=MR. COCONUT'S CHRONICLES=
-Las Crónicas del Sr. Coco: El Canino y su Maleante-
ADVERTENCIA: Este Fic NO ES una parodia de las Crónicas de Narnia y tampoco pretende ser un Crossover entre esta Saga y Total Drama. Simplemente me limite a tomar los títulos de aquella Heptología para nombrar los capítulos de mi Fic. Están debidamente advertidos.
DISCLAIMER: Total Drama no me pertenece. Es propiedad de Tom McGillis y Jennifer Pertsch. Así mismo, los nombres de los libros de la Saga de las Crónicas de Narnia pertenecen a C. S. Lewis y no a mí.
TIEMPO-ESPACIO: Futuro diez años posterior a la temporada Revenge of the Island. Se insinúa que algunos campistas murieron en el capítulo final de Total Drama World Tour.
PUNTO DE VISTA: Son siete capítulos… según el protagonista del pecado, el POV varía. Ejem… narrado por Duncan y el Sr. Coco.
ADVERTENCIA PARA FANÁTICOS DE DUNCAN: No quiero herir sus sentimientos. Lean bajo su propia responsabilidad y recuerden culpar al Sr. Coco si creen que nada de esto pasó.
"El Sobrino del Mago"/La heredera del Reality
"El León, la Bruja y el Ropero"/El Uber-Geek, la Type A y la Insane
"El Caballo y el Muchacho"/El Canino y su Maleante
Habían pasado mucho tiempo ya. En aquel entonces tampoco estaba solo. Ellos habían sido los mejores cuatro campistas que habían sobrevivido para llegar a esa instancia final. Encerrados en una cabaña y custodiados por una gran pitón, estaban preparados para morir. Pero para lavar sus conciencias, confesaron entre ellos sus más grandes culpas, a pedido de mi Gran Amigo…
Hoy, la escena se repite, pero todo a mí alrededor había cambiado drásticamente. No eran Owen, Gwen, Heather ni Duncan quienes me rodeaban, sino un nuevo cuarteto, ávidos por conocer aquellos secretos que mi memoria se resistía a enterrar en el tiempo.
-¡Ahí está!-había gritado Izzy, liderando la expedición-. ¡Aquella es la cabaña donde se transmutó!
-¿Cómo se supone que vamos a subir hasta ahí arriba?-preguntó Courtney, molesta.
-Había una escalera por aquí, pero hace años… ya se debe haber desintegrado-añadió Sierra, apenada.
-¡Ánimo mis damas! Están ante un miembro certificado del Campamento de Supervivencia de Steve el Malicioso-dijo Harold, señalándose a sí mismo-. Debe haber una forma de llegar, sólo necesitamos unas lianas para formar una soga y luego…
-O también podríamos trepar como lagartijas sobre la superficie del tronco-murmuraba Izzy con los ojos desorbitados y el cabello revuelto en todas las direcciones-. Para trepar por el árbol hay que pensar como el árbol, ver como el árbol, ser criaturas del árbol…
-¡Agrrr! ¡Cállenla de una vez!
-Tranquila, Courtney, Harold ya se está ocupando de esto-la tranquilizó Sierra.
-Unos cuantos amarres acá y… listo. Señoritas, después de ustedes-sonrió sosteniendo la liana anudada.
-¿Y qué tal si lo que sea que este ahí arriba trata de matarnos?-preguntó Courtney-. ¡Tú subirás primero!-gritó, empujando a Harold.
-Dah, olvídenlo, yo lo haré-y Sierra trepó por la soga, animada por su deseo de conocer la verdadera historia. Sus compañeros la siguieron. Y ahí estaban los cuatro frente a mí, perturbando años de silenciosa tranquilidad.
-Cielos… de veras es el Señor Coco…-murmuró Harold, impresionado.
-¡La radiación hizo estragos en él! ¡Miren las raíces que se desprenden para succionar la húmeda de las paredes!-Sierra estaba entusiasmada-. ¡Y aquella es la cicatriz que Hatchet le dejó cuando lo partió en dos!
-Lo que menos me importa ahora es su aspecto- insistió Courtney-. Esta fruta tiene que ser capaz de hablar, o todo esto habrá sido una gran pérdida de tiempo.
