Plop.

Era oscuro, no podía ver nada, sólo escuchaba aquello, pequeñas gotas de agua cayendo.

Plop.

Una vez más, ahora sentía humedad, una humedad alrededor de su cuerpo.

Plop.

Cómo si le hubieran quitado una venda abrió los ojos.

Plop.

El paisaje estaba lleno de agua, aquel líquido le llegaba un poco más arriba de los pies y aun así ella estaba empapada, ¿por qué?

Plop.

Observó mejor el paisaje, el agua era clara, a tal grado de reflejarse en ella. Miró atrás, había un árbol.

Plop.

Las gotas seguían cayendo, sin saber la razón pues no parecía que lloviera o algo parecido.

Plop.

Miró sus manos, palideciendo al instante. Tenía sangre, sus manos estaban cubiertas de sangre.

Plop.

Ahora lo entendía, aquellas gotas eran de sangre. Pero ella no tenía ninguna herida.

Plop.

Bajó la mirada una vez más, ahora el agua lentamente se teñía de rojo, un rojo carmín.

Plop.

Y de aquel lugar emergía algo, que por desgracia sabía muy lo que era. Un cuerpo.

Plop.

...

Plop...

...

Plop…

La princesa se sentó en la cama, exaltada, su frente perlada en sudor frío.

—Emperatriz Asseylum, ¿se encuentra bien?

Llevó su mirada hasta el lugar en el cual provenía esa voz y con su mejor sonrisa respondió.

—¿Una vez más esa pesadilla?

—Sí, una vez más...— observó sus manos, en busca de alguna mancha de sangre, más que nada por instinto.

—Emperatriz, ¿realmente se encuentra bien? Está llorando...— la pequeña Eddelrittou no podía dejar de preocuparse. Extendió un pañuelo para ella.

—Está bien, no te preocupes.

—Pero...

Y antes de que pudiera decir algo más alguien llego hasta sus aposentos, algo cansado, quizás por tanto correr. La princesa después de escuchar al joven guardia se levantó y con voz firme le pidió que se retirara.

— Slaine... — Susurró al recordar su sueño, saliendo de su habitación.

.

Amifumi tenía una mañana un tanto agitada, no hace mucho había recibido a Rayet e Inaho, no era exactamente una visita amistosa, sino que habían llegado órdenes para una misión, pero, ¿por qué diablos tan temprano? Ella aún estaba en pijama, pero aquellos dos estaban ya con el uniforme para ir a la escuela. Se había sentido tan avergonzada ya que Inaho la había visto de esa forma.

Después de recibirlos fue hasta su habitación a cambiarse, para sentirse más cómoda, claro. Como una buena anfitriona ofreció algo de té verde, pues era del único que tenía. Y algo seguía sin cuadrarle, ¿por qué tendrían que ir hasta su casa? Bien pudieron llamarle para que se presentara directamente en la Confederación. Sin preguntar escuchó atentamente a todo lo que decía el castaño, hasta que escuchó el plan de éste.

—¿De qué estás hablando? ¡Por supuesto que no! ¡No lo permitiré!

—Inko...

— Es demasiado arriesgado, ¿qué planeas exactamente?

—Esto es algo que aún no saben los demás, Selum-san me lo dijo no hace mucho.

—¿Y sí no sale como lo planeado?

—Estoy seguro que funcionara.

—Ya no tienes aquel aparato analítico, no puedes estar tan seguro de ello...

Slaine al escuchar los gritos y el bullicio causado por los demás se removió entre las cobijas, observó la hora sin poder dar crédito a ella. Se levantó con pesadez para ir a ver qué pasaba, ¿era Amifumi discutiendo? ¿Con quién? Caminó intentando no hacer ruido, asomándose por una pared.

—Está bien, se hará como tú dices, pero nadie se mudará hasta después de todo esto.

—Tiene que ser hoy.

¿Mudarse? ¿Quién lo haría? ¿Y esa era la voz de Inaho? ¿Qué hacía tan temprano en esa casa? Intentó salir un poco más pero su mirada se encontró con la pelirroja y volvió a ocultarse lo más rápido posible.

—Inaho—. Llamó la atención de este y con un ademán señaló a sus espaldas, él simplemente no tenía que voltear, se podía imaginar a que se refería.

—Lo siento, Inko. Tenemos que irnos.

—Inaho, espera…

Y sin decir más salieron del lugar, dejando a una Inko confundida, como era la costumbre del castaño, suspiro pesadamente, a veces le gustaría saber lo que realmente pensaba, pero eso era pedir imposibles. Regresaba a la habitación, para por lo menos recostarse unos cuantos minutos en lo que se daba la hora para ir a la escuela.

—¿Slaine-kun?

Diablos, no le había dado tiempo a regresar a su habitación, apenas y había abierto la puerta. Llevó su mirada hasta la chica, fingiendo estar adormilado.

—Lo siento, ¿te despertamos? Deberías regresar a la cama, aún es temprano para ti.

Sí, a decir verdad su vida actual era algo similar a un NEET, no trabajaba ni mucho menos iba a la escuela, simplemente sus días transcurrían en la casa de Amifumi, hacia las labores domésticas simples, miraba un poco televisión y leía uno que otro libro. Pero eso ahora no era lo importante.

—¿Eh? No, yo… sólo fui al baño—. Esperaba que funcionara, igual, Amifumi llegaba a ser muy inocente a veces. —¿Había alguien más?

