Matrimonio equivocado (3/8)

Parejas = Harry/Lucius

Disclaimer =Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

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Lou : Yo también extrañaba andar por acá, ; ) … gracias por pasarte por esta nueva locura… espero que te siga gustando el ff… beshotes

Isabellatrix y Nadie: Ajajajá!!!! Con que Nadia fue la responsable de que ese rubiecito sea tan loquito, ¿eh? Con razón ni opuso resistencia cuando le comenté lo que tenía que hacer aquí y hasta me rogó que lo pusiera con Snape (quién sabe que cosas habrá hecho antes con él, jejejeje) … ya comienza la parte melosa, a ver que opinan ; ) … nos vemos la próxima semana… abrazos y besos a la dos MUAKKKKK

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Capítulo III. El primer beso

Harry estaba muy emocionado. Draco se había comportado tan dulcemente durante todo el día que estaba seguro que esa noche sí dormiría entre sus brazos. Disfrutaron de una larga cabalgata por la propiedad Malfoy y comieron en la casa de unos de sus arrendatarios. Fue un magnífico día y para cuando regresaron a su casa, ya el chico de ojos verdes contaba los minutos para que llegara el momento de retirarse a su habitación. Ahora mismo se vestía para bajar a cenar y lo único que ensombrecía su excitación era la perspectiva de volver a estar cerca de Lucius, pero no tenía otra opción. Él era un auténtico dueño de la casa y no podía dejar de estar presente en la mesa. Le pasó por la mente pedirle a Draco que cenaran en su habitación, pero luego se dijo que eso sería una completa grosería hacia su anfitrión. Así que no teniendo otro remedio, bajó una vez que Colin terminó de arreglarlo. Un atento mayordomo lo condujo directamente a un pequeño estudio que estaba a un lado del comedor y Harry vio que en la habitación sólo se encontraba Lucius. Se sobresaltó ante esto, pero se obligó a caminar hasta el hombre que se esforzó en sonreírle lo más natural que pudo. El hombre rubio tampoco esperaba volver a encontrarse a solas con su yerno y sólo rogaba porque su hijo no tardara en llegar. Ninguno de los dos sabía qué decir y se dedicaron a mirar hacia todas partes menos hacia ellos, pero eso no duró demasiado tiempo.

Lucius fue el primero en capitular y sus ojos grises se deslizaron por el rostro del muchacho al tiempo que trataba de plasmar en la retina sus bellas facciones. Le parecía increíble lo hermoso que era ese juvenil rostro y sin poder evitarlo, su mirada se posó en sus labios. Eran rojos y se notaba que eran muy suaves al tacto y su corazón latió muy rápido al imaginar su sabor. Harry enseguida sintió su minucioso examen, pero no quería mirarlo pues no deseaba volver a sentir ese inquietante sentimiento hacia su suegro, pero también sucumbió a la tentación. Giró la cabeza y tuvo que levantar el rostro porque el hombre era bastante alto y él apenas le llegaba a la altura del hombro. Ambos suspiraron al mismo tiempo cuando sus miradas se encontraron. Lucius se movió muy lentamente hasta el chico de ojos verdes intentando no asustarlo y, como hiciera la noche anterior, lo tomó de los hombros. Sin decir una palabra, lo jaló hacia su cuerpo y Harry posó su cabeza en su pecho. Le emocionó sentir el loco palpitar porque su corazón latía a la misma velocidad que la del rubio. No supo porque eso le dio confianza y le pasó los brazos por la cintura y se apretó aún más a él.

-¡Oh, Harry! ¿Qué es esto? ¿Qué nos pasa? –preguntó Lucius al tiempo que depositaba un beso en la negra cabellera.

-No… lo… sé –le contestó entrecortadamente.

-Eres de mi hijo, lo sé, pero… –volvió a besarlo–. … pero no he podido dejar de pensar en ti ni un solo momento.

