CAPITULO 3
PRESENTE.
Septiembre de 1930.
Dos días después.
En un restaurante lujoso una pareja de casados estaban celebrando, pues el actor había conseguido el papel protagónico de Marco Antonio, en la obra de Antonio y Cleopatra. El ambiente del restaurante era romántico, había música de fondo y en las mesas había una vela que brillaba en la oscuridad del restaurante, el mesero los había puesto en un lugar estratégico, a lado de grandes ventanales que permitían una majestuosa vista de la ciudad y brindando con champaña de la mejor calidad.
– Muchas felicidades por tu nuevo protagónico – Decía Candy realmente feliz y orgullosa por la felicidad y dicha de su esposo de haber obtenido el empleo. – por estar nuevamente arriba de un escenario en Broadway y por este trabajo que te llena de pasión y alegría.
– Gracias pecosa, – chocaron sus copas y dieron un pequeño sorbo – por tu apoyo, por cruzar el atlántico y dejar nuestra vida allá para seguir con las locuras de tu esposo. – Brindo el hombre con una sonrisa espectacular.
– Estoy segura que serás un rotundo éxito, cuando te vi caracterizado de Marco Antonio se me cayó la boca al suelo. Te veías tan apuesto… tan varonil – lo miro intensamente a los ojos y entre ellos se profesaban un amor infinito, entre mirada zafiro y esmeralda, Terry acariciaba el dorso de su mano mientras se daban un beso apasionado y romántico en medio de la cena.
– Me encantaría escribirle a E.B. y decirle donde he conseguido trabajando, creo que se va a ir de espaldas cuando le comunique que estoy ahora trabajando en su antigua compañía teatral y con su antiguo Director.
– Si y que tu nueva coprotagonista fue su reemplazo de ella, – rodo los ojos hacia atrás – ¿Por qué no me habías dicho que Cleopatra es la actriz internacionalmente famosa Andrea Rosemond?
– ¿Escucho celos en ese tono de voz pecosa? – Dio una espontanea carcajada cuando vio que Candy hacia una mueca rara como si fuera adolecente del San Pablo. La tomo de la mano nuevamente y la miro a los ojos – No debes de temer nada mi amor, yo nunca te lastimaría, confía en mí.
– Terry, mi amor… ¡Yo confío en ti! De quien no confío son de esas mujeres tan hermosas que se ven tan jóvenes, tan altas, tan llenas de curvas y con un rostro perfecto. – Dijo bajando la mirada a su plato.
– Si es horriblemente perfecto su rostro – le levanto el mentón para que lo viera a los ojos – sin embargo a mí me gustan mucho las pecas, ¿Te lo había dicho? Creo que lo primero que vi en tu rostro fueron esas hermosas pecas y tu hermosa nariz chata que fue que me conquistaron, – le dio una sonrisa especial mientras le acariciaba la mejilla, era un contacta tan intimo – yo te di mi corazón desde esa vez en el trasatlántico y después de casi veinte años, aun sigo perdidamente enamorado de esta mujer pecosa que me ha dado lo mejor de mí vida. – Candy se ruborizo aun más como si fuera una adolescente.
– Te confieso que cuando vi a esa famosa actriz… quien va a ser tu coprotagonista… sentí celos. – se mordió el labio inferior al revelarle a su esposo su inseguridad. – más porque llego y te saludo dándote un beso en la mejilla como si fueran íntimos amigos. – Bajo nuevamente su mirada.
– En la mejilla es el único lugar donde ella me podrá dar un beso cuando estemos arriba en el escenario… ella como Cleopatra y yo como Marco Antonio. Y fuera del escenario marcare mi distancia con ella. – Tomo su rostro y la volvió a besar apasionadamente, solo a ella, solo a su pecosa podría besarle como ella le besaba.
– ¿Harías eso por mí? – Su corazón latía fuertemente.
– No mi amor… no lo voy hacer porque tú me lo pidas. Voy hacerlo porque amo profundamente a mi esposa, a mis dos hermosos hijos que me has dado… y mi familia es lo primero – la volvió a ver a los ojos con esa sonrisa seductora y mirada traviesa que ella tanto le gustaba de su marido, – nunca, nunca pondría mi matrimonio en peligro.
