Capitulo 3: Reencuentro

Durante el traslado en taxi Hinata procuró echar mano de toda la serenidad que era poseedora, preparándose mentalmente para la inminente confrontación que tendría lugar dentro de unos minutos, en su larga meditación, se dedicó a revalorar los pros y los contras de aquel viaje, intrigada de sobre manera ante la tremenda insistencia de su padre para que lo visitara, no era nada común en él mostrar tanto ímpetu por algo.

Perdió la vista en el exterior de la ventanilla, sin ver nada en realidad, poca atención prestaba a los grandes edificios, la multitud de personas que transitaba en las aceras ó el terrible tráfico, sus pensamientos se encauzaron en ensayar las palabras que emplearía cuando estuviera frente a frente con su otousan, tres años habían transcurrido ya desde aquel día en que se despidiera de él y su hermana en el aeropuerto de Tokio, y tres años desde la última vez que cruzaran alguna palabra, hasta ahora todas sus conversaciones habían sido por intercesión de su tío.

Muchos aspectos en su vida habían cambiado desde entonces, eso incluía tanto los aspectos sociales, sentimentales y físicos, su vida ya no estaba llena de lujos, sufrió la decepción del primer amor y atrás había quedado la escuálida chiquilla de aspecto desgarbado y retraída actitud.

Fue hasta casi los catorce años cuando las formas de su cuerpo se dignaron a desarrollarse, creciendo casi tres palmos de su estatura y adquiriendo las medidas exuberantes de ahora, había dejado crecer su cabello, en el pasado quedó el tradicional corte de infante al que estaba acostumbrada desde que tenía uso de razón.

Su ropa era lo único que quizás no podía superar, largas faldas y amplios sweater conformaban la mayor parte de su guardarropa. Junto con el desarrollo vino la cohibición sobre su cuerpo, se sentía insegura, consciente de que su físico atraía muchas miradas indeseables, toda su vida le había gustado pasar desapercibida, más cuando su sostén tuvo que aumentar a 36-B, supo que era tiempo de hacerse invisible y la mejor forma que encontró fue refugiarse tras las holgadas prendas que solía vestir, eso disimulaba su torneado cuerpo de los ojos no gratos.

Muchas veces su tía Keiko e Ino-chan ––su mejor amiga–– la instaron a usar atuendos más favorecedores, ella se negó tajante, se sentía bien consigo misma tal como estaba y para ella eso era suficiente, nunca le había importado realmente su apariencia, mientras pasara desapercibida se daba por satisfecha.

Cuando el taxi finalmente se detuvo y confirmó la dirección, se encontró frente a un grandísimo y sofisticado edificio, le tomó unos segundos reaccionar y comprender que había llegado a su destino, aunque quisiera, no podría postergarlo por más tiempo, la hora de la verdad había llegado.

Llenó profundamente sus pulmones con aire y bajó del taxi, no tenía caso seguir angustiándose, pasaría lo que tendría que pasar, con ayuda del chófer bajó las maletas, pagó sus servicios y con andar levemente titubeante caminó de frente, hasta la entrada principal, luego de aclarar algunas cosas con el portero, atravesó el vestíbulo a paso militar, con una maleta en el hombro y la otra arrastrando tras ella. Al llegar al ascensor, dudosa, pulsó el botón que la llevaría hasta el penthouse, donde se encontraba la actual residencia de Hyuuga Hiashi, genial ––pensó irónica–– lo único que le faltaba para rematar era que su padre viviera en el último piso de ese altísimo edificio.

El ascensor estaba vacío, no hizo una sola parada en todo el trayecto, cuando la campanilla anunció el fin del recorrido, el corazón de Hinata dio un vuelco asustado, sus pasos se volvieron tambaleantes y la respiración se le entrecortó. Cruzó el largo corredor, no hubo pierde, a parte de las escaleras de emergencia, no había más que una puerta, al parecer toda la planta le pertenecía a su otousan. Aparentando una calma que no sentía, se situó frente a la gran puerta principal, de un sobrio color blanco.

Con el corazón a punto de estallar en su pecho, tocó el timbre, no tardó en obtener respuesta del otro lado y cuando la puerta se abrió, ante ella apareció una dulce anciana que Hinata conocía desde su nacimiento.

