¡Qué tal mis queridos lectores! Siguiendo el ritmo de actualización de mis historias es el momento de darles el siguiente episodio de "Metamorfosis" que espero y sea de su total agrado. Aquí veremos n pequeño avance de lo sucedido previo a todo el desastre que pudieron notar en el capítulo anterior y que seguramente los dejé con muchas dudas, espero y puedan resolver unas cuantas incógnitas. Sin más que decir, ¡a leer!


james anderson: Muchas gracias por continuar siguiendo esta historia y sobre todo por haberte tomado la molestia de revisar. El ritmo lento de la historia digamos que es un poco "normal" con respecto a los primeros episodios debido al misterio y angustia que deben contener para fines mismos de la historia. Las actualizaciones si serán un poco tardadas pero el ritmo no será lento, te darás cuenta a partir de este episodio. Espero y disfrutes la actualización.

Frozenheart7: Hermana, he revivido de entre los muerto jaja. Es cierto, debo demasiado pero voy pagando poco a poco, Mala Sangre está a tres capítulos de finalizar y trabajo duro en ello. Vivir por ella y Deja Vu, pronto actualizaré sólo necesito un poco más de tiempo y corregir detalles :). Jaja lo sé ya habías leído esta escena pero creo que este episodio no lo habías visto, si la memoria no me falla, claro. Así que esto es nuevo hermana, espero y te guste. Te quiero.

Zhines: ¡Comadre! La intensidad en esta historia será clave y aunque en el capítulo anterior los dejé con la duda de qué diablos habrá hecho Chris, creo que hoy verán una pequeña pista. E¡spero y te guste el cap hermana!


"El mal es vulgar y siempre humano, y duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa."

Wystan Hugh Auden.

CAPÍTULO 2: ESTO NO HA TERMINADO

El viaje en helicóptero había transcurrido tranquilo, no había palabras que decir, ya no había más que hablar, pero estaba bien. La luminiscencia del atardecer les quemaba los párpados por lo que todos los presentes decidieron permanecer con los ojos cerrados, en un sutil intento por descansar. No es fácil hacerle frente a una muerte segura y salir victorioso de ella.

Al llegar a su destino, todos los pasajeros bajaron agotados del helicóptero, sin prestar mucha atención a su alrededor, concentrándose únicamente en llegar a la sede de la BSAA para rendir su informe e irse a descansar.

En cuanto pusieron un pie dentro de las oficinas, era predecible lo que iba a suceder. Aplausos, rechiflas y felicitaciones era el recibimiento que tenía el equipo formado por Chris Redfield, Sheva Alomar, Jill Valentine y Josh Stone por parte de los demás miembros de la BSAA pertenecientes a la sede de África. Dicha algarabía no eran para menos, ya que haber derrotado al mayor enemigo de las organizaciones antiterroristas no era cualquier cosa, y dichos agentes merecían el digno trato de héroes, aunque todos estuviesen lo suficientemente cansados para celebrarlo.

Al entrar en la oficina del capitán de la BSAA en África, los cuatro agentes se sintieron más despejados del tumulto de afuera y sentándose en la pequeña sala de estar del cubículo, todos los presentes escucharon las siguientes indicaciones.

—Bien, sólo falta rendir el informe respectivo para enviarlo a la sede de la BSAA en Inglaterra. Es una mera cuestión de trámite para ponerle fin formalmente a nuestra labor en Kijujú. —Informó el capitán Josh Stone a sus compañeros.

—Muchas gracias por todo Josh, Sheva. No lo habríamos logrado sin ustedes. — Agradeció sincero Chris Redfield, dirigiéndose a Sheva Alomar y a su superior al mando.

—Gracias por habernos ayudado. —Continuó Jill Valentine.

—No hay nada que agradecer, era nuestro deber. —Contestó el soldado Stone a los dos agentes norteamericanos y agregó: —Supongo que deben estar cansados, seguramente están ansiosos por partir a los Estados Unidos.

