Tercer año
El tren silba vapor a lo largo del andén, y John Watson ve a Sherlock Holmes con las manos en los bolsillos mientras el vapor se arremolina alrededor de su larga y oscura túnica. Está más alto, mucho más alto, y el resto de él aún no se ha ajustado del todo. Uno de los porteadores está transportando el baúl de Sherlock al vagón de equipajes, y Sherlock le ladra órdenes de forma periódica. Un atigrado gato se mueve alrededor de los tobillos del chico, y la criatura es la primera en notar a las dos figuras andando por el andén.
Sherlock gira la cabeza al final.
- John – su voz también es más profunda. No pierde el tiempo con una pequeña charla, llevando sus ojos hasta la figura de Quinto Año detrás de John – Y Harriet. Esta es tu hermana, ¿no?
La de Gryffindor frunce el ceño. John lo ve y corta rápidamente.
- Sherlock, mi hermana Harry. Harry, este es Sherlock Holmes. Ya sabes, el... - ellos no hablan sobre el día en que Jennifer Wilson fue envenenada, el día en el que una chica casi muere.
- He oído hablar de Sherlock Holmes – dice Harry, mirando al chico de arriba a abajo. Él es dos años más joven que ella, y ya la supera en una pulgada – He oído que es raro. Que sabe todo acerca de ti antes incluso de conocerlo – oh, John sabe todo eso, sabe la idea que Harry está teniendo, y sabe que es una mala. Pero nadie para a Harry Watson – Así que, adelante entonces.
Sherlock entorna los ojos, los cuales se vuelven brevemente hacia la mirada de sufrimiento que tiene John, antes de sonreirle con aire de autosuficiencia a Harry.
- Tu nombre es Harriet, pero prefieres Harry porque quieres parecer más fuerte y menos femenina de lo que tu nombre sugiere. Tal vez por la perdida de una figura masculina fuerte en tu vida, más probable porque estás más interesada en besar chicas que en besar chicos. La más reciente es una Ravenclaw...
Se detiene cuando Harry da un enfurecido paso hacia delante y levanta el puño amenazante, mascullando:
- ¡Basta ya, friki!
Y antes de que Sherlock pueda dar un defensivo paso hacia atrás, John está en el espacio entre ellos, cara a cara con su hermana y desvía el puño que quiere encontrase de lleno con la cara de Sherlock.
- No te atrevas – le advierte John – Sherlock es amigo mio, y tú harías bien en dejar de decir cosas de él como lo de ahora. Y será mejor que no te oiga decir tampoco nada a sus espaldas, Harriet.
Ella inspira fuertemente a través de la nariz, la cuál se arruga de disgusto cuando se vuelve hacia el chico de Slytherin. Entonces, deja caer el puño, se gira y los deja atrás en el andén. John suspira, revolviéndose el pelo con ambas manos, y se vuelve para disculparse.
Sherlock le está lanzando la mirada más extraña que haya visto jamás. No sabe como llamarlo. ¿Asombro? ¿Duda? ¿Horror? Hace que los ojos de Sherlock se vean muy brillantes, y de alguna forma, muy pequeños.
John parpadea demasiado, intentando entenderlo, y finalmente frunce el ceño bajo el escrutinio.
- ¿Qué?
Sherlock niega con la cabeza y aparta la mirada.
- Nada, es que... nunca había tenido un... - se aclara la garganta. - Yo no tengo amigos.
El ceño de John se frunce más profundamente, y hay un punto frío que le crece en mitad del pecho. Le duele la cara, y se da cuenta de que es porque la está usando demasiado, pellizcándolo con una desilusión cada vez mayor. Yo no tengo amigos. Así que, claramente, John no puede ser amigo de Sherlock Holmes, si él no tiene ninguno. Es ciertamente una desilusión.
Él asiente rígidamente, aceptando la elección de Sherlock en la materia, y se aleja muy rápido. Cree, por un momento, escuchar algo moverse detrás de él, pero no se para hasta que está en el tren y encuentra un compartimento vacío para esconderse. El tonto de John Watson, intentando desesperadamente hacer amigos; se suponía que era bueno en eso.
Llaman a la puerta del compartimento levemente, y él sacude la cabeza. El punto frío se desvanece por un momento. Pero no es quien había esperado. Es Sarah Sawyer, la de Gryffindor del año de Harry, con la que él aún no ha tenido el valor de hablar. Ella lleva una brillante insignia de prefecta en el jersey y una bonita sonrisa.
- Hola – dice ella, apartándose el pelo largo que le cae sobre los ojos - ¿Te importa?
- Yo, uh...no, no me importa.
Cierra la puerta tras ella, riendo como si hubiese entrado en secreto.
- Hasta que vengan a buscarme. Nueva prefecta, bastante emocionante – toma asiento frente a él – Tu eres Johnny Watson, ¿no? ¿El hermano de Harry?