- Konichiwa obaachan… – enorme sorpresa se reflejó en los rasgados ojos de la mujer adulta, quedando sin habla por unos segundos.

- Hinata-sama… – articuló al fin, en los cansados ojos castaños de la mujer apareció un brillo especial, mezcla de ternura y profundo afecto, le costó un poco reconocerla, ya no quedaba nada de la pequeña niña a quien alguna vez tuvo bajo su cargo.

Separarse de ella fue una dura decisión, la más difícil de su vida, en ese entonces Hanabi-sama necesitaba de todos sus cuidados, pero confió en que Hyuuga Keiko haría un estupendo trabajo en su crianza, no se equivocó, su acierto salía a relucir a primera vista. Si bien por sus manos había recaído el cuidado de muchos Hyuuga a lo largo de sus sesenta años de servicio a la familia, Hinata se ganó el puesto más especial de todos.

- Obaachan te extrañé tanto – sin importarle los formalismos, Hinata abrazó conmovida a la pequeña y frágil anciana, aliviada y feliz de ser recibida precisamente por ella, la mujer que representó su mayor apoyo a la muerte de su madre.

Con igual entusiasmo, Umiko correspondió el abrazo, la última vez que se vieron la heredera Hyuuga era una chiquilla que no rebasaba su estatura, en cambio, la persona que tenía frente a sí, ya era una joven mujer, el talante infantil casi habían desaparecido de sus refinadas facciones, dejando en evidencia los que serían sus rasgos definitivos.

Aún conmovida, Umiko se apartó de su querida Hinata-sama, limpiando disimuladamente una furtiva lagrima que escapó por la emoción, al recobrar la compostura prestó mayor atención en la fisionomía de la joven, la anciana no pasó por alto el enorme parecido que Hinata compartía con su madre, prácticamente era una versión de Hyuuga Mizuho a esa edad, tuvo un mal presentimiento al respecto, su experimentado corazón le advertía sobre las inminentes consecuencias que generaría dicho parecido, no estaba segura de que Hiashi lo tomara muy bien.

La anciana, ataviada a la usanza tradicional japonesa –– vestimenta que se había negado a dejar a pesar de vivir en un país ignorante a sus costumbres–– la acompañó al interior, ordenando a una de las sirvientas que llevará el equipaje de la joven a su habitación ya dispuesta, se despidió de Hinata con una respetuosa reverencia y fue tras la mucama para supervisar que ordenara las cosas como era debido, dejándola a solas para que pudiera familiarizarse con su nuevo hogar.

Hinata siguió con la vista a su obaachan, perdiéndola al final de las escaleras con baranda de hierro forjado, que se extendía hasta un segundo piso, al verse sola le fue imposible reprimir el impulso de explorar el ostentoso lugar.

Con el gesto de una pequeña niña en una dulcería, cautelosa, se introdujo en aquel desconocido mundo, el recibidor daba a un amplio espacio de techo alto, inspeccionó todos los aspectos, una exquisita decoración adornaba cada rincón del lugar, desde las pinturas en las paredes color sepia, hasta los sobrios sillones estilo victoriano que descansaban en la sala , sus pasos fueron amortiguados por suaves alfombras persas que recubrían los relucientes pisos de madera pulida, arreglos de rosas estaban puestos en varias mesas de madera tallada, armonizando el ambiente.

La luz entraba naturalmente por dos grandes ventanales que daban a una pequeña terraza, no puso mucha atención en ese espacio en particular, dado su natural miedo a las alturas.

Así fue que siguió el recorrido, traspasando unas puertas corredizas que la llevaron al suntuoso comedor para doce personas. El patrón de decoración seguía el del resto de la casa, paredes de color grana, sillas de asiento tapizado en estampados florales en hilos dorados, con respaldos tallados en formas curvas, dispuestas alrededor de una mesa rectangular de caoba maciza, en medio de la cual había un bello arreglo de rosas salmón, que a su vez estaba rodeada por dos candelabros de plata labrada, más al fondo, había un aparador adornado con dos lámparas y un reloj antiguo en el medio.

El comedor conectaba con la cocina a través de una puerta, para su sorpresa, la cocina resultó ser de estilo moderno, el piso de madera era el mismo, pero el mobiliario daba un giro completo, tanto las repisas, como los gabinetes y los electrodomésticos eran de color negro, con acabados de acero inoxidable y paredes en blanco mate.

