Un año después...

¡Ya he dicho que no! Yo no quiero a esa niña, si Markov se entera de este grave error, todo estará arruinado para mí.-Gritaba histérica la joven Ava.

Pero mi señora, vea lo hermosa que es. Es tan blanca como la nieve y sus ojos parecen joyas de la corona.-Replicaba la humilde ama de llaves.

Así era la pequeña de dos meses de edad, blanca como la nieve y como ojos violetas que la hacía lucir como una muñeca de porcelana. Tanto su piel como su cabello eran completamente blancos, este hecho hacía pensar a Ava que se trataba de alguna especie de maldición que fue lanzada a ella por aquella relación ilícita que mantuvo con un caballero de Athena a pesar de estar comprometida con un guerrero de Asgard.

Querida Elisa, lo diré una vez más, yo no quiero a esta niña. Solamente me recuerda lo estúpida que fui en dejarme enredar por un caballero dorado. Si tanto la quieres te puedes quedar con ella, pero fuera de este castillo, no quiero seguir viendo a este monstruo que solamente me recuerda a ese error que cometí.-Sentenció la joven para posteriormente abandonar la habitación.

Lo siento mi niña, pero tendré que dejarte con alguien más para que cuide de ti.-Pronunció Elisa con mucho dolor. Ella emprendió un largo viaje hacia un lugar donde sabía que la niña podría estar a salvo.

Aquel viaje le había tomado días, se sentía cansada pero no podía hacerse cargo de la niña. Aquello haría que la echaran del castillo y al ser el único sustento para su familia ella no podía darse ese lujo. Avanzaba entre la nieve y al ver un destello dorado cerca de una cabaña, supo que había llegado al lugar que estaba buscando.

¡Joven Artyom! ¡Joven! ¡Soy Elisa!-Gritó ella de manera imprudente, sin darse cuenta que aquellos gritos habían provocado una avalancha que se dirigía directamente al lugar.

Artyom corrió tan rápido como pudo y confirmó su título de mago de los hielos al detener aquella avalancha antes de que los golpeara de lleno. Protegió a aquella conocida mujer y logró que aquel alud de nieve regresara a la montaña. Cuando pudo calmar su agitada respiración pronunció:

¡Maldita sea Elisa! ¿Qué rayos piensas viniendo a gritar así a este lugar?

Lo lamento mucho joven, no tengo tiempo para dar explicaciones, debo volver a Asgard ya mismo.-Dijo Elisa mientras entregaba una cesta cubierta con mantas al joven caballero.

¿Qué es esto? ¡Dime qué es esto!-Exclamaba Artyom con visible molestia.

Es su hija, cuide de ella ya que su madre la ha despreciado.-Dicho aquello la mujer comenzó a correr rápidamente.

¿Hija? Elisa dime qué...-No pudo continuar, escuchó un llanto leve proveniente de aquella cesta. Se sentó sobre la nieve y comenzó a retirar las mantas una a una, entonces la pudo ver. Era tan blanca que Artyom pensó que la nieve se veía pálida al lado de ella.-Albina... eres albina mi pequeña, eres tan hermosa.-Pronunció el caballero entre lágrimas.

La pequeña abrió los ojos y esos ojos violetas se encontraron con sus azules ojos. Se maldijo mentalmente al recordar la última vez que estuvo en Asgard y tuvo la osadía de ir tras aquella mujer. Cuando salió de aquel lugar juró que no quería tener cerca nada que le recordara a ella, pero una parte de ese amor que le tuvo ahora vivía en aquella pequeña niña. Con la niña en brazos se adentró a aquella cabaña que compartía con alguien más.

¿Qué sucede cariño? ¿Por qué traes a una niña en brazos? ¿Qué ha sido todo eso?-Preguntaba aquella mujer muy confundida.

Yo... pensé que todo lo de Ava había quedado atrás. Elisa ha venido y me la ha entregado, esta pequeña es mi hija. Ava la ha botado a la basura justo como hizo conmigo-Decía Artyom mientras derramaba algunas lágrimas.

¿Qué harás ahora? Mejor dicho ¿qué haremos ahora?-Cuestionó la mujer.

Debo cuidarla, es mi hija y es mi obligación cuidar de ella. No mereces esto Irina, yo no quiero hacerte infeliz con esto y si deseas marcharte, si es demasiado para ti yo entiendo.

Jamás te abandonaría, a ella tampoco. Sé lo duro que es vivir siendo albino incluso en este siglo y creo que es nuestra oportunidad de... de ser una familia después de todo.-Pronunció Irina.

Se sentía identificada con la pequeña, después de todo ella era albina también. Se acercó a su amado y los tres se unieron en un fuerte abrazo, después de tanto dolor y sufrimiento las cosas podrían cambiar para ellos. De un momento a otro se habían convertido en una especie de familia, una familia un poco inusual pero una familia después de todo.

Soy Vega, para esta historia me he inspirado un poco en mi mejor amiga. Ella es muy fangirl de Saint Seiya y siempre fantasea con convertirse en caballero. Esto es un regalo para ella. Te amo mi pequeña Ana y que tu cosmos siga ardiendo hasta el infinito.