Hei, buenas a todos, aquí reportándome tras algunos meses de inactividad, quiero volver a retomar la historia de Nucita, haciendo un énfasis en que este capítulo tendrá dos partes, en uno solo. Parte 1: Ashes Parte 2: Funeral Fog.

Nada más que agregar, vamos a ello.

[Martes veintiuno de diciembre, Pegasópolis]

La fría noche acariciaba las cabañas construidas con el poco tiempo que se les dio a los constructores para erguirlas, la bella y enigmática luna levantada por la princesa de la oscuridad sagrada. Se observa una unicornio asustada, cansada y perdida dentro de uno de los vagones deteriorados por el clima y desviados del camino. En una llanura de pasto quemado, con los colores ocres y claros siendo opacados por la oscuridad gótica que bañaba el vagón descarrilado. Acostada en una cama echa de paja, viendo incrédula con los ojos llorosos, vidriosos y con las ganas de romper a llorar en la garganta, esa unicornio de crines doradas pasaba la noche con un deterioro emocional debido al grave empeoramiento de su señor padre. No reconocía que la única, e irrefutable realidad es que su padre, su figura de autoridad, el único semental que ella amaba con todo su corazón iba a morir tarde o temprano. Que su condición ya era prácticamente insalvable. Sus ganas se quebraban a medida que la noche avanzaba, su condición psíquico-sentimental iba a empeorar, estaba sola. La única que la acompañaba en esta noche aciaga era el sonido calmado de las sombras, y de las tinieblas que corrían en júbilo por el oscuro monte que penetraba en la maleza del bosque. Ella estaba segura de que el destino de su padre era perecer en esa camilla de hospital, la cual. No podía visitar más por el día de hoy, ya que. Las horas de visita habían terminado, pero eso no detenía a los pensamientos intrínsecos que la empujaban hacia abajo como la gravedad incitándote a saltar con la soga en el cuello. Esa impotencia de volver allí, salvarle. Era ya imposible, los tratamientos que le administraron le hicieron existir unas cuantas semanas más pero ya, era momento de que se fuera. Ella lo sentía en lo más recóndito de su ser, concebía la sensación abrasadora de la muerte posándose en su padre, como una vieja gitana del antiguo continente, apreciaba perfectamente el hedor de la muerte. (Referencia), y por desgracia no podía hacer nada para evitarlo. Sus ojos llorosos enviaron ya las primeras lágrimas a su dulce cara, podía saborear agriamente lo salado de sus lloros que con pena y lástima resbalaban lentamente por su rostro, manchando lo perfecto de su figura.

[Frontera Pegaso-Terrestre] 3ra persona hacia Sunbeam Flitter

Se denota en la densa maleza un pegaso llorando atravesando los campos de tupido monte que acariciaban la asquerosa noche donde tuvo que adentrarse en la frontera de los pegasos para poder acompañar a esa unicornio en su lecho de dolor, a la chica que el corazón le había robado, esa unicornio de flancos caramelo y de crines dorados. Corría asustado, escuchaba el sonido incesante de algunos perseguidores, que le daban caza por querer cruzar ilegalmente el límite además de haberse fugado de las líneas del ejército. Estaba tanto anonadado como cansado, no podía emprender vuelo. Porque sería un blanco de caza más fácil de corretear, puesto que los soldados que le estrechaban eran unicornios, con solo verlo en el aire, un hechizo de inmovilidad y para el suelo, sería juzgado como desertor del ejército, y como está la nación ahora, puede que lo ejecuten por traición a la patria. Sus pupilas se perdían en el inmenso horizonte, ya había dejado atrás el campo de montes altos, donde posiblemente perdió a los que le atosigaban, con algo de astucia empezó a recorrer la zona, observando en la oscuridad, atentamente a todo, podía observar que el cielo. Donde el firmamento regalaba sus hermosas estrellas que con gracia adornaban el plano de la oscuridad, ahí. Él observó que iba a empezar a llorar, que las nubes de tormentas se empezaban a aglomerar encima de esa frontera, donde su cuerpo cansado reposaba cerca de un árbol marchito. Asomó la cabeza hacia el cielo cansado, con aún la respiración agitada, dándose cuenta de que se iba a poner peor el clima, cuando unas gotas empezaban a caerle en el hocico. Se relamió los dientes, explorando en lo más recóndito de su cabeza para pensar en lo que debería hacer a continuación. Sacando de su mente algunos pensamientos afijados ahí, sólo pudo idear la idea de no mojarse demasiado por precaución de enfermarse, además. Quería encontrarse con esa dulzura que le había robado el corazón, ella no quiso que él la acompañara, puesto que no quería demostrar dolor. (Dicho por Dark Speed) él era el hermano más sensato de los cinco, además de que a Nucita es una yegua que no le gusta mostrar debilidades, era una chica fuerte, que ella sola pensaba que podía comerse el mundo. No es que fuese totalmente mentira pero es que…ella necesita un hombro que la consuele, y eso lo sabía nuestro pegaso protagonista, pero lo único que él quería era demostrarle a su amada lo mucho que para él significaba. Era todo para su persona, todo para ese pegaso desertor.

