Detrás de la máscara.

3

La segunda consigna.

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La armadura estaba completa, le había costado encontrar las piezas faltantes pero ya todo estaba en orden, su máscara también estaba de nuevo en su poder aunque tuvo que regresar al sitio del derrumbe para recuperarlo todo. Se recostó pesadamente sobre su cama, aún le dolía el hombro pero ya era un dolor muy débil que no le había impedido recuperar sus pertenencias, observó las curaciones que él le había hecho; le había cosido la herida del hombro e inmovilizado el resto del brazo ahora había pasado casi una semana y se sentía recuperada casi en su totalidad.

Esa era una de las pocas ocasiones en las que el recostarse en su cama le devolvía las energías perdidas ya que no dedicaba mucho tiempo al descanso.

Sin darse cuenta se quedo profundamente dormida y soñó.

En su sueño veía a Shura, él estaba recostado a su lado y la miraba tiernamente como nunca nadie la había mirado mientras ella observaba su rostro con detenimiento así pudo distinguir el verde oscuro de sus ojos y la profundidad de su mirada, en ese instante ella se percato de que ambos estaban desnudos pero no sentía ninguna vergüenza, al contrario le gustaba estar a su lado en la intimidad. Pudo identificar que estaban en las habitaciones de él en la décima casa y no había nadie alrededor que los pudiera mirar o juzgar, era un mundo aislado donde solo estaban ellos dos donde solo existían ellos dos, entonces él comenzó a besarla y abrazarla y aun siendo un sueño ella pudo sentir la calidez de su cuerpo mientras lo tomaba del cuello y frotaba su espalda con ambas manos.

Ella se sentía feliz y en completa paz con todo.

Le gustaba como él besaba su cuello, su clavícula, sus pechos, su vientre y la hacía enloquecer explorando los rincones más profundos de su cuerpo; estaba en medio de un mar de sensaciones que jamás había experimentado, tenía conciencia de que estaba ahí por voluntad propia y que la alegraba estar con él específicamente y con nadie más.

Sus gemidos se escuchaban por cada rincón de aquella habitación, ella decía su nombre más y más alto.

— ¡Shura, que hombre!

Sintió como él la hizo suya y la excitación se elevaba hasta el infinito, no podía dejar de contemplar el magnífico cuerpo de él y de recorrerlo de arriba abajo con sus manos, parecía una escultura salida de una época antigua.

—Dime que me amas —susurró él a su oído con voz suave.

—Yo te…

Geist despertó en ese instante, estaba desorientada así que miro a su alrededor para rectificar que estaba en su cabaña y no en la habitación del santo de capricornio, el sueño había sido muy vívido casi real, se toco el cuello y estaba sudando; parpadeo varias veces tratando de recuperar el sentido de la realidad.

No podía creer que la persona del sueño fuera ella, no se reconoció en aquella imagen y menos diciéndole a aquel hombre que lo amaba. No, ella deseaba matarlo no amarlo, el tratar de amarlo le traería consecuencias devastadoras y más si él se portaba como un completo idiota y la trataba mal o negligentemente.

Se puso de pie para salir a tomar un poco de aire y olvidarse de las imágenes del sueño que aun le daban vueltas por la cabeza esperando que se las llevara el viento.

—Qué tontería —dijo para sí misma al levantarse de la cama.

El sonido de la puerta se escuchó en ese momento justo cuando ella iba de salida, alguien tocaba insistentemente y por el tipo de golpe Geist supo que se trataba de Shaina quien seguramente estaría muy alterada.

—No tienes que tocar así la puerta —Geist le abrió y la invito a pasar— ¿qué es lo que te pasa? No te ves nada bien.

Shaina se veía muy agitada, se paró a un lado de las sillas y observo a Geist fijamente, la joven podía sentir la mirada taladrante de su amiga aún bajo la máscara.

