CAPITULO 3: TRANSE
Muerte…Aquella viajera incansable me hace sufrir a su antojo para su propia diversión. No sé si estoy muerto, pero lo deseo con toda mi alma, pues una agonía tan larga y dolorosa no es justa para nadie. ¿O será acaso que ya estoy en el infierno?, eso debía ser, ya que aquel fuego incesante debajo de mi piel solo podía ser el resultado de una cruel condena eterna en el averno.
Intente moverme, pero eso solo empeoro la quemazón, que solo hasta entonces descubrí que provenía de mi pecho y se abría paso cual serpiente de fuego en las arenas de mi cuerpo, quemándolo todo a su paso. Grite, ¿Alguien me habrá oído?, no lo sabía.
Sentí el sudor helado recorrer mi cuerpo en llamas y luego más tortura ardiente. Mis gritos, probablemente ignorados, clamaban por la muerte.
Había etapas en las que el dolor me hacía entrar y salir de un estado inconsciente, aunque solo fuesen segundos, ya que el dolor volvía y con interminables momentos de más agonía…
…¿Cuánto tiempo ha pasado?, eso es algo que me gustaría saber, tal vez minutos, horas, días…como fuese, era insoportable que en este estado el tiempo no tuviese un significado concreto.
Había momentos en los que en mi afán de desviar mi mente del dolor intentaba pensar en otras cosas, pero como cada vez fracasaba, lo único que podía recordar era esa extraña noche de mi encuentro con aquellas 3 misteriosas jóvenes. Mientras recordaba esa noche, mi agonía aumento, como si no fuese suficientemente insoportable. Solté un grito desgarrador y me sumí en la inconciencia total deseando no despertar.
Mi estado inconsciente, paradójicamente, me hizo empezar a tomar consciencia de que recuperaba el control de mis extremidades y movimientos, la quemazón disminuyo considerablemente hasta solo alojarse un poco de ella en mi garganta, algo definitivamente más soportable. No me quedaba duda alguna de que estaba muerto, así que pensé que esto podía ser al paraíso.
De pronto abrí los ojos, no sabía en donde estaba, pero definitivamente no era el paraíso…