El clima empezó a empeorar, mientras SunBeam se acercaba al acantilado para ver si por casualidad se encontraba con algo. Pero sólo vió una vieja estructura cerca del inicio de dicho barranco, era algo metálico que yacía ahí abajo. Desplegó su par de alas y comenzó a descender con cuidado. Sintiendo como las gotas de intenso agua hacían que las plumas de las dichas alas se volviesen mucho más pesadas, cosa que hizo que aterrizara forzosamente en uno de los arboles cerca del claro de la llanura. El fuerte sonido lo aturdió. Aunque ya en el piso, sintió como el dolor forzoso de su ala derecha era algo punzante, que le ardía. Estiró como pudo su ala para darse cuenta de una cortada algo profunda en la susodicha, su cara se enervó un poco y preocupado fue aturdido corriendo hacia la estructura, que ahora se daba cuenta de que era una especie de vagón. Corriendo sentía como el barro empezaba a formarse debajo de sus patas, haciendo que cada movimiento fuese mucho más pesado que el otro, le costaba moverse, hasta que cayó desvalido a apenas metros del vagón. Alguien de dentro de esa estructura olvidada por el tiempo, amenazó con matar al que estuviese detrás de la puerta cerrada del vagón. Él no entendía nada, su mente estaba muy aturdida como para enterarse de lo que pasaba, dentro de su encéfalo solo sentía la necesidad de resguardarse porque sabía que si se quedaba en la crueldad de ese bosque no podría ni pasar la noche en su condición. Se levantó con muchísimo dolor, tanto en su físico como en su corazón, lo sentía lastimado. Herido, por la falta de su pareja, esa yegua que le mantenía con las patas en la tierra, pero por poco porque si no llegaba a donde ella se encontraba sentía que su mundo se derrumbaría. Quería, bueno. Mejor dicho, necesitaba estar con ella en su momento de necesidad, como hace unos días ella estuvo junto con él. Cuando su madre…falleció. [Días antes, flashback] Se nota nuestro pegaso en el tren devuelta de Terrestria, algunas semanas ya después del atentado, se notaba triste cansado y nervioso. Su entero cuerpo se derrumbaba a sus pies, no lograba ver más allá del problema principal, que a su madre la habían asesinado. Días después de que él regresara de visitarla. Tuvo que regresar a Terrestria a su funeral, y claro…tuvo que hacerlo sólo. Como él se decía a sí mismo: "Sólo llegas, sólo te vas"

Miraba afligido a la ventana, con el dolor más grande de su vida alojado en su corazón, en ese tren casi vacío, donde se podían contar los que estaban en ese vagón con los pelos de un águila calva…su mente, atrapada en el dolor, se sentía frustrada, preocupada y angustiada. Con las lágrimas y las ganas de vengarse en su máximo apogeo, sentía como la energía maligna de su ira y sus ganas de venganza le ganaban el juego, quería acabar con el que hizo eso. Porque…ese asesinato había sido premeditado, y ¿cómo lo supo?, fácil, la nota que dejaron cerca del cadáver de su madre "Esto pasa cuando no cuidas a los tuyos, gracias por dejarme matarla tan fácilmente" Cada vez que miraba esa nota se llenaba de odio, resentimiento y lo peor, culpa. Sentía que era culpa de él la muerte de su progenitora. Porque la verdad, él la sentía así. Como si las dagas que usó el asesino se las clavasen en su cuerpo, y que todo el dolor que sufrió su madre, se lo estuviesen cargando en el lomo.