—Ah, no. Si fuiste a baño está bien.

Había funcionado y eso le agradaba, quizás cuando lo llamara a desayunar intentaría averiguar un poco más de lo que hablaron. Así cada uno entró a su habitación sin decir nada más.

.

—Subteniente Kaiduka, es extraño verlo por acá—. Magbaredge recién ingresaba a los cuarteles de la Confederación encontrado al castaño de frente.

—Coronel Magbaredge, ha sido un tiempo—. La saludo con el típico gesto militar, esperando a que continuara la conversación, aunque en verdad no quisiera mucho tiempo estar ahí con ella.

—¿Qué hace un estudiante a esta hora en un lugar como este? ¿Tiene asuntos que resolver? — Estaba interesada por el chico y ese era el mejor momento para hablar con él.

—Sí, tengo que arreglar algo al igual que fui llamado para una misión.

—Creo que estaremos de nuevo en una misión en conjunto.

Después de eso comenzaron a caminar, tenían que ir en la misma dirección, inevitablemente, si es que en verdad estarían en la misma misión. Había sido en silencio, pero antes de llegar nuevamente la coronel tomo la palabra.

—Algunos rumores dicen que tiene una nueva mascota desde hace ya unos meses.

¿Ya habían sido meses? Él lo sentía como si apenas fueran algunas semanas, convivir con el albino se había vuelto tan común que ya no estaba consiente de cuánto tiempo había pasado.

—No son sólo más que rumores, ¿cierto? — Sabia acerca de aquel rumor, de alguna manera alguien había descubierto que él fue quien ayudó a escapar a Slaine, pero sólo sabían eso, el hecho de que estuviera viviendo con Inko era aún un secreto.

—Algunas veces los rumores son sólo verdades ya conocidas.

—Esperemos que este rumor sea sólo eso—. Después de decir aquello abrió la puerta de la sala a la que debían presentarse, todos ya estaban ahí, a excepción de una persona.

Caminaron para tomar asiento, en silencio, esperando la llegada de la persona en la cual se centraba la misión, esperar era un suplicio para Inaho, prefería estar en la escuela en ese momento, o hablar en privado con su hermana en su oficina, cualquiera de las dos estaba mejor para él, aparte de que quería evitar a toda costa encontrarse con la princesa.

—Disculpen la demora—. La rubia entró por aquella puerta, junto con su fiel acompañante. Después de dar sus disculpas tomó asiento al otro extremo que Inaho, ahora si sería inevitable verla.

—Ya que estamos todos aquí—, habló Magbaredge, parecía que una vez más estaría al mando. —Emperatriz, por favor.

—Sí—. La chica se levantó con una semblante serio, Eddelrittou le pasó una pequeña hoja, del tamaño justo para sólo tener escrita una pequeña nota. —Hace unos días me llego esta hoja, fue mandada con un guardia del cual no conocemos la identidad. En ella se lee que en unos días se liberaran prisioneros que estén en la Tierra. Al mismo tiempo que llegó esta nota a mis manos fueron liberados algunos prisioneros en Marte, creemos que para este momento ya deben estar en la Tierra.

Un bullicio se levantó en cuanto terminó de decir aquello

—El día en que ellos pretenden hacerlo será en el cual la princesa dará un recorrido—Habló la coronel silenciando a todos. —También, ese día…

—Se celebra un año de la paz entre la Tierra y Marte—. Todos miraron a Inaho, quien había estado leyendo repetidamente la nota. Sabia acerca de la fuga de prisioneros, la princesa se lo había dicho antes, más no sabía de la nota. Pensaba que había sido algo tonto por parte de ella el no decirle a alguien más, para este momento quizás ya los hubieran encontrando y evitarían todo esto.

—¿Esto no será a causa de la fuga de Slaine Troyard? —Un presente tomo a palabra, ahora todos centraban su atención en él. —Sabemos qué hace unos meses escapó.

—Eso no es más que un rumor mal infundado—. Habló Yuki, saliendo más que nada en defensa de su hermano, en caso de que pudieran mencionarlo.

La princesa después de escuchar eso miro sorprendida al castaño, sabía que estaba vivo y en prisión, le había dicho que quería estar informada acerca de todo lo relacionado con él, después de todo era alguien importante para ella, sería una mentira decir que no estaba decepcionada.

Justo por lo que no quería estar presente en esa reunión, pero no estarlo lo haría aún más sospechoso de lo que ya era, sentía la mirada de la princesa sobre él, suspiró.

—Es factible pensar que las personas que aún quieren derrocar a la Emperatriz ayudaran a que escapara—, aquel hombre continúo hablando. —Tampoco podemos olvidar que Troyard intentó asesinarla.

—Nadie sabía acerca de que estaba vivo, ¿ahora hablan de una fuga? —Yuki tomo la palabra nuevamente.

—Pero el mantener oculta la supervivencia de ese criminal terminaría en esto, era fácil de prever—, él también comenzó a ver al castaño, quien ni se inmutaba por los comentarios, eso comenzó a molestarlo un poco, —Sin mencionar que fue el Subteniente Kaiduka quien pidió mantenerlo vivo y apartado de la sociedad, ¿eso no lo hace culpable también?

Vaya, hasta que había salido su nombre a colación, ya hasta comenzaba a preocuparse de que no lo mencionaran. Sin pensarlo, con un gesto detuvo a su hermana, para que no continuara con ello.