Sheva Alomar que había permanecido en silencio y taciturna desde que ella y Chris Redfield habían sido rescatados en el helicóptero comandado por su hermano adoptivo Josh, frunció el ceño ante el comentario de este último sintiéndose un poco incómoda ante la posibilidad de que su compañero tuviera que irse ya del país.

—Nos iremos mañana a medio día. Jill necesita atención médica cuanto antes. — Anunció el soldado Redfield a sus colegas.

—En ese caso, apresuraré la entrega del informe para que puedan partir sin dejar asuntos pendientes. —Dijo el capitán Stone en su afán por habilitar los trámites. Él sabía perfectamente que en Norteamérica encontrarían mejores hospitales y laboratorios científicos para que Valentine pudiese ser atendida de urgencia.

—Te lo agradeceríamos mucho. —Comentó Jill Valentine humildemente.

—Perfecto, entonces nos despediremos mañana a medio día. —Contestó el hombre moreno, con un asentimiento.

Sheva sintió un enorme estupor que la estaba ahogando y tratando de escapar de esa habitación, se apresuró a decir.

—Disculpen me siento algo mareada, debo salir a despejarme. —Improvisó la joven.

— ¿Necesitas ayuda? —Preguntó Chris Redfield volteando su mirada hacia ella.

—Estaré bien, sólo necesito aire fresco.

Y saliendo torpemente de la oficina se dirigió hacia los pasillos para adentrarse nuevamente a un cubículo vacío que le permitiera pensar con claridad.

"¿Qué me pasa?"

Cuando estuvo a solas, se sentó en una silla que estaba cerca y se dejó caer en ella, suspirando profundamente sintiéndose terriblemente confundida a causa de la partida de su compañero.

¿Por qué le afectaba tanto la partida de un desconocido?

Era una niñería, estaba consciente de ello, pero ¿por qué simplemente no se limitaba a decir adiós y seguir con su vida? No podía hacerlo, no quería aceptarlo. ¿Cuál era la razón?

"No te engañes Sheva, era tu deber, nada más. No confundas las cosas." Se dijo a sí misma estrujándose las sienes con las yemas de los dedos.

¿Era su deber desacatar órdenes para cruzar el infierno en aras de ayudar a un hombre que apenas conocía? No, no lo era. La misión dejó de ser su deber desde que el equipo Delta fue abatido por el gigante y la orden era desistir. Redfield no iba a hacerlo, ¿pero ella? ¿Por qué había decido acompañarlo al matadero?

Ya había visto morir a sus amigos, a propios y ajenos, e incluso a sus padres que nada tenían que ver en la lucha contra el bioterrorismo… ¿Por qué no podía permitirse ver morir también a Chris? La sola idea de verlo abatido le resultaba insoportable. Esos ojos azules no podían apagarse, no debían… No mientras ella estuviese con vida.

La verdad le golpeaba el pecho con fuerza, su corazón gritaba aunque ella se negara a escuchar… Estaba enamorada del capitán Redfield.

"Nadie se enamora tan rápido" Se negó a sí misma mientras se ponía de pie y daba vueltas en la habitación como si fuese una fiera enjaulada.

¿Pero acaso el amor conoce de tiempos, de etnias, de edades o razones? Por supuesto que no. El amor es así, fulminante, imparable, devastador como un huracán que derrumba todo a su paso, tal y como las barreras de la fémina de ojos avellana, traspasando sus fronteras, rompiendo sus límites, destrozando su creencia de que el amor muchas veces no causa emoción, sino conmoción.

La chica se sintió fuera de sí por un instante. Toda su vida había pensado que el descubrirse enamorado debería causar felicidad y no el pesar que ella cargaba en el pecho. Debería… ¿Cómo explicarle a un corazón joven que quizás se flechó de la persona equivocada? Tal vez y jamás se volverían a ver después de esto, quizás para él sólo significo una socia y ya, o solo terminarían siendo un par de extraños con recuerdos en común. Pero para un corazón que toda su vida había estado necesitado de afecto, era difícil el no realizarse expectativas.

Después de ese viaje a Norteamérica lo perdería para siempre, pero jamás consideró que no se puede perder lo que jamás se ha tenido.

