VOLÁBAMOS JUNTO A LAS AVES DEL CIELO.

.

.

Pasaron más noches, más lunas, más desvelos y llantos después de cada adiós. Mi agotamiento era notorio, en ocasiones me quedaba dormida a mitad de la clase y eso me ocasionaba severas reprimendas por parte de la hermana Kreiss o la hermana Margaret que aunque era más amable que las demás en su trato hacia mí, comenzaba también a perder la paciencia.

-¿Por qué no nos decías nada Candy?

-No deseaba espantarlas con todo eso. Además siempre estaba Annie con nosotras, ella es la más miedosa de las tres, ¿te la imaginas? no habría soportado ir sola al baño por las noches...

-Es verdad, a mí también me habría dado mucho miedo. Pero, ¿qué hiciste entonces?

Recurrí a Terry, era el único que podría ayudarme. No podía hablar de esto con las monjas del Colegio pues habrían llamado a la tía Elroy, Eliza se habría burlado de mí al jurar que el fantasma de Anthony me atormentaba por haber causado su muerte... cualquier escenario que imaginaba al contarle a alguien habría sido de muy malas consecuencias para mí:

-¿Crees que funcione Terry?

-No sé, pero si mal no recuerdo, tienes una fotografía del delicaducho ese...

-Terry... no le llames así.

-Bien, si deseas que te ayude, comienza por evitar defender su recuerdo frente a mí. No soy muy paciente cuando alguien antepone las memorias de un fallecido a mi compañía.

-No digas eso, no es así...

-Así pareciera Candy...

-Te equivocas... tú... eres importante para mí, sé que eres el único que puede ayudarme, por eso recurro a ti. Confío en ti Terry...

-Y voy a hacerlo. Voy a ayudarte Pecosa. Pero sólo si estás en verdad decidida a hacer algo para terminar de una buena vez con todo eso... necesito la fotografía que conservas de él y una carta escrita con tu puño y letra donde te despides definitivamente.

Ya me había despedido infinidad de veces, cada vez era más difícil, cada vez me arraigaba más a los sueños donde nos encontrábamos, o tal vez cada vez se arraigaba más a mi realidad.

Estar con él era como tener una doble vida, podíamos viajar hasta donde quisiéramos, nos encontrábamos ya no sólo en las noches, disfrutábamos de hermosos atardeceres, abrazados, sentados en algún risco viendo cómo las olas del mar salpicaban al chocar con las rocas de alguna costa. Me llevaba abrazada entre las nubes, volábamos junto a las aves del cielo, viajábamos hasta Escocia, hasta el Hogar de Pony, podíamos caminar y caminar sin cansarnos mientras platicábamos de cualquier cosa. Caminábamos tomados de la mano por lugares hermosos...

Con todo y eso finalmente la había escrito, era una carta donde le decía que siempre sería parte de mi vida, pero nuestros encuentros debían terminar... debía terminar cuanto antes con todo aquello porque cada vez me alejaba más de mi realidad. Ya no distinguía con claridad lo real de lo onírico. Llevé conmigo también la fotografía que meses atrás me habían obsequiado Stear y Archie. Entregué ambas en la mano a Terry y vi como sacó una cajetilla de fósforos de su bolsillo. Tomó uno de ellos y después de encenderlo lo acercó a la fotografía.

-Terry detente, ¡No lo hagas!

-Pensé que estabas decidida a hacerlo Candy...

-No creí que quisieras quemar su imagen. Quema la carta si quieres, pero no la fotografía... ¡delvuélvemela Terry!

Estaba convencida que todos esos sueños eran un regalo del cielo. Anthony había sido arrebatado de mi vida tan abruptamente que de alguna manera en cada sueño creía recuperarlo un poco. Era de cierta forma un consuelo para mi alma saber que lo encontraría alguna noche, en algún sueño... saber que no lo había perdido del todo. En ocasiones hubiera podido jurar que se salía del mismo sueño para acariciar mi cabello mientras dormía, alguna vez hasta sentí sus labios en mi frente, otras veces en mis mejillas y hasta sentí como el colchón de mi cama se hundía ligeramente como si alguien en verdad se sentara a mi lado. Se que suena ridículo pensar en algo así porque Anthony jamás habría entrado a mi habitación mientras yo dormía, mucho menos habría estado en la misma cama que yo... pero todo había sido tan real. Anthony me visitaba de vez en cuando mientras yo dormía, mientras el vivía el sueño eterno, traspasaba las barreras que separan los vivos de los muertos, cualesquiera que éstas fueran... tan sólo por estar un momento conmigo, estoy segura de eso.

