No es que no estuviera feliz, después de tanto tiempo al fin tenía una relación estable; pero como siempre Serena se había encargado de minar mi felicidad. Ni siquiera en mi habitación me sentía tranquila, estaba todo el tiempo a la expectativa de los movimientos de Serena. Las noches eran interminables, el menor ruido me despertaba y aunque Serena últimamente evitaba llegar a dormir, no podía prescindir de buscar nuevos indicios que me dieran armas para enfrentarla.

Tal vez fueron los ronquidos de Dan o las risas que venían de la habitación de Serena lo que me despertó, obviamente me levanté, las risas se hicieron cada vez más fuertes y cesaron cuando llegué a la puerta del cuarto de baño que daba a la habitación de Serena. Apenas se podían ver un par de siluetas de pie junto a la cama, las luces estaban apagadas y la luz que entraba por la ventana era mínima. Las ganas de abrir la puerta de golpe y enfrentar a Serena eran enormes; pero el suave rumor de los besos me paralizó, los cuerpos se movían uno contra el otro, las respiraciones parecían una, vi la ropa caer y sentí un vacío indescriptible en el pecho; enojo, celos, impotencia y hasta excitación me recorrieron de arriba abajo.

Serena, mi Serena estaba besando, acariciando, tocando y disfrutando con una mujer que no era yo. ¿Cómo podía estar Serena intimando con una mujer que no era yo? Ella era mía, siempre lo había sido, aunque Georgina, Daniel, Nate y tantas personas más hubieran pasado por su vida, ella siempre había sido mía. Esas tardes interminables viendo Glenda y Breakfast at Tiffany's, las horas que pasábamos midiéndonos y comprando vestidos, esas noches hablando de nuestros sueños. Todo se veía borroso en la penumbra del cuarto de baño, una obscuridad aterradora nubló mi consciencia y mis sentimientos. De pronto todo fue obscuridad.

-Blair.

Sabía que me llamaban, pero todo estaba obscuro, me dolía el cuerpo y sentía mucho frío.

-Blair.

La voz continuó lo que a mi me pareció una eternidad, era cándida y dulce, casi luminosa; la obscuridad empezaba a desaparecer y el resplandor de aquella voz era cada vez mayor. Me acariciaban la frente y el cabello, el dolor y el frío dieron paso a un placentero cosquilleo, la misma sensación de tranquilidad que sólo experimentaba cuando Serena me daba las buenas noches y dormía junto a mí.

Los recuerdos irrumpieron mi tranquilidad y me devolvieron a la realidad.

-¿S?

La sonrisa de Serena se me antojo nerviosa, seguía acariciando mi cabello y me miraba como si lo hiciera por primera vez en su vida. Tenía tanto tiempo que no la sentía tan cerca, por primera vez vi detenidamente las pecas de sus mejillas, las pequeñas arrugas de su frente, los destellos amarillos que había en sus ojos, ese olor tan particular a hierba fresca, el color rosa pálido de su labios y su aliento a menta.

-Te desmayaste – las palabras se Serena me sorprendieron – Te encontramos en el piso del cuarto de baño, afortunadamente no te golpeaste con nada.

-¿Y Dan? – pregunté mas por obligación.

La sonrisa de Serena se convirtió en una mueca involuntaria que me hizo sentir extrañamente bien.

-Ha ido a buscar a alguien que te revise, nos tenías muy preocupados B.

Tomé el móvil y marqué el número de Dan, no era con él con quien quería estar en ese momento.

-Estoy bien, no te preocupes, lo único que quiero es descansar y Serena esta conmigo – apenas y lo dejé hablar, no me sentí ni un poco mal por aquello, no estaba segura que era lo que sucedía conmigo en aquel momento, el recuerdo de Serena con aquella mujer me ofuscaba; pero el hecho de que Serena a pesar de todo lo que había pasado los últimos meses estuviera conmigo, me hacia sentir como que nada había cambiado. Serena seguía siendo mía, porque seguramente había despachado a su "amiguita", para atender mis necesidades, además de que esa mueca que no pudo reprimir cuando hable con Dan era una clara muestra de celos.

