No, no estoy muerta, tampoco desaparecida, ni mucho menos en bancarrota(?)

Es solo que como he tenido vacaciones, prefiero disfrutarlas(?) además de tremendo bloqueo que me dio y unos fics para el mes de Agosto. Es por eso que, publicando este capitulo, quiero aclarar, para aquellas personas que leen mis otros fics que los dejare PAUSADOS pero no por eso no los voy a continuar. Espero me entiendan y perdonen si los preocupe

Kuroko no Basket no me pertenece, solo la trama de esta historia.


Manchester, Inglaterra, 1820

Eran más de las 7 por lo que toda la familia debía de estar ahí esperándolo para la cena. Ninguna persona comía hasta que la familia completa estuviera sentada en la mesa, y si su padre informaría sobre la decisión de hace unos momentos, entonces debía de estar puntual.

Pasó el gran pasillo de la mansión, topándose con unos cuantos sirvientes que le saludaban, pero él no devolvía el saludo, y solo algunas ocasiones, asentía levemente para al menos indicarle a la servidumbre que había escuchado.

Finalmente llegó en la gran habitación donde se situaba el comedor, con la gran mesa, las grandes sillas, los cubiertos finos junto a esa deliciosa y apetecible comida, esos platillos que hacían derretir la lengua con solo probarla, y fue por esa razón, que el pelirrojo se memorizó las recetas, y cuando cocinaba les daba un toque especial, y sus hermanos elogiaban su comida.

Kagami adoraba cocinar, aun cuando esto fuera responsabilidad de las cocineras, él no podía permanecer muy lejos de la cocina, y siempre preparaba sus platillos casi en secreto. Eran simples, nada exótico, pero el sabor era único, de eso no había duda. Taiga aprendió a cocinar a muy temprana edad, junto con sus hermanos. Su madre le enseñó, diciendo que el don de la cocina no era exclusivo para los cocineros, y que cuando se quiere, se puede.

Es por eso que con la increíble sazón del pelirrojo, no pasó mucho para que cautivara los paladares de su madre y hermanos. Su padre siempre estaba de viaje, así que aunque no degustara sus platillos, el chico se encargaba de hacerle algo exclusivo el día que el hombre volviera. Así conquistó cada estomago de su familia, y también de los empleados ahí.

Lo hubiera dejado, pero eso no fue posible cuando sus hermanitos comenzaron a rogarle para que les preparara algo para comer, ya que decían que la comida de la cocina no era tan deliciosa como la de él. Por eso es que Kagami cocinaba exclusiva y únicamente para sus hermanos menores, incluso aunque ahora ya sean adolescentes con las hormonas floreciendo. Aun así les seguía cocinando cada vez que ellos lo pedían.

- Taiga, querido – Llamó su madre, una hermosa mujer de cabellera dorada, ojos verdosos y con gafas dignas de la época, y un largo vestido color verde aguamarina. Desde un extremo de la mesa llamaba a su bebé para que se sentara junto a ella y también sus hermanos – Por aquí.

Kagami se dirigió en dirección hacia el extremo en donde se mantenía su familia. Las costumbres eran un poco extrañas en todo esto de la nobleza. Hubo una vez en la que fue de vacaciones con uno de sus tíos, él fue solo llamado para que su tío pudiera decirle unas cuantas palabras sobre su negocio, y ya que no tenía hijos, lo más seguro era que él heredara la compañía. Sin embargo apenas y pudo escuchar unas cuantas palabras, ya que, como dictaba la ley, su tío estaba en un extremo de la gran mesa, y él pues, estaba en el otro.

Cabe aclarar que las mesas de los duques, condes, marqueses, y reyes tienen más de 6 metros de largo, y capacidad para más de una docena de personas, incluso tal vez más.

Incluso en épocas de fiesta cada persona tenía un lugar asignado, cosa que cabreaba más a Kagami al no saber en dónde rayos sentarse. ¿Qué acaso no era mejor que cada quien se siente donde quiera que se le dé la gana? Pero nadie parecía compartir sus ideas, ya que le ignoraban de manera olímpica. Es por eso que el pelirrojo esperaba a que todos estuvieran sentados, para por fin ir a su lugar asignado, oséa, la única silla que quedaba vacía.

Por otra parte, que bueno que en su hogar era muy distinto; ahí se sentaban donde quieran, y de preferencia para estar más en familia. No es que no obedecieran al código de la nobleza, tan solo era una excepción que ellos hacían, nadie tenía porque enterarse.

- Hey Taiga, ¿Por qué esa cara tan larga? – Preguntó un chico pelinegro, en cuanto el de hebras rojas se acercaba a su extremo para sentarse. Lo notó algo decaído, por lo que se aventuró en preguntar.

