Tetsu se sentó de nuevo en la silla tras su escritorio sin prestar atención al recién llegado. Kagami se había quedado de pie incómodo por la situación con Aomine, pero era algo normal después de todo lo que habían vivido. Una vez Aomine salió de la oficina, Kagami pareció reponerse acercándose a la mesa de Tetsu y sentándose en la silla del otro lado.
- Te dije a las once – comentó Tetsu con rostro inexpresivo pero claramente molesto.
- Lo siento, no creí que fuera tan importante la hora.
Tetsu le miró sin entender nada de lo que hacía ese chico. Había sido el novio de Aomine durante cinco años, cinco años en los que él había sufrido el mayor de los silencios, el mayor de los dolores sin decir ni una palabra sobre sus verdaderos sentimientos. Creía haberse enamorado de una gran persona con la que jamás podría estar pero ahora al tenerle frente a él, tras su traición a su mejor amigo, empezaba a dudar de la persona de la que una vez se enamoró.
- ¿Estás enfadado conmigo sólo por no llegar a la hora a la que me dijiste? – preguntó Kagami dudando.
- Estoy enfadado contigo por más cosas – comentó Tetsu.
- Si es por lo de tu amigo…
- No quiero saberlo, Kagami. Lo único que sé es que estás con alguien, que le hiciste daño a mi mejor amigo, que le has traicionado.
- No me conoces para juzgarme, Tetsu. Tú tampoco estás libre de toda culpa. Todo el mundo comete errores. – intentó defenderse Kagami.
- No me metas a mí en tus asuntos, lo mío fue un error pequeño que no causó daños, sólo me traicioné a mí mismo. Aún así es cierto que en algo te doy la razón… Siempre creí que eras una gran persona y ahora me doy cuenta de que… eres capaz de traicionar a la persona que decías amar. Ya no te conozco – comentó Tetsu con ojos de tristeza tratando de ocultar su mirada entre las innumerables letras de los expedientes tratando de que Kagami no se diera cuenta, pero no funcionó.
- Tetsu… - susurró Kagami al ver aquella mirada.
- Sólo quiero tu testimonio de lo ocurrido el día del atraco, luego puedes marcharte.
- Yo no estaba trabajando ese día. No creo que vaya a ser de mucha ayuda.
- Es extraño que el día del atraco precisamente no trabajases.
- ¿Estás insinuando algo?
- No.
- ¿Estás queriendo decir que tengo algo que ver con todo esto?
- No he dicho eso, simplemente estoy tratando de averiguar lo ocurrido y por el momento… tu coartada es muy débil.
- Te explicaré lo que quieras. Tengo testigos que me vieron ese día.
- Entonces empieza a contarme todo lo que hiciste desde las siete de la mañana hasta las once.
Aomine se sentó en una de las sillas de la cafetería. Miró el blanco papel que sostenía entre sus dedos leyendo una y otra vez la dirección mientras daba un sorbo a su café. Sacó su móvil del bolsillo y buscó la dirección para tener una idea de dónde tendría que ir esa noche. Tetsu tenía razón, no estaba muy lejos, a unas cuantas calles de su casa para ser exactos.
La primera vez que vio aquel chico tocando en el parque, pensó que era un vagabundo más que tocaba la guitarra para sacarse unas monedas, pero al ver la imagen del local donde tocaba, se daba cuenta de que sus conjeturas eran erróneas. No era el típico antro que esperaba, era un lugar elegante que ofrecía música en directo para amenizar la velada de sus comensales, un restaurante de lujo y etiqueta.
Tras una hora, Tetsu se reunió con su compañero en la cafetería. El moreno miraba al pequeño con una melancólica mirada y es que hacía mucho tiempo que veía cierta tristeza en su compañero. Como siempre… le habría gustado preguntarle pero conocía muy bien a Tetsu, era igual que él, no destaparía sus sentimientos pese a lo directo que era para decir las cosas a la gente. Quizá eran demasiado parecidos en el fondo.
- ¿Tenía coartada? – preguntó Aomine captando la atención de Tetsu al instante.