En esos intercambios de sentimientos, se acerca una unicornio vestida de empleada del tren, una linda unicornio color caramelo y de crin dorada. –Buenas noches señor, ¿le molestaría tomarse un café conmigo?, se nota preocupado-Preguntó la yegua con una sonrisa pícara, él. Él simplemente no volteó a verla, y sólo se dignó en decir: "No, no quiero nada, gracias" Eso lastimó un poco a la chica, pero ella tratando de acercarse a su pasajero le dijo: "-¿Por qué no vienes conmigo, puedo hacerte sentir mejor?"-Replegó la señorita sentándose a su lado. Sunbeam sólo reaccionó de mala manera volteándose de repente y algo enfurecido. –Tengo novia, mi estimada-Dijo dándose cuenta de que la empleada del tren era su chica, Nucita. Él se sonrojó y viéndola con los ojos llorosos ella le dijo. -¿Cuándo me pediste ser mi novio?-Dijo en un tono lindo cuando sintió una boca posándose en la de ella, dándole un tierno y cálido beso. Fue tranquilo, sin preocupaciones, ni nada por el estilo. Ella se acercó más al pegaso mientras que el acariciaba su crin mientras lo hacía. Después de algunos segundos se despegan buscando aire, -Te amo-Dijo ella viéndolo a su par de ojos tristes, cansados y llenos de odio. –Yo también mi psicópata y hermosa yegua-

[Regreso al presente]

La misma yegua que hace algunos días salvó los ánimos de aquel pegaso desvalido, ahora estaba sola y cansada en la misma situación por la cual él pasó. Y solamente lo recordaba a él, sentía toda esa nostalgia atrapándola en su agonía, sentía como los deseos de que el pegaso la acompañara se adueñaban de ella, quería a su poni muy especial cerca de ella. Y lo quería ya. Observó fríamente a la pequeña mochila que cargaba, y podía notar como su mundo se venía abajo. La depresión que cargaba no era normal, esa misma que sentía desde la mañana era insana, todo ese dolor consumándose en su mismo corazón, no era para nada típico. Sólo quería salir de ahí en la mañana e ir a enterrar a su padre, darle un funeral pagano. Era lo que menos podía hacer. Se levantó de la cama y sacó su daga de acero del bolso que reposaba en el piso. Salió con la vista nublada para encontrarse a su pegaso ahí tirado en el piso, con las patas llenas de barro, el ala lesionada y completamente asustado. Sus ojos pasaron de un asustado a un incrédulo, dejó caer la daga, y fue a abrazarlo, ensuciándose todo incluso ella. Pero no le importaba estaba con su poni muy especial, el lodo que acariciaba la melena del pegaso se embadurno en la chica también, ambos acostados en el lodo, ella encima de él bajo la intensa luz lunar que la tirana de la oscuridad traía a todos los ponis. Era un momento perfecto.

Nucita levantó al pegaso de la suciedad después que con extremo cuidado se levantara ella primero, observó con cuidado la herida algo magullada del mismo y con su magia, lo levitó hasta la entrada del vagón donde se resguardaba de la poca lluvia que ahora empezaba a caer. Las lágrimas que ella sollozaba con la pena en su alma ahora se habían secado ya en paz junto al corcel que ella anhelaba, miró por última vez a la luna, al cielo escarchado, a las nubes que se aglomeraban encima de su cabeza, mostrándose turbias y negras, antes de romper a llover de una manera salvaje y tortuosa.