—Por favor, mantengan la calma—. Magbaredge se impuso ante aquellos dos que estaban por comenzar una discusión. —Justo como mencionó la Suboficial Kaiduka, nadie sabe acerca de la supervivencia del prisionero, aparte de los que estamos aquí, es por eso que fueron llamados para esta misión. No podemos asegurar que ellos lo ayudaran a escapar—, miró de reojo al castaño.

—Sin embargo no podemos dejar de pensar en esa posibilidad—. La princesa lo dijo con un tono calmado, procesando la información que había recibido.

—También pensamos que al hacer eso quieran distraer la atención para aprovechar el momento y asesinar a la Emperatriz— La coronel terminó la oración, creando un abrupto silencio.

Todos comenzaron a pensar en el peor de los escenarios, eran tan estúpidamente probables que representaban una verdadera amenaza.

—Subteniente Kaiduka, creemos que para este momento ya tiene el plan que se llevara a cabo.

—No es tan complicado y se llevara a cabo rápidamente—. Se levantó y comenzó a explicar todo lo que sería el plan, de forma que rápidamente pudieran entenderlo los presentes.

Una vez con todos los preparativos ya listos y con las debidas indicaciones dadas se levantaron los asistentes a esa reunión, recogiendo sus debidos documentos y despidiéndose cordialmente de todos. Inaho fue de los primeros en salir del lugar, pretendiendo no hablar con la princesa pero eso sólo sería un simple pensamiento.

—¡Inaho-san! —La princesa salió rápidamente detrás de él, dejando a algunas personas con las ganas de hablar con ella.

—Selum-san—. Se detuvo en seco, esperando por la rubia.

—Él esta…. ¡Slaine está…!

—Emperatriz Asseylum, este no es el lugar adecuado para hablar de ello. Sígame, por favor.

La chica no dijo nada más, simplemente asintió ante la indicación del castaño. Comenzó a seguirlo y entraron a una oficina en la cual se leía en la entrada "Kaiduka", no sabía si era de él o la de su hermana, pero eso no importaba. Espero a que se instalara y tomo asiento, frente a él.

—¿Slaine, está bien? —No esperó a que él comenzara, el simple hecho de pensar que podría estar en peligro una vez más era...

—Él está bien, está fuera de peligro si eso es lo que te preocupa.

—Entonces, ¿conoces su paradero?

Sería inútil seguir ocultándolo, quizás debió pensar bien lo que respondió, afirmar que está bien y después desconocer su paradero sería estúpido, pero se sentía incómodo hablando acerca de eso con ella, de alguna forma no quería que se enterara de ello, aunque no era incomodidad, era algo más parecido a la molestia.

—Ahora mismo se encuentra oculto en la casa de Inko—, miró el reloj, no marcaban más de las 10 a.m. —Quizás para este momento terminó de tomar un baño.

La chica sonrió aliviada, estaba a salvo y bien, confiarle la seguridad de Slaine al castaño había sido lo mejor que pudo pensar, pero ahora tenía otra duda.

—¿Es verdad que tú lo ayudaste a escapar? —Sin desviar la mirada lanzó la interrogante.

—Sí.

—¿Por qué?

—Selum-san. Si eso es todo lo que querías saber entonces me retiro, debo terminar de arreglar unos asuntos por acá y mi hermana no debe tardar en regresar. Le pido por favor que se retire, también tiene cosas por hacer—. No quería responder a eso porque ni siquiera él sabía la razón de ello.

—Espera…— Ella no se movió ni un milímetro de su lugar—Una vez ya me negaste esto, pero ahora lo exijo, quiero ver a Slaine Troyard.

La chica estaba decidida, podía afirmarlo por el tono de voz que había usado. Sabía que ese día, al descubrir la verdad, le pediría eso, sí Inko estuviera ahí le demostraría con eso que su plan funcionaria y la discusión de la mañana no tendría sentido.

—Por favor, Inaho-san…

—Mañana será posible verlo, Inko estará ocupada hoy y no tendrá tiempo de recibirte—. Vaya mentira, la castaña la recibiría hasta cuando estuviera verdaderamente ocupada.

La rubia sonrió como respuesta y salió del lugar después de despedirse. Inaho la vio partir y reunirse con Eddelrittou, regresó a su asiento, dando la vuelta a la silla, ahora le daba la espalda. Miró a un punto inexistente en el techo, pensando en lo que iba a hacer al día siguiente, no, más bien lo que haría desde ese momento. La puerta se abrió de nuevo.

—¿Naho-kun…?—Dudó por un momento quien se encontraría en ese lugar pues recordaba haber cerrado bien la puerta. —Ya está todo preparado, ¿quieres que vayamos ahora?

Dio de nuevo media vuelta a la silla para quedar de frente con ella, se levantó en silencio, recogió sus papeles y se dirigió a la puerta no sin antes decir gracias. Los dos salieron de la Confederación.

.

Se levantó pesadamente de nuevo, parecía que cada vez era más difícil para él levantarse temprano, pero no dejaría desayunar sola a la castaña, ahora que lo pensaba, ¿no ya era la hora para desayunar? Miró por segunda vez el reloj en esa mañana, su cuerpo estaba tan acostumbrado a esa rutina que hasta se movería solo.

