El 31 de octubre amaneció como cualquier otro día. El sol se levantó tarde, iluminando el bosque encantado. El sauce boxeador agitó sus ramas dejando caer miles de hojas de colores del fuego al suelo, mientras un ave fénix sobrevolaba el castillo dándole los buenos días a la Estrella de la mañana.
Nada de esto era contemplado por lo estudiantes del castillo, mientras dirigían sus pasos al gran salón para desayunar. Comentaban entre ellos acerca del acontecimiento ese día.
Hasta el momento el año había sido muy aburrido, los partidos de Quidditch estaban suspendidos y las visitas a Hogsmeade prohibidas para todos aquellos que todavía no llegaran al tercer año. Así que por primera vez en semanas, tendrían algo emocionante que ver.
El gran salón estaba impresionante, engalanado con las banderas de las diferentes casas, el techo encantado teñido de mil colores y el escudo de Hogwarts. Todos tenían puesta sus mejores túnicas, aunque no se esperaba que los invitados arribaran hasta el atardecer.
Finalizado el desayuno, la profesora McGonnagal golpeó una cucharita de plata sobre un cristal, mientras se aclaraba la garganta ruidosamente, y todos los estudiantes voltearon para prestar atención.
Dumbledore se levantó de su asiento, mientras caminaba hasta el pódium de la lechuza dorada:- Muy buenos días a todos, confío en que ya están enterado de los acontecimientos que se darán a lugar en Hogwarts este año, pero por si acaso no, lo cual dudo, hoy se los recordare.-
-El Torneo de los tres magos es una competencia que ha tenido su lugar en el mundo mágico desde hace cientos de años. Los participantes provienen de las tres escuelas de magia más importantes de Europa, ellos son La academia Beauxbatons, el Instituto Durmstrang y nuestro colegio Hogwarts.-
-Solo los estudiantes que hayan cumplido los 17 años pueden colocar su nombre en el cáliz de fuego- sus ojos buscaron a los gemelos Weasley, quienes observaban al director con desánimo- El cáliz elegirá un campeón por cada escuela, y entonces se dará inicio al torneo
-Confío en que harán sentirse a nuestros invitados como en casa, después de todo el objetivo de todo esto es la cooperación mágica internacional.-
-Durante el día de hoy asistirán a sus clases regulares, y al terminar el último periodo iremos a recibirlos a la orilla del lago-
Esto último fue recibido con varios resoplos y murmullos de desaprobación. Pero el respeto que sentían los estudiantes por el director pudo más, y todos arrastraron sus pies hasta los diferentes salones de clases.
Severus Snape no fue ajeno a los acontecimientos de aquel día, viéndose "obligado" a remover 10 puntos de Gryffindor a razón de Lavender Brown, demasiado distraída suspirando para darse cuenta de que su caldero estaba goteando.
-Te digo Harry, Fred y George van a preparan una poción envejecedora , le podemos pedir que pongan nuestros nombres- Dijo Ron Weasley
-Cállate ya Ron por favor, sino Batman aquí presente nos hará limpiar el desastre que Peeves dejo en los baños del quinto piso anoche, ¡sin magia! -
-Tarde, me parece que "Batman" los acaba de escuchar- los jóvenes voltearon lentamente hacia el objetivo de su pequeña platica y resoplaron con resignación-
-Me parece Sr. Potter que tiene usted un problema de memoria, le recuerdo que no hay Quidditch este año, por lo tanto le será difícil recuperar los 50 puntos que les restare a Gryffindor por su indiscreción, a cada uno. Ahora salga de mi salón de clases.
Ron Weasley y Harry Potter caminaron cabizbajos silenciosamente.
-Te lo dije Ron, ¡100 puntos! …McGonnagal nos va a matar-
-¡Lo sé! Por cierto Harry otra cosa…-
-Dime Ron-
-¿Quien es Batman?-
Severus Snape avanzó por los pasillos del corredor donde estaba ubicado el lobby de los profesores, un grupo de Hufflepuffs del primer año se congelaron al verlo avanzar, pero él no les hizo caso. Al entrar al salón notó que ya todo el personal estaba presente. Al parecer fue el único que pudo a mantener sus estudiantes en sus asientos durante la última hora de estudios.
Albus Dumbledore le hizó señas para que se acercara.
-Severus llegaste, se han hecho algunos cambios de último minuto, te ruego que me acompañes para recibir a nuestros invitados.-
Genial, no solo tengo que hacer de espía y enseñar una bola de estudiantes idiotas, ahora también tengo que ser tu lacayo de librea.-pensó el maestro de pociones.
