EL ENCUENTRO

Conforme los días pasaban, James Potter se encontraba cada vez más nervioso. El primero de septiembre estaba a la vuelta de la esquina y el no tenía ni la más mínima idea de cómo empezar su misión.

Aun recordaba, en los días en que todavía se encontraba en su tiempo, lo mucho que su hermana le indicaba paso por paso lo que debía hacer pero era como si esos días jamás hubiesen pasado.

No poseía un plan muy eficaz, hasta ahora su única estrategia era conocer a sus jóvenes padres, pero eso era todo, después de allí su ingenioso plan había acabado.

Sus tardes con la directora del castillo habían servido con lo que respectaba a ponerse sobre la mesa como es que un nuevo alumno se integraba al colegio y mas estado a las alturas de prontas graduaciones.

El no era un chico tan pequeño, y el hecho de que la directora se negaba a admitir que él tenía dieciocho años, no le había hecho mucha gracia ni mucho menos saber que estaba en su último curso en su verdadero tiempo, algo con lo que según su hermana, podría ponerlo en ventaja al estar en las mismas edades y grados que sus padres.

La profesora McGonagall, por su poca apariencia de edad según su ojo crítico, insistía en ponerlo en sexto curso, pero él le había ganado la batalla al recalcar que si se encontraba en las mismas asignaturas que sus padres, sería más fácil para la misión la convivencia entre ellos.

Por lo que no le quedó de otra que instruir en las materias al muchacho. No fue una tarea muy complicada, aun que James no había sacado el cerebro de su madre como su hermana, no era un bruto en las materias. Digamos, algo así como promedio regular y para él eso era suficiente.

La primera decisión tomada por su directora y profesora de transformaciones era colocarlo en una de las cuatro casas, y dado que él ya tenía asignada una, solo era cuestión de instalarlo.

Con la intención de hacer más fácil y cómoda su estadía en el castillo, la directora del colegio lo instaló en una de las habitaciones y siguiendo con su tradición, había añadido una cama más en la torre de Gryffindor, logrando así una convivencia más cercana con su padre, dado que se instalaría en el mismo cuarto que él.

Eso ya era un por menor menos, pero en sí, no tenía ni la más remota idea de qué hacer cuando estuviera frente a frente con ellos…

No es como si los desconociera, pero serian sus padres, en un tiempo donde las situaciones juveniles estaban a flor de piel, en donde las disputas se resolvían a punta de varita o si bien le iba al antiguo arte Muggle: "a golpes".

¿Qué pasaría si no encajaba con sus padres a pesar de llevar las sangre de ellos correr por sus venas? ¿Sería capaz de resolver las situaciones de algún modo?

En su interior rogaba a Merlín que así fuera.

Antes de lo previsto, el primero de septiembre dio comienzo a un nuevo ciclo escolar, donde para muchos era un nuevo año para empezar a aprender las artes mágicas, mientras que para otros era empezar el cierre de sus estudios, además de dejar atrás las situaciones desastrosas de un pasado que rogaban no volviera a ocurrir en un futuro.

Aunque: ¿Quién en su sano juicio se preocupaba por situaciones que no sabía si sucedería de nuevo? ¿Acaso no confiaban o no tenían fe en que de ahora en adelante todo sería mejor para el mundo mágico?

Porqué no adecuarse a un vida tranquila llena de paz. Eso era lo que menos pensaba por su cabeza.

Hermione Granger podía serenarse de todo, clases, tareas, exámenes e incluso a estas alturas de las reglas, pero menos de lo que se avecinaba en un futuro.

Ese futuro que ella creía impredecible hasta cierto punto o al menos todo lo que la dejaba creer.

Hermione, relájate ¿quieres? –Le decía una y otra vez un joven pecoso de cabellos rojos –deja de pensar en eso un momento. Harry lo derrotó, ya se acabó todo.

Que fácil sonaba todo aquello.

