Disclaimer: Ni la serie ni los personajes que a continuación aparecen me pertenecen, sólo la historia. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
.
Capítulo 3: Irracionalidad.
.
.
Un tironcito en la oreja de Adrien le hizo despertar. Plagg se situó justo en frente, con gesto preocupado.
- Vamos Adrien, tenemos que salir de aquí.
El chico fue a frotarse los ojos, pero algo se lo impidió. Tenía un brazo debajo de algo... algo cálido. Se giró para mirar y los recuerdos le vinieron de pronto al ver a Marinette dormida de espaldas a él. Ambos se habían quedado dormidos encima de la cama, después de llorar juntos las penas de sus dolorosos amores pasados. Habían notado que se libraban de un peso al desahogarse de esa manera, y sin darse cuenta, se habían tumbado en la cama abrazados y se habían quedado dormidos. Se habían apoyado, se habían reconfortado el uno al otro, y al final, después de mucho dolor, habían podido descansar. Adrien miraba embobado la tierna sonrisa de su amiga que dormía plácidamente, cuando Plagg volvió a llamarle la atención.
- ¡Si se despierta y te ve sin tu traje se puede liar una muy buena!
- No me importa, seguro que lo entenderá. Quiero poder estar con ella de cualquier forma.
- A ti no te importa, pero ¿te recuerdo por quién derramaba las lágrimas anoche?
Tenía razón, no podía dejarse ver como Adrien después de haberle hecho tanto daño. Sería la última persona que querría ver en su cuarto, y menos en su cama con ella.
- ¿Qué puedo hacer? Necesito que me perdone, que sepa que estoy aquí.
- Creo que de momento no puedes hacer nada.
El chico frunció el ceño sin quitar la vista de Marinette. Al fin desistió, se acercó a su cara, le dio un casto beso en la mejilla y se fue antes de que amaneciera, con el olor de la muchacha impregnando sus fosas nasales y llenando su corazón de calor.
Cuando Marinette se despertó esperaba encontrar al gato aún allí con ella, pero no estaba.
- Se acaba de ir. - Comentó Tikki, que acababa de aparecer. - Ha pasado toda la noche aquí contigo. ¿Sigues creyendo que Cat Noire sólo te quiere por ser Ladybug? Yo creo que si le das una oportunidad podrías...
- Basta Tikki. No quiero hablar del tema.
Decepcionada y tal vez un poco dolida, se dio la vuelta en la cama y se acurrucó abrazando su almohada. Aspiró el masculino aroma del gato, que aún permanecía en ella, y se sintió quebrar en sus entrañas.
.
Luka era maravilloso. Era atento, sensible, divertido, y sin olvidar lo increíblemente guapo que era. Bajo esos vaqueros rotos y esa sudadera abierta se presumía un cuerpo de escándalo, que Marinette no podía dejar de mirar. El chico se daba cuenta, y le encantaba. Era ya su cuarta cita y cada una había sido poco menos que perfecta. Habían ido al zoo, donde habían pasado un día estupendo como una acaramelada pareja de enamorados. Al cine, donde no se habían enterado de la película puesto que se la habían pasado entera inmersos el uno en el otro comiéndose a besos y caricias. Y al circo, donde el chico tuvo que enzarzarse en una discusión con un hombre por haberle tirado el helado encima a Marinette. Todo era genial, todo era... Perfecto.
Demasiado perfecto...
En el aseo del restaurante, la muchacha se miraba al espejo y repetía una y otra vez que debía haber algo que no veía. No podía ser que a ella le salieran las cosas tan bien, y menos que tuviera la suerte de tener para ella solita a un pivón como el que la esperaba en la romántica mesa. Sin pensarlo sacó su móvil del bolso y llamó a Alya. A los dos tonos su amiga respondió.
- Marinette, ¿No tenías hoy una cita con Luka?
- Em... Sí, me he escondido en el baño.
- ¿Algo va mal? - preguntó preocupada.
- Sí.
- ¿El qué?
La muchacha dudó un momento.
- Aún no lo sé, pero está a punto de estropearse.
Su amiga se llevó una mano a la frente y el golpe sonó a través de la línea.
- Haz el favor de salir de ahí, sentarte con tu novio, - ¿novio? - y disfrutar de tu cena, y de lo que venga después.
- ¿Lo que venga después? ¿Qué viene después?
- Y deja de pensar en paranoias de las tuyas, que por una vez en la vida que te salsa le algo bien...
- Pero, ¿qué va a venir después?
- ¡Pásalo bien! - volvió a ignorarla- Mañana me cuentas.
- ¿Alya? ¿Qué tiene que pasar?
