Los personajes, nombres de Harry Potter, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. ® & © de publicación de Harry Potter © J.K.R. 2006. Y también están mis personajes, claro !

¿Sería que al fin, luego de tantos años de espera, luego de tantas cosas por las que había pasado, para llegar a allí, Lily le diría que sí? "Demasiado bueno para ser cierto" pensó James mientras que la sonrisa que hasta entonces había tenido desapareció con un suspiro. Miró al suelo.

-¿Qué sucede, James? -preguntó Lily preocupada al ver la repentina reacción del chico, y él cambio de actitud bruscamente.

-No, es solo que hace seis años, la primera vez que te vi, en el Expresso, desde ese día... ya no soy el mismo Lily. Yo realmente doy todo por ti. Y tú... yo no te caigo bien, lo sé. Puedo verlo en tus ojos. Solo... no quiero que te sientas presionada, ¿sabes? Piensa con detenimiento tu pregunta, y luego me respondes. No soportaría que me digas que sí y luego.. luego.. -no pudo terminar la frase. Se puso en movimiento siguiendo hacia las mazmorras para intentar evadir ese instante de sinceridad que le había surgido, dejando atrás una Lily totalmente estupefacta ante semejante confesión.

-¡No! -exclamó Lily alcanzándolo-. Yo...

-Yo te amo -declaró James interrumpiéndola. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué era tan distinto cuando estaba con ella? Parecía que toda su arrogancia desaparecía con aquella mirada deslumbrante, y ese perfume a rosas que tantas cosas le llevaba a la mente.

-James... -susurró ella sonriente-. Yo... -pero no terminaba su frase.

-¿Tú, qué? -preguntó él. Ya daba igual. Ya todo le daba igual si ella le decía que no de nuevo. Prometió dejarla tranquila si volvía a rechazarlo, y así lo haría. Tan solo un "no", y seis años de imprudente conquista se le iban al diablo. No podía creer que él, James Potter, estuviera tan enamorado de una mujer...

-Yo... no sabía que eras tan dulce -exclamó ruborizándose-. Jamás te pensé así.

-Vamos Evans, dime, ¿vas a responderme hoy, o prefieres más tiempo?

-No, ya lo tengo decidido -inquirió con seguridad.

-Oye, si me dices que no, prometo... prometo... -no podía decirlo. Estaba haciéndose daño a él mismo, pero al mismo tiempo, no podía evitar pensar lo culpable que era Lily en que él se sintiera así-. Prometo que no me interpondré más en tu camino, y que no te molestaré. Ya nunca... vas a tener que soportarme más porque... no volveré a preguntártelo.

-Sí, me alegra escucharte decir eso, pero más allá de lo que digas hoy, yo ya tenía mi respuesta -sonrió como con melancolía y se miró las uñas de las manos.

-¿Y cuál es?

-Ah, eh... yo, tú... nosotros... no -una lágrima cayó por su mejilla derecha. Aquel color rosado aún no había desaparecido de debajo de sus ojos, y las lágrimas que lentamente comenzaron a bañar su rostro, se encargaron de demostrar la intensidad de aquel color que tan bien le quedaba.

-¡¡Potter!! ¡¡Evans!! -chilló una voz desde el otro extremo del pasillo.

-Lo lamento -susurró Lily secándose el rostro con una manga de su túnica rápidamente.

Si ella lo lamentaba, James estaba muriendo. ¡Había jugado todo! ¡Se había mostrado ante ella! ¡Le había confiado todo lo que sentía! Y ella... lo había rechazado. Por milésima vez en su vida, había recibido un no de parte de Lily Evans, pero esa vez era diferente. Desde allí, todo era diferente. Al final, Sirius había tenido razón. No debía haber molestado tanto a la chica, si no quería más respuestas negativas. Pero el solo mirarla, la simple presencia, aquel aroma que desprendía con delicadeza, aquella angelical voz que parecía pura melodía para los oídos de James, siempre le habían dado una esperanza. Por eso jamás se rendía, por eso, insistía tanto con que salieran. Porque no se imaginaba su futuro de otra forma. No imaginaba su vida de otra manera. No se imaginaba a él mismo sin ella. Lily lo era todo, y ahora lo había perdido todo. Pero era extraño, porque por una fracción de segundo hubiera podido jurar que ella iba a decirle que sí por una vez, por una sola y condenada vez en su vida...