Pero aun así no podía evitar que sus pensamientos se fuesen nuevamente al pasado, recordando las tantas cosas.

Suspiró y centró su mirada achocolatada hacia la ventana del vagón. Deleitándose y dando gracias que todo hubiese acabado pero temiendo que toda esta tranquilidad fuese por poco tiempo.

El dorso de su mano sitió un leve tacto y un suave apretón. No pudo evitar sonreír.

Movió la cabeza deteniendo la mirada sobre su regazo. Enfocando la vista en la mano fuerte y suave de su amigo.

Giró su palma y entrelazó sus dedos con las de él. Volvió a sonreír y levantó su rostro solo para encontrarse con unos hermosos ojos verdes que la miraban fijamente.

Todo estará bien –dijo Harry –ya acabó, Hermione. No hay de qué preocuparse

Ella asintió ante la seguridad de su amigo y se dejó convencer por su voz.

Sabiendo que no lo engañaba, Harry sonrió ocasionando que la chica de cabellos castañas no pudiera evitar devolverle la sonrisa.

Son solo paranoias tuyas –murmuró Ron Weasley, desparramado en el asiento frente a ellos dos mirando el techo del vagón, tratando de no observar las manos unidas de sus amigos –verás que esto estará más calmado que el lago que habita el calamar gigante.

Al notar la incomodidad de su amigo pelirrojo separó sus manos de las de Harry.

El chico de cabello azabache cedió ante la petición silenciosa de su amiga. Dio un pequeño suspiró inaudible y recargó su cabeza en el borde del asiento.

Hermione se removió en su asiento, levemente incomoda por la situación.

Nadie podía culpar a nadie. Todo lo acontecido en el pasado, tenía consecuencias tarde o temprano, eso siempre le había dicho su madre de pequeña.

Tantas cosas habían pasado entre ellos tres. Que era difícil darle prioridad a alguna de ellas.

Lo que Hermione menos quería, era lastimar a sus mejores amigos. Y precisamente eso, era lo que sentía que estaba haciendo.

Por leves momentos, no podía mirar a los ojos a su amigo pelirrojo, Ron, sin recordar ese beso que ambos había compartido en el interior de la cámara secreta, teniendo como único testigo a su otro mejor amigo, Harry Potter.

Se sentía tonta, de solo pensar en el hecho de que lo irracional la hubiese alcanzado hasta el punto de abalanzarse sobre los brazos de Ron y plantarle un beso de lleno en la boca sin medir consecuencias.

¿En qué momento todo había dejado de tener sentido?

¿Por qué ese impulso tan poco propio de ella, la asaltó en ese momento?

Al terminar toda esa guerra y ver los escombros a los que se había reducido el castillo tanto como sus vidas, por fin caía en la cuenta de que se había besado con Ron.

En ese momento su mente encerró, en una parte de su propia cabeza, ese acontecimiento, pero había salido completamente a la luz en el momento en que Ron tomó su mano entrelazando sus dedos con los de ella.

Aun recordaba el brinco interno que dio cuando sintió la tibieza y las suaves carisias que le hacia su pelirrojo amigo con la yema de su dedo.

Había trato de serenarse, pero los colores no tardaron en aparecer en su rostro mostrando las emociones a flor de piel que corrían por su cuerpo y mas al notar como Harry en ese momento, ya hace muchos meses de la batalla, detenía su verde mirada en sus dedos entrelazados para después mirarla fijamente unos leves segundos a los ojos proporcionándole algo que él consideraba una sonrisa pero ni de lejos serla para después voltearse lentamente, alejándose de ellos con cada paso que daba.

Hasta la fecha aun no lograba comprender ese comportamiento de Harry, pero todo había cambiado cuando le había contado la charla que ella y Ron tuvieron cuando el moreno, de forma extraña, los dejó solos.

Ambos jóvenes habían admitido que aquel beso arrebatado era precisamente eso, un beso arrebatado, fruto de tantas frustraciones, desasosiegos y pérdidas.