¿Quizás ya le había llamado y él no la escucho? Salió de la habitación y fue hasta la cocina para asegurarse de ello. Estaba vacía, en aquel sitio no había nadie, ¿ya se había ido? Tenía tantas ganas de preguntarle. En la mesa aún estaban las tazas que había utilizado antes, casi llenas, pensó que eso había sigo algo descortés por parte del castaño, las recogió y llevo al lavabo. Colocó en un recipiente un poco de agua y la dejó sobre la estufa para calentarla, tal parecía que desayunaría solo.

—¿Slaine-kun? — Al escuchar el sonido de los trastes se levantó y fue hasta la cocina.

—Pensé que ya no estarías aquí, Amifumi-san—. Mentiría al decir que no le sorprendió la presencia de la chica.

—Sólo me quede dormida un poco—. Sonrió ante el comentario, vaya que estaba cansada.

—¿Alguien más estuvo aquí? Había unas tazas sobre la mesa.

—Ah, acerca de eso…— Se sobó el cuello al recordarlo—. Inaho y Rayet vinieron antes. Vaya que a ellos les gusta madrugar—. Bostezó.

—Oren…. ¿Inaho estuvo aquí?

—Sí, pensé que te habíamos despertado, pero sólo habías ido al baño.

—Entonces fue en ese momento…— Vaya que era alguien difícil para sacar información, personas como ella deberían estar guardando los mejores secretos del país.

El agua había comenzado a hervir y en ese instante la quito, sacó otra taza y vertió el agua. Sacó el café y el azúcar de su respectivo cajón, dejándolo en la mesa. Agarró las tazas, dejó el recipiente frente a la chica y él tomo asiento, fue en ese momento que la miró desanimada.

—Amifumi-san, ¿sucede algo? Te ves algo mal.

—Quizás sea la falta de sueño, con el café se quitará—. Sonrió aún sin ánimos, lo que le había dicho el castaño hace rato aún estaba en su cabeza.

Observo al chico que tenía al frente, estaba tan cómodo y tranquilo, ¿sería así cuando ella ya no estuviera a su lado? Más que eso, lo extrañaría, se había acostumbrado a él que en ese momento sería difícil, y como si no fuera suficiente, las constantes visitas del castaño terminarían. Era ahora que se daba cuenta que aparte de la escuela y su amistad, la otra cosa que los mantenía unidos era que estaba Slaine con ella, entonces, ¿a qué se oponía? ¿A que Inaho nuevamente arriesgara su vida? ¿A que el albino ya no estaría con ella? ¿A que el castaño ya no la visitaría constantemente? Le gustaría saber a qué se refería con esas palabras.

.

Observó la hora, para ese momento ya había terminado de las labores de la casa, ¿quién diría que el casi emperador de marte terminaría por hacer labores de casa? Estaba seguro que todos los Caballeros Orbitales estarían riéndose de él en ese momento, pero era la mejor forma para agradecerle a Amifumi por la hospitalidad. Fue hasta el sofá más cercano, se recostó un poco aun pensando en lo que habían hablado en la mañana, ¿quién se mudaría? ¿Por qué la castaña se miraba tan decepcionada? Su mente comenzó a divagar, ¿acaso no le tenía confianza la castaña aún, o era algo que no le podía decir? Antes de que pudiera concentrarse más en eso escucho el sonido de una alarma provenir del baño, eso quería decir dos cosas, la primera: la ropa estaba lista y la segunda: El baño también estaba listo.

Pensando que era la segunda fue hasta su habitación y se quitó el collar que le había dado la princesa; las únicas veces que se separaba de él era cuando tomaba una ducha o dormía, únicamente en esas situaciones. Camino al baño escuchó que tocaban a la puerta, ¿quién podría ser a esa hora? Todos estaban en la escuela y por todo son TODOS, ni Amifumi ni mucho menos Inaho estarían tocando la puerta…. ¿Vendedores? Era imposible, entonces… ¿Oficiales? ¿Ya sabían dónde se encontraba? Sin detenerse a pensar más cosas fue hasta la puerta con cierto temor a que en verdad fueran oficiales. Respiró profundamente y se preparó para abrir…

—¿Slaine Troyard?

—¿Sí? —La persona que se encontraba al otro lado era una mujer castaña, en efecto, vestida como militar.

—Necesito que me acompañes fuera—. Yuki no esperaba que aceptara de buenas a primeras, por lo que tendría que hablarle a su hermano para que él fuera directamente, de hecho, ¿por qué había aceptado ir ella?

—Ah…— Pensó un momento en cerrar la puerta e ir a ocultarse, pero siendo realistas, eso no funcionaría de nada. —Por supuesto.

Al final era la mejor idea, el aceptar ir con ella sin oponerse tanto, siendo militar debía traer un arma y la historia terminaría mal. Antes de salir de la casa se aseguró de que todo estuviera en orden, cerró la puerta con seguro –rogaba que la castaña llevara sus llaves- y la acompañó hasta una camioneta, subió y antes de partir miró por última vez la casa de Inko, en caso de que no volviera más.

Después de unos minutos de camino llegaron hasta una casa lo suficientemente amplia, ¿a qué lugar había llegado? Y más importante que eso, ¿qué le iban a hacer una vez que pusiera un pie dentro? La chica se estacionó lo más cerca que pudo de la entrada, apagó el motor y bajó del vehículo. Fue hasta la puerta por donde saldría el albino, este esperaba paciente, ¿acaso era idiota? No lo había esposado ni nada por el estilo.

