Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

.

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

Quince días

~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~:~.~

.

Capítulo 3: Sábado 16

.

Ranma

.

Cuando abro la puerta apenas me lo creo.

No todos los días se ve una mujer así, y menos aparece como por arte de magia en tu portal.

Su pelo negro, largo y lacio cae sobre su espalda agarrado en una coleta perfecta, sus mejillas, ligeramente sonrojadas por el frío resaltan sus altos pómulos. Sus ojos, marrones y gigantescos definen a la perfección la expresión "belleza oriental".

Es de estatura media y aparentemente bien proporcionada, parece delgada, atlética. Y por algún motivo está impaciente.

¿Una chica bonita tocando a mi puerta?. No tendré tanta suerte. Obviamente se trata de una trampa.

Kuno debe empezar a ser menos descarado, vale que le pierdan las mujeres, pero de ahí a pensar que a mí me pasa lo mismo hay un abismo.

Su voz, fina y angelical intenta confundirme. No me dejo engañar, le cierro la puerta de inmediato. La mejor forma de evitar la tentación es no verla.

Pero sorprendentemente, toda su belleza exterior se ve ensombrecida por una furia interior sin parangón, que arde beligerante clamando contra mi. Es complicado resistirse, pero lo es aún más cuando comienza a decir que estamos casados, ¡esa sí que era una buena broma!¡casados!.

Tengo que contenerme para no soltar una carcajada, aunque lo que viene después me quita por completo las ganas de seguir riendo. Por alguna razón se que no está mintiendo, que quizás, y sólo quizás, me está diciendo la verdad.

Cuando vuelvo a abrir la puerta y veo su rostro enfadado, me parece incluso más bonita que un momento antes.

Pobre chica, otra víctima más del loco de mi padre, aunque según lo que cuenta el suyo no debe ser mucho mejor.

"Casados".

Mi padre ha hecho muchas cosas malas a lo largo de su vida: ha robado, ha comido gratis, ha hecho falsas promesas y ha contraído deudas a mi nombre, ¿pero casarme? eso sí que es nuevo.

Yo también me siento enfadado, o más que eso, engañado. La idea de que hayan unido mi vida a la de otra persona sin ni siquiera preguntarme es humillante, aunque ella ya parece haber reparado en todo eso. Quiere el divorcio, eso sí que va a constituir todo un récord, he pasado oficialmente enterado de mi matrimonio no más de 5 minutos. Caray.

Me tiende los papeles y se mantiene sentada, muy recta, evaluándome. Salta a la vista que no soy de su agrado.

Según comenta ha recorrido un largo camino hasta dar conmigo, no es de extrañar, llevo meses escondido. Y entonces dice eso, que se vuelve a casar en dos semanas. La miro ofendido, dándome cuenta que yo no soy más que un estorbo, un obstáculo a salvar.

Es una niña rica, una mocosa consentida… seguro que va a casarse con algún imbécil al que mangonear el resto de su vida. Sonrío ante el pensamiento, imaginándome los gritos domésticos.

¿Porqué mi padre habría querido casarme con alguien así?.

Examino con detenimiento el acta de divorcio, jamás he firmado nada parecido, pero debido a los problemas fiscales de mi padre, que desgraciadamente he terminado heredando, estoy acostumbrado a la jerga de los abogados.

Nada fuera de lo común, un momento… ¿llevamos casados 5 años?, wow, desde luego una relación demasiado larga para ni siquiera habernos visto una vez.

Levanto de nuevo la vista y para mi propio estupor me pregunto cómo será él, el hombre que tiene el corazón de esa mujer.

Pero ella ni siquiera se digna a responder, quiere acabar con todo aquello cuanto antes, bien, es comprensible. Siento un ligero cosquilleo al pensar en no volverla a ver, es demasiado divertido discutir con ella, se ofende con facilidad.

Aún así busco la última página del contrato y descubro anonadado el renglón donde se citan las condiciones del divorcio, ¿pero quién puede haber escrito tal cosa?.

Un engaño, y a decir verdad uno penosamente elaborado. Grito y ella también me grita aunque finalmente se da por vencida, no puede obligarme, está claro que tengo las de ganar. Me encanta ver su rostro frustrado, sus labios de cereza apretados muy juntos, con sus cejas enmarcando su ceño reprobatorio.

La sonrisa acude a mis labios, si quiere conseguir algo más vale que comience a comportarse educadamente, pienso torturarla hasta escucharle decir "por favor".

Fue mi culpa, mi maldita culpa. La miraba tan atentamente, tan embelesado por su evidente enfado que no les vi llegar. Aparecieron de la nada, debí reconocer el coche, estaban esperándome.

Los hombres de Kuno llevan semanas buscándome, y por fin han dado conmigo en el peor de los momentos. Perfectamente entrenados tienen claro su objetivo, la quieren a ella. Corro a su rescate demasiado tarde, Akane apenas se puede defender.

No es justo, corro tanto como puedo, tanto como dan de sí mis piernas, se la han llevado delante de mis narices, han secuestrado a "mi mujer".