Hasta cierto punto, Harry había comprendido aquella acción por parte de sus amigos, pero a pesar de no haber llegado a formarse un emparejamiento entre el menor de los Weasley y ella, no quitaba el hecho de que Harry, de la manera más normal posible o así lo consideró, le preguntase porque de sus acciones arrebatas.

Si fue un beso por el momento–murmuró Harry cuando Hermione le dijo acerca de su charla con el pelirrojo – ¿Por qué lo besaste a él?

Esa había sido la única pregunta a la que Hermione no había podido contestar. Recordaba claramente como Harry la miraba intensamente, traspasándola con su verme mirada, esperando su repuesta para solo obtener un silencio por parte de ella, que lo había llevado a realizar otra pregunta que puso más en aprietos a su amiga.

¿Lo quieres? –preguntó el moreno y por alguna extraña razón, no se atrevió a mirar a su amigo.

No lo sé –le contestó y desde ese entonces ellos no había vuelto a tener ese tipo de conversaciones

¿Estás bien? –La voz de Harry le llegó a sus oídos, sacándola de su sopor – ¿Hermione?

Perdona –contestó moviendo la cabeza a los lados, despejando sus pensamientos –solo estaba… creó que debo dejar de perderme dentro de mi cabeza.

Hermione sonrió ante su chiste fallido.

Tal vez –contestó su amigo sonriendo y ella no pudo evitar nuevamente mirar sus ojos verdes. Él le regresó la mirada. Allí estaba otra vez, ese brillo que Hermione veía en Harry cada vez que sus ojos se encontraban.

Sintió sus mejillas sonrojar.

Su amigo suspiró, bajó la mirada y por primera vez Hermione no logró interpretar sus gestos.

Un suspiro inesperado brotó de su pecho y no pudo evitar que la tristeza invadiera su cuerpo una vez más.

Apenas si tocó el postre-tarta de calabaza-cuando esta desapareció de su plato, dejándolo reluciente. A pesar de sentirse feliz de haber regresado al gran castillo, no podía ignorar que en este mismo lugar se había producido una de las más grandes guerras del mundo mágico donde ella y sus amigos, afortunadamente, habían salido victoriosos.

Tan absorta en su tristeza ni siquiera prestó atención a las palabras que la profesora McGonagall, la nueva directora del colegio, recitaba para darles la bienvenida a un nuevo curso.

Por primera vez no supo lo que relató su profesora. Apenas si fue consciente de levantarse de la mesa, salir del Gran Comedor y caminar a través de los pasillos.

Uno tras otro alumno pasaban por su lado mientras se dirigía cada quien a sus respectivas casas, estaba plenamente consciente de que, a pesar del tiempo perdido, ella aun seguía siendo prefecta pero solo por ese día no se sentía con la cabeza para cumplir con sus funciones.

Absolutamente nadie le dijo nada, Hermione pensaba que tal vez no recibía una reprimenda a su falta de responsabilidad por haber ayudado al mundo mágico.

No era que le causara una gran satisfacción el hecho de aprovecharse de esa situación o circunstancia pero por solo este día haría algo solo para ella: recostarse en su cama para dormir y perderse tal vez en sus sueños hasta que el día de mañana llegara, donde esperaba que todos estos sentimientos que la rodeaban, desaparecieran.

Al doblar una esquina para subir las escaleras de mármol, visualizó una silueta acompañada de una negra cabellera rebelde, que ella conocía muy bien.

Sin pensarlo dos veces, siguió caminado tras ella, entrecerrando sus ojos, visualizando como sus cabellos se levantaban en la parte de su nuca, taladrando ese punto con la mirada.

Ahora que lo pensaba, se sentía herida porque Harry y Ron no se hubiesen acercado a ella para ir juntos a su sala común, aunque era de esperarse, tantos meses estando los tres juntos parecía ameritar un cambio.

