Era una mañana fría, los jardines estaban cubiertos de nieve, y la negra superficie del lago estaba congelada.
Ya solo quedaban en el colegio los profesores y los alumnos elegidos.
Hermione se levantó temprano y se metió en la ducha. Ese día tenía su primera clase con Snape.
Estaba sobreexcitada por haber sido una de los pocos alumnos en los que habían confiado para esta misión. Era una gran responsabilidad y un gran orgullo formar parte de este grupo.
Como estaban de vacaciones, en vez de usar la túnica negra de Hogwarts, se puso una de color morado oscuro con una capa negra encima para abrigarse. Peinó un poco su alborotada melena castaña y bajó a desayunar.
No eran muchos, así que se reunieron en torno a una sola mesa. Ella se sirvió café y tostadas y miró alrededor buscando al que sería su profesor particular esas dos semanas. Debería terminar de comer más o menos a la vez que él para no hacerlo esperar.
Snape sólo tomaba una taza de té, y la chica se quedó mirando con la delicadeza que llenaba media cucharilla de azúcar y removía con ella la infusión. Sus manos eran ágiles, de dedos largos y finos. Se llevó la taza a los labios y miró a Hermione a los ojos. Ella le sonrió para disimular lo ensimismada que se había quedado observándolo.
Y él le contestó con un leve gesto de cabeza.
Terminaron de desayunar, Dumbledore les deseó buen día a los dos, y se dirigieron hacia la biblioteca, donde habían quedado en reunirse, ya que Hermione era la que más preparación necesitaría y así tenían todos los libros a mano. Además al ser solo dos y con la señora Pince de vacaciones, se convertía en un sitio muy cómodo.
-Debe estar contenta con esta oportunidad, ¿no es así señorita Granger?- Dijo lentamente Snape.
-Sí, me satisface profundamente haber sido elegida, y les demostraré que no se han equivocado al escogerme. Pienso trabajar muy duro.-
-Eso espero, debe saber que he sido yo quien la ha recomendado, no me decepcione.-
-Por supuesto que no señor.- Snape me ha recomendado… ¿Cómo es posible? Entonces tenía buen concepto de ella después de todo. Se hinchó de felicidad, y con los ojos brillantes comenzó a tomar apuntes de lo que él empezaba a relatarle.
-La magia está en el aire. Lo que distingue a magos y muggles es que mientras que los primeros pueden canalizar esta magia y su cuerpo actúa como conductor, los segundos la repelen.
Lo que hacemos en la escuela es ayudarle a desarrollar sus poderes, es decir, coger la magia de nuestro alrededor y dirigirla a un fin determinado. La varita y las palabras nos ayudan a lograr ese fin.
Por eso los niños, que no saben controlarla, provocan explosiones de energía, muy vistosas, pero nada prácticas. La magia pasa a través de ellos, pero sale de la misma forma que entra: desordenada, salvaje.
Cuando nos enfadamos, por ejemplo, hacemos magia igual que un niño, de modo descontrolado.
Yo voy a intentar enseñarle en estas dos semanas a tener siempre sus emociones bajo control, a guardar la energía que estas le provoquen para futuros fines.-
-Como imaginará, los encantamientos que vamos a realizar después de navidad, requieren un gran autocontrol y mucha concentración.-
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En la Madriguera acababa de dejar de llover. La tierra estaba húmeda y olía a hierba mojada. Harry y Ginny iban corriendo, cogidos de la mano y riendo. Se detuvieron delante del cobertizo donde los Weasley guardaban las herramientas de jardinería, se miraron todavía sonriendo un momento, y entonces Harry la besó.