Al momento en que comenzaba a abrirse la puerta este le dio una patada y bajó lo más rápido que pudo, comenzó a correr, pero antes de que pusiera un pie fuera de la residencia una bala cayó cerca de la entrada, se detuvo en seco y levantó las manos, más que nada por instinto.

—La próxima no será en el piso—. Habló lo suficientemente alto para ser escuchado, el albino comenzó a dar media vuelta lentamente.

—¿Por qué un estudiante tendría permiso de portar un arma? —Lo miró burlonamente.

—Ahora mismo no soy más que un Subteniente—. Guardó su arma y camino hasta donde estaba su hermana asegurándose de que no se hubiera lastimado.

—Te queda mejor el uniforme escolar que eso—. Sin dejar su actitud burlesca bajó las manos. —Esto no hubiera pasado si me hubieran puesto algún tipo de esposas—. Miró a Yuki.

—Yo le dije a Yuki-nee que no lo hiciera—. Él castaño y su hermana le dieron la espalda, quizás había errado en esa idea.

Espera, ¿"Yuki-nee"? ¿Qué quería decir con ese nombre? Después de escuchar al castaño vio como comenzaron a caminar en dirección a la entrada de esa casa, ah, ¿ahora lo dejaban ahí? ¿Cómo si nada? Bastó sólo una mirada del castaño para que comprendiera que debía ir con ellos, ¿pero él que tenía que estar ahí? Era en ese momento que comprendía a la castaña cuando decía que era más fácil saber lo que quería un gato a Inaho.

El inmueble era tal y como se lo esperaba, algo amplio por dentro, estaba amueblado ya con una sala y televisor, la cocina con todo lo necesario y ni se hable del enorme ventanal que daba a la parte trasera, vaya que durante el día estaría tan iluminado el lobby… Pero bueno, aún se lo seguía preguntando, ¿qué diablos hacia él en esa "mansión"? Bueno, el término era un poco exagerado, después de todo era sólo de un piso, como para una pareja recién casada y que no espera tener hijos, quizás.

Aquellos dos hablaban de algunas cosas que necesitaban revisar dentro de la casa, el albino se acercó más al ventanal sin la mínima intención de abrirlo, porque sí, apenas y se notaba la puerta deslizable, miró a lo lejos y pudo notarlo, aquella vista era hacia el mar, de alguna forma se sintió emocionado, volvió la mirada a Inaho, esperando algún gesto con el que le pudiera dar el permiso para salir pero eso nunca llegó, estaba más entretenido hablando con aquella chica, aquella Yuki-nee… ¿O era "Yukine"? ¿Acaso había escuchado mal y era todo junto? Comenzó a pensar en ello, mirando aún el mar, ¿quién viviría en esa casa? No había ninguna señal de que alguien estuviera viviendo ahí antes, todo era nuevo… "…Nadie se mudará hasta después de todo esto", recordó lo que había dicho la castaña por la mañana, comenzó a hacer sus conjeturas, ¿entonces quien se mudaría sería Inaho? Con sorpresa miró atrás de nuevo, pero de lo que no se había dado cuenta era que ya estaba detrás de él.

—¿Qué…?— Comenzó a sentir cierta incomodidad por tenerlo tan cerca.

—Te dije que ya nos vamos—. Una vez entregado el mensaje fue en dirección a la puerta.

Slaine ya no respondió nada, miró por última vez lo que podía del mar y siguió al castaño.

Subieron al vehículo, emprendiendo camino de vuelta a la ciudad. Gran parte del recorrido se había realizado en silencio hasta que Amifumi había llamado casi desesperada porque no había encontrado a Slaine, rápidamente el castaño comenzó a explicar la situación, diciendo que también ya iban para su casa.

—En cuanto lleguemos recogerás todas tus cosas—. En cuanto colgó el teléfono le dijo eso al albino.

—¿Eh…?— No le dio tiempo a procesar la información pues en ese mismo instante la castaña se concentraba en estacionar el auto.

Comenzaron a bajar del carro a excepción de Yuki, ella simplemente hizo un gesto de despedida para su hermano y los vio ir hacia la casa de Inko.

—¡Inaho! —Claro que no esperaría de las mejores bienvenidas al momento de poner un pie dentro, pero tampoco esperaba que la castaña estuviera esperándolos detrás de la puerta.

—Amifumi-san…—Se asomó por la espalda del castaño con una sonrisa.

—Slaine-kun, ¡qué bueno que estás bien! —Se sintió más aliviada al verlo ahí. Miró nuevamente al castaño. —Quiero una mejor explicación, no sólo el "Ah, sólo lo saque a pasear un momento, ya vamos para allá", ¡él no es un perro!

El albino también se había sentido de esa manera cuando lo escuchó antes, pero prefirió quedarse callado, por lo menos Amifumi de forma indirecta había dicho lo que pensaba.

—Koumori, tus cosas.

—¿Eh...? —Pronunciaron al unísono, sin entender a lo que se refería con eso el castaño, lo miraron buscando algo más de información.

—Te lo dije hace un momento, ¿no? Ahora ver por tus cosas, aún tenemos asuntos que atender.

Y sin esperar a una explicación más concreta que eso se adentró a la casa de la chica, sin saber exactamente qué hacer.

—Inaho...