– Te amo tanto – Dijo Candy con un sentimiento de profundo amor y agradecimiento y así continuaron con la cena y el brindis.
– Por cierto en Stratford Avon trabaje por más de 6 años como actor y nunca me habías hablado de tus inseguridades sobre mis coprotagonistas. – Comento el actor con una sonrisa mientras bebía de su copa y la miraba instintivamente.
– Bueno, – dijo la mujer mientras se llevaba un pedazo de salmón a su boca y su rostro se ruborizaba nuevamente – Laura era una mujer casada, seria y muy profesional en su trabajo… no me sentía intimidada por ella en absoluto, además recuerdo que le llamabas nariz de perico.
– Jajajaja – dio una carcajada que casi se doblaba – me has hecho el día… era Laura nariz de loro. – sus carcajadas se escuchaba por todo el restaurante pero a ninguno de los dos les importo porque ambos estaban tan felices, además las risas de Terry era música para sus odios.
Ya más noche, Terry saco a bailar a su esposa, ya que la música de fondo era de baladas románticas y tranquilas. Bailaban lentamente alrededor de la pista de baile, abrazados tan íntimamente como una pareja de enamorados. Candy recargada en el pecho de su marido mientras olía la fragancia y sentía escuchar el latir de su corazón de su amado. El hombre enterrando su rostro en la perfumada melena dorada y rizada de su esposa, mientras bailaban canción tras canción.
PASADO.
1896 ESCOCIA.
Eleonor Baker.
Haber estado embarazada y no tener trabajo y con una barriga enorme, fue la decisión que hizo que me quedara en Escocia, Alfred, su asistente personal siempre estaba al pendiente de mí cuando Richard no estaba conmigo.
– Señora no debe de sentirse triste, le hará mal a su bebé y a usted si se encuentra en estado de ánimo. – Había dicho Alfred con una sonrisa de compasión.
– Esto no era lo que deseaba, ahora soy su amante y mi hijo será un bastardo… – Dijo la mujer llorando amargamente.
– Dudo mucho que mi lord la desproteja a usted y a su hijo. Él la ama sinceramente y a su hijo. No tema. – Me consolaba como un verdadero amigo.
– Gracias Alfred por esta aquí conmigo, estando aquí sola me moriría de soledad y angustia. Pues Richard se ha casado con Lady Regina… y yo no puedo hacer nada al respeto.
Los meses pasaban y Richard estaba largas temporada conmigo, cómo en Londres y cada vez que venia traía cosas hermosas para preparar el cuarto del bebé, había comprado ya la cuna, un ropero, mucha ropita, hasta juguetes. Fue hasta el 28 de enero de 1897 cuando nació Terry en la villa de Escocia por una partera profesional. Era un hermoso niño de cabellera obscura como el de su padre, ojos azul océano con vetas verdes iguales que su madre. Sin duda el nacimiento de Terry había llenado de felicidad y orgullo al Sr. Grandchester como a Eleonor.
Richard no podía creer el milagro de la vida, el milagro de haber tenido un niño varón tan hermoso, los sentimientos que tenía en su interior era algo que no se podía describir con palabras, pero que estaba enormemente agradecido de haber tenido un hijo con la mujer que amaba profundamente.
Richard registro a Terry con su apellido, sería Terrence Graham Grandchester, pues de ninguna manera iba a permitir que su hijo, producto del amor fuera un bastardo, sin embargo pidió a Eleonor que no le pusieran el nombre de ella, ni escribieran quien había sido la madre, pues no deseaba que tuviera problemas Eleonor con su familia el cual era muy poderosa.
Con ayuda de las hijas de su antigua nana quien había servido a los Grandchester por mucho tiempo y posteriormente enfermado y su muerte había sido tan dolorosa para él, pues la consideraba como una segunda madre. Había dejado a dos jovencitas desamparadas, Josefina de 18 años quien había estudiado para ser una gran cocinera y Emilia de 20 años quien había comenzado a trabajar de mucama desde que su mamá había fallecido, así de buen corazón Richard contrato los servicios de Emilia y de Josefina ya que las conocía muy bien sin ser trabajadoras de los Grandchester, prometiéndole las mujeres lealtad y confiabilidad, no podían ellas decir absolutamente nada a nadie de su nueva situación y de que tenía un hijo recién nacido. Las mujeres se sintieron realmente dichosas, pues la paga era grandiosa y la joven mujer era sencilla, simpática y se la pasaban todo el tiempo juntas como tres amigas atendiendo al hermoso bebé.
