Condiciones
—Espero que tú hayas bebido otra cosa, humano— dijo el vampiro rubio con desgana—. Su sangre ha sido una de las más desagradables que he probado en meses.
La sangre de su amigo. Aquella idea rebotó en su cabeza como un disparo.
—Aléjate de aquí, chupasangre— le replicó el hombre, sujetando a Sookie frente a él a modo de escudo.
—Te aconsejo que la sueltes— dijo Eric en un tono que resultaba amenazante sin siquiera elevar la voz.
El hombre, a pesar del alcohol que llevaba en el cuerpo, comprendió que aquel vampiro era uno de esos "amigos" de los que la chica rubia había hablado antes para amenazarle. No pudo evitar preguntarse cómo una jovencita como ella había acabado en compañía de vampiros. Sería una buena baza a su favor si quería salir entero de allí y sacar a su amigo del contenedor si tenía tiempo.
—Chupasangre, como te acerques le corto el cuello— le advirtió el humano sacando una navaja del bolsillo y poniéndosela a Sookie en el cuello.
Si no hubiera estado tan borracho, habría visto que el vampiro había cambiado sigilosa y lentamente de posición. Pero lo estaba, y se sentía seguro por el hecho de tener a la muchacha como defensa y la navaja como arma.
—¡Suéltame!— exigió Sookie asustada y tratando de deshacerse del agarre de aquel tipo— ¡Te digo que me sueltes!
—De eso nada. Tú te quedas aquí hasta que ese monstruo se haya largado de aquí— dijo él de una forma que a Sookie casi le provocó náuseas—. Estoy seguro de que luego podremos seguir divirtiéndonos un buen rato.
—¡Eso ni soñarlo!— exclamó ella.
Y con todas sus fuerzas dio una patada hacia atrás, acertándole en la rodilla que hizo un desagradable sonido, como si se hubiera roto. El hombre intentó sujetarla para que no escapara, clavándole la navaja en el forcejeo. Trató de agarrarla de la pierna, pero sólo consiguió hacer que la muchacha cayera al suelo. Sabía que tenía que alcanzarla, o ese vampiro lo convertiría en bebida para chupasangres.
Quiso seguir hacia Sookie para detenerla y darle una lección a pesar del intenso dolor que sentía en la rodilla a pesar del alcohol, pero antes de poder hacer nada, le empujaron contra la pared con un fuerte golpe que le hizo daño en todo el cuerpo, especialmente el cráneo y las costillas, que el crujieron como si se hubieran partido. Perdió ligeramente la consciencia durante unos segundos por la intensidad del golpe.
Parpadeó con fuerza tratando de volver en sí mismo, y se encontró aquel rostro pálido demasiado perfecto y aterrador para ser de un humano y esos ojos azules que casi parecían destilar sangre. Dos colmillos ensangrentados se deslizaban desde su blanca dentadura y parecían mirarle directamente a él. Gritó con fuerza esperando que alguien le escuchara y fuera a socorrerle. Aunque sabía que sería en vano. Por aquel callejón no habría nadie, todos estaban peleando por entrar en el bar en la parte delantera.
Trató de zafarse del agarre de aquel vampiro tirando de su brazo, pero ese maldito chupasangre parecía hecho de acero, ni siquiera se inmutó cuando le golpeó con todas sus fuerzas. Más bien al contrario, le vio sonreír ligeramente como si le divirtieran sus desesperados intentos por escapar, y sintió cómo una mano fría cernía con fuerza el agarre sobre su cuello, ahogándole, impidiéndole casi respirar.
—¿Tu nombre, humano?
El borracho, quizá precisamente por su estado de ebriedad, se envalentonó y le miró con furia negándose a responder. Ningún vampiro le daría órdenes. Pero entonces sintió aquellos dedos como garras apretarle aún un poco más, y sus ojos amenazaron con estallarle en cualquier momento si incrementaba un poco más la presión y la asfixia.
—Joe— consiguió murmurar.
—Bien, Joe— y a Joe se le heló la sangre en el cuerpo al entender que el vampiro le estaba diciendo que su nombre no se le iba a olvidar nunca. Nunca—. Creo que es el momento de pedirle disculpas a la señorita.