Detrás del albino intento ir Inko pero fue detenida por el castaño, cerró el puño, no sabía qué hacer, se sentía frustrada, algo molesta, había pensado acerca de ello durante toda la mañana, ¿sin él que tendría? ¿Sólo la escuela, el ejército y la vieja amistad que tenían? ¿Cuánto de eso dudaría hasta el final? ¿Por qué se preocupaba tanto por él?, lo había reflexionado tanto que se había dado cuenta que en verdad lo único que tenían como lazo era Slaine, sin él ya no lo tendría ahí, en su casa casi diario, ya no estaría con esa persona que llamaría "especial", sí, quizás era hora de aceptar que esa amistad para ella era algo más que eso, ella ya no sentía amistad, sentía cariño, un cariño muy especial, desde hace mucho que era así.

—¿Por qué? —Lo dijo en un susurro. —¿Por qué quieres llevártelo? — Aun y aunque fuera por la amistad que había formado con el chico no dejaría ir esa pequeña conexión.

Ese día había escuchado ya muchos "¿por qué?", y lo peor del caso no era eso, sino que apenas el día iba por la mitad, o quizás menos, soltó a la chica y entró cerrando la puerta detrás de él. No podría responder, sabía la respuesta, pero no estaba seguro de ella.

—Ya lo rescataste una vez, ya lo liberaste, ¿qué más quieres? —No quería sonar grosera o en su caso desesperada.

—Lo protegí porque Selum-san me lo pidió—. Fue lo único que quiso aclarar.

—¿Entonces? Ya habías cumplido con eso, estaba bien en prisión, ¿por qué lo liberaste? —Era algo egoísta de su parte, pero en verdad no quería perder nada. —¿Qué clase de interés tienes en Slaine-kun?

Oh, eso no se lo esperaba, ¿interés? ¿Tenía alguno? Y sí lo tenía, ¿de qué tipo era? Debía darle algún elogio a Amifumi, realmente lo estaba haciendo pensar en algo realmente serio, ¿cuál era la razón por la que estaba haciendo esto?

—Inaho… Por favor…

—¿Acaso te gusta Slaine? —Interrumpió a la chica, ni siquiera había pensado correctamente en esa pregunta, simplemente había aparecido en su boca.

—¿Eh…?—¿Qué había preguntado? Toda aquella frustración se había convertido en sorpresa al momento de escucharlo. —A mi…

—Está listo—. El albino apareció repentinamente con una pequeña mochila que había encontrado en el armario de Amifumi, llevaba todo lo que podría reclamar como suyo, únicamente era ropa, la misma que le había comprado el castaño.

—Slaine-kun…— No podía decir que había sido el peor momento de aparecer, estaba agradecida con él, aunque suponía que lo había hecho a propósito, el empacar no le hubiera llevado mucho tiempo.

—De acuerdo. Nos vamos—. Quería salir lo más pronto posible de aquel lugar.

El albino se despidió de la chica quien repentinamente lo tomo en sus brazos, eso era el final, quizás ya no la volvería a ver, lo entristeció un poco al pensar en eso, la extrañaría, extrañaría esa buen amiga que había encontrado, la única que había tenido, su amistad tan sincera, terminó por corresponder al abrazo.

—Si sucede algo sólo llama, sin importar la hora, sólo hazlo—.No quería soltarlo, realmente no lo quería hacer.

—Lo haré, tenlo por seguro—. Se separó de la chica, compartiendo una sonrisa que ocultaba su tristeza.

Primero salió Slaine y camino en dirección al carro, antes de que el castaño desapareciera por la puerta lo detuvo Inko, con una cara algo seria, ¿en dónde había quedado la melancolía de hace un momento?

—La princesa Asseylum me dijo algo cuando fui al cuartel, hubiera estado encantada de venir hoy, pero sabía lo ocupada que estaba, sorprendentemente hoy es de mis días más tranquilos— Lo miro directamente a los ojos. —Protege a Slaine-kun, es lo último que voy a pedirte.

Una vez que estuvo fuera cerró la puerta sin decir más, no había necesidad de ello, lo protegería, de algo estaba seguro, no era por la princesa o porque ella le dijera, entendía la razón ahora, era porque simplemente quería hacerlo, no porque alguien más se lo dijera.

.

Se desviaron un poco del camino llegando a una tienda de ropa, antes de bajar Inaho le había pedido que se pusiera una sudadera con capucha, si es que tenía alguna, afortunadamente si la tenía e hizo lo que le había mandado. Bajaron del automóvil y se adentraron los tres.

—Escoge lo que quieras.

Al momento que puso un pie dentro estaba algo asombrado por la cantidad de personas que había dentro y no sólo por eso, la cantidad de ropa que había, y sin darse cuenta había avanzado a un estante donde pantalones de todos los colores y medidas estaban colgados y acomodados, fue cuando el castaño le había dicho aquello, aun sin creerlo lo miró con desconfianza.

—Naho-kun, esto te vendría bien— Lo dijo la chica con una sonrisa mientras sostenía un pantalón oscuro. —Y sí lo combinas con esto se verá aún mejor.

Se acercó a él con las prendas acomodándolas sobre él, por supuesto que le quedaba perfecto, después de todo ella durante mucho tiempo había elegido su guardarropa.

¿Naho-kun? ¿Yuki-nee o Yukine? ¿Qué clase de relación tenían esos dos? La chica parecía conocerlo muy bien, entonces… ¿era su novia? Aunque era algo mayo para él… ¿qué clase de gustos tenia? Un liguero sonrojo apareció en sus mejillas al pensar en eso, comenzó a recorrer los pantalones uno detrás de otro, intentando ignorarlos.