Habían pasado dos años desde que Terry había nacido, El Marqués de Grandchester le había ofrecido una tregua a su esposa Lady Regina, ellos estaban en la Residencia de Frogmore un lugar bellísimo, la tregua consistía en aparentar un matrimonio solido y enamorado ante los ojos de la sociedad, ante los reyes de Inglaterra y principalmente a los ojos de sus padres, en ese periodo de dos años que ya tenían de casados, el matrimonio no se había consumado ya que dormían en habitaciones separadas, el trato era tener una relación de respeto y cordialidad, sin insultos verbalmente o físicamente. La señora de la casa no podía cuestionar con quien estaba o cuantas amantes su esposo tuviera. Su matrimonio sería nada más de nombre.
Para lady Regina eso era más que suficiente ya que no la maltrataba, ni la insultaba como en su noche de bodas y se portaba tan caballerosamente delante de sus amigas, hermanos, y principalmente de sus padres que la adoraban muchísimo. Era la envidia de toda la corte. Eso era suficiente para el corazón de ella.
Sin embargo las presiones eran cada vez más fuertes, una de las escoltas del Duque le había comunicado que había tenido una amante y posiblemente que ella tuviera ya un bebé pues, su hijo compraba muchas cosas relacionadas con juguetes, ropa y artículos de bebé.
Cuando el Duque se entero de eso, puso el grito en el cielo… su heredero no podría ser un bastardo con una mujer de dudosa reputación, tenía que ser un legitimo hijo de cuna noble con su matrimonio con Lady Regina.
Una noche llamaron a Lady Regina al aposento de mi madre la Princesa Helena, retiro a todas sus doncellas dejando a Lady Regina y mi madre solas.
– Mi hijo Lord Richard, me dijo que su matrimonio podía anularse – dijo la Princesa con una mirada intimidante. – ¿Eso es verdad? – Lady Regina bajo la mirada al suelo sin decir ni una palabra. – Solo hay un motivo el cual puede anularse el matrimonio y ese es que no se haya consumado. – ella seguía con la mirada abajo – ¡Contesta! – La princesa Helena golpeo fuertemente los puños en la mesa de caoba y Lady Regina se asusto de ver el enojo de su suegra y la mirada que le daba terror.
– Su Alteza, – se hinco con una rodilla levantada – perdóneme si no he podido ser una buena esposa para su hijo, no he podido que él se acerque a mi lecho y se consuma el matrimonio. Él no me ama, él no desea tener ningún tipo de intimidad conmigo desde que nos casamos.
– No te preocupes que esta noche, se consumara el matrimonio hasta lograr que llegue el heredero que tanto he deseado.
Aquella noche mi padre hablo conmigo en su despacho.
– ¿Tienes una amante verdad? – Volteo a verme con una mirada acusadora.
– ¡No es una amante! ¡Es una mujer al que amo muchísimo! – Grite con furia, mis padres no conocían a Eleonor Baker una mujer hermosa de alma y cuerpo, una mujer que me hacía sentir como uno de los mejores hombres y con plenitud de vivir y gozar.
– ¡Cállate! – Vocifero – Te he investigado Richard, me han dicho que tienes a una mujer Americana como tu amante de planta, una plebeya y sin familia, una huérfana que sus padres murieron cuando ella era muy joven.
Me quede sorprendido de la información que tenía mi padre referente a Eleonor. En cierta forma era verdad, pero la hacían pasar como una mujer que no valía absolutamente nada, cuando para mí era todo. No me importa que ella no tuviera un linaje, que no pertenezca a una familia de abolengo.