El sonido apacible de la tormenta que después de un leve rato de estar rabiosa se volvió apacible y tranquila. Dando una agradable estancia dentro del vagón, donde estaban los dos ponis, recostados en la cama que hizo de improvisto la líder de la secta, Nucita. El clima era frío, y algo pesado, pero sólo faltaba añadir que Sunbeam está herido, nuestra protagonista estaba algo aturdida todavía por lo de su padre, y por si fuera poco, el frío se intensificaba, poniendo a temblar el cuerpo inconsciente de Sunbeam. Lo acostó en la cama, reposó su cabeza en la mochila que traía, sacó unas vendas de la misma y retiró con su magia la chaqueta del pegaso, observó asombrada la herida, se veía bastante sucia por el lodo que se le introdujo en la misma. Con algo de miedo salió a recolectar agua de la lluvia que caía con un pequeño perol que traía en su bolso, esperaba ansiosa a que se llenara mientras que la brisa penetraba en las partes desprotegidas de pelaje que por culpa de una pelea en la que se vio involucrada, le había quedado lastimado y sensible al ambiente. Observaba con detenimiento el bosque de donde se escuchaban esos sonidos, de golpes, alaridos y rasguños, por lastima ella sabía que eran, pero por sus condiciones de noita del bosque, infería lo que hacían las sombras, los espíritus y las deidades que ahí yacían. Bailando y celebrando que la noche reinará más de la cuenta estos últimos días, y que el golpe de su secta contra la tiranía de la suprema opresora calaría bastante hondo en sus corazones. Dentro de los de las tiranas más que todo, porque la mayoría de la población poni apoyaba sus causas rebeldes, (tanto la suya como la de los otros rebeldes) aunque la mayoría de rebeldes eran desorganizados y lanzaban ataques descoordinados que casi nunca acababan en nada.

Pero esta noche algo iba a cambiar, el golpe más voraz y temible lo iban a dar la segunda célula terrorista más grande de Equestria, los Jour de destruction, una organización algo compleja liderada por un asesino de sangre fría que no le teme ponerle las garras a pequeñas criaturas inocentes si va a lograr su plan. Aparte de ellos, hay pocas bandas delictivas tan organizadas como ellos. Ya que realmente nadie se metía en su camino. Ni los mismos de su causa entraban en conflictos con ellos. Son peligrosos e imprevisibles. Su plan era destruir el hospital central de Pegasópolis, con eso harían una cortina de humo para atacar el salón de las armas de su majestad, la princesa de la noche caería esta precisa noche. Moriría por el honor de los caídos en la noche de la separación de razas. Que tuvo lugar ya hace tres años, tres putos años donde la muerte se consiguió a miles de ponis que no aceptaron la segregación. Porque solo tuvieron una orden…Eliminad a los infieles, con eso, destruyeron la mitad de las esperanzas de todos los ponis. A los que se aferran constantemente a que las cosas cambiarían tarde o temprano, y por su puesto…por la vía sanguinolenta.

Ya el perol estaba rebozando de agua, pero mientras Nucita se perdía en sus pensamientos, oyó una voz profunda salir del monte. -¿Nucita?-Pregunto un corcel de voz ronca y espesa. Ella del susto se le cayó la perola, pero con la magia del unicornio misterioso, lo recogió y se la colocó a un lado. La yegua parpadeó rápidamente cuando se percató de la voz, y por su puesto se puso nerviosa. -¿Uhm?-Dijo cayéndose sobre sus patas traseras con la mirada perdida y sonrojada. Él se siguió acercando, un unicornio negro como la noche misma, de crin grisácea con tonalidades plateadas y la cara manchada de sangre, que salía de sus colmillos. –Hola, preciosa-Dijo guiñándole el ojo derecho a la chica mientras se acicalaba la melena con su pata delantera. –Jërome, ¿Qué haces aquí?-Preguntó la unicornio. Él se sonrojó y bajó un poco la cara, -Con que, todavía te acuerdas de nuestros nombres de pequeños, ¿ah, Jynnä?-Contestó su pregunta con otra pregunta mientras se relamía los colmillos, y se mostraba algo seductor con su acento del norte. –Sí, claro que me acuerdo, nos los pusieron nuestros padres,…ahora ¿Qué se te ofrece?-Dijo algo disgustada. Él unicornio hizo que donde estaban ambos dejase de llover un poco para no mojarse más de la cuenta con su magia. –Bueno, lindura…hablando de nuestros padres, fui a visitar a Ringo.-Dijo haciendo que nuestra protagonista se volviese a sonrojar. -¿¡A qué fuiste a ver a mi padre!?-Exclamó algo alterada. Él se colocó al lado de ella abrazándola y volteando a ver al bosque. –Ven mi pequeña asesina, mira. Sé que le das tus ofrendas a los dioses nórdicos…y todo lo demás, pero. ¿No te apetecería hacer que tu padre viviese más tiempo?-Dijo haciendo que la unicornio bajase la mirada.

