Cap. 3

Los primeros latidos.

Sentía punzadas en la espalda a tal punto que se me hacía imposible seguir el ritmo de Driahél por más tiempo, tenía dudas al respecto pero estaba casi seguro que debí dormir en una mala postura o sobre alguna pequeña roca. La primer noche habíamos descansado al intemperie en las llanuras Héctiron, no dejé de sorprenderme de la facilidad que poseía mi compañera para dormir en tan incómodo lugar, al llegar el amanecer partimos siguiendo nuestro rumbo como habíamos acordado pero empezaba a retrasarnos por mi dolor en la espina dorsal. No estoy seguro de porque me urgía llegar de inmediato y, tras cada paso que dábamos, mi corazón se llenaba de malos presentimientos y temía por mi seguridad en las zonas neutras que cruzaríamos.

Mi primo, Sergo, siempre me contaba sus viajes un día después de su llegada a mi hogar, estando bien descansado, y en varias ocasiones, casi todas en realidad, mencionaba su fe ciega ante sus corazonadas para valerse de sus acciones futuras. En mi primer viaje, a los diez años, no comprendía del todo el significado de corazonadas hasta que sentí como mis pulmones se asfixiaban por la presión generada de mis costillas justo antes de ser atacados, mi padre y yo, por un grupo de bandidos en los Montes Aricaox. De ahí en adelante comprendí que mi cuerpo podría mantenerme alertado si conseguía entender su idioma.

Debía mantener la cautela y estar alerta ante cualquier circunstancia fuera de lo normal, algo que no estuviera igual que la última vez que ronde por estos caminos. ¿Mi memoria podría haber guardado con detalle tantos lugares? Esperaba que así fuese, Siempre fui bueno con todo tipo de juegos de memoria y ahora debía poner todo a prueba como si del más importante de los juegos se tratase. Estaba seguro que podría si tan solo…

La vi, la vi por casualidad mientras exploraba el entorno con mis ojos. Mirándome con su expresión más conocida por mí, levantando una ceja y con su rostro en desconcierto, fijaba su mirada en la mía como si estuviera observando una pintura preguntándose de que se tratase… Era hermosa en todas sus formas.

-Pues…Tú… Es que… ¿Por qué me miras? - pregunté tímidamente sin saber realmente que preguntar. Nunca sentí tanto temor en preguntar tal estupidez.

-¡¿yo?! – contestó como si la hubiera tomado por sorpresa. ¿Cómo podía ser así? Me estaba mirando, era imposible tomarla por desprevenida.

-no, le pregunto a nuestro colega imaginario. –Bromeé riéndome suavemente.

-Pido disculpas, Darién. Te vi perdido en tus pensamientos y acabe perdiéndome en los míos.

¿Qué pensaría al verme? Me urgía la duda pero no pude atreverme a preguntar

–Está bien, no importa. – Dije mostrando una sonrisa amigable.

-Dentro de poco llegara la noche, si quieres podríamos descansar para que tu espalda mejore. – Comentó la bella dama a mi lado.

-Estas llanuras han de terminar en unas horas si seguimos este ritmo, Cuando lleguemos a su fin será plena noche y podremos descansar, ocultos, en las grandes rocas que veremos. – Dije en forma neutra.

-¿Ocultos? ¿Aun crees que los guardias te persiguen?

-Después de lo ocurrido con Went prefiero ser precavido. Además, hay algo raro en todo esto, si no logramos robar nada ¿Por qué nos persiguieron y cometieron tales actos barbáricos? –Dije verdaderamente pensativo.

Sentía frío todo mi cuerpo cuando nombraba a Went y recordaba su cuerpo fallecido estacado en la pared de la mansión, me tomaba mucho esfuerzo liberarme del agobiante sufrimiento que ocasionaba aquella imagen. Pensar que mi único amigo ya no se encontraba conmigo para ayudarme y divertirnos era algo que se repetía incansablemente en mi mente sin poder controlarlo. Por alguna razón no pude recuperarme del congelante sentimiento y este se fue haciendo más fuerte a medida que las imágenes aparecían, una y otra vez, en mi cabeza descontrolada e irritada por el dolor en mi espalda.

