Miró hacia otro lado, totalmente contrariada. ¿Se había vuelto loco el mundo? Y lo peor de todo era, quizás, que Ranma ni se inmutaba. Ella, la única que seguía en sus cabales en esa familia, había protestado, negado y maldecido la decisión tomada por su padre, pero aquello no pareció surtir un efecto de ningún tipo. Maldijo en numerosas ocasiones, se desesperó, mirando a su prometido, que, inexplicablemente no había comentado en ningún momento. El rostro de su padre estaba más serio que nunca, intranquilizándola, a demás de que normalmente su padre era una persona voluble, se dejaba influenciar por los comentarios de sus hijas y cuando no dejaban de insistir el bueno de Soun acababa cediendo. Pero hoy no sería un día más de esos. Era ella contra el mundo. Quizás si Ranma hubiera puesto un poco de su parte las cosas se habrían torcido un poco, pero el chico permaneció inmóvil con la mirada fija en algún puto del cosmos y una pequeña y disimulada sonrisa naciendo en sus labios.
Aquello terminó por sacar de quicio a la chica.
-¡Y a ti que demonios te pasa! –bramó, nerviosa, señalando con un dedo al chico que la miraba sorprendido, saliendo de su ensoñación interna- ¡No has dicho nada, te has quedado parado, cuando normalmente te estarías quejando! ¿Qué demonios está pasando? ¿Quién eres y que has hecho con el imbécil de Ranma? ¡Y vosotros! –Señaló a su familia- ¿De donde os habéis sacado esa idea, por qué tan de repente?
-¿Y desde cuándo se te tiene que dar explicaciones? –Contestó, cortante, Nabiki- Hermana, te quiero mucho, pero te estás empezando a pas…
-¡A quién le has llamado imbécil? –Ranma se puso en pie de un salto, furioso. Aunque realmente ignoraba por completo el insulto. Desde que había escuchado la noticia, una sola sensación le había inundado: curiosidad. Si el destino pretendía poner a prueba su capacidad de aguante respecto a su relación con Akane, estaba más que dispuesto a demostrarle que Akane era suya, y que siempre lo sería. Pero eso sería, claro está, una vez se hubieran quedado solos, a la luz de una candente hoguera en las frías colinas de china…
-Pues a ti, pedazo de anormal, ¿qué otro aquí se llama Ranma?
-Dijo la "femenina" – miró a su prometida de arriba abajo, con una enorme sonrisa de un lado, picarona, mientras ella se ponía roja hasta decir basta. La chica levantó su puño, amenazante, cosa que le arrancó una carcajada- ¡Adelante, demuéstralo, demuestra cuán femenina eres, mandándome a volar como si fuera una pelota de béisbol!
-No tientes a la suerte –contestó, enfadada, dándose la vuelta y saliendo de la habitación mientras su enorme aura se enfriaba
Ranma suspiró aliviado. En el fondo pensaba que le habría mandado a volar por los preciosos cielos de Nerima. Miró a la familia, levantó una ceja y dijo, medio en serio medio en broma
-Ahora no me digáis que iba en serio lo de Jusenkyo –Soun le miró, derrotado- No se preocupe! Era broma, era broma… -suspiró- Supongo que ahora tendré que ir a hacer la maleta… Importaría mucho que fuera a ver a U-chan?
Soun abrió la boca para responder, pero el chico ya no estaba.
Ranma se deslizaba de tejado en tejado, a velocidad pasmosa, encerrado en sus pensamientos. Hablar con Ukyo… ¿sobre qué? No estaba muy seguro, pero en el fondo pensó que era la única persona a la que le podía contar aquella cosa que tan feliz le hacía. Sonrió para sus adentros ¿Cuánto tardaría en llegar?
Akane subió rápidamente las escaleras. ¿P-chan? ¿Dónde estaba su peludo y pequeñín amigo cuando ella tanto le necesitaba?
Entró en su habitación, la cerró de un portazo e inspeccionó lo que había dentro. Efectivamente, en una esquinita de la cama el pequeño cerdito dormía panza arriba. La imagen enterneció por completo Akane, que lo tomó entre sus brazos cuidadosamente, por miedo a despertarle. Por suerte el chiquitín no estaba lo suficientemente dormidito como para enfadarse, y mucho menos si despertaba en brazos de su amada dueña.