-¡Claro que sabe hablar! ¡¿Con quién creen que aprendí a superar la soledad luego de fugarme de Alcatraz?-Izzy juntó sus dedos en un gesto demente-. Por cierto, Alejandro les envía saludos a todos y promete arruinarles la Navidad este año.
-¡Cállate Izzy!-Courtney avanzó directamente hacía mi-. A ver, Señor Coco, viajamos desde muy lejos para venir hasta aquí, y espero que realmente haya valido la pena. Si sabes algo sobre los peores secretos de Duncan, Heather y Gwen, sería un buen momento para demostrarlo.
No abrí la boca. Después de todo, nunca tuve una. Me comunique como mi especie lo ha hecho desde siempre, con la mente. Y gracias a las facultades con que la radiación me había mutado, pude transferir mis pensamientos hacía ellos, logrando que pudieran entender mi idioma:
¿CUAL HISTORIA QUIEREN CONOCER PRIMERO?
Los cuatro se miraron entre sí, nerviosos. Mi presencia parecía intimidarlos. Continuaron así, sin saber que decir, hasta que finalmente, Sierra rompió el silencio:
-¡Oh cielos, oh cielos! ¡Estoy segura de que Cody habría querido saber cuál fue el pecado de Gwen!
-¿De veras? Pues a mí siempre me intereso conocer cuál fue el secreto de Heather… siempre supe que algo escondía para terminar convirtiéndose en lo que es.
-¡Claro que no! ¡Ambos pueden esperar! ¡Pero necesito saber el pasado de ese canalla de Duncan!
-Yo ya oí esas historias miles de veces…-murmuró Izzy aburrida-. Por mi las escucharía en el orden en que las narraron; primero Gwen, luego Heather y por último Duncan...
-¡Claro que no, Izzy!-Courtney estaba visiblemente alterada-. ¡Quiero saber que fue lo que hizo ese cretino que no fue capaz de contármelo!
-De acuerdo, Courtney-aceptó Sierra-. A la larga nos enteraremos de todas, supongo.
-Pues yo iré a buscar algo de comer-dijo Izzy, levantándose para salir-. Si pasa algo interesante llámenme. Y ustedes, lectores, también les conviene ir a prepararse un sandwich o algo por el estilo, porque este capítulo de Mr. Coconut Chronicles parece ser largo…
-¡Deja de romper la cuarta pared!-se exasperó Harold.
Y yo me propuse a contarles la primera historia…
=PERSPECTIVA DE DUNCAN=
Bueno, es mi turno ¿no? Que puedo decirles… Llego el momento de que sepan porque me enviaron al Reformatorio… Todo comenzó cuando tenía trece o catorce años. Habían ascendido a mi padre, por lo que tuvimos que mudarnos a otro distrito para que pudiera asumir a cargo de una nueva comisaría. Yo odiaba su trabajo. Vivíamos trasladándonos de un lugar a otro. Todos los años tenía que adaptarme a un nuevo colegio, un nuevo vecindario, un nuevo grupo… ¿Saben lo que más me fastidiaba de todo eso? Que yo siempre era el desconocido, el chico nuevo del grupo a quien nadie animaba a integrarse. Tardaba meses en formarme un grupo de amigos, para que al final todo se fuera por el retrete cuando tuviese que despedirme y partir con rumbo incierto.
Pero esta vez me juré a mi mismo que todo sería distinto. Cuando llegamos a nuestro nuevo hogar, acomode las cosas en mi cuarto y salí a explorar las calles, con la esperanza de hacer amigos rápidamente. No tarde en hallar a alguien. Lo curioso es que ni siquiera era humano. Un simple perro callejero, que parecía muy amistoso. Me encariñe con él de inmediato, y lo llamé Pity.
Si, lo sé, supongo que están pensando en que Leshawna debió haberles contado que perdí a mi perro a los seis años. Pues bien, no es cierto. Tanto a ella como a Courtney les mentí para que dejaran de fastidiarme por ese estúpido conejito que conseguí para DJ. Tuve mis razones para no contarles lo que pasó en realidad, algo que calle durante años, hasta hoy.