- Sí, eso parece. Falta comprobarla. Tengo aquí el listado de la gente con la que supuestamente estuvo toda la mañana. Habría que corroborar que es cierto todo lo que ha dicho.
- No me apetece mucho tener que ir a hablar con los amigos de Kagami – sonrió Aomine sin poder creérselo – quizá hasta me encuentre con su amante.
- Puedo hacerlo yo si lo prefieres.
- No, Tetsu. Es mi trabajo y mi relación personal con él no debería interferir en mi vida profesional. Si hay que investigarle lo haremos.
- De acuerdo. Acabemos cuanto antes con esto para que puedas pasar página de una vez.
- Oye, Tetsu… ¿Recuerdas aquel campamento de baloncesto al que fuimos en el instituto?
- Uf, eso fue hace casi seis años Aomine. Recuerdo vagamente algunas cosas.
- ¿Ocurrió algo?
Tetsu le miró fijamente recordando aquel extraño verano, un verano que había tratado de olvidar durante todos aquellos años. Claro que lo recordaba, fue el primer día de su largo sufrimiento, pero no pensaba decírselo a Aomine, así que sonrió como siempre hacía, fingiendo.
- ¿Qué tendría que haber ocurrido? – preguntó – sólo recuerdo tus continuas discusiones con Kagami y con Akashi. En aquel entonces no os llevabais nada bien Kagami y tú.
- Lo recuerdo. Empezamos a salir poco después de aquel campamento.
- Eso creo, sí – sonrió Tetsu – ¿Nos vamos? – preguntó Tetsu enseñándole las llaves del coche patrulla. Aomine sonrió quitándoselas de la mano.
- Claro.
El resto del día, ambos estuvieron ocupados investigando la coartada de Kagami y algún trabajador más del banco que habían atracado. La suma que se habían conseguido llevar era demasiado elevada, todos los policías de la ciudad estaban informados del caso, sin embargo, por alguna extraña razón, su jefe les había pasado la investigación del caso a unas pocas unidades, entre ellas la de Aomine, seguramente por haber sido los primeros en acudir a la llamada y porque habían resuelto algunos casos similares durante su carrera policial.
Aomine llegaba a casa finalmente sobre las nueve de la noche, hora perfecta para darse una ducha, cenar y descansar, pero muy lejos de aquel pensamiento, tenía otro en la cabeza… aquel extraño rubio que últimamente rondaba sus pensamientos sin un motivo aparente. Decidió ducharse y simplemente cenar algo rápido antes de ir a tomar un par de copas a aquel local de música en directo.
La ducha le sentó bien aunque tampoco impidió que siguiera pensando en Kagami. Todo en esa maldita casa le recordaba a él. Cinco años de relación habían sido demasiados. Aún recordaba cuando era sólo un adolescente prepotente sin rival aparente en el baloncesto, frente a él apareció Kagami. Siempre se habían llevado mal o quizá era la apariencia. Aquel campamento había cambiado demasiadas cosas, descubrió al Kagami del que acabó enamorándose pero también sabía que Tetsu había estado extraño desde aquella vez, puede que sólo fueran imaginaciones, el mismo Tetsu le había comentado que nada diferente a lo habitual había ocurrido.
Tras cenar, se encerró en su dormitorio para buscar algo adecuado que ponerse. No podía presentarse en un elegante club como aquel de cualquier manera. Esas cosas nunca se le habían dado bien, él solía ser muy desordenado y algo caótico, apenas tenía prendas elegantes y por unos segundos… pensó en llamar a Akashi, él tenía que tener ropa mucho más elegante y apropiada para un club de esa envergadura. Finalmente, ante sus ojos apareció la vieja americana que su padre le compró para la graduación y que apenas la había utilizado un par de veces.
Se vistió con los zapatos, su vaquero y aquella americana oscura encima de la camisa blanca. Jamás se había visto tan formal como en aquel momento… exceptuando el día de su graduación en la academia de policía. Cogió las llaves del coche y la guitarra que había dejado apoyada en la pared cercana a la puerta principal. En el garaje de su edificio encontró su Ford F-150 recién estrenado, apenas llevaba un par de meses conduciendo aquel coche y es que el antiguo era tan viejo, que el día que más lo necesitaba para llegar a tiempo a su trabajo, se negó a arrancar. No le quedó más remedio que comprarse un nuevo coche.
