Horo dándole un golpe en la cabeza.

– ¡No lo se! – Respondió tallándose suavemente el lugar donde le había golpeado – Simplemente no lo se.

– ¿Estas seguro de que no te gusta Anna? – Pregunto Horo en broma, pero la expresión de sorpresa de Asakura, y el sonrojo de sus mejillas, le hicieron creer que esa pregunta no debería ser para nada una broma.