Joe respiró trabajosamente una bocanada de aire y torció el cuello lo mínimamente que el vampiro le permitió para mirar a la jovencita rubia. Estaba cerca, de pie temblando ligeramente, manchada de sangre, con el ceño fruncido y de brazos cruzados, como si esa escena no fuera para ella ninguna novedad o nada de lo que sorprenderse. Como si fuera algo habitual y molesto con lo que solía lidiar a menudo.
Era un bicho raro, estaba claro. Pero con ese aspecto de pueblerina ingenua le había engañado completamente. ¿Qué tipo de buena chica merodea alrededor de un bar de vampiros en mitad de la noche? Ninguna, era evidentemente. Sólo un maldito bicho raro.
—¡Yo no soy ningún bicho raro!— exclamó ella de repente evidentemente dolida y ofendida.
El hombre dejó de pensar inmediatamente, mirándola con pánico. Joe estaba seguro de que sólo lo había pensado. No habría podido decir nada con aquel vampiro sujetándole del cuello como un collar de perro. ¿Cómo podía ella saber lo que estaba pensando? Tenía ganas de santiguarse. Quién sabía qué demonios podría ser aquella mocosa, seguramente algún tipo de esbirro de vampiros o quién sabía qué otra cosa…
—La señorita no va a esperar todo el día a que le pidas disculpas, Joe— dijo el vampiro de nuevo—. Tenemos un poco de prisa.
Joe tomó aire. Miró a la chica, y llorando del miedo abrió la boca tratando de decir algo. Sin embargo, apenas era capaz de emitir sonido, y la mirada azul del vampiro que no apartaba la vista de él ni un segundo junto al terror que sentía estaba a punto de provocarle un ataque cardíaco.
Finalmente consiguió decir algo, pero resultó ininteligible.
—Eric, ¿te importaría no sujetarlo tan fuerte? Así es imposible que diga una palabra— dijo Sookie tras ver los fallidos intentos de aquel tipo por emitir sonido.
Joe le miró aterrado. ¿Cómo se atrevía aquella chica a hablarle así a ese monstruo asesino?
Eric se encogió ligeramente de hombros, sin dejar de sujetarlo de cuello con fuerza ni un solo instante.
—Ni siquiera me había dado cuenta— replicó con un deje divertido aunque sin sonreír en absoluto, como si fuera algo que podía pasarle a cualquiera. Volvió a mirar a su presa, y Joe deseó morir en ese mismo momento con tal de no tener que seguir allí ni un segundo más—. Contesta a la señorita.
—Perdóneme, señorita— dijo Joe con la voz débil y entrecortada.
Entonces miró al vampiro a los ojos, esperando que le soltara. Pero no fue así. Eric le tapó la boca, y a una velocidad a la que habría sido imposible siquiera intentar detenerle, le golpeó en el estómago y las piernas, para después morderle un brazo con ferocidad. Sintió que la sangre le salía a raudales. Quiso gritar, pero la mano del vampiro le impidió hacerlo con la fuerza que hubiera querido.
—¡Eric, basta!— oyó decir a la rubia con un deje de molestia— No es necesario hacerle nada a este hombre, suéltalo.
El vampiro se detuvo entonces y, cogiendo la camisa del humano, se limpió la boca ensangrentada. Joe no sabía ni cómo seguía consciente. Estaba seguro de que se había meado de miedo. Sus ojos se encontraron con los del vampiro, cuya pupila cambió de tamaño, dejándole de repente la mente en blanco.
—Esta noche tu amigo y tú habéis estado bebiendo sin control— dijo Eric lentamente, esperando a que Joe asintiera. Y así lo hizo. Después continuó—. Os han echado de varios bares. Al final os habéis peleado, él te ha cortado con la navaja y tú le has golpeado hasta dejarlo inconsciente.
—Sí, eso hemos hecho— asintió Joe como una marioneta.
—No os habéis acercado en toda la noche al Fangtasia, estabais demasiado borrachos como para llegar hasta allí.
—No hemos ido al Fangtasia— aceptó Joe como auténtica verdad—. No nos gusta ese lugar.
—Eso es. Ahora quiero que vayas a recoger a tu amigo del contenedor y que os marchéis de aquí. No volveréis nunca por esta zona de la ciudad.
—No volveremos. Nunca.
Northman pareció darse por fin por satisfecho con aquella respuesta.
—Bien, ahora vete— le ordenó cortando el contacto visual, los colmillos todavía amenazadoramente visibles.
Joe asintió como hipnotizado y comenzó a andar cojeando hacia el final de la calle para sacar a su compañero del contenedor. Era como si ni siquiera notara su presencia o como si se hubiera olvidado de que existían.
—¿No te preocupa que su amigo recuerde lo que ha pasado?— preguntó Sookie abrazándose a sí misma al sentir un escalofrío al ver que por fin había terminado aquello y viendo a Joe alejarse.
—No ha podido verme. Aun así, el golpe que se ha dado en la cabeza y todo el alcohol que ha tomado probablemente hagan el mismo efecto que el poder de un vampiro sobre su mente— respondió Eric acercándose a la joven rubia.
Sookie se giró para encararle e increparle su crueldad. Pero no lo hizo. Al encontrar su mirada se sintió protegida, deseada y frágil, como siempre se sentía cuando estaba junto a Eric Northman. Trató de mostrarse segura y distante para ocultar aquella sensación. No quería que Eric supiera esas cosas de ella. O al menos no todavía.
Northman la miraba fijamente. Pero no a los ojos. Miraba su cuello sin parpadear siquiera, los colmillos plenamente visibles. Sookie abrió mucho los ojos al darse cuenta de lo que ocurría. Se llevó una mano al cuello y palpó el corte que Joe le había hecho con la navaja durante el forcejeo. La sangre caía formando un fino hilo rojo que le había manchado también la ropa.
Con lo difícil que era quitar las manchas de sangre de la ropa.
Eric se acercó hacia ella de pronto, silencioso como solo un depredador como él podía serlo. Sookie no le tenía miedo, pero sabía de sobra lo que les ocurría a los vampiros cuando olían sangre. Y también sabía lo que les ocurría a los vampiros cuando olían su sangre. Igual que sabía el intenso deseo que siempre sentía Eric por probarla. Un deseo que el vampiro vikingo siempre se había cuidado mucho de ocultar a todos menos a ella.
—Eric…— dijo ella a modo de advertencia, exigiéndole con esa sola palabra que no se acercara más.
Pero Northman no pareció escucharla. Sookie retrocedió dos pasos hasta golpearse la espalda contra la puerta, acorralada. Pensó en intentar abrir la puerta de un tirón y entrar corriendo en el bar, pero recordó al velocidad a la que había alejado de la puerta al otro borracho hacía unos minutos, así que decidió que sería mejor no intentarlo. Eric se detuvo frente a ella, a una distancia nada prudencial y demasiado cercana. Se tocaban, y Sookie era muy consciente de ese contacto con él y delo peligroso que resultaba. En muchos sentidos.
Vio cómo Eric se llevaba el dedo pulgar a la boca, y cómo se mordía la yema del dedo provocándose una herida. Sookie dejó de taparse inmediatamente el corte en su cuello. Eric tomó su rostro con una mano y le hizo girar un poco el cuello con suavidad, exponiendo su herida. Posó despacio su dedo sangrante sobre la herida de Sookie sin dejar de mirarla a los ojos. Ella sintió la caricia de su roce erizarle la piel y su mirada atravesarle con fiereza. Inmediatamente, la herida se cerró y dejó de sangrar.
—Gracias— susurró Sookie nerviosamente, procurando volver a crear una distancia segura entre los dos y pasándose la mano por el pelo en un gesto inconsciente.
—Siempre te metes en problemas—respondió el.
—No es cierto— replicó Stackhouse—, pero aun así, gracias por tu ayuda.
—De nada, aunque puedes pagármelo de alguna forma si lo deseas— murmuró Northman observando su ropa ensangrentada con un deje perverso.
