¡Buenas! Otro capítulo de esta fic. Ya más o menos planee el boceto de lo que quiero hacer con ella y espero que pueda updetear más a menudo. Está sin betear, así tal vez encuentren errores. Personalmente creo que está un poco OOC, pero bueno, pueden decírmelo ustedes en las reviews.

¡Ah! A propósito, muchísimas gracias a todas las personas que dejaron sus reviews, que me hacen muy feliz y me animan a continuar :)


Erwin la observó con una sonrisa, aliviado de que recobrara el conocimiento, con sus últimos pensamientos todavía rondándole en la cabeza.

–Hola –le dijo aun sonriendo.

–Hola –y tras una breve pausa agregó– ¿dónde está Levi? –Hanji se sintió desorientada al no ver al hombre bajito a su lado. Tal vez la habían cambiado de habitación a pedido suyo, o peor aún, tal vez él ya no quería hablarle más luego de demostrar que en efecto no era su Hanji.

Erwin le alcanzó sus lentes y le comentó que Levi se encontraba descansando en su habitación bajo órdenes suyas, y que estaba en perfectas condiciones, salvo su obvio cansancio. Hanji asintió lentamente, comprendiendo que podría no ver a Levi esa noche y suspiró.

–¿Quién eres? –le preguntó, recordando que no sabía en compañía de quien estaba. Por lo que él le había contado, dedujo que se trataba de su superior, pero no conocía su nombre. Era un hombre muy guapo, con cabello rubio y ojos azules.

El aludido no ocultó su sorpresa ante tal pregunta.

–¿Qué recuerdas? –musitó tratando de que no le temblara la voz.

Hanji decidió no contarle sobre su mundo, de momento.

–Estaba parada sobre un muro muy alto, observando el caos a mi alrededor. Nunca antes había visto algo así de horrible. Sé lo que es la guerra, pero eso… Eso era una masacre. Los gritos atiborraban el aire, y hasta podría jurar que se podía palpar el miedo de la gente allí luchando por sus vidas. Me quedé helada ante tal panorama, pero alguien me quitó de mi ensimismamiento, me golpeó levemente y me besó. Era Levi. Un nuevo sentimiento de sorpresa me inundó y me alejé de él, y lo último que recuerdo es que caía directo a las fauces de uno de los monstruos. Eso es todo lo que sé… –dejó la oración a medio terminar para darle pie de introducción al otro hombre.

–Erwin. Erwin Smith –dijo con un suspiro derrotado. –¿En serio no recuerdas nada más? ¿Cómo puedes olvidarlo todo así como así…?

Una vez más el sentimiento de culpa la agobió.

–Lo siento… No sé por qué está pasándome esto. Por favor, ayúdame Erwin. No quiero volver a ver a Levi sufrir por mi culpa –contestó mientras trataba de esconder su rostro entre sus rodillas y se abrazaba las piernas.

–Ya, ya. Está bien, Hanji, no te sientas mal. Trataré de ayudarte en lo que pueda. –la consoló acariciando su espalda, y abrazándola. –¿Por qué no damos un paseo si ya te sientes mejor? Tal vez eso ayude un poco.

Ella lo miró con cariño, pensando que seguramente la otra Hanji y él eran muy cercanos. Asintió y se levantó de la cama con su ayuda, su cuerpo se encontraba débil, ya que al parecer el tiempo en este mundo y el de ella no corrían de la misma forma.

–¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? Siento los músculos entumecidos… –dijo mientras se frotaba los gemelos con rapidez para darles calor.

–Dos semanas. –indicó Erwin mientras le ofrecía su brazo, el cual Hanji tomó con una sonrisa, pero en cuanto cayó en la cuenta de la cantidad de tiempo, se detuvo en seco.

–¡¿Dos semanas?! ¡Eso es un montón! –soltó asombrada, casi sin pensarlo.

Erwin abrió la puerta para ambos, y salieron al vestíbulo. Las paredes se hallaban desnudas, salvo por una ocasional antorcha cada tantos metros. Una ventana se encontraba directamente frente a la puerta del cuarto, y en cuanto Hanji vislumbró la luz del amanecer, arrastró a Erwin hacia allí para obtener una mejor vista. Ante ella se extendían interminables planicies verdes, salpicadas con grupos de árboles que se agitaban con la fresca brisa de la mañana. En el horizonte, se veía el muro que los separaba a ellos de los gigantes come–hombres.

–¡Ahhh esto es hermoso! ¡Llévame fuera, quiero verlo todo!– exclamó mientras tomaba el rostro del hombre y lo acercaba hacia su cara, demostrando su excitación. –Nunca he visto tanto verde junto. ¡Es mi color favorito!