Caminó por la cocina, reconociendo el que hasta ahora figuró como su lugar favorito, ahí había todo lo necesario para preparar un banquete. Mientras su atención se centraba en el gran horno de la estufa –– su mente ya maquinaba la posibilidad de hacer un pastel blanco con fresas y chocolate, claro, si es que su padre no seguía con esa política absurda de que solo los sirvientes pueden realizar actividades domesticas –– fue asaltada inesperadamente por una autoritaria voz a sus espaldas.

- ¿Quién eres? – Hinata respingó asustada, volviéndose al acto para verla, su inglés no era perfecto, pero podía entenderlo con fluidez, frente a ella estaba una bellísima mujer de mediana edad, emperifollada en ropas de diseñador y con el digno aire de una emperatriz.

Hinata enmudeció por unos momentos, la había tomado tan de sorpresa que de pronto no supo qué responderle, su simple presencia se imponía, de tez blanca y ojos grises, coronada por una melena azabache de corte asimétrico, vestía una blusa de seda blanca con un prominente escote en "v" y mangas cortas en globo, una entallada falda negra de cintura alta, marcada por dos cintos angostos de piel de lagarto, zapatos de punta y taco alto que estilizaban su figura, complementando el atuendo con accesorios que si bien resaltaban, no eran necesariamente sobrecargados.

- ¿Me estás escuchando? – desconcertada, sólo atinó a asentir con la cabeza, esa contundente seguridad impresa en cada uno de sus gestos y movimientos la avasalló, lo único que el cerebro de Hinata pudo procesar fue el ¿quién sería para mostrar tanta autoridad? – ¿eres la nueva? – prosiguió la mujer de glamurosa apariencia, ¿nueva?, no comprendió el sentido de sus palabras – pero anda niña, no seas tan lenta, responde sencillamente con un si ó no – la mujer pareció impacientarse, se cruzó de brazos y la miró más fijamente, pero a Hinata no le salían las palabras, supuso que la intimidante imagen que proyectaba contribuía a su mutismo actual – no sé por qué continuó dejando que Umiko siga contratando a la servidumbre… – dio por hecho al ver la desaliñada vestimenta de Hinata, una blusa blanca de cuello bordeado en encaje, bajo un holgado sweater de color lavanda, complementado por una amplia falda negra que le llegaba una cuarta por debajo de las rodillas y para rematar el conjunto, unas botas negras de agujetas, el cuadro completo de algo que podría considerar un crimen al buen gusto, siendo editora de una de las más prestigiosas revistas de moda en el país, no podía pasar por alto semejante aberración.

- Yo… – balbuceó Hinata en un nuevo intento por sobreponerse al inesperado encuentro, gracias a Kami no tardó en ser rescatada por la voz salvadora de su obaachan.

- Hinata-sama, su habitación ya está lista – la mujer se dio la vuelta y vio a Kumiko, para posteriormente ver de pies a cabeza y con ojos casi desorbitados a la Hyuuga, dándose cuenta de la gran imprudencia que acababa de cometer, lo que menos quería Mariko en esos momentos era ganarse el odio de la principal heredera de los Hyuuga, suficiente tenía con el menosprecio de su hermana menor.

- ¿T-tú eres Hinata? – aunque nacida en América, siendo de madre japonesa, Mariko hablaba el idioma, y así se dirigió a Hinata, por primera vez titubeó, inclusive a la Hyuuga le pareció que se había puesto pálida después de que Umiko-obaachan hubiese pronunciado su nombre.

- Hai… – asintió ella con simpleza, recuperada ya del momentáneo ataque de pánico, e hizo una cordial reverencia antes de despedirse – co-con su permiso me retiro.

- Si… nos veremos en la cena… – acotó Mariko sintiendo que le venía una jaqueca; no fue precisamente lo que planeó pasará en su primer encuentro, y para colmo, le había dicho a Hiashi que personalmente se encargaría de recogerla en el aeropuerto, cosa que olvidó por completo al salirle una reunión de último minuto, en instantes su situación se había puesto de cabeza, debía arreglar las cosas con esa niña antes de que se cerrara tal y como lo hizo su hermana menor.