En todos y cada uno de los semáforos, no podía dejar de mirar aquella guitarra en el asiento del copiloto. Resopló y sonrió cuando al girar la vista, apareció en uno de los grandes carteles publicitarios de la calle el rostro de su madre, gran empresaria en revistas de moda y antigua cantautora. Aún no terminaba de entender por qué su madre abandonó aquella pasión. La música nunca había sido uno de los fuertes de Aomine, tampoco estudiar, siempre quiso ser policía como su padre pero no entendía por qué su madre renunciaría a su sueño.
Aparcó el coche a un par de calles de distancia del club y caminó el resto del camino hasta la entrada. Uno de los camareros le pidió su americana con elegancia pero él rehusó la invitación prefiriendo dejársela puesta. Tras preguntarle si quería una mesa para cenar, Aomine prefirió simplemente quedarse en la barra a tomar un trago. Miró la gran estantería de bebidas y se asustó levemente. Él sólo quería una cerveza pero allí había bebidas que jamás había visto antes. Finalmente decidió tomar algo cotidiano, un Whisky.
Tras un par de actuaciones y unos cuantos tragos, Kise apareció en el escenario con una guitarra que desde luego, Aomine sabía que no era la suya. Seguramente se la habrían prestado o algo. Escuchó con atención aquella dulce voz hasta que Kise se quedó un segundo completamente paralizado al cruzar sus ojos con él, no podía creerse que finalmente ese policía del parque hubiera aceptado su invitación y estuviera allí para verle tocar. Sonrió y siguió hablando comentando el título de la canción y sentándose en la alta silla con la guitarra en sus manos.
Aomine se sorprendió al escuchar nuevamente la canción del parque, la canción que cantaba su madre. Quizá ese chico había escuchado sus canciones en algún momento de su vida, cuando su madre aún tocaba aunque le resultaba extraño ya que debía haber sido muy pequeño cuando su madre aún cantaba. Decidió escuchar con atención, por alguna extraña razón la canción le calmaba y le recordaba a su familia, adoraba a su familia. No pudo evitar sonreír y volver abruptamente a su realidad cuando la canción finalizó.
Para su sorpresa, Kise bajó del escenario con la guitarra en la mano y caminó hacia él muy decidido mientras otro cantante tomaba el sitio donde había estado el rubio anteriormente. Aomine sonrió al verle sentarse a su lado.
- Veo que decidiste venir al final.
- Te prometí que vendría un día a verte.
- Entonces eres un hombre de palabra – sonrió Kise.
- ¿Qué te apetece tomar? ¿O estás trabajando y no puedo invitarte a una copa?
- Puedo tomarme una contigo. Ya he terminado mi turno.
- Me alegro entonces.
El camarero se acercó hacia Kise y éste pidió exactamente lo mismo que estaba tomando su acompañante. No quería ser irrespetuoso así que prefirió no pillarse los dedos y no forzar la hospitalidad y cortesía del policía.
- ¿A quién le has robado la guitarra? – preguntó Aomine sonriendo dando un trago a su bebida.
- Oh, qué feo – comentó Kise con una mayor sonrisa – cómo se nota que eres policía. No la he robado, me la han prestado.
- ¿Prestado en serio o prestado de la he quitado? – preguntó Aomine.
- Prestado. El dueño del bar vio el lamentable estado de mi guitarra y decidió dejarme ésta sólo para las actuaciones en su local. Lamentablemente no he podido practicar mucho ni en casa ni en el parque, la otra guitarra ha quedado completamente inutilizable.
Aomine sonrió ligeramente antes de dar un sorbo a su bebida observando cómo su acompañante también le imitaba con una gran sonrisa sin apartar aquellos hipnotizantes ojos azules de él. Por un momento, Aomine pensó en la larga noche que aún les quedaba.