Erwin trató de calmarla y de componer su camisa, que la mujer había arrugado al tirar de él. –Hanji, Hanji. –la llamó dos veces, puesto que ella seguía sin prestarle atención. –De acuerdo, iremos enseguida, pero debes vestirte primero, aún sigues en tu camisón.

–Ah, claro. –le costó cuantiosamente despegar sus ojos del panorama, pero terminó por hacerle caso y entró en el cuarto a vestirse.

No tuvo problema alguno, hasta que llegó la parte de ponerse el arnés, o al menos eso creía que era. Asomó su cabeza por la puerta entreabierta, y le pidió ayuda a Erwin, algo sonrojada.

–¿Cómo se coloca esto?– le preguntó alzando el mencionado arnés en el aire como si fuera un objeto extraterrestre.

Erwin dudó un momento, sospesando la posibilidad de que Levi lo tirara por la ventana si llegaba a verlo colocándole el arnés a su esposa, pero le dijo que no era necesario que lo usara, al menos por ese día. Le preguntó si recordaba cómo cabalgar, a lo que ella le dijo que no tenía la menor idea de cómo hacerlo, y se ofreció a llevarla en su caballo. Antes de salir le dejó dicho al asistente de la mujer que irían a cabalgar, para que le avisara a Levi en cuanto despertara.

Subirse al caballo no presentó un problema, ya que Erwin la ayudó a propulsarse. Una vez ya montada en el caballo, le explicó lo básico para llevarlo a donde ella quisiera. Cuando llegaron a campo abierto, Hanji extendió sus brazos y dejó salir el aire de sus pulmones en forma de un grito de pura felicidad. Su alegría en ese momento era inmensa, y pronto se olvidó de todo lo que anteriormente le preocupaba. Definitivamente amaba cabalgar. Erwin siguió paseando junto a ella, cuidando que no se cayera o que su caballo no saliera corriendo desbocado.

Dándose cuenta de que ya era el mediodía, decidió que ya era hora de volver, ya que no podía ausentarse por largos períodos de tiempo dado a su rango. Hanji aprendió que él era el comandante de la legión de reconocimiento y que había otras dos divisiones más: la de las tropas estacionarias y la de la policía militar. Ellos se encargaban de luchar en el territorio enemigo, fuera de los muros; las tropas estacionarias se encargaban de proteger y mantener el orden dentro de los muros; y la policía militar se encargaba de servir al rey y proteger los muros interiores.

El bajar la velocidad para charlar mejor, hizo a Hanji darse cuenta de que se encontraba muy cansada, por ser ésta la primera actividad que hacía desde que se había despertado. Alegando que volvía a sentirse mal, ambos pararon en un pequeño bosque, no muy lejos de la fortaleza donde se encontraban. Erwin la ayudó a descender, y ya en el suelo, sus fuerzas flaquearon, pero en lugar de chocar con el suelo, el cálido pecho de su acompañante la salvó.

–¡Hanji! ¿Qué sucede? Tienes fiebre de vuelta. No tendríamos que haber salido, lo siento, esto fue mi culpa –señaló alarmado colocando una mano en la frente de la mujer.

–Erwin, debo decirte algo. –comenzó a decirle, pero el hombre se encontraba preocupado, ya subiéndola a su caballo consigo. –Erwin, no es que tenga amnesia, no pertenezco aquí. Algo… –Hanji trató de decir con la respiración entrecortada.

–Shhh, ya casi llegamos al castillo. No hables. –dijo mirando firmemente hacia delante. Hanji tomó su rostro con la poca fuerza que le quedaba entre sus manos para llamarle la atención, y él la observó con cuidado.

–Erwin, provengo de otro tiempo, otro lugar, créeme por favor. No soy la Hanji que conociste. –ante esto, la miró turbado. Levi tenía razón. Aunque cabía la posibilidad que ella estuviera delirando por la fiebre, pero algo en su interior le impulsó a creerle.

–De acuerdo, me lo contarás todo en cuanto te sientas mejor –ella asintió levemente y cerró los ojos.

En cuanto llegaron al cuartel, ordenó a alguien que fuera a buscar el caballo que había quedado en el bosque, y una vez Hanji estuvo en cama, bajo el cuidado momentáneo de su asistente, se dirigió a su cuarto, donde Levi descansaba; sólo que cuando abrió la puerta, encontró la habitación vacía.

–¿Levi? Hay un problema, a Hanji le volvió a subir la fiebre, y está inconsciente de nuevo. Si puedes ir a verla, sería lo mejor –habló en voz alta, esperando que donde sea que se estuviera escondiendo, lo escuche.