Él puede sentir las orejas volverse de un horrible color rojo. ¿Harry lo está llamando Johnny a sus espaldas? Oh, había estado enfadado con ella antes, pero ahora está a su manera, lívido.
- John está bien.
- Soy Sarah – él estúpidamente no encuentra nada que decir, así que sonríe con una gran y extraña sonrisa, enseñando los dientes – He oído hablar sobre lo que hicisteis para ayudar a esa niña el año pasado. Tú y tu amigo, fuisteis bastante héroes.
John no le dice que Sherlock ha dejado claro que él no tiene amigos, que él en realidad no cree que sea muy héroe, y no dice que piensa que es muy guapa. Parcialmente porque se siente extrañamente atontado en su presencia, pero mayormente porque la mitad del equipo de Quidditch de Hufflepuff aparece de golpe en el compartimento y traen consigo mucho jaleo. Sarah se excusa cuando vienen a recogerla para que se siente con los demás prefectos, y John no puede evitar pensar que ha desperdiciado una oportunidad.
Después de que los de Primer Año hayan sido seleccionados, después de servirse la comida y de reconectar con Mike y Carl, John se levanta para dirigirse a la sala común y conseguir un bien merecido sueño. Casi se choca con Sherlock Holmes, y ambos se quedan de pie, torpemente, aún en mitad del Gran Comedor. Un puñado de ojos están mirando, y alguien da un codazo a otro en la mesa de Slytherin. Pero en su mayor parte, el mundo sigue igual.
Sherlock frunce el ceño como si buscara las palabras en su cabeza y finalmente exclama:
- No me refería a ti, idiota.
John debería sentirse probablemente ofendido, la mayoría de las personas lo estarían, pero no lo está. La comprensión florece lentamente en el rostro de John, y entonces sonríe ampliamente. Alarga la mano. Alguien susurra en la mesa de Slytherin, y ahora más de ellos están mirando, pero está bien. Sherlock ve esto como aceptable, y se estrechan la mano.
Violet agarra de la muñeca a John mientras corre con él, tirando para que vaya más rápido del trote que ya lleva. Hay que decir que no están llegando tarde, pero Lestrade odia la impuntualidad tanto como odia la pereza, así que eligen no darle una oportunidad ni por un minuto. Es finales de noviembre, el primer partido del año, contra Ravenclaw, contra los cuales apenas lograron una victoria el año anterior, pero ahora tienen a Carl como Buscador, quien no tiene ni un partido en su haber, pero John no está preocupado. Vale, sí lo está, y parece que va a ser un día desagradable. La lluvia no va a cesar, y no será ni el primero ni el último partido que se jugará con tormenta.
Pasando bajo las gradas y rumbo a toda prisa hacia el campo de juego, pasan a toda velocidad junto a una figura que hace un ruido extraño y estrangulado con la garganta cuando John pasa. La voz lo intenta otra vez y esta vez es un:
- ¡John!
John patina para parar, casi tirando a Violet por el impulso perdido. Parpadea varias veces para asegurarse de lo que está viendo delante, porque parece como si fuera Sherlock Holmes ahí de pie con un gran pin amarillo en la túnica, el cual, con un segundo vistazo, se transforma del amarillo pálido a una gran cabeza de tejón. Está inquieto y parece totalmente fuera de lugar.
- Sherlock – seguramente era su mente jugándole una mala pasada.
- Sí. John. Hola – su rostro trata con algo parecido a una sonrisa.
- John – sisea Violet, tirándole de la muñeca.
John hace una mueca ante la elección repentina, y se gira hacia Violet.
- Adelántate un poco, solo dame un momento.
- Ooh, a Lestrade no le va a gustar esto – advierte Violet, dándole a Sherlock una suplicante mirada antes de girarse y seguir corriendo sin él.
Con su audiencia fuera, Sherlock deja caer las manos y da un suspiro muy frustrado.
- No tienes que ser muy brillante para decir que nunca he estado en una de estas cosas, ¿no?
John se ríe, la mitad de su cara curvándose en una sonrisa de reprimenda.
- ¿Nunca has estado en un partido de Quidditch? ¿Qué es lo que haces todo el tiempo?
Sherlock le da una mirada que dice no tenemos tiempo para entrar en todo eso.
- ¿Entonces por qué vas a ver este? - pregunta John, sin permitir que el silencio se extienda mucho.
El de Slytherin entorna los ojos.
- Porque vas a jugar – obviamente.
- He jugado antes. Un año entero.
- Sí, pero – comprueba que no hay oídos indiscretos, lo que le brinda a John otra medio ahogada carcajada – Pero ahora eres mi... amigo. Supuse que era común mostrar apoyo por las actividades de tu compañero. Incluso si... - John escucha un no se cómo flotar en el aire, y está seguro de que nunca oirá a Sherlock decir esas palabras en voz alta.