-Volví a soñarte Anthony...

-Lo sé Candy. Siempre estoy tan cerca como me es permitido.

Lo miraba serio, sin muchos ánimos de hablar.

-¿Te has molestado conmigo Anthony? Eso que hizo Terry no fue con mala intención. Escribí esa carta, pero tú sabes que no deseo en verdad alejarte, olvidarte tampoco, es sólo que cada vez me cuesta más trabajo vivir mi vida en el mundo real. Cuando nos encontramos siempre me rompe el corazón decirte adiós, al día siguiente no puedo levantarme, no logro mantener la concentración y hasta me he dormido a mitad de la clase, me quedo sin fuerza, me olvido del mundo... por eso te escribí explicándote todo. No permití que quemara tu fotografía. ¿Sabes? Terry no es malo, sólo pienso que está celoso, él desea ayudarme a superar tu ausencia. Pero por favor no te vayas...

-No tiene que ver con tu amigo, mucho menos contigo. Nunca me enojaría contigo Candy. Debo admitir que siento celos de él, envidio sus ojos que pueden ver el brillo en los tuyos; envidio sus manos que te han acariciado el rostro, tu cabello, envidio su vida, porque puede verte todos los días si así lo desea, puede reír contigo, conversar contigo, puede abrazarte y escuchar el latido de tu corazón... y tú... tú ya has escuchado el suyo.

-No digas eso. No te compares con él, tu... siempre serás especial.

-No hay punto de comparación Candy, él está vivo... yo no.

-Para mí tú sigues vivo, lo sabes Anthony. En cada amanecer recuerdo tus ojos, tu sonrisa, tu voz, imagino lo que tú dirías cuando estoy a punto de meterme en algún problema... en cada anochecer pido a Dios por el descanso de tu alma y eres muchas veces lo último que pienso antes de cerrar los ojos. Ruego porque donde quiera que te encuentres, estés bien. Y en ocasiones cuando tengo mucha suerte, suelo encontrarte de nuevo. Siempre estás tan cerca...

-Y en verdad lo estoy Candy, mi amor se quedó contigo desde entonces y para siempre... ¿sabes? tengo un permiso especial para cuidar de ti...

Pero después de esa noche desapareció un buen tiempo, sé que seguía cerca porque en varias ocasiones pude encontrarlo rondando. A veces en el olor a rosas que de la nada llegaba hasta mi nariz... otras veces, un vientecillo juguetón revolvía mi cabello, acariciaba mis mejillas y mi cuello y en mi deseo por saber que él continuaba junto a mí hasta me parecía escuchar su voz... susurrándome al oído, diciendo mi nombre...

Alguna vez encontré a Eliza señalándome, disfrutaba hablar de mí todo el tiempo y aunque ya me había acostumbrado un poco, no dejaba de ser molesto tener que escucharla. Todas las compañeras a su alrededor me miraban con fastidio mientras ella hablaba y hablaba. En algún momento incluso me señaló con el dedo...

-Linda Pecosa, no le des importancia. Su rostro tiene la típica y fea expresión de quien habla mal de los demás... me mantendré cerca de ti, no permitiré que te haga daño.

Fueron las palabras que Terry dijo con disimulo al pasar a mi lado al tiempo que me hacía un guiño con el ojo y me sonreía. Sonreí también, lo tenía a él ahora para defenderme.

Eliza notó también que Terry estaba de mi lado, como si eso hubiera encendido dinamita en su interior siguió con su alegato. Creo que después de todo tenía suerte porque las monjas nunca se enteraban de lo que ella hacía. En esa ocasión se cansó de provocarme, señalarme y vociferar a su antojo sin obtener respuesta. Yo me limité a observarla sin responder siquiera alguna de sus ofensas. Continuó su camino con sus acompañantes, llevaba sus cuadernos y libros en sus brazos y de la nada salieron disparados hacia todos lados, como si hubiesen sido parte de un encantamiento, de un hechizo...