—Geist, ¿dónde estuviste ayer? Te busqué por todas partes y no había señales de ti. ¿Estás bien? ¿Qué paso con el asunto del caballero dorado?

—Ayer fui a buscarlo temprano, tal y como te dije. Tuvimos un enfrentamiento, estaba a punto de darle su merecido cuando el tonto lanzo un ataque que provoco un derrumbe. No logre escapar pero él me salvo y curo la herida en mi hombro.

— ¡¿Qué?! —la alteración de Shaina no era algo nuevo para Geist pero esta vez había algo, se veía muy preocupada por ella como si se temiera lo peor— ¿Qué está pasando contigo? Tú no eres de las que deja a un adversario así nada más aunque te haya salvado la vida.

—No tuve opción, lo único que pude hacer fue salir de ahí para evitar que las cosas se complicaran además no podía mover el brazo ni defenderme en caso de que el tratara de atacarme —Geist miro fijamente a su amiga, no le estaba mintiendo y esperaba que ella lo comprendiera de alguna forma.

—Recuerda lo que te ocurrió la vez anterior y recuerda lo que ocurrió con Maya —susurró Shaina en tono de acusación.

—Maya, ¿a qué viene ese tema ahora? Claro que recuerdo esa historia pero… —Geist pensó un poco antes de seguir hablando; la historia de Maya era un relato común entre las amazonas, una enseñanza más bien de lo que podía pasarles si no cumplían con la primera consigna dada por Athena: matar al hombre que vea tu rostro.

Geist y Shaina conocieron a Maya en el pasado, ambas eran muy jóvenes cuando supieron que Maya, la más frágil y débil de las amazonas, había sido víctima de un hombre negligente, este había visto su rostro por la fuerza y quiso tomarla como amante. La chica había tratado de cumplir con esa primera consigna sin éxito, no pudo matar al hombre que vio su rostro así que, sin más remedio ni opciones, tuvo que recurrir a la segunda consigna: Amar al hombre que vea tu rostro.

Se decía que Maya si estaba enamorada de aquel sujeto que la trataba tan mal sin embargo ese amor le costó la vida ya que al final Maya no volvió al campo de las amazonas y varios días después unos guardias encontraron su cuerpo en una zona abandonada del Santuario, ¿ese hombre la mato o ella misma se quito la vida? Nadie lo sabía, las amazonas solo pudieron suponer lo que paso con Maya.

—Ya veo a que te refieres —dijo Geist al fin—, tú crees que terminaré por enamorarme de ese hombre, ¿verdad?

—Sí, yo sé que eres muy fuerte Geist pero… —Shaina estaba callada y Geist la observaba con detenimiento, su amiga pensaba mucho en lo que estaba a punto de decirle pero ella ya sabía a donde quería llegar; no quería decirle que en el fondo creía que el enamorarse del santo de capricornio sería su destino inevitable.

—No te preocupes, sé lo que tratas de decirme y créeme que no caeré en ese error. Sabes que caí en eso hace tiempo pero ya lo superé y esta vez será diferente.

Se lo dijo totalmente convencida, es más esas palabras la llenaron de vitalidad a ella también. Estaba dispuesta a restaurar su honor y dignidad, le había dado a Shura unos días de descanso pero era momento de reanudar su cacería.

Nada más que antes iría a otro sitio primero.

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Shura iba camino al cementerio del Santuario, un sitio nostálgico que solía visitar una vez al mes, llevando un cántaro con agua. Aquel día iba distraído ya que tenia a Geist en su pensamiento, no la había visto en los pasados días y se preguntaba si su acosadora le había perdonado la vida finalmente.

Eso sería bueno porque de lo contrario ambos se enfrascarían en una pelea sin tregua de la que seguramente no saldrían vivos, por lo poco que la conocía podía deducir que la chica era incansable y no iba a dejar de perseguirlo hasta el fin de los tiempos, pero sobretodo sabia que la chica tenia la peor de las cualidades: era terriblemente necia.