Los ojos de John vuelven al pin en el pecho de Sherlock, no lo ha visto antes, debe de haberlo encantado él mismo, y cuando levanta la vista está riendo con determinación.
- Está bien, sígueme.
Sube escaleras arriba hacia la sección de espectadores de Hufflepuff, con Sherlock con tras él, hasta que encuentra a Mike a medio camino. Parece más que sorprendido de verlos a los dos, especialmente a John.
- Mike, esto es importante – dice John, y Sherlock está mirando fervientemente a las escaleras – Hoy Sherlock es un Tejón, ¿vale? Dile a todo el mundo que es amigo mio, y que será mejor que sean amables.
Los ojos de Mike están en el pin, entonces asiente. Y sonríe. John no puede recordar a Mike dándole a Sherlock una sonrisa genuina en todas las veces que los ha visto juntos.
- Está bien, compañero, pero será mejor que ganes este.
John prácticamente salta en el lugar, la excitación del inminente partido latiendo más y más fuerte en las sienes y su euforia repentina e inexplicable llena el espacio entre sus pulmones. Da a Sherlock unas palmadas en el hombro y corre escaleras abajo. No escucha a Sherlock decirle buena suerte porque no lo dice. Pero él lo piensa. Intensamente.
Lestrade tiene varias líneas nuevas en su frente cuando John llega por fin, y le da a John la más breve de las charlas de capitán de Quidditch de la historia:
- No lo hagas de nuevo, Watson, o... pensaré en algo horrible que hacer después - cuando salen al campo de juego con olas y olas de gloriosos aplausos.
No puede ver ninguna cara desde el suelo, pero sonríe a la sección sólida de negro y amarillo, interrumpido solo por una mancha de verde, saluda con la mano y la bate alto en el aire. Cuando se ponen en marcha, hay una corriente de glorioso aire en sus oídos que se mezcla con el sonido de la multitud. Zumba sobre la sección de Hufflepuff una sola vez antes de lanzar una Bludger en la dirección del Cazador central de Ravenclaw.
La ofensiva de Ravenclaw es buena, son realmente buenos. Pero Hufflepuff tiene una defensa inigualable, y después de cuatro goles de Hufflepuff y uno de Ravenclaw, Carl Powers enseña a todo el mundo el tipo de Buscador que va a ser y captura la Snitch.
Los de Hufflepuff invaden el campo y Carl es alzado por varios de los mayores, en realidad es muy flaco. John puede ver que Sherlock cree que se va a escapar en el borde de la multitud, piensa que será capaz de huir tan fácilmente como se ha colado, pero John no lo deja.
- Esta noche eres un Tejón – le dice, agarrándolo del brazo para que no pueda escaparse – Un miembro de honor. Vamos.
Sherlock parece inseguro, mirando a todas las caras sonrientes a su alrededor, alegres e incluso casi sin notar al Slytherin entre ellos. Todos lo notan, es imposible para ellos no notarlo, pero hacen lo que mejor hacen los Hufflepuff y lo aceptan.
- ¿A dónde vamos?
- A la sala común. Una victoria no está bien sin una fiesta después.
La sala común de Hufflepuff es recogida y ruidosa, un marcado contraste con la silenciosa frialdad de la mazmorra de Slytherin. Es vibrante, cálida y la gente le ofrece galletas. Nadie lo está mirando, preguntándole que hace aquí, ni menospreciándolo. Es desconcertante. Sherlock nunca ha sido aceptado incondicionalmente, y, es cierto, nadie en absoluto es amistoso con él, pero hay un penetrante sentimiento de camaradería común que está más que seguro de no haber visto, y no está seguro de qué hacer con el dato.
John le pone un refresco en la mano.
- Pareces un poco perdido.
- No... la verdad es que no es lo mio.
- Escucha – empieza John, partiendo un poco de caramelo entre los dientes – Gracias. Por venir, quiero decir. No eres de los deportistas... - Sherlock se ríe un poco de forma áspera - ...pero fue amable por tu parte venir igualmente.
- No sé mucho de deportes – dice Sherlock, probando la bebida y no encontrándola horrible. - pero parece que hiciste tu parte bien. Y ganaste. Así que, enhorabuena.
John se ríe y mueve inquieto los pies, mira por encima de Sherlock para asegurarse de que nadie lo está señalando como si fuera raro, y continúa:
- La semana que viene hay una excursión a Hogsmeade, y yo iba a hacer mi salida.
- ¿Y?
- Ven conmigo – le pide John, empezando a pillarle el truco a hablar con Sherlock Holmes.
Unos ojos vacíos le devuelven la mirada, absolutamente impenetrables. Sherlock termina su bebida y niega sutilmente con la cabeza.