Desde entonces además de la "dama de establo", comenzaron a circular rumores de que era yo una bruja; de hecho el mote cambió a "la bruja de establo". Cosa que en verdad me divertía, algo bueno había resultado de todo eso, las había logrado alejar por un buen tiempo y sabía con exactitud quien había hecho eso, alguien desde otro lugar había tenido la energía y la fuerza para manifestarse y poner en su lugar a la presumida Leagan. Fue esa sin duda la prueba más fehaciente de que Anthony permanecía muy cerca de mí.

Muchas noches a propósito pensé en él antes de dormir, confiada en que así me sería más fácil encontrarlo, sin embargo nada ocurría. Dejé de soñar con él a pesar de desearlo con todas mis fuerzas. Fue hasta las vacaciones de verano en Escocia cuando volví a sentir su presencia, en cada camino que recorría al terminar las clases, en ese lago que él ya me había invitado a visitar. No sólo yo tenía a Anthony siempre cerca... Archie también lo había notado:

-Cuéntanos de nuevo Archie, es que... en verdad me parece increíble. -Pidió Annie

-No sólo es increíble, es científicamente improbable.

-Vamos Stear, yo sí le creo... eso pudo haber terminado muy mal. -Comentaste tú Patty- ¿recuerdas?

-Sí, lo recuerdo bien...

-Pues bien, las cosas fueron así: -continuó explicando Archie- Estábamos peleando el engreído y yo. Una de las vigas del hangar estaba dañada, había una cuerda que sostenía una parte muy pesada del avión y pendía de esa viga en particular. La cuerda se soltó en un momento en que por pelearnos golpeamos accidentalmente una torre de cajas y todo iba a caer encima de mí.

-Fue cuando Terry se arrojó sobre él para alcanzar a quitarlo de en medio. -Completó Stear.

-Y sigues con lo mismo Stear... no fue sólo él...

-Fue Anthony... -Me atreví a decir.

-Sí Candy, sentí un fuerte empujón justo antes de que las manos de Terry me tocaran para hacerme a un lado. No sólo eso... por favor, no piensen que he perdido la cordura. Vi algo... era una especie de estela luminosa. El olor a rosas inundaba mis fosas nasales a pesar de que ese sucio lugar estaba lleno de tierra y grasa de motor.

Los ojos de Archie se nublaron de pronto de lágrimas.

-Anthony me ayudó... yo no tengo duda de eso. Independientemente de que tu mente científica y cuadradada esté cerrada a la posibilidad Stear...


-Durante las vacaciones en Escocia sucedió algo más...

-Lo recuerdo Candy, tu beso con Terry.

-Sí, ahí también pudo haber estado él. Un fuerte viento se desató después de eso... el olor a rosas era casi palpable en el aire.

Lo soñé esa noche, estaba molesto. No hablaba conmigo.

-¿Y cómo sabes que estaba ahí?

-Él me lo dijo después, yo estaba a punto de irme, me detuvo tomándome por el brazo.

Me dijo que le había dolido mucho presenciarlo, pero que no era mi culpa, que era él quien tenía que entender que ya no debía seguir aquí, que ya tenía yo alguien que velara por mí.

-Debo confesarte que me agradó que le dieras esa bofetada Candy... es un odioso, un mimado... estoy de acuerdo con Archie, el tipo es insoportable.

-No digas eso Anthony...

-Ahora lo defiendes, entiendo; no tengo derecho a decir nada sobre él, lo siento...

Después de esa noche no volví a soñarlo. De regreso al Colegio sucedió lo de la trampa de Eliza en el establo. Me encerraron en el cuarto de castigo Patty. Hacía demasiado frío, tenía miedo de que alguna rata se me acercara y me mordiera. A las arañas no les tengo tanto miedo, pero el pensar en uno de esos grandes especímenes del Colegio que había encontrado al andar entre los árboles me hacía temblar. Me mantuve mucho tiempo despierta, a lo lejos creí escuchar a Terry y su armónica. No supe en qué momento me quedé dormida, al principio tenía frío, mucho frío, mis piernas y brazos estaban congelados, pero un calorcito comenzó a envolverme. Casi como si llevara una cobija conmigo, el agotamiento y la tristeza me vencieron y me hicieron caer en un sueño profundo. Una vez más, podría jurarte... sé que no estuve sola. Anthony estuvo a mi lado todo el tiempo. Desperté cuando el sol empezaba a colarse por el desvencijado techo del lugar, mientras abría los ojos claramente sentí cómo despacio me soltaba de su abrazo.

-¡Candy! Todo este tiempo has hecho que la piel se me erice por todo lo que me cuentas...