- ¿Acaso ocurre algo malo? Taiga-kun – Esta vez fue un pequeño peliceleste, sentado justo al lado de las otras dos personas. Al igual que el pelinegro, también notó esa aura deprimente que desprendía del cuerpo de Kagami.

La voz de sus hermanos por fin hizo a Kagami regresar a la realidad. Sacudió un poco la cabeza para negar ante las preguntas, tomando asiento en el lugar vació en medio de ambos chicos. La rubia también había notado algo extraño en su pequeño, pero no dijo nada.

- Papá lo dirá en cuanto llegue… – Anunció el pelirrojo con apenas un hilo de voz. Las otras personas no dijeron nada más, si el duque iba a decirlo, entonces debía ser importante.

Kagami miró la comida servida en su fino plato, a pesar de que lucía delicioso, realmente le dieron unas ganas de vomitar lo que ni siquiera había ingerido. Apartó la vista antes de que se cumpliera lo antes pensado, y decidió concentrarse en otra cosa que no fuera la comida. Su cabeza había girado hacia la izquierda, justo el lugar en donde su hermano pelinegro estaba sentado.

Collingwood Himuro Tatsuya, un chico de 16 años y carácter tranquilo, con una cabellera negra que le cubría uno de sus ojos, aquellos orbes poseían un púrpura grisáceo, y un bello lunar debajo del ojo descubierto. Atractivo, confiable, la clase de chico que todas las doncellas del reino quisieran tener. Sin embargo, Tatsuya no se interesaba en eso, al menos no en demasía. Él tan solo era un chico en plena fase de crecimiento, con una dependencia un poco fuerte hacia su hermano mayor.

Luego de que nuevamente fijara la vista en la comida en el plato de su hermano, giró la cabeza para el lado derecho, antes de que las náuseas regresaran de nuevo. A su derecha, yacía su hermanito menor, el peliceleste.

Collingwood Kuroko Tetsuya, el menor de la familia, contando con apenas unos 14 años, si bien Himuro era tranquilo, entonces Kuroko lo era aún más; con una cabellera que hacía juego con el cielo azul en las mañanas, y esos orbes celestes, que carecían de expresividad. Piel pálida aterciopelada, y cuerpo delicado, adorable y tierno. Tenía muy poca presencia, era casi como si fuera un pequeño fantasma travieso, pero aun así su familia ya se había adaptado. Tetsuya era quien tenía una gigante dependencia hacia su hermano mayor, tanto que sin él, el chico no quería hacer nada, por no mencionar que también lloraba.

Curiosamente, los nombres de ambos hermanos estaban conectados, cambiados únicamente por la segunda letra de cada nombre. Había veces en las que Kagami les decía que su madre se había quedado sin ideas, y por eso las similitudes, obviamente lo decía en broma, ya que aunque existe un increíble parentesco entre ambos nombres, cada uno fue elegido cuidadosamente; eso y porque así los nombres de los 3 hermanos empezarían con "T".

La mujer enseguida notó que algo mal andaba con su hijo, no era normal que Taiga se comportara de esa manera, lo usual era que el pelirrojo engullera todo lo de su plato en tiempo record, no como ahora que evitaba mirar la comida, y parecía querer vomitar. Sin embargo, no dijo nada, se mantuvo callada tranquilamente; si Kagami no quería hablar de eso ahora, entonces no lo forzaría.

De repente por una gran puerta apareció la figura del duque, alto, delgado pero en forma, con los ojos negruzcos y la cabellera azabache. Caminó con porte y elegancia hacia la esquina de la mesa en donde toda su familia estaba reunida, y sentándose en la silla junto a su mujer, se aclaró la garganta para poder hablar, y sus hijos dejaron de mirar a Taiga, para prestar atención a sus palabras.

- Familia, quiero decirles algo muy importante – Tres pares de ojos se situaron en su persona; la de su esposa, y la de sus dos hijos. Kagami no le miraba, ya que encontraba más interesante los botones del chaleco negro que traía puesto – La reina de Willianshire está a unos cuantos días de morir, y como dice la tradición, el príncipe ascenderá al trono cuando eso suceda; para que esto pase, deberá contraer matrimonio lo antes posible, para no dejar al reino sin gobernante por mucho tiempo – Los ojos verdes de la mujer se abrieron de par en par, ya sabiendo a donde iba la noticia; no obstante, los chicos siguieron escuchando atentos – Y con quien debe de casarse es nada más y nada menos que su hermano Taiga, quien es el prometido del príncipe.

La noticia dejó en trance a los hermanos, la madre de ellos ya había empezado a soltar lágrimas que se secaba con uno de los pañuelos finos de seda, que siempre llevaba con ella. El duque Collingwood aguardó a esperar las reacciones de su familia con calma, ya que se había preparado mentalmente para las preguntas. El que su hijo se vaya, no era algo que se fuera a tomar a la ligera.