- No, posiblemente no pueda. Hay muchas cosas que hacer. Redacciones, experimentos, lecturas...
Pero a la mañana siguiente en el desayuno, una lechuza desconocida aterriza frente a John, deja su mensaje y levanta el vuelo tan rápidamente como llega.
He cambiado de opinión.
SH
John se encuentra con los ojos del chico de Slytherin al otro lado del Comedor y le sonríe.
- Sherlock – susurra John al otro lado de la mesa.
- Mm – apenas entona Sherlock, extremadamente desinteresado en que pregunta pueda tener John o extremadamente absorbido por el pesado libro que descansa frente a él.
John espera hasta que una joven bruja con un carro de libros haya pasado antes de inclinarse ligeramente y bajar la voz:
- Sherlock, ¿qué tipo de maleficio funcionaría contra un troll?
- No seas idiota, John – dice Sherlock en apenas un susurro con tanta naturalidad como si le pidiera a John que le pasara una pluma. El insulto viniendo de cualquiera podría haber sido devastador, pero viniendo de Sherlock de alguna forma es casi un cumplido – No me digas que estás haciendo trampas en tu redacción de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- No... no es hacer trampas – responde John con un mohín – Solo pensaba, ya sabes, que la magia no es buena contra los trolls porque su piel es muy dura, ¿verdad?
- Muy bien, John – dice Sherlock realmente sin escuchar, pasando la página de su libro.
John da un suspiro seco a través de la nariz, apoyándose penosamente sobre la mano mientras observa la biblioteca. John se había sentado ahí con Sherlock durante horas porque Sherlock le había dicho que le gustaba tener a alguien con quien hablar, para intercambiar ideas. El Slytherin había usado su gata, Felicia, pequeña, lista y huidiza, pero raramente era útil. Y John se había sentado ahí durante horas sin oír ni una palabra salir de los labios de Sherlock. Ocasionalmente, Sherlock había sonreído sin levantar la vista y le había dicho que lo estaba haciendo bien.
El Hufflepuff se fija en las mesas de estudio de enfrente, preguntándose cuánto más preferiría estar practicando con el equipo que encerrado de nuevo dentro, inclinado sobre pergaminos y limpiándose manchas de tinta de los dedos. Cruza la mirada con los grandes y marrones ojos de la chica de Ravenclaw más cercana, mirando otra vez sin vacilar a su mesa, y John ni siquiera quita la cara de su mano para informar a Sherlock.
- Esa Molly Hooper no ha apartado los ojos de ti en todo el tiempo que hemos estado aquí – vuelve sus ojos a Sherlock, que sigue sin levantar la vista, pero hay algo como una sonrisa en sus labios – Creo que está pillada por ti, Sherlock.
- Está encaprichada – lo corrige Sherlock lacónicamente, tomando una nota en su pergamino – Sobretodo desde el episodio de Jennifer Wilson. Prácticamente besa el suelo que piso.
- Bueno, ¿no vas a dejarla saber que no estás interesado?
- Tiene su utilidad – pega una tos increíble para enmascarar el sonido de la página que arranca del libro, doblándola hábilmente con una rápida sonrisa en dirección a John.
A John no le parece divertido, su cara aún acunada perezosamente en la mano, pero frunce el ceño sutilmente. Quiere regañar a Sherlock, como ha intentado tantas veces, pero el chico nunca escucha, hace lo que quiere y salta a ciegas como un animal, pero es interrumpido cuando alguien entra en su visión periférica.
- Oh, Jimmy, hola – dice John, ofreciendo una sonrisa, no es tan fácil desterrar la expresión que había hecho para Sherlock tan rápido, para un cambio de postura facial - ¿Todo va bien?
- Acabo de llegar de Pociones – dice Jimmy, y sus ojos se vuelve en un instante hacia Sherlock – Hola, Sherlock.
Sherlock da la usual evasiva:
- Hm - y cierra el libro vandalizado.
El rostro de Jimmy no decae, pero sus ojos sí. Se anima al instante cuando se vuelve hacia John.
- Te dejaste esto en la mazmorra – dice, buscando en su mochila y sacando el libro de Historia de la Magia de John del fondo.
John se sienta rápidamente y sonríe:
- ¡Gracias! No me había dado cuenta... Jim, gracias, eres un regalo del cielo. Binns ha mandado esta maldita y horrible redacción que quiere escrita para el martes sobre las Guerras de los Duendes...
- No te preocupes por eso – sonríe Jimmy ampliamente, enseñando todos los dientes – Tengo que estudiar. Adiós, John. Adiós, Sherlock.