Severus asintió.
-Muy bien, acompáñenme por favor, llegaran en cualquier momento-
Minerva Mcgonnadal y Filius Flitwicht avanzaron con Snape y Dumbledore hacia la orilla del lago, La profesora Sprout y Madam Pomfrey se encontraban en la enfermería, atendiendo a dos pequeñas Hufflepuffs de primer año, que Filch había aterrorizado hasta la histeria la noche anterior porque se les olvido limpiarse los zapatos antes de entrar al castillo.
La Jefa de la casa de Gryffindor repartía órdenes a sus estudiantes a diestra y siniestra:
-Señor Weasley arréglese la bufanda-
-Sr. Potter, por alguna vez en su vida péinese-
-Longbottom, lleve ese sapo de vuelta al castillo, esto no es un zoológico, y por amor a Merlín, no mencione que no sabe hacer un simple conjuro permutador delante de los alumnos de Durmstrang-
Los estudiantes de las diferentes casas se aglomeraron a la orilla del lago, luciendo las bufandas de distintos colores, especulando sobre la forma en cómo llegarían los invitados
-Tal vez lleguen con un traslador- dijo un joven de Ravenclaw.
-O tal vez lleguen en escobas- Dijo Seamus Finnigan
-Creo que veo algo- Dijo Luna Lovegood- Es como un castillo que flota.-
En ese instante decenas de caballos blancos tiraban de un carruaje enorme, blanco marfil brillante, adornado de líneas de plata. Los caballos descendieron muy cerca de los alumnos que estaban más cerca de la orilla, obligándolos a tirarse al suelo para no ser barridos por sus patas, un segundo más tarde aterrizaron. La puerta del carruaje se abrió y Severus observo la mujer más alta que había visto en su vida, era más alta que Hagrid, y eso que este era mitad gigante pensó. La mujer venia seguida de varias estudiantes con túnicas de seda azul, y sombreros ladeados todas en filas derechas avanzando hacia ellos.
-Mi estimada Madame Maxine, sea bienvenida a Hogwarts- saludó Dumbledore - Espero que su viaje haya sido placentero.-
-Dumbledogg ggacias pogg la bienvenida, te gguego que entggemos al castillo, no gecogdaba que hiciega tanto fgio y me temo que mis estudiantes se congelagan en espega de Kakagogg, me pagece que no ha llegado.-
-No madame, aún no ha llegado, pero pase por favor, Minerva, Filius, sean tan amables de escoltar a Madame Maxime y a sus graciosas Beauxbatons al castillo.-
El séquito desapareció rumbo al gran salón, mientras los demás estudiantes oteaban el cielo en busca de cualquier indicio de la llegada de Durmstrang.
Hermione Granger observó la superficie del lago, y llamó la atención hacía sus compañeros. De pronto una gran burbuja de aire ascendió, creando una ola que ensopó a los que se hallaban más cerca de la orilla. Era un barco enorme, parecía más un submarino que un barco, rodeado de un espectro fantasmal y cubierto de algas milenarias, emergió de la superficie de lago. Avanzando lentamente extendió algo parecido a una lengua metálica hasta la orilla.
Decenas de muchachos altos y fuertes, cubiertos de abrigos de pieles y sombreros caminaron hacia tierra. Detrás de ellos Severus observó un hombre alto, de cabello y barba negra, acompañado de una mujer más baja, que llevaba un abrigo entero color azul guantes y bufanda verde turquesa y el pelo castaño largo y oscuro bailando en el viento.
Un sentimiento de confusión y sorpresa se paseó por la mente de Severus Snape, mientras observaba la pareja que se acercaba a ellos, permaneció en silencio sin saber que decir o que pensar.
-Dumbledorr! Viejo amigo! Tiempo sin verrnos!-Igor Karkarroff saludaba a su homónimo ingles.
-Igor, que placer volver a verte, confió que hayan tenido una placentera travesía, te presento a Severus Snape, Maestro de pociones y jefe de la casa de Slytherin, el resto de mis colegas ya están en el castillo con la Directora de Beauxbaton y sus estudiantes-
-Oh si clarro clarro, esta joven a mi lado es miss Sophie Smirnov Maestra y consejera en Durmstrang.-
Sophie se encontraba clavada en el suelo, sus grandes ojos azules se posaron en los del hombre pálido, alto y de pelo negro que se encontraba al frente. Los recuerdos se agolparon en su mente, dejándola confundida e incapaz de abrir la boca. Le ofreció su mano enguantada a Dumbledore sin mirarlo, quien se la estrechó divertido.