[Flashback]

Se denota a una joven unicornio llorando en la entrada de una casa, de una casa bastante grande. Donde se puede apreciar la intensa luz de la luna que volvía más lúgubre y deprimente la situación. La joven potrilla lloraba muy incesantemente hacia la puerta de la mansión, por así decirle. Las lágrimas fluían densamente hasta que un pegaso abrió la puerta donde estaba la criatura en una canasta, -Oh, ¿quién será en vísperas de la noche de corazones cálidos?-No vio a nadie hasta que la vocecita corta y aguda de la unicornio volvió a hacerse sonar. –Pa pá-Dijo entrecortada, al ya un poco mayor pegaso se le bajo el azúcar inmediatamente cuando vio al suelo donde ella se encontraba, una potra de no más de cinco años de edad, ahí tirada y sentada junto a una sesta donde había una nota, "Por favor cuida a esta niña, su padre es un maltratador y yo…su madre quiero entregártelo porque no quiero que sufra más en sus cascos, no dejes que la encuentre, te lo suplico…su nombre es Jynnä" soltó un momento la carta algo asustado y viendo a la niña a sus ojos, a sus preciosos ojos naranja claro y dijo, -Te voy a cuidar de ahora en adelante, y serás mi pequeña…Jynnä-Dijo abrazando a la pequeña en sus patas. –… ¿Papá?—Repuso la pequeña de nuevo pero ahora en patas de Ringo. –Sí Jynnä, yo soy tu padre-Dijo dejándola entrar. Para darse cuenta que dentro de la canasta todavía había otra cosilla, un collar junto con una piedra donde dentro había tallado una runa…una que formaba una "X". Sólo se quedó pensando. Tendré que buscarlo.

[Otro Flashback]

Una pequeña potra sentada en una mecedora junto con un pote de nucita, un chocolate que realmente le gustaba comer en la tarde. –Hola mi querido rayo de sol-Saludó Ringo a su pequeña hijita. Ella saltó de la silla para ir a abrazar a su padre. –hola papá ¿qué tal el trabajo?-Preguntó haciendo un puchero. –Bueno, hijita…mi jefe no me ascendió. De hecho, me despidió, dijo que los empleados que no les son útiles o que quieren un aumento no se les concede, bueno para ser francos se les bota de la empresa-Bufó en un tono cansado y deprimente. –Te quiero mucho linda-Dijo mientras se acomodaba en su silla y se quitaba el collar. –papá. ¿Qué harás?-Dijo algo asustada. Él volteó algo cansado y dijo. –Bueno, supongo que buscar otro trabajo- ella subió a la silla de nuevo y observó a su padre a los ojos. –Papá, no importa lo que pase yo te ayudaré en todo lo que pueda-Afirmó algo sonrojada. –Tranquila hijita. Sé que lo harás-.

[Otro Flashback]