Por el contrario, le costaba reconocer que la extrañaba y no se podía sacar su rostro del pensamiento, sus cambiantes expresiones, el color oscuro de sus ojos, la profundidad de su mirada y su largo cabello negro. La consideraba una joven atractiva, era la primera vez que veía a una amazona de esa forma ya que antes no se había tomado el tiempo para apreciar a ninguna chica, jamás en su vida.

Iba tan distraído que no se dio cuenta que Afrodita de piscis estaba justo frente a él y por poco chocaban el uno contra el otro, Shura salió de sus pensamientos y observó a su compañero, iba con ropa de entrenamiento también, se le veía relajado y de buen humor. Pocas veces entablaba conversaciones con sus colegas aunque Afrodita era alguien con quien había hablado más veces que con otros.

— ¿Por qué tan distraído Shura? —le dijo cortésmente— Es raro verte tan metido en tus pensamientos, casi siempre estas alerta y con cara de pocos amigos.

—No estoy distraído, estoy perfectamente —Shura trató de parecer normal pero sabía que Afrodita era muy observador y se daba cuenta de que no estaba siendo del todo honesto—, solo que no te vi pasar.

—Creo que sé porque tienes la mente en otro lado —aseguró el santo de piscis sonriendo mordazmente.

—Bueno, pues dime porque crees que estoy distraído —dijo Shura sin interés y deseoso de terminar la conversación para continuar con su camino.

—La otra noche me pareció ver a una amazona salir del área de la casa de capricornio. Claro que debido a la distancia entre tu casa y la mía no alcancé a ver bien quien era pero estoy seguro de que era Geist

—Y, ¿a ti no te agrada o tienes algo en contra de que ella haya salido de mi casa? —Preguntó Shura ya un poco fastidiado.

—No pero, como amigo te puedo decir que deberías pensar más en tu reputación, no sería bueno para ti que te vieran cerca de ella, el Patriarca opina que es una chica muy problemática.

Eso era típico de Afrodita, solo él se preocupaba tanto por el asunto de la reputación. Para Shura no era algo prioritario puesto que tenía el respeto de toda la comunidad del Santuario, decían que era el más fiel y justo entre los caballeros.

—No veo mayor problema —respondió sin darle importancia al consejo de su colega—, nadie pude asegurar que ella salió de mi casa sino que simplemente pasaba por ahí, en todo caso a ti no te afecta en nada.

—Ya veo —por el tono de voz, Shura se dio cuenta de que a Afrodita no le había gustado nada la respuesta—, mi consejo era de buena fe. Hace tiempo conocí a una amazona y no fue del todo bueno para mí, sé de lo que te hablo.

Shura lo vio alejarse sin decir más aunque le llamo la atención lo último que le mencionó, que él había conocido a una amazona en el pasado. Si hay algo que todos los doce caballeros sabían era que Afrodita tenía una total secrecía sobre su vida privada, nadie sabía que más hacia fuera del Santuario o quien era él en su vida tras las puertas de la doceava casa; era muy reservado con sus cosas y sus pensamientos.

Sin embargo corría entre los dorados un rumor algo extraño sobre Afrodita; que el joven había tenido una amante en el pasado, una amazona que al final había corrido con mala suerte y terminado muerta. Nadie estaba seguro de esto ya que Afrodita jamás decía una palabra al respecto, cuando alguien sacaba el tema a la luz él solo sonreía con ironía y cambiaba el tema o se retiraba de ahí.

Sin más, Shura reanudo su camino al cementerio del Santuario ¿será verdad que el relacionarse con Geist le traería problemas? Esto no podía asegurarlo ya que jamás se ha relacionado con una amazona pero lo que le preocupaba más era si la volvería a ver. Tenía mal carácter y todo pero aun así quería verla y saber de ella.