-Te dejaré descansar B.

Sujeté la muñeca de Serena antes de que se levantara de la cama – S ¿Te quedarías conmigo? – no quería enfrentarla, no quería saber que pasaba con ella, no quería empezar a desenredar la maraña que eran mis pensamientos, solo la necesitaba ahí.

-Mientras no me hagas ver Breakfast at Tiffany's – río y se tumbó junto a mí.

-No recuerdo la última vez que tuvimos tiempo solas – le quité el cabello que le cubría la frente y le acaricié las mejillas.

-Estábamos ocupadas en nuestras cosas – Serena estaba sonrojada y se mojaba constantemente los labios.

La hubiera besado pero el recuerdo de Serena con otra mujer me detuvo, no sabía de donde venía este impulso de querer a Serena solo para mí, era como una necesidad imperiosa, las palabras de Vanessa me venían una y otra vez a la cabeza por mucho que tratara de apartarlas. No me parecían raros estos nuevos sentimientos, era como si siempre hubieran estado ahí, parecía tan normal querer besarla, querer pedirle que nunca se fuera, besarle las mejillas, entrelazar mis manos con las suyas. Sentía como el estomago se me empequeñecía, la habitación estaba a media luz y la sonrisa de Serena resplandecía, no estaba segura de porque sonreía, odiaba esa sensación de no tener el control que solamente Serena me provocaba. En medio de ese silencio trataba de pensar en algún plan a seguir, en que era lo que debía hacer, sonreí. Por primera vez en mi vida, yo, Blair Waldorf no tenía ni la mas remota idea de cómo comportarme.

-¿Y esa sonrisa? – preguntó Serena que no había dejado de mirarme insistentemente.

-Por primera vez no sé como debo comportarme.

-La Blair que yo conozco estaría muy nerviosa por ello y lo demostraría muy enojada.

Serena tenía razón, pero empezaba a sentirme relajada con la incertidumbre, toda mi vida había tenido un plan para todo, sabía como debía ser cada cosa, y no me había servido mucho o mas bien nada en las situaciones sentimentales. Además de que con Serena nunca había tenido que fingir, ni planear, ni comportarme; me conocía en mis peores y mis mejores momentos y me aceptaba tal cual era.

-Bueno, pero contigo eso no es necesario.

-No, conmigo no, yo te querría aunque no supieras ni que hacer ni como comportarte B – Serena sonrío complacida y me atrajo hacia ella para abrazarme.

Me quedé recostada en su pecho, no quería moverme, sentía los latidos de su corazón y su respiración, en ese momento no existía nada mas que esa sensación de estar en otro mundo, su cuerpo estaba tibio, me besó suavemente la frente y el contacto me produjo un escalofrío. Levanté la mirada y apenas y toqué con mis labios la barbilla de Serena que no se movió ni un milímetro, sentí como su piel se erizaba mientras mis besos subían por sus mejillas, Serena cerró los ojos al igual que yo y seguí besando su cara hasta llegar a la comisura de los labios, sentía una emoción similar a la de estar cometiendo una travesura, pero era más que eso, estaba cruzando una puerta de la que ya no podría regresar y la habitación a la que llevaba esta puerta podía contener cualquier cosa o situación, desde el más grande dolor hasta la más ilimitada felicidad. Besé sus labios, eran suaves como un macarrón francés de los que tanto me gustan, tomé sus mejillas entre mis manos y la atraje hacia mí, su cuerpo temblaba mientras yo mordía su labio inferior y pasaba mis manos a su nuca, su lengua jugó con la mía y mi deseo por saber que Serena solo era mía se intensificó. Ya no importaba el como comportarse, ni que Serena hubiera estado con otras personas, ni que yo estuviera con Dan. Me perdí en sus labios, me perdí en su cuerpo, me rendí ante su luminosidad y que bien se sentía dejarse llevar por la incertidumbre.