Dos unicornios jugando en un sube y baja cercano a la casa de Jynnä, era un unicornio negro de crin gris quien la acompañaba, -Jynnä más alto, quiero llegar a la luna-Dijo el unicornio que ya había cumplido sus trece años. –No, no tengo la fuerza Jërome-Dijo algo cansada. –No, claro que puedes-Dijo impulsándose hacia abajo y haciendo que ella saliese hacia arriba bastante alto cayendo de espaldas tras dos segundos de vuelo. Él asustado fue a socorrerla pero ella solo se estaba riendo de lo sucedido. –Otra vez, vamos Jërome-Dijo montándose de nuevo en el sube y baja. –Oye, ¿hoy no es tu cumpleaños?-Preguntó el chico. –Oye, es cierto…pero las cosas en casa han estado tan tensas que realmente no me ha importado mucho-Dijo Jynnä en un tono algo melancólico. –Pues, ¿cuántos cumples?-Dijo algo curioso… ella frenó en seco el sube y baja haciendo que Jërome se quedara arriba. –Cumplo hoy los catorce, papá dice que estoy muy grande-Dijo algo con el tono de voz algo curioso. –Pues entonces hay que celebrarte el cumpleaños-Dijo emocionado el unicornio. –Ella se bajó del mismo haciendo que su amigo cayese de rabo en el piso. – ¡Auch!-Replicó el chico. –Lo siento, oye. Lo único que quiero de regalo de cumpleaños es que nunca dejemos de ser amigos-Dijo Jynnä en un tono algo calmado sentándose al lado de su único amigo. –Bueno eso es fácil, eres mi vecina y nos llevamos muy bien-Comentó con una sonrisa. –Claro que sí, pero ese no es el problema, quiero decir. Tu familia se mudará a los prados de nueva fillydelfia en unos meses…dicho por ti, y realmente no quiero que te vayas, no quiero estar sola-Dijo algo apenada. El chico volteó hacia arriba viendo al cielo y comentó. –Buah, es cierto. Yo también estaré solo cuando nos mudemos y no quiero irme de tu lado-Dijo algo callado. –Pues, escuché que los ponis que quieren siempre estar al lado del otro poni que ellos eligen se pueden casar-Dijo nuestra protagonista en un tono de voz inocente y tonto. -¿qué es eso Jynnä?-Preguntó algo sonrojado…él si sabía que era. –Bueno, es que leí que nosotros los ponis jóvenes podemos casarnos con el poni de nuestra preferencia si nunca queremos separarnos de él o de ella-Dijo poniéndose cada vez más cerca de él. –Está bien, yo de verdad no me quiero separar de ti-Dijo en un bufido acompañado de un sonrojo que ambos compartían. Él se acomodó delante de ella. Viéndola los ojos, a sus hermosos ojos naranja, que ahora se notaban algo opacos. –Pues, sí. No me quiero separar de ti Jynnä-Dijo pegando sus labios de los de ella, cosa que la tomo de improviso pero lo siguió, con tal…el beso hace que estén casados…Después de unos segundos de un tierno y apacible beso. Ella abrió los ojos para ver al chico. –entonces, ¿Estamos casados?-Preguntó ella. Él se acomodó un poco y contestó. –Eso creo-Para de nuevo unir sus labios en otro beso. Largo y calmado.

[Presente]

La chica de los ojos naranjas estaba sonrojada y con el hombro lleno de la cara de su "esposo". Puesto que, después de todos estos años, ellos seguían siendo esposos, según la ley de los trece y catorce años, que ellos mismos habían inventado. –Pues, entonces mi vida. ¿Qué dices?-Dijo poniendo su cuerno junto al de ella haciendo que se produzca un chispazo de magia oscura. –Aléjate, ya tú no eres el corcel del cual me enamoré de niña. Eres totalmente diferente al chico dulce y correcto que solía hacerme esas galletas-Golpeó fuertemente al plan del chico. –Pero, seguimos siendo esposos-Dijo con algo de melancolía que ella también sintió. –No, si no hubieses cambiado tan radicalmente en estos diez años yo posiblemente te diera otra oportunidad, pero me decepcionaste cuando mandaste a matar a esos refugiados, realmente no eras así, nunca lastimarías a un inocente-Puso sus argumentos sólidos en la mesa mientras él se atragantaba. –Disculpame un momento, pero esos refugiados tenían intención de atacar el refugio en donde estaban pasando la noche tú y tus sectarios, lo sé si quieres utiliza un hechizo de verdad-Dijo algo molesto. –No necesito hacer nada de eso, ya perdí el interés en ti-Dijo para que el chico se separase de ella algo aludido. –Pues, quería unificar ambas sectas y hacernos mucho más fuertes…-Dijo algo cansado. –Pues no, no quiero nada de eso, no estoy dispuesta a eso sólo porque me lo pidas-Él la vió y escupió al suelo. –Bien, pero ¿quieres que tu padre viva más tiempo?-Preguntó. Ella vio con malicia a donde la pregunta iba, y regresó la respuesta. –Claro que quiero que mi padre viva más tiempo, fue el único semental que no me ha defraudado hasta los momentos…-Dejó caer esas palabras que hirieron el ego de su "esposo"-Jynnä, por favor, si te unes a mí ya como yegua, te prometo que no dejaré morir a tu padre. Ella lo miró asqueado. –Pues a eso venías, a querer llevarme-Dijo algo antipática. Él solo se limitó a besar su casco. –Por favor, Nucita…te lo imploro-Dijo viéndola sonrojado…-Vuelve a ser mi esposa-Pidió de nuevo. –Jamás-Objetó ella para romperle el corazón al unicornio. Él volvió a su mente, recapacitó un segundo y pensó. –Bien, no te molestaré más, pero me aseguraré a que nosotros tumbemos la tiranía, ustedes no lograran nada-Dijo haciendo una pose y teletransportandose a otro sitio. –Bueno, por lo menos ya no me va a molestar-Dijo para sí misma. Volteó ligeramente la cabeza treinta grados para darse cuenta de que la mochila que yacía solitaria en la puerta estaba cerrada y se notaba a simple vista algo más cargada de lo habitual, mejor dicho. De como ella la había dejado. Se sentó algo frustrada con el estómago vacío y las ganas de romper a llorar algo denso en su garganta. Ella sentía como sus fuerzas desaceleraban a un ritmo prácticamente alarmante, podía concebir como de la nada sus ojos perdían las ganas de mantenerse abiertos, y de un segundo a otro cayó dormida delante de la puerta del vagón que descarrilado de las vías del tren yacía lejos de su destino principal. Bajo la intensa luz de la luna, acompañados por las sombras que ahora jugueteaban más cerca de su prontitud, porque. Ahora, su luz no era perceptible para ellos. Para los espíritus y para las entidades del lúgubre bosque que rodeaba la frontera de la ciudad pegaso por excelencia. Ella era ahora invisible, como si hubiera muerto…bajo cascos de su amor de infancia…Jërome.