Hace una pequeña sacudida y se va corriendo. Aún es pequeño para su edad, alejándose con unas piernas demasiado pequeñas y raquíticas. Llega hasta al lado de un Gryffindor alto de mandíbula cuadrada que John reconoce del equipo de Quidditch: el Guardián, de Quinto Año. Cree que su nombre es Moran, pero no está seguro. Algo irlandés. Moran revuelve con cariño el pelo de Jimmy, y una vez que recoge sus cosas, se van juntos.
¿Por qué Sherlock no puede de vez en cuando alentar así a los más jóvenes?
- Podrías ser amable con alguien de vez en cuando – suspira John, volviéndose hacia su amigo.
Sherlock suelta una risa sin humor.
- Ya es trabajo suficiente mantener un amigo feliz. No puedo ver como hacerlo sin provocarme un aneurisma – se levanta abruptamente, sacando la página doblada del bolsillo – Ahora, ven, es casi la hora de Cuidado de Criaturas Mágicas, y tengo un experimento en mente antes de que vayamos...
Toby llega volando inesperadamente el día de antes de las vacaciones de Navidad, y John lee la carta de su madre con creciente horror y pavor. Las palabras nuevo novio y crucero lo asaltan inmediatamente, seguido de España y quédate en Hogwarts. Firmado fríamente, como quien escribe a una mascota.
Primero, va a la Profesora Sprout, que le dice que no lo puede ayudar. Entonces, a la Profesora Cairnes, que había llegado a principios de diciembre con la hoja de inscripción, la cuál él había rechazado en ese momento, porque no había pensado que necesitara quedarse en Hogwarts. Le dijo que no podía ayudarlo, pero era un alma caritativa y fue ella quien escoltó a John Watson hasta el despacho de la Directora.
- Se que es un aviso en el último minuto, Profesora – dice John, conteniendo lágrimas de rabia tan tranquilamente como puede – Pero Harry y yo no tenemos otro sitio a dónde ir.
McGonagall no suspira como si le hubiera lanzado otra carga contra el pecho. No lo regaña por tener otros dos niños que cuidar en su conciencia. Ella sonríe como si le hubiese dado algo dulce o brillante. Baja sus gafas para mirarlo, como si no pudiera creer que él se hubiese preparado para la desilusión de la decepción, y dice:
- Por supuesto que puede quedarse, señor Watson.
Saca el rollo de pergamino que la Profesora Cairnes había traído a principios de diciembre. No es una lista muy larga. Él firma los nombres de los dos Watson al final, con un sentido de temerosa finalidad al hacerlo. Sus primeras Navidades fuera de casa, y era porque su madre quería unas vacaciones con un hombre que nunca había conocido.
- Brillante – dice Sherlock cuando John le cuenta toda la historia.
La boca de John permanece abierta, herido pero también muy confuso.
- No, no lo es. Sherlock, nos han echado de nuestra propia casa. En Navidad.
- No. Quiero decir: Brillante que puedas quedarte conmigo. Ya me he cansado de la monotonía y el odio apenas disimulado asociado a las cenas de Navidad en casa. Así que me quedaré – él ya está de pie y moviéndose; apenas se detiene algunos días – No tenía ganas de hacer mis experimentos solo. Ya sabes, creo que me he acostumbrado a tenerte alrededor, John.
A John se le bloquea la cabeza, y no está seguro de porqué, pero Sherlock le ha hecho sentir mejor con toda la situación.
- El años que viene, es decir si mamá está el año que viene, puedes venir a la nuestra. Es decir, a la cena de Navidad.
Sherlock le parece a John como si lo hubiese golpeado un camión. Aprieta los labios firmemente y asiente una vez.
Se meten en muy pocos problemas una vez que todos los demás estudiantes se han ido, a pesar de que Sherlock prendió fuego a doce enormes árboles de hoja perenne en el Gran Comedor. Dos veces. La primera vez John sacó su varita y gritó ¡Aguamenti! mucho antes de que el daño estuviera hecho, y Flitwick le da a Hufflepuff un extra de diez puntos por el ahorro y por el impresionante uso de un Encantamiento de nivel alto. La segunda vez, Hagrid, el guardabosques está allí él mismo para lanzar su pesado abrigo sobre las llamas y apagarlas. Por todo eso, debería haberle quitado puntos a Slytherin, pero Sherlock es el único Slytherin que no le hace ningún desprecio, así que lo deja pasar.
John es el único Hufflepuff que se queda durante las vacaciones, y se siente extraño tener para sí mismo la normalmente abarrotada sala común. Harry tiene a Clara, cuya familia no le gusta tenerla de vuelta por las vacaciones, probablemente les gustaría que estuviera todo el año en Hogwarts si pudieran, y John tiene a Sherlock. Solo otros dos estudiantes más aparte de ellos cuatro se quedan para las vacaciones de invierno: Anderson, el Slytherin del que Sherlock recibió una paliza el primer día de clase de segundo año, y Moran. Sebastian, descubre John en las vacaciones, es su primer nombre, el Guardián de Gryffindor.