-¿Señor Potter? ¿Se encuentra bien? -preguntó una voz grave en sus oídos. El chico despertó de lo que parecía una terrible pesadilla. Pero despertó en una realidad mucho más terrible: no había sido un sueño.

La muchacha estaba a su lado. Ya no lloraba. Estaba callada, y aquella voz que tanto calmaba a James, parecía haber desaparecido momentáneamente.

-¿Eh? Sí, sí. Todo en orden profesor -susurró a quien lo miraba expectante.- ¿Dónde...? ¿Qué...? -preguntó sin entender realmente.

-Estamos en mi despacho, muchacho. ¿Seguro que está bien? Podría pasar el castigo para otro día, y ambos van a sus casas -dijo con voz calma.

-No, no, así está bien -parecía un fantasma devuelto a la vida contra su voluntad. Lo que menos quería, era regresar a su Sala Común. Sabía que allí no vería más a Lily. Y lo que más quería, era poder tenerla cerca, por aunque sea unos minutos más. Esa era su despedida por siempre, y quería, tan solo anhelaba, poder estar más tiempo con ella. Solo para observarla, y reclamarle aunque solo fuera con la mirada lo infeliz que lo había hecho.

-Bien, su tarea, señor Potter, es limpiar estos calderos de los alumnos de primer año -"¡Maldita sea!" pensó James. Los alumnos de primero eran los menos experimentados, por lo tanto sus calderos eran los más difíciles de limpiar. Asintió a su profesor que parecía apenado por el aspecto del muchacho-. Señorita Evans, tiene que organizar todas mis pociones en el orden que le indicaré, y luego le explicaré qué más. Me están haciendo falta algunos sapos destripados... -dudó. Lily puso una notoria cara de repugnancia ante el hecho de imaginarse destripando a unos pobres sapos. Ya de por sí odiaba a esos animales, como para tener que abrirlos y ver lo que tenían dentro-, pero eso está por verse. Señor Potter, ya puede comenzar. Sin magia, claro. Señorita Evans, por aquí -señaló la pared que estaba detrás de su escritorio. Una enorme estantería, inalcanzable a simple vista, se alzaba ante la muchacha que no ocultó su cara de terror y aburrimiento.

Definitivamente, los castigos que los alumnos más odiaban eran los de Pociones. Siempre había arduas tareas que hacer en ese frío y desagradable despacho.

Comenzaron sus tareas. La de James era especialmente difícil, ya que parecía que los pequeños se habían empeñado en dejar todo mugroso. Lily parecía aburridísima: lo único que hacía, era sacar frascos y frascos de pequeñas pociones, y dejarlos sobre el escritorio del profesor, para luego limpiar las estanterías con un trapo, y poner nuevamente los miles de frasquitos. Oh, sin mencionar que debía ser en orden alfabético, y algunos frascos no llevaban nombre. Así que, se veía obligada a preguntarle cada tanto al profesor. Finalmente terminaron decidiendo que las que no llevaban nombre las apilarían a un costado.

La noche avanzaba más y más. Hasta que Lily terminó triunfante. Eran alrededor de las diez, cuando James pudo ver su cabello rojizo, desaparecer por la puerta del despacho.

-Bueno, chico, creo que es lo más que puedes hacer por eso. Hoy no te esforzaste tanto como otras veces, pero tengo en cuenta tu estado al llegar, y mi decisión, es que ya puedes irte-. Sonrió con gracia a su alumno que se veía fatigado, y mugriento, lleno de transpiración.

-Gracias, señor -dijo falsamente al irse. ¡Un buen baño le iría bien en ese momento!

* * *

Se hallaban en las extensiones verdes y frías del castillo cuando Sirius dijo:

-Bueno, Cornamenta, piensa que no es el fin del mundo. ¡Hay muchas chicas guapas en Hogwarts que se mueren por besarte! -intentaba animarlo. James les había contado toda la historia-. Por ejemplo: ¡mira eso! -señaló una chica pelirroja, que cruzaba los jardines entrando al castillo, echando su cabello hacia atrás, al ver a Sirius señalándola-. Vamos, no vas a decirme que no te gusta. Te conozco bien, y sé que tu debilidad, son las pelirrojas.