Mientras la veía salir de la cocina, una estupenda idea comenzó a materializarse en su cabeza, teniendo una noción más o menos exacta de cómo ganársela, sonrió confiada, en lo poco que pudo tratarla no pasó por alto el hecho de que Hinata no era tan soberbia como el monstruo de su hermana, su carácter le pareció más bien dócil y hasta sumiso, eso último fue lo que le dio la certeza de éxito en su próxima empresa.

- - -

Umiko se encargó de guiar a su joven ama, conduciéndola por las escaleras que daban a la segunda planta, en el transcurso, Hinata no pudo menos que preguntar sobre la identidad de la distinguida mujer, suponiendo por anticipado que sería alguna socia de su padre.

- ¿Obaachan? – algo que no cambió en esos años, fue el quedo tono de su agradable voz y la familiaridad con la que se dirigía a la venerable mujer – ¿quién era esa persona?

- Es Mariko-sama – al caminar delante de ella y darle la espalda, Hinata no pudo apreciar cómo la afable fisionomía de la anciana se tornó seria – su otousan se encargará de presentársela más tarde – al llegar al final de las escaleras, cruzaron por un amplio pasillo, que ostentaba la misma decoración que el resto del departamento, la habitación de Hinata se encontraba en el fondo del corredor.

Cuando Umiko abrió la puerta, Hinata quedó sorprendida, la habitación le fascinó, estaba pintada en colores suaves, la estudió a detalle, en el centro y al fondo, estaba situada una enorme cama con cabecero de madera, enfundada en un edredón rayado en purpura y blanco con cojines a juego, a los lados de la cama un par de mesas de noche y al frente un diván, en el costado opuesto a la puerta principal tenía una cómoda de madera, sobre la cual pendía un gran espejo labrado.

Debía darle crédito a su padre o mejor dicho a su obaachan, quien seguramente era la responsable de ambientar el lugar, a comparación de ésta, su habitación en la casa de sus tíos era insignificante, quizás lo único que no le cuadró en el diseño, fue el enorme ventanal que cubría casi una pared completa, tendría que vivir sin la luz del día, no estaba dispuesta a abrir las cortinas si no era absolutamente necesario, se dirigió a una puerta que daba a un espacioso armario, ahí ya se encontraban acomodadas cada una de sus prendas.

- No tenías por qué molestarte obaachan – reprochó, no obstante la anciana le sonrió dulcemente.

- Para mí es un placer servirle Hinata-sama – y era sincera, en realidad, nadie en esa casa veía a Umiko como una sirvienta, incluso para Hiashi la digna anciana era una verdadera madre, ella ayudó a traerlo al mundo, al igual que a la joven que tenía al frente, por sus manos había pasado el cuidado de tres generaciones de Hyuugas y ella esperaba tener el suficiente vigor para cuidar de una cuarta, tenía setenta y cinco años y desde los trece estaba al servicio de la familia, cuando ganó la confianza absoluta del bisabuelo Hyuuga, obtuvo el puesto que llevaba a cuestas desde hacía cinco décadas, convirtiéndose en la fiel ama de llaves de la familia principal.

- Arigatou… – se abochornó levemente, ya se había desacostumbrado a esa clase de atenciones, en la casa de Hizashi, tanto Neji como ella se encargaban de realizar varías labores, ayudando a tía Keiko ya fuera a lavar los platos, hacer la comida de vez en cuando, asear las habitaciones, realizar las compras, entre otras tareas domesticas.

- Si se le ofrece otra cosa, no dude en usar el intercomunicador, Hiashi-sama y Hanabi-sama regresarán a las seis treinta, la cena se sirve a las siete, puede aprovechar el tiempo que falta para descansar… – Umiko le hizo un rápido repaso, de tal forma que su ama estuviera preparada, ella mejor que nadie sabía el tremendo conflicto que vaticinaba el poner a Hinata y a su padre en la misma habitación, sobre todo al reencontrarse luego de tanto tiempo.

- De acuerdo, a las siete en punto estaré en el comedor… – le dedicó una última sonrisa a la bondadosa mujer, Umiko realizó una respetuosa reverencia antes de marcharse y salió definitivamente de su habitación.

Hinata se dejó caer pesadamente sobre la cama, hundiéndose en el mullido edredón, estaba cansada, pero decidió que lo mejor era tomar un baño antes que nada, aún quedaban tres horas para las siete y tenía el tiempo justo para relajarse antes de enfrentar la dura prueba que le esperaba.