John se despierta la mañana de Navidad con varios regalos apilados a los pies de su cama, lleva una somnolienta sonrisa mientras los recoge y se bambolea con los brazos llenos de camino a la sala común. No se sorprende realmente cuando encuentra a Sherlock ya allí, ya ha adivinado la contraseña tres veces antes. Está hundido en uno de los sillones más grandes y escribiendo letras de fuego en el aire mientras espera, ME ABURRO, ME ABURRO, ME ABURRO, que se elevan en vertical cuando John entra.
- John. Feliz Navidad. Aún estás en pijama.
- Si, bueno, acabo de despertarme, ¿no? - se acurruca en el suelo junto al sillón de Sherlock, desparramando los regalos a su alrededor. El Slytherin tiene tres paquetes suyos - ¿Quieres ser el primero, o yo?
- A mi me da igual – dice Sherlock, pero John puede decir que está con tantas ganas de abrirlos como él. Así que John asiente para darle permiso.
El de Mycroft es el primero, John puede reconocer la cuidada y profesional escritura en cualquier parte. Es una especie de catalejo, del que está seguro es más de los que parece, pero Sherlock no dice nada. Entonces, es el turno de John. Abre dos por uno de Sherlock, ya que tiene algunos más. Un paquete de ranas de chocolate de Violet y un jersey de su madre, muy impersonal, pero es caliente y se lo pone sobre el pijama. Sherlock tiene una carta de su madre que expresa un malestar general por su ausencia en la cena de Navidad, y también un par de calcetines aún más impersonales. Sherlock frunce el ceño y los arroja a un lado. John abre el regalo de Harry, y casi se cae de lado riendo: ha estado en la tienda de los Weasley y ha rellenado una caja de Petardos Zumbadores con una nota que dice: "Espero una fiesta" Debe ser su forma de animarlo.
Sherlock está mirando su último regalo, dándole vueltas en las manos cuidadosamente como si midiera su peso. John se rasca el cuello por su jersey de lana y lo estira para mirar el regalo.
- ¿De quién es ese?
- No lo se – contesta Sherlock fríamente. Le trae una extraña alegría a sus ojos – Lo descubriremos.
- Espera, Sher... - pero es demasiado tarde para advertirle sobre paquetes misteriosos, porque Sherlock desgarra la envoltura para revelar una pequeña caja sin marcas. John se levanta con cautela y rodea la silla de Sherlock para conseguir una vista mejor.
Dentro de la caja hay un diminuto vial de un líquido y una nota. Está claro por la etiqueta que es una poción de amor, y John da un risita corta que se traga rápidamente cuando ve la mirada seria de Sherlock. Los dedos del Slytherin extraen cuidadosamente la nota, y la desdobla.
Pensando en ti, guapo. XX
- Dos besos – dice John con una carcajada casi contenida - ¿Quién quiere apostar a que es de Molly?
- No es su letra – masculla Sherlock frunciendo el ceño – Y no ha sido escrito por ningún tipo de pluma auto-dictada, esas no dejan manchas de tinta como esta – sostiene la nota en la luz, pero es un pergamino normal con tinta normal, es lo más lejos que puede decir – La escritura es bastante asexual, tirando a masculina. Es difícil decir mucho más que eso, la nota es demasiado corta.
- Bueno, tienes un admirador secreto, sea quien sea – señala John, apoyándose en el respaldo de la silla para coger la poción – Esto es de los Weasley también. Tal vez sea Harry.
Ambos se ríen juntos un buen rato.
- Oh – dice John, llamando la atención – Mierda. Espera aquí un segundo, ahora vuelvo.
John desaparece dentro de su dormitorio, reemergiendo con otro paquete envuelto en las manos. Está recubierto pobremente con viejas páginas del Diario del Profeta, y John lo deja caer sin ceremonias en el regazo de Sherlock.
- Lo pillé mientras estábamos en Hogsmeade. No es mucho pero... - se encoge de hombros al final de la frase.
Sherlock lo mira fijamente como si John le hubiese soltado una bomba en el regazo. Lo desenvuelve cuidadosamente. Es un par de plumas nuevas, robustas y fiables además de bonitas. John había visto una elegante pluma de pavo real y la había considerado durante tres segundos antes de estallar en carcajadas en mitad de la tienda. Y ahora Sherlock está parpadeando demasiado rápido. Si John tuviera que describir la expresión, diría que está pasmado.
Sherlock se levanta sin decir palabra y se va de la sala común, dejándolo todo atrás menos las plumas. John no lo ve el resto del día.