-Yo… yo amo… a Draco –se dijo a sí mismo en voz alta para evitar perderse en la mágica sensación de sentirse tan bien en los brazos de su suegro.

-¡Así es! –exclamó Lucius con los dientes apretados y apartó a Harry con brusquedad–. Draco es tu esposo y no volveré a olvidarlo –le dio la espalda–. Te ruego que perdones mi comportamiento. Te juro que no volverá a pasar.

Harry se sintió abandonado cuando Lucius lo alejó de su cuerpo y ya estando a punto de acercársele para que volviera a abrazarlo, la puerta se abrió y apareció Draco.

-Lamento la tardanza –dijo el rubio con una sonrisa y Harry corrió a su encuentro como en la mañana.

Hasta que el chico de ojos verdes ya estaba en los brazos de su esposo, se preguntó cómo demonios había llegado ahí. No recordaba haber recorrido la distancia que los separaba. Además, no era ahí donde quería estar. Necesitaba tener otros brazos alrededor de su cuerpo y volteó a ver a Lucius que tenía en el rostro una expresión insoldable.

-Vayamos a cenar –sugirió Lucius con voz ronca y salió de la habitación con prisas porque había estado a punto de hacer una verdadera tontería.

Se llenó de celos insoportables al ver a Harry en los brazos de su hijo y supo que debía poner distancia antes de que lo golpeara y le arrebatara al chico del cual, debía aceptar, se había enamorado tan desesperadamente.

* * * * * * * * * *

Harry realmente no sabía lo que le estaba pasando. Se sentía inmensamente feliz cada vez que miraba a su esposo y se perdía en su contemplación al tiempo que pensaba que era el más afortunado de los hombres al tenerlo a su lado, pero sólo le bastaba mirar a Lucius para sentir como su corazón se desbocaba sin ninguna posibilidad de mantenerlo bajo control. Así que se encontró en la mesa, acompañado de dos atractivos hombres que despertaban en él muy diferentes emociones. Draco representaba todo lo soñado hasta ahora por él sobre lo que debería ser el amor. Las emociones que sentía al verlo eran muy bellas y tiernas. Le hacían sentir que en su futuro ya no habría problemas porque había encontrado a esa persona con lo que pasaría el resto de su vida. En cambio Lucius despertaba en él un sentimiento mucho más fuerte y poderoso. Lo hacía vibrar por completo cuando le sostenía la mirada y también lo hacía anhelar con fiereza darle ese primer beso que era de Draco por derecho propio. En una ocasión sus manos se tocaron accidentalmente al tratar de tomar el salero al mismo tiempo y Harry sintió como todos los vellos de su piel se erizaban ante ese simple toque. La cena fue una delicia y una tortura de principio a fin y Harry suspiró de alivio cuando Draco se levantó de la mesa. Estaba a punto de seguirlo cuando el rubio lo detuvo.

-No, Harry. Quédate a hacerle compañía a mi papá –le pidió con una tierna sonrisa–. Debo volver a salir y no sé a qué hora volveré.

-¿¡¡¡Qué!!!? –exclamaron perplejos Harry y Lucius al mismo tiempo.

-Volvieron a llamarme de Londres y debo salir para no perder el negocio, padre –le dijo al hombre rubio que lo miraba con los ojos muy abiertos–. Te encargo a Harry, ¿está bien?

Draco se apresuró a depositar un rápido beso en la frente de su esposo antes de salir apresuradamente del comedor para no darle tiempo a su padre de reaccionar.

Lucius estaba paralizado. ¡No! ¿¡Acaso el destino lo estaba castigando!? ¿¡Dónde diablos encontraría la fortaleza para mantener alejadas las manos de su yerno!? Harry se encontraba igual de impactado que el rubio. Nadie tenía que decirle que jamás encontraría las suficientes fuerzas para apartarse del hombre si volvía a abrazarlo y definitivamente sería él quién lo besaría. Su corazón latió más aprisa al saber que sería maravilloso sentir los labios de Lucius sobre los suyos y volteó a verlo para admirar su boca. Lucius también lo miró y tragó saliva al ver que Harry tenía clavada la mirada en sus labios. Cerró los ojos tratando de alejar de su mente la hermosa imagen que se ofrecía ante él. Harry mirando con verdadera hambre sus labios dándole a entender que podía besarlo cuando y cuanto quisiera. Luchó con denuedo contra la enorme tentación de aceptar lo que el joven le estaba ofreciendo y se atrevió a volver a abrirlos cuando supo que el peligro había pasado.