Pero su amiga ya no estaba al otro lado del auricular. Guardó el móvil, se retocó el pelo, comprobó que Tikki estaba bien y volvió a la mesa con su... ¿Cómo había dicho Alya? Su novio... Tal vez ya sería el momento de llamarlo así. Novio... Mientras caminaba hacia él bajo su exhaustivo escrutinio y pensaba en ese bellezón como su novio, uno de sus pies decidió interponerse en el camino del otro y acabó cayendo de bruces contra el suelo. Por el camino se llevó a un camarero que llevaba una bandeja llena de vasos, por suerte vacíos, y de pronto todo el suelo se llenó de cristales y Marinette. Luka corrió a ayudarla.
- ¿Estás bien? - preguntó mientras le tomaba la mano con dulzura.
- S... Sí, yo sí. Pero vaya la que he liado... - dijo mirando alrededor mientras se ponía en pie. - Jo, qué torpe soy...
El chico rió.
- Me encanta tu torpeza. Es un signo de que no eres perfecta, lo cual me deja claro que eres humana.
- ¿Te gusta que no sea perfecta?
- ¿Qué interés tendría salir con alguien que lo hace todo bien?
Caminaron hacia su mesa y se sentaron. Uno de los camareros les sirvió el segundo plato, que llevaban rato esperando.
- Pero quizás te gustaría más alguien que fuera un poco más... Fuerte, que no tropiece con todo y que tenga más confianza en sí misma. Alguien como Ladybug, por ejemplo.
Luka siguió mirándola con vehemencia.
- Me gustas tú tal y como eres, Marinette. No pido nada más. Solo tú. Sólo a ti. Con tu vergüenza, tus tropiezos, tus tartamudeos, y también con tu arrebatadora belleza, tu sensibilidad, tu decisión, tu corazón... Esa es la chica que me ha enamorado y es con la que quiero estar. Con nadie más.
Las tiernas y sinceras palabras del muchacho lograron tocar su alma, haciendo que se desgajara de golpe toda la coraza que tenía puesta y quisiera lanzarse de cabeza con ese chico. Sentía amor, cariño, dulzura. Se sentía importante, y eso le daba confianza. Una confianza que nunca había tenido antes. Se sintió capaz de todo con él a su lado, y eso la hizo completamente feliz.
Caminaban por un precioso parque abrazados y en silencio, escuchando los latidos de sus llenos corazones. Luka quería invitar a Marinette a pasar la noche en su casa pero no sabía cómo hacerlo sin asustarla, con lo inocente que era. Pensó en dos formas, tres, de abordar el tema. Pero cuando se decidió a abrir la boca, un grito les hizo girarse. La gente corría hacia donde estaban ellos, huyendo despavorida de algo. La chica se tensó, olía a problemas. Al final de la calle apareció el monstruo que los asustaba. Un enorme caballo de Troya que de cuando en cuando paraba y soltaba por la barriga varios personajillos pequeños que atacaban a quienes alcanzaban y luego desaparecían.
- ¿Qué es eso? -Preguntó Luka.
- Vamos, tenemos que salir de aquí. Ladybug y Cat Noire se ocuparán de ello.
Corrían mientras la chica pensaba cómo dar esquinazo a su pareja para transformarse y volver de nuevo, y aunque la solución se la dio el troyano y no le gustó un pelo, tuvo que aprovecharla. Uno de esos seres que iba soltando le dio un golpe a Luka y le dejó inconsciente. Era el momento. Marinette le arrastró hasta un callejón en el que esperaba que estuviera a salvo y luego llamó a Tikki.
Cat Noire no tardó en unirse a la batalla, pero el momento del reencuentro fue tenso para ambos. No por los mismos motivos, claro. Adrien veía decepción y dolor cuando miraba a su compañera, y Ladybug no podía apartar la vista de sus labios y su cuello. Por suerte no fue muy difícil encontrar el akuma y purificarlo. La gente se fue despertando poco a poco y todo volvía a la normalidad. La heroína sabía que debía ir a buscar a Luka, pero necesitaba tener una conversación con Cat Noire y no sabía cuándo podría volver a tener una oportunidad. Así que cuando el chico saltó con su bastón para alejarse de allí y ella le siguió, se extrañó. Giró en el siguiente bloque de edificios, pero su compañera aún estaba detrás.
- ¿Pasa algo, bichito? ¿Por qué me sigues?
- Tenemos que hablar.
Se detuvo en una azotea y la esperó.
- ¿Ahora quieres hablar? -miró su anillo.- No tengo demasiado tiempo.
- Quería... quería hablar sobre... sobre lo que pasó aquel día... lo de...