El pegaso sintió un golpe de frio de repente. Saltó de la cama de heno que su chica había hecho para ambos, aunque ahora, solo él usaba, vaciló un poco, viendo que no tenía su chaqueta puesta y que ahora estaba bastante entumecido que sus extremidades se movían como si de espasmos se tratasen, que realmente él no podía controlar lo que le pasaba, porque realmente estaba en shock. Tanto por el frio que lo mermaba como por la idea de estar ahí desvalido en esa cama de heno, completamente solo y sin la chaqueta que por lo menos algo de protección del ambiente le brindaba, sin mencionar la herida que estaba en su ala, la sentía tan punzante, tan aturdidora que solo eso no lo dejaba descansar, si bien sus ojos cansados estaban, su cabeza mareada y lesionaba se encontraba. Su mayor dolor era en su pequeño y depresivo corazón donde sus sentimientos se ahogaban en sus propias lágrimas, en donde el ramalazo que atravesaba su ser era ya algo inconcebible. Porque en pocas palabras, él se sentía sólo. Por primera vez en mucho tiempo.

Las luces en el bosque, la luz lunar se sentía pesada y cansada, los ahora males que asechaban en la oscuridad no se percataban del nombre, de la sangre, del ser completo que representaba Jynnä. O mejor dicho Nucita, para los desentendidos, muchas veces trataron de entrar en el claro de colores quemados, de colores ocres difusos pero no lo lograban, porque aún sentían la protección del collar que la criatura cargaba. Ellos sabían que el cuerpo yacía ahí, pero no sabían si su luz seguía desprendiendo esa brillantez que solía despedir. Su luz, su brilles, su luminiscencia o como queráis llamarle, aunque algo apagada por el odio y rabia que sentía desde pequeña hacia el gobierno monárquico de las opresoras con corona, era una emisión rosada, algo hermoso que se percibía a miles de kilómetros por entes entendidos en el tema, ya que no todos eran capaces de lograr ver y apreciar las hermosas iluminaciones despampanantes que son desprendidas del cuerpo de nuestra bella yegua protagonista.

[Interludio]

En la lejanía del claro donde los dos cuerpos inconscientes de los enamorados yacían inertes, en la mitad del bosque, en lo más oscuro y negro del mismo. Donde ningún otro poni a excepción de unos cuantos habían puesto un casco ahí. En donde la maleza y el monte se cruzaban para dar a conocer el escenario perfecto para desatar toda clase de rituales que la mente pudiese llegar a comprender, ahí. Se encontraba el unicornio Jërome, pidiendo a los demonios del norte de Equestria la oportunidad para derrocar el sistema…y bueno, ellos le pidieron el alma más fuerte que pudiera encontrar, y por su puesto. Eligió al alma rosada, pura e integra de Jynnä. De la yegua de sus ojos, la única e inigualable. A la cual le había jurado amor eterno pero más que eso lo único que logró, porque después de tanta sangre que fluyó por los canales de la vida. El amor de aquella yegua se había perdido.