-¡Por Merlín, no molestes, Canuto! -dijo James con fastidio. El rechazo no le había caído muy bien, y cada vez que se encontraba con Lily y su grupito de amigas (en el que al parecer Nara ya no estaba incluída), evitaba todas las miradas que se dirigían a él, y miraba a otro sitio haciéndose el distraído.

-Vamos, no es el fin del mundo -insistió Sirius a su amigo, que parecía estar al borde de una severa depresión.

-Lunático, ¿sabes qué me vendría bien? -preguntó James a Remus, que lo miraba algo conmovido.

-Ni idea -dijo éste.

-Una salida nocturna. Eso levantaría mi ánimo.

-Sí, pero recuerda que yo no puedo transformarme cuando quiera. Solo cuando hay... ya saben -hizo un ligero movimiento de la cabeza-. Pero hay algo que te animará. ¡Se acerca el partido de Gryffindor contra Slytherin, camarada! -parecía otra persona. Se notaba que estaba tratando de animar a su amigo, pero nunca antes había hablado así del Quidditch, incluso hasta lo creía un juego sin sentido que solo alimentaba la rivalidad entre los alumnos.

-Oh, sí. Hoy es día de entrenamiento -dijo sin la actitud que lo caracterizaba cada vez que hablaba de este deporte. El típico movimiento de cabello que realizaba cada vez que hablaban del Quidditch (despeinándolo), esta vez se mostraba ausente, y la razón era una muchacha, los cuatro lo sabían.

-Anímate, Cornamenta. Ah, y tienes que buscar una pareja para San Valentín. Yo iré con... ¿cómo se llama? Ah, si, Jenny -sonrió a Remus que lo miraba con ganas de matarlo.

-¿Saben?, hay algo que no entiendo. Me dijo que no, pero el otro día casi me besa... solo que esa Jenny nos interrumpió -maldijo más para sí mismo que para sus amigos.

-¡James! -llamó una voz a sus espaldas. Nara se encontraba allí, muy contenta y decidida.

-Ah, hola -saludó el chico sin ganas.

-Escuché por ahí que Lily ha vuelto a rechazarte -por alguna razón que James no lograba entender, se veía radiante.

-¡Qué rápido vuelan las noticias! -susurró Sirius, su amigo lo miró con cara de "y era lo último que me faltaba". La chica le envió una mirada furtiva a Black que no se dio por aludido.

-Sí, ¿y eso qué? -preguntó James sabiendo las intenciones de Nara.

-Bueno, pues... pensé que podríamos -se acercó más hasta sentarse al lado de James. Tomó del mentón al chico, y lo obligó a que cruzaran sus miradas-. ¿Quieres ir a Hogsmeade conmigo para San Valentín? -preguntó acercando más y más su cara a la de él. Bueno, siempre y cuando eso fuera posible.

-Eh, er... yo... no lo sé. Voy a pensarlo, ¿vale?

-De acuerdo -dijo la muchacha mientras sonreía y se ponía de pie-. Nos vemos -saludó tirándole un beso al aire.

Cuando James se aseguró de que estuviera bien lejos, miró a sus amigos.

-Un poco atrevida, ¿eh? -dijo Sirius con una pícara sonrisa-. Te dije que tenías las que quisieras.

-Cállate -inquirió bruscamente.

-Tendrías que haber visto tu cara, Cornamenta -intentó bromear Peter, que hacía horas que no hablaba. Pero cada vez que lo hacía así, se ligaba unas buenas reprimendas de sus amigos.

-Mira la tuya -dijo James con sarcasmo, y levantando una ceja. Peter escondió su mirada y no volvió a hablar.

-¿Qué le dirás? -preguntó interesado Remus, que sacó un libro de su mochila y comenzó a hojearlo.

-¡Que no! -exclamó como si fuera algo obvio-. A Lily no le caía bien -sentenció. Sirius puso sus ojos en blanco, y lo miró con seriedad.

-Cornamenta, deberías olvidar a Evans. Ella no te quiere. Supéralo y ya. ¡Quiero volver a tener a mi amigo el de siempre, aquí! -reclamó medio enfadado.

-Oigan, no me rendiré -aclaró caprichoso.

-Pero tú dijiste...

-No importa lo que haya dicho, ¿si? Lily me debe una explicación. ¡Ella iba a besarme! Eso significa que hay algo que la limita a estar conmigo, y no soy yo. Tal vez haya... otro. Y si es así... ¡que se prepare para enfrentarme porque voy a aplastarlo como a un gusarapo! -sonrió con malicia y se levantó del pasto.