Con pesar, dejó la comodidad de la cama y se dirigió de nueva cuenta al armario, le costó unos minutos escoger la ropa que se pondría, debía lucir impecable, sin embargo, dadas las deprimentes prendas que había en su guardarropa, dudaba siquiera obtener un comentario favorable.

Suspiró derrotada y tomó un sweater azul marino (prenda que tenía en todos los colores), una blusa blanca y unos vaqueros negros, no tenía caso esmerarse, sabía que recibiría la misma respuesta de siempre «eres un desastre», acomodó la ropa sobre la cama y con desgano se dirigió al cuarto de baño, que al igual que todo en ese departamento, tenía un suntuoso diseño en mármol.

Se desvistió con lentitud, dejando la ropa sucia dentro de una cesta de mimbre, se miró por un momento en el espejo que había sobre el lavabo, de entre las capas de ropa había surgido un esbelto cuerpo de torneadas proporciones, cohibida al verse a sí misma desnuda, prontamente se dirigió a la ducha, un lugar que estaba apartado del resto del baño por una mampara de vidrio ahumado.

Se sumergió en el agua caliente por un buen rato, destensando los agarrotados músculos de su espalda, resentía el cansado viaje en el que permaneció trece horas sentada y con el alma en un hilo por el estrés. Al ritmo del agua que caía copiosa, inconscientemente comenzó a tararear una alegre melodía, su dulce voz sobresalió a medida que tomaba confianza, entonando una canción que su madre solía cantarle cuando era pequeña.

Hinata era tan tímida que pocas personas conocían la maravillosa voz de la que era poseedora, se dejó llevar y prosiguió la canción incluso luego de dejar la ducha, tomó una bata que estaba dispuesta a un lado de la ducha y envolvió su largo cabello en una gran toalla, más fresca, se dirigió a la salida. Su canto se detuvo de golpe al cruzar el umbral de la puerta del cuarto de baño, en el diván frente a su cama, yacía sentada la misma mujer que hubiese conocido unos minutos atrás.

- Por favor, no te detengas, tu voz es hermosa… – dijo Mariko cuando paró de cantar, la niña estaba evidentemente desconcertada por la intromisión de quién aún consideraba una extraña.

- ¿Qué hace aquí? – a diferencia de la vez anterior, Hinata pudo pronunciar una oración de corrido, intrigada por la presencia de la misteriosa mujer.

- Yo sólo viene a traerte eso… – señaló un entallado vestido negro hasta media rodilla, de escote recto, con mangas cortas y ceñido por un cinto ancho de color rojo, cuidadosamente acomodado sobre una silla – sé que fui muy grosera contigo y quise disculparme.

- No tiene por qué hacerlo – murmuro desconfiada, Mariko, al advertir la recelosa actitud, se puso en pie y dirigió confiada sus pasos hacia dónde ella se encontraba.

- Pero quiero hacerlo, de verdad me gustaría que fuéramos amigas Hinata… – la aludida no acababa de entender a qué venía tanta amabilidad, si minutos atrás incluso le dio la impresión de no ser más que una cucaracha a punto de ser aplastada.

- De-de acuerdo… – no parecía muy convencida, pero igual y no le pareció que tuviera malas intenciones.

- Que bien… – aplaudió emocionada al obtener una respuesta tan favorable – ¿por qué no te pruebas el vestido? – insistió con la misma emoción de antes – seguro se verá fabuloso en ti.

- Yo… de acuerdo – balbuceó todavía desubicada, más no quiso ser descortés, tomó la prenda que reposaba sobre la silla y se dirigió al armario que igualmente fungía como vestidor.

Mariko aguardó impaciente a que saliera, ostentando una sonrisa triunfal, esa que se instauraba en sus labios siempre que todo resultaba de acuerdo a su voluntad. Aunque caprichosa para algunos y despiadada para otros, Mariko era una sagaz mujer, a sus treinta y cinco años era la cabeza de top fashion magazine, la revista más prestigiada sobre moda en el país, ella marcaba tendencias y tenía comiendo de la mano tanto a los diseñadores, como a los dueños de las franquicias más importantes en todo lo referente al tema, en sus páginas habían posada las modelos más importantes del mundo, quizás fue su aguda inteligencia lo que llamó la atención de Hiashi, Hinata aún no sabía nada al respecto, no obstante esperaba que su benigna reacción resultara un buen augurio sobre la inminente verdad que estaba por afrontar.