Apoyo las manos en mis rodillas, a pesar del frío el sudor perla mi frente. Cuando levanto de nuevo la mirada, siento una ira incontrolable. Si Kuno quiere jugar eso será exactamente lo que hagamos.

Ese malnacido de Tatewaki me está volviendo loco, se piensa que por tener dinero puede avasallarme. Pues bien, voy a demostrarle que ni todo el oro del mundo puede mantenerle a salvo de Ranma Saotome.

Aunque es cierto que, al parecer, mi de nuevo desaparecido padre le ha robado algo valioso, una antigüedad que ha terminado vendiendo en el mercado negro por una importante suma de dinero, ¿pero qué culpa tengo yo de eso?. No, Kuno me guarda en un lugar muy especial de su rencoroso corazón desde que se autoconvenció de que le robé su novia.

Su novia, como si él tuviere tal cosa. Está tan obsesionado con las mujeres bonitas que, en su extraña mente, se hace a la idea de que todas ellas están completamente locas por él.

Aunque más inquietante aún es su hermana pequeña, cada vez que pienso en ella me recorre un helado escalofrío. Kodachi se ha dedicado a cultivar con tanta pulcritud su ego, que ahora mismo tiene el tamaño de un satélite de Júpiter. Esa chica tiene un grave problema psiquiátrico, uno que ningún médico se ha atrevido a diagnosticar.

Yo sólo sé que mientras su hermano pretende sacarme hasta mi último yen, ella aspira a llenarme de cadenas y meterme en su cama.

Espeluznante.

Pero ya está bien, saco a los hermanos Kuno de mis pensamientos de una patada y los sustituyo por los ojos de esa chica que acabo de conocer.

Debe estar asustada, y todo por mi culpa. Que lamentable impresión se llevará de su "marido".

"Akane", repito en mi mente. Es un nombre bonito.

Corro hasta una de las casas más cercanas, es un pueblo pequeño, y después de pasar tantos aburridos días dando vueltas por los alrededores conozco a todos los vecinos.

Entro como una exhalación en la residencia del anciano, que invariablemente se dedica a regar sus plantas o sacar brillo al capó de un Toyota antiguo, que aún a pesar de tratarse de un modelo especialmente feo, guarda con cariño.

—¡Viejo!— exclamo entrando sin permiso, nadie contesta y yo no tengo tiempo que perder. Abro las puertas del jardín de par en par y me subo en el vehículo, giro la llave de contacto y el ronroneo seco de un motor averiado me llena de frustración.

—Vamos, vamos, vamos...— repito como un mantra a la vez que vuelvo a girar de forma constante y enérgica el contacto, sin respuesta.

—Chico, ¿necesitas un coche?— el viejo se ha ido acercando poco a poco hasta mi posición y ahora su cara arrugada y afable me mira con curiosidad por la ventanilla de su propio coche.

Trago saliva sintiéndome descubierto y lentamente hago un gesto de asentimiento, el viejo sonrie.

—Bájate de ese cacharro, lleva sin rodar desde el 78, sólo lo acicalo por entretenerme.

Aprieto el volante entre mis manos, frustrado, cada minuto sin moverme sólo hace que los hombres de Kuno se alejen más y más de mí.

—¡Necesito que lo arranque!— exclamo con una urgencia que incluso a mi me sorprende, pero el viejo no parece nada impresionado.

—Este coche no va a arrancar: le faltan las bujías, no tiene frenos y la batería está llena de arena, bájate de una vez chico.

—¡Maldita sea!

—¿Qué es tan urgente?— pregunta el abuelo con voz calmada.

— ¡El imbécil de Kuno ha secuestrado a... — me lo tengo que pensar dos veces — ...mi mujer!

— ¿Kuno? ¿el de empresas Kuno?

—¡El muy desgraciado ahora tiene ínfulas de yakuza!

El viejo me mira apenas dos segundos antes de fijar la vista en una pequeña caseta que, siempre creí, usaba para guardar herramientas. Vuelve a fijar sus ojos en mi, y por algún motivo pienso que brillaban de emoción contenida. Sonrie enigmático.

—Entonces ha llegado el momento de dar un paseo.

Diez minutos después volamos por una carretera secundaria, vuelvo a pisar el acelerador del BMW y sus 240 caballos rugen bajo mis pies.

Un ronroneo satisfecho, un león enjaulado durante largo tiempo, así suena el motor que conduzco. No puedo evitar sonreír ante la sensación de velocidad, hundo el pie en el acelerador y responde de inmediato, suave y aún así salvaje.

—Es una auténtica maravilla, ¿verdad?— concentrado en la carretera miro con el rabillo del ojo al viejo, se ha negado a que me marche sin él aún a pesar de mis muchas advertencias acerca de la peligrosa situación que enfrento.

Sonríe con la sinceridad de un niño, disfrutando del turbulento recorrido.

—Yo ya no puedo conducirlo, apenas veo y me tiemblan las manos— confiesa con cierta frustración, pero sin perder la sonrisa —. En mi vida siempre hubo dos únicas normas: que las mujeres debían de ser guapas y los coches alemanes— ríe de su propia broma.

