Hola!

Aquí les traigo el 3º capítulo que al fin pude terminar. Ya saben que tengo poco tiempo, pero intento escribir siempre que puedo, porque a aparte de que me gusta escribir me he prometido que acabaré esta historia. Y será larga, por que tengo millones de cosas en mente, pero aun así s quieren dar nuevas ideas serán de gran ayuda. :D

Por cierto, si os gusta leer mientras escucháis música, y os gusta la banda sonora del juego que es perfecta os recomiendo leer mientras la escucháis :)

Yo mientras escribía esto escuchaba esto otro : .com/watch?v=TcEzX7SGtEo o esto .com/watch?v=6mn_PIAh72A

Al fic!

:::::...:::::

Salí de allí por callejones estrechos ya conocidos. Suponía que con mi nuevo aspecto la gente me vería de otra forma, con gente no me refería a los nobles o las personas de clase media, sino a los ladrones.

Después de llevarme 2 años, no solo aprendí a sobrevivir, también aprendí de los demás ladrones. De algo se aprende, y muchas cosas las aprendí de ellos, como escalar edificios, burlar a la guardia y a hurtar. Aunque al principio no solía convivir mucho con ellos, la mayoría de los chicos veían con ojos muy extraños a una chica.

Sé que algunos canallas aparte de hurtar el dinero pueden volverse locos por una mujer.

Así que aprendí a estar alerta y a estar preparada para defenderme en cualquier momento.

Iba caminando por un largo y estrecho callejón cuando sentí una presencia. Me mantuve alerta, sabiendo que aquel que fuera podría ser muy silencioso.

Bajé el ritmo de mis pasos. Sentí una mano en mi cadera, en mi bolsa de dinero. Si fuera una persona normal pude que no hubiera notado nada.

Rápidamente me llevé la mano a la bolsa agarrando fuertemente a mano del ladronzuelo. Me di la vuelta y mantuve a la persona contra la pared. Me encontré con un chico puede que de mi misma edad aunque era algo más alto que yo. Su rostro estaba algo sucio al igual que sus ropas y su cabello. Sus grandes ojos se abrían de par de un color azul hielo. El pelo negro le caía sobre su rostro. No pude evitar mostrar una sonrisa ante su expresión de desconcierto.

Retiré mis brazos de él.

-Esto es mío.- dije dando unos golpecitos a la bolsa del dinero.

-Nunca me habían pillado ¿cómo es que te diste cuenta?- dijo con una media sonrisa.

-He aprendido a estar alerta.

-¿Cuántas veces te han robado?- pregunto con pequeña burla.

-Ninguna. La pregunta es cuantas veces he robado yo. Me di la vuelta y avancé unos pasos de lejos de él.

-¿Tú? ¿Una bella señorita cómo tú, robando?- dijo con una risa. Me di la vuelta y me lo encontré de frente. Observé su rostro, y sí, me resultó atractivo.

-Soy como tú. Más de una vez he tenido que hurtar unas monedas para no morir de hambre. Pero hoy es mi día de suerte, y he conseguido un aspecto más agradable para que los guardias no me apunten con sus espadas.- dije sonriendo.

Me miró sonriente a los ojos.

-Vaya he de decir que eso me sorprende. Disculpe por mi intento de robar tu suerte, espero que te vaya muy bien, bella signorina- dijo mientras agarraba mi mano y la besaba suavemente. - y tenga cuidado con algunos canallas como yo que andan por aquí, pueden volverse locos por una bella mujer- dijo sonriendo.

A pesar de todas esas palabras pude ver en sus ojos la necesidad de comer, aunque en ese momento, yo estaba igual que él.

Sonreí. Abrí la bolsa de dinero y saqué 20 florines dorados. Y se los entregué.

-Toma- dije mientras se los ponía en las sucias manos.

-O-oh. Mu-muchas gracias. ¿Pero, por qué?- dijo asombrado.

-Porque me has caído bien. Y además, lo necesitas, y sé que es duro tener que aguantar con esa sensación de vacío en el estómago.- dije sonriendo.

Vi una gran sonrisa en su rostro. Y me abrazó. Sonreí, realmente disfruté como nunca ese abrazo.

-Mi nombre es Ángelo- dijo separándose de mí. - ¿Puedo saber su nombre bella signorina?- preguntó.

-Puedes llamarme Alba- le dije sonriendo.

-Espero volver a verte Alba- dijo haciendo una reverencia.

Después de mi encuentro con Ángelo seguí mi camino hacia el mercado, la verdad es que daría lo que fuera por repetir aquel abrazo.


Llegué al mercado y lo encontré igual que la última ver, lleno de gente y de guardias.