La cuestión es que Pity y yo nos volvimos inseparables. Hacíamos todo juntos, como los buenos compañeros que éramos. Pero como en todas las relaciones, siempre hay alguien que interfiere. En este caso fue mi madre. No es que le importase que trajera a un perro sucio y zaparrastroso a casa, en última instancia eso fue lo menos. Que puedo decir, admito que el perro era más limpio que yo. Lo que realmente le molestaba es que yo no salía con otros chicos del vecindario, a practicar algún deporte o cosas por el estilo. Ni siquiera me relacionaba con mis compañeros de la escuela. Vamos, comprendan mi postura. ¿Acaso valía la pena encariñarme con desconocidos si sabía que tarde o temprano empacaría y nos los volvería a ver jamás? Pity era todo lo que yo necesitaba. Pero mi madre no podía entenderlo, y tomó una decisión que en retrospectiva me parecía bastante estúpida. Ella decidió castigarme sino traía nuevos amigos a casa. Patético, ¿verdad?
Pity y yo salimos a vagabundear, merodeando por ahí en busca de alguna otra alma miserable que quisiera compartir nuestra amistad. Por desgracia para nosotros, nos encontramos con unos muchachos que mi padre siempre me describió como "vándalos" advirtiéndome que nunca me acercara a ellos. La curiosidad me condujo hacía, ellos. Ustedes saben cuánto se goza de algo que está prohibido.
Aquellos desconocidos llamaban poderosamente mi atención a medida que me acercaba más y más a ellos. Los tres vestían de negro, fumaban y tenían extraños peinados con colores que nunca creí ver en sus cortes de cabello. Además llevaban la ropa llena de tachas y la cara plagada de piercings. El mayor de ellos ostentaba un provocativo tatuaje en su pecho. No tarde en darme cuenta de que eran una banda punk. En ese momento me avergoncé de mi aspecto, y de la correa con la que llevaba a Pity.
-Miren a quien tenemos aquí… Al inocente muchachin con su adorable bola de pulgas…
-Bonita camisa, señorita. ¿Te la planchó tu mami?
-Qué demonios se te perdió por aquí, sabandija. Este terreno es nuestro
No deje que estos tipos me intimidaran. Conteste a todas sus preguntas con ingenio, lo que pareció gustarle al líder de ellos, Steve. Me unieron a su grupo con la condición de que modificara mi aspecto. Y de esa forma mi vida dio un giro radical. Cambie mis camisas por remeras negras con calaveras estampadas. Deje los pantalones de vestir por unos desgastados de jean. Abandone el prolijo corte por una cresta que luego me teñí de verde. Y la carita de niño bueno que solía tener la deforme para verme como un matón lleno de piercings. Lástima que mis ojos claros me hacían parecer atractivo para algunas chicas…
¿Creen que a mis padres les agrado? Nada podían hacer para impedirlo. Steve y su banda tenían mucha influencia sobre mí. Pero no se animaban a confiar realmente en que yo era uno de ellos. Mi pasado me condenaba. Mi padre era policía y para ellos yo era como un infiltrado del enemigo. ¿Qué podía hacer para ganarme su confianza? Robe las cervezas de mi padre para armar una fiesta con mis nuevos amigos. Conseguí las licencias de conducir falsificadas que mi padre les había incautado. Ellos me pedían a gritos que consiguiese el arma reglamentaria. Yo sinceramente, no me animaba a tanto. Me llamaron cobarde. Entonces me arme de valor y los desafié a demostrar que no lo era.
Me retaron a entrar a una vieja casa abandonada. En ese entonces yo no sabía que en realidad pertenecía a un hombre muy mayor que se encontraba internado en una especie de clínica que también funcionaba como asilo para ancianos. Poco me importaba a esa edad. Steve y los suyos me miraban con desprecio, creyéndome incapaz de lograr mi objetivo.
Ya era de noche cuando entré por una de las desvencijadas ventanas. Ellos me habían pedido que robara algo de valor de la vieja casa. Como siempre, había olvidado traer una linterna. Encendí mi mechero y lo alcé en alto. Atravesé el comedor directo a las escaleras. Entonces escucho un gemido.