A veces no entendía el comportamiento de Eric. Primero la curaba sin intentar siquiera beber su sangre, y ahora eso. Parecía tener doble personalidad. Una parte era el Eric aterrador, perverso, poderoso, terrible y manipulador, y otra el Eric silencioso, cauto, serio y casi… dulce. Era adorablemente desquiciante, pero desquiciante al fin y al cabo.
—Ni siquiera lo pienses, Eric— respondió Sookie con las mejillas encendidas.
—Puedes decirme que no lo haga, pero es un poco tarde para que me ordenes que no lo piense.
Sookie puso los ojos en blanco.
—No he venido para escuchar tus desvaríos, Eric.
—Créeme, llevo deseando saber a por qué vendrías esta noche al Fangtasia desde que se te ha ocurrido hacerlo mientras hacías la compra esta tarde— respondió él, serio de repente.
Sookie nunca entendería la rapidez de sus cambios de humor. Ni tampoco cómo era capaz en ocasiones de escuchar tan claramente sus pensamientos. Tener una conexión tan intensa con él desde que bebió su sangre le hacía sentir que había perdido de alguna forma parte de la intimidad de sus pensamientos.
—Están pasando cosas en BonTemps, y hay sangre de por medio, así que pensé que debía venir a contártelo, ya que tú eres el Sheriff— comenzó ella.
Eric asintió y la apartó con una delicadeza extraña de la puerta trasera del bar. La abrió y le indicó que entrara.
—Hablaremos en mi despacho, es más privado— dijo simplemente al ver el gesto de incomprensión de ella.
Sookie asintió y entró por delante de él. Cegada por la oscuridad del pasillo, no pudo notar la forma en que el vampiro la miraba mientras cerraba de nuevo la puerta a su espalda, adelantándola para guiarla hacia su despacho entre aquella oscuridad.
Sookie sentía su cuerpo tan nervioso que hasta le temblaban un poco las manos. Casi habría jurado que él le había acariciado la mano cuando había pasado por su lado. Pero tenía que haberlo imaginado. ¿Eric Northman, Sheriff de la Zona 5, acariciándole a ella la mano con dulzura? ¿El mismo Eric que era capaz de matar humanos comolos niños comían helados en verano? No, era imposible. Eric nunca haría ese tipo de cosas. ¿O sí?
Caminaron hasta llegar al despacho de Eric, cuya puerta estaba cerrada. Eric la abrió y la invitó de nuevo a pasar. Al hacerlo, Sookie sintió la mano grande y fría de Eric tocar suavemente su espalda para ayudarla a pasar. Pasó de largo sin mirarle y sin hacer ningún comentario. Estaba muy segura de que eso último no se lo había imaginado.
Y no le disgustaba en absoluto aquel tipo de detalles. Pero qué estaba diciendo. "Oh Dios mío, ¡qué vergüenza!", pensó mordiéndose el labio inferior y tratando de que nada de lo que ocurría en su interior saliera a relucir en su ajetreado exterior. "Sookie, tranquilízate, es sólo Eric, sólo has venido a buscarle porque necesitas su ayuda en BonTemps, nada más. Concéntrate, concéntrate, concéntrate".
Eric entró tras cerrar la puerta de la habitación y se sentó en su silla al otro lado de la mesa. La miró fijamente a los ojos mientras juntaba las manos en un gesto con el que parecía darle pie a hablar. Y no era una mirada con la que estuviera preguntándole a qué había ido hasta allí esa noche, o qué podía hacer él por ayudarla con el problema en BonTemps.
No, era otro tipo de mirada. Otra mucho más comprometedora. Sookie se sentó en la silla al otro lado de la mesa para poder evitar mirarle durante unos segundos a los ojos y así poder aclarar sus ideas. Estaba a punto de decir algo, cuando él se le adelantó.
—Creo que deberías quitarte la chaqueta.
—O no, no hace falta, no tengo calor— respondió Sookie con un gesto de la mano.
—Lo digo por el olor a sangre, Sookie. Es muy tentador y no me deja concentrarme— respondió Eric.