Justo cuando empezaba a preocuparse de si había hecho algo que hubiese molestado a Sherlock, John lo encuentra en la cena de Navidad. Es un pequeño banquete, con solo seis estudiantes y cuatro profesores, McGonagall, Flitwick, Trelawney y Hagrid, todos ellos con ridículos sombreros de papel, pero con más comida que nunca, más de la que sería necesaria, apilada en la mesa. Sherlock se levanta rápidamente cuando John aparece en el Gran Comedor, y cada estudiante le lanza una horrible mirada.
Se encuentra con John a medio camino, sosteniendo un paquete, también envuelto en el Profeta, entre ellos como una ofrenda de paz. Parece increíblemente nervioso cuando suelta el paquete de sus manos, ahora que están vacías, no sabe que hacer con ellas así que se agarra los dedos juntos.
- No se me da bien encontrar regalos para nadie. No estaba seguro de si... - Sherlock frunce el ceño, mira fijamente el paquete en vez de al extremadamente confuso Hufflepuff. - Bueno, ábrelo, por amor de Dios.
Es una caja llena de té. Té de verdad, té Muggle, del tipo ese que viene en bolsas y llena sus sentidos de un maravilloso olor a tierra.
John levanta la vista para mirar a Sherlock que lo está observando como un perro esperando a ser apaleado. Así que John le ofrece una sonrisa sorprendentemente amplia, lo cual lleva a Sherlock a empezar a temblar de emoción.
Es casi junio, y hace demasiado calor para estudiar en la biblioteca, así que han llevado sus libros y rollos al Gran Comedor. Están hasta el cuello de pilas de papeles cuando alguien se aproxima por detrás de John y se detiene a mirar.
Ambos, John y Sherlock, levantan la vista al mismo tiempo. Es una chica de Gryffindor, una que John ha visto en el comedor pero con la que nunca ha hablado directamente. Probablemente de sexto y séptimo. Pasa su mirada de John a Sherlock, cuya cara no traiciona nada. John frunce el ceño.
- ¿Puedo ayudarte? - dice pidiendo brevedad.
Hace demasiado calor para lidiar con el drama, especialmente desde que Anderson había empujado a Sherlock y tirado una pila de libros escaleras abajo el día anterior y John había estado conteniéndose para no golpearlo.
- Hace calor, ¿no? - dice la chica.
Sus ojos parecen extrañamente desenfocados, como si no los estuviera usando apropiadamente.
- Si, lo hace – dice John, incluso aunque ella esté mirando a Sherlock sin parpadear – Ahora estamos estudiando, si eso es todo. Sherlock puede ir a por ti en una hora o así.
- Buen trabajo con mi primer acertijo, Sherlock – dice la chica, y esta vez la cara de Sherlock se tuerce en otro tipo de expresión: interés. Sus hombros y espalda se tensan, y en lo que sea que haya estado trabajando, es totalmente olvidado – Pensé que debería hacer el primero más fácil para ti. Para mantener tus músculos trabajando – la chica sonríe ahora que tiene la atención de Sherlock - ¿Te gustó tu regalo? Me habría encantado ver tu cara cuando lo abriste. Muchos besos, encanto.
Los ojos de Sherlock ojean el Gran Comedor. No hay nadie que esté mirando en su dirección, ni nadie sospechoso. La Gryffindor lanza una airada carcajada.
- Oh, no estoy aquí. Buena suerte en encontrarme. Sin embargo, soy muy bueno escondiéndome, Sherlock – ella le hace un guiño juguetón – Creo que vendré con otro pequeño problema para ti, algo que te mantenga ocupado.
Con eso, se vuelve y camina rápidamente por la puerta principal. John capta la mirada de sincera expectación que destella en los ojos de Sherlock antes de levantarse de la mesa y correr detrás de la chica. Sherlock lo llama a sus espaldas, pero John no se para hasta que pilla a la chica que lucha contra él, pero él tiene un poderoso agarre en su brazo. Él le grita, llamando la atención de varias personas a su alrededor, a los chillidos de ella de No se de qué me estás hablando hasta que Lestrade lo encuentra y le pregunta que demonios está pasando.
En una tensa reunión con el Profesor Slughorn y Flitwick, descubren que la chica tenía un poderoso encantamiento sobre su memoria, y el encuentro entero con Sherlock y John se ha ido, incluyendo varias horas previas. Está llorando enormes lagrimones y John no puede evitar un extraño sentimiento que le presiona la caja torácica.
El hecho es que alguien borró los recuerdos de la chica, y alguien ha amenazado a Sherlock Holmes. John apenas deja al chico fuera de su vista el resto del día, e insiste en que estudien los dos en la sala común de Hufflepuff en vez de al aire libre cuando cae la tarde. Pero ninguno de los dos puede realmente concentrarse en la tarea que tienen entre manos. Las palabras de la chica marcadas en ambas mentes.
Eventualmente, John cierra su libro y se rinde.
- ¿Qué quiso decir ella con primer acertijo?