Harry –lo llamó mientras terminaba de subir las escaleras y observaba los pocos alumnos que venían a sus lados, preguntándose dónde demonios estaba Ron. No recibió respuesta alguna. Harry seguía caminando sin mirar atrás.

Comenzó a caminar más rápido

¡Harry! –Repitió un poco más fuerte, estaba claro que su mejor amigo estaba absorto en sus pensamientos.

No quería comenzar a correr pero su andar ya era demasiado rápido. Cuando estaba a unos pasos de él, lo llamó con un poco de más volumen.

El chico se detuvo de repente ocasionando que ella chocara con la parte de su espalda, debido a que no pudo aminorar su marcha antes de tiempo.

Estaba segura que si no fuera porque su amigo se volteó a tiempo y la sostuvo en brazos, se habría dado un buen porrazo en su parte trasera.

¡Por qué no contestas cuando te llamó! –le dijo molesta antes de que él hablara. Había estado casi corriendo casi todo un pasillo y él ni en cuenta.

Antes siquiera de atormentarlo más con sus palabras. Hermione levantó su rostro y la incredulidad se apoderó de ella.

Perdona, no escuché que me llamabas –contestó el muchacho y fue allí donde Hermione tomó conciencia de que ese chico no era su Harry, es decir, su amigo.

Las mejillas de la castaña adquirieron de pronto un tono rosáceo, claramente avergonzada de su error.

El chico que la sostenía en brazos era muy parecido a Harry. Ella lo había seguido incluso por que su silueta era la misma.

Se quedó callada sin saber que decir pues lo único que podía hacer era mirar sus increíbles ojos marrones bastante familiares.

Yo… este… tú no eres Harry –tartamudeó. Era poco usual que eso le pasara, por lo general estaba segura cuando decía algo, pero en esta ocasión, el muchacho la había dejado sin vocablos.

¿Cómo era posible tanto parecido?

El muchacho de ojos achocolatados le regalo una sonrisita, y soltándola poco a poco al comprobar que ya era estable que Hermione estuviera de pie.

Creo que deberías tener más cuidado al caminar –dijo él con voz ronca, con el nerviosismo y la sorpresa nadando en sus ojos – pero estas en lo cierto, yo no soy Harry.

¿Quién eres tú? –le espetó la castaña sin el más índice de amabilidad, sintiéndose estúpida por haber preguntado lo anterior.

Yo soy James… –el joven se detuvo de pronto rehuyendo en la mirada y deteniéndola en las paredes, como si buscara una respuesta en ellas.

Hermione no le quitó los ojos, midiendo sus reacciones. Preguntándose qué hacia un alumno nuevo, de mayor edad en Hogwarts. Los chicos nuevos siempre tenían once o doce años y aquel muchacho claramente no tenía esa edad.

¿James? –Se preguntó internamente alzando una ceja –¿Es que acaso también en el nombre se parecían?

Tu… –comenzó a decir desconcertada por la presencia del joven de ojos marrones

¡Señor, Rice! ¡Por fin lo encuentro! –la voz de la profesora McGonagall la interrumpió.

Ambos jóvenes se giraron para verla. Por un momento Hermione entrecerró los ojos, observando como la profesora McGonagall observaba detenidamente al chico, si no le falla los instintos, estaba segura que la profesora quería comérselo con la mirada.

¡Profesora! –exclamó el muchacho con los ojos muy abiertos para después mirar a Hermione con la misma alamar en sus orbes.

Hermione no pudo evitar soltar un sonrisita por la expresión del chico, era como si estuviera aterrado de ver a la nueva directora del colegio.

Creí que estaría en mi oficina, señor Rice –dijo McGonagall pasando la mirada entre Hermione y el chico llamado James.