- ¿Taiga-kun? – La voz de su hermano menor hizo a Kagami alzar el rostro, para posar sus orbes rojizos con los celestes que parecían a punto de llorar - ¿Eso es cierto? – El pelirrojo asintió, sintiéndose un poco culpable por la voz quebrada del chico.

- Así que esto era lo que papá nos diría… - Comentó Tatsuya con la voz apagada, luchando consigo mismo para no explotar en llanto. Taiga miró esta vez a su otro hermano, y de nuevo sintió una punzada en el corazón.

- Taiga, querido – Para rematar el golpe mental que estaba teniendo, Kagami ahora posó su vista en la mujer que le dio la vida, quien le hablaba tiernamente con una sonrisa rota, y los ojos llenos de lágrimas que caían cual cataratas.

Fue entonces cuando sus sentimientos no dieron para más, y soltó unas lágrimas. Se sentía horrible al saber que estaba haciendo sentir mal a su familia, se sentía un inútil, y lo que más quería era decirles que no iría a Londres por nada del mundo, pero no podía. Realmente deseaba quedarse en Manchester con su familia, pero su padre ya le había dicho que partiría mañana por la mañana.

Kuroko se había lanzado al cuerpo de su hermano mayor para abrazarlo fuertemente. Las lágrimas que caían de sus ojos manchaban la ropa del pelirrojo, pero a este poco le importó. Correspondió el abrazo de su hermanito, mientras él también lloraba a mares. Tatsuya no se quedó atrás, y uniéndose al abrazo de hermanos, también desahogo sus sentimientos, por fin cediendo ante las gotas de llanto que resbalaban por sus pálidas mejillas.

- ¿Cuan-do te i-irás? – Tetsuya se sorbió la nariz, mientras alzaba levemente la vista para encontrarse con esos ojos rubíes de su hermano.

- Taiga se irá mañana al amanecer – La voz de su padre informó del resto de la noticia a su familia, incluso antes de que él pudiera abrir la boca para contestar. Entonces sintió como sus dos hermanos se aferraban más a su cuerpo.

- No-nosotros n-no quere-mos que T-Taiga se va-ya… – Esta vez fue turno del pelinegro para hablar, alzando la vista con el ceño ligeramente fruncido, para encarar a su padre. Himuro estaba literalmente pegado a Kagami, y no quería soltarlo, lo mismo podría decirse del menor.

- Tatsuya, Tetsuya, entiendo que estén enfadados, no les había comentado nada porque sabría que algo como esto pasaría. No es que quiera alejarlos de Taiga, pero deben entender que es su deber – Explicó el hombre, intentando calmar a sus dos hijos que le miraban con los ojos llorosos pero al mismo tiempo con furia impregnada en ellos.

- ¡Pero si lo hubieras dicho antes entonces ya estaríamos mentalmente preparados! – Cabe aclarar que fue una sorpresa para todos el que Kuroko levantara la voz, más bien que gritara con enojo hacia su propio padre, porque el chico era tan tranquilo e imperturbable, como para que ahora cambiara su actitud tan drásticamente.

- Era un riesgo que no quería tomar – Después de decir aquello el duque se levantó de su asiento, dejando todo lo de su parte de la mesa intacto, sin siquiera haber probado bocado de nada. Hizo una reverencia y se dio la vuelta para retirarse – Lo siento – Fueron sus últimas palabras, dichas en un susurro mientras cruzaba la puerta para irse.

Entonces los tres hermanos deshicieron su abrazo, mientras trataban inútilmente de controlar sus respiraciones y su llanto. Cada uno se sentó en la silla correspondiente a cada uno, mirando el plato de comida, pero sin hacer ademán de comenzar a comer.

La duquesa, que había estado escondiendo las lágrimas en el pañuelo sin haber dicho ni una palabra, miró a sus tres pequeños, y en el instante en el que ellos le devolvieron el gesto haciendo contacto visual ella sonrió, aun con las mejillas y la nariz roja, aun con los ojos llorosos y el maquillaje negro corrido, ella sonrió, tratando de decirle por medio de sus gestos que todo iba a estar bien.

Kuroko, Himuro y Kagami hicieron lo mismo, sonriendo aunque en el fondo estuvieran rotos y sin ánimos de nada. Aunque eso sí, había algo en lo que los cuatro estaban de acuerdo, y eso era, en que habían perdido el apetito…


Espero les haya gustado el capitulo, la verdad es que lo tenía desde hace un tiempo pero me había olvidado en subirlo. Mil perdones.

Agradezcan a FriendlyScientist por "obligarme" a subirlo, porque de no ser por sus amenazas, aun no lo hubiera publicado.

Hasta luego c: