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— Sueño —
Intentas inhalar y exhalar. Te recargas sobre el muro de tu izquierda y parpadeas.
En cualquier momento vas a caer, lo sabes.
Tal pensamiento te obliga a esbozar una sonrisa cansada, aunque satisfecha. Tú idea del día perfecto no consiste en ir a pequeñas pero numerosas misiones, o en tener que lidiar con Akumas de nivel uno que no representan un reto salvo por su número descomunal, sin embargo, sientes una tranquilidad con la que puedes vivir muy bien.
Incluso la premisa de que no has dormido casi nada por las últimas 98 horas no te sobresalta demasiado, pero los efectos ya son demasiado notorios como para fingir que no necesitas retirarte a tu habitación.
El problema se presenta cuando, a juzgar por tus lentos reflejos y la pesadez en tus piernas, tienes pocas probabilidades de llegar.
En términos mucho más realistas, es bastante seguro que caigas en alguno de los pasillos fríos, oscuros y poco transitados. No es tan malo si con eso consigues dormir un poco, pero tampoco tienes la intención de causar molestias: sería vergonzoso que alguien te encontrara y tuviera ideas equivocadas de tu estado, con lo cual te guiaría hasta la enfermería en que el mismo Komui probaría una "nueva medicina" en ti.
Tiemblas. No permitirás que eso suceda.
Sigues avanzado aun recargado en la pared, intentando ayudarte con tu tacto en vista de que ya casi no puedes mantener los ojos abiertos. Escuchas a lo lejos algunos pasos, tal vez una voz conocida, pero tus sentidos ya no reaccionan y temes caer de verdad.
Si eres un poco más honesto, admites que no había necesidad de llegar a esos extremos: tuviste la opción de negarte a las misiones que seguían pistas sin retorno. Pero no. No lo hiciste. Y aunque eso sí no lo reconoces con plenitud, sabes que fue uno de tus recursos para distraerte.
El pensamiento que te atormenta –que tampoco es el concepto correcto en el estricto sentido de la palabra- requiere de toda tu negación, de cualquier método para dejar de recordarlo. No obstante, cada vez fallas con más frecuencia, con más estrépito: simplemente no puedes olvidar la forma en que Lavi te hace sentir, o la manera en que su sonrisa parece iluminar el sombrío panorama que encierras en tu interior.
Su cabello rojo, sus ojos verdes, el modo tan especial en que te trata aun siendo un amigo significa mucho más para ti de lo que todavía estás dispuesto a admitir.
Te sonrojas, suspiras, lo niegas y te desvías, a pesar de saber que ya no hay vuelta atrás desde la última misión que tuviste con él.
Lavi jamás lo supo porque estaba dormido cuando sucedió, pero te atreviste a depositar un beso en sus labios entrecerrados. Fue un momento de debilidad, tal vez de locura, porque lo hiciste antes de que pudieras evitarlo, aprovechándote del sueño tranquilo de tu amigo.
Qué ironía, ahora era sueño lo que precisamente te hace falta.
Caes de repente, sin embargo.
En serio necesitas cerrar los ojos.
— ¡Allen! — aun con el cansancio distingues perfectamente la voz de Lavi. Sería imposible no hacerlo — ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué estás así?!
Sientes que se arrodilla a tu lado, intentado sujetar y levantar tu cuerpo sin fuerza.
Te sientes culpable, te sientes feliz, y el nuevo rojo colora tus mejillas.
No querías que nadie te encontrara en ese estado, y menos él.
Debe ser algún tipo de castigo por tu falta.
— ¡Háblame, Allen! ¡¿Qué sucede?!
— Sólo… tengo sueño — apenas formulas, pero tenías que hacerlo: no podías dejar que se preocupara innecesariamente — Acabo de llegar de… una misión y no he dormido… nada.
— Ah~ vaya — suspiró de alivio — ¡Eso cambio todo!
En un segundo sientes que eres llevado a otra parte… y al instante siguiente, tu cuerpo ya descansa en una superficie más cómoda, aunque no se parece en nada a tu cama.
Tu cabeza se encuentra sobre algo más cálido también que no sabes identificar, pero se convierte en la sensación más placentera que alguna vez sentiste.
— Como pareces bastante cansado, y tu habitación queda lejos, nos quedaremos aquí — explicó — A estas horas no hay nadie en la sala de estar, así que podrás dormir un poco~
¿Sala de estar? ¿Y por qué…?
— Además, mis piernas son mucho mejores que una simple almohada~ — ese tonto cantarín siempre te parece encantador, no puedes resistírtele — Descansa, yo cuidaré que todo esté bien.
Quieres disculparte, aclarar el asunto, o simplemente levantarte para evitar una situación tan vergonzosa… pero no eres capaz. Tampoco lo quieres.
Dormir en las piernas de Lavi es más de lo que podrías desear.