-¿A dónde vas? -preguntó Sirius.

-Lily... -gritó James estando ya en la distancia.

No sabía hacia a dónde corría, ni qué era lo que le diría cuando se la encontrara. Solo importaba verla. Hablarle, sentirla, escucharla, pedirle una explicación y de las buenas.

-¡Evans! -sí, la había encontrado fácilmente. No podía dejar de reconocer aquella cabellera rojiza que la caracterizaba.

-¿James? Pensé que jamás ibas a volver a hablarme, luego de decirme que si te decía que no me dejarías en... -balbuceó la chica extrañada al darse vuelta.

-Olvida todo lo que dije -exclamó radiante. La esperanza que le causaba el pensar que tal vez Lily lo rechazaba por otra razón que no fuera su cabeza grande que hacía que se cayera de la escoba, era su alimento para el alma en esos momentos tan fuertes en los que deseaba abrazarla, besarla y... borró esas engañosas imágenes de su mente, necesitaba todos sus sentidos alerta esa vez-. Tenemos que hablar, y quiero que me digas toda la verdad esta vez. ¿Podrían irse? -preguntó medio suplicante dirigiéndose a las amigas de Lily que lo miraban sonrientes. Nara definitivamente no estaba con ellas.

-¿Qué sucede? -preguntó Lily con gracia, cuando sus amigas ya estaban a considerable distancia.

-Er, tenemos que hablar -dijo intentando calmar sus pensamientos que comenzaban a traicionarlo al imaginar tenerla con él.

-Sí, claro. ¿Qué sucede? -se sentaron en un banco cercano.

-Mira, tú, ayer.. me dijiste que entre nosotros, nada -le costaba pronunciar esas palabras tan dolorosas-. Pero, mm, ¿cómo te lo digo? Oh, sí, casi me besas un par de horas antes -Lily se ruborizó notoriamente y se miró las manos, mientras el rezaba porque su tono no hubiera estado muy cargado de sarcasmo.

-Ay James -dijo con tristeza. La sonrisa lentamente fue desapareciendo del rostro del muchacho, quien encontraba aquella situación un tanto irritante-. Está bien. ¡Me has convencido! Por primera vez, te lo concederé. Iremos juntos a Hogsmeade -las facciones de James parecían no entender lo que su cerebro le ordenaba: sonreír, sonreír como nunca lo había hecho porque al fin estaba accediendo a algo que él le pedía.

Intentando contener la calma y no estallar de la alegría que lo embargaba, pronunció tímidamente:-Aún así no me dices por qué ayer me dijiste que no.

-Bueno, la verdad, es la que siempre te he dicho. Eres arrogante. Tú dijiste que cambiarías por mí. Hazlo antes de San Valentín, y no te olvidarás de ese día en tu vida -sonrió acercando su cara a la de él. James quiso acercarse más, pero Lily se apartó-. Piénsalo, tienes tiempo. Te dije que no, porque no creí que fueras capaz de cambiar, entonces, preferí ahorrarte sacrificios. Pero si en verdad crees que puedes hacerlo, espero resultados -aunque su respuesta había sido poco convincente, James no se opuso y la observó mientras se acomodaba su túnica. Lily se volteó, y comenzó a alejarse.

-¡Lily! -llamó James antes de que estuviera más lejos.

-¿Sí?

-Dime qué cosas tengo que cambiar -sonrió encogiéndose de hombros.

-Bueno pues, eso te lo dejo de tarea. Tienes cinco días, para no meterte en problemas. Tres, para no abusar de tus compañeros. ¡Ni siquiera de Snape! Dos, para disculparte con aquellos a los que has hecho daño. Y uno para ganar el partido de Quidditch. ¡He apostado mucho porque tu cabeza no te haga caer, Potter! Así que, confío en que ganes ese partido. Comienzas mañana tu prueba. El día del partido Gryffindor contra Slytherin. Recuerda. Tienes que pensar mucho en el plazo de los dos días. Has abusado de muchas personas, y me he tomado el trabajo de anotarlos todos desde los últimos dos años. Intenta recordarlos todos, y jamás te olvidarás de febrero de este año, y los que siguen -se volteó para seguir su camino.