¡Pero cuán equivocado estaba! En cuanto nuevamente tuvo a la vista a Harry, que no había dejado de observarlo, supo que no tenía caso seguir luchando. Deseaba besarlo con tal desesperación que ya le dolía y supo que ni siquiera Draco podría detenerlo en ese momento. Se levantó de la mesa con brusquedad y tomó de la mano a Harry y lo obligó a salir del comedor. El muchacho lo siguió dócilmente y entró con él al despacho en el que habían estado antes de la cena. Lucius cerró la puerta con llave después de comprobar que la habitación estaba vacía y entonces enfrentó a Harry. El muchacho tembló de pies a cabeza al ver la expresión que el rubio llevaba plasmada en el rostro y supo que por fin su deseo de ser besado se convertiría en realidad. Lucius lo sujetó de la cintura y lo acercó a su cuerpo. Se perdió en las profundidades verdes buscando en ellos alguna señal de temor o rechazo, pero no pudo encontrarlas. Eso habría sido lo único que lo haría detenerse, pero como éstas no aparecían, bajó la cabeza para por fin tomar posesión de esa invitante boca.

Harry cerró los ojos un segundo antes de que Lucius cubriera con sus labios los suyos y casi se desmaya de emoción al sentir su suavidad. El primer contacto fue gentil, pero casi enseguida se convirtió en demandante y Harry se aferró a ellos con desesperación. Le pasó los brazos por el cuello a su suegro y se pegó aún más a él. Lucius gimió dentro de la boca de Harry cuando éste lo abrazó e intensificó el beso. Su lengua se abrió paso entre los virginales labios y una frenética búsqueda se inició hasta que su contraparte fue a su encuentro. Ahora fue el turno de Harry de gemir cuando sintió como su lengua se enlazaba con la de Lucius y sintió como la sangre corría por sus venas a gran velocidad. Enseguida supo que a eso se le llamaba que la sangre hervía y que lo que anteriormente sintió en el comedor cuando tocó accidentalmente a Lucius, fue la electricidad que lo recorrió por completo, pero esas sensaciones ya preestablecidas no se comparaban en nada con lo que ahora sentía. Tenía la dolorosa necesidad de estar cada vez más cerca del rubio y por eso se restregó contra su cuerpo y jaló los rubios cabellos tratando de que el beso se incrementara.

-No hagas eso, mi amor –le suplicó Lucius al sentir el vaivén de las caderas del chico–. Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no traspasar mis límites y tú me lo estás haciendo muy difícil al moverte de esa forma.

-Pero es que quiero estar más cerca de ti –le contestó Harry como en trance y siguió restregándose con fuerza contra el rubio.

Lucius tragó saliva antes de hacerlo darse la vuelta y con manos temblorosas le desabrochó el pantalón. Harry gimió de puro gozo cuando su hombría fue liberada y Lucius reclamó sus labios antes de comenzar a masturbarlo. Realmente no se necesitó más que unos cuantos segundos para que Harry estallara en medio de gritos de placer que fueron acallados por la boca del rubio.

-¡¡¡Ahhh!!! Lucius, Lucius, Lucius –repetía Harry aún sintiendo su cuerpo tembloroso.

-Esto no volverá a suceder, Harry –le advirtió al tiempo que lo besaba una y otra vez–. Soy tu suegro y…

-No lo haremos de nuevo –estuvo de acuerdo el chico de ojos verdes, pero le correspondió los besos con frenesí.

-Debo llevarte a tu habitación.

