- Declaro al acusado: ¡culpable!
El juez golpeó con su mállete.
Esas simples palabras bastaron para que empezara a llorar y se sintiera totalmente derrotado.
Izuku Midoriya caía en la desgracia mientras el jurado susurraba en el fondo.
- ¿Cómo pudo matar a su amigo?
- Es increíble que alguien sin particularidad como él hiciera algo así...
- ¿¡Cómo pudiste hacerlo, Midoriya!?- le gritaba la madre de su amigo Daisuke con lágrimas en el rostro -¡Dai te quería como a un hermano!
El pecoso estaba tan devastado que apenas y podía articular palabra.
Izuku miró a su mamá. Ella lo miraba con odio.
Inko Midoriya no podía aceptar el hecho de que su hijo fuera un asesino. Se negaba a aceptar que el chico acusado era su hijo.
Ese desprecio en su rostro le hizo sentir unas desesperadas ganas de hacerle ver que se equivocaba.
- ¡Soy inocente, mamá! - empezó a gritar y a retorcerse cuando un par de policías lo esposaron y levantaron de su lugar.
- ¡Por favor!, ¡te lo suplico!, ¡tienes que creerme!, ¡él era mi único amigo!, ¡yo no lo hice!
Nada de lo que dijera lo iba a salvar.
Antes y durante el juicio había estado sumamente inquieto y nervioso, con pesar pudo responder a las preguntas del juez por lo traumado que estaba y su abogado pareció estar más en su contra que a su favor.
El mundo entero se había puesto en su contra, si Izuku hubiera estado en sus sentidos se hubiera percatado de la sucia jugarreta del juez, los testigos y los abogados.
Como el pobre chico no estaba en sus sentidos, se le declaró culpable de homicidio causado por problemas mentales, era un inculpamiento casi perfecto.
El caso del estudiante sin particularidad que mató a su vecino a sangre fría se hizo muy popular.
Estaba en la primera plana de los periódicos, era la noticia más sonada en la tv y hablaban de ello a reventar en internet.
La identidad de Izuku Midoriya se había hecho del conocimiento público, arruinando la vida de todos sus familiares y hubiera arruinado a sus amigos, si no hubiera sido porque solo tenía uno, y ese mismo es el que supuestamente había matado.
Lo peor de todo es que ni siquiera había tenido tiempo de despedirse de Daisuke, pues había estado muy ocupado cayendo en la desgracia.
Tacharon a Izuku de criminal altamente peligroso considerando que no tenía particularidad y le sumaron los problemas mentales para sostener sus acusaciones, así como el testimonio de Ryuichi y sus dos amigos.
Para el mundo entero, Izuku había cometido dicho crimen.
Mientras era trasladado en una patrulla hacia el reclusorio, se dio un tiempo para tratar de calmarse.
Asimilar todo lo sucedido se sentía como una fuerte golpiza de Ryuichi multiplicada por cien.
- Puedes despedirte del reclusorio de menores - le dijo el policía que lo llevaba hacia la prisión
- ¿Ah?
- Me ordenaron que te llevara a la prisión Fuchu
- ¿N-No es esa la cárcel con mayor seguridad del país?
- Exacto
Si antes estaba hundido en la desgracia, ahora estaría mucho peor.
- ¿Por que me llevan a un lugar así, ¡solo tengo 16 años!
- Ahí hay crimínales de todas las edades, incluso menores que tú
Aunque en un principio parecía que se calmaría, ahora era lo que menos podía hacer.
Comenzó a pensar que probablemente moriría en los próximos días.
Una vez dentro de la cárcel el proceso de introducción inició para el.
Le hicieron preguntas que no pudo responder, le pidieron que se agachara como si hiciera sentadillas para cerciorarse de que no llevara armas, después le hicieron una revisión médica.
Uno cuantos pasos después, ya se encontraba "listo" para ser encarcelado totalmente.
- Aquí tienes - un guardia le entregó un uniforme gris con un cero uno escrito en el lado izquierdo del pecho.
- ¿P-Puedo conservar mis tenis?
- ¿Qué? - el guardia lo miró enojado
Aventó un par de zapatos negros a su cara.
- ¡Deja de preguntar mamadas y lárgate ya!
Tomó los zapatos y se fue.
Ahora le tocaba ir a su celda.
Respiró profundo. Estaba por encontrarse con los peores crimínales del país, sentía que iba a ensuciar sus pantalones en cualquier momento.
Siguió al guardia hacia su futuro hogar.
Al recorrer las celdas de los demás reclusos, todos comenzaban a gritarle cosas. Había tanto relajo que no entendía que decían, aunque así estaba mejor.
- Hogar, dulce hogar - dijo el guardia, indicándole cuál era su celda.
Era un espacio grande y no había nadie más.
"Tengo suerte, voy a estar solo"
Luego de ser empujado hacia dentro por el guardia, se despidió por completo de su libertad.
Observó bien su celda, tenía una litera y un pequeño baño detrás de un corto muro de concreto.
Había una ventana con barrotes, por la cual se podía observar el precioso cielo azul y el soleado día.
Luego se sintió miserable, por lo que no tardó en echarse en su cama a llorar.
"¿Cómo llegue a esto?"
Toda su vida habían frustrado sus sueños y aplastado su felicidad.
Ahora había sido acusado de la muerte de su mejor amigo, aquel crimen quedaría impune, pero ese no era el único problema, pues ahora él pasaría sus dias encerrado y rodeado de crimínales.
- Lo siento mucho Daisuke-san...
Nunca pudo hacer nada por él, en ese momento solo se quedó observando.
Había fracasado en salvar a otros, alguien como él nunca podría ser un verdadero héroe.
Se sentía culpable, como si por su incompetencia y debilidad su amigo hubiera muerto. Para todo el mundo, él ya era un despreciable y asqueroso criminal.
"Una mentira repetida mil veces, se convierte en una verdad... pero esa no es razón para justificar una injusticia"
Aun así, ese pensamiento no podría cambiar las cosas.
-De verdad lo siento... - lloró
Al pensar en Daisuke, llegó a su mente la manera en la que este solía apoyarlo.
Cuando más miserable se sentía, cuando más perdido se encontraba, las palabras de Daisuke Inoue le daban la fuerza que necesitaba y parecía que pese a no tener particularidad, podía enfrentar todas las dificultades con una sonrisa.
Pensó que si Daisuke siguiera vivo, entonces se pondría triste al verlo así.
Si aún estuviera con vida, lo abrazaría y le diría que usara todas sus fuerzas para mantenerse en pie y no rendirse jamás.
Si aquella vez no murió aunque lo intentó, había sido porque se le concedió una segunda oportunidad, así pensaba Dai.
"Está bien, Daisuke-san, sobreviviré aquí, seré fuerte", le dijo a Daisuke, en donde sea que se encontrara.
Levantó su mano y apretó su puño con fuerza.
"Lucharé por mí y por ti, Daisuke.
Se que puedo hacerlo. Saldré adelante"
- Es una promesa.
