CAPÍTULO III
- ¿Qué se supone que tenía que decirme el viejo?
Traté de sonar amable pero la desesperación me invadía con rapidez. Sus ojos dudaban al verme, estaba ocultándome algo muy importante y tenía miedo de revelarlo. ¿Sería acaso la explicación de este extraño evento? ¿Sería una nueva despedida? No deseaba que se marchara ahora que sentía que la recuperaba.
- Fue durante la primavera, lo recuerdo con claridad porque era lo único que se apreciaba desde mi ventana. Suspiró. - No sé si tenga algún sentido contarte todo esto. Es demasiado complicado, una muy larga historia. Dudaba y sus labios se fruncían con tristeza. - Debes tener tu vida hecha, no quiero destruir nada, aunque no me considero tan importante en tu vida como para causar un impacto así.
¿Cómo no iba a ser importante? Era mi madre, la mujer que me dio la vida, que me educó y vio por mí gran parte de mi niñez. Yo no la culpaba de nada, mucho menos la acusaba, para mí este momento era como un sueño inalcanzable; algo mucho más allá de lo imposible. Los muertos no revivían pero ella se encontraba a mi lado, quería escuchar su historia, quería entender aquello que le parecía complicado.
- Por favor. Posé mi mano sobre la suya y nuestras miradas se cruzaron. - Creo que debo escucharlo.
- No cabe duda, siempre fuiste un niño muy intuitivo, todavía lo eres.
Vi la hora en mi reloj, le pregunté si no tenía algún compromiso y la invité al departamento; ahí conversaríamos con mayor comodidad. Al principio se negó tajantemente, era como si quisiera esconderse de alguien.
- ¿Es por el viejo? Sus ojos me indicaban que no. - ¿Quizás por Tomoe o Kanako? Sus orbes se ensancharon al acertar. - En la actualidad ellos no viven conmigo. Hace tiempo que Tomoe se fue a América y Kanako vive con Matsuda-san. Si encontrarte con ellos es lo que te preocupa puedes estar tranquila.
La guíe hasta mi nuevo hogar y mientras giraba el pomo para entrar supe que el pasado estaba por colisionar con mi presente ¿De qué manera afectaría mi futuro? Tragué saliva al ponerme nervioso. Le ofrecí café y ella esperaba en la estancia viendo curiosa los alrededores. El poco apetito que tenía se desvaneció instantes atrás así que también me conformé con una taza de café. Al estar nuevamente de frente un silencio se presentó hasta que mamá aclaró su voz.
- Como dije, fue durante la primavera, cuando todavía estaba internada en el hospital. Captó mi atención y en mi garganta se formaba un nudo al recordarlo. - Me enamoré de Miyazawa-sensei. Dijo sin rechistar.
- ¿Eh? ¿Cómo dices? Me cuestionaba si la persona que hablaba era en verdad mi madre.
- Probablemente no lo recuerdes pero Miyazawa era el nombre del doctor que me ingresó por aquel entones. Siempre estuvo al pendiente de mis cuidados y después descubrí que el sentimiento era mutuo.
- ¿Pero y papá? El viejo te amaba, nunca antes había visto a dos personas tan enamoradas como ustedes. Golpeé con mi palma la mesa de manera inconsciente.
Al ver que me alteraba bajó de la nube a donde sus pensamientos habían volado y me miró con cuidado. Reacomodó sus palabras y su expresión cambió a una más gentil.
- Creo que me precipité, lo siento, para que todo sea claro comenzaré desde el principio: esto ocurrió hace poco más de 27 años…