—Simplemente elige uno o varios y ya—. De alguna forma ver el cómo los pasaba le molesto un poco, agarro uno al azar con una sudadera e hizo lo mismo que su hermana.

—Yo llevaré la ropa—. Dijo Yuki con una canasta que había agarrado antes de entrar, en ella ya había ropa para ella como para su hermano y ahora para Slaine.

—Y… yo puedo elegir mi propia ropa—. Avanzo dos estantes más, alejándose del castaño.

Inaho sonrió por eso, verlo actuar de esa forma le aprecia algo divertido, y algo dentro de él comenzaba a hacerse más fuerte, algo que palpitaba dentro de su pecho.

Después de hacer aquellas compras y recorrer algunos lugares en busca de más productos para la casa nueva, llegaron al inmueble, todos bajaron del carro con varias bolsas en mano, Inaho y Slaine con sus respectivas maletas aparte.

El castaño introdujo la llave y dejo pasar a los demás, encendió el interruptor más cercano y varias luces comenzaron a encenderse solas, fue en ese momento que casi por acto de alguna iluminación divina el albino recordó lo que Amifumi y los demás habían hablado… ¡El que se mudaría sería Inaho! Y no sólo él, claro que no, sino que se mudarían en conjunto, ¿cómo había podido olvidar algo así? ¿Quizás porque pasaron muchas cosas dúrate el día?

—Prepararé algo de comer—. Una vez que dejo las bolsas y a maleta cerca de los sillones fue hasta la cocina.

—Esto…— Lo que quería en ese momento era explicaciones, no más.

—Oh, ¿acaso quieres ir al baño? —La castaña salía de la cocina después de dejar los víveres en la mesa.

—Esto… No, a decir verdad…—No sabía ni como pedir las explicaciones, pero a juzgar por la actitud del castaño sería mejor preguntarle a ella. —Yu… Yukinee-san.

Tanto el castaño como su hermana quedaron sorprendidos por como la llamó, lo miraron y después comenzaron a reír discretamente, en especial Kaiduka.

—¿Yukinee-san? — ¿De qué se reían los dos? No lo entendía, pero por lo menos descubrió que el castaño también podía reírse.

—Creo que no los había presentado antes—. Se acercó a ellos. —Ella es Yuki. Mi hermana.

—Mucho gusto, Slaine-kun—Dejo de reír pero aún mantenía una sonrisa, no se esperaba que la llamara hermana desde ya.

—¿Hermanos? — Estaba algo sorprendido.

—Sí, ¿acaso no nos parecemos? — Yuki seguía sonriendo.

—Ah… sí. Lo siento, Yuki-san—. A pesar de todo, la sonrisa de la castaña era algo radiante que incluso lo ponía un poco nervioso.

—No importa. ¿Qué era lo que querías preguntar?

—¿Por qué estoy aquí?

—Porque desde hoy esta también será tu casa—. Antes de que pudiera responder la chica, él aclaro todo. Oh, y claro, agregaría otro "¿por qué?" a la lista del día.

—Bien esa es la razón, ¿alguna otra pregunta? — Antes de que pudiera escuchar la nueva duda del albino, su celular comenzó a timbrar. —Ah, lo siento. Naho-kun, debo irme.

El castaño la acompaño hasta la puerta y después de ahí hasta el auto, se despidieron también con un abrazo pero la castaña le dio también un beso en la frente al chico. Slaine había observado todo y se sintió incomodo al ver eso, ¿cómo había podido pensar que eran novios? Suspiro y vio regresar al chico, rápidamente fue hasta el sofá más cercano aparentando sacar algunas cosas.

Inaho regresó y se dirigió de nuevo a la cocina, desde aquel lugar pregunto:

—Deberías tomar un baño.

—¿Desde cuándo me das órdenes? —Sacaba sus cosas, preparándose para hacer lo que dijo.

—No es una orden, es una opción—. Respondió, con su típico tono de voz. —Es eso o esperas la cena.

Se escuchaba el sonido de los metales, la puerta del refrigerador y el aceite asando alguna cosa.

—No está... —Dijo para sí mismo, buscando entre sus pocas cosas, ¿estaría entre la ropa? —No está... —Sacudía la pequeña mochila. —El collar de la princesa no está...

Su rostro reflejaba preocupación, no sólo eso, también miedo. Continuo buscando, incluso en sus bolsos y nada, no estaba, ese collar no estaba. Era estúpido pensar que estaría tirado en algún lugar de esa casa pues apenas y había caminado al sofá.

—Amifumi-san... — pensó en ella como si fuera un rayo de luz. Corrió a la cocina. —¡Orenjiiro!

Inaho daba la vuelta a un omelette, para después mirar al albino, se miraba preocupado.

—¡Llama a Amifumi-san! —Le casi gritaba.

—¿Eh? —No es que no le hubiera entendido, pero le tomó por sorpresa.

—¡Llama a Amifumi-san! ¡Rápido!

—¿Desde cuándo me das órdenes? —Le hizo la misma pregunta.

Rechino los dientes, era obvio que no lo haría por las buenas.

—No es una orden.

—¿Entonces qué es? —Dijo sin mirarlo, poniendo más atención a lo que estaba preparando.

—Tch... —Miró a un costado. —Es un favor—.Bajó el tono de su voz, sin darse cuenta. —Por favor, comunícate con Amifumi-san.