Lucius le acomodó la ropa y lo condujo hasta su cuarto, pero una vez que estuvieron frente a él, el rubio miró hacia ambos lados del pasillo para constatar que no había nadie cerca y se introdujo rápidamente tras Harry. Una vez dentro acorraló al chico en una esquina, le arrancó los pantalones y bebió de su virilidad hasta la saciedad. El joven expulsó su semilla por segunda vez y lo peor de todo es que aún quería más, pero no se atrevía a sugerírselo a Lucius que ya se encontraba listo para marcharse.

Antes de salir, Lucius miró hacia Harry y apenas se contuvo para no volver a su lado y hacerlo suyo por completo. La imagen del chico era simplemente subyugante. Desnudo de la cintura para abajo mostrando su virilidad ya completamente relajada, sus ojos verdes más brillantes que nunca debido al placer obtenido y en su rostro la expresión más tierna del mundo entero.

-Buenas noches, Harry –le dijo Lucius con voz estrangulada.

-Buenas noches, Lucius –le contestó Harry todavía tembloroso.

El rubio salió del cuarto y enseguida los remordimientos se apoderaron de él. Harry era el esposo de su hijo y no tenía ningún derecho de haberlo probado, pero simplemente no pudo evitarlo. Amaba a Harry con toda su alma y sólo le restaba suplicar tener el suficiente valor para soportar ver al chico de ojos verdes en los brazos de Draco.

En la habitación, Harry pensaba algo similar. Se sentía confundido por haber anhelado y permitido que su suegro bebiera de su cuerpo, pero algo muy dentro de él le aseguraba que eso no estaba del todo mal. No sabía porque pensaba eso, pero lo tomaba por real. Draco era su esposo y lo amaba, pero Lucius era algo muy, muy diferente. Se quitó la camisa y se metió a la cama para descansar. Ya mañana sería otro día y tal vez las cosas se aclararían en su mente y en su corazón.

* * * * * * * * * *

Todo el lugar estaba lleno de un olor repugnante, pero Albus Dumbledore no hizo ningún gesto de desagrado. Había visitado esa destartalada cabaña el suficiente tiempo como para haberse acostumbrado a las insalubres condiciones en las que vivía la mujer que ahora visitaba, así que lo único que hizo fue rechazar el café que le ofrecía su anfitriona. Ya en una ocasión había aceptado uno de esos brebajes y eso trajo como consecuencia que le faltara muy poco para morir de disentería. Ambos estaban sentados en dos desvencijadas sillas que se mantenían en pie de puro milagro.

-Mis honorarios han subido, anciano –le dijo la mujer a Albus al tiempo que le mostraba sus maltratados dientes a través de una fea sonrisa.

-No hay problema –aceptó Albus de inmediato–. ¿Cuánto quieres esta vez?

La mujer se quedó pensativa antes de volver a sonreírle macabramente.

-Ya casi se me terminan los gatos y los sapos. Necesitaré que me traigas más antes de la luna llena.

-Cuenta con ellos –le aseguró con serenidad–. ¿Algo más?

-También quiero un chal, pero no cualquiera, ¿eh? –lo señaló con el dedo–. El señor Lestrange acaba de regalarle uno a su esposa –hizo un gesto de ensoñación–. Es de esos que hacen a mano en el continente. Es azul y tiene muchas flores en…

-Olvídalo –la interrumpió el anciano con firmeza–. Si quieres un chal, te daré uno nuevo.

-¡Quiero ése! –rugió la mujer enfadada.

-Pues no te lo conseguiré –la enfrentó sin temor–. No seré cómplice de tus artimañas para sacarles dinero a esos dos.

-¡Es mi dinero! –le refutó todavía más enfadada.

-El que no te hayan pagado no es mi culpa y tendrás que buscar por tus propios medios a que te den lo que deben.

-Entonces no te ayudaré –lo amenazó.

