Ya han pasado los meses, el ya no está a su lado, mira hacia atrás y lo ve, allí, mientras se ríe con sus amigos, mira de nuevo a la pantalla de su ordenador y escucha algo de lo que dice el profesor.

- ¿Estás bien? – Le pregunta una de sus compañeras de clase, la única que la entiende.

- Sí, es que dentro de unos días, haríamos cinco meses.- Suspira.- Va vestido de rojo.- Le responde mirándole disimuladamente de nuevo

Su compañera le sonríe, y ambas siguen en sus portátiles, no se ha imaginado ni una sola vez como sería seguir con él, quizás porque ya conoce parte de la verdad, una que no le atrae demasiado, que le impide imaginarse por un segundo hasta qué punto habrían llegado en la relación en la actualidad, quizás que la dejará por un mensaje en el móvil, porque prácticamente ella se lo dejó en bandeja, sea el motivo más destacado de toda la verdad, él un cobarde, un cobarde que sin saber aún porqué, la dejó de querer.

Él, estaba tan enamorado de ella, que ella veía imposible la idea de quererlo más de lo que él ya la quería por ese entonces, ella nunca tuvo aquel miedo de que se fuera, de que se marchara y la dejará allí tirada, como finalmente lo hizo. Incluso hubo un periodo de tiempo en que ella ni siquiera estaba enamorada, no lo quería, entonces se enamoró, y al poco transcurso de la relación, él decidió no quererla, es como si ambos les gustara llevarse la contraría, hasta en temas tan profundos como es el amor.

Cuando él le confesó a ella de que ya no la quería, ella lloró más de lo que lo hizo después de su marcha oficial, porque él intento quererla, intento reavivar aquellos sentimientos que sin saber por qué ni cuando habían muerto, todo se marchó de la noche a la mañana, como si en sus sueños, un alma malvada le hubiera arrancado todo lo que sentía por ella, entonces, cuando él se percató de no quererla, de no desearla, entonces, se calló, el muy cobarde, ¿cuánto tiempo estaba dispuesto a jugar con ella y sus ilusiones?¿una semana?¿un mes? Pero ella se dio cuenta, quizás demasiado pronto, quizás demasiado tarde, entonces puso todos los platos sobre la mesa, incluidos vasos y cubiertos, cucharas y cuchillos, cuchillos que se le clavaron el pecho después de que ella le hablará tan sumamente claro, que a él, no le quedó más remedio que decir la verdad, la única verdad, aquella tan dolorosa, ya no la quería, quizás nunca lo hizo.

Ella coge el bus, él en cambio, se ha molestado en coger el anterior, o cogerá el siguiente, ella malgasta su tiempo del trayecto hasta casa en pensar en él, mientras escucha la canción de

Radiohead - Creep, ciertamente fue un cretino, aunque ella le amenazara con que si se acercaba a ella pondría un guantazo por medio, no cree que sea motivo suficiente para que él no se haya molestado en hablar con ella nunca más, al principio prefería no mirarlo, pero sí que lo vio triste alguna vez que otra, ella no sabe si por ella o por alguna otra razón, otra razón como podría ser otra mujer, ahora no suele mirarlo demasiado tampoco, pero la pocas que lo hace siempre tiene ese semblante, tan poco común en él, tan serio, tan desdichado.

Ayer, sus ojos coincidieron en la misma dirección, ella por unos segundos sintió miedo, pero aún así mostró indiferencia al apartar la mirada, si él se hubiera percatado de lo que sus ojos aún chillaban, ella habría optado por correr lejos de allí, donde él no pudiera ver sus pupilas, donde está tatuado su nombre, y un te echo de menos. En cambio, sus ojos, dijeron demasiadas cosas sobre él, sorpresa, miedo, cierta indiferencia, pero ella pudo captar ese atisbo de tristeza, aquella que solo puede ver ella, esa tristeza que vio en él, tiempo atrás cuando le avisó de que su amor se estaba terminando.