El cementerio del Santuario se encontraba en las fueras del mismo, en la parte sur. Ubicado en una extensión grande de verdes prados, desde las doce casas se hacían como treinta minutos a pie hasta la entrada del cementerio; ese día visitaría la tumba de aquel al que consideró su mejor y único amigo: Aioros de Sagitario.

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Geist divisó la entrada al cementerio del Santuario justo frente a ella. Casi no visitaba ese lugar pero el que Shaina le hubiera recordado a la difunta Maya le había removido algo en su interior, tenía ganas de ver la tumba de aquella chica, como si quisiera armarse de valor y recordarse a sí misma las cosas que no debía de hacer.

Sin embargo como si de una broma macabra se tratase alcanzó a ver a Shura entre las tumbas que se hallaban en el fondo del lugar. Le parecía algo extraño que estuviera ahí, ¿a quién visitaba el sujeto más petulante del Santuario?

Se acercó a él con curiosidad, sería mucho más fácil llevar a cabo su venganza con él ahí pero estaban en un cementerio, un sitio sagrado donde no se podían hacer disturbios por respeto a la memoria de los muertos así que se tuvo que contener.

Shura se encontraba limpiando la lápida que llevaba grabado el nombre de Aioros con el agua del cántaro que había llevado hasta allá, también aprovechaba para regar el césped que rodeaba la tumba y en ese momento era cuando sentía el remordimiento por haber acabado con la vida de su amigo.

— ¿Por qué Aioros? ¿Qué te hizo volverte un traidor? —Pasó una mano por el grabado con el nombre y cerro lo ojos sintiendo una punzada en el pecho. No podía perdonarse a si mismo aunque sabía que no lo había matado por decisión propia sino por orden del hermano menor del Patriarca; ahora su recuerdo era el de un traidor y la fama de él era la de haber sido el verdugo del traidor— Si pudiera volver el tiempo atrás te convencería de no hacerlo.

En ese momento una presencia detrás de él lo sacó de sus pensamientos, justamente había deseado verla aunque no en ese lugar precisamente.

—Sabía que volvería a verte tarde o temprano, Geist —Shura se incorporo, girando sobre sí mismo y sus ojos se encontraron con la máscara de la joven, que estaba de pie justo detrás de él— ¿Qué haces aquí?

—Lo mismo te pregunto, caballero —respondió ella con toda tranquilidad observando su rostro, se le vía tranquilo, luego vio la lapida leyendo el nombre rápidamente— ¿Quién fue Aioros? —pregunto con algo de curiosidad.

—Aioros era considerado el caballero más justo, noble y el más bondadoso de los doce dorados. De hecho estaba en la línea de sucesión para ser el nuevo Patriarca. Tú debiste ser muy joven en esos días y por eso no te acuerdas de él.

— ¿Qué relación tenias con él?

—Cuando recién llegue al Santuario me hice amigo suyo y de su hermano menor, Aioria. De hecho los tres éramos muy cercanos hasta que partí al entrenamiento lejos de aquí. Cuando volví supe por boca del hermano del Patriarca que Aioros había tratado de asesinar a la reencarnación de la diosa Athena y me dieron la misión de matarlo —estas palabras le dolían a Shura, llegaban a lo profundo del corazón causándole un pesar y culpa enormes—, yo no quería matar a mi único amigo pero ordenes son ordenes y no tuve opción.

Geist lo observaba con algo de pena, si le dijeran a ella que matara a Shaina no sabría cómo proceder, no sería capaz de matarla no podría vivir con una culpa como esa; así que entendía como se había sentido Shura durante todo el tiempo que su amigo llevaba muerto.

—Desde entonces no he vuelto a tener otro amigo ni a nadie cercano; los entrenamientos los hago yo solo sin compañía y lo mismo en mi día a día, nadie me acompaña y converso, a veces, con una que otra persona. Si necesito algo siempre lo resuelvo por mí mismo.