La puerta se cerró detrás de sí, y Erwin volteó. Allí se encontraba Levi, con un ceño fruncido que rivalizaba con cualquier otro que haya hecho antes.

–¿Qué has hecho, Erwin? ¿La llevaste fuera en esa condición? ¡¿Estás loco?! –los largos años de amistad permitieron a Levi hablarle de esa manera a su superior sin titubear. Erwin permaneció en silencio, completamente consciente de que era su culpa. Tendría que haberle insistido más en quedarse dentro, ya que en su estado no tendría que haber hecho una actividad tan extenuante como lo era cabalgar.

–Lo siento, Levi. Yo también la he extrañado, y tenerla de vuelta aunque sea por tan corto tiempo… No pude negarme a su petición. Por un momento se sintió como antes –sonrió, rememorando su época de cadete junto a ella. Levi bajó la mirada.

–En el bosque, cuando ella se desvaneció, ¿la besaste? –le cuestionó sin mirarlo.

–¿Qué? ¿Por qué preguntas eso? Eso es absurdo –respondió confundido e indignado. Nunca se le ocurriría hacer semejante cosa, ¿que su amigo no confiaba en él?

–Desperté en cuanto oí su voz en el vestíbulo, pero no quise enfrentarla en ese entonces, por lo que esperé a ver qué hacías tú; si me avisabas o no. No lo hiciste, y luego te fuiste con ella. Sólo allí reaccioné y fui tras ustedes. En el bosque, me pareció que eso había ocurrido. No veía bien desde donde estaba y… saqué la peor conclusión. Lo lamento –explicó finalmente mirándolo a los ojos.

–No te preocupes Levi, todos estamos al límite con Hanji así. Ahora ve a cuidar de ella, te extraña. Fue lo primero en que pensó cuando despertó; dónde estabas y por qué había un tipo extraño con ella –dejó escapar una breve risita. –Lo que me lleva a decirte que tenías razón, no es ella. Me lo dijo cuando volvíamos hacia aquí. Dijo que no tenía amnesia y que no provenía de este tiempo, que no pertenecía aquí. Eso debe significar que no sabe que ella es tu esposa… –comentó pensativo, con una mano en su mentón.

-Lo sé, y no por eso hace la situación menos dolorosa para mí o para ti. Iré a verla. –Levi dejó la habitación antes de que Erwin pudiera contestarle.

Cuando Hanji abrió sus ojos por segunda vez en el día, se sentía fatal. Poco a poco iba descartando la idea de que ese lugar fuera un sueño. Sentía náuseas y la cabeza le daba vueltas. Su cuerpo estaba caliente y deseaba contacto con el aire frío de la habitación. Luchó con la sábana y la manta hasta quedar completamente destapada. Trató de sentarse en la cama, pero no pudo. Antes de caer de fauces contra el suelo, un cuerpo familiar la atajó. Y sintió cómo el pecho de éste se inflaba y dejaba salir un suspiro de frustración.

–No puedes hacer nada sola, ¿eh anteojos de mierda?

Era Levi. Una inexplicable cantidad de calor se expandió por su cuerpo, no sabía si era la fiebre, o el hombre junto a ella que hacía latir su corazón tan rápido, pero se encontraba feliz de verlo, y tal felicidad desbordó por sus ojos.

–¿Por qué lloras? Detente, mojas mi camisa con tus lágrimas y mucosidades –el hombre dejó salir otro suspiro, pero no se movió; en cambio, la rodeó con sus brazos, dejando que llorara en él.

–Lo siento, lo siento. Sólo sé que no quiero que te apartes de mí. Al despertar y no verte a mi lado, me asusté. Por favor no me dejes. Sé que no tengo derecho a pedírtelo pero por favor, no me dejes. Este lugar me da miedo, no entiendo lo que está pasando y tú fuiste la primera persona que conocí aquí. Por favor, Levi –sus ruegos casi inentendibles por el ataque de llanto lo tomaron por sorpresa, y éste sonrió, acariciándole el cabello.

–Vaya, después de todo eres una inútil sin mí a tu alrededor –la mujer sonrió y asintió, aferrándose más a él, sintiéndose sana y salva por primera vez en mucho tiempo; haciendo a un lado su fiebre, por supuesto.


Ahhh terminé escribiendo la última parte llorando como una boba. Si quieren algo de ambientación, lean los últimos párrafos con la cajita de música de lovely complex de fondo. En youtube está con este título: Lovely complex (Theme Love Com) music box

En fin, espero que les haya gustado el capítulo, y no olviden que está basado en el webcomic de Lora Innes, The Dreamer.