No ha sabido más de él, tampoco ha querido, es cierto, pero es verdad que siente cierta curiosidad por saber que es de su vida, en que pierde ahora el tiempo, ese tiempo que perdió por ella, ella que estuvo tan segura de que él volvería, de la misma manera que se marchó,

auto-convenciéndose de que un día como hoy, el volvería en su busca, la buscaría y la besaría de nuevo, porque ella siempre decía " Al igual que me quiso, me querrá, un día de estos se dará cuenta de cuánto me quiere". No lo ha hecho, que ella sepa de momento, él no lo ha hecho, o eso cree, porque por mucho que sea capaz de leer el alma de alguien, es necesario interactuar con él para poder hacerlo, y desde entonces, el contacto ha sido nulo, ya no pierde más el tiempo con ella, ni ella con él.

Están en clase, el profesor aún no ha venido, el de la asignatura anterior hace un buen rato que se fue. Ella lo mira, se está riendo de lo que ha dicho el amigo, allí está con su condenada sonrisa perfecta, rodeado de un par de amigos y la novia de uno de ellos, el resto de clase ha salido fuera, el sol es necesario a estás altura del año, siendo ya casi verano. Las chicas hablan de no sé quién pero ella no les presta atención. Se levanta del sitio, y se dirige hasta donde está él. A él le entra miedo, lo ve en su mirada, cuando justamente está enfrente de él, ella de pie, el allí sentado.

¿Lea? - Pronuncia su nombre de forma dubitativa como si ya no se acordara de él.

Bien, no te has olvidado de mi nombre Cory.- Hace una pausa.- Me alegro.- Él se pone de pie, y entonces escucha como las risas de sus amigos se paran, ella lo agarra de la camiseta roja y tira de él, lo besa. Lo hace como ya hace mucho tiempo no lo hacía. A los pocos segundos se separa de él.

Y ahora ¿qué?- Lo mira unos segundos y ve su confusión.- Ahora dime que no me quieres, cobarde.- Esa última palabra le llena la boca de ira.

No te quiero.- Pronuncian sus labios. Ella lo mira, sus ojos nunca dijeron eso, ahora tampoco.

Ella despierta. Ha sido un sueño, se dice así misma, regulando su respiración. Su subconsciente le falla, le hace ver cosas que no son, le hacen soñar cosas que ha deseado hacer, con un final sumamente dramatizado. Ha sido un sueño, un mal sueño, no el primero, pero si el primero en el que en su subconsciente, lo besa. Esta demasiado cansada, deja de pensar en él y se duerme, mañana será otro día, otro día sin él.

Las mujeres tenemos necesidades, y yo necesito, bueno chicas ya sabéis que necesito…- Dice una de sus compañeras de clase.

Necesitas un pene, Amber.- Le respondió con una sonrisa.- Siempre que vengo estáis hablando de lo mismo, y eso que el tema me apasiona, pero me cansáis un poco, la verdad.

Joder Lea…- Dijo Amber con vergüenza.- Te pueden escuchar.- Le reprochó.

¡Cómo si eso te importara! - Le respondió ella y todas rieron.- ¿Como estás Melissa?

Estoy mejor, gracias.- Le respondió tristemente. Había cortado con su novio recientemente, ella sabía lo que era eso, aunque para su diferencia Melissa llevaba con su novio un par de años, ella y Cory solo llevaban tres meses cuando decidió no quererla.

De nada, sabes que no tenemos que ir de fiesta ¿no? - Le preguntó a todas.- ¿mañana?

¡Sí! - Gritaron casi al unísono.- Vamos normalitas.- Dijo Jenna, la más seria del grupo.

Vale, decírselo a Alex también, por cierto, ¿dónde está? - Pregunto Amber

Ni idea, llegará tarde como siempre.- Dijo Jenna.