— ¿Has estado tu solo desde entonces? —Preguntó la joven sorprendida— ¿Cómo has soportado tanta soledad?

—Me he acostumbrado, supongo. No es tan malo después de todo —dijo él con una leve sonrisa.

Su voz tenía un tono de resignación que Geist captó enseguida; no era que ella tuviera miles de amigos pero si contaba con un grupo de personas cercanas y por muy fuerte que ella fuera sabía que no podría estar en completa soledad por tanto tiempo.

—Y tú, ¿a quién vienes a visitar? —pregunto enseguida de la forma más normal que pudo ya que la tristeza de estar frente a la tumba de Aioros no se le quitaba tan fácil ni rápidamente.

—Se podría decir que vengo a ver a una vieja amiga.

En el mismo cementerio había una sección en donde las amazonas enterraban a las suyas a un par de minutos de donde ellos se encontraban, ambos caminaron hasta allá y Shura se impresiono con el espectáculo que tenía delante de sus ojos.

Las tumbas no tenían lapida ni nombre, solo una pequeña roca encima y eso era todo, había cientos de rocas en todo el campo; cientos de jóvenes enterradas ahí seguramente porque no pudieron soportar lo duro del entrenamiento o bien porque murieron en combate, sea como fuere a él le pareció triste ver que la cantidad de tumbas en esa parte superaba en número las que estaban en la sección de hombres.

Vio que Geist caminaba en línea recta sobre la misma fila donde estaba la tumba de Aioros, tan solo conto tres piedras pequeñas de derecha a izquierda y se detuvo, no se había dado cuenta de que ella llevaba un par de flores en las manos que debían de ser de la persona a la que iba a visitar.

Se acerco a ella lentamente y se paró a su lado observando la pequeña piedra pocos centímetros frente a sus pies, Geist se agacho y dejo las flores debajo de la piedra.

—Su nombre era Maya —comenzó a decir con voz melancólica pero que expresaba cierto enojo, como si estuviera enfadada con el muerto bajo la tierra—, nadie sabe cómo murió; algunas amazonas opinan que la asesinó su amante y otras que ella misma se quito la vida. Como sea ella es un ejemplo para nosotras.

— ¿Un ejemplo? —Preguntó Shura sin entender— ¿Era una chica ejemplar, acaso?

—Nada de eso —respondió Geist cortante—. Decimos que es un ejemplo porque ninguna de nosotras debería imitarla. Verás, un hombre la derroto en un combate y le quito la máscara por la fuerza, debido a esto Maya se vio en la necesidad de matarlo ya que es la primera consigna que nos asignó la diosa, como no pudo matarlo por más intentos que hizo no le quedo más remedio que recurrir a la segunda consigna— su tono de voz era neutro, como si fuera un general dando indicaciones a un grupo de soldados.

— ¿La segunda consigna?

—Sí, amarlo. Si no podemos matar al hombre que vio nuestro rostro tenemos que amarlo ciegamente.

—Vaya… —dijo Shura pero en realidad no sabía que decir ante la ley proclamada por la diosa a las amazonas.

—El sujeto que le quito la máscara a Maya decidió tomarla como amante, ella tenía que acudir cada vez que a ese tipo le diera la gana, como ella estaba atada por la segunda consigna no pudo zafarse de él; la trataba horriblemente, Shura. Nosotras no sabemos exactamente lo que le hacía pero Maya volvía al campo de entrenamiento con moretones en los brazos y golpes en su rostro. No había ley a la que ella pudiera apelar para evitar que ese hombre abusara así de ella; al final Maya termino muerta y desde entonces se usa su historia como ejemplo a las aprendices para que tengan cuidado y ningún hombre vea lo que una amazona tiene detrás de la máscara.

El tono de Geist iba en alto como si estuviera furiosa con la joven muerta, Shura la observaba sin saber que decir aquella era una historia cruel sin duda, miro la máscara de Geist largo rato y la tomo con su mano quitándosela, debajo de esta pudo ver el rostro de la joven, tenía los ojos vidriosos y el rostro encendido por el enojo.