Aprieto las manos sobre el volante, en tensión.

—¿De qué conoce a Kuno?

—Es famoso en la zona, posee casi todos los negocios importantes, da trabajo a muchas familias y… es terriblemente corrupto.

Sonrío de medio lado, a ese tipo le precede su fama.

—¿No está asustado?

—¿Bromeas? ¡es lo más divertido que me ha pasado en años!— vuelve a reír con sinceridad y yo aprieto las manos con más fuerza.

Ese estúpido de Kuno, el muy imbécil, ¿cómo se ha atrevido a meter a una chica inocente en todo aquel alboroto?.

"Más vale que no le hayas tocado un pelo" pienso furioso, quiero llegar cuanto antes.

La residencia de los Kuno se encuentra bien ubicada, de hecho no es ningún secreto y sus grandilocuentes formas lo atestiguan. Imitando a la perfección un palacio europeo del siglo XVII se erige en mitad de una gran loma una monstruosa construcción, y de muy mal gusto, por cierto.

Paredes de mármol, columnas griegas y figuras de rechonchos angelotes se mezclan por doquier en el peor atentado conocido de la historia del arte. Paro el motor delante de la gran valla que rodea la residencia y miro a los alrededores con fastidio.

—¿Vamos a entrar por la puerta principal?— pregunta el viejo con interés, observando cada uno de los detalles.

—No, daremos un rodeo.

Enseguida vuelvo a arrancar y busco una entrada secundaria, aunque bien sé que Kuno puede llevar un buen rato observándonos por las cámaras instaladas en los alrededores. Finalmente la encuentro, una pequeña puerta destinada al personal de servicio, pongo el freno de mano y miro al viejo con gravedad.

—Espere aquí y no se le ocurra hacer ninguna tontería— le advierto, él me mira con sus ojos sabios, riéndose de mi ocurrencia.

—Me quedaré guardando el coche, tu ve a por la chica.— contesta socarrón, casi tengo la impresión de que me está lanzando a los leones. Le dedico un último vistazo antes de abandonar el vehículo y escurrirme de forma rápida hacia la pequeña puerta, mi vía de entrada a la mansión.

No me cuesta ningún trabajo llegar hasta el jardín, salto la valla con facilidad y me escabullo entre los arbustos. Hay que ser un excéntrico para ordenar que los cortaran todos con la forma de figuras griegas en las más dispares poses, pero si hay alguien que reunía la excentricidad y la locura a partes iguales en su persona, ese es Kuno Tatewaki.

Me asomo tras un adonis que hace pesas, me incomoda terriblemente que hayan esculpido con tanta pulcritud todas y cada una de las partes de su anatomía. Intento no tocar nada.

El camino está despejado, salto intentando no ser visto, refugiándome tras una señora obesa que parece estar cortándose las uñas de los pies.

—Ziempre tan dizcreto, Zaotome.— conozco esa voz mucho mejor de lo que me gustaría. Me giro para encontrarme cara a cara con el "ninja" particular de la familia Kuno, un curioso hombrecillo de poco más de un metro que se cree el mejor en su disciplina. No puedo disimular mi mueca de disgusto.

—Tu eras…— murmuro estrechando la mirada sobre él, eso parece ofenderle.

—¡Zoy tu peor pezadilla!— se lanza contra mí en toda una muestra de coraje y valor desperdiciado, yo le estampo una soberana patada en mitad de la cara, no estoy para tonterías.

Observo la huella de mi zapato marcarse sobre su rostro y le levanto sin compasión del suelo agarrándole por la pechera, arrugando la tela bajo mis manos.

—¿Dónde demonios se esconde el tarado de tu jefe?— digo acercando mi rostro al suyo, pero le he golpeado demasiado fuerte. Con los ojos idos y un reguero de sangre desde su nariz el secuaz de Kuno apenas atina a balbucear.

—No lo zabraz… nunca.— le dejo caer hasta el suelo perdiendo todo el interés, debo medir un poco más mis fuerzas.

—¿Ranma-sama?— eso sí que no, esa voz no por favor. Trago saliva dándome la vuelta muy lentamente, y allí está ella. Que Kodachi es bonita resultaba innegable. Que está más desequilibrada que una ardilla metida en la lavadora, también.

—K-Kodachi.— balbuceo intentando sonreír, pero tan sólo puedo curvar la boca.

—Ranma-sama, ¿por fin has aceptado mi invitación a cenar?

Con las manos juntas sobre su pecho y un vestido que parece recién sacado del manga "La Rosa de Versailles", Kodachi me mira de forma ardiente, con los ojos iluminados por un foco, como en las películas antiguas. ¿Cuando demonios me ha invitado a cenar?, bueno, ¿y cuando no?.

—¿S-si?— contesto, no quiero contradecirla, todo el mundo sabe que a los enfermos mentales es mejor seguirles la corriente.