-¿Cuántas veces tenemos que sostener este tipo de conversaciones, Sybill? –le preguntó cansinamente–. Yo siempre he sido cabal contigo y he pagado generosamente todos tus servicios. ¿Entonces por qué me amenazas cuando sabes perfectamente que no haré lo que me pides?

-Porque bien vale hacer el intento –le contestó la mujer otra vez sonriendo–. ¿Podrías conseguírmelo? –preguntó en tono aniñado.

-No –volvió a asegurarle.

-De acuerdo –suspiró enojada–. Cómprame la prenda que quieras menos zapatos.

-Mañana mismo la tendrás –aceptó complacido.

-Ahora dime qué quieres que haga –le preguntó en tono serio.

-Dime lo que ves en esto –y puso ante sus ojos el listón rojo con el que había unido a Harry y a Draco.

-Otro par de idiotas que creen que casándose serán felices por siempre –dijo con sarcasmo–. O al menos uno de ellos lo cree.

-¿Cuál de los dos? –preguntó expectante.

-¿Por qué te emocionas tanto, Albus? –lo miró burlona–. No estoy viendo absolutamente nada sobrenatural en tu prenda. Es obvio que el más joven e inocente de esos dos hombres es el que espera tener una vida llena de felicidad hasta el final de sus días.

-No juegues conmigo, Sybill –le dijo enfadado.

-De acuerdo, de acuerdo –levantó las manos en señal de paz–. Me pondré a trabajar.

La mujer le arrebató la prenda, pero casi de inmediato la aventó lejos de sí y se le quedó viendo con terror.

-¿Qué pasa? –cuestionó Albus sorprendido por su acción.

-¿A… a… quiénes casaste? –le preguntó tartamudeante.

-A Harry Potter y a… a Draco Malfoy –le contestó con un nudo en la garganta.

Un horrible pensamiento dejó al hombre paralizado. ¡No! ¡No podía ser verdad! ¡Estaba seguro de que ya habían acabado con toda esa pesadilla! Albus se levantó de la silla donde estaba sentado y se arrodilló frente a la mujer que no dejaba de mirar el cordón rojo.

-Dime que no es cierto, Sybill –le pidió en un murmullo–. Dime que no es cierto, por favor.

-Tiene su sello, Albus –le contestó ella con voz estrangulada–. Es totalmente inconfundible.

-¡Cielos! ¡No puede ser! –se levantó y comenzó a vagar por toda la habitación lleno de agitación–. ¡Draco! ¡No! ¡No! ¡Cielos! ¡Como pude ser tan ciego! –volvió a arrodillarse frente a la mujer–. ¿Qué tan avanzado está el proceso?

Sybill suspiró profundamente antes de indicarle que recogiera la prenda y se la entregara. La mujer luego la puso en un cántaro bastante sucio y se levantó para buscar algunas cosas en los mugrientos estantes. El tiempo que tardó en preparar una asquerosa poción, le pareció una eternidad al anciano, pero sabía que no debía interrumpirla. Esa mujer era una paria en esa región porque todo el mundo decía que era una bruja y estaban en toda la razón, pero contrariamente a lo que pensaban esas personas, Sybill no trabajaba para hacer el mal. Los más valientes la consultaban para que les dijera el futuro y alguno que otro le pedían que les ayudara a encontrar trabajo. De vez en cuando recibía peticiones de pociones de amor, pero se negaba a hacerlas. A su parecer, el amor debía ganarse a través de acciones y no porque fueran empujados a corresponder a alguien que había sido incapaz de conseguir su estimación. Sybill retiró el cordón del cántaro y cortó uno de los extremos que luego calcinó en su totalidad antes de sumergirlo en la poción que había elaborado. Como ésta estaba en un frasco transparente, ambos vieron como la poción cambiaba de un color a otro con extrema rapidez antes de volverse completamente negro.

-Está terminado por completo, Albus –dijo Sybill con voz quebrada–. Draco Malfoy será un esclavo por el resto de su vida.

