Hola a todos, perdón por la tardanza, pero he estado muy ocupada últimamente y, bueno, habrá más información en la parte de abajo. Así que, ya no molesto más. Perdón si en esta mariposa no contesto comentarios, escribí estas notas en plena clase de matemáticas, así de mucho tiempo estoy teniendo, prometo que para la próxima si lo haré.

LOS PERSONAJES DE LOK NO ME PERTENECEN, SON DE SUS RESPECTIVOS CREADORES.

Paradoja:

Mariposa III: Revelación.

Korra destacaba por muchos aspectos, por su belleza inusual que atrapaba sin siquiera proponérselo, por sus aptitudes físicas que estaban más allá de lo que cualquiera podría aspirar, por aquella personalidad explosiva y, a su vez, sumisa que llegaba a tener y muchas otras cosas más que harían de la lista de: "Cosas que hacen única a Korra" de Asami Sato, tan larga que ni todos los libros de Wan Shing Ton tendrían tanto papel para enumerarlas. Pero. Si en algo destacaba aquella morena que estaba a su lado y en la cual casi nadie podría competir con ella, era en nada más y nada menos que el apetito que siempre tenía y eso la heredera le era palpable en esos instantes. «Algunas cosas jamás cambiarán...», se decía la ojiverde mientras observaba con una estúpida sonrisa como la morena engullía todos los alimentos que tenía frente a ella. Lo panes hechos a vapor por Pema desaparecían en cuestión de segundos, la sopa de algas marinas que ella misma ayudó a preparar había pasado a mejor vida desde el momento en el que le pusieron el tazón en frente, el pescado que ahora era presa de los dientes de la Avatar parecía con cada mordida mucho más pequeño y, si a la Sato no le fallaban las cuentas, esa taza de té que tenía la maestra agua junto a ella era ya la décimo sexta que le servían dejando así la tetera casi vacía. «Sí, algunas cosas jamás cambian», se repitió a sí misma Asami sin poder dejar de sonreír, ver como la joven de ojos azules estaba a nada de atragantarse y bebía con fervor su té que tenía junto a ella, ver en ese estado a la joven de tez tostada le hacía sentir que estaba en su tiempo y no en un pasado lejano donde la posibilidad de que ambas estuviesen juntas fuese alejada.

Korra por un instante sintió como su vida se le iba gracias a un gran trozo de pan con pescado que no masticó como era debido, sin dudarlo ni un segundo tomó la taza de té que tenía junto a ella y lo bebió hasta que sintió que su garganta era otra vez libre. Exhaló aliviada para luego seguir ingiriendo los alimentos, es que, ¡Por Raava! ¡Todo era tan suculento! ¡Sobre todo esa sopa de algas que había sido la primera en ajusticiarla! El sabor tan vivido fue una experiencia insuperable para su paladar, algo le decía que aquella suculencia había sido hecha nada más y nada menos que por las manos de esa chica que estaba a su lado observándola comer con tanto ahínco, y si bien, no lo había preparado ella, sus manos si que se habían metido en la preparación de ésta, era la única explicación razonable para que tuviese ese sabor tan especial. Sin pensarlo mucho, la Avatar pidió otra ronda de todo lo que habían servido, su estómago estaba vacío desde ayer debido a que Tarrlok era un pésimo anfitrión y que jamás se preocupó por darle mínimo una manzana para que pudiese comer, así que tenía mucho espacio para mucha comida, y eso era lo que en el Templo Aire sobraba. Y más si Pema, la dulce esposa de su amargado mentor, estaba al frente del área culinaria. «¡Que Raava bendiga las manos de Pema y de mi dulce 'Sami! ¡Esta es la comida más deliciosa que hay en el mundo después de la de mi mamá!», casi lloraba Korra cuando ingirió su tercera ración.

La Avatar seguía en lo suyo mientras escuchaba a los demás discutir acerca del plan de acción en contra de Amon, antes de que la comida fuese puesta delante de los ojos azules de la Avatar, y a Asami le había parecido una estrategia realmente inteligente conociendo perfectamente el estomago de la maestra agua. Korra les había contado todo lo que recordaba de aquel incidente, desde sus visiones con Aang hasta el factor de que ahora Tarrlok había sido despojado de su control gracias a aquel enmascarado que de poco en poco se había apoderado de ya casi media Ciudad República con ayuda de los inventos de su padre. La morena estaba tan absorta escuchando la discusión que se estaba volviendo algo acalorada por parte de Lin, que no se percató de que una porción de su pan había quedado atrapada en la comisura de sus labios, pero sus ojos si que se dieron cuenta de ello y por mero instinto y costumbre, Asami extendió su mano para llegar hasta aquella migaja que la morena seguía manteniendo cautiva y, con la yema de sus dedos, la quitó rozando ligeramente la tostada piel de la Avatar provocando en ella un escalofrío de placer. Korra podía llegar a ser peor que un niño pequeño cuando comía con tanto ánimo y en más de una ocasión ella terminaba limpiándole el rostro, el torso o las piernas debido a que se ensuciaba muy fácilmente, lo que inició como una acción ocasional se le volvió costumbre y su cerebro no iba a permitir que lo dejase de lado.

— Korra, tenías una migaja ahí. — Reprendió la Sato a la joven Avatar quien no pudo quitar sus ojos azules de los verdes de ella.

— Gracias, 'Sami. — Soltó Korra con una sonrisa.

— ¿'Sa...mi? — Interrogó Mako alzando una ceja, ambas chicas pudieron sentir un escalofrío recorrer sus espaldas. Habían olvidando dónde y cuándo estaban.

— Digo, Asami. Y no tienes porque limpiarme, puedo sola. — Corrigió casi de inmediato la sureña apunto de entrar en pánico.

— Sí... claro... Perdóname. — Logró articular la ojiverde cuando se dio cuenta que su acto, para ella tan natural, resultaba anormal en esa época. — Creo que mis modales me obligan a hacer eso.

— Como sea. — Se encogió solamente de hombros la maestra multielemental tratando de desviar la charla. — ¡Ésta es la mejor comida que he probado en mi vida! Se siente bien volver a ser la misma de antes.

— Creo que ya es hora de recoger la mesa. — Se escuchó decir a una embarazada Pema mientras se paraba y acogía los utensilios de la mesa entre sus brazos.

— Déjame ayudarte. — Se incorporó de inmediato la heredera de ojos verdes, era lo mínimo que podía hacer ya que la pareja le estaba dando un lugar donde quedarse.

— Korra, debe haber algo más que sepas. — Habló Tenzin rompiendo el ambiente ameno de la mesa.

— Ya te lo dije todo. Fui capturada por Tarrlok, que es hijo de Yakone y por eso puede hacer sangre control sin necesidad de la luna llena, luego llegó Amon y le quitó su... control... — Resumió la Avatar con un tono apagado en su voz.

— Ahora todo tiene sentido. — Susurró Lin con cansancio. — Tenzin, debemos hacer algo.

— Iré a hablar con los del consejo... Amon se ha vuelto más intrépido... Atacar a un concejal y casi raptar al Avatar, esta preparando su ataque final… — Concluyó el maestro aire con severidad dejando a los presentes asombrados.

Mientras la discusión seguía en el comedor, Asami ayudaba a Pema a lavar los platos que había utilizado la morena anteriormente y una sonrisa tonta se pintó en su cara. En su época la joven maestra agua y ella habían empezado a vivir juntas en un modesto apartamento alejado de la ciudad, ese era su santuario personal, lejos de las obligaciones, estatus y demás rangos sociales que les imponían, allí eran solo Korra y Asami, un par de chicas que se amaban y querían tiempo de calidad juntas. Cuando el Sol estaba apunto de ocultarse y ambas terminaban sus respectivos alimentos que la CEO preparaba, ella misma se encargaba de lavar los platos y casi siempre lo hacía sintiendo los brazos de su pareja en su cintura y sus labios en su nuca. Korra era mala lavando los platos, cuando a ella le tocaba siempre rompía la mitad debido a la fuerza que ejercía en éstos, así que era mejor mantener las manos alejadas de la Avatar de la fina porcelana ancestral de los Sato. Que recordara eso mientras sentía el jabón y el agua recorrer sus tersas y finas manos se le hizo increíble, de su futuro podía ver solo rostros sin cara y acontecimientos sin contexto entendible o nulos básicamente, solo acciones, así que a su mente viniese un recuerdo así de vivido que pudiese calificarlo como tal le fue más que grato a la heredera.

Asami seguía metida en sus propios pensamientos cuando un grito de la mujer que tenía alado resonó en el lugar llegando a alterar a la heredera de Industrias Futuro, Pema ya estaba a nada de aliviarse, lo que significaba que el bebé que llevaba en su interior por más de nueve meses podría salir en cualquier momento. La Sato no dudó no un solo segundo en brindarle ayuda, la tomó con cuidado de los hombros mientras le preguntaba si todo se encontraba bien, pero al parecer solamente había sido que al bebé se le antojó darle una buena patada a la buena mujer y se reincorporó casi de inmediato. Esa mujer realmente tenía asombrada a la ojiverde, su fuerza como tal le hacía darse cuenta que aquella acolita debía estar locamente enamorada del maestro aire que tenía como esposo, porque si por ella fuese y si Korra en vez de ser mujer tuviese otro sistema de reproducción, ella no podría soportar tener cinco hijos, simplemente sus trabajos no se lo permitirían, además de que los niños no se le daba muy bien, era como una mamá amargada que se preocupaba más por la seguridad de los pequeños que divertirse con ellos, para eso estaba Korra a quien le encantaba jugar con los más pequeños, tirarse en el suelo y ensuciarse con tal de que esas caritas regordetas infantiles sonrieran.

Las dos mujeres habían regresado de sus labores con el agua, Asami estaba a punto de volver a perderse en sus pensamientos con la vida que tenía antes de que un espíritu que dominaba el tiempo y el espacio se asustara gracias a que sus amigos pensaran que las estaba dañando y la arrastrara a ella y su novia dentro de un porta dimensional que después, cuando regresara, investigaría más a fondo, cuando la voz de Mako sonó en el lugar pidiendo agua caliente puesto que Korra deseaba más té. La heredera sintió la punzada de los celos en ella y no precisamente porque aquel chico que tenía enfrente fuese su novio actual, sino por la morena que estaba recibiendo demasiadas atenciones por parte del maestro fuego.

— Eres un maestro fuego, hazlo tú mismo. — Dijo secamente la heredera continuando con los platos sucios haciendo que un silencio incómodo se apoderara del lugar.

— Voy a salir un momento en... caso de que ustedes dos necesiten hablar. — Comentó Pema saliendo lo más rápido que podía en su estado, dejando sola a la pareja en la cocina.

— ¿Hay algo de lo que debamos hablar? — Preguntó extrañado Mako haciendo que el enojo -y los celos- de Asami le estrujaran el pecho viendo lo idiota que su "novio" podía llegar a ser.

— He notado como tratas a Korra, como actuaste cuando estaba perdida. Sientes algo por ella, ¿No es así? — Soltó la heredera sin el más mínimo reparo, las sutilezas no eran lo suyo en muchos casos.

— ¿Qué? ¡No! — Comenzó a decir incrédulo el maestro fuego. — Un horrible maestro fuego la había secuestrado, ¿Cómo esperabas que actuara? ¡Además, yo no fui quien casi golpea a un sujeto para sacarle información acerca de ella!

— Eso es porque Korra me agrada, ¡Es mi amiga! — «Ella es mía...», pensó para sí misma la ojiverde. — Pero me has ocultado la verdad todo este tiempo.

— ¿La verdad, acerca de qué? — Interrogó el cejudo.

— ¿Realmente quieres que lo diga? — Cuestionó irritada Asami, estaba a punto de estallar.

— ¡Si, porque no tengo idea de lo que estás hablando! — «¡Mako, eres mi amigo, pero cómo eras de tonto de joven!», se dijo a sí misma la heredera.

— ¡El beso, Mako! — Dijo finalmente Asami. — Lo sé.

— Yo... Bueno... — El maestro fuego no sabía que decir. — Bolin te lo dijo, ¿No es así?

— No culpes a tu hermano por lo que hiciste. ¡Sientes algo por Korra, ¿No es así?! — Acusó la no-maestra.

— ¿Qué? ¡Pareces como si estuvieras celosa! — Chilló el maestro fuego ahora. — Has estado actuando muy extraña cuando estás con ella. Hace algunos días ustedes dos solo se hablaban para lo mínimo y ahora: Korra lo primero que hace al despertar es llamarte y pedirte un té, te llama " 'Sami", le quitas migajas de la cara y te preocupas por ella más de la cuenta, ¡Es como si ambas estuviesen saliendo o enamoradas!

— Mako, ¡Es mi amiga! ¡Mi mejor amiga! ¿Cómo quieres que me ponga cuando sé que mi no...? — La heredera estaba a nada de decir lo que la Avatar era realmente para ella, pero decidió morderse los labios, Mako no entendería nada y aquella declaración sólo lo empeoraría todo y le daría a Korra solo un peso innecesario más. — ¿Mi novio besó a mi mejor amiga?

— ¿Por qué no vemos nuestra relación más tarde? — Cedió al fin el chico de bufanda tomando la mano de su novia sabiendo que estaba más liado que un lémur con una bola de estambre.

— Quizá más tarde no haya una relación que ver. — Siseó la heredera zafándose del agarre de su "novio". — Vete, yo le llevaré el té a Korra.

El resto de la tarde fue algo extraño para los amigos, Mako y Asami no se dirigían la palabra mientras que, por otro lado, la Avatar y la heredera parecían tener charlas bastantes fluidas y no era para menos, puesto que ambas discutían principalmente la forma de encontrar a Fatum entre todo ese caos en el que se estaba sumergiendo Ciudad República, ¿Es qué acaso no podía mandarlas a un momento histórico menos conflictivo? No sé, ¿Cuando ambas se conocieron quizá?, ¿Aquel momento cuando practicaba pro-control? ¡Alguno menos justamente el centro de batalla! Y sí, la Avatar se refería a la batalla entre Asami y Mako y la que Amon estaba a punto de hacer. Una de las cosas que más le gustaba de la bella heredera Sato era el hecho de que le tuviera la suficiente confianza para contarle sus cosas, así que no tardó en enterarse de la pequeña riña que había tenido con el maestro fuego y que por nada le decía en la cara que dejara de coquetear con ella. Asami podía ser un amor de persona, dulce, atenta y lo más parecido a un espíritu en forma humana o terrenal, pero nadie quería ver como era aquella joven de cabellera negra cuando la ira, celos o cualquier emoción negativa se llegaba a apoderar de ella. Korra podía jactarse en decir que no le tenía miedo a nada, pero cuando la Sato se enteraba de alguna travesura hecha por ella y usaba ese tono amenazante con ella y gritaba su estatus como Avatar y su nombre, lo mejor que ella podía hacer era correr hasta el Templo Aire del Sur para salvar su vida.

Mientras el equipo Avatar seguía en su plática, allá afuera ya había empezado el ataque a Ciudad República por parte de los Igualitarios. El sonido de las bombas no tardó en llegar hasta la Isla del Templo Aire obligando a Mako, Bolin, Korra y a Asami a salir de dónde estaban para reunirse con Lin quien Tenzin había dejado a cargo de la seguridad de su familia. Apenas se enteraron de que, en efecto, Amon ya estaba atacando la ciudad, el cuarteto no tardó nada en dirigirse al muelle para tomar un barco para dirigirse hasta la metrópolis. Al llegar a la playa, los chicos notaron que no había ningún navío aparcado en el muelle o la costa, al parecer el maestro aire no quería que nadie dejara ni entrara a la Isla, por pura protección de su familia y los acólitos que ahí vivían, así que había mandado a quitar de allí a todos los barcos que estaban varados en su costa. O eso pensaba él ya que, en un pequeño y alejado lugar cerca de las rocas que formaban la base de la colina dónde el Templo se erguía orgulloso, se encontraba un pequeño barco con adornos de la Tribu Agua del Sur, de seguro el que usaron los miembros del Loto Blanco para llegar hasta allí. Los amigos se miraron mutuamente y sonrieron y lo último que el cuarteto escuchó fue como uno de los soldados del Loto Blanco les gritaba exigiendo su navío de vuelta.

Lograron llegar al puerto Yue en menos tiempo de lo que se esperaban, después de todo, quien dirigió el barco fue Asami secundada por Korra, la morena mejor quien nadie sabía de los dotes de conducción que tenía la heredera, así que si querían llegar lo más rápido posible, era mejor que ella estuviese frente al timón y no cierto maestro fuego. Apenas el barco dejó de moverse, el equipo Avatar bajó de él lo más rápido que pudo y empezaron a buscar el satomovil de la heredera de Industrias Futuro, cuando Bolin, Mako y Asami habían sido tomados como prisioneros en aquel atentado dónde el equipo Avatar simplemente quería proteger a todos los no-maestros de las manos de Tarrlok, el medio de transporte en el que los jóvenes se habían movido fue dejado a manos de la Avatar quien en todo el transcurso hasta Ciudad República reiteró y reiteró que ella no sabía conducir muy bien y que solamente había movido el auto con la clara intención de que la ojiverde no se enojara tanto con ella al ver el estado en el que había dejado su precioso satomovil nuevo.

— ¿Dónde dijiste que dejaste el auto? — Preguntó Asami mirando a su alrededor.

— Debe estar en algún lado... — Comentó la Avatar dirigiendo su mirada a un lado de la calle. — ¡Miren, allí está!

La morena señaló un lugar en especifico de la gran cera que conectaba la Ciudad con el Puerto Yue y, allí, estrellado contra un poste de luz y ligeramente abollado, estaba el hermoso satomovil negro de la heredera. El equipo Avatar no tardó en dirigirse al lugar y el dolor en la cara de Asami era casi palpable, ella misma había construido ese automóvil con sus propias manos y verlo en ese estado le irritaba.

— Wow... Te estacionaste bien. — Soltó la heredera con un puchero mientras miraba a Korra.

— ¡Hey! ¡Ustedes estaban arrestados y me dejaron sola con el auto! — Repitió la Avatar lo mismo que había dicho en el barco miles de veces. — Tú sabes mejor que nadie que los autos y yo no nos llevamos.

— Ignorado eso, hiciste un buen trabajo. — Le felicitó Bolin mientras tomaba un puño de papeles que se encontraba en el parabrisas del automóvil. — Lo que me preocupa es el cómo pagaremos estas multas...

— Relájate. — Dijo Mako tomando los papeles entre las manos y quemándolos con su control. — La ciudad está bajo ataque, la policía tiene cosas más importantes que hacer.

Todos empezaron a subir al automóvil mientras que la heredera Sato prefirió dirigirse a la parte trasera del satomovil y sacar de la cajuela el guante eléctrico que había tomado hace algunas semanas atrás de manos de su padre, lo contempló por unos segundos y se lo puso mientras se decía a sí misma que sería de utilidad, después de todo no había mejor forma de enfrentarlos que con su misma arma. Sin más, cerró el compartimento trasero y se dirigió al asiento del conductor, a su lado ya se encontraba Korra emocionada por la pelea. Asami se subió y miró a su lado dónde Mako la observaba confuso al ver que alguien más había ocupado su lugar en la parte delantera.

— ¿Por qué no te sientas atrás, con Bolin? — Escupió Asami con algo de ira aún.

— Creo que lo haré. — Respondió Mako desafiante mientras escuchaba como el motor del satomovil empezaba a rugir.

— 'Sami... ¿Estás segura que todo va bien? — Preguntó en susurros la Avatar. — ¿Esto no causará problemas?

— Tranquila, Korra... Mako solo piensa que estoy así por ti, cuando la verdad es que estoy así por él. — Musitó la ojiverde dejando que su voz fuese tapada por el motor del auto. — Hay cosas que no puedo pasar por alto, y una de esas cosas es que él, el chico que alguna vez quisiste, te quiera volver a conquistar.

— ¿La gran Asami Sato está celosa? — Se burló la morena entre risitas.

— Al menos no voy por allí amenazando a los chicos que se te acercan con fuego control o tomándote de manera "Ella es mía y de nadie más, te le acercas y te mando a volar, soy la Avatar y ella mi novia, acéptalo amigo". — Lo último que se escuchó fue una risita venir de la morena y los gritos de sus amigos por la velocidad en la que Asami manejaba.

El caos predominaba en Ciudad República, casas incendiándose, dirigibles con el logo de la jefatura de policía colisionando con edificios, gente ocultándose en sus hogares y pequeños grupos de agentes de la ley luchando arduamente contra el ejercito Igualitario que invadía la metrópolis sin piedad alguna. Entre todo el alboroto, un auto recorría esas calles prácticamente vacías a toda velocidad, el equipo Avatar no podía darse el lujo de perder ni un segundo de su tiempo, la vida de Tenzin estaba en peligro y debían ir a ayudarle lo más rápido que aquel satomovil pudiese moverse. El viaje no tardó ni veinte minutos debido a quien estaba detrás del volante, con tan solo unas cuantas vueltas y un pequeño derrapón, Asami Sato logró llegar al lugar dónde ya tres mecatanques rodeaban al concejal maestro aire que era escoltado hasta una camioneta blindada del ejercito de Amon. Cuando estuvieron a unos cuantos metros, la Avatar y su amigo maestro tierra usaron su control sobre ésta haciendo una rampa por donde el satomovil subió y sus pasajeros bajaron de inmediato haciendo colisionar el auto contra uno de los tanques dando comienzo a la pelea.

Los elementos iban y venían de allá para acá. Bolin trataba de mantener a raya los enormes tanques mecánicos que asediaban el recinto, lanzaba rocas a diestra y siniestra contra esos enormes trajes mecánicos y así poder ayudar un poco a sus amigos. Mako hacia también su parte con su fuego-control, las llamas naranjas se desprendían de sus puños haciendo retroceder al único tanque con el que se enfrentaban, pero de repente, el traje hierrico lanzó una pinza contra el muchacho dándole una descarga eléctrica que, si no fuera porque el joven de bufanda manejase la técnica del *fuego blanco, no hubiese salido de esa. La Avatar no se quedaba atrás, con su dominio del agua logró descomponer la maquinaria interna de uno de esos enormes trajes hechos de metal **haciéndolo explotar y, por consiguiente, inutilizándolo, a veces el cerebro podía más que la fuerza y, en esa ocasión, había usado esa táctica. La morena y sus amigos apenas terminaban con un mechatanque iban con los demás, pero aunque la pelea mantenía ocupada a Korra, de vez en cuando desviaba la vista para buscar a cierta heredera que había desaparecido hacia un rato, y un temor empezó a surgir en la ojiazul, pero trató de suprimirlo, la chica de ojos verdes podía cuidarse sola, lo sabía, pero eso no evitaba que se preocupase por ella.

Los distintos elementos volaban por el aire. Agua. Tierra. Fuego. Korra no medía fuerza para poder enfrentarse a los grandes trajes metálicos que los Igualitarios estaban usando para poder hacerles frentes. A pesar de que a la mente de la morena estaba concentrada en la pelea, no podía evitar de vez en cuando en mirar de reojo a cierta heredera quien, al igual que un elegante lobo-murciélago oculto entre el velo nocturno, se deslizó tan sigilosamente como pudo hasta llegar a las camionetas dónde mantenían cautivo a Tenzin. Asami vio a los igualitarios que ahí se encontraban y, sin dudarlo ni un instante, atacó con su guante eléctrico. Uno a uno, los seguidores iban cayendo en manos de la heredera, sus habilidades marciales y de pelea eran superiores, además de que con ella no funcionaba la técnica de bloqueo de Chi, eso la hacía más letal y peligrosa para los peones de Amon quienes sólo tenían el conocimiento necesario para poderse enfrentar con un maestro. La chica de piel lechosa no sudo siquiera, solamente una vez la agarraron por sorpresa, pero fue porque tenía su concentración en el enemigo que tenía enfrente e ignoró por completo su espalda permitiendo que le aprisionaran el brazo, pero solo fue un pequeño momento porque, con un salto y usando su guante, se liberó del agarre para culminar con su último oponente y liberar al concejal maestro aire.

Con Tenzin apoyándoles en la batalla lograron equilibrar las cosas, ya no solamente eran tres niños contra varias maquinas, la presencia del mayor les dio una potencia de ataque mayúscula, tanta que entre todos pusieron derrotar a los soldados igualitarios que los asediaban en algunos cuantos movimientos bien ejecutados. Pero sus problemas no acabaron en ese lugar. A lo lejos una nave perteneciente al ejército de Amon se acercaba a una velocidad increíble a la Isla del Templo Aire dónde los hijos del maestro aire y su esposa embarazada se encontraban, a pesar de que Lin se había quedado allí justamente para hacer guardia junto con algunos miembros del Loto Blanco. Apenas el equipo Avatar vio la amenaza, no tardaron en abordar a Oogi e ir en al lugar que el mismo Avatar Aang había habitado cuando aún estaba con vida, si Amon ponía sus garras en los hijos de Tenzin, la estirpe de los Nómadas Aire estaría condenada a la extinción total y, con éste, el caos total del mundo y Korra no iba a permitir eso, no solamente por sus deberes como la persona quien debía traer el equilibro al mundo, sino porque ella quería a esos niños como si fueran sus hermanitos pequeños. No iba a permitir que nadie le pusiera una mano encima a Jinora, Ikki, Meelo o a aquel bebé que estaba en su camino para venir al mundo.

Apenas llegaron a la Isla del Templo Aire, el primero en bajarse tan rápido como el mismo viento en un vendaval fue el concejal Tenzin quien encaminó sus pasos en dirección a su hogar dónde estaba su amada esposa Pema dejando totalmente de lado a sus jóvenes acompañantes quienes sólo pudieron ver como aquella capa roja que el monje usaba desaparecía entre las columnas de madera que sostenían el hermoso templo que el mismo Avatar Aang había construido. Los chicos comprendían la necesidad del maestro Aire de estar cerca de su familia y, por eso mismo, decidieron que en vez de ir corriendo siguiendo los pasos del mayor, era mejor quedarse unos cuantos minutos afuera mientras que todo en el interior se tranquilizaba. Una vez esperado el tiempo requerido, Korra, en compañía de Asami, se adentraron en el enorme templo para buscar a Tenzin quien de seguro compartía un hermoso momento con su familia. Y no estaban equivocadas, pues el mentor de la Avatar cargaban a su hijo recién nacido con una cara de felicidad que jamás podría ser expresada en palabras. La morena sonrío ante tal escena que de seguro se quedaría grabada con más firmeza en su mente, miró de reojo a su compañera quien compartía esa curva en los labios con ella y, por instinto, entrelazó su meñique con el de la chica más alta quien se sorprendió ante el repentino y discreto contacto.

— Es muy bello, ¿No? — Soltó la Avatar sin mirar a su hermosa chica.

— Sí... — Confirmó la ojiverde sin apartar la mirada de la familia.

— Algún día tú y yo estaremos así. — Comentó la morena. — Serás la madre de mis hijos y sentiremos esa felicidad.

Las chicas dejaron pasar unos cuantos minutos antes de que la Avatar avanzara unos pasos, no era su intención irrumpir tan bello momento familiar, pero debía hacerlo, después de todo, seguían bajo ataque de los igualitarios.

— Lamento interrumpir, pero más naves se acercan. — Irrumpió Korra sin mucho ánimo.

Las miradas de decepción que tenía la familia nómada aire llegaron a los adentros de la Avatar, pero ella no podía hacer nada, o mejor dicho, en ese tiempo y en el estado en el que su cuerpo se encontraba era incapaz de ser de ayuda. Quizá tenía el conocimiento de como hacer metal y aire control, pero sus chakras seguían bloqueados en ese momento. Gruñó con voz grave al darse cuenta de lo mucho que le faltaba por delante, si tan solo tuviese todas sus habilidades al cien por ciento, iría en ese momento a patearle el trasero a Amon y salvar a Ciudad República. «Odio sentirme tan inútil», se dijo a sí misma la morena mientras escuchaba las palabras de preocupación que le dirigía Ikki, la hija menor de su mentor Tenzin, cuando un niño tenía noción de que su seguridad y la de su familia era amenazada, significaba que la situación que en ese instante todos vivían era crítica. Korra estaba a punto de intervenir y tratar de tranquilizar a la pequeña maestra aire cuando un sonido semejante al que hace una bomba al estallar resonó por toda la habitación moviendo todo lo que estaba en ese lugar con violencia, como si de un terremoto se tratase. Era una advertencia de los igualitarios, estaba cerca, muy cerca, y darían la pelea por aquellos últimos maestros aire.

Apenas se pudo escuchar el segundo estallido, Tenzin, Lin, Korra y Asami corrieron a los campos exteriores del Templo y contemplaron con horror las enormes naves igualitarias que se acercaban a gran velocidad. ¿Desde cuándo aquellos dirigibles podían moverse con tal rapidez? «Mi padre...», dedujo la Sato al instante, con todo ese asunto de los viajes el tiempo y de tratar que lo suyo con Korra no fuese tan obvio o evidente, se le había olvidado casi por completo el pequeño y casi no notorio hecho de que su padre, el gran ingeniero Hiroshi Sato, dueño de Industrias Futuro y prácticamente mano derecha de Amon era la cabecilla en lo que se trataba de la distribución y creación de armas para los Igualitarios. Su corazón se estrujó por un momento, aquel hombre que en esos momentos estaba junto a Amon no podía ser ese señor de cabellera blanca, ojos dorados arrepentidos y de cálida sonrisa que ella recordaba y que perdonó justamente antes de que lo perdiese. Si tan solo pudiera hacer que su padre recuperara la razón y se olvidara de esas estúpidas ideas igualitarias... Pero sabía que no podría hacerlo, Hiroshi era como ella y como aquella morena que tenía a su lado. No cambiaban de opinión hasta tocar fondo y darse cuenta de su error.

— ¿Qué quieres hacer, Tenzin? — Preguntó la morena sacando a la Sato de sus pensamientos.

— Necesito proteger a mi familia y alejarlos tanto como pueda... — Contestó de inmediato el maestro aire apartando su vista de los dirigibles que se acercaban para mirar a Korra. — Si Amon llega a capturar a mis hijos... Ni siquiera quiero pensarlo.

— Si tú te vas, yo iré contigo. — Intervino la jefa BeiFong.

— ¡Pero...! — Trató de refutar el hijo menor del Avatar Aang, pero fue acallado por la maestra metal.

— ¡Nada de peros! — Sentenció la mujer de cicatriz. — Tu familia y tú son los últimos maestros aire, por nada del mundo voy a dejar que Amon les arrebate sus poderes.

— Gracias, Lin. — Comentó aliviando Tenzin antes de poner su atención en su aprendiz. — Korra, quiero que dejes la Isla y te escondas por un tiempo.

— ¡Yo no me voy a rendir! — Chilló la Avatar casi de inmediato empuñando su mano a la altura de su rostro.

— No te lo estoy pidiendo. — Habló el maestro aire con paciencia conociendo el temperamento de su alumna. — Envíe un mensaje a las fuerzas unidas, llegarán aquí pronto y cuando mi familia esté a salvo, regresaré. Con los refuerzos, podremos dar la pelea en esta guerra.

— Lo que dices es... Que debemos ser pacientes. — Musitó la maestra de los cuatro elementos.

— Has aprendido bien. — Le felicitó Tenzin colocando su mano con aprobación en su hombro mientras le regalaba una sonrisa a su discípula obteniendo una semejante a cambio.

La despedida entre la Avatar y su maestro no tardó demasiado, un abrazo y unas cuantas palabras de aliento fue lo único que el corto tiempo que tenían les permitió, apenas el gran bisonte volador que transportaba a la única familia de maestros aire en el mundo despegó, las naves de los igualitarios llegaron a la Isla del Templo Aire y arremetieron contra ella con enormes ganchos que se enterraban en la tierra haciendo como de puente para los soldados bajo el mando de Amon y el señor Hiroshi Sato. La Avatar quería quedarse allí y pelear contra sus enemigos, pero sabía que no debía, tenía que esperar hasta que las tropas de las Naciones Unidas llegaras y, así, liderar el movimiento contra los igualitarios. Contempló con impotencia como algunos miembros del Loto Blanco hacían frente a los hombres y mujeres enmascarados para permitirle escapar a ella y sus amigos, no iba a permitir que sus fuerzas fuesen en vano, así que dándole las gracias a aquellos valientes soldados tomó la mano de la ingeniero por mera inercia y corrió en dirección a los establos dónde, en la mitad de camino, ya de seguro la esperaba Naga, su perro-oso polar tenía un instinto animal envidiable, si supiera que no era posible, diría que a veces su compañera cuadrúpeda podía leerle la mente y estar allí justamente cuando era necesario.

La morena avanzó unos cuantos metros con sus amigos antes de toparse con Naga, quien, como ella ya intuía, estaba esperándola justamente en la mitad del camino hacía los establos. Korra dio un salto para montarse de inmediato sobre su fiel animal guía, seguidamente, Asami fue quien ocupó el lugar más cercano a la maestra de los cuatro elementos agarrándola de la cintura para no caerse del gran animal -aunque aquello último no era necesario, pues la heredera era perfectamente capaz de mantener el equilibrio, pero algunas costumbres no podían ser alteradas ni por los más locos viajes del tiempo-, el siguiente en ocupar un asiento sobre el firme y musculoso lomo de Naga fue Bolin y, por último, Mako. Apenas el equipo Avatar estuvo bien afianzado en la espalda del perro-oso polar, la maestra de los cuatro elementos le dio a orden a su compañera de que emprendiera cabalgata hacia el mar, no iban a poder salir de la Isla mediante un barco, así que la mejor solución era bajo el agua, además de que así podían evitar que los igualitarios les vieran y, con esto, peleas innecesarias que sabían no iban a poder ganar ahora que el ejército de Amon era más fuerte.

Después de un pequeño encuentro con el sujeto que se hacía llamar "Teniente" y de que Naga le diera su merecido con tan solo un zarpazo, el equipo Avatar ya estaba navegando rumbo a Ciudad República, o bien, lo que quedaba de ella. Korra mantenía una burbuja de aire sobre ella y sus amigos mientras que la perro-oso polar nadaba en el amplio mar que colindaba con las orillas de la República de las Naciones Unidas. ¿A dónde irían? ¿Tendrían un lugar para está a salvo? La Avatar no sabía la respuesta a ninguna de esas preguntas y mediante se acercaban al sistema de alcantarillado que usarían para entrar en la urbe su nerviosismo se hacía más notable. No quería exponer a ninguno de sus amigos a ser capturado por los igualitarios, Mako y Bolin corrían el peligro de que les quitaran su control que por nacimiento tuvieron y su hermosa y bella Asami de seguro sería obligada a unirse a su padre y al negarse, que era lo más seguro que pasara ya que conocía bien a aquella chica, lo más probable es que la degradara y la encerraran en el mejor de los casos, la morena no tenía idea de que les pasaba a los no-maestros que se negaban a ayudar a Amon y, sinceramente, no quería que aquella joven de ojos verdes averiguara cual era el máximo castigo.

Al fin habían llegado a su destino, un gran tubo que a lo mucho le podía sacar a Mako unas cuatro o cinco cabezas de alto, el olor que desprendía éste no era el más agradable de todos, pero era su única entrada segura. Korra miraba con pesar a la distancia como más naves igualitarias rodeaban la hermosa Isla del Templo Aire y las manos de la tristeza e impotencia empezaron a arrullar con cánticos bajos pero potentes su corazón. Si tan solo fuese más fuerte. Si pudiese hacer todo lo que en un futuro ella podía realizar la historia sería tan diferente. La morena seguía pensando en todas las probabilidades que podía tener si tan solo su cuerpo supiera todo lo que su mente sabía que cuando sintió una mano sobre su hombro y unos ojos verdes se posaron sobre los suyos entendió que lo que estaba viviendo en ese momento era necesario para que ese futuro al que tanto recurría en esos instantes fuese forjado. Si quería que esos hermosas gemas la vieran en un futuro como en esos instantes le miraba, volver a probar esos labios a plena luz y disfrutar de ese cuerpo que tanto adoraba y amaba, lo mejor era seguir aquel camino largo y lleno de agujeros, pero como su mentor le dijo antes de que partiese de vacaciones con esa chica de cabello negro, la vida siempre está llena de éstos y es nuestro deber salir de ellos.

— Korra... Tenemos que irnos. — Sintió la voz de Asami acariciar sus tímpanos.

La joven Avatar se acercó a la chica más alta que ella y acortó la distancia entre ambas lo más que pudo, a pesar de haber tomado una decisión de como actuaría, sus sentimientos aún no eran capaces de sincronizarse con sus pensamientos, así que entre más cerca tuviese a la heredera, podría tranquilizarse y pensar con más claridad. Sin separarse mucho de la joven Sato, la Avatar y sus amigos se adentraron en el inmenso túnel, aún debían buscar un lugar dónde quedarse y esconderse de los igualitarios.

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El equipo Avatar caminó unos cuantos minutos dentro del gran tubo de alcantarillados sin saber exactamente a dónde ir, si asomaban sus cabezas allá arriba, serían apresados tan rápido que apenas les darían oportunidad de decir algo, si se mantenían allí abajo, no tendrían suministros y posiblemente se debilitarían gracias al hambre y a la sed. Los cuatro chicos estaban a punto de tirar la toalla en la búsqueda de una solución cuando, del otro lado del mismo largo cilindro en el que encontraban, un hombre de mediana edad apareció. Aquel sujeto tenía el cabello de un tono gris cenizo denotando su edad y se podía ver notoriamente enmarañado, una barba frondosa se extendía desde sus patillas hasta su barbilla y un pequeño bigote se unía a la fiesta de cabellos faciales, usaba ropa añejada de color originalmente verde, pero que con el tiempo había adquirido un color amarillento, casi cremoso, portaba una gabardina sin mangas con una flor en la bolsa izquierda que sobresalía, una venda mantenía los viejos pantalones del hombre en su lugar y en sus manos se podían apreciar unos guantes de negro color que carecían del abrigo necesario para las falanges. Aquel sujeto intercambió miradas con la Avatar y una sonrisa se pintó en el rostro del mayor y casi al instante se encaminó a dónde la maestra de los cuatro elementos se encontraba, Korra no lo sabía, pero su salvación y la de sus compañeros se estaba dirigiendo a su posición.

¿Quién diría que aquel sujeto con el que alguna vez compartió un pescado y mantuvo una charla de algunos cuantos minutos la recordaría y, a parte, le ofrecería un refugio que no fuese aquel arbusto del futuro parte "Avatar Korra"? La maestra de los cuatro elementos y sus amigos se encontraban en una especie de ciudad construida bajo los grandes edificios de Ciudad República, al parecer algunos vagabundos con metal control y tierra control habían diseñado aquel lugar para que los suyos no pasaran frío ni estuviesen expuestos ante los malandrines en las calles de la metrópolis. Aquel lugar se extendía por kilómetros y kilómetros y, según entendía Korra, habían muchas formas de llegar allí mediante el alcantarillado, la joven morena al enterarse de aquello se preguntó cómo demonios era que los hombres de Amon no habían dado con ese lugar, pero eso no era relevante en esos instantes, ahora su equipo tenía un lugar "seguro" en el cual esconderse hasta que la ayuda de las Fuerzas de las Naciones Unidas llegara a territorio republicano para iniciar el ataque contra el ejército de Amon. La Avatar no tenía idea de cuando llegaría Iroh II con la ayuda, así que hasta ese entonces y aunque no quisiera, lo mejor sería esperar pacientemente como su mentor le había dicho.

Asami veía incrédula el lugar que se abría a su alrededor mientras caminaba por el, a diferencia de lo que cualquiera pensaría, aquella pequeña urbe que se erguía orgullosa debajo del suelo de Ciudad República estaba bien construida y distribuida, además de que el hedor de las alcantarillas que la rodeaban era prácticamente indetectable. Decir que estaba impresionada era poco, quien fuese el arquitecto de aquel sitio había ganado sus respetos pensaba la chica mientras el hombre de barba robusta guiaba a todos hasta una pequeña casa que ellos podían ocupar, al parecer el último vagabundo que vivió allí se había ganado la lotería o algo por el estilo y dejó vacía aquella choza. El lugar era pequeño, tan solo una habitación de unos cuantos metros sin cuartos y sin nada, solo una pieza con una puerta y dos ventanas, pero al menos era lo suficientemente espacioso para que los cuatro durmieran sin tener que molestar al otro y eso era lo importante, total, solo usarían aquella recamara para dormir y para lavar sus vestimentas, que estuviesen rodeados de vagabundos no quería decir que también se atuvieran a su costumbre de usar la misma ropa por días o, inclusive, semanas, y a Asami aquella idea no le agradaba mucho. Una vez instalados todos, el grupo se sentó en unas cajas que para su suerte estaban allí.

— ¿Y... ahora qué hacemos? — Se animó a preguntar el maestro tierra mientras abrazaba a su fiel amigo Pabu.

— Esperar. — Sentenció Mako con ese tono serio que lo caracterizaba tanto.

— ¡No puedo quedarme aquí sentada esperando solamente!— Gruñó Korra alzando su labio inferior formando ese puchero tan suyo.

— ¿Qué sugieres hacer entonces? — Interrogó Asami mirando de forma preocupada a la Avatar.

— Tengo que ver el estado de la cuidad. — Soltó la morena mientras se paraba de su asiento. — Así podré ayudar al general Iroh cuando venga.

— ¡No puedes salir así como si nada! — Chilló al instante el maestro fuego. — ¡Te pueden captura!

— Estoy de acuerdo con Mako, Korra. — Secundó Bolin a su hermano. — Allá afuera hay bloqueadores de chi muy malos, te pueden secuestrar y llevar dónde Amon.

— ¡Lo sé! — Graznó la morena empuñando sus manos. — Pero no soy del tipo que se sienta a esperar.

«No aún...», pensó la Avatar cerrando sus ojos con fuerza. Estaba a punto de salir de aquella habitación cuando el mismo sujeto, cuyo nombre le era imposible recordar por alguna extraña razón, que les guió hasta ese lugar entró por la puerta con dos extraños trajes en sus brazos.

— ¡Hola, chicos! — Saludó el vagabundo sonriente. — No pude evitar escuchar su riña así que les traje un pequeño regalo que les permitirá salir allá afuera sin temer a ser descubierto, aquí todos se enteran de los problemas de todos más rápido que la propagación de piojos.

Aquellas últimas palabras hicieron temblar al cuarteto, sobre todo a cierta joven de ojos verdes que empezó de manera inconsciente a peinar su cabello con nerviosismo. Tratando de borrar aquella idea de su mente, la Avatar se acercó al hombre quien le extendió un par de trajes igualitarios asombrado a la morena de manera exponencial.

— ¿De dónde sacaste eso? — Preguntó Korra viendo con incredulidad el traje verde.

— Muchas cosas terminan en las alcantarillas, y los trajes de los igualitarios no son la excepción. — Explicó vivamente el vagabundo.

— ¡Con esto podremos salir! — Chilló la Avatar feliz mientras miraba a sus compañeros. — Propongo ir hoy de noche. ¿Cuántos trajes tienes?

— Solo tengo dos por ahora. — Contestó el hombre de barba.

— ¿Quién se apunta para una misión nocturna? — Preguntó la morena esperando la respuesta de la Sato.

— Yo iré contigo. — Se alzó Mako antes de que la chica de ojos verdes pudiese ofrecerse como voluntaria.

— Eh... Chico, hay un problema. — Habló tímidamente el vagabundo. — El otro es de chica y no creo que te quede en las caderas y te faltará algo para rellenar lo de arriba.

— Eso solo significa una cosa. — La maestra de los cuatro elementos tomó el uniforme sobrante y se lo aventó a la Sato quien lo tomó en el acto. — ¿Qué dices, Asami?

— Solo diré... — La ojiverde hizo una pausa para mirar fijamente a la chica de tez tostada que tenía enfrente. — Espero que laves esto antes de que lo usemos.

— Perfecto, partiremos hoy a la siente. — Sentenció la Avatar. — Veremos que tan mal están las cosas allá arriba.

Las horas pasaron más rápido de lo usual, en cuestión de escasas horas, que al equipo Avatar le parecieron minutos, la luz de la hermosa luna llena ya atravesaban los tragaluces del techo de la subterránea ciudad anunciando que la hora estipulada por Korra para subir a la superficie había llegado. Las muchachas se estaban alistando con los trajes adentro de la casa que les habían permitido usar, trataban de no mirar el cuerpo de la otra porque, con tan solo una simple mirada, podrían acabar demandando más de lo que podían ambas dar en ese instante. Asami se concentraba en colocarse aquel traje igualitario y desviaba cualquier clase de pensamientos que tuviesen que ven con aquella morena que se desvestía detrás suyo, se acercó la camisa que tenía en sus manos a su nariz por enésima ocasión para asegurarse que estuviese limpia, a pesar de que ella fue la encargada junto con Korra de lavar aquel uniforme verdoso, no se fiaba mucho del agua que tuvieron que usar para lograr quitarle el olor a caño y otras cosas a esa ropa. Cuando la heredera sintió una fragancia a jabón neutro, que fue lo que usaron para tallar aquellas prendas, se tranquilizó y metió su brazos por las mangas para empezar a abotonar el uniforme igualitario. ¿Quién pensaría que al final de cuentas terminaría portado aquella ropa que su padre deseaba con tanto fervor que ella llevase? Miró la mascara que tenía en sus manos y suspiró por lo bajo, ella jamás podría hacer lo que esas personas hacían, ella no veía a los maestros como una amenaza, sino a las mismas persona, solamente ellas podían decidir si iban por el buen camino o por aquel que solamente traer pena y agonía.

Ya estaba lista, se colocó los guantes y tomó aquella mascara con los lentes y se dio media vuelta, encaminó sus pasos en dirección a la mujer más alta y notó que algo no iba bien con ella, estaba encorvada y su semblante tenía un aura de tristeza. Korra sintió como su corazón era pinchado por una pequeña espina, no le gustaba para nada ver a Asami en ese estado de trance, de seguro estaba así porque usar aquel uniforme le recordaba al encuentro con su padre. Ella sabía que Hiroshi no era malo, sus últimos recuerdos de él eran buenos, como si fuera un héroe, solamente que en ese momento aquel hombre estaba confundido y su alma era envenenada por el resentimiento y la sed de venganza y, de cierta forma, la Avatar entendía aquellos sentimientos. Si algún maestro fuego le quitase la vida a esa chica que tenía frente a ella, de seguro también en su corazón crecería el odio hacia aquellos quienes le arrebataron lo que más quería. Sin más, la morena alzó su mano y acarició con ternura el hombro de la heredera indicándole que ella estaba lista y que era hora de partir. Les esperaba una noche algo larga y era mejor que ambas estuviesen en el mejor estado emocional y mental para poder hacerle frente a cualquier obstáculo que se les presentara en el camino.

Korra y Asami salieron de la choza para encontrarse con Bolin y Mako quienes montaban guardia en la parte de afuera. Los hermanos tenían una cara tensa y preocupada a la vez, confiaban en sus amigas y sabían que ellas dos podían luchar con quien sea y salir victoriosas, pero a lo que realmente ambos chicos le tenían miedo era que esas dos terminasen peleando o discutiendo dando como resultado que las encontraran y las obligaran a pelear. Ambos maestros se habían dado cuenta que la relación entre Korra y Asami había mejorado mucho, incluso Mako pensaba que se llevaba demasiado bien, pero después de lo que aconteció entre la heredera y él, el temor que la Sato llegara a agredir a la morena o que fuese al revés y Korra agrediera a la ojiverde por cualquier tontería insignificante. Los hermanos se despidieron de cada una de sus amigas, pero el maestro fuego le dio un trato algo más especial a la Avatar a la hora de decir adiós, pues no la dejó ir hasta que le jurase que se cuidaría y que no pelearía por alguna cosa pequeña, ni con los igualitarios ni con su compañera de misión. «A veces Mako parece nuestra mamá», llegó a pensar la maestra agua ante la larga despedida de su amigo que, en vez de ser eso, parecía un sermón.

La Luna se había escondido tímida detrás de algunas gruesas nubes permitiéndoles recorre las vacías calles de Ciudad República, la brisa soplaban con pesadez y lentitud, la humedad de la noche era perceptible debido a ese peculiar aroma que siempre tenía y las calles de aquella ciudad estaban prácticamente vacías. Asami y Korra no hacia mucho que habían logrado salir del complejo sistema de túneles de aquella urbe y ahora se encontraban recorriendo las pocas avenidas principales que podrían tener algo de actividad. La morena repasó con su mirada azulina todo el nuevo perímetro en el que se encontraban, las casas tenían las luces apagadas y las cortinas corridas con el afán de que nadie pudiese contemplar el interior, los faroles que desprendían una luz tenue le daban a la calle un aura tétrica e intimidante y, de vez en cuando, se podía ver uno que otro soldado igualitario recorrer la cera vigilante. La Avatar empuñó sus manos con molestia, recordaba que a esas horas de la noche, toda Ciudad República siempre estaba iluminada y con una actividad asombrosa, ya fuese por los eventos teatrales, las cantinas o los juegos de pro-control, el movimiento de personas jamás cesaba. En cambio, ahora, era todo lo contrario y supo que entonces Amon se había apoderado ya de practicante todo.

Asami contempló el tenso semblante de la morena, con cuidado entrelazó su mano con la de la maestra de los cuatro elementos en un afán de poder tranquilizarla, la situación de la cuidad era peor de lo que ellas pensaban y eso alteraba de sobremanera a Korra, ella lo sabía y lo mejor que podía hacer era apaciguarla antes de que hiciera una locura. Aquellos hermosos ojos azules se encontraron con los verdes de ella, a pesar de que ambas traían puesta esas odiosas máscaras, podía percibir la potente mirada de Korra atravesarla. Exhaló con pesadez y le indicó que seria mejor ir al lugar de encuentro de los igualitarios, si mal lo recordaba, cuando leyó los archivos de su padre antes de que la jefa BeiFong los confiscara como pruebas para acusarlo, cada noche todos los miembros oficiales del movimiento igualitario se reunían para que Amon les diese un discurso y les anunciara sus nuevos planes y estrategias que tenía para con la ciudad, después había una demostración donde el líder les daba un banquete a todos sus fieles seguidores en señal de agradecimiento y, después de que el alboroto por tanta comida y bebida terminara, todos se iban a seguir patrullando las ciudad.

El par de chica encaminaron sus pasos hacia el área de pro-control, después del ataque masivo por parte de los Igualitarios, aquel lugar se había convertido en su principal sede de operaciones y de celebración. Apenas llegaron a la entrada principal sus caras se desencajaron y agradecieron de sobre manera el tener aquellas mascaras puestas. En toda la parte frontal del edificio se podían ver lonas con la cara, o mascara, de Amon y en la parte superior, donde anteriormente estaba la bandera del Ciudad República, ahora se podía ver el escudo igualitario menearse con la brisa marina. La Avatar miró dudosa a su acompañante quien simplemente se limitó a encogerse de hombros, entraran o no allí seria solamente decisiones de Korra, Asami no iba a obligar a la morena a meterse en la boca del

lobo. La morena volvió su ojos azules de nuevo hacia la puerta y dejó escapar ese aire que había estado reteniendo desde que observó aquel rostro que la acompañaba en sus pesadillas. Iba a entrar. Tenía que hacerlo. Por Ciudad República. Para ayudar al general Iroh II. Por aquellos maestros que estaban siendo oprimido. Para enfrentar sus miedos. Sintió una cálida mano tomar la suya y se topó con los verdes ojos de Asami, aquellos que siempre le daban valor cuando lo necesitaba y fue lo único que requería para afianzar su elección. Mientras tuviese a esa chica a su lado nada podría con ella.

El interior era demasiado ruidoso, habían sin fin de personas vestidas con el uniforme de los igualitarios, gritaban y aclamaban el nombre de Amon a todo pulmón. Korra y Asami solamente se limitaba a mirar desde lejos aquel ambiente de algarabía desde sus asientos. ¿Como era posible que el ejército de aquel hombre enmascarado pudiese llenar más de la mitad de las butacas de la arena de pro-control? ¿Tantos aliados tenía? Las chicas seguían metidas en sus divagaciones que solamente el sonido estruendoso de algún artefacto metálico que venía desde la cancha deportiva logró hacer que tanto la morena como la ojiverde se olvidaran por un momento de sus pensamientos y concentrarán su total atención al centro del estadio. Una plataforma circular surgió del centro del campo mostrando a un orgulloso Hiroshi Sato quien se alzaba imponente con su chaqueta café con el logo de Industrias Futuro y, junto a él, dos guardias igualitario. ¿Qué hacía allí el padre de la heredera cuando se supone que el que debía estar allí ejerciendo su papel como líder era Amon? ¿A caso estaba planeando algo? En ese momento millones de teorías empezaban a formularse en la cabeza de las dos jóvenes quienes veían impresionadas el despliegue de disciplina de los igualitarios pues, a diferencia de con Amon, quien usualmente solo aumentaba las llamas de su ejército, con Hiroshi era todo lo contrario, el bullicio cesó casi por completo apenas él hizo acto de presencia.

— ¡Compañeros! — Empezó el CEO de Industrias Futuro. — De seguro se preguntara porque nuestro líder Amon no está aquí y, en cambio, me mandó a mí como su representante.

Todos en el resiento guardaron un silencio casi sepulcral haciendo que Asami y Korra se sintieran incómodas, sobre todo la menor de las Sato. Su padre usualmente inspiraba confianza y amabilidad, en cambio, ese hombre que estaba allá parado solamente infundía miedo.

— Nuestro líder, así tan poderoso como parece, igual es humano y, para nuestra desdicha, tuvo un percance con unos maestros y resultó herido. Si bien la lastimada no es de gravedad, los médicos le recomendaron descansar y, como nuestro líder es un hombre responsable, me encargó a mí que viniese en su representación. — Explicó Hiroshi con cierto tono arrogante. — Estamos en una etapa muy importante, mis compañeros. La Avatar ha sido obligada a huir de aquí debido a que de seguro tiembla con solo escuchar el nombre de nuestro guía, Amon.

— ¡Yo no le tengo miedo! — Se quejó Korra empuñando su mano a la altura de su rostro.

— Amor, tranquilízate. — Le pidió Asami con voz dulce. — No podemos llamar la atención.

— Ahora que hemos llegado tan lejos, me es un placer informarles que, dentro de unos días, ¡Ciudad República será totalmente nuestra! — Anunció Hiroshi recibiendo a cambio una ovación igualitaria. — Pronto llegaran las tropas de las Naciones Unidas, ¡pero no nos vencerán! ¡Los acabaremos gracias a algo en lo que estoy trabajando, así que, no se preocupen! ¡Ganaremos y los maestros caerán!

La ola de gritos victoriosos no se hizo esperar, pero fueron acallados por la mano de Hiroshi quien mandó a llamar a uno de los igualitarios que tenía como escoltas y éste, obedientemente, se retiró por la misma plataforma donde habían llegado.

— Esto no me gusta, Korra... — Susurró Asami al ver como volvía a surgir aquel sujeto y, consigo, llevaba a un pobre hombre amarrado y notoriamente asustado.

— ¿Qué planea hacer tu padre? — Musitó la morena tragando saliva nerviosa.

— ¡Compañeros y compañeras! — Anunció el ingeniero. — He aquí el hijo de uno de los asesinos de mi amada esposa, Yasuko. Un maestro fuego al igual que su padre cuyo control fue tomado por nuestro líder Amon y que nos fue dado para que les muestre algo muy especial.

Hiroshi metió su mano dentro de su chaqueta y, de éste, sacó un artefacto en forma de "L" del cual salían dos pequeños cables que se unían entre si hasta perderse dentro de aquella extraña cosa. Todos miraban atentos aquel nuevo juguete que el CEO alzaba para que pudiesen apreciar aquella cosa en la que había estado trabajos desde hacía unos cuantos meses y que al fin podía exhibir.

— Esto es un prototipo de una arma similar a la guantes que ustedes tienen. — Comenzó a decir el ingeniero mientras baja su mano y apuntaba hacia el pobre hombre quien había empezado a temblar. — Solo que, a diferencia de sus burdos y fornidos guantes, esta es más pequeña y, lo mejor, se puede manejar a larga distancia.

— ¡Asami, va a usar a ese chico como saco de arena! — Chilló Korra alterada al ver lo que iba a pasar. — ¡Debemos hacer algo!

— Yo... — No sabía que pensar, aquel joven era uno de los asesinos de su madre, su corazón se encogió ante el recuerdo que había guardado en lo profundo de su memoria y la sed de venganza crecía.

— 'Sami. — Le llamó la Avatar con firmeza. — Sé lo que estás pensando, pero tanto tú como yo sabemos que esto no es lo correcto. Ese chico no tiene que cargar con un pecado que cometió su padre y tu eres la prueba de ello.

— Korra... — Susurró la ojiverde y miró aquella escena. Quizá cuando todo eso acabase ella tendría que pagar por los delitos que en ese momento su progenitor estaba conociendo y esa idea no le gustaba. Ella no tenía las mismas ideas que él ni los ideales así como, quizá, ese hombre de allí no tenía la ambición y la sed de sangre que tuvo su progenitor cuando asesinó a Yasuko. — Tienes razón. Hay que detenerlo.

— Después de ti, preciosa. — Sonrío la Avatar mientras extendía la mano para que Asami la tomara y así la apegara junto a ella.

— Jamás cambias. — Comentó la ojiverde feliz al sentir los fuertes brazos de la morena sobre su cintura.

— Agárrate, niña rica, que el viaje será movido. — Y dicho eso, Korra alzó vuelo usando su fuego control dejando boquiabierto a todos los igualitarios que estaban allí.

La Avatar y la heredera cayeron justamente en el momento en el que Hiroshi había accionado la extraña arma que tenía en sus manos, con una velocidad digna de cualquier animal y que solamente la morena había adquirido con entrenamiento, la ojiazul usó su agua control para atrapar y congelar las dos hojas metálicas que habían salido del cañón de ese bizarro artilugio. Hiroshi enseguida supo quién era, por eso no dudo ni un segundo en ordenar a todos los igualitario que estaban allí atacar a ese par de intrusos. Mientras Korra se hacía cargo del inminente ataque, Asami se ocupaba en desatar y ayudar a escapar al pobre sujeto quien apenas se podía mover, sabía que cuando a un maestro se le despojaba de su control, éste se debilitaba, pero jamás pensó el estrago que realmente dejaban. Aquel hombre le superaba en altura y era a lo mucho uno o dos años más grande que ella, sin embargo, parecía un anciano. Con trabajo podía mantenerse en pie, su semblante era pálido y sus ojos carecían de aquel brillo vivido que todo ser poseía. Quizá Amon no asesinaba a sus víctimas, pero si les arrebataba el alma y le despojaba de las ganas de vivir y sonreí y eso, para la menor de las Sato, era lo mismo que asesinar a alguien.

Apenas ayudó Asami al joven a salir de ese lugar infestado de personas que detestaban a los maestros, fue directo a socorrer a Korra quien cada vez estaba más rodeada de igualitarios molestos por la notoria intromisión del ser quien representaba todo lo que ellos odiaban. La heredera se abrió paso entre los hombres enmascarados con sus grandes habilidades marciales hasta llegar con la Avatar quien agradeció su presencia, juntas podrían con lo que sea. Y así hubiese sido de no ser porque uno de los tantos igualitarios con los que se encontraban peleando no hubiese usado su técnica de bloqueo de chi en ambas jóvenes dándole fin así a la pelea campal de dos contra todo un ejército. La primera en caer fue Korra, pues estaba tan concentrada evadiendo y golpes y choques eléctricos que apenas pudo sentir como su flujo de energía era obstruido por una fuerza ajena, sus articulaciones se sintieron débiles e inútiles haciendo que fuera a dar contra el suelo sin posibilidad de moverse. A su lado quedó Asami, pues usaron la misma técnica con ella por miedo de que la acompañante de la Avatar pudiese ser un maestro igual que ella, aunque Hiroshi lo dudaba, pues si así fuese, ya hubiese usado su control para ayudar a la Avatar y, sin embargo, quien acompañaba a la maestra de los cuatro elementos solo usó técnicas de combate muy bien aplicadas. Quien sea quien fuese aquel enmascarado, era muy bueno.

Una vez que la Avatar y su compañera fueron sometidos, Hiroshi le ordenó a su escolta que tomasen al par de chicas y las llevasen a su hogar, antes de entregarle al Avatar a Amon, quería tener su pequeña charla con la maestra de los cuatro elementos, aun no había olvidado que gracias a ella y al estúpido maestro fuego que su niña tenía como novio Asami le había dado la espalda. Su pequeña princesa de fuego no debía estar con los maestros quienes eran la peor escoria de la humanidad y que solamente le harían de menos. No. Asami debía estar con él y ayudar a Amon a alcanzar su meta, si su hermosa niña estuviese a su lado, harían grandes cosas y la erradicación de los maestros sería aún más rápida. Hiroshi sabía que su única heredera gastaba su talento ayudando a los seres que controlaban los elementos, Asami no solamente era una chica lista del montón, no, ella era un genio, una prodigio matemática y marcial. Su fuerza física podría competir fácilmente con la de cualquier igualitario de alto rango y su inteligencia era comparada a la de él y solamente porque le dejó de enseñar cuando su niña entró en la fase de querer descubrir cosas nuevas en las cuales invertir su tiempo e interactuar con más gente para encontrar ese calor y sensación de seguridad que él no podía brindarle.

Llegaron hasta la mansión Sato en cuestión de minutos gracias a los vehículos que los igualitarios tenían. Apenas entraron en la enorme casa del empresario, los igualitarios llevaron a Korra y a Asami hasta el despacho del CEO de Industrias Futuros y, allí, las dejaron caer al suelo como si de bolsas de basura se tratasen. La Avatar no podía mover ningún músculo aún, en el transcurso uno que otro bloqueador de chi se había encargado de mantener su flujo bloqueado al igual que sus nervios. La heredera, por su parte, empezaba a sentir al fin sus piernas, pero al igual que su compañera, era incapaz de que su sistema nervioso le ordenara al muscular que se pusiera a trabajar, el efecto en ella tardaba más debido a su condición de no-maestra ya que le habían golpeado como si fuese capaz de dominar un elemento, así que a parte de que sus señales nerviosas seguían dormidas, su flujo de chi estaba negado, así que su cuerpo tenía aún más trabajo que hacer. Un maestro debe tener total control de su chi para dominar su elemento, en cambio, los no-maestros al carecer de esa habilidad, dejan su chi sin entrenar provocando que, cuando se les bloquee, su cuerpo entre en confusión y mande toda su energía a tratar de desbloquear el flujo que todos ser vivo necesita. Lo que Asami agradecía en esos momentos será que, a diferencia de la morena que estaba a su lado, a ella la habían ignorado por completo. Si sus cálculos no fallaban, dentro de unos minutos su flujo de chi estaría de nuevo corriendo y eso significaba que en diez minutos más, podría estar manejando su cuerpo de nuevo, solo faltaba ver si su padre le daba el tiempo suficiente para que eso se diese.

— Korra, ¿Cómo te sientes? — Se interesó la heredera, estaban solas, simplemente las habían arrojado allí sin más.

— No logro mover nada y de seguro tengo unos hermosos moretones en mis puntos de chi. — Respondió algo cansada la morena. — ¿Y tú? Vi que te trataron como una maestra, si te han hecho daño, juro por Raava que les iré a rompe los huesos.

— Mi flujo de chi tardó el doble en recuperarse que el tuyo, dentro de un rato ya estará bien y en diez o veinte minutos estaré en condiciones de nuevo. — Explicó Asami tratando de darle a entender a la Avatar que no se preocupara. — No le rompas los huesos a nadie, Korra, de por si ya te odian.

— Si, pero... — Las oración de la ojiazul no pudo ser completada, pues el sonido de una puerta al abrirse la obligó a callar por completo.

— Vayan con Amon, díganle que hemos encontrado a la Avatar y que dentro de un rato la mandaremos con él. — Comentaba Hiroshi entrando a su oficina. — Y, por lo que más quieran, no le digan que se infiltró a una junta igualitaria. Si se entera de ello, mi cabeza no será la que esté en peligro, sino la de todos aquellos que permitieron que se metiera.

— ¡Si, señor! — Acataron los dos hombres antes de retirarse y que el CEO cerrara la puerta tras de sí.

El ingeniero empezó a recorrer su gran oficina, la había echado de menos, después de que tuviese que huir cuando su hija y casi toda Ciudad República se había enterado de que él era uno de los principales pilares de aquel grupo anti-maestros, no pudo poner un pie cerca de sus propiedades y se vio obligado a esconderse en las alcantarillas de la urbe junto con los otros soldados. Se dirigió a su escritorio de donde sacó una pequeña botella de licor de la Nación del Fuego y una copa en la cual vertió aquel liquido rojizo, lo meneó entre sus manos mientras miraba frívolamente a sus huéspedes quienes seguían en el suelo con las máscaras puestas. Tomando un sorbo de su bebida, Hiroshi se acercó hasta quien él sabía era la Avatar y, con brusquedad, tomó el pasamontañas que cubría su rostro y se lo sacó con tanta fuerza que obligó a la morena a echar su cabeza para atrás y despeinó su cabello notoriamente.

— Nos volvemos a ver... Avatar. — Murmuró el CEO indiferente.

— No es un gran placer que digamos. — Espetó Korra ceñuda.

— Sigues teniendo ese carácter superior tan típico de los maestros... Como si su don les hiciera superiores a nosotros, quienes dependemos de nuestros cerebros y trabajo duro. — Escupió ácidamente el ingeniero con rabia.

— Los maestros no somos superiores a nadie, nosotros estamos aquí para traer equilibrio al mundo. Sin los maestros, ¡El equilibrio se rompería y el caos reinaría en el planeta! — Retó la morena al hombre mayor, pero sólo recibió un golpe por parte del inventor.

— ¡Korra! — Logró articular Asami, pero la ojiazul la miró pidiendo de guardara silencio.

— Esa voz... — Susurró para sí el mayor de los Sato al reconocer esa tono tan familiar para él.

Sin pensarlo dos veces, el líder de Industrias Futuro dejó de un lado a la Avatar para dirigir su total atención a la acompañante de ésta. Con una mano temblorosa y a punto de que su alma se saliera de su boca, Hiroshi tomó la máscara de esa persona cuya voz podría reconocer hasta dormido y la alzó con suavidad. Una cascada de cabello negro salió por debajo de aquel antifaz y unos hermosos ojos verdes, casi dorados, emergieron para toparse con los suyos.

— ¿Asami...? — Preguntó incrédulo el inventor al ver a su hija allí mismo. — ¿Por qué...? ¿Por qué estás con esa maestra?

— Eso no es de tu interés, padre. — Gruñó la heredera.

— ¡Claro que es de mi interés! ¡Tú eres mi hija! ¡Deberías estar conmigo y no con esos asquerosos maestros! — Le gritó el CEO a su primogénita con ira. — ¿¡Es qué acaso te volviste loca, Asami!? ¡¿Hay algo mal contigo?!

— ¡No le grite a Asami! — Vociferó la Avatar cabreada, nadie le podía hablar así a su hermosa heredera de ojos verdes en su presencia.

— ¡Cállate! — Ordenó Hiroshi enojando. — ¡Ustedes me robaron lo que más quería en el mundo! ¡Primero a mi adorada esposa Yasuko y luego a mi hermosa niña Asami! ¡Si ella jamás hubiese conocido a ese maestro fuego, si ella no te hubiese conocido a ti, estaría a mi lado en estos momentos!

— Te equivocas, Hiroshi. — Sonrío Korra. — Asami no estaría a tu lado aun si no nos hubiese conocido. Tu hija es la persona más buena, amable y bondadosa que he conocido en mis vidas. Ella sabe lo que es correcto y, lo que tú estas haciendo, no lo es, así que, no nos nos culpes a mí o, inclusive, a ella, de tus errores.

— ¡Serás...! — Gritó el ingeniero alzando la mano con el afán de pegarle a la Avatar.

Asami vio en cámara lenta todo, la mano de su padre empuñada a punto de impactar con el hermoso y moreno rostro de la maestra de los cuatro elementos. Quizá fue el momento o su cuerpo ya estaba totalmente liberado de los bloqueos que le habían hecho, pero antes de que se diera cuenta, ya estaba protegiendo a Korra con su cuerpo sin importarle que aquello resultase en recibir un golpe de su mismo progenitor. Para su suerte, Hiroshi se detuvo antes de que su puño chocara contra su cuerpo ahorrándole un nuevo hematoma, ya suficientes había adquirido en la batalla anterior.

— ¿¡Qué estás haciendo, Asami!? — Le reprendió Hiroshi a su hija. — ¡Quítate del camino!

— No dejaré que vuelvas a tocar a Korra, padre... — Comenzó a decir la ojiverde alzando su rostro de manera retadora. — No permitiré que le hagas daño a la persona que más quiero en el mundo.

— ¿Qué estás diciendo, Asami? — La ira de Hiroshi había incrementado por las palabras que salieron de la boca de su niña, pero también incrementaba el flujo de chi de Korra y eso Asami lo sabia.

— Padre, lo siento. — Soltó la menor de los Sato mirando fijamente al inventor y bajando el cuello de su camisa exhibiendo el collar que la morena le había dado. — ***Estoy... Estoy enamorada de Korra y me voy a casar con ella.

— Eso... Eso es...

— Un collar de compromiso de la Tribu Agua. — Mintió la heredera a medias, pues si no era tal cosa, sí era una gargantilla muy apreciada para ella.

Cuando la joven heredera dijo esas palabras, una oleada de fuego se esparció por todo el lugar atontando momentáneamente a Hiroshi y dándoles a Korra y a Asami el tiempo suficiente como para escaparse de ese lugar. Mientras la menor de las Sato entretenía a su padre, la Avatar se encargaba con todo su empeño en desbloquear ella mismas sus propios puntos de chi y, sin saber exactamente como, lo logró hacer en el momento justo de la declaración de Asami para con su padre. Korra usó su fuego control para rodear en llamas el lugar y así distraer a Hiroshi, tomó a la heredera y la cargó estilo nupcial antes de dirigirse a la ventana más cercana, romperla y dejarse caer por ella, quizá no había sido la mejor idea que la morena había tenido, pero en ese momento era la única salida que ambas tenían para escapar. Antes de que los pies de la Avatar tocaran el piso, hizo un uso de su tierra-control para hacer que el pavimento se alzara y así la caída no fuese tan dura para ella. Apenas sus botas tocaron el piso, ambas chicas echaron a correr hasta la bodega más cercana, pues necesitaban un medio de transporte rápido, no sin antes escuchar los gritos de un furioso Hiroshi que prometía acabar con la vida de la Avatar, pues ella le había arrebatado lo que más quería y, ahora, la de la misma Asami, pues esa chica que corría junto a la morena, ya no era más su hija. Esas ultimas palabras le dolieron profundamente a la menor de las Sato, pero ese no era momento de ponerse a llorar, debía seguir corriendo si es que quería vivir para hacerlo más al rato.

Cuando Korra y Asami llegaron a la bodega sus oídos ya podían captar el sonido de los pasos de los igualitarios que iban tras ellas, Hiroshi no había perdido el tiempo y apenas se recuperó del shock, convocó a todos los guardias que tenía bajo su mando y les ordenó que persiguieran a su hija y a la Avatar. La joven Sato miró a su alrededor, conocía esa recamara como la palma de su mano aunque en ese momento la oscuridad total acogiera el entorno y solamente una pequeña llama proveniente de la mano de la Avatar fuese la única fuente de luz disponible, allí era dónde ella reparaba todos sus vehículos, desde su hermoso Satomovil negro que usó para transportar a sus amigos, hasta su satocicicleta amarilla que usaba mayormente cuando solamente era ella quien recorría las calles de la ciudad. La ojiverde se dirigió hasta una de las esquinas en las que notó un bulto enorme ser cubierto celosamente con una sabana, si conocía bien a su padre, y así era, la única cosa que él cubría eran sus nuevo diseños o los recién terminados. Así que, sin dudar, Asami tomó aquellas mantas y las quitó para revelar una hermosa motocicleta que jamás había visto antes, era de color verde oscuro igual que el uniforme igualitario, un diseño deportivo con varios artilugios que la heredera se moría por probar y saber que hacían, con solo verla de manera superficial, la ojiverde supo que el motor de esa hermosura era tan potente como la de un Satomovil de lujo. Asami sonrió mirando a Korra, ya tenían una forma eficaz y con estilo de escapar de ese lugar.

Los igualitarios se arremolinaban en la entrada de la bodega, sus presas habían cerrado por dentro y Hiroshi no llegaba con las llaves, hacían todo lo posible para entrar en ese lugar blindado y la frustración crecía cada vez más hasta que... De repente, el rugido de un motor se percibió provenir desde dentro junto con el acelerar de un vehículo, no tuvieron que pensarlo dos veces antes de que corrieran para despejar la entrada, sabían que iba a pasar y a menos que alguno de ellos quisiera una baja por defunción o lesión, no se iban a quedar allí. Apenas se pudieron poner a salvo antes de que la puerta principal de la bodega fuese derribada por una motocicleta igualitaria conducida nada más y nada menos que por Asami a quien, de manera inconsciente, le brillaban los ojos por poder ****tener tremendo pedazo de bicho entre las piernas. Y, atrás de ella, venia una asustada Korra quien se aferraba con sus fuertes brazos a la sutil pero nada delicada cinturita de Asami. La Avatar adoraba el riesgo y sentir la adrenalina correr por todos su cuerpo, pero, si le dieran a elegir entre enfrentar a una oleada de igualitarios o subirse con la heredera Sato en una motocicleta, seguramente elegiría lo primero; Asami era demasiado entusiasta cuando se trataba de vehículos, todo lo contrario de Korra, quien preferiría desplazarse en el lomo peludo de su amiga Naga. «Raava, por favor, ayúdame», rogó mentalmente la morena mientras la ojiverde acelerará la motocicleta feliz.

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El aire se les estrellaba en la cara y movía su cabello negro haciéndole bailar en el espacio emulando el meneo de las olas del mar en una tormenta tropical, el rugido potente de los motores detrás de la Avatar y la heredera retumbaban en sus tímpanos y la frustración empezaba a carcomerlas a ambas. Ya había pasado casi una hora desde que dejaron de manera sublime y épica atrás la enorme mansión Sato, y aun así, la persecución seguía. Asami trataba a toda costa de perder a los igualitarios que tenía en sus espaldas, aceleraba, frenaba, cambiaba de dirección, se metía a reducidos callejones y daba giros demasiados cerrados que solamente un experto conductor podría realizar sin perder el control de la satocicicleta, gracias a esas técnicas que hacían que su acompañante gritase de vez en cuando o se aferrase aún más a ella logró reducir el número de perseguidores igualitarios que querían sus cabezas en ese momento, pero por cada dos o tres que perdía, al grupo que quedaba se le unían otros cuatro o cinco que salían de las diversas calles por donde pasaban y eso a la heredera le cabreaba a tal punto que llegó a soltar una que otra palabra que solamente Vaatu aceptaría como adecuada. Asami era conocida por su amabilidad y su inteligencia, no por si paciencia y eso era uno de los tantos rasgos que compartía con la morena que se aferraba con un brazo a su cintura mientras usaba su control del fuego y la tierra para mantener a raya a los igualitarios. El hecho de que Asami pareciese más paciente en comparación por Korra era el simple hecho de que la ojiverde meramente tenía más amabilidad con las personas, pero cuando algo no se daba como ella quería o se retrasaba, no había poder humano -a excepción de Korra- que pudiera evitar que su furia se sintiese de una manera sutil y menos llamativa que la de la Avatar.

— ¡Asami, ve más rápido, se nos están acercando! — Chillaba la morena mientras usaba su tierra control para crear barreras entre ellas y los igualitarios.

— ¡Korra, voy lo más rápido que esta cosa permite! ¡No puedo hacer nada más! — Sus enemigos seguían esquivando sus ataques y acordando la distancia que ellas querían mantener.

— ¡Maldición! ¡Si esta cosa la hubieses construido tú ya hubiésemos escapado! — Graznó la Avatar dando un puñetazo atrás del cual salió fuego.

— Lo sé, pero es todo lo que tenemos. — Gruñó levemente Asami acelerando a fondo.

La heredera dio vuelta en una de las tantas esquinas de Ciudad República con la esperanza de que algún igualitario perdiera el control con tan brusco movimiento, debían pensar en algo si querían salir de esa. La Avatar alzó un muro en la entrada del callejón donde se habían metido para que por lo menos tuviesen un poco de ventaja, al menos así podrían quizá huir finalmente de ellos. Pero desgraciadamente, a veces las cosas no salían como planeabas, y eso Korra y Asami lo confirmaron al ver como la única salida que tenían empezaba a ser rodeada por satocicicletas igualitarias con todo y personal montando.

— Estamos perdidas... — Susurraron ambas chicas al darse cuenta del escenario.

— ¿Qué hacemos, Korra? — Preguntó la ojiverde nerviosa.

— Lo que siempre hacemos, Asami... — Se preparo la morena para pelear. — Atacar todo de frente.

La heredera miró de reojo a la sureña y asintió, si iban a ser capturadas, al menos lucharían por su libertad. Así que, sin demora, Asami aceleró a fondo obligando al motor a dar aun más de su capacidad. No sabían cómo iba a resultar aquello y, si eran sinceras, tenían mucho miedo. Korra temía perder su poderes, ser despojada de ese don suyo que la marcaba como la Avatar, pero, sobre todo, la acongojaba la incertidumbre del qué le harían a la joven heredera Sato. La maestra agua no había olvidado la confesión abierta que le hizo su chica a su padre y las amenazas de éste para contra su vida. Y, así como la Avatar temía, Asami Sato también a lo hacía. Su mayor miedo era que la separaran de Korra y que a ésta le hicieran cosas inenarrables, la tan sola idea de que Amon tomara los poderes de la maestra la destrozaba y se negaba rotundamente a ver a su Korra en el mismo estado de aquel chico de esa noche, sin brillo en sus ojos, pálido, temblando y sin ya ninguna esperanza de vivir; lo que hicieran con ella también la alteraba, pero no tanto como las cosas que le harían a la morena si era capturada. Ambas lucharían, pelearían la una por la otra para protegerse mutuamente, se amaban, no importaba si estaban en el pasado, presente o futuro, aquel sentimiento seguía en sus corazones y, por ende, el miedo abominable de perder o que algo le pasara a su compañera. Ganarían esa batalla. No sabían como, pero saldrían de esa, debían hacerlo si es que querían que la otra estuviese a salvo.

Estaban a punto de impactar con los igualitarios que las esperaban en la salida de aquel callejón sin salida, sus respiraciones eran agitadas y la adrenalina recorría sus cuerpos. Una batalla se acercaba. Les faltaban unos cuantos metros para que el choque se diese, pero, justo unos cuantos segundos antes de que la colisión se diese, de la nada, una hermosa mariposa verde con café salió del mismo aire y se colocó entre los igualitarios y las chicas desprendiendo una luz cegadora que atontó a ambos bandos por igual. Una vez que el destello cesó, los igualitarios volvieron a sus posiciones esperando a que la Avatar y la hija de Hiroshi apareciesen por el callejón, pero, cuando dirigieron su mirada al interior de éste, no vieron a ninguna de las dos chicas, solamente se podía observar la motocicleta en la que ambas iban tirada y abollada debido a algún gran golpe recibido. Decir que estaban impresionados y confundidos al mismo tiempo era poco, ¿Qué había sido esa luz tan brillante que les llegó a aturdir de una forma jamás pensada? Pero sobre todo, ¿dónde estaban la Avatar y la heredera Sato? ¿Habrían escapado? No lo sabían y era mejor encontrarlas antes de que Hiroshi se cansara de esperar y le dijera a Amon lo ocasionado, pues, como él había dicho, el CEO no iba a ser a quien culparan del fallo ya que la responsabilidad de él recaía en la producción y desarrollo tecnológico del armamento igualitario. Así que era mejor encontrar a esas chicas a menos de que desearan sentir la furia de Amon, y eso, no era nada placentero y mucho menos si se ponía a la Avatar en ese conjunto.

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Un calor profundo le recorrió el cuerpo y la luz que anteriormente le había cegado había cesado por completo, con lentitud, Korra abrió los ojos solamente para encontrarse de nuevo flotando en la inmensidad de esa piscina estrellada en la que ya estaba acostumbrada a aparecer cuando entrada de maneras poco ortodoxas al mundo espiritual, movió su cabeza de lado a lado para que la pesadez que sus ojos habían adquirido con el descanso la dejase y así pudiese enfocarse un poco más en su entorno. Una vez todos sus sentidos principales despertaran de su letargo, logró captar una peso extraño, pero cálido, sobre su pecho. Con sutileza, bajó su mirada azulina solo para toparse con una hermosa y suave melena negra que flotaba juguetona en el ambiente, podía percibir sobre su ligera y, a su vez, acogedora ropa la respiración de esa muchacha que se aferraba con fuerza a ella como podía. Sin detenerse a pensarlo mucho, Korra sonrió y empezó a darle ligeras caricias a la joven mientras de sus labios salía un sonido seseante como el que las madres le hacen a sus bebés cuando están dormidos y no quieren que se despierten. La avatar adoraba ver a la ingeniero dormir, era algo que casi no lograba conseguir puesto que, usualmente, ella siempre se levantaba antes o, inclusive, en ocasiones no dormía para nada por estar absorta en su trabajo. Si algo bueno debía sacar de la situación dónde estaban, sería esa imagen que en ese momento contemplaba.

Percibió unas manos tibias y muy reconfortantes recorrer su cabellera negra con ligereza y un arrullo proveniente de esa persona a la que se sujetaba como si su vida dependiera de ello. Asami estaba algo confundida aún, aquella luz que la había cegado temporalmente hizo estragos en su mente, lo ultimo que recordaba era estar conduciendo a toda velocidad para enfrentarse con un grupo de igualitarios y, ahora, estaba abrazada a su novia quien la adormecía con dulzura. La heredera alzó su rostro con lentitud y se encontró con esos hermosos ojos azules que tanto le gustaba contemplar y una sonrisa ta radiante y pura que llegaba hasta lo más profundo de sus entrañas provocando esa bella sensación de cosquilleo. Korra siempre le hacía sentir las mismas sensaciones de cuando apenas comenzaban a salir, no sabía cómo ni porqué, pero eso le encantaba a la heredera Sato, experimentar aquellas emociones de una chica de dieciséis años enamorada, era como si con la morena viviese lo que era el amor por primera vez, jamás se llegó a sentir así por nadie, ni mucho menos con Mako, quien fue su primera relación seria que tuvo. No. Korra era diferente al resto de mundo y eso era una de las tantas cosas que hacían especial a la Avatar a los ojos de la ingeniero.

— Buenos días, 'Sami. — Le saludó la maestra agua con una sonrisa ladeada. — ¿Dormiste bien?