—¡Oh, pero deberías haberme avisado! fíjate, estoy hecha un desastre. Me puse lo primero que tenía en el armario…

Una gigantesca gota corre por mi sien a la par que pestañeo. Seguro, todo el mundo usa vestidos del siglo XVI para estar por casa.

—Verás, en realidad quería hablar con tu hermano.

—¿Con Tatewaki?— pregunta sorprendida —. Oh, pero yo solo hice cena para dos— lamenta pretendiendo estar afectada por mis palabras, pero a mi no me engaña, puede que se engañe a sí misma, pero no a mi. Esta tipa lo tiene todo calculado.

Me toma del brazo con una desenvoltura peligrosa y me sonríe con sus pequeños labios rojos.

—Soy tan feliz— dice con sus ojos llenos de brillos a la par que me conduce hacia dentro de la casa, bueno, al fin y al cabo era el lugar al que quería ir.

Arrastrado por su abrazo férreo me encuentro delante de una ingente cantidad de comida perfectamente presentada en una mesa. Miro los platillos odiándome a mí mismo por pensar que, a pesar de que seguramente se encuentren envenenados, tienen un aspecto estupendo.

—Ranma-sama, ¿te gusta?

—C-claro— contesto sentándome a la mesa bajo su obsesiva mirada —. Es fantástico.

—Oh, ¡como me alegra oír eso!. He estado practicando mucho, todos los días preparo estos platillos a la espera de que vengas ¡pero no ha sido molestia!, no ahora que por fin estás aquí.

¿Dije que estaba loca? no, está como un manicomio entero.

—Vaya Kodachi eso es…— me esfuerzo en encontrar un halago adecuado, pero de mi boca no sale nada.

—Pero basta ya de hablar, ¡come algo!, ¿por cual quieres empezar? ¿quizás el foié de pato? ¿el ragout de cordero?¿el sushi de atún? prueba las tostas con caviar, te dejarán… paralizado de placer.

—Ooh... todo parece delicioso pero…

—¿Pero?

—Tengo una costumbre, no puedo comer nada si no está acompañado con salsa takoyaki.

—Salsa… ¿takoyaki?¿hablas de esa que usan en los puestos ambulantes para las bolitas de pulpo?

—¡Justamente esa! es un capricho absurdo, ya lo sé, pero cuando era niño mi padre y yo no teníamos que comer y a veces conseguía que los cocineros de los puestos ambulantes nos dieran una cucharada de salsa para llenar el estómago— digo fingiendo afectación.

—Oh, Ranma-sama, ¡es tan triste!— contesta ella con lágrimas en los ojos.

—Para mi es el mejor manjar del mundo.

—¡Haré que te traigan enseguida la mejor salsa takoyaki que has probado en tu vida!— exclama emocionada, mientras se recoge el largo vestido y corre fuera de la sala como en una trágica historia de amor.

Es mi oportunidad. Ignoro el delicioso aroma de la comida y me pongo manos a la obra, ¿dónde escondería Kuno a una chica? si yo fuera el pirado de Kuno y tuviera una chica guapa que haría con… oh no, ¡joder!.

Corro hacia la habitación principal completamente cegado.

La maldita mansión tiene proporciones monstruosas, pero la habitación de Kuno no es difícil de encontrar, afortunadamente hay un mapa en mitad del pasillo.

El sudor resbala por mi frente cuando llego ante las puertas, los dos guardas de seguridad me miran sin alterarse, ya estaban avisados de mi llegada.

Aún así eso no les va a librar de mi enfado. Salto sobre el primero y le dejo K.O. de un solo golpe en la boca del estómago, al segundo le encajo un derechazo en la mandíbula. Me sacudo las manos y paso por encima de sus dos cuerpos tendidos antes de abrir la puerta.

Debería haberme parado a pensar tan solo un segundo. Una red me cae encima seguida de una veintena de manos, gruño, me retuerzo, lanzo puñetazos y patadas al aire, protesto lleno de ira.

En apenas un minuto todos mis esfuerzos se han vuelto inútiles, casi diez tipos están encima mío, atándome las piernas y las manos. Saben que soy peligroso.

—¡Kuno!¡te voy a...!— grito antes de que uno de ellos anude un pañuelo a mi boca, tapándola para evitar más ruidos.

—¡Bienvenido a mi casa Saotome! vaya que te ha costado hacerme una visita.— el idiota de Kuno se pavonea a sus anchas, va vestido con uno de esos trajes de entrenamiento de kendo y sobre su hombro apoya una afilada katana. En su podrida imaginación se piensa un tipo importante cuando no pasa de un matón de tres al cuarto.

Levantó la cabeza con esfuerzo, retenido como estoy contra el suelo, los tipos que se han encargado de mi captura parecen satisfechos y se retiran, sabiendo que no hay forma humana de que me deshaga de las ataduras, pero yo estoy más que dispuesto a sorprenderles.