Shura observo detenidamente la máscara, jamás se hubiera imaginado todo lo que había detrás de ella y lo que significaba para las amazonas, ciertamente el que vieran su rostro era algo mucho más grave que el que las vieran sin ropa.

—Ahora sé porque estas tan empeñada en matarme —comentó Shura esbozando una ligera sonrisa.

—Es que es más que solo matarte… las leyes que nos han impuesto no son justas, lo que paso con Maya fue horrible y no hubo ley que la protegiera, el tipo que le hizo esto anda libre por el Santuario y Maya yace bajo tierra. Como la joven que tiene que casarse con su violador, ¡¿tú crees que es justo?!

—Tranquilízate, Geist. No grites aquí, además la comparación que estás haciendo es muy extremosa.

— ¡No, no lo es! ¡Esa segunda consigna es exactamente lo mismo, un idiota ve nuestro rostro y nosotras tenemos que amarlo sin siquiera conocerlo y sin ser correspondidas! —Geist volteo la mirada a la tumba— Tal y como me paso en aquella ocasión.

— ¿Qué te ocurrió entonces? —pregunto Shura esperando no ofender a la chica porque le daba la impresión que en cualquier momento querría molerlo a golpes.

—Eso no es de tu incumbencia —respondió cortante y molesta—, el caso es que no recurriré a la segunda consigna, tengo que matarte y eso es lo que haré aunque me hayas salvado la vida, no tengo otra opción. De que me serviría amarte si sé que terminare igual que Maya o peor aún, si sé que terminare igual que la primera vez que alguien vio mi rostro— terminó Geist con gran pesar en su voz.

—A ver, estás dando por sentado que yo soy igual al amante de esa joven muerta e igual a la persona que te lastimo en el pasado, ¿es lo que estas tratando de decir? —Shura estaba molesto, la chica lo estaba juzgando a priori sin darle la oportunidad de defenderse— Geist, ni siquiera me conoces y ya me estas clasificando, ¿y hablas de justicia? A mí no me parece nada justa tu conclusión.

—No tengo forma de pensar lo contrario…

— ¿Qué dices? Pero si te salvé la vida y te curé. ¡En realidad no eres más que una chica malagradecida! —respondió Shura de forma concluyente.

— ¿Qué dices? Oye…

Le entrego la máscara y dio media vuelta para alejarse de ahí, ahora sí que la chica lo había hecho enfadar cuando él solo trataba de ser amable con ella y entablar una conversación normal. Si, lo tenía merecido por tratar de quedar bien con ella.

— ¡No me dejes hablando sola! —Geist caminó rápidamente detrás de él hasta alcanzarlo, no le gustaba dejar los pleitos a medias y tenía que reclamarle por haberla llamado malagradecida— ¡Te estoy hablando!

Ella lo alcanzo y lo tomo del brazo para detenerlo, Shura giro y ambos se vieron de frente.

—No soy malagradecida, Shura. Simplemente que…

—Simplemente estás buscando excusas para quererme matar porque tu orgullo está herido y no sabes lidiar con eso —dijo él secamente pero lo más mordaz que pudo—. No me ames si no quieres, no lo necesito pero haz el favor de parar. ¡Tus desplantes son solo de una niña!

Ella lo soltó y se quedo callada aquellas palabras le dolieron en lo profundo, lo soltó del brazo y volteo la mirada para otro lado. Shura la observo con gravedad, no había medido sus palabras y estas fueron muy hirientes no había querido ofenderla pero tenía que ser claro y detenerla ya que no era justo que ella aun quisiera matarlo luego de haberla salvado.

En ese instante Geist estaba lista para lanzarle un golpe, Shura alcanzo a ver como ella trataba de atacarlo de nuevo, así que la sujeto del brazo y con la otra mano paro el golpe en seco.