-¿Kuih?
-Buenos días, P-chan! ¿Has dormido bien? –Suspiró, acariciando cariñosamente su pancita negra- Tengo algo que contarte, y no estoy segura de si es bueno o malo… -miro fijamente a su peludo amigo- Ranma y yo… bueno, resulta que nos obligan a ir a china, a Jusenkyo, ya que las pozas están totalmente recuperadas quieren aprovechar eso para hacer que… no sé, es como si quisieran encerrarnos en una habitación para que esta… "relación"… pues… mejore… hoy, papá les va a decir a Ryoga y a Shinnosuke que se vayan a sus casas, y no sé, no me parece… correcto… Ryoga es mi mejor amigo, es como mi hermano, es una persona muy importante para mí. Y Shinnosuke… bueno, te tengo que contar lo que pasó con él hoy…
Akane continuó explicándole al animalito cada una de las cosas que le habían pasado durante el día. Profundizó en el tema de los celos de Ranma sobre Shinnosuke, y se detuvo a la hora de contar lo de Jusenkyo.
-Quizás sea una buena idea ir a Jusenkyo, después de todo. Así… bueno, tengo que admitirlo, nadie nos molestará y podremos, al fin, aclarar qué demonios pasa entre los dos… P-chan… es que, ¿sabes?, le quiero tanto… -el cerdito miró a su dueña, sorprendido- ya sé que nunca lo admití, pero, sinceramente, creo que ha llegado el día en el que me veo capaz de afirmarlo… -se sonrojó- ¡Obviamente no delante de él! Si… si él se entera… no sé qué haría yo. ¿Y si yo no le gusto?
La chica continuó con su monólogo interno ¿Me quiere, o no me quiere? Se detuvo al ver que el cerdito negro la observaba con lagrimones en los ojos.
-¿Qué te pasa, pequeñín? –El cerdito de un salto salió disparado de la cama hacia la mesa donde descansaba una taza de té muy caliente que Kasumi le trajo por la mañana y de la que se olvidó totalmente. Apartó un platito que tapaba el vaso dejando salir el vapor que pronto se fundió con el aire. Akane se levantó, preocupada- ¡P-chan! ¡Te vas a quemar! Baja de ah…
P-chan derramó un poco del candente agua sobre su cuerpecito negro. De pronto, cobró la forma de un chico de cabellos negros con un pañuelo amarillo.
-Akane…
-¿Ryo.. ryoga? ¿Dónde está P-chan?
-Akane, yo soy P-chan.
-Pero… ¿Cómo as a ser tu P…? –Miró al chico con una expresión extraña. Ryoga la describió, con el corazón roto, como algo entre roto e incomprendido.- ¿Por qué… me lo dices ahora? -Suspiró
-Porque lo tienes que saber. Akane –avanzó hacia ella, tomando sus manos entre las suyas- Hasta ahora he estado enamorado de ti, sabía que no sería capaz de desvelarte este secreto hasta estar totalmente seguro de que le amabas. Ahora lo sé y te tengo que contar…
-Ryoga… -la chica miró hacia otro lado, sonrojada. El chico tardó en darse cuenta de que estaba totalmente desnudo.
-PERDÓN! –Saltó por la ventana, dejando a una sorprendida Akane sola, aunque no por mucho tiempo, ya que regresó con su kimono amarillo y negro. Se sentó sobre la cama de la chica, tomando sus manos nuevamente.- ¿Por dónde iba?, ah, sí. Akane, tengo la certeza de que él también te ama a ti.
-Eso no lo puedes saber–la joven bajo la mirada- ¿Y sabes? En el fondo no me importa que seas P-chan… siempre os querré a los dos igual, tanto tú como P-chan me acompañáis cuando estoy triste o derrotada. Siempre me habéis ayudado- Miró al chico, con una radiante y agradecida sonrisa- Muchísimas gracias.
-Akane, te he mentido, me he hecho pasar por la mascota a la que tanto amabas y aún así… -la miró a los ojos, con lagrimas en los ojos- ¡Realmente eres una persona maravillosa, Akane!