—¡Que ingénuo! caer en una trampa tan sencilla… pero así al menos te he hecho salir de tu escondrijo, eres peor que una alimaña, refugiándote en cualquier agujero con tal de no ser capturado.— dice regocijándose, su habitación es grande, demasiado grande para que resulte cómoda. La decoración no es mucho mejor que la exterior. El suelo es de pulido mármol, hay una hilera de finas columnas sobre las cuales vuelve a haber figuras humanas en las más extrañas poses y condiciones. Creo que a la derecha hay un tipo jugando a los bolos.

Me imagino que en algún lugar estará su cama, pero desde luego yo no la veo, delante de mí solo se están las columnas y una silla, que el idiota de Kuno no tarda en ocupar.

—Hay que admitir que los actores que nos envía esa agencia cada vez son mejores— vuelve a decir y veo que entre sus manos, aparte de la katana también tiene unos documentos que reconozco de inmediato. Mi supuesta orden de divorcio. —Esta chica hasta preparó un engaño, ¡maravilloso!.

Estúpido, tonto, ¡maldito seas Ranma Saotome!. Era un engaño, ¡claro que lo era!, ¿y cómo no?. Aprieto los dientes sobre el pañuelo y comienzo a farfullar, cuando la encuentre… cuando pille a esa maldita arpía de ojos marrones pienso estrangularla. Me lo juro internamente para que me quede claro, para que nunca más se vuelva a repetir. Nunca te fíes de una mujer, y menos si una tan bonita se dedica a decir que está casada contigo. Hay que ser muy ingenuo para caer en esa trampa.

Ahora mismo me siento a la altura intelectual del mismo Kuno, que no es mejor que la de cualquier artrópodo.

La rabia que siento hacia mí mismo me ciega, retuerzo las manos sintiendo como las cuerdas se clavan en mi piel, rozando mis muñecas.

"Akane" si es que ese es tu verdadero nombre, no deberías haber jugado conmigo, pero sobre todo, no deberías haber jugado con mi madre. Juro que me las va a pagar, tú y el mafioso de juguete que tengo delante.

En ese momento, un hombre aparece por una de las puertas laterales de la sala, corre hacia Kuno apurado y puedo ver las grandes gotas de sudor que ruedan por su frente. Se agacha para susurrarle al oído y el estúpido frunce el ceño preocupado.

—¿Qué?¿cómo que la actriz está en el pueblo?, ¿no la fuisteis a buscar?

Nuevos murmullos.

—¿Cómo puede haber tumbado a tres hombres?

Más murmullos.

—¡Claro que es convincente!¡es una actriz!

Murmullos cada vez más altos, a estos últimos les acompaña un grito de dolor proveniente de una habitación cercana.

—¿Es que no sabéis hacer nada bien? ¡traedla de una vez!

El hombre se levanta y sale corriendo hacia el origen del grito, Kuno resopla y se levanta de la silla, camina hacia mí y se agacha a mi lado.

—Me debes algo Saotome, algo de increíble valor. No pienses que esta vez te librarás como las anteriores, no me hice rico por perdonar a tipejos como tú— y termina dándome una patada en las costillas, me retuerzo aguantando el dolor, sabiendo que en cuanto me libre de mis ataduras no pienso dejar a una sola de estas sabandijas en pie.

Es entonces cuando aparece ella, atada y amordazada la llevan arrastras entre dos tipos mientras intenta liberarse lanzando sus piernas al aire con la esperanza de encajar alguna patada. Finalmente consiguen sentarla en la silla, justo delante de mí.

Nuestros ojos se encuentran y ella me mira llena de urgencia y temor, debe ser de las que nunca se salen de su papel. Mentirosa, aparto los ojos, enfermo.

—¿Pero qué habéis hecho?— protesta Kuno.

—Señor, no deja de atacarnos, no nos ha quedado más remedio.

—Mi pobre dama, disculpa los malos modales de esta banda de patanes— dice acercándose a ella y quitándole el pañuelo de la boca, la observa durante un par de segundos dándose cuenta de lo evidente, da dos pasos hacia atrás. —¡Q-qué guapa!

Pongo los ojos en blanco, además de engañarme, amordazarme y amenazarme, ahora también me van a hacer vomitar.

—¿Qué queréis de mí?— dice ella y puedo ver que Kuno se siente confuso.

—Sólo tenía intención de pagar tu sueldo, pero sería un placer si esta noche me acompañases a cenar.

—¿Sueldo? ¡me has secuestrado, pirado!

Vaya, al menos el carácter no lo fingía.

—¿Secuestrado? no, no, se trata de un error. Tu agencia nos dijo que debíamos traerte de vuelta.

—¡No trabajo para una agencia!

—Vas por libre entonces, siempre me han gustado los trabajadores por cuenta propia. Eres una mujer con iniciativa.

—¡Que no estoy trabajando!

—Entiendo, lo haces por amor al arte. Es encomiable, pero insisto en que recibas una paga justa por tus esfuerzos. O que al menos me permitas invitarte al mejor restaurante de la ciudad.— dice a la vez que se acerca y toma su mentón, alzando su rostro en vilo y mirándolo atento, hipnotizado.

Estoy a punto de presenciar algo asqueroso, aparto la mirada sin ninguna ganas de ver un beso tórrido entre la arpía y el yakuza de mentira. Pero entonces ella hace algo que ninguno se espera, algo que por un segundo vuelve a hacerme dudar de su versión.

Le acaba de escupir a Kuno en la cara.

Si no fuese porque tengo atadas las manos me pondría a aplaudir.

Kuno se retira los restos de saliva y los observa en la punta de sus dedos como si fuera algo inaudito. Aprieta los dientes furioso y me asalta un inexplicable instinto de protección, no puedo permitir que le haga daño.

—¡Atgrevefe coghigo ashtarho!— farfullo intentando reptar hasta él, y consigo lo que quiero, que su mirada se aparte durante un segundo de ella. A mi no me importa que me patee, pienso reventarle la cara en compensación en cuanto consiga liberarme.

—¿De qué va esto Saotome?, ¿qué le has hecho a mi actriz?— pregunta colérico.

—¡O he hejo aga!

—¿Ya la has seducido? ¡maldito bastardo, te ha faltado tiempo! ¡igual que a mi pobre hermana! ¡igual que a mi triste Himeko!

—¡Eghas gohco!

—¡No pienso quedarme aquí para escuchar tus excusas! ¡me debes cincuenta millones de yens Saotome, empieza a hablar!

—¡Puej itamme egto!

—Con que te niegas, ¿eh?. Afortunadamente has cometido un nuevo error, esta pobre incauta ahora es mi rehén— declara solemne, y es entonces cuando un escalofrío recorre mi espalda y veo como toma su katana y ejerce de lo que es, un matón aficionado.

Coloca el filo contra su níveo cuello y me mira sabiéndose con ventaja, aprieto los dientes sobre el empapado pañuelo de mi boca, ese malnacido…

—Y ahora dime, ¿dónde está lo que me habéis robado?

—¡Go lo heh!

—Como quieras…— dice y sujeta más firme el filo, provocando que ella estire el cuello hacia atrás y trague saliva.

—¡Hueltagah!

—No es nada personal chica, es cuestión de negocios— susurra dulce y veo espantado como una roja gota de sangre rueda por su blanco cuello, posándose en el hueco entre sus clavículas.

Joder, esto va en serio.

—Yo… ¡yo sé donde está el dinero!— dice ella, y no sé quién está más sorprendido, si Kuno o yo mismo.

—¿Qué?— repite él, retirando ligeramente la espada de su piel.

—Mi nombre es Akane Saotome, y ese de ahí es mi marido.

Pestañeo atento.

—¿¡Qué!? ¿t-tú estás casada… con él?— ella asiente rápidamente y Kuno pone una cara de bobo impagable, le veo temblar, le veo apretar los puños y terminar de retirar la katana por completo.

—¿¡Y aún estando casado te atreviste a seducir a mi pobre Himeko!? ¡desgraciado!— grita volcando todo su odio contra mí.

—¡Go nho la heduje!

—¡No me extraña que esta pobre chica quiera el divorcio! ¡mujeriego! ¡bastardo infiel!— levanta la katana con intención de lonchearme como si fuese un maki.

—¡Tengo un dojô!— exclama, captando nuevamente la atención de Kuno aunque la mía también, ¿un dojô? ¿esa niña es propietaria de un dojô?—. Vale mucho más de cincuenta millones.

Y eso parece disipar todas las iras de Kuno, se gira interesado.

—¿Estás diciendo que Saotome SÍ tiene mi dinero?

—No, te estoy diciendo que YO tengo dinero y la desgracia de estar casada con él.

—¡Feh!— protesto.

—¿Y os vais a divorciar por sus deudas?

—¡Las razones de nuestro divorcio no son asunto tuyo!— exclama sonrojándose, me siento exactamente igual que un espectador primerizo en un partido de tenis.

—Pero si os divorciáis entonces él se queda sin dinero — reflexiona.

—Si me sueltas prometo encontrar la forma de pagarte.

—No, tengo una idea mejor— dice tomando los papeles del divorcio del suelo y guardándolos bien doblados en su hakama —. Me quedo con esto como garantía, y si en diez días no tengo mi dinero… entonces embargaré tu dojô.

—¿Wuf?

—¡No puedes hacer eso!

—Claro que puedo, mientras estéis casados tus pertenencias también son las suyas, "señora Saotome"— y sonríe, el muy bastardo sonríe con todos sus dientes por su plan maestro, esta vez sí que estoy jodido—. Pero cuando te divorcies de él llámame, no puedo imaginar un destino peor para una dama que estar casada con Ranma Saotome.

—¿Estar casada contigo?— responde.

Waoh, eso debe doler. Hay que admitir que sabe dónde golpear.

El insulto unido al escupitajo anterior parece haber acabado con la paciencia de Kuno, le conozco lo suficiente como para saber que no se trae nada bueno entre manos. Vuelve a recuperar su sonrisa y se pasea con su katana alrededor de ella, evaluándola. Retuerzo las piernas y las manos, las cuerdas comienzan a aflojarse. Tras mucho esfuerzo escupo el apretado pañuelo de mi boca y por fin consigo hablar.