Estaba harta. Sus pensamientos no dejaban de acosarla al querer hacerle frente a sus sentimientos y decidió salir de una vez por todas de aquella oficina vacía. Caminó de entre los pasillos buscando alejarse lo más que pudiese de todo, buscando huir de de los demás y de sí misma.

Conociendo a la perfección la sede, se escabulló de entre los corredores vacíos de la zona este con el objetivo de pasar desapercibida de entre el personal de la organización y poder salir por la puerta trasera. Después de su breve travesía divisó al fondo la salida de emergencia cuando de repente unos sonidos la hicieron retroceder de su camino.

Una tierna escena se pintó frente a sus ojos. No eran otros más que el capitán Redfield y la teniente Valentine que se escondían entre los pasillos cual adolescentes enamorados para tener unos momentos de privacidad. Con ternura Chris la abrazaba por la cintura, hundiendo su rostro en el cuello fino mientras la mujer sonreía víctima de las cosquillas de su barba incipiente y palabras de afecto susurradas en el oído. La mujer africana supo entonces que el lugar en el corazón que en algún momento intentó ostentar, ya estaba ocupado.

Era obvio, lo fue desde el principio. Esa preocupación excesiva por la desaparecida, su necedad por encontrarla, la lucha por devolverla a su lado y arrancándola de las garras del villano aunque la vida le costase en el intento, no era simple compañerismo sin duda, pero la esperanza, el mínimo atisbo de anhelo en la joven "Shuuja" la hizo formarse muchas expectativas anticipadas. ¿Pero cómo no hacerse ilusiones?

Alomar sintió un nudo en la garganta amenazando con ahogarla a causa de la tierna escena de la cual era la espectadora silenciosa. El corazón partiéndose en dos amenazó con amedrentarla pero se resistió, todo aquello no era culpa de Chris o de Jill sino de ella misma por haberse creado castillos en el aire pero aún así el sentimiento fue inevitable.

Bajando la vista hacia el suelo para disimular las gotas cristalinas que estaban a punto de escapársele de sus orbes avellanas, se abrazó torpemente a sí misma, preguntándose si algún día, habría otros brazos además de los propios que la abrazaran con tanta fuerza que unirían de un solo golpe todas sus piezas rotas.


El olor a metal fundido impregnaba todo el lugar. Los ríos de lava ardiente habían inundado la nave hasta reducirlos a desechos líquidos. El magma hirviendo consumió todo lo que se presentó a su paso, convirtiendo las más grandes creaciones tecnológicas en cenizas. Esa era una prueba más que la mano del hombre nunca podrá competir contra la mano de la naturaleza; el volcán africano se había encargado de demostrárselo sin tener ninguna piedad… Piedad que él tampoco tendría contra sus captores.

Como si fuese una aparición infernal, de entre las llamas y el fuego, salió arrastrándose con dificultad un hombre que de haber sido un ser humano común, seguramente ya habría muerto, convertido en un montón de huesos y carne chamuscada.

¿Qué clase de ser era él, al que las llamas no lastimaban ni herían?

El calor consumió a Uroboros, pero apenas y había tocado su cuerpo. Desde hace tiempo, el ya no era un ser humano, o al menos uno frágil y ordinario. Su sistema inmunológico poderosamente fortalecido gracias a la exposición de diversas cepas de virus y anticuerpos le había dado a sus células una capacidad de regeneración asombrosa, que pondrían en jaque al más escéptico o experimentado de los científicos. Las heridas, escoriaciones, hematomas, eran simplezas para él, pequeñeces que su cuerpo podía curar a una velocidad impresionante. Irónicamente, en esta aparente derrota, había logrado lo que en toda su vida había ambicionado; la fuerza, el poder, la vitalidad absoluta…

Al inyectarle esa sobredosis del suero PG67A/W esos incautos, ese par de atrevidos, sólo lo habían debilitado en apariencia, pero en realidad, habían descubierto la clave para perfeccionar el virus que residía en él. Ahora ya nada podía quebrantarlo, su cuerpo se había convertido en una máquina indestructible.