-Las lágrimas corrieron por mis mejillas, mi ángel no me abandonaba por ningún motivo Patty. No me sentí avergonzada con él porque me hubiesen castigado. Sabía que desde donde él estaba entendía como había sucedido todo, tal vez me sorprendí avergonzándome porque en el fondo sentí emoción al encontrarme a solas con Terry. Por un momento en realidad deseé que me hubiese llamado para pasar un rato juntos, tal vez abrazarlo, repetir el beso de Escocia... esta vez no lo golpearía, estaba convencida.

-¡Ahora que lo mencionas Candy!

-¿Qué pasa Patty?

-Recuerdo bien, que el día que Terry escupió en el rostro a Eliza, corrió el rumor que Terry era una especie de brujo como tú... varios de los que lo presenciaron dicen haber escuchado sus carcajadas mientras él se retiraba de ahí después de haberle escupido a ella, lo extraño es que su semblante era adusto, él no estaba riendo...

-Sus risas, sus voces, siempre fueron tan similares... seguramente por ahí estaba también Anthony.

-Regocijándose en el desprecio que le había hecho Terry a Eliza, podría ser, ¿de qué otra forma se explica esa carcajada Candy?

Transcurrieron muchos meses y en todo ese tiempo muchas cosas. Terry se había ido de vuelta a América y yo seguí sus pasos, viajé como polizón con tal de volver a mi vida de antes, al entender que mi vida no era convertirme en una dama y nada más. Quería ser una enfermera, ayudar a las personas en su convalecencia. Mucho de eso fue inspirado por él, por Anthony. Tantas veces soñé con que su accidente hubiese sido algo menos grave, algo que con mis cuidados y mi amor hubiese podido ayudarle a sanar.

Anthony llegó hasta aquél vagón de tren, alguien estaba pensando en él. Era el hombre aquél que su madre le había contado era su tío Albert.

Se veía bastante cansado, lucía demacrado y muy delgado, su piel tenía signos evidentes de haber sido expuesta mucho tiempo al sol. Anthony se daba el lujo de observarlo a detalle sin que aquél se percatara de su presencia. Supo entonces que Albert también pensaba en mí, descubrió con pesar que su tío anhelaba llegar a América para encontrarme de nuevo, para saber que yo estaba bien, para abrazarme y reprenderme por haber dejado el Colegio de esa manera, por haberme expuesto así.

-¿Porqué se interesa en ella? ¿Porqué sonríe al recordarla?

Estaba celoso, no entendía muchas cosas, mucho menos al pensar que el tío abuelo William del que tanto se hablaba era precisamente ese tío suyo.

-Y Candy piensa que es un anciano... un anciano millonario. Si supiera que es más parecido a un extravagante vagabundo, esa mofeta que lleva siempre... no me parece que sea una apropiada mascota para uno de los más poderosos de Chicago... si la Tía Elroy lo viera...

Anthony supo que algo estaba a punto de ocurrir. Un centenar de palomas blancas volaban alrededor del vagón de tren. Eso sólo podía significar una cosa, ya lo había visto antes. Algo iba a ocurrir, un accidente, un descarrilamiento. Debía hacer algo cuanto antes, unas cuantas palomas ya habían entrado al vagón y se posaban poco a poco en los hombros de los viajeros.

Entonces, haciendo uso de su energía, concentrándose de alguna manera, logró jalarle la cola a la mofeta y espantándola la hizo salir del vagón de un salto, eso hizo reaccionar a su tío quien sin dudarlo un momento saltó tras de su mascota.

Instantes después vino la explosión. Anthony estaba feliz de haber hecho algo para que su tío no muriera en ese incidente. Ojalá hubiese podido evitar la muerte de tantas personas.

-Y que más da si piensa demasiado en mi Candy, su cariño es sincero, puedo sentirlo. Me conviene que la gente a su alrededor la cuide y vele por ella... usted estará bien, tranquilo Albert, no tardarán en llegar...

Decía mientras sostenía la cabeza de Albert con cuidado. Cuando vio que se acercaban los equipos médicos simplemente se desvaneció en el aire.

Acompañó a Albert en su regreso a América. Estaba en muy malas condiciones, tenía heridas de gravedad pero lo más crítico era que aquél no recordaba absolutamente nada. El golpe en su cabeza lo había hecho olvidar hasta su nombre. Mucho menos recordaba de donde venía. Las enfermeras le hacían preguntas, pero Albert no respondía. No entendía nada, no sabía nada. Hasta que una voz en su oído le murmuró algunas palabras: América, Chicago, Santa Juana...