-¡No! –exclamó el anciano sintiéndose terriblemente mal por el chico.

Había sido lo suficientemente astuto como para evitar que Severus Snape embrujara a Lucius Malfoy, pero torpemente bajó la guardia y dejó desprotegido al hijo del rubio. Si no hubiera sido tan ególatra se habría dado cuenta que no había acabado con Snape. Ahora veía que se había equivocado y Draco Malfoy pagaba las consecuencias de su estupidez al estar encadenado para siempre a un ser abominable.

-Es mi culpa, Sybill… es mi culpa –gimoteó Albus.

-También es la mía, amigo mío –le contestó ella sintiéndose igual de mal que el anciano–. Ambos sabíamos la clase de adversario que era Snape y nos creímos nuestra victoria, pero él fue más listo que nosotros. Como no pudo someter a Lucius, tuvo que conformarse con Draco. ¡Pobre muchacho!

Albus se quedó pensativo pues las palabras de la mujer hicieron que algo saltara en su interior.

-A Severus no le gusta compartir –comentó sabiendo de pronto que una nueva pesadilla estaba apenas comenzando.

-Tienes razón –aceptó la mujer también pensativa–. ¿Por qué entonces aceptaría que Draco se hubiera casado?

-¿Qué me dices de Harry? –se volvió bruscamente hacia ella.

La bruja volvió a hacer el mismo procedimiento de antes, pero cortó el cordón del extremo contrario. Cuando éste fue sumergido en la poción, se conservó blanca durante un largo instante antes de tornarse exquisitamente rosa, pero por aquí y por allá se veían pequeños globitos aguamarina.

-Es puro e inmaculado como las nieves perpetuas de las montañas y está enamorado… muy enamorado –suspiró profundamente–. Sin embargo, ese amor es completamente falso –miró fijamente al anciano–. Ese chico está bajo la influencia de un filtro de amor.

-¿¡Qué!? –la miró estupefacto.

-Fue obligado a enamorarse y a casarse –asintió con plena seguridad–. Snape es el único capaz, aparte de mí, de hacer este tipo de pociones.

-Si lo que dices es cierto, entonces...

-Snape quería que Draco se casara con Harry. ¿Pero por qué compartirlo con otra persona cuando ya lo tiene rendido a sus pies? –preguntó confundida.

-Snape no quiere a Draco, Sybill. Jamás le ha interesado –dijo con expresión grave–. Ese hombre está enloquecido por Lucius y no descansará hasta que lo obtenga. Draco no es más que un peón en su nueva estrategia para atraparlo y es obvio que Harry también lo es.

-¿Qué demonios estará planeando ese demente? –preguntó estremeciéndose de repulsión.

-No lo sé, pero debemos averiguarlo lo más pronto posible –afirmó con firmeza–. El tiempo ya corre en nuestra contra y si queremos salvar a esos pobres chicos, debemos darnos prisa.

-Draco ya no tiene salvación, Albus –lo miró con fijeza–. Él será para siempre de Snape y debes aceptarlo.

-¡Es que no puedo! ¡No puedo! –protestó con desesperación–. ¡Debe haber una forma de arrebatárselo!

-Sólo hay una y sabes perfectamente cuál es –el hombre gimió de dolor–. La muerte es la única que puede quitárselo a Snape.

-No, no –gimió bajito.

-Tratemos de ayudar a los que sí tienen posibilidades, Albus –lo abrazó para consolarlo–. Lucius y ese jovencito no tienen porque sufrir a causa de ese desquiciado. Averigüemos lo que está planeando Snape antes de que sea demasiado tarde. Sabes que podré detenerlo siempre y cuando sus rituales no hayan sido completados porque si lo hace, ya todo estará perdido.

-Está bien –aceptó el anciano ya derrotado.

Se pusieron a discutir sobre los posibles planes de Severus Snape, pero ni aun cuando estaban más absortos en sus teorías, podían dejar de pensar en Draco y en su terrible destino.

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Hasta pronto!!!!!!!