– No sé dónde la tienes escondida, – estaba de espaldas pero de repente dio un giro y se paro frente de mi con su mirada penetrante – ¡Escúchame bien Richard! Esa mujer ¡Nunca! ¡Nunca será tu esposa! Lo más qué te puedo ofrecer es que ella sea tu amante de planta, siempre y cuando tengas a mi heredero con tu esposa Lady Regina. – Estaba loco mi padre, mi mirada era de completa incredulidad, mi padre si dio cuenta de aquel gesto de sarcasmo – ¡Me canse de esperar y desde hoy comenzarás con tus deberes para tener al heredero de los Grandchester!
– ¡No pienso hacer semejante cosa, me niego a tener un hijo con Lady Regina!
– No me desafíes Richard – la mirada del Duque brillaba como fuego – por qué…
– ¡Porqué, que padre! ¿Qué piensas hacerme? – Miro a su padre con odio y rencor – ¡Matarme a golpes como siempre lo haces cuando no cumplo con tus órdenes!
– ¡No! Ese método de disciplina me he dado cuenta que no te hace ningún efecto para corregirte. – se acerco y me miro a los ojos directamente. – Pero si no haces lo que tu madre y yo deseamos, nos veremos en la terrible necesidad de matar a golpes a tu amante y mandarla a América en una caja de madera para que la sepulten – Richard abrió los ojos de terror – porque aquí no tiene ningún derecho que sea sepultada una mujer americana indecente en tierras Británicas.
– ¿Piensas asustarme con esos terribles actos de crueldad? – Contesto sarcásticamente.
– ¿Piensas probarme Richard? – Le contesto con otra pregunta – Yo que tú no me arriesgaba a cometer tal cosa, porque lo que yo prometo lo cumplo, Claro yo no me mancharía las manos con la paliza, para eso tengo mis subordinados que lo hacen por mí. – Le guiño el ojo – Solo pruébame. – Finalmente baje la mirada en forma de derrota – El Duque de Edimburgo no le gustara que su hija sepa que no es correspondida, haz tu mejor esfuerzo todas las noches para que pronto este embarazada Lady Regina ¡Y asegúrate de hacerlo bien!
Esa noche huí del Palacio no deseaba ir a Escocia por miedo a que encontraran a Eleonor y a mi hijo.
Una semana después el Duque pidió que buscaran a su amante y a su hijo bastardo para que desaparecieran del Reino Unido sino iban a pagar las consecuencias muy caro. James quien trabajaba para el Duque escucho las órdenes y le aviso a Richard ya que lo estimaba muchísimo.
– Alfred lleva a Eleonor y a mi hijo hasta Southampton y llévala hasta América, aquí ya no podemos estar, mis padres nos han descubiertos y el Duque como mi madre son personas de pocas palabras y de acciones fuertes, yo los voy alcanzar en Southampton.
Alfred tomo el primer tren que salía a Escocia, pues cuatro hombres se disponían viajar hasta Escocia esa misma tarde pues ya habían dado con el paradero de Eleonor. Las órdenes eran ¡Tráigame a la amante de mi hijo y su bastardo al palacio! Ya en mi poder veré como podre convencer a mi hijo que me dé el heredero que tanto deseo.
PRESENTE.
BROADWAY NUEVA YORK.
Al día siguiente en la mañana.
– ¡Grupo! – Exclamó el Director de la compañía presentado a Terry – él es Terrence Graham que desde hoy estará con nosotros trabajando, él interpretara el papel de Marco Antonio y Alexander será ahora el papel de Pompeyo.
– Camaradas – Saludo Terry presentándose a sus nuevos compañeros de escena – para mí es un gran honor trabajar con todos ustedes, esperando que nos llevemos con cordialidad y respeto. Yo por mi parte trabajare con todo profesionalismo para estar a la altura de tan consagrada compañía como con todos ustedes. – todos le dieron la bienvenida, sin embargo la primera actriz se había esperado hasta el final para saludarlo y que todos sus colegas se hayan retirado.
– Hola Terry – Saludo al actor con un beso en mejilla y tomando su mano en forma de saludo – estoy tan feliz y orgullosa de que te unas a nuestra compañía y que tú representes Marco Antonio, cuando hiciste el casting estaba segura que ibas a obtener el papel, pues tu actuación fue más qué excelente – decía mientras que todavía seguía agarrada de su mano – estoy segura que llegaremos a ser muy buenos amigos.