Dejó salir los colmillos, mostrando muy claramente lo que le pasaba por la cabeza.
—¡Eric!— exclamó Stackhouse indignada y abochornada por la insinuación.
Sookie se increpó a sí misma su incipiente nerviosismo. ¿Y por qué se sonrojaba de esa manera? ¿Acaso no le había visto los colmillos a Bill o a otros muchos vampiros? Desde luego que sí. ¡No había ninguna razón, tan sólo era Eric! Tomó aire para tranquilizarse y se quitó la chaqueta, sintiendo un extraño azoramiento que le hizo mirar al suelo hasta que lanzó la chaqueta a un rincón. Volvió a mirar a Eric. Northman la miraba otra vez de aquella manera, y de repente se sintió demasiado expuesta y con muy poca ropa, a pesar de que no era un vestido atrevido en absoluto el que llevaba aquella noche. De hecho ni siquiera era uno de sus favoritos.
—Bien— dijo Sookie rehaciéndose en la silla y tratando de pensar únicamente en la razón de su viaje hasta allí—, he venido porque han muerto ya dos personas en BonTemps, y el sheriff no deja de decir que los culpables de todo ello son los vampiros. Pero yo estoy segura de que no es así, porque…
—¿Intuición?— inquirió Eric.
—Sí, sí, bueno, no, digo... ¡sí! O no, bueno, algo…— ¿por qué la miraba de aquella manera? Apretó los puños para concentrarse en lo que estaba diciendo, imaginando que sonaba demasiado incoherente para parecer tranquila—… algo así. Estoy casi segura de que no ha sido un vampiro.
—Y qué crees que ha sido.
Preguntaba como si le estuviera haciendo un interrogatorio.
—No lo sé. ¿Otra criatura, quizá?
—Entonces no me interesa— respondió el vampiro recostándose en su silla con desgana.
Sookie parpadeó con rapidez ante aquella respuesta inesperada.
—¿Que no interesa?— inquirió como si no entendiera cómo la muerte de alguien podía no interesarle.
¿Acaso no era su obligación mantener el orden?
—Si no hay un vampiro de por medio, no es una de mis obligaciones.
—¿Que no es una de tus obligaciones?— repitió Sookie atónita.
—Exacto.
Sookie cerró la boca, que se le había abierto de puro asombro. No podía creer que alguien pudiera ser tan cruel, ni siquiera un vampiro como Eric Northman. ¿Es que acaso era incapaz de sentir algo de empatía por esa pobre gente que estaba muriendo o por los demás que seguían en peligro?
—¿Y qué hay de la colaboración entre humanos y vampiros?— preguntó entonces esperando que aquello funcionara, un último recurso al que anclarse antes de rendirse— Pensaba que los Sheriffs de cada Zona teníais que dar ejemplo.
Él sonrió de forma torcida, casi seductor. Aunque Sookie trató por todos los medios de pasar aquel detalle por alto.
—Cada Sheriff lleva su Zona como mejor le parezca. Y puedo asegurarte, Sookie, que a mi edad no hay muchos vampiros que se atrevan a decirme cómo debo dirigir mi Zona— apuntó con un deje de arrogancia con el que parecía disfrutar en demasía.
Era un ególatra. Uno terriblemente atractivo. "Sookie, ¡concéntrate!", volvió a exigirse a sí misma.
—No puedo creer que seas tan egoísta— le reclamó aún sin poder creerlo.
—Eres tú la que sólo viene a verme cuando necesitas algo de mí, y no al revés— respondió él casi como si le divirtiera aquel comentario.
Si hubiera estado su abuela allí, le habría dado una buena lección de civismo a ese vampiro. Estaba segura de ello. Le habría dado un buen discurso sobre lo que las personas deben y no deben hacer para ir al cielo y unas cuantas cosas más que no le iría nada mal recordar de vez en cuando. Aunque por lo visto sería inútil. La decisión estaba tomada y Eric no parecía dispuesto a mover un solo dedo por ayudarla.
Aceptando su derrota, Sookie asintió levemente, asumiendo que no iba a obtener ninguna ayuda de Eric. Pues bien, arreglaría todo aquello ella sola si era necesario.