Me sentía muy extraña al no recibir miradas de la gente, de vez en cuando evitaba ser vista por algún guardia, la costumbre. Pero me tranquilicé al ver la deliciosa comida de los puestos.

Compré una manzana, la devoré. Compré una barra de pan, y la devoré también. Y como todavía seguía con hambre me compré otra manzana y empecé a devorarla mientras veía los productos de lo puesto de joyas y flores, la verdad es que no me atraían ese tipo de cosas, pero quería echar un vistazo para pasar el rato.


Mientras, Ezio y Federico holgazaneaban en el mercado viendo a las hermosas chicas de la ciudad revoloteando de puesto en puesto. Dedicando de vez en cuando sonrisas a la señoritas que se fijaban en ellos.

Pero a Federico le llamó la atención una chica que parecía captar también la mirada de otros hombres. Contempló su hermosura y sus elegantes movimientos.

-Hey, Ezio. Fíjate en aquella belleza. Es preciosa.

Ezio miró a la mujer y se quedó cautivado por su hermosura.

-¡Sí que es preciosa!- gritó sin quererlo. La observó durante unos instantes más y tuvo la impresión de haber visto a esa mujer antes.

-Me resulta familiar- comentó Ezio a su hermano.

-Pues lo siento mucho hermano, es mía- dijo Federico con una sonrisa mientras palmeaba la espalda de Ezio. A continuación se dirigió hacia la chica. Ezio siguió a su hermano pero se mantuvo a una distancia de él.

-Buenos días signorina- dijo Federico con una gran sonrisa.

La chica lo miró por un momento y después volvió la vista hacia el puesto de flores.

-Em, buenos días a ti también- dijo.

-Mi nombre es Federico… ¿y el suyo?- dijo haciendo una leve reverencia.

-Alba- respondió simplemente a su pegunta.

-¿Le gustan las flores. Alba?

-Bueno, no es que me interesen mucho pero algunas son hermosas.

-No creo que ninguna sea tan hermosa como tu.- dijo agarrando una rosa roja.

-¿Por qué no? Las personas no somos perfectas, algunas flores sí.

-Tienes razón. Esta rosa es perfecta, como tú- dijo entregándole la flor. La chica la cogió y miró a Federico.

-Gracias- le dijo con una media sonrisa en su rostro.

La chica miró por encima del hombro de Federico y vio a una mujer que los miraba con el ceño fruncido. Era guapa y vestía con ropas caras. La mujer empezó a caminar hacia ellos y parecía enfadada.

-¿Le gustaría dar una vuelta signorina?- le dijo Federico. La chica levantó una ceja y se rió.

-Me parece que te espera otra ''signorina''- dijo dándose la vuelta hacia el puesto de flores. Federico que quedo un poco confuso por esta respuesta. Pero al momento supo a lo que se refería. Una mujer se interpuso entre él y la chica. Era Anna, una mujer que sedujo hace unas semanas, pero no se había vuelto a molestar en verla de nuevo.

-Hola Federico- dijo la mujer con voz seductora pasando su dedo índice por el pecho del hombre. Federico frunció el ceño, mientras que en su interior maldecía a Anna por haberle estropeado aquel momento.

-¿Qué quieres?- dijo enfadado a Anna.

-Quería decirte que me lo pase muy bien la otra noche y que cuando quieras podemos repetir- Anna colocó sus manos detrás del cuello de Federico y no dejaba de lanzar miraditas a Alba que no dejaba de reírse por debajo.

La joven pasó por el lado de Federico dispuesta a dejarlos a solas.

Pero cuando avanzó unos cuantos metros estuvo a punto de chocar contra otro hombre. Miró al individuo, esa era la tercera vez en el día que se encontraba de frente con un hombre y eso empezaba a ser un poco incómodo y raro.

-Buenos días- dijo con una pequeña sonrisa el muchacho.

-Em… buenos días… ¿puedo ayudarle?- preguntó la muchacha.

-Bueno, solo quería preguntarle si le conozco de algo bella dama. Su rostro me resulta familiar.- preguntó Ezio cuidadosamente.

La chica inspeccionó el rostro de él. Le resultó algo familiar, pero no sabía de qué.

-La verdad es que me acabo de dar cuenta de que te pareces bastante a un hombre con el que acabo de hablar, demasiado diría yo.- dijo sonriendo.

Ezio escuchó las palabras de la muchacha pero no les presto mucha atención, se había quedado cautivado por la hermosura de sus verdes ojos. Cuando estos le miraron fijamente la imagen de una chica le vinieron a la mente.