Si… bueno, si estaba pero salí para ver si podía… ir a mi sala común –murmuró el muchacho –yo bueno… no estaba seguro y me perdí…

Por alguna extraña razón, los gestos de culpabilidad que tenía el rostro del muchacho hicieron sentir a la castaña cierta ternura, por lo que decidió ayudarlo.

Yo me topé con él profesora, no es su culpa el retraso –

La profesora, le echó a Hermione una mirada suspicaz, confundiéndola. Era como si McGonagall no creyera en sus palabras, aunque debía admitir, llevaba toda la razón.

Veo que ya conoció a la señorita Granger –murmuró de pronto la profesora. Y Hermione pudo notar encender de color carmesí las mejillas del muchacho.

Si, profesora –contestó en un hilo de voz agachando su cabeza. Hermione volvió a sonreír pues el chico era tremendamente adorable.

Si no hay ningún problema puedo llevarlo a su sala común, directora –dijo ella sin quitar la vista del chico sonrojado y dándose cuenta del escudo que traía en la túnica. El león y los colores escarlata y dorado resaltaban notoriamente sobre el color negro, por lo que el chico sin ninguna dudas era un Gryffindor.

No supo porque, pero en su interior, Hermione se sentía feliz de que el muchacho perteneciera a la misma casa que ella.

La profesora los miró detenidamente antes de asentir con la cabeza y seguir caminado rumbo a su despacho.

Hermione sonrió una vez más, estando segura de que el muchacho estaba colorado, de posible pena, como antes no había visto. Una parte de su interior, se alegraba no ser la única con emociones demasiado transparentes.

Sin decir absolutamente nada, ambos jóvenes caminaron los pocos pasos que quedaban para llegar a su sala común.

¿Así que te llamas James? –preguntó la castaña de forma casual, para tapar un poco su curiosidad con respecto al chico.

Si –dijo el sin más –No es un gran nombre, pero es el nombre de mi padre y también el de mi abuelo.

Al decir lo último, el chico de cabellera negra se cayó de pronto, como si hubiese dicho algo de más en aquellas simples palabras.

Es muy común llevar el nombre de los padres –contestó ella no queriéndolo incomodar.

Mientras caminaba volteó a su derecha para contemplarlo. Aquel perfil era de lo más familiar, el parecido con su mejor amigo era demasiado.

El chico se percató de su mirada y sus orbes marrones se enfocaron en los de ella.

¿Tengo algo en mi cara? –preguntó, incomodo a la mirada de Hermione

Perdona –se disculpó ella y de su rostro sonrosado salió una sonrisa sincera –es que eres de lo más parecido a mi mejor amigo

En respuesta el chico sonrió, y ella no hizo otra cosa que recordar a Harry en sus pensamientos exhibiendo esa misma sonrisa.

Tu rostro también me recuerda a alguien –murmuró y de pronto su rostro se entristeció.

¿Y eso es malo? –preguntó insegura de saber la verdad. No conocía al tal James, pero quería asegurarse de que aquel muchacho no estuviese triste.

No. Es fantástico, porque es tan bonita como tú –dijo James deteniéndose de pronto y contemplando cada parte de su rostro.

Hermione sintió de pronto sus mejillas arder, nunca antes le habían dicho cosas tan bonitas y mucho menos un muchacho al que apenas acaba de conocer. Su rostro giró hacia cualquier lado que no fueran los ojos de aquel joven que la miraban intensamente, dándose cuenta que ya habían llegado a su destino.

El cuadro de la dama gorda se posaba frente a ellos, esperando la contraseña para abrirse y déjalos pasar.


Hola nuevamente por aquí...

bueno por fin les dejo el siguien capitulo y espero poder traerles el otro ponto.

quiero agradecer sus comentario pues eso es lo que me inmpulso a seguir con esta historia.

Muchos no me conocen pero otros si, asi que aprovecho para decirles que pronto subiré el capitulo de la otra historia que tengo, por supuesto en el foro Harry.

Que tenga un buen dias y gracias por leer. n_n