Cuando llegó al punto de encuentro donde se suponía que habían quedado, vino Jenna, a los pocos minutos, sin duda, era la más independiente de todas, más que ella incluso, muy seria, a veces extravagante, pero sin rebasar los límites de la normalidad. Era una chica morena, más bien bajita, con un cuerpo normal, no era una belleza deslumbrante pero, tampoco un ogro, eso sí, su manía de casi siempre vestir de negro, era algo que le perturbaba, iba vestida como lo solía hacer, arreglada para la ocasión pero, con alguna que otra extravagancia. La siguiente en llegar era Amber, una chica con el autoestima muy bajo, guapa, ojos claros, al igual que su pelo, no vestía mal, pero era demasiado radical, o se pasaba para ir a la universidad, con determinadas elegancias que sobraban o era capaz de venir en chándal, Lea creía que todo esto venía afectado según su estado de ánimo, casi siempre fallaba a la hora de vestir, aunque tuvo que admitir que en esta ocasión había acertado, Amber iba arreglada pero sin pasarse, su belleza tampoco era gran cosa, pero para nada era una chica fea. Melissa era su favorita, era una chica dulce, alegre y muy divertida, no era la más guapa, pero la dulzura de su cara hacía que cualquiera le confesara algunos de sus pecados. Melissa era la que menos arreglada se presentó, había regresado con su novio y había ido al cine con él, por eso le excusaron sus vestimentas. Y por último pero no menos importante estaba Alex, que siempre llegaba tarde, rubia de ojos claros, un poco basta en lo que a belleza se refiere, venía vestida como si fuera a una gala, todo esto estaba causado porque su propio autoestima estaba por los suelos, por ello lo intentaba realzar con unos tacones de unos diez centímetros de alto, era algo mentirosa y cabezota, pero no le caía mal, le solía hacer reír mucho.

Y para concluir, estaba ella, Lea era una chica morena, de ojos marrones, de estatura normal, con un poco de sobrepeso, escaso, tenía que perder unos siete kilos, entonces estaría perfecta, según ella. Lea estaba espectacular aquella noche, botines negros, pantalones vaqueros oscuros, una blusa del color de la temporada, y una chaqueta de cuero, elegante pero con toques más casuales, aquel día, estaba rompedora.

Aquella noche se encontró con algunos chicos de clase y entraron a un bar a beber, no recuerda exactamente cuánto había bebido, pero fue lo suficiente, para darse un pico con Melissa, llamar pervertido a un idiota de su clase por intentar tocar donde no debía y para andar haciendo eses, pero lo mejor de aquella noche no fue eso, eso ni que tuviera que coger un taxi porque tenía tantas ganas de ir al baño que si esperaba a que el autobús viniera se lo hacía encima, no, lo más gracioso de aquella noche de borrachera fue que ligó, y no con cualquiera, sino con un tipo, amigo de Alex, guapo y atractivo, lleno de tatuajes, y no solo ligó, si no que tuvo una sesión de besos de unos treinta segundos con él, hasta que Melissa se interpuso para llevársela y que cogiera un taxi para casa.

Pero sin duda lo más gracioso de toda aquella noche fue el día siguiente, con resaca y una sensación extraña en sí misma, sabía lo que había hecho, lo sabía a la perfección, se había liado con un tipo cachas y que estaba buenísimo, y se sentía perfectamente, su dignidad estaba bien, un día era un día. Pero esa sensación no duró demasiado, al igual que la resaca, se sentía, cómo explicarlo…Sentía como si le hubiera fallado y, no a ella misma, no, a él, como si le hubiera puesto los cuernos o algo así y todo por esa maldita canción, esa maldita canción que él había subido a su red social, justo cuando hacían cinco meses, la canción era de un grupo que ella nunca había escuchado hablar, The passeger, el estribillo decía algo así como: Sólo sabes que la quieres, cuando la dejas ir y, la dejas ir.

Let her Go, era el nombre de aquella dichosa canción que le había trastornado todos sus sentimientos y, ahora, en consecuencia, ella se sentía culpable, como si le hubiera traicionado, ella escuchaba su voz dentro de su cerebro.-Esta no eres tú, Lea, esta no es la chica de la que yo me enamoré.- ¡Ah! Pero, ¿te enamoraste?- Pensó para sí misma, esto era típico en ella, esas peleas interna, entre sus dos yos, uno guiado por su corazón y su amor hacía él, y el otro, creado recientemente, formado principalmente por su parte racional y su orgullo de mujer.