Caí desplomado en el suelo sin poder hacer o decir algo para evitarlo, el frío se apodero de mi cuerpo a tal punto que deje de sentir mis extremidades y, ya en el suelo, lentamente dejaba de poder usar mis sentidos, no era normal y no tenía ni una sola idea de que sucedía. Era una imagen repetida, podía ver a Driahél acercándose y moviendo los labios agitadamente en un mundo sin sonido… Su rostro me mostraba su preocupación y ello fue lo último que mis ojos enseñaron antes de cerrarse. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Volvería a tener aquel sueño extraño? No, no quería, no debía, no podía…

Abrí los ojos. ¿Dónde estaba? No podía ver horizonte alguno, me encontraba flotando en un espacio blanco sin cielo y tierra, no podía sentir frío, calor, briza... Nada. ¿Sería magia antigua? Y si así fuera ¿Quién era el dueño de esta poderosa e increíble magia que me mantenía apresado en la nada? Pasando unos minutos mi cuerpo se acostumbró a flotar en el espacio, era como estar sumergido en el agua sin miedo de ahogarme, no podía controlar el rumbo que mi cuerpo seguía, si es que realmente me encontraba en movimiento, y solo podía mover lentamente mis extremidades como si una presión intentara impedirlo.

-¡Hola…Hola… ¿Hola?! – Grite desaforadamente sin recibir respuesta alguna además del eco que mis palabras generaban. Si realmente estaba en la nada ¿Por qué había eco? ¿Qué debía hacer para salir de ahí? y ¿Cuánto tiempo llevaría flotando?

-Darién. – Dijo una voz femenina que retumbo en todo el lugar generando eco.

Observe en todas direcciones pero parecía estar solo en la prisión blanca. –Darién. – La voz se repetía una y otra vez y mil veces más por el eco. Estaba solo. ¿Quién decía mi nombro sin parar? ¿A caso era Driahél? Era imposible saberlo, aquella voz se distorsionaba y a duras penas lograba saber que de una mujer se trataba. Debía poner la mente serena y en blanco, de nada serviría estar nervioso.

Mi madre le pedía a menudo a Walter, mi padre, que ponga su mente serena cuando las cosas andaban mal en la granja, según ella cuando uno está sereno y en calma puede pensar con claridad y ver cosas que no se perciben a simple vista. Nunca me había funcionado y, por lo vivido, a mi padre tampoco.

Cerré los ojos e intente, al igual que mi prisión, dejar la mente en blanco y lentamente los pensamientos que divagaban por mi cabeza fueron desapareciendo sin dejar rastro de alguna existencia y seguido a ellos mi cuerpo empezó a sentirse ligero como si perdiera peso rápidamente. Sentía paz y tranquilidad, era agradable, podía contemplar la serenidad que fluía en aquella extraña prisión cuando de repente, interrumpiendo el silencio, sentí una presencia rondando cerca de mí. ¿De quién se podría tratar? Abrí los ojos e intente dirigir la mirada donde creía que estaba esta presencia y lo vi, ahora podía verlo como si hubiera estado siempre ante mis ojos ciegos por el estrés.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres? – Pregunte dirigiéndome al ser de aspecto sombrío delante de mí. Su cuerpo estaba a cubierto en las penumbras, pero noté que era alto y corpulento para ser humano, y si lo miraba con mayor precisión podía notar que su cuerpo era color negro azabache con un par de cuernos, de 10 centímetros, supongo, sobresalientes de su frente y una extensa cola de lagarto de la misma tonalidad.

La criatura no me contestaba e incluso se le veía firme como una estatua de piedra, no movía ni un solo musculo de su cuerpo, parecía pintada como el entorno en el que me encontraba atrapado la última vez.

-Contesta, a ti te hablo. – declaré en tono agresivo sin recibir respuesta alguna por el ser frente a mí.

No había prestado atención hasta que fue notorio, mi corazón latía rápido a tal punto que creí que saldría disparado de mi pecho partiendo mis costillas en mil partes. ¿Sería la desesperación o simplemente me encontraba emocionado por ver algo tan extraño como este ser mágico?

-¡Darién! – la voz femenina nunca dejó de llamarme pero la había ignorado desde que decidí serenarme.

Mi corazón no podía seguir retenido en mi pecho, quemaban sus latidos y empezaba a molestarme. Cuando mi cuerpo no pudo aguantar más la presión y ardor de mi corazón creí que moriría, mi visión se nublo y perdí el control de mi cuerpo, lo único que podía escuchar era aquella voz llamándome una y otra vez hasta que me deje vencer por el cansancio.

Cuando recuperé el conocimiento, estaba todo a oscuras, tenía la misma sensación que en la prisión blanca pero en esta ocasión me sentía más a gusto. La voz seguía llamándome sin cesar y lograba escuchar de dónde provenía, no podía verla pero si seguirla, avancé en, según mi parecer, línea recta hacia la voz. A medida que me acercaba, lograba sentir los latidos de mi corazón, estos ya no ardían ni eran brutales, debía de significar algo pero… ¿Qué?

Pude descubrir la ubicación exacta de la voz y me dirigí a ella sin pensarlo. Al llegar al punto exacto del cual provenía, como si fuera algo mágico, perdí nuevamente el conocimiento. Esta vez fue algo casi instantáneo, como un abrir y cerrar de ojos.