– Muchas gracias Srita. Rosemond. – Agradeció Terry aparatando su mano.
– Llámeme simplemente Andrea o Andy cómo me dicen mis amigos.
– Primero que nada quiero decirle que conozco su trabajo ya que es una actriz de fama internacional y he admirado su trabajo desde hace más de tres años y que usted no es una actriz novel, sino toda una actriz ya consagrada. La he visto actuar en su gira que hizo en Inglaterra interpretando una Mujer sin importancia.
– ¡O si! ¡Recuerdo muy bien mi gira por Inglaterra, fue una experiencia única y maravillosa!
– Ahora bien, deseo presentarme nuevamente, mi nombre es Lord Terrence Graham, Marqués de Grandchester, soy ingles y normalmente a la aristocracia se le saluda con una reverencia. Sin embargo pueden llamarme Sr. Graham o simplemente Terrence y con un asentamiento de cabeza como saludo. – Andrea abrió los ojos enormemente. – sólo mi amada esposa me llama Terry de cariño y un pequeño círculo de amigos muy íntimos me llama así. Circulo que usted no entra.
– ¡¿Estas bromeando acaso?! – Le sonrió pícaramente.
– ¿Me veo con cara de payaso para estar divirtiéndola? – La actriz dejo de sonreír cuando vio una mirada tan dura como un tempano en los ojos del actor – Además usted tiene 10 años menos que yo, así que le aconsejo que trate de respetar a sus mayores Srita. Rosemont.
El actor salió del escenario y la mujer se dijo en su interior que él iba a caer tarde o temprano bajo su encanto.
Departamento de los Grandchester.
Poco a poco Dorothy se estaba acostumbrando a sus nuevas labores y el Sr. Grandchester en cierta forma le facilitaba el trabajo ya que a los niños les había ordenado que cuando llegaran del colegio inmediatamente tenía que cambiarse ellos solos, mientras Dorothy y Candy servían la mesa para comer, también les dijo a sus hijos que la tarea la tenían que hacer en el comedor bajo la vigilancia de Candy o de Dorothy si Candy estaba ocupada. Ya que en el departamento no tenían estudio o biblioteca donde normalmente hacían la tarea, ni nanas, ni niñeras como Diana o Sofía. Así que Candy podía hacer varias cosas junto con Dorothy con la limpieza del hogar mientras apoyaba a sus hijos en la tarea en el comedor.
Era viernes en la tarde y Terry había invitado a su esposa a salir al teatro a ver una nueva puesta de escena de la temporada de otoño, mientras Candy se bañaba Dorothy preparaba la ropa de Candy como la ropa de Terry, pantalón, camisa, corbata, chaleco, todo muy bien combinado y zapatos bien lustrados. Ambas ropas las ponían en la cama, Candy salió del baño y Terry entraba a bañarse, Dorothy le ayudaba a arreglarse mientras conversaban de cosas sin importancia.
– ¿Candy cómo quieres que te peine? Te gustaría un chongo alto para que luzcas tu cuello y el collar de esmeraldas que te combina con tu hermosos ojos y tu vestido, ¡Serás la envidia del teatro! – Le guiño un ojo con picardía.
– Me agrada mucho tu idea Dorothy, deja unos hermosos caireles que caiga sobre la sien. – Mientras que Dorothy la peinaba Terry había salido de la ducha con una toalla amarrada a la cintura y otra toalla en sus manos que secaban el cabello y olvidándose que Dorothy estaba ahí presente mientras que él se vestía con toda naturalidad.
En realidad para Terry era algo de lo más normal, Emilia quien ayudaba a Candy anteriormente en su arreglo personal cuando tenía algún evento especial, Emilia como Josefina había visto a Terry desde que era un bebé y las mucamas entraban a la recamaras como si nada para traer el desayuno o para llevar el periódico… o simplemente limpiar la habitación mientras él leía sus diálogos, para Terry era algo indiferente la presencia de Dorothy en su habitación.