Después de escuchar aquella canción, no sabía exactamente qué pensar, qué decir, qué hacer, él se había ido ya, hacía dos meses y no había dado ni una señal de querer volver, hasta en ese preciso momento que decidió poner aquella canción, si es que era una señal, claro estaba que no podía serlo, solo una coincidencia, una maldita coincidencia que, para qué mentir, le hacía tener algo de esperanza, y para qué ocultarlo, tenía ganas de abrazarlo, de sentirlo, lo echaba de menos, demasiadas veces había pensado en él, en sus besos, en sus abrazos, en sus despedidas infinitas y, por supuesto, en su última despedida, con su último beso imperfecto. La verdad que servía de consuelo saber que ya podía besar a otros, que los labios de Cory, no eran los últimos labios que había tocado, ya, ni si quiera recordaba cómo se sentía al ser besada por él, pero aunque su recuerdo no permanecía en ella, el deseo que sólo el producía seguía vibrando bajo su piel, esa sensación que a veces la abandonaba para volver en el momento menos inesperado, con más fuerza, con mucha más rabia acumulada, no había tenido una vida fácil, pero nadie la tenía, ella siempre iba a ser ella, o eso se prometió hasta que apareció Cory, con su sonrisa, sus chistes malos y, su brillo que la deslumbró, apareció, y se llevo con él, una gran parte de ella, entonces, ella no era ella.- ¿Podré enamorarme de nuevo? ¿Podré sentir esto por otra persona? Otra que no sea él.- Se preguntó a sí misma, esperando una respuesta que cayera del cielo, del paraíso que vivió con él. Pero la respuesta no apareció.

El día que Cory se marchó, ella lo supo, supo que aquel beso que ella forzó, aquel beso tan sumamente imperfecto, sería el último y, así fue. Aún recuerda que en aquel lugar, le dijo que la quería, y a unos metros de distancia, se declaró, la beso por primera vez y le hizo sentir cosas que nunca había sentido. Era como su Jerusalén, todos los momentos la llevaban allí, Lea era incapaz de pasar por esas baldosas del suelo y no pensar en él, de hecho, era incapaz de pensar en Cory el día que fuese, ya bien, por tener que evitarlo, por miedo a encontrárselo, o por echarlo de menos, siempre, siempre había un motivo para pensar en él, cada día, cada hora, en cada minuto, pero a veces ella era capaz de evitar ver aquellos motivos, dejarlos a un lado, y seguir hacía delante, otros, en cambio estaban siempre ahí, impresos en su corazón, por siempre.

Durante ese curso no hablaron nunca más, aunque ella dudo en hacerlo, no lo hizo, eso sí, Lea se encargo de llevar su propio rumor a la cima, se había liado con un tío, y no era Cory. ¿Cuántas personas le habían dicho que hacían la pareja perfecta? ¿Qué estaban destinados? Todos, todos lo habían hecho, ¿se habían equivocado? Quizás sí, quizás no. Lea no lo sabía, a estas alturas, tampoco le importaba.

Te enamoraras de nuevo.- Le dijo David.- Lo harás.- David era un amigo de la infancia, un hermano, ambos seguían caminos diferentes pero ambos acaban en el mismo lugar, su ciudad favorita.- Para ti es fácil decirlo, estas con Jennifer, eres feliz, no estás en mi situación.- Le respondió Lea.- Estuve.- Le contestó.

No, no es lo mismo ser novio de alguien, que querer a alguien y no ser correspondido.- Le reprochó ella duramente.- Tienes razón, siempre la tienes.- Dijo tristemente. Jennifer llegó a los pocos minutos, ella no era una amiga de toda la vida, pero sí de bastante tiempo, Lea había sido el gancho que los unió a ambos y, se sentía orgullosa, aunque fuera un recuerdo constate de que Cory no estaba, sus amigos habían empezado a salir una semana después que ella y Cory, así que cada vez que cumplían un mes más, era un mes menos sin él.- Estábamos hablando de que me tengo que enamorar, de nuevo.- Le dije a Jennifer.- No te enamores, búscate un tío en condiciones, que te mantenga satisfecha y ya, luego si eso, te enamoras.- Dijo entre risas, siempre estaba de broma.- Oye tú, ¿para eso me quieres? ¿para mantenerte satisfecha? - Le respondió David con descaro.

