Despertó en una cama, con un severo dolor en la cabeza y en el cuello.

Alguien le hablaba, ¿quién era? ¿Dónde estaba?

Len abrió los ojos y una luz cegadora lo hizo cerrarlos de nuevo, ¿eso era morirse, o todo había sido un sueño?

—¡Len, abre los ojos! —la voz de su hermana le llegaba desde el otro lado como una cálida melodía que lo mantenía atado a ese mundo. Abrió los ojos y parpadeó varias veces. Podía sentir sus propias manos, además le dolía todo el cuerpo, clara señal de que seguía con vida.

—¿Ri-Rin? ¿Eres tú? ¿Dónde estoy?

—Tranquilo, tómalo con calma, has estado ahí durante algunos días. Una fuerte contusión en la cabeza según el doctor. Te pondrás bien, no puedes quedar más idiota de lo que ya eres.

Len observó la habitación en la que se encontraba. Un fuerte olor a antiséptico lo molestaba, y la habitación era tan inmaculadamente blanca que le dolían los ojos de tanto mirar. Fuera de eso, estaba vivo.

"Todo fue un sueño causado por el golpe, entonces…"

El rubio miró a su hermana y sonrió

—¿Y los chicos?

—Salieron vivos de milagro. Están bien, y muy preocupados por ti. Tienen que hacerte algunos estudios y te dejarán volver a casa.

Len se puso una mano en la cabeza, sintiendo el vendaje. Tenía algunos puntos sobre la ceja, notó, y parecía que se había roto una pierna.

—Eh, Rin… ¿Soy el que estaba peor o hay alguien más desgraciado?

—Piko se quebró un brazo, a Rinto le dieron puntos por un corte que se hizo en la pierna, y Gumiya fue un suertudo que salió casi ileso, salvo por un golpe y un trauma psicológico. Tú eres el peor. El doctor dijo que el auto te aplastó, y que no saben cómo diantres saliste de esa, Len.

No le importaba. Estaba vivo, y ese encuentro con la misteriosa chica no era nada más que un sueño comatoso o algo así. Dentro de poco volvería a su vida normal, vería a Neru y todo estaría en perfecto orden. No había nada que le pudiese salir mal.


Hacía unos días apenas que le permitieron abandonar el hospital. El vendaje en su cabeza seguía allí, su pierna estaba en proceso de curación y ya no le dolían ni la cabeza ni el cuello. No podía volver a clases, por lo que sus compañeros le dejaban la tarea hasta que pudiese regresar, y recibía constantes visitas de sus amigos y su novia.

—Te lo juro, en cuanto vimos el cuerpo aplastado dijimos "se nos fue, ya está, ahora hay que llorarlo", pero cuando te pusiste a gimotear como un cachorrito abandonado porque el doctor te tocó… Hermano, eso fue loco…

Las típicas expresiones raras de Gumiya, las risas de Piko, y los comentarios fuera de lugar de Rinto lo hacían sentir mejor. Casi no le importaba la cantidad de obscenidades que sus amigos le habían dibujado en el yeso, porque Piko sufría lo mismo.

—¿Es verdad que ves chicas desnudas al llegar al paraíso? —preguntó Rinto—. Me encantaría ver a la Kasane ahí…

—No puede gustarte Teto, Rinto. Tiene voz de taladro —Len sonrió ante el comentario de Gumiya, sabiendo cómo enfadaba a Rinto que alguien ofendiera a su cantante favorita—. Además es más fea que…

—Cierra la boca, Gumiya.

—Dejen sus peleas matrimoniales cuando dejen mi habitación, por favor.

Rinto y Gumiya se despidieron de Len con un simple "adiós", y Piko hizo el signo de la paz.

Len se reclinó en su cama, dispuesto a tomar una larga siesta, cuando Neru Akita hizo su entrada.

—Mírate nada más. Me tenías muy preocupada, Len…

—Estoy mejor, Neru. Dentro de poco volveré al colegio.

Neru se reclinó y le depositó un fugaz beso en los labios.

—Sólo vine a dejarte esto. Una chica me lo dio y dijo que era para ti —le entregó un paquete pequeño, que contenía una de esas cajitas para joyería —. Sí que era rara esa chica. Bueno, me retiro. Mejórate.

Len sonrió y abrió la cajita. Dentro de ella había un colgante con forma de hoz que tenía grabado su nombre. Miró al reverso y casi lo dejó caer.

Al lado de su fecha de nacimiento, tal y como lo ponían en las tumbas, estaba la fecha del accidente.

—Me alegro de que te haya llegado.

Len miró a la persona que le había hablado. La joven estaba sentada en el alféizar de la ventana, su cabello aguamarina suelto revoloteando con el viento. Todo se había vuelto frío, y Len no pudo evitar reprimir un temblor cuando sintió una brisa recorriéndole los brazos.

—Espero no te hayas olvidado del trato, Len. Después de todo, sigues muerto.