— Buenos días, Korra. — Le contestó el saludo la ingeniero igual de feliz que la morena. — Y si, dormí en la mejor almohada posible.

— Me alegro. — Musitó la morena afianzando el agarre de la cintura que tenía sobre la heredera.

— Por cierto, ¿Dónde estamos? — Se interesó la Sato prestando atención a su entorno.

— Están donde mi yo del futuro las arrastró. — Se escuchó una voz imponente, pero que ambas chicas reconocían.

Frente a la Avatar y la CEO, una bella mariposa se materializó formada de un humo espectral y de las estrellas que flotaban en el enorme espacio. Aquella criatura era semejante a la que Korra y Asami habían visto antes de volver al pasado, el mismo color verde y café que representaban lo nuevo y lo viejo, así como el constate cambio en las textura física de la mariposa.

— Kenchi. — Susurró la maestra agua sujetando con mayor fuerza a su pareja, aún no olvidaba el último encuentro que habían tenido allí.

— No soy el Kenchi que conociste, Avatar. — Habló la mariposa con seriedad. — Yo soy su versión pasada que por fortuna percibió la esencia de mi propia magia.

— ¿Tú nos trajiste aquí? — Interrogó curiosa Asami tomándose con fuerza del cuello de la morena en un reflejo de quedarse unida a ella y no volver a separarse de nuevo.

— Si, así es. — Aceptó el espíritu.

— ¿Eso quiere decir que nos puedes regresar a nuestro tiempo? — Cuestionó ilusionada la Avatar ante esa afirmación.

— Lo siento, pero no puedo. — Se disculpó Kenchi con ese tono frívolo que usaban los espíritus.

— ¿Qué? ¿Por qué? — Exigió saber Korra.

— Verán, a pesar de que yo puedo estar en cualquier lugar del mundo y en cualquier fecha, también tengo unas cuantas reglas que me fueron impuestas por el espíritu creador. — Empezó a explicar la mariposa. — Una de ellas es que, cualquier criatura que yo lleve al pasado, el "yo" de ese tiempo será quien las pueda regresar. Los "yo" del pasado solo podemos ser puentes para aquellos quienes fueron extraídos de sus tiempos y guiarlos hasta el tiempo en el cual está mi "yo" quien los raptó.

— No entiendo nada. — Bufó Korra exasperada.

— Amor, lo que el espíritu trata de decir es que solamente el "Kenchi" quien nos llevó al pasado es el único quien nos puede llevar al futuro. — Sintetizó Asami para que la Avatar lograse entender. —

— Exacto. — Secundó la mariposa.

— ¿Y sabes dónde encontrar al Kenchi quien nos trajo hasta aquí? — Preguntó la morena al espíritu.

— Claro que sí puedo, todos los pasados, presentes y futuros de mi existencia estamos conectados al igual que el Avatar. Nosotros no solo buscamos ayuda en el pasado, sino que también en el futuro. — Comentó el ser revoloteando alrededor de las chicas.

— Wow, impresionante. — Musitó la sureña boquiabierta.

— Para un humano, sí, para un espíritu no. — Bromeó Kenchi posándose en la cabeza de la Avatar. — Ahora, sujétense. Quizá mi futuro yo las haya separado, pero creo que en este caso sería más prudente que se mantuviesen juntas y, también, que sus recuerdos regresarán a ustedes.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Preguntó algo temerosa Korra.

— Solo puedo decir. — Hizo una pausa el espíritu antes de que todo se tiñera de un color dorado y un agujero se abriese debajo de la pareja. — Que quizá tu dominio de aire les podría ser de utilidad.

La Avatar iba a cuestionar acerca de aquello dicho por Kenchi, pero la gravedad que la arrastraba a ella y a su hermosa ingeniero provocó que en vez de decir algo, lo único que saliera de su boca fuese un chillido ahogado. Tomó con ambos brazos a la heredera quien seguía afianzada a su cuello con fuerza y la apegó más a ella. No iba a a permitir que las volviesen a separar, no es que no confiese en las palabras del espíritu, pues todos sabían que cuando uno te decía algo era totalmente de fiarse, pero ella seguía siendo humana y las inseguridades la abrumaba, sobre todo cuando si de Asami se refería. Sentía como todo su cuerpo empezaba a ser más pesado conforme aquella caída por esa cascada dorada con estrías tan blancas como la luna la empujaban en dirección al suelo, la última vez que estuvo en esa posición en lo único que podía pesar era en el bienestar de la chica que en esos momentos tenía entre sus brazos, pero, ahora, su mente estaba en un blanco total, solamente se dejaba arrastrar por aquel océano de oro que solamente Kenchi sabía a dónde las terminaría arrojando, tan sólo esperaba que no fuese en plena lucha contra su tío Unalaq, cuando fuese envenenada por Zaheer o aquella ocasión en que Asami salía con Mako mientras ella estaba en algún lugar perdido de la Nación del Fuego reencontrándose con su espíritu de Avatar y, a su vez, con el primer Avatar de todos, el Avatar Wan. La sola idea de imaginar a Asami en los brazos de su amigo le daba unas náuseas y ganas de golpear al pobre maestro fuego tremendas, así que, mientras no fuese ninguna de esos momentos, para ella estaba bien.

No supo cuándo, no supo cómo, pero de la nada, en vez de observar un aquel mar amarillento, ahora lo que amabas chicas miraban era el azul cielo que se extendía a su alrededor, algunas nubes y una que otra ave las contemplaba extrañada mientras ambas chicas seguían cayendo de picada contra el suelo. «¡Con que a esto se refería Kenchi! ¡Juro por Raava que apenas lo vea lo haré pagar!», pensaba la Avatar mientras veía como la tierra alfombrada de verde se acercaba cada vez más a ellas y sus gritos combinados con los de Asami le destruían parcialmente los tímpanos. Sin pensarlo dos veces, tomó a la ingeniero y la acomodó en sus brazos de modo nupcial, encogió las piernas acumulando presión en sus pies y, estando a unos cuantos metros de estrellarse contra la tierra, los estiró soltando una ráfaga de viento tan potente que llegó mover el césped que se extendía por todo el lugar y uno que otro árbol quedó ladeado debido a la intensidad del aire. El poder que tenía Korra era muy comparable al que poseía un Avatar promedio entrado en el estado "Avatar", sin embargo, la maestra de los cuatro elementos no solía depender mucho del estado Avatar gracias al exigente entrenamiento físico al que sometía su cuerpo que le permitía poseer una resistencia superior y a aumentar su flujo de chi en ciertas partes de su cuerpo para poder sacar todo su poder de un solo golpe, si bien entrar en ese modo le permitía aumentar sus habilidades a niveles sorprendentes, no le gustaba tocarlo ya que era un constate recordatorio de que había perdido los recuerdos de sus vidas pasadas y la culpabilidad seguía en su interior, la aceptaba, pero no le gustaba que estuviese allí.

Asami sintió como Korra la cargaba de sus piernas y espalda antes de poder percibir una corriente de aire rodearlas por completo haciendo que el cabello de ambas revolotease en dirección al cielo, la morena había frenado su caída con su excelente manejo de aire control, ¿quién diría que aquel elemento había sido el más difícil de aprender para la ojiazul? Ahora era una experta en esa rama y, si la ingeniero tuviese que decir cuáles son los dos elementos que la morena a usaba, no dudaría ni un segundo en decir que eran el viento y el fuego. Apenas tocaron el suelo, la Avatar se tiró contra el suelo y, sobre ella, colocó a la heredera quien estaba confundida y notoriamente asustada, después de todo, caer de una altura superior a los veinte metros podía con los nervios de cualquiera. La CEO alzó su rostro que aún estaba algo desencajado, su usual cabello siempre sedoso ahora estaba revuelto y uno que otro pelo travieso de alzaba contra la gravedad, su respiración era entrecortada y sentía que la garganta se le quemaba por dentro. Asami miró por inercia el rostro de la morena que estaba empapado de sudor, podía percibir como aquel pecho que tanto la enloquecía subir y descender de manera veloz contra el suyo, lograba escucha esos sensuales y suculentos jadeos que en más de una ocasión la intoxicaron en otras ocasiones con gran facilidad al igual que uno que otro quejido proveniente de la lastimada faringe. Si la ingeniero no estuviese tan cansada ni supiera del gran esfuerzo físico que su pareja había recién realizado, juraría que la Korra que estaba en esos momentos bajo ella era la misma de cuando ambas terminaban aquellas noches de pasión y lujuria.

— Nota mental: Matar a Kenchi cuando lo vea por dejarnos caer en picada. — Soltó la morena entre exhalaciones. — Jamás había estado tan asustada en mi vida.

— Korra, tranquilízate. — Le acarició el rostro la CEO con sutileza. — Antes de ir a matar a un espíritu, controla tu respiración.

— Si, eso haré, solo déjame... — Pero las palabras de la Avatar fueron interrumpidas por el sonido de una explosión en la lejanía. — ¿Qué demonios ha sido eso?

Ambas chicas se miraron entre si y se paparon de inmediatos, con su vista hicieron un escaneo rápido del lugar: A su alrededor se podían ver una planicie verdosa llena de pequeño arbustos y algunos árboles las rodeaban, sin embargo, también podían apreciar el olor a agua de sal y la brisa marina y eso solo significaba el océano estaba cerca de donde ellas estaban, en el ambiente predominaba el color verde con toques azulados, quizá porque la te empotrada de invierno estaba cercana. En el horizonte y no muy lejos de donde ellas estaban, pudieron divisar un pequeño pueblo cuyos colores eran los mismos de los oriundos de la Tribu Agua y, sobresaliendo de entre los tejados, se podía ver una estatua de la gran Avatar Kyoshi. Los gritos de los ciudadanos rompieron el aire y el estallido de algunas bomba a resonaron en el ambiente, la pareja volvió la vista hasta las entradas principales del poblando y miraron incrédulas como unos enormes amilanes de tres cuernos que por la distancia no pudieron distinguir entraban sin permiso alguno llevando en sus lomos a soldados armados que, por el estandarte y el uniforme de estos, supieron que provenían de las lejanas islas candentes.

— ¿Qué está pasado allá? ¿Por qué hay tropas de la Nación del Fuego atacando ese pueblo? — Preguntó Asami al aire, como si éste tuviese todas las respuestas a sus interrogantes.

— No lo sé... Pero lo averiguaremos. — Sentenció Korra antes de echarse a correr seguida por la ingeniero.

Notas de la autora:

Primer*: Técnica del rayo.

Segundo**: Si, exageré un poco...

Tercer***: Y esta es la razón por la cual Hiroshi intentó matar a Asami en el último capítulo de la primera temporada de LOK según mi línea de tiempo... O bien, esto fue lo que se me ocurrió para no alterar demasiado el flujo de la historia original, ya que mi intención no es volver a escribir los primeros dos libros en versión KorrAsami, eso sería horriblemente tedioso.

Cuarto****: Esto lo puse así en honor a mi escritora favorita, ya que estoy leyendo un libro de ella.

FUADAS DE LA ESCRITORA:

¡Hola a todos! Espero les haya gustado el capítulo nuevo. Siento mucho la demora de esta actualización, pero es que he estado muy ocupada. Verán, estoy iniciando mi segundo año de universidad y el tiempo que antes tenía ahora se ha reducido. Para quienes no lo sepan, estudio animación en 3D enfocada a juegos y películas, así que tengo muchas cosas que hacer y termino muy cansada, tanto que apenas dan las doce de la noche caigo rendida. Así que, perdón por ello.

Otra cosa, quizá a partir de este capítulos las Mariposas sean más cortas, mucho más cortas… Aunque, aclaro, soy yo quien está diciendo esto y la última que dije esto terminé escribiendo casi una biblia.

Aprovecho también en anunciar el directo en el que voy a participar este domingo en el canal de Armitage Productions a la 1:30 hora México actual, ya saben que luego acá hay cambios de horario –a lo idiota y solo nos quitan horas de sueño-.

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Y vale, el titulo lo dice todo.

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Zakuro Hatsune.