Sí es así, mi plan está fallando.- Le respondió Jennifer y ambas empezaros a reír.

Lea se hacía siempre esa pregunta todas las noches. .- ¿Podré enamorarme de nuevo? ¿Podré sentir esto por otra persona? Otra que no sea él.- Pero la respuesta nunca apareció. A igual que él.

-Blog-

Nunca se percató de lo guapo que estaba vistiendo de rojo, como hoy, ese es un color que le sienta realmente bien, aunque claro, eso no quita que sus camiseta fueran compradas por su madre, cosa que ella sigue odiando, su pésimo gusto para vestir, capaz de llevar unos zapatos de vestir con una sudadera, pero aun así el deseo no termina de anularse, de extinguir esa llama que nace de lo más profundo de ella, cómo deseaba que él la alcanzara hoy, después de bajarse de ese maldito autobús, le cogiera de la mano, tirara de ella, y la besara, la besara con tanto deseo como tiempo atrás, como aquellas noches donde los gatos eran testigos de sus besos, y maullaban en la profundidad de la madrugada y, que aquellos paisajes desaparecieran en sus labios.

Hoy más que nunca, deseó que la besara, como esos besos de películas, donde él la busca, corre, la encuentra y entonces ¡bang! La besa, la besa como si no hubiera mañana.

El rojo siempre fue su color favorito, ese color, que era símil de calidez, de pasión y por qué no, de deseo, el rojo es el color de la sangre, la sangre que hierve ante el amor, ante ese fervor irrefrenable que le causa aquello que se marchó y ya no está, que ya no es suyo y que le crea aún más exaltación, exaltación por aquel gato que le dejo en medio de la madrugada, la dejo a ella, la gata de color pardo sola en la oscuridad con sus instintos animales alterados , con su visión nocturna observando todo aquello que los demás no podían ver, pero que ella vio, vio cómo se marchó sin echar la mirada atrás, ese gato de color ébano de ojos marrones, que alguna vez la miró en la noche, y le vio su alma gatuna, como nadie antes.

A ella le temblaron las piernas, al pensar que él estaba allí, asechándola, a sus espaldas, a un par de metros de distancia y ella, ella allí sola, eso la mataba, le hacía desfallecer en vida, caerse redonda como si ya no tuviera piernas, como si su alma se cayera a sus pies, porque hoy él iba de rojo, ella iba de rojo, ambos complementarios y excluyentes, pero únicamente ella pensaba en el deseo, en el rojo, en el amor que ya no está, que se fue, y entonces, todo, se volvió azul, porque el azul es un color triste.

Let Her Go. Nunca una frase tan corta creó en ella tantas incertidumbre, su corazón late rápido y se niega a sí mismo albergar esperanza alguna, aún así, con tanta desdicha brotando de ella, su corazón sigue latiendo, su alma desfallece cansada de seguir la rapidez de esos pensamientos que en ella amparan, aquellos que su cerebro procesa más veloz que cualquier ordenador del mundo, los versos de esa dichosa canción, alojados en un sitio donde ella los puede observar y padecer, un día, un día tan significativo como ningún otro, en el momento menos adecuado para su sensible y herido corazón.

Él se alejó, para consecutivamente arrepentirse, anheló su olor, su risa, sus labios, anheló volver junto a ella, sin embargo, no lo hizo, su cobardía sigue acomodada en su pecho, junto a su corazón, que en algún momento latió por ella, o, quizás, aún sigue latiendo por esa misma razón…ella y solo ella.

Esos versos la confunden, la asustan y ella corre en busca de un aliento libre de esa incertidumbre que tanto la aplaca, ese aliento que solo puede proporcionarle él, pero por miedo o por falta de querer, ya ni el motivo lo tiene claro, no puede ofrecerle, ella desea con toda su alma y corazón que vuelva, para qué esconderse, para qué vivir una realidad que no es la suya, para qué mentir, al decir, que cuando lo miró hace unas semanas captó aquel toque de tristeza en sus ojos, aquel atisbo de…¡Dios sabe qué! Quizás arrepentimiento, odio, amor… Necesita una señal más, más que una mirada llena de ondas confusas, más que una canción llena de versos que describen su historia, necesita una señal que le demuestre que él sigue ahí, a su alcance, que la dejo ir para volver después.