Cuando la vio salir, la sorpresa de Mariko no pudo ser mayor, el vestido no sólo le quedaba bien, sino que dejaba al descubierto la envidiable figura de la joven sin revelar demasiado, dándole un particular toque de distinción, viéndola detenidamente, la primogénita de Hiashi era hermosa, antes no había prestado atención a sus características físicas, la holgura de sus prendas eclipsó su atención.

Se sonrió de manera extraña, independientemente de sus planes, en ese momento tomó la firme determinación de que por los próximos dos meses, tomaría a la chica bajo su tutela, ya se encargaría ella de convertirla en todo un miembro de las altas esferas sociales neoyorquinas, le bastó hacer de lado los prejuicios para ver el enorme potencial de ésta, los elegantes modales y delicados movimientos la delataban, sólo había que darle un pequeño empujoncito y mostrarle el maravilloso mundo de la alta costura para completar la estampa.

- ¡Te ves encantadora…! – Hinata se abochornó cuando el desmedido entusiasmo de ella volvió a hacer su aparición – no creí que te quedara tan bien, pero parece que acerté en la talla… – la observó con detenimiento, inspeccionando cada aspecto concienzuda – ahora sólo me haré cargo de tu cabello, un poco de maquillaje, conseguir unos zapatos adecuados y listo, te veras como una princesa.

- En… en realidad yo pensaba ponerme otra cosa para la cena – admitió avergonzada, dirigiendo una fugaz mirada a las prendas sobre su cama, Mariko le siguió la vista y pareció escandalizada con la elección, algo le decía a Hinata que no iba a poder negarse, sobre todo al ver su cara de espanto no disimulado – de-demo, supongo que igual puedo ponérmelo en otra ocasión…

- Que lastima, seguro que Hiashi hubiese quedado tan deslumbrado como yo al verte… – no prestó atención a la forma tan familiar en la que Mariko acababa de llamar a su padre, lo que realmente llamó su interés era la última parte, en donde Hiashi quedaba deslumbrado al verla.

- Supongo que estará bien si lo uso esta noche… – para el beneplácito de la ojigris, ella accedió, lo que vino después fue una sesión intensiva en la que la propia Mariko se encargó de arreglarla, dos horas después una nueva Hinata había nacido, su cabello fue arreglado como nunca antes, peinada de lado, unos rulos caían graciosamente por su espalda, así mismo usaba por primera vez en su vida maquillaje, y unos zapatos rojos de tacón bajo complementaban el vestuario, sin pasar por alto los rigurosos accesorios, unos aretes discretos y una pulsera rojo quemado, que le cubría por completo la muñeca.

Orgullosa de su creación, Mariko la dejó verse al espejo, Hinata quedó sin habla, no pudo reconocer a la hermosa joven que se reflejaba en él, no sólo se veía, sino que también se sentía bonita, algo que no le ocurría desde que su madre viviera.

En agradecimiento, la joven le dedicó una feliz sonrisa a la responsable del extraordinario cambio, Mariko quedó tan conforme como ella y en un impulso la tomó de la mano, conduciéndola al exterior de la habitación.

- Me muero por ver la cara que Hiashi pondrá – afianzada a su brazo, la condujo hasta las escaleras principales, Hinata agradecía las atenciones de Mariko, no así, seguía intrigada sobre su identidad, especialmente por el papel qué jugaba en la vida de su otousan al tomarse tantas atribuciones.

Hinata descendió por la escalera con innata distinción, el verse bien le hacía sentirse más segura de lo normal, sus movimientos resultaban suaves y femeninos, Mariko no perdió detalle, mientras hablaban, evaluaba su comportamiento, obviamente tendrían que trabajar en su autoestima, no así, se sintió emocionada, con cada minuto transcurrido le quedaban menos dudas sobre tomar bajo su tutela a la niña, decisión que dependería directamente de la reacción que adoptara en la cena, cuando Hiashi le diera la noticia.

No acostumbraba recibir cumplidos, agobiada, la Hyuuga apartó la vista de su acompañante por un segundo, las elocuentes palabras de Mariko-san la estaban haciendo sentir incomoda, pero a penas sus ojos se posaron en el frente, sus pies se detuvieron sin que ella se los ordenara.