—¡Kuno!, como la toques un solo pelo...— le amenazo.

Los ojos de ese loco se fijan en los míos, lo peor de todo es que la idea se la he dado yo.

Agarra su larga coleta pero ella no se queja, aprieta los dientes orgullosa impidiendo que un solo sonido ascienda por sus cuerdas vocales. Su katana traza una curva ascendente, es limpio y certero, solo tarda un segundo en cortar sus largos y negros cabellos, que se desprenden de la coleta y caen sobre su cara en una fina y hermosa cascada.

Estoy seguro de que me he quedado blanco, pero no tanto como ella. Akane está tan pálida que podría mimetizarse con el suelo y nadie lo notaría. Sus ojos marrones pierden el brillo y se tornan opacos.

—Me lo quedaré de recuerdo— dice agarrando la larga cola y olfateándola con deleite, el muy enfermo—. Tal vez la siguiente vez que nos veamos dejes de ser tan grosera— termina, y ella tiembla de lo que creo es auténtico miedo. Retuerzo con más insistencia mis manos, no voy a consentir que se quede así, con esa pobre chica que acabo de conocer aterrorizada por un idiota con espada.

—¡Kuno!— grito arrastrando mi cara por el suelo, pero él no me hace caso, sigue pendiente de Akane, regocijándose en su propia miseria.

—Ante todo soy un caballero, y no te guardo rencor preciosa.— dice mientras que con el mismo filo con el que ha cercenado tan cruelmente sus cabellos la libra de las ataduras.

Sonríe y hace un gesto a sus hombres indicando que se marchen, se cree que ha terminado el espectáculo, pero yo aún tengo algo que decir al respecto. Termino de liberar mis manos y me concentro en el elaborado nudo de los pies.

Ninguno de los dos nos damos cuenta, pero ella se levanta lentamente, se queda plantada en mitad de la sala y susurra algo. Levanto la cabeza y la miro, espero que no se le ocurra hacer ninguna tontería.

—¿Qué?— pregunta Kuno acercándose de nuevo a la temblorosa figura —¿que has dicho?

—Devuélvemelo— pide en completa tensión.

—¿Ah?

—¡Devuélvemelo!

Se mueve como si no pesara nada, como si fuese una ligera una hoja arrastrada por el viento. Más bien parece un espíritu que una persona. Estoy seguro que Kuno no puede estar más pasmado que yo.

Salta y en el aire dibuja una técnica perfecta, encoge una pierna, lanza la otra y le golpea en el cráneo, el mafioso aficionado se estrella contra el suelo inconsciente, sin saber qué ha pasado mientras ella aterriza a sus espaldas con un tirabuzón asombroso.

No puedo apartar la mirada, es demasiado deslumbrante. Se agacha en el suelo y recupera sus cabellos, que mira melancólica.

Se gira hacia mí y descubro que tengo la mandíbula desencajada, intento recomponerme cerrando la boca con toda la entereza que soy capaz de reunir.

No es una chica normal, ella es como yo: es una artista marcial.

Aprieta fuerte la coleta en su mano derecha y me mira con el mayor de los desprecios antes de comenzar a caminar hacia la salida.

—¡Eh!¡espera!— grito a la vez que termino de desatar mis pies y me apresuro a alcanzarla. Camino a su lado sintiéndome ligeramente culpable y... ¿emocionado?. No se me ocurre nada bueno que decir así que simplemente permanezco en silencio, guiándola hacia el jardín y la puerta de servicio donde nos espera el viejo con el coche.

—Si me quieres golpear lo entenderé— digo mientras caminamos entre los setos con formas antropomórficas obscenas, pero ella parece tan abatida que siquiera levanta la mirada del suelo.

Demonios, me muero por saber lo que está pensando. Seguro que se está arrepintiendo del mismo instante en el que puso un pie fuera de su casa.

Atravesamos la puerta de los Kuno sin incidentes, llegamos hasta el coche y ella detiene sus pasos de repente, se queda seria mirando hacia el vehículo.

—Lo tuve que pedir prestado para venir a buscarte— le explico intentando de nuevo romper el hielo, pero sus pensamientos parecen estar en un lugar muy lejano, tanto que no alcanzo siquiera a adivinarlos.

Se precipita sobre él y abre la puerta con urgencia, ahí está el viejo durmiendo tan tranquilo, o al menos eso es lo que pienso en un primer momento.

Akane suelta sus cabellos cercenados y busca frenética el pulso del anciano, primero en la muñeca y después en el cuello, es en ese momento cuando empiezo a ponerme nervioso.

—¿¡Pero qué haces!?

—Es tarde, ha muerto— dice alejándose de él apesadumbrada y yo dirijo nerviosas miradas de ella a él y vuelta a empezar.

—¿¡Qué!?

—Por el color de la piel parece una parada cardíaca, espero que no haya sufrido.

—¿Qué estás diciendo? ¡eh viejo, despierta de una vez!

—Ya te he dicho que está muerto— repite con voz aséptica.