-Pero… ¿Qué demonios…? ¡Pity!-mi fiel mascota me había seguido hasta ese horrendo lugar. Si tan sólo supiese que trataba de advertirme… Los perros tienen algo así como un sexto sentido, ¿no es así? Como sea. Tomé su correa y lo até a la pata de una mesa, para que no estorbe.
-Luego vuelvo por ti amigo-me saludo lamiéndome la cara.
Llegue al primer piso y entre a la habitación principal. Allí seguramente hallaría mucho más que lo que había ido a buscar. Me subí a la cama matrimonial, que ya estaba casi en ruinas, para registrar los muebles. No había nada de valor. Me sentí como un imbécil. Cuando abro el cajón de una mesita de luz, descubro con horror un nido de ratas devorando los restos del cadáver de un pobre gato…
-¡Mierda…!-solté el mechero por la impresión. Gran, gran, grandísimo error. La alfombra comenzó a incendiarse. ¿Mencione que estaba en una casa de madera? Pues ahora ya lo saben…
-¡Mierda!-repetí-. Bien hecho Duncan, ya lo arruinaste. ¡Viejo! ¿Cómo rayos salgo de aquí?
Las llamas devoraban la habitación, lamiendo y destrozando la puerta por donde entre. A este paso, el incendio se estaba extendiendo por toda la casa. Tarde demasiado en pensar que hacer, cuando quise darme cuenta, estaba rodeado. Sólo tenía una opción, y era saltar por la ventana. Así lo hice. Me lastime las piernas, pero eso no importaba.
-¡Idiota! ¿Qué has hecho…?-me reprendía Steve-. ¡Ya viene la policía, tenemos que irnos!
Pensé en la cara de mi padre cuando tuviese que arrestar a su propio hijo frente a todos sus compañeros. No lo dude. Me subí atrás de una de las motocicletas. A tres cuadras lo recordé.
-¡Viejo, detente! ¡Pity!-me desespere-. ¡Mi perro está en la casa! ¡Tengo que volver!
-Estás sólo viejo. Si vuelvo me meterán en la correccional. ¿Saben lo que nos pueden llegar a hacer a nosotros ahí?
-¡Steve, es mi mejor amigo! ¡Tengo que volver ahora!-él frenó la motocicleta-.
-Tu elegiste viejo-y me empujó de ella, tras lo que aceleró y se marchó con los otros dos.
Estaba a diez cuadras. Corrí tanto que creí que mi corazón iba a estallar. Cuando llegue a la casa, me quise morir. Ya casi no quedaba nada. Era todo humo y fuego lo que quedaba de la estructura principal. Me aventure hacia dentro, temiendo lo peor…
-Pity… ¡Pity, amigo, perdóname! ¡Lo arruine viejo! ¡Dime que estás vivo!
Y lo encontré. Acurrucado bajo la escalera, completamente calcinado. Había matado a mi propio perro… Las lagrima de dolor, de impotencia, recorrían mi rostro. Me hubiera muerto ahí mismo. Y por un momento creí que era así. Escuche las sirenas del patrullero policial. Algún vecino habría marcado al 911, eso era seguro. Y me llevaron hasta la comisaria en el auto de mi propio padre.
Pude mentir, culpar a Steve, tenía cientos de excusas. Pero yo tenía que pagar. Pity estaba muerto y yo era el único responsable. Por eso acepte el castigo de la ley. Por eso me llevaron al Correccional.
Owen miraba sin comprender. Heather estaba conmocionada, y Gwen apenas pudo romper el silencio, dolorida y quizás decepcionada. Doce años después, la audiencia no salía de su asombro. Sierra lloraba en silencio. Harold miraba un punto fijo, quizás recordando a Scruffy. Courtney se veía realmente apenada, y arrepentida de haber escuchado esa historia.
-¡Ya volví muchachos! Porque esas caras…-la sonrisa de Izzy se fue desdibujando a medida que recorría cada uno de nuestros rostros-. Oh, comprendo... Ánimo, les traje algo para comer.
CREO QUE FUE SUFICIENTE POR ESTA NOCHE. AHORA DEJENME DESCANSAR…
Y los cuatro se marcharon en silencio hacia el refugio que Izzy compartía con sus alter egos, mientras no cesaban de pensar en el precio que Duncan tuvo que pagar para ser quién hoy es.
Esta historia continuará-El Príncipe Carter