Por fin estaban frente a frente, Hinata trató de dominar los nervios, sosteniendo la fría mirada de su padre tanto como pudo, incapaz de moverse, puesto que Hiashi la escudriñaba con mayor interés del habitual, obligando a Hinata aferrarse a la baranda de la escalera para no perder el equilibrio.

Pese a su impasible semblante, Hiashi no daba crédito a lo que veía, por un instante creyó estar viendo a Mizuho, su querida esposa, Hinata heredó la fisionomía su madre, se veía radiante, nada quedaba de la desgarbada niña que dejó tres años atrás en el aeropuerto de Tokio, habría que ver si el radical cambio sólo era exterior ó seguía siendo la débil persona de siempre.

- Buenas tardes otousan… – hizo una respetuosa reverencia hacia su padre, quien le devolvió el gesto con un leve movimiento de cabeza, quedó conforme, actuó correctamente y sin mostrar signos de titubeo, un punto favorable.

- Oneesan… – tras él apareció la menor de los Hyuuga, ésta se mostró abiertamente sorprendida, los recuerdos sobre su hermana mayor eran difusos, más allá de la latente rivalidad entre ambas, Hanabi no convivió mucho con su hermana, en su afanada carrera por superarla hizo de lado algo primordial, el amor fraterno que por sobre todo debía profesarle.

- Hola imouto, ha pasado mucho tiempo… – le devolvió el seco saludo con una cordial sonrisa, las facciones de Hanabi no había cambiado realmente, de ojos perlados igual a los suyos, aunque con un gesto más adusto, largo cabello castaño y piel cobriza, el único cambio notorio fue el de su estatura, unos centímetros más alta de lo que Hinata recordaba, prestó especial atención en el uniforme que llevaba puesto, se suponía que para entonces ella también debería estar de vacaciones.

- La cena está lista… – intervino finalmente Umiko, rompiendo con la extraña atmósfera que se había formado en torno a la recién llegada, igualmente se impresionó al ver el radical cambio que Hinata había sufrido en apenas horas, nada quedaba de la desaliñada joven que hubiera encontrado en su puerta, lo que supuso era obra de Mariko-sama, le constaba que ella no era mala persona, pero continuamente sucumbía a la arrogancia de su estatus y todo le daba a entender que ya había puesto la mira en Hinata.

Encabezados por Hiashi, se dirigieron al comedor, siendo mayor, Hinata tomó el puesto que habitualmente ocupaba Hanabi, al lado derecho de su padre, situación que agregó más tensión al ambiente, Hanabi lo vio como una seria amenaza y durante el resto de la velada no disimuló el recelo que le profería a la mayor.

Mientras Umiko-obachan disponía la cena, Hiashi pronunció cuatro palabras que durante años a Hinata no le habían presagiado más que desgracias «Hinata, tenemos que hablar» su padre no dio más vueltas al asunto, consideró que era momento de abordar la razón primordial por la que la había mandado llamar.

Continuará…


(Dudas, sugerencias, felicitaciones y jitomatazos, favor de dejarlos en un review, gracias -o-)

NOTA DE SALEM:

Aquí está el tercer capítulo, ojalá les haya gustado n-n, este capítulo se centró más que nada en Hinata, ya el próximo se lo dedicaré a Sasuke, hoy no tengo mucho que decir, así que saludos, besos y abrazos, yo me despido, hasta la próxima actualización.

Mazi-chan: Hola!, y si saldrán todos, o al menos casi todos los personajes =D, aunque eso será más adelante n-n, por ahora sólo me enfocaré en Sasuke y Hinata.

Ren-Tohsaka:Como ya te habrás de imaginar, gracias a ese pequeño incidente con los celulares, inevitablemente Sasu y Hina tendrán que reencontrarse XD, lo interesante será la cara que pondrá Sasuke cuando vea el cambio de Hina, porque ten por seguro que Mariko no va a desistir hasta tirarle todo el guardarropa que tiene jaja.