Inaho sonrió satisfecho. Sacó el celular de su bolsillo y se lo entrego.

—Busca su número, no tardes, la cena está casi lista.

Slaine salió de la cocina para ir directo a la sala, ahí busco el dichoso número pero se dio cuenta que no sabía cómo se escribía el nombre de la castaña, no siquiera sabía si estaba por "Amifumi" o simplemente "Inko".

—Dámelo, lo buscaré por ti—. Dijo quitándole el celular, movió algunas teclas y marcó. Antes que contestara le dio el aparato al albino.

"¿Inaho? ¿Qué sucede?"

La voz de la chica sonaba algo diferente a lo habitual.

—Amifumi-san, soy yo, Slaine...

"¡Slaine-kun! ¿Qué sucede? ¿Sucedió algo? ¿Dónde está Inaho?"

Ahora tenía la voz de una madre preocupada a punto de salir corriendo.

—Ah, no. Todo está bien, Kaiduka está preparando la cena.

"Vaya, pensé que había pasado algo."

Dijo al otro lado de la línea, suspirando aliviada.

—Tengo algo que preguntarte... —Lo pensó por un momento. —El collar de la princesa Asseylum... ¿Lo has visto en tu casa?

La chica lo dudo por un momento pero se dirigió a la habitación que había sido del joven hasta hace unas horas.

"Umh... ¡Ah! Esta aquí."

—¿En serio? Gracias, ¿podrías guardarlo? Intentaré ir mañana...

Pero antes que pudiera terminar la oración el castaño le arrebato el celular.

—Disculpa por molestar tan tarde, eso es todo, no vemos—. Colgó la llamada y guardo nuevamente el aparato.

—¡Que pasa contigo! ¡No había terminado de hablar!

Sin responder nada salió de la casa con el celular, claramente marcando a alguien. Después de unos minutos nuevamente regresó dentro.

—La cena esta lista—. Dijo sirviendo los platos.

—De acuerdo—. Ni siquiera sabía en qué momento había llegado tan rápido a la cocina.

Después de la cena los chicos desempacaron las cosas, Inaho le mostro la habitación que sería de él, tomaron un baño y se fueron a descansar, o eso pretendía el albino, el reloj marcaba los segundos con el casi molesto sonido del tick-tack, no se sentía tan cómodo en ese lugar, quizás porque había sido un cambio tan repentino. Jaló la sabana, poniéndosela encima. Abrió la puerta y salió de su habitación, recorrió aquel largo pasillo que lo llevaría hasta el lobby, ahí estaba el ventanal, dejando entrar toda la luz lunar posible, el cielo estaba despejado, las estrellas resplandecían. En esa ocasión quiso salir pero la puerta corrediza estaba cerrada con seguro, maldijo al castaño por ser tan precavido. Sin más, se sentó en el piso, esperando conseguir un poco de tranquilidad al ver el paisaje.

Así pasaron algunos minutos, miraba como las ramas de los arboles cercanos eran movidas por el viento, las olas que se creaban a lo lejos también. Escucho unos pasos acercándose a él, pero el simplemente lo ignoro.

—¿No puedes dormir? —Supuso que la pregunta era algo estúpida, pero últimamente cuando se trataba de algo referente al albino terminaba por decir estupideces.

—Esa debería ser mi frase—. Respondió cobijándose más con la sabana.

Después de eso, Inaho se sentó a su lado, comenzando a observar lo mismo que él, la luna ahora podría pasar por una estrella más. El tiempo paso, en silencio, simplemente observando el paisaje y la tranquilidad que este propiciaba, en ocasiones Kaiduka desviaba su mirada hasta el chico, quien habían mantenido una leve sonrisa durante todo ese tiempo, hasta que al fin había terminado por quedarse dormido, la gravedad hizo lo suyo y la cabeza del albino termino por caer en su hombro. Se mantuvo así durante unos cuantos minutos más, pensando en los días nuevos que vendrían, quizás para Slaine todo ese paisaje seguía siendo hermoso, nostálgico, algo que no podía ver ni en la prisión ni mucho menos en la habitación que había tenido en la casa de Inko, su hermana había hecho un buen trabajo al conseguir ese lugar.

—Si sigue siendo hermoso…—Susurro. —Me asegurare de mantenerlo de esta forma.

Tal vez había encontrado la respuesta a lo que le había preguntado Inko durante esa discusión, quería proteger todo lo que el albino considerara preciado, a toda costa lo lograría, sabía que había una palabra para etiquetar ese sentimiento, pero primero debía asegurarse de que fuera la correcta.

Paso una mano alrededor de los hombros del chico y lo acerco más a su cuerpo, Inaho extendió su mano hacia el cielo, como si quisiera atrapar algo, en seguida de eso paso aquella mano por debajo de la sabana asegurándose de haber pasado por debajo de las rodillas ajenas. Lentamente se levantó y camino en dirección a la habitación del albino, lo recostó gentilmente en la cama y salió, no sin antes pronunciar un "buenas noches".


Ha pasado un tiempo, sin embargo gracias a las personitas que leen esta historia, en compensación por la demora este capitulo salio un poco más largo que los anteriores, jeje.

Nuevamente vuelvo a agradecer el apoyo y espero sigan hasta el final esta pequeña historia. ¡Gracias!

¿Review? ¡Son gratis! :D ¡Nos vemos!