"Solo necesitas la luz cuando se está consumiendo,

solo echas de menos el sol cuando empieza a nevar,

solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar.

Solo sabes que has estado bien, cuando te sientes de bajón.

Solo odias la carretera cuando echas de menos tu casa,

solo sabes que la quieres cuando la dejas marchar,

y la dejas marchar.

[…]

Mirando fijamente al techo en la oscuridad,

el mismo sentimiento viejo y vacío se aloja en tu corazón

porque el amor viene despacio y se va tan rápido.

La ves cuando te quedas dormido,

pero nunca la acaricias y nunca le dejas quedarse,

porque la quisiste demasiado

y te zambulliste demasiado profundo"

Ella besó a otro que no era él, que no olía a él, que no besaba como lo hacía él y se siente realmente confusa, ofuscada, y no consigo misma, sino con él, ya no son sus labios, si nos los de otro los últimos en haberla besado, ella tiene tanta rabia dentro que quiere gritar, y no grita, quiere llorar, y no llora, quiere hablarle y no lo hace, guarda silencio como normalmente hace el viento cuando parece calmado, cuando apenas mueve las hojas de los árboles, simplemente apariencia, eso es ella, así se siente, así lo padece, como esa brisa de verano que a veces desaparece al peso de ese calor pertinente.

Él abandonó la batalla, ya no tiene ejercito, solo aquella canción a la que ella le da vueltas, una y otra vez, intentando convencerse de que es una coincidencia, que él no la quiso, no la quiere, que aunque la dejó ir, sigue sin quererla, sin echar de menos sus labios, su alma, su risa inocente, pero aquella maldita canción, esa canción dice más que lo que él ha podido pronunciar " Solo sabes que la quieres cuando la dejas ir, y la dejas ir" Por qué, se pregunta, por qué no es capaz de venir hacía ella y besarla, por qué le hace todo esto, por qué no es capaz de hablar con ella aunque sea para dejarle claro que no la quiere, ella solo quiere pasar página, ella solo quiere ser ella, dejarlo a un lado, dentro de un cajón donde no volver a mirar, encerrarlo allí y tirar la llave al mar, pero, ¡maldita sea! No la deja, al principio eran los recuerdos, poco después aquellos sueños y, ahora, su música, esa melodía que se repite continuamente, más fuerte que cualquier ejercito, más doloroso que cualquier disparo directo al corazón.

El sentimiento de traición no la abandona, no se ha traicionado a sí misma, sabe lo que hizo, por qué lo hizo, y que quiso hacerlo, pero sabe que sí él ha leído su historia, debe haberse sentido…¡dios sabe cómo! No obstante, aún así, se siente como si lo hubiera traicionado, como si él la siguiera amando y su corazón le perteneciera, como si aún siguieran juntos y ella lo besara todos los días al coger el autobús, como hacía antes. Si esa canción dijera la verdad, entonces, ¿no sería suficiente motivo para luchar por ella? Sus labios ya no son suyos, sino de cualquier otro, no debería venir a arrebatar lo que es suyo, lo que fue suyo por tanto tiempo cuando aún el frío hacía estragos en ella, cuando ambos eran uno, cuando los te quieros no eran solos canciones o palabras que esa brisa aparentemente en calma se llevaba, no, cuando esos te quieros eran hechos, eran abrazos y caricias, eran, en definitiva, besos.

Ella pide que venga y la bese, esos besos donde ella, le mordía el labio, controlando su deseo, ella pide que no la deje nunca más, que si realmente la quiere, que la busque, que le devuelva su aliento, que le cure las heridas, que la quiera como nunca antes lo hizo. Estás enfadado con el mundo, lo sé, conocí esa faceta de ti, antes eras infeliz conmigo, ahora sigues siéndolo sin mí.

-End of the blog-

Lea siguió su vida, y sabe que él ya es cosa del pasado y que la magia ya no estará aquí más. Ella podría estar bien, pero no está bien del todo

watch?v=Zs4jJ54iR58 (Canción: All too well - Taylor Swift)