- No seas lento, John – dice Sherlock, presionando juntas las puntas de los dedos – Ella no quiso decir nada. Estaba bajo la Maldición Imperius, podía haber sido cualquiera en el castillo. Y quien fuera que estuviera sosteniendo la varita, envenenó a Jennifer Wilson.
El color se drena del rostro de John. Una maldición Imperdonable en Hogwarts. Sobre un estudiante, nada menos, y dirigido hacia Sherlock.
- ¿Eso fue un acertijo? ¡Casi murió! - intenta obtener algún tipo de control sobre sus pensamientos – Y... y ella... er, ¿ellos? Dijeron algo sobre otro problema. ¿Crees que...?
- ¿Otro envenenamiento? Probablemente no. Ya lo han hecho antes, no hay necesidad de que sea lo habitual. - sus ojos caen sobre John, analizando, si no escrutando – Tengo algunas preguntas que hacer.
Y se levanta sin decir otra palabra, sale corriendo con sus largas piernas y deja a John atrás junto al polvo.
John no está seguro de porqué se siente tan abandonado. Después de todo, ¿qué utilidad tendría él en una línea de investigación, especialmente contra alguien que parece ser tan listo como Sherlock? Aún siente el pinchazo de todo eso al final de su garganta cuando inclina la cabeza involuntariamente. Sherlock incluso ha dejado todas sus cosas, el idiota desordenado. Así que John se levanta y empieza a limpiar para poder olvidar la sensación de haber sido dejado atrás.
Hay un ruido detrás de él, y John se vuelve para ver a Sherlock apoyado casualmente en el marco de la puerta.
- Eres bueno en Encantamientos – dice como si acabara de notar a John – Y has pasado tus veranos en el hospital San Mundo, así que sabes un poco sobre enfermedades.
John asiente.
- Un poco, si.
Los ojos de Sherlock se entrecierran conocedores, los labios apretados en una delgada sonrisa.
- ¿Te gustaría venir?
- ¡Por Dios, sí! - John recoge su varita y salta de la silla detrás de él.
De un modo un otro terminan en la biblioteca, y John no pregunta porqué Sherlock sabe que la chica de Gryffindor estaría allí, pero lo está. Y finalmente recuerda donde la ha visto, Mary Morstan, la prefecta del tren que detuvo la pelea. Y ahora se siente incluso peor por ella.
Los tres encuentran un clase vacía cercana y Sherlock le pregunta todas sus dudas. John está seguro de que ella ya ha contestado todas esas preguntas a la Directora y al profesor Flitwick, pero hay algo diferente en Sherlock y en la forma en la que procesa la información. Ella les dice todo lo que recuerda sobre ese día: desayunar con otros Gryffindors, Adivinación, reducir cinco puntos de Slytherin por un insulto de Anderson en el pasillo del tercer piso, pero todo entre la comida y ser intimidada por John se ha ido.
Pero Sherlock no pregunta por los hechos que están perdidos. Pregunta sobre qué había sentido estando así. Y sus ojos se van lejos cuando intenta sacar sus recuerdos de ninguna parte. Como si estuviera observándose a sí misma hacer cosas, acostada en una nube sin importarle adonde iba o con quien estaba hablando. Ni siquiera un poco asustada. Lo que era lo más aterrador de todo.
John no está seguro de lo que Sherlock espera conseguir de interrogar a alguien que no puede recordar nada. No hay absolutamente ninguna forma de decir quien realizó el hechizo, y ellos no pueden simplemente ir probando las varitas de todo el mundo en el castillo, seguramente uno de los profesores podría, si ellos quisieran, pero la Directora había negado la sugerencia de Sherlock de una Maldición Imperius. John se pregunta si deberían dejar la investigación a los adultos, pero se da cuenta tarde, una noche sosteniendo en alto su varita para que Sherlock examine algo en el suelo de la mazmorra, de que le encanta esto. Le encantan las carreras y el misterio, y está seguro de que a Sherlock también le encanta.
Pero los exámenes se acaban en poco tiempo, y ahora están en el andén de Hogsmeade, sin saber qué decir, sin una revelación del nuevo acertijo que está en el horizonte.
- Escucha – dice John al final – si surge algo, si alguien contacta contigo sobre el enigma ese, envíame una lechuza. Y si... Bueno, si no pasa nada, envíame una lechuza de todos modos.
Sherlock asiente ausente.
- Lo haré.
John extiende el meñique entre ellos, su cara inexpresiva y grave. Por primera vez desde que Mary Morstan dijo las palabras de otra persona en el Gran Comedor, Sherlock se ríe y no es para nada incómodo.
- ¿En serio, John?
- Oh, sí – le asegura John, que esto es totalmente en serio.
Así que Sherlock une su meñique con el de John y los estrechan.