-Ryoga, no tienes porque…
-¡Y, por ello, es por lo que tengo la certeza de que él te ama! –Prosiguió él, interrumpiéndola- Nunca te rindas, porque en el fondo te quiere, lo que pasa es que su orgullo nubla su corazón y enreda sus labios. No hagas caso a tus oídos y tan sólo atiende a su mirada. Es la misma mirada enamorada con la que yo te miro.
- Royga- Akane le miró, sorprendida y sonrojada- Eso es precioso. De verdad que yo… siento muchísimo no poder sentir lo mismo con tanta intensidad. Te quiero muchísimo, pero…
-Le amas a él, lo sé. Yo nunca seré más que aquel amigo al que quisiste. Él es el amor de tu vida.
-No sé si decidir eso del amor de mi vida tan repentinamente… pero, sí es el amor… de alguna manera. Ryoga lo siento…
-No importa, te lo prometo. Y tu secreto está a salvo conmigo. Y créeme, conozco a Ranma, sus celos, su dolor, su rabia, su fuerza, su tristeza, su amor… todo lo produces tú! Nunca he visto a Ranma tan triste como cuando pasó lo de Jusenkyo. Aquello fue mortal, le mató por dentro… ¡tu muerte asesinó a Ranma! ¡Y tu vida le devolivió la esencia! Vuestros corazones, vuestras almas… ¡Estáis tan unidos que no os dais cuenta! Y el día en el que veáis ese lazo tan enorme que os une, ya nada más que la muerte os podrá separar.
- Ryoga… -La chica le miró, fijamente. En serio que quería a ese chico, pero no como a Ranma. El no poder devolverle esos sentimientos al chico de la pañoleta le dolía, muchísimo, pero nada podía hacer ella por evitarlo. Yo no sé que pensar, él nunca me dijo nada… -a la chica se le cortó la voz, y tuvo que carraspear- No sé con certeza lo que piensa… y cuando creo que lo sé, ¡Paff! Simplemente cambia de idea. Es realmente molesto, embustero, ligón, fanfarrón, negado, desagradable… pero es que, a veces… -le devolvió una mirada radiante a su amigo- es… amable, honesto, halagador, humilde, agradable… no sé, se contradice tanto! A pesar de lo mucho que me enfada y lo que me molesta… Simplemente, es que yo, le quiero.
Frente al U-chan's, Ranma corría entre los tejados. Su conversación con la chica de la espátula había sido larga, intensa y alentadora. Con las fuerzas que su gran amiga le había entregado se vio capaz de hacerlo todo.
Por otro lado, andando perdido por las calles, un chico de pelo negro y un pañuelo amarillo, sonreía triste ante la perspectiva de haber perdido a la persona que era la razón de su existencia, y en cima haberla alentado a conseguir un amor diferente al suyo. El chico se detuvo frente al local de la cocinera, que observaba como la sombra del chico de la trenza se alejaba, apoyada en la puerta. La hermosa chica de cabellos marrones tenía lágrimas en los ojos.
-Supongo que ahí va el amor de mi vida- Susurró la chica
-¿Tú también? –preguntó Ryoga
-¿Acaso Akane también te ha dicho…? Supongo que sí. Pues supongo que hoy se ha roto más de un corazón en Nerima… -le miró fijamente. Parecía triste- Dime Ryoga
-¿Sí?
-¿Quieres pasar a tomar algo? –él la observó, curioso- Invita la casa.
A la tarde siguiente Akane y Ranma estaban en el puerto. A punto de zarpar hacia las costas de china. Tanto Ryoga como Shinnosuke se habían marchado a la tarde anterior, pocas horas después del anuncio por parte del padre de la joven. Antes de embarcar, Nabiki le entregó a Akane un móvil.
-Nabiki, la batería se está agotando
-Da lo mismo, ya lo cargarás en uno de los hoteles en china
-¿Dónde está todo? –preguntó
-Es igual, al menos por ahora, ya lo mirarás en el camarote.-Sonó la bocina del barco- Es hora de que os marchéis. Adiós, pequeña. ¡Ah! Suerte esta noche! –Nabiki le guiñó un ojo a su hermana pequeña, gesto que ella no comprendió.
Minutos más tarde, a muchas millas de la costa y ya subidos en el navío de madera y metal, Ranma y Akane comprendieron a lo que se refería.