- ¿El beso? -Ladybug notó cómo su corazón daba un vuelco cuando lo nombró. Para rematar, el chico se acercó a ella, desprendiendo ese magnetismo que le caracterizaba.- ¿Y qué me quieres decir sobre ello? ¿Qué te gustó y ahora te mueres de ganas por volver a besarme? -preguntó con arrogancia. Lo que no sabía es que era justo lo que ella estaba pensando.- Lo siento bichito, fue un error. No lo volveré a hacer. -Levantó la palma de la mano y terminó diciendo- Lo prometo.
Marinette no se podía sentir peor. Iba buscando redención y encontró calabazas. No sabía qué hacer, no quería dejar ir al gato. Sentía una fuerte atracción hacia él que no podía evitar. Su respiración se empezó a acelerar y sus oscuras intenciones se podían leer en sus ojos.
- Es por esa otra, ¿no?
El muchacho se sorprendió.
- ¿Cómo sabes tú eso?
Touché. No era a Ladybug a quien se lo había contado, sino a Marinette. Acababa de meter la pata hasta el fondo.
- ¿Quién es? -Preguntó en un ataque de despiste.
- Creo que eso no te incumbe, my lady. Ya me has dejado bastante claro lo que te importo. Ahora considero que es momento de pasar página.
Ella nunca pensó que le dolería tanto el rechazo del héroe. Es más, nunca pensó que le pudiera llegar a importar de esa manera. Obcecada, siguió pinchando a su compañero para evitar que se marchara.
- ¿Ese es el valor de tu inquebrantable amor? -Se mofó, buscando hacer daño.- ¿Para toda la eternidad? Tu palabra no tiene peso.
- ¿Acaso sabes lo que es estar enamorado de alguien que no siente nada por ti? Que te pisotea y utiliza tus sentimientos. ¿Sabes lo que es pasar años intentando gustarle a una persona que lo único que desea de ti es que le molestes lo menos posible?
Claro que lo sabía. Mejor que nadie. Una extraña ira la invadió. Sentí la necesidad de hacer pagar al gato todo su dolor y confusión.
- No sabes lo que es estar enamorado. No sabes lo que es querer a alguien hasta el punto de darlo todo por esa persona. Y sobre todo, no sabes lo que es besar de verdad. Si esa fue la demostración de tu amor puedo hacerme una idea de lo que me "querías".
El orgullo del minino fue tocado, arrastrado, pisoteado y lanzado por el aire en un par de frases. ¿Cómo se atrevía ella a decir que no sabía besar? Y lo peor de todo, ¿cómo se atrevía a cuestionar un amor que le había llevado casi a desfallecer? De otra cosa podía dudar, pero de su amor por Ladybug, no. De un salto se colocó frente a ella, puso una mano en su nuca, y de un tirón atrajo su boca para devorarla con una pasión que nunca antes había demostrado. Ella notó que sus fuerzas flaqueaban y su cuerpo se quedaba de la consistencia de la gelatina. Oh, dios, deseaba tanto ese beso... La lengua de Cat era exigente, sus labios adictivos, y la cercanía con su cuerpo la estaba volviendo loca. Subió las manos hasta los costados de él, agarrándole con ganas y pegándole más a ella. Al notarlo, el muchacho utilizó la otra mano para colocarla en su fina cintura y apegarla más aún, pasando después a acariciar su redondo trasero y acto seguido a apretarlo con fuerza. Ella dejó escapar un gemido, pero no hizo nada por quitarse al gato de encima, con lo que éste lo tomó como una señal de que era él quien dominaba la situación, y lo estaba haciendo bien. Deshizo el beso entre jadeos enturbiados y la miró un segundo a los ojos. Estaban oscurecidos por el deseo, y eso le hizo relamerse. Se acercó a su cuello y clavó los dientes en la suave piel femenina. Ladybug, su Ladybug, estaba totalmente a su merced, disfrutando con lo que le estaba haciendo, y dejándose llevar. Mordió y chupó la zona hasta que unas marcas salieron en la base de la mandíbula, y el chico se quedó satisfecho. Volvió a recrearse en sus labios un momento antes de darle un suave mordisco en un lateral del inferior. Se volvió a separar de ella, mirándola acalorada y deseosa de él, con una media sonrisa de suficiencia y orgullo que no le cabía en la media cara.
Sus prodigios volvieron a sonar y ambos se activaron.
- Espero que con eso te valga para no volver a tener dudas sobre Cat Noire, el mejor amante de París.
Y dicho eso, saltó de la azotea y desapareció de su vista. Ella se dejó caer sobre sus rodillas y trató de recuperar el aliento durante un momento. ¿Qué había pasado? Había sido una vorágine de sensaciones en todo su cuerpo que no olvidaría con facilidad.