-Lil... -volvió a llamar James. Ella lo miró-. Eres aún peor que yo... -sonrió con malicia, y ella le dijo por segunda vez:

-Tengo el mejor de los maestros -repitió como en otra ocasión, y le dio la espalda haciendo que su largo cabello volara con la brisa que los inundó en un instante.

La chica desapareció por una esquina, dejando a James algo mareado. Tenía que conseguirlo. Tenía que vencer a esos cinco días que lo destruirían con rapidez si no jugaba astutamente. El momento de comenzar, era ese y no había ni un minuto que perder.

* * *

-¡Lunático! Necesito tu ayuda -dijo entrando al Gran Salón, y corriendo hacia la mesa de Gryffindor donde sus amigos le habían apartado un lugar. Era la hora de la cena.

-Cornamenta, ¿dónde estuviste hasta ahora? -preguntó Sirius intrigado.

-Eso no importa. Estuve practicando para el partido de mañana.

-¿Desde que terminaste de hablar con Lily?

-Sí, pero... un minuto, ¿cómo sabes cuándo terminé de hablar con ella? -lo miró pretencioso, y Sirius lo desafió levantando el mentón.

-¿Olvidas el mapa que con tanto esfuerzo creamos? -preguntó usando el tono que solo le dirigía a Peter.

-No. Pero no me distraigas. Yo quería hablar contigo, Lunático -exclamó mirando a su amigo, que estaba sentado enfrente de sí.

-¿Qué sucede? -preguntó apartando el libro que, hasta entonces, había tenido en el regazo, y no le había apartado la vista ni cuando James se les acercó.

-¿Tienes idea de cuáles son todas las personas que he fastidiado, durante los dos últimos años? -preguntó en un susurro.

-James... -dijo una voz femenina a sus espaldas. Se volteó a ver quién había pronunciado su nombre, aunque su voz la delataba fácilmente.

-Lil, ¿qué ocurre?

-Olvidé aclararte algo -se acercó a su oído y le susurró unas palabras con parsimonia-. Nada de ayuda -luego se apartó, le guiñó un ojo, y se alejó decidida hacia sus amigas que estaban sentadas unos metros más allá, en la misma mesa. Sirius miró a Jenny y le regaló una sonrisa seductora. La chica, echó hacia atrás su cabello, y se mordió el labio inferior.

-Eso es lo que me gusta -dijo Sirius señalando con la cabeza a la pelirroja-. Tiene estilo -sonrió.

-James, amigo, podría hacerte una lista detallada -djo Remus volviendo al tema anterior.

-No, olvídalo. Ya no la necesito -murmuró malhumorado.

-¿No vas a contarnos que pasó con Evans? -preguntó Sirius dejando de mirar a Jenny que ya había desaparecido de su vista.

-De acuerdo -relató todo lo que había ocurrido con Lily incluso el último susurro inoportuno, con cuidado de no perderse detalles.

-Bueno, te has metido en un embrollo. Si soy sincero, debemos haber fastidiado a todo Hogwarts en dos años -dijo Sirius-, con esa estás perdido.

-Tiene que haber una salida -exclamó James pensativo-. Tiene que haberla.

-Ah, y con respecto a lo de no molestar a más gente, una lástima que los últimos días no nos hayamos distraído un poco con Quejicus. Ahora perdiste tu oportunidad, Cornamenta. Pero en esa sí no te ayudo. No dejaré de ser como soy, por el pedido una chica-. Sonrió con suficiencia, pero James le envió una mirada que logró que esa suficiencia desapareciera de inmediato.

-Bueno, creo que solo me queda relajarme para el partido de mañana, y luego pensaré en una solución. Si no se me ocurre nada antes, claro -se pasó una mano por el cabello y lo alborotó. En ese momento, Lily, Jenny y la tercera amiga que, según había escuchado, le decían Maki, volvieron a pasar por donde estaban ellos hacia la gran puerta de madera-. Hey, Evans. ¿No vas a despedirte? -varios alumnos de Gryffindor y las otras casas comenzaron a mirarlos, esperando el habitual rechazo e insultos de la chica. En el castillo ya se había hecho una costumbre verlos peleando. Y el saludo nocturno, era el preferido por todos: el peor de los rechazos le esperaba a James para la hora de la cena.

Por eso, todos en el Gran Salón se quedaron atónitos y en silencio cuando Lily le murmuró un '¡Claro que sí!' y se acercó al morocho sonriendo...