-Espera… tu… tu eres aquella chica que ayer huía de los guardias…- dijo con un tono de impresión y algo confuso.

La muchacha se sobresaltó, aquel muchacho era sobre el que aterrizó ayer cuando huía de los guardias.

-Eh… yo… esto- la chica se quedó sin saber que decir.

-Pero, es muy extraño, ahora estás… diferente. Creía que eras…

-¿Pobre?- dijo la mujer algo más seria.

-Pues sí… pero ahora no lo pareces para nada. Estás muy guapa.- dijo Ezio con una gran sonrisa.

La chica no sabía que pensar, tomarse el comentario del chico como un alago o pensar si el hecho de que el la conociera la pusiera en peligro con los guardias.

-Bueno, me ha pasado algo… inesperado.- dijo teniendo en cuenta de que era difícil de creer todo lo que le había sucedido el último día.

Después de un minuto sin decir nada la chica pensó en sacar algo de conversación, o siendo sinceros, poner una excusa para salir de allí.

Desde que le había hablado por última vez el muchacho se le había quedado mirando con una leve sonrisa, ella se sentía sobre observada, como si estuviera desnuda, en parte le fastidiaba y otra parte se sentía feliz de que se fijaran algo en ella, en el sentido de que se había pasado un par de años siendo despreciada por los demás como si ella no fuera una persona, y no hablar de aquellos susurros que escuchaba de ella en los que las palabras ''pobre'' y ''sucia'' nunca faltaban.

Con el tiempo había aprendido a ignorar estas palabras provenientes de personas que no tenían ni idea de cómo era ella, además, quien le iba a negar que no era pobre y no estaba sucia cuando era la pura verdad. Ya estaba acostumbrada a ser tratada como basura, aunque ella sabía de sobra que no lo era.

-Perdona pero ¿te ocurre algo?- fue lo único que se le ocurrió preguntar.

Ezio pareció espabilar.

-No, lo siento. Simplemente su belleza me ha dejado hechizado.- dijo Ezio suavemente.

A la muchacha le entraron ganas de reírse, ella sabía que no era como las demás mujeres que se derretían con cualquier cumplido.

-Bueno, pues gracias. Y ahora… creo que tengo que ir-

-¡Ezio, Ezio, Ezio! ¡Querido hermanito mío! Veo que ya conoces a Alba- Federico dijo con un tono de alegría fingido mientras pasaba un brazo por encima de los hombros de Ezio.

-Ah, así que sois hermanos, ya decía yo que me sonaba tu cara em…- señalo a Ezio esperando que le dijera su nombre.

-Mi nombre es Ezio, y en efecto este es mi pesado hermano mayor que seguramente a estado intentando ganarse tu atención- dijo Ezio mientras reía. Federico le lanzó una miradita de odio pero al momento sonrió y le dio una pequeña colleja a su hermano.

-Oh, claro está que tú también lo has intentando hermanito- dijo Federico mientras giraba a su hermano quedando los dos de espaldas a la muchacha que contemplaba la escena con una ceja levantada.

-Ezio, te dije que era mía stupido, yo la vi primero- dijo Federico en voz baja a su hermano.

-Lo siento hermano, te sacó ventaja. Ya la conocí ayer mientras volvía a casa.- dijo triunfante Ezio.

Federico sonrió y le dijo resignado – Está bien, toda tuya hermanito, pero no la fastidies, ni dejes que sea la chica de un día- dijo riendo.

Le dio unas palmaditas en la espalda a su hermano pequeño y comenzó caminar lejos.

Ezio se dio la vuelta para tratar con la señorita, pero no estaba. La buscó nerviosamente con la mirada y la localizó girando la esquina que daba a la calle principal, y se fijó que está le dedicó un media sonrisa en la distancia.


Me quedé observando a los dos hermanos que discutían de espaldas a mí en voz baja. Estaba pensado si en irme o en quedarme un rato a que terminaran su charla y despedirme rápidamente de ellos. En un instante los pelos se me pusieron de gallina al reconocer, no muy lejos de mí a aquel humilde guardia que ayer me apuntaba con la espada. En mi mente me decía a mí misma que me tranquilizara, que no pasaba nada, que era muy difícil que me reconociera. Pero para estar más segura decidí alejarme de allí a paso liguero. Y justo cuando giraba la esquina para salir del mercado miré hacia atrás y vi que Ezio me buscaba con la mirada hasta posarla sobre mí, a esto le dediqué una media sonrisa.

::::...::::

Bueno, que os ha parecido?

Espero que os haya gustado y por favor, si no es molestia dejen Reviews, por que si no lo hacen... bueno, no pasará nada pero me haría feliz jeje

SALUDOS!