Los sonidos apagados de la noche se sentían acompañados de la desdichada alma recién tomada a la fuerza por el supremo comandante líder de la segunda causa rebelde más grande, Jërome, el líder de los Jour de destruction, en su miseria se lograba apreciar los sentimientos decaídos de su alma. De Como él la pudo traicionar así, a esta hora, ya nadie la escucharía. Ya nadie la salvaría. Sólo quedaba ella en el mundo, y tenía que escapar de ahí si no quería ser cambiada por poder a manos de los demonios del norte de Equestria, es así. Como el poema que recitaban los antiguos nórdicos en sus lenguas nativas: Donde los hijos de la noche daban caza a los entes malignos que amenazaban a los secretos de nuestros padres cósmicos, cuando en la suprema penumbra se liberaban los máximos e intangibles misterios que solo los elegidos y favorecidos podían escudriñar. Ahí se formaba el odio, el rencor de la luz por permanecer más tiempo en el aire, más tiempo quemando y aplastando a la bella noche, ahí los grandes magos se vieron obligados a permanecer solos y exiliados, por la rabia y resentimientos que los caballeros del alba llevaban. Pero no era todo. Siempre donde algo falla, donde algo no encaja…en esa posición se logra observar con detenimiento las verdaderas intenciones de los pueblos barbaros; no es más odiado el que odia, sino el que da razones para odiar, esos exiliados, que pronto morirán todos unidos, en una sola sala. Permanecerán encerrados hasta que la elegida venga a rescataros del tártaro donde se ven prisioneros, ahí. Como se indica en la profecía la noche volverá a caer y se teñirá de sangre el cielo crepuscular. Muerte a todos los caballeros del alba. –Hÿknus-El último mago de la noche.

[Otro "poema", para terminar el capítulo]

Ya los siete grandes y poderoso magos han caído bajo falsas promesas de los caballeros del alba que con azucaradas palabras derrocaron a los supremos gobernantes de la noche, que cada uno guardaba su elemento en su corazón. En su alma, cada uno portaba la llave que abriría la puerta de aceros celestiales que fue cerrada desde un principio, desde que se creó el cosmos mismo, donde todas y cada una de las formas vivientes fueron instauradas, ahí donde aquellos ahora cayeron, la esperanza no está completamente perdida, ya que la última maga de la noche, la suprema e irreconocible a ojos mortales. Todavía no ha nacido, ella es la que porta la sangre eterna de sus siete antepasados que cada uno cayó décadas, o incluso siglos después del otro. Ella aunque no todos quieren aceptar que una yegua sea la que traiga la paz a los reinos nórdicos, tiene el poder suficiente para desterrar a los caballeros del alba de una vez por todas y aprisionarlos en el abismo infernal por el resto de la existencia, pues ella. Cuenta con la fuerza de voluntad de todos sus muertos. Del mago Ygmid el supremo gobernante de los océanos. De la maga Rakzä la gobernante eterna de los animales y seres vivos Del mago Ündeth el líder absoluto de las causas terrestres De la maga Vëronika la emperatriz de los seres neutros Del mago Äsket el semental que gobierna el fuego infernal De la maga Fëriz la yegua que resguarda el conocimiento eterno Del mago Hÿknus el omnipotente sacerdote de las sombras

Y ahora se espera que la próxima maga sea la poderosa yegua bruja de los bosques. La que logre unir su corazón con el de sus siete magos aliados caídos y destruyan por fin el horrible destino que les tiene deparado. Porque si no, simplemente quedaran cenizas de lo que alguna vez fue la sociedad de la suprema noche, y todos los secretos poderosos que alguna vez existieron perecerán en cascos de los caballeros del alba, que gobernados por el sol de cada día, reventaran la guerra contra ahora los mortales. Haciendo que el sol sea lo único existente, destruyendo las demás características que envuelven a la vida de los ponis, como el amor, como la amistad, y como la noche.

-Jynnä, eres nuestra última esperanza-Dijeron los siete magos que repartidos en una sala gris y oscura se recostaban enfermos, cansados y olvidados. Todos portando sus túnicas azules se veían impacientes…algo no iba bien, Jynnä había sido capturada por los caballeros del alba, y si no jugaba bien sus cartas, todos morirían en cascos de los iluminados por el sol de media tarde. Puesto que ahora, las intenciones de Jërome eran claras. Él trabajaba para la suprema sacerdotisa del sol, LA REINA CELESTIA