-¿Se conocen?- La voz rasposa de Kakarroff sacó a Sophie un poco de su trance, mientras murmuraba:-Sev, Sev, Severus- al fin logró decir-
Severus actuó más rápido y confirmó la sospecha de los dos hombres: -Si, nos conocemos, somos del mismo año, aunque tenía mucho tiempo que no nos veíamos.-
-Magnífico, entonces debo pedirte Severus, que escoltes a la señorita Smirnov al castillo, tengo unos asuntos con Igor que me gustaría discutir antes de la cena- Finalizó Dumbledore, desapareciendo con Karkarroff de su lado.
El sol se incendiaba, tiñendo de vivos colores el horizonte, los estudiantes emprendieron su camino de vuelta al castillo silenciosamente. Solo dos figuras quedaban a la orilla de lago. El tiempo se había detenido para Sophie y Severus, ninguno de los dos podían hablar porque sus pensamientos inundaban sus mentes. Sophie suspiró, mientras avanzaba hacia él, rodeándolo con sus brazos tímidamente lo abrazó, mientras una pequeña lágrima recorría su cara para terminar en el cabello de él. Fue algo espontáneo, no lo pensó siquiera, solo sentía que quería hacerlo, y lo hizo.
Severus no supo qué hacer con su cuerpo, estaba confundido y no podía moverse, aspiró el aroma que se desprendía del cabello de ella pero no le devolvió el abrazo. Mil palabras cruzaban por su cabeza.
Estabas muerta.
No puede ser verdad
Pero es ella, si es ella, no es posible, no puede serlo.
Sophie sintió el cuerpo de él rígido, y en un instante lo liberó, con las mejillas teñidas de rojo vivo, busco en su mente algo que la hiciera salir de ese bochorno.
-Severus, perdóname, me deje llevar, es que no esperaba verte aquí, no sabía que enseñabas en Hogwarts- sus palabras salían atropelladas, sus guantes se humedecieron con el sudor de las manos, Sophie se pateó mentalmente por ser tan impulsiva.
Severus sintió su congoja, y se maldijo por tener tan poco tacto, no estaba acostumbrado a que lo tocaran, pero eso se había sido inusual y no sabía cómo debía sentirse al respecto.
-Deberíamos ir caminando Srta. Smirnov, la cena ya casi va a comenzar-
Sophie asintió, dejándose dirigir de vuelta al castillo, donde el Himno de Hogwarts daba testimonio de que la ceremonia ya había empezado.
No muy lejos de ahí, un enorme perro negro de ojos grises contemplaba lo sucedido.
La cena del gran salón fue un suplicio interminable para Sophie, cada rincón le recordaba algo que no deseaba recordar, estaba nerviosa preguntándose si había sido un error regresar otra vez. No probó nada de lo que le sirvieron y para colmo dejó caer los cubiertos al suelo, llamando así la atención de los demás comensales.
Por fin llegó la hora de retirarse, y dio gracias a Merlín por eso, antes de darse cuenta que Severus Snape era el encargado de llevarla a su habitación.
Maldijo mentalmente, antes de bajar del barco le había pedido a Karkarroff que solicitara una habitación para ella en el castillo, ya que no deseaba estar encerrada en el barco, y ahora llegaba el momento de dirigirse hacia allá.
Se despidió con un beso apresurado de su sobrino y siguió a Snape hacía la torre de Ravenclaw, que era donde estaba su suite.
Todo el trayecto fue en silencio, los alumnos aún no abandonaban el gran salón.
Cuando llegaron al tercer piso Snape se paró frente a un retrato, dio tres toques de su varita en la puerta, esta se abrió.
Dentro se encontraba una amplia sala, seguida de una habitación con cama y varios muebles, al fondo se divisaba un baño. Sophie comprobó que todas sus cosas se encontraban allí.
-Bueno profesor, mucha gracias por las atenciones, disculpe las molestias por favor-tratóo de sonar formal y de rehuir la mirada de él.
Snape eludió sus palabras, avanzando hacia ella, buscó sus ojos azules y los miró de frente,
-Por favor- murmuro con voz baja- disculpa mí torpeza…. La verdad me has dejado confundido, yo creí que habías muerto, al menos eso leí en los diarios-
Ella se aparto de él, buscando entre su equipaje sacó una botella y dos vasos, vertió su contenido y le paso un trago su amigo.
-Siéntate Sev -
El obedeció, dispuesto a escucharla toda la noche.
Veo que siguen leyendo. Muchas Gracias por eso. No se preocupen, Sophie no es una Marysue. Un beso.