—Ya basta Geist, tranquilízate—le dijo suavemente.

Esta vez Geist se sintió derrotada, dejo de pelear y se recargo en el pecho de él, ya llevaba dos intentos de matarlo y estos habían sido infructuosos, ahora estaba en un callejón sin salida donde lo único que le quedaba era apegarse a la segunda consigna. Estaba claro que para Shura aquello eran nimiedades pero para ella era muy importante.

—No me queda más remedio que seguir la segunda consigna —dijo ella de repente en voz baja—, creo que lo único que me queda es amarte, caballero— las lagrimas salían furiosas de sus ojos, no se sentía feliz, se sentía derrotada y sin opciones a las cuales recurrir.

—Vaya manera de decirlo —Shura se sintió como el plato sobrante en una larga mesa sin más opciones para escoger—. Yo no soy como los demás, Geist —suavemente susurró eso en su oído, soltó la mano que tenia sujeta la de ella y la puso sobre su espalda, quizá ese gesto la ayudaría a calmarse—, quizá algún día te des cuenta de ello. Vamos, te llevaré a tu cabaña.

Ella se puso la máscara y lo guio en medio de un silencio incomodo entre ambos. Estaba deprimida como pocas veces en su vida, la derrota y la humillación se sentían como dos grandes piedras sobre su espalda. Shura la observaba en silencio, entendía que se sentía derrotada puesto que él también conocía ese sentimiento y quizá lloraba debajo de la máscara.

Ella lo llevo hasta el límite con el campo de entrenamiento de las amazonas, como Shura ostentaba un rango muy elevado no le estaba prohibida la entrada a esa zona, así la siguió sobre un camino solitario hasta una zona donde había unos cuantos arboles.

La cabaña de Geist se divisaba frente a ellos, sería del tamaño de la habitación de Shura en la decima casa, la encontró interesante y se veía acogedora.

Geist no pensaba en nada y no tenía deseos de seguir en compañía de él, estaba a punto de decirle que se marchara, que ella podía llegar sola a la puerta pero fue tarde porque la puerta estaba justo frente a ella.

—Así que aquí vives —dijo él con normalidad.

—Sí, creo que es mejor que te vayas —indico ella secamente sin mirarlo.

Shura la miro con tristeza, algo le decía que sería un adiós definitivo. Meditó por un momento lo que estaba a punto de hacer y pudiera ser que ella se molestara muchísimo pero se jugaría el todo por el todo.

Se acerco a la joven y con un movimiento rápido le quito la máscara ante la sorpresa de ella quien lo miraba extrañada.

— ¿Qué estás haciendo?

Rápidamente tomo su rostro con ambas manos y la beso profundamente.

Ella no sabía si alejarlo o golpearlo porque aquello la tomo desprevenida, solo sentía el latir de su corazón y el sabor de los labios de aquel hombre que la besaba románticamente. Shura, por su parte, no se arrepentía de haberla besado desprevenida. Pocas veces se había arrepentido de algo y esa no sería la excepción.

Geist dejo de luchar y se dejo llevar, trato de poner sus manos en la espalda de él. Lo que ambos sentían en ese momento era que el mundo a su alrededor desaparecía por completo, como si no hubiera nada más que ellos dos.

Shura la abrazo con fuerza, podía sentir como el corazón de Geist latía con rapidez lo mismo que ella, sentía que el corazón de él estaba a punto de botársele del pecho; ella también trató de abrazarlo pero por primera vez en su vida no sabía cómo reaccionar.

Ese beso y el abrazo habían salido espontáneamente y ambos se quedaron así por un largo rato.

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Continuara…

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*Notas: Aquí está el capitulo tres de esta historia. Me parece que este capítulo me quedo más largo ya que había muchos puntos que tocar. Espero tener el próximo a la brevedad, por cierto muchas gracias por su reviews, me alegra que les esté gustando. :D