—¿Y como lo sabes? ¿¡eres médico!?— no me doy cuenta de lo impertinente que sueno, de mi tono desesperado.

—Sí— responde ella y en sus ojos veo una calma que me llena de frustración y culpabilidad.

Es mi culpa, todo lo que ha ocurrido es culpa mía. Miro el plácido descansar del viejo y no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas. Aprieto los dientes con más rabia de la que puedo soportar.

—¡Joder!— exclamo dándole una patada a la rueda del vehículo, ella me sigue mirando con una entereza que me asusta.

—¿Teníais una relación especial?

—Le acababa de conocer— respondo sintiéndome idiota.

—¿Y lloras por él?— responde asombrada.

—Me ayudó… era un buen tipo.

La escucho contener el aliento a mi espalda.

El sonido de voces y gritos comienza a llegar hasta nosotros, Akane mira con cierto temor hacia la puerta y entiendo que no puedo seguir lamentándome más tiempo.

—Espero que disfrutaras el paseo— me despido mientras el sol se pone en el horizonte y comienzo a caminar colina abajo, en dirección al pueblo más cercano en el que comienzan a aparecer tímidamente algunas luces.

Por el rabillo del ojo veo la veo inclinarse en señal de respeto y alcanzarme apresurada.

.


.

¡Hola de nuevo!

¡Mil gracias por todas las reviews!, ¡hola nuevos followers!, ¡gracias por los favoritos! me llena de responsabilidad saber que le tenéis tanta fe a la historia.

Me hace muy feliz saber que os está gustando este fic, como siempre espero poder manteneros con el mismo interés que el primer día.

Llegados a este punto ya se van sembrando las bases de lo que será la futura relación de esta pareja... ¡pero esto no ha hecho más que empezar!. Apenas han pasado dos días y dos completos desconocidos se disponen a emprender una misión: uno por honor, sabiéndose responsable, otro por necesidad y para proteger sus intereses.

No saben las vueltas que darán ni lo que les depara su búsqueda, ahora mismo me siento una bruja malvada, frotándome las manos y conspirando en su contra, jajaja.

Este capítulo me hizo reír mucho, además de ser el primero narrado íntegramente por Ranma. Es muy divertido meterse en su cabeza, es un buen chico pero con demasiados recelos. Creo que cuando me pongo a escribir le prefiero a él porque me permite muchas bromas, pero cuando le toca el turno de narrar a Akane también los disfruto mucho porque ella es más sincera y se enfada con tanta facilidad que saca a relucir toda su inocencia. No, les amo a los dos por igual, jajaja.

Y ahora contestando todas vuestras queridísimas reviews: karlarodsal (me alegra saber que te gusta. Últimamente me estoy volviendo muy asidua a los UA, aunque no descarto regresar a la historia original algún día. Y por supuesto que hay acción, esto al fin de cuentas es Ranma 1/2 ;) ), xandryx (muchas gracias, este tercer episodio termina más suave, jajaja. De veras que me encantaría publicar más seguido, pero al ritmo actual ya me cuesta escribir para que no "me atrapéis". Esta esta mejor forma de ser regular sin que se pase meses abandonado), Geral(gracias! espero mantenerte intrigado), Akane Redfox(gracias por tus palabras, y lo dicho, esto apenas comienza.), vanessamc (jajaja, 10 días no son tanto, y más si yo sigo avanzando lento con el resto de los capítulos... gracias por lo de "la historia"), ar30982 (¡felices fiestas a ti también!), sjofnj (bueno aquí un nuevo capítulo, perdón por la demora), monik saotome (espero que los 10 días hayan pasado rápido y haya merecido la pena), Zwoelf (¡Acertaste! Genma siempre tiene algo que ver en los líos de su pobre hijo. A mi también me encanta que peleen todo el rato ^^), Jennifer (¡gracias! espero que también te guste lo que está por venir), Susyakane (si! ya le tocaba el turno a él, ¿verdad? al final del fic no se quien tendrá más capítulos, no los voy contando, jajaja), Paoh (la verdad es que Akane parece tener un don para el secuestro, jajaja), Jorgy (Hola preciosa, este fic a a tener bastante acción, de hecho tus comparativas no van muy desencaminadas. Y sí, claro que habrá romanticismo, yo veo el amor más como un chispazo, una tormenta imparable, jajaja. Muchos besos y espero que te siga gustando.), bry (Jajjaa, pobre Akane, de hecho se equivocó en algunas consideraciones, ¡pero no en todas!. Akane, chica afortunada...), Dulcecito311 (Ya sabes que Nabiki siempre es mi recurso cuando hay problemas, sin ella estaría perdida, ¡feliz navidad!), jannika1990 (me harás sentir responsable de que llegues tarde, jajaja.) y Anitha56 (Gracias por la review, aquí el nuevo capítulo).

Muchas gracias a todos por leer, y sobre todo gracias a mi beta reader Nodokita, muchos besos linda.

Me pongo a trabajar en futuros capítulos.

¡Felices fiestas a todos!

LUM