El hombre se recostó sobre una de las gigantes rocas volcánicas y analizó detenidamente su anatomía. No había nada en él que demostrara signos de maltrato, heridas u alguna otra señal de la violencia física que había sufrido. Tosió con dificultad y se dejó caer abatido en el suelo rugoso. ¿Qué era lo que le había sucedido a su cuerpo que se negaba rotundamente a morir? A pesar de su actitud pedante y ese orgullo que nada diezmaba, en algún momento de la lucha en la lava Albert creyó que le había llegado su fin pero su ser no se destruía.

Empezó a hiperventilar sintiendo como si toda su persona fuese una ámpula gigante que en cualquier momento amenazaba con romperse y volverlo loco por el ardor. Pero eso no sucedió y a diferencia de su pronóstico, la piel comenzó a sanarse como si hubiese sido recubierto de un bálsamo natural.

Se recostó y cerró los ojos para intentar relajarse mientras sus heridas se curaban, y buscar una manera de salir victorioso de ese maldito volcán. La derrota no estaba permitida en su vocabulario. No para alguien que tenía el derecho a ser un dios.

De repente escuchó un ruido estridente retumbar por todo el lugar e inmediatamente reconoció que se trataba de la hélice de un helicóptero.

— ¡Capitán! —Gritó una voz masculina que hizo eco en las profundidades del cráter.

El interpelado alzó la vista y miró como a la nave aérea que descendía poco a poco con un soldado bajando de la escalera colgante, acercándose directamente hacia él.

Ágilmente, el soldado descendió hasta la enorme masa volcánica en la que se hallaba el otro hombre recostado y rápidamente se acercó.

—Capitán, al fin logramos encontrarlo.

—Llévenme al laboratorio, pronto. —Dijo el más débil, modulando su tono de voz para que sonara como una orden.

El militar asintió y pasó la mano de su superior por los hombros para ayudarlo a levantarse y subirlo por la escalera. Cuando sintió el contacto de su pupilo en la piel caliente, el tirano sintió ese leve tacto como si le hubiesen arrojado ácido a causa de que su dermis aún no estaba totalmente regenerada y estuvo a punto de proferir un alarido, pero ese grito se quedó atrapado en su garganta, produciendo en su lugar un quejido bajo. De ninguna manera demostraría dolor, jamás. Ni siquiera delante del más fiel de sus hombres. Mostraría fortaleza para afirmar que en su creación no había error alguno. No existía ninguna falla.

Cuando estuvo dentro del helicóptero se recostó en uno de los asientos, mientras trataba de acomodarse en una posición en la que resintiera menos sus malestares físicos.

—El jet está preparado en el hangar. Despegaremos hacia los laboratorios de inmediato. —Informó el hombre a su superior.

Se limitó a asentir después de haber escuchado que sus órdenes fueron cumplidas y entonces se detuvo a pensar en sus planes.

Ahora nada podría pararlo. Tenía la fortaleza y la indestructibilidad que tanto había deseado, la perfección tan anhelada al alcance de su puño. El nuevo génesis ya era una realidad latente y no se detendría hasta conseguirlo. Pero antes, antes que nada, se encargaría de que pagaran muy caro ese par de agentes que osaron retar al ser que se consideraba un dios. El odio superaba con creces a sus propios ideales de eugenesia.

"Me encargaré que se arrepientan del día en que se atrevieron a desafiar a Albert Wesker…"


A/N: Aquí el retorno del protagonista de esta historia que no parece muy feliz después de aquella batalla en el volcán y seguramente, no descansará hasta salirse con la suya, ¿no lo creen?

Chris, Jill y Sheva, ¡vaya lío! parece que en este triángulo amoroso una persona sale sobrando y es nuestra joven agente. Veamos hasta donde podrá llegar con las consecuencias de un corazón roto. Les prometo respuestas en la siguiente actualización.

Como ya lo sabe, y lo digo en cada fic, su opinión es valiosa e importante para mí así que cualquier duda, comentario o sugerencia no duden en plasmarlo en los mensajes privados o si lo prefieren, también pueden enviar mensajes privados.

¡Muchas gracias por seguir esta historia!

¡Nos estamos leyendo!