Airi-Hyuga: Jaja, nunca se me ocurrió lo de la ropa interior de Hinata, hubiera sido entretenido haber puesto la reacción del Uchiha, nande que, con lo conservadora que es, no pasaba de encontrarse unas bragas de abuelita, aunque igualmente la hubiese visto raro XD, pero ya que u-uU. Bueno si no vez mucha acción de repente, lo que sucede es que me gusta tomarme las cosas con calma y el desarrollo de la historia también, por eso actualizo cada 15 días, es que soy una tortuga a la hora de redactar, pero ya para el próximo capítulo habrá un encuentro y si no cuando menos un acercamiento entre los dos jaja.

Reika-Deathless: Gracias, sip, me gustó escribir la parte que mencionas, no tengo un hermano, pero si una hermana menor y a veces suelen ser un dolor de cabeza, al menos la mía lo era cuando estaba más chica XD, y mira que Mikoto no se lo pensaría dos veces en tomar un avión si sabe que su retoño anda en malos pasos, ya vas a darte una idea de a lo qué me refiero cuando aparezca más adelante en el fic XD.

RebeKyuubi: Bueno, no sabrás lo que realmente paso hasta el próximo capi, si fue un descuido o lo hizo a propósito XD, también cómo fue que se dieron cuenta de que intercambiaron el Iphone, será algo interesante, lo que tendrá que soportar el pobre Sasuke jaja, saludos y animo, te entiendo, no la odio, pero la escuela a veces puede ser extremadamente esclavizante -_-.

flordezereso: Confiemos en que a mi musa que no se le ocurra tomarse un descanso owó, y por supuesto que me encantaría saber tu punto de vista en dado caso de que escriba un lemon, leí tu fic y ya entiendo el por qué lo del marqués de sade XD, y ya hice la corrección del nombre de Hizashi (al menos en éste capitulo, cuando tenga tiempo corregiré los otros jeje), mira que todo este tiempo tuve la wajira idea de que se escribía con "s" y no sé por qué XD, nuevamente gracias por la corrección y a mí también me caes a todo dar, ojalá que pronto nos encontremos de nueva cuenta en el chat, hasta la fecha no hemos podido de acuerdo sobre el forito o-ó, cosa extraña, pero últimamente a mis sobrinas les ha dado por hacernos la visita y quedarse a dormir con nosotros, son medio inquietas (cofcofcoflatosascofcofcof) y no me dejan en paz -_-.

princezzhina-dark: En mi familia no ha habido nadie con cáncer, pero mi abuelita duró mucho tiempo enferma antes de morir, así que eso fue más o menos lo que me dio la idea al escribir esa parte, en los próximos capítulos ahondare un poquito en el tema, y como diría mi buen Touya Kinomoto "en este mundo no existen las coincidencias, sólo lo inevitable", en el próximo capítulo ya verás si lo de Itachi fue cosa de él o no XD.

vanne-chan: Gracias, y lo cierto es que actualizo cada 15 días, no doy pa' más XD.

Kristall Brauw: Muchas gracias por el apoyo n-n, y pss a veces escribo lo primero que me viene a la cabeza XD, es por eso que casi siempre ando enredando la trama y luego no sé qué hacer para sacarla del lío en que la metí, algo así me sucedió en mi otro fic, por querer meter tantas cosas, comprometí un poco el final XD.

iuzzukary: Sip, esa azafata va a ser muy importante en un punto crucial de la historia y no hablo del viaje de regreso XP, y pss supongo que sin tantos traumas, al Uchiha le cuesta menos trabajo abrirse, aunque tal vez eso le va a acarrear uno que otro problema a ella jaja, y el misterio de los Iphone se resolverá hasta el próximo capítulo.

_Tami*: Hina puede ponerse un poco paranoica con las alturas, pero nada que Sasuke no pueda controlar (o eso creo o-Ó)

xxXkmiXxx: Ok, me alegra ver que hayas regresado del maravilloso planeta dulce o-ó, mujer, el azúcar es para ti lo que un peyote para un Huichol XD, pero weno, ahora sí que me dejaste con el ojo cuadrado, si por azares del destino vuelves a ir a la tierra del sol naciente invítame, me voy de colada aunque sea en la maleta jaja, neh, no te creas, ya en serio, me alegro que te hayas divertido ^-^ y por lo que veo al final todo salió bien y si pudiste leer el capitulo 17.

osanai ko kuram: Muchas gracias y mira que estaba a punto de actualizar cuando vi tu comentario XD.