-¡Sólo han encargado un maldito camarote! –chilló la chica- ¡Es lo que nos faltaba! –miró a su prometido- Ni se te pase por la cabeza hacer ni decir nada indebido, ¡esto ha sido por tu maldita culpa! –abrió la puerta y los dos pasaron a la habitación. Sobre la enorme cama de madera, descansaban millones de pétalos de rosa y había miles de velas por encender repartidas por las estanterías y, en general, por todos lados del camarote. Aquello parecía una habitación de lujo para recién casados- Madre mía…
-¿Pero qué clase de familia tenemos?
-Llevo preguntándome eso desde que llegasteis a esta casa, Ranma. De cualquier manera, ¡Esto ha sido culpa tuya! Si hubieras protestado un poco seguro que nos habrían dejado de molestar con el temita! ¿Acaso es que querías pasar un rato a solas conmigo, ehh? ¡Pervertido!
-Pues…! –Ranma comenzó a gritar pero, en el bolsillo de la chica, el móvil que Nabiki les había entregado sonaba.- ¿¡Quieres coger ese cacharro de una vez? -Dijo mientras ella undía la mano en el bolsillo, sin dejar de mirarle, efadada
-¿Sí? –Preguntó la chica, confundida
-Bonjour mon petit cherie! ¿Os gusta la suite "Mon Amour"? La hemos escogido para vosotros! –dijo una voz femenina al otro lado del teléfono
-Cállate, Nabiki, ¿qué demonios quieres ahora?
-En realidad llamaba para informaros de unos cambios de última hora…
-¿Qué? –preguntó confusa
-Demonios, Akane, pon el manos libres! –gritó Ranma. Akane le dio al altavoz.
-Pues mirad, resulta que no tenéis ningún tipo de reserva en ningún hotel… porque eso supone la posibilidad de pasar un tiempo uno lejos del otro… dormiréis en una tienda de camping que podréis encontrar en el armario… también ahí está todo preparado para las jornadas en el campo.
-Estarás de broma! –sugirió la peliazul
-No, no lo está –respondió Ranma, quién había abierto la puerta del armario, de donde salió todo a lo que la hermana mayor se refería
-Por cierto, no tenéis un duro
-¿Mande?
-Estáis sin blanca, no hay money money, estáis completamente…
-Lo hemos entendido, Nabiki, pero ¿por qué? –insistió su hermanita
-Para que no podáis volver a Japón. En Jusenkyo os espera el dinero necesario para volver a casa en avión. Mientras, os tendréis que conformar con una caminata bien larga. Ranma, aprovecha para entrenar a Akane y llevaros mejor. A la vuelta os espera un esmoquin y un vestido blanco.
-Pues no estoy seguro de querer volver, en ese caso. -Dijo ranma, sentándose en la cama
-Tenéis un mapa con la ruta a seguir en la mochila y comida instantánea junto con una tetera para calentar el agua. Lo justo y necesario para vuestro viaje. ¡Ah! Y no intentéis dormir separados, no quedan habitaciones en el barco.
-¿Por qué nos hacéis esto? –Sugirió, inocente, la chica
-¿No te parece necesario? -Inquirió, molesta- A demás ni siquiera os estamos haciendo ningún mal. Os estamos dando un empujoncito más que necesario. ¡Ah, se me olvidaba! En cuanto que el teléfono se quede sin batería en unos… mmm… dos minutos, cancelaré la tarjeta y dile adiós al contacto exterior. En éste viaje estáis solos vosotros dos y ya está.
En cuanto que Nabiki acabó esa frase, el teléfono se apagó, muerto y sin batería.
-¿Sabes qué, Akane? Esta vez sí que me han sorprendido. Ahora sí que se lo montaron bien para juntarnos.-Dijo ranma, jugueteando con uno de los pétalos que descasaban sobre la cama, y con una expresión irresistible.
Fin del capítulo 3
WOW. 5 páginas (en el word), No he escrito tantas para un capítulo en mi vida. Éste capítulo se lo dedico a mi ídolo Rutabi, a la que adoro con locura, y a Tsukire, que te admiro muchísimo. ¡Yo también quiero tantísimos comentarios! xDD Gracias a Raoul, de el fantasma de la Ópera, por ser mi eterna inspiración para Ryoga en este capi y a Erik… simplemente porque le amo. Muchísimas gracias a las personas que han comentado.
Eternamente suya, Sakura Saotome y esperando agradecida todos sus comentarios