—Bien, en tal caso, creo que es hora que me marche— dijo levantándose rápidamente de su asiento mientras Eric simplemente la observaba—. Gracias por tu tiempo, Eric.
Sonrió de pasada para así evitar tener que darle la mano y por tanto provocar un contacto corporal. No estaba muy segura de lo que sentiría si lo hacía. Acto seguido se dio media vuelta, dispuesta a cruzar esa puerta y dar un buen portazo aunque sólo fuera para demostrarle lo terrible que le parecía esa conducta tan poco solidaria y lo disgustaba que se marchaba por su falta de escrúpulos, lo poco responsable que resultaba que no quisiera mover ni un solo dedo por ayudar a los demás. Cuando rozó el pomo de la puerta con los dedos, algo la detuvo.
—Quizá pueda sacar un tiempo para ir a BonTemps.
Sookie se dio la vuelta inmediatamente para mirarlo. Eric todavía no se había movido un milímetro de su asiento.
—¿Lo harás?— preguntó esperanzada aunque a la vez con cierta desconfianza por aquel giro inesperado de los acontecimientos.
—Qué estás dispuesta a hacer por mí si hago lo que me pides.
Stackhouse no pudo evitar pensar que había sido una ingenua. ¿Eric haciendo algo por voluntad propia? Imposible. Tenía que haberlo imaginado.
—Te lo agradecería mucho— dijo secamente.
—Eso no es suficiente.
Sookie dejó de respirar en ese mismo instante. La cosa se le estaba yendo de las manos, y sabía de sobra que el término "compensación" o "agradecimiento" no tenía el mismo significado para ella que para él. Pero entonces pensó en Jason, y en todo el tiempo que había perdido allí sin buscarlo en el bosque o donde quiera que estuviera metido en líos. Iba a necesitar ayuda también para encontrarlo a él. Se mordió el labio pensando y tratando de buscar una forma de no salir demasiado mal parada de allí.
—¿Me ayudarás también a buscar a Jason?— preguntó condicionando su respuesta final a aquella petición.
Un atisbo de sonrisa peligrosa pareció surcar sus fríos ojos azules durante un instante al escucharla.
—Lo haría, pero deberás pagarme.
Se hizo el silencio durante unos segundos.
—Está bien— concedió Sookie casi a regañadientes—, pero no pienses que voy a aceptar darte cualquier cosa que me pidas, así que ni se te ocurra ponerte a imaginar cosas retorcidas, Eric, porque te aseguro que eso no va a funcionar.
Sabía que esa condición en un pacto con un vampiro era útil. Los vampiros no podían dejar de cumplir sus pactos, con todas y cada una de sus condiciones, pero aun así se sintió como si estuviera intentando engañar a más de dos milenos de experiencia. Era un juego peligroso.
—Hecho.
Aquella simple palabra en labios del vampiro sonó casi como el cierre de un juramento, o al menos así se lo pareció a Sookie.
—Entonces, ¿nos veremos mañana por la noche en BonTemps?
—Mañana por la noche— asintió Eric, y acto seguido se puso en pie.
—Hasta mañana entonces— respondió Sookie con rapidez.
Abrió la puerta de un rápido tirón y salió de allí tan rápido como fue capaz. Ver a Eric levantándose le había hecho recordar otras ocasiones en que había acabado acorralada entre una de las paredes de ese despacho y el cuerpo de Eric Northman por no haberse alejado a tiempo. Y puede que una gran parte sí misma no estuviera en contra de repetir la experiencia, pero la poca sensatez que todavía pudiera quedarle se había impuesto, alejándola de allí cuanto antes.
Respiró profundamente mientras salía por la puerta delantera del bar y se despedía de una Pam algo sorprendida al verla.
Tenía que volver a casa cuanto antes. Necesitaba darse un baño relajante y dormir. Y esperaba que, al menos en el mundo de sus sueños, su mente dejara de imaginar a Eric, a sus ojos azules, y a sus sugerencias poco recomendables.
OOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOO
Continuará…