Así pasaron los días, Anthony se sintió mal cuando Albert y yo nos fuimos a vivir juntos al Magnolia, cuando veía día a día que la amistad entre nosotros se hacía cada vez más fuerte, cuando descubrió que en Albert comenzaba a crecer un cariño especial por mí y se recriminó a sí mismo...

-Tonto, ahora no te puedes quejar, tú mismo ayudaste para que se encontraran...

Igual sucedía cuando veía la emoción con la que yo recibía las cartas de Terry y en una de ellas ambos ya dábamos por hecho nuestro noviazgo. No podía morir de celos, porque ya estaba muerto, pero una tremenda impotencia apagaba de a poco la luz en su alma cada que envidiaba a Terry por lograr provocar esa enorme sonrisa llena de ilusión en mí. Comenzaba a comprender que lo que hacía no estaba bien, estar detrás de mí siempre, más pegado que mi propia sombra... debería alejarse un tiempo, si bien no dejaría de quererme, no era nada bueno aferrarse a una vida que ya no tenía. A una oportunidad que ya no le pertenecía.

Por eso se alejó, se fue un buen tiempo a donde debería estar. Aprendió mucho en ese lapso, se encontró de nuevo con Rose Mary su madre, quien lo convencía de no interferir y quedarse un poco más allá, en aquél otro lado. Tenía maestros, no era algo que se asemejara a una escuela, pero le estaba gustando en verdad y estaba comenzando a aceptar su realidad. Él pertenecía a otro mundo, a otro tipo de vida.

-¿Cómo sabes todo eso Candy?

-Alguna vez me lo contó en sueños, hemos platicado de tantas cosas Patty... no te imaginas.

Cuando se volvió a aparecer, fue en una de las funciones de teatro de Terry, yo había viajado desde Chicago a New York para ver a Terry actuando como Romeo. El teatro tenía un lleno total debido al éxito de las presentaciones. Los asientos junto a donde yo me encontraba permanecían repletos de personas excepto uno, me di cuenta de que alguien se acercaba en la oscuridad, se sentó a mi lado en ese lugar que había permanecido vacío. Sin decir nada lo miré de reojo. Los bellos de mis brazos se erizaron, esta vez no era un sueño. Ahí estaba junto a mí, lo sé porque el aroma a rosas se volatilizaba en el ambiente.

-¿Qué sentiste Candy?

-Mucho miedo Patty, hasta entonces todo había sido en sueños. Nunca me había sucedido estar despierta y verlo de reojo. Se acercó apenas un poco y fue cuando pude percibir el frío de la muerte hablándome al oído:

-Ve al hospital, de prisa...

Me dijo casi en un murmullo. Ahora entiendo porque se presentaba siempre ante mí en sueños, ahí no percibía yo el frío, ahí era todo cálido a su lado.

El mensaje fue breve, claro. Sentí la urgencia en su voz, debía ser algo en verdad importante para tener que manifestarse de esa manera.

No entendía por qué debía ir al hospital hasta que escuché a unas personas hablar de Susana Marlowe, de su convalecencia en el Hospital debido a ese brutal accidente.

Anthony me había dicho que fuera de prisa para allá. Entonces no dudé otro instante y corrí, corrí con el frío y la nieve golpeándome de lleno en el rostro.

-Lo que ocurrió después tu bien lo sabes...

-Sí Candy, fue muy difícil para ti. Enfrentarte a esa situación con Susana, con Terry... tener que despedirte de esa forma. ¿Hasta cuando volviste a verlo?

Volví a verlo en mi viaje de regreso a Chicago, estuvo haciéndome compañía en silencio. Volvió a abrazarme y sé que por influencia suya llegué a casa de los Andley. Me acompañó ahí todo el tiempo, en ocasiones despertaba a media noche y en mis desvaríos por la fiebre veía a Dorothy vencida por el sueño en un sillón de la habitación y Anthony estaba de pie, mirando hacia el jardín de las rosas a través del ventanal. Yo le llamaba y él acudía a mi llamado. Se sentaba a mi lado en la cama y me abrazaba y besaba mi frente.

-Trata de descansar mi amada Candy, duerme princesa...

.

CONTINUARÁ...