Como era viernes, a Maggie no le habían dejado tarea, pero a Ricky si, unos problemas de matemáticas que los había resuelto sin dificultad y había terminado rápidamente, teniendo para él solo la mesa del comedor tomo un papel en blanco y comenzó a escribir una carta para Emma…
Querida Emma:
No sabes cuánto te he extrañado en todo este tiempo que no te he visto, aun recuerdo la última vez que te vi, despidiéndote en el carro de mi abuelo y tú agitando tu mano en forma de despedida y con lágrimas en los ojos, yo corriendo atrás del carro esperando que se detuviera. Nunca pude decirte que me gustabas mucho… tu manera de ser… tu alegría, tu sencillez, me agradaba estar contigo y platicarte mis cosas, mis gustos y tú a mí.
Esta es mi cuarta carta que te escribo y que no puedo enviártela. He deseado decirle a mi padre que me proporcione tu dirección para que puedas leer mis cartas y que tú también me escribas… sin embargo no he tenido el coraje ni el valor de decirle a mi padre que me proporcione tu dirección.
Me han pasado muchas cosas, te cuento que ya no vivo más en Inglaterra ahora estoy en un colegio Americano, me gusta y poco a poco me he adaptado a este nuevo país. Mi maestra es muy buena y simpática. Nueva York no ha sido tan malo después de todo… sin embargo sería grandioso si pudieras escribirme y mejor aun que estés aquí conmigo.
No había terminado la carta ya que deseaba platicarle más cosas aunque ella no leyeras mis líneas, sin embargo en ese momento me dieron unas tremendas ganas de ir al baño así que dejo la pluma fuente en el tintero y me dirigí al baño. Maggie entraba a la sala y sin evitarlo vio la carta que estaba escribiendo en la mesa del comedor, pensando ella que era tarea. Tomo la hoja y comenzó a leerla, cuando salí del baño vi que la estaba leyendo.
– ¿Qué estás haciendo con mi carta? ¡Devuélvemela! – Gritaba enfadado Ricky.
– ¡Vaya una carta de amor para Emma! No sabía que estuvieras tan enamorado de esa niña. – corrió por el pasillo ya que Ricky trataba de quitársela. – pero qué es lo que dice esta carta de amor.
– ¡Margaret dame esa carta! ¡Dámela ahora mismo! – Ricky estaba furioso.
– Querida Emma, te he extrañado mucho. – jajaja – Recuerdo la última vez que te vi. Nunca pude decirte que me gustabas. – Que romántico y que cursi.
Justo en ese momento tres personas entraban a la sala arreglados elegantemente para ir al teatro, cuando un tintero voló por la sala y justamente le dio en el pecho de su madre manchando de tinta negra el vestido de noche y salpicando a su padre el traje gris Oxford que tenía puesto para esa ocasión. El tintero había caído en la alfombra persa de color camello y manchando también la alfombra.
Ricky se puso completamente pálido como un papel y a punto de desmayarse cuando vio la mirada furiosa de su padre.
– ¡¿Qué demonios ocurre contigo Richard?! – Grito enfurecido Terry.
CONTINUARA.
Mil gracias por todos sus reviews y su buena acogida a esta nueva continuación.
Primero que todo, deseos decirles que "NO", Terry no le va a poner el cuerno a su amada Candy, eso nunca me paso por la mente, yo odio otros fanfiction cuando Terry le es infiel a la pecosa, y más cuando no es ni siquiera la horrible de la gusana… sino con otra mujer. Así que no teman que ese vaya a ser el caso de este fanfiction.
Esta historia va a ser más bien la historia de Terry de su niñez y adolescencia. La historia que borre… solo que ahora con un poco del Terry y Candy adultos y sus dos hijos.
El tema de Dorothy lo puse como para darle más sazón a la historia. Y tampoco le va a poner el cuerno con Dorothy o lastimar a su mejor amiga Candy. Igual Dorothy se enamora platónicamente de su jefe… pero nada más que eso… jejejeje.
Mil gracias por todos sus comentarios, sugerencias, críticas y tomatazos. Que les gusta que escriba y que temas les gustaría que abarcará pues así me doy cuenta que les gusta y que no les gusta. Para nosotras es muy importante todos sus comentarios para seguir con la historia.
Besos y saludos a todas que me mandaron un review y a las personas que leen en anonimato. Mil gracias.
