CAPÍTULO III
Después de una hora al fin salió del baño, un delicioso olor llenaba el lugar y sobre la mesa se encontraba una deliciosa cena. No había ni rastro del unicornio, se acercó a la mesa y comió con avidez, aunque Jabu le llevó comida durante los días pasados era tan solo la suficiente para mitigar su hambre.....el chico le había cuidado pero sin ningún lujo. Al fin y al cabo no merecía otra cosa después de cómo lo trataba pero es que él no le había pedido ayuda y mucho menos su compañía.
Sonrió, quizás hubiese encontrado la horma de su zapato en aquel mocoso entrometido. Soltó el cubierto y puso una mano sobre sus labios al darse cuenta de lo ocurrido, acababa de sonreír después de más de un año y fue provocado por el recuerdo de Jabu. Ahora sí que estaba realmente confundido pero se sentía demasiado cansado como para pensar en nada. Se levantó dispuesto a subir a su cuarto pero el efecto de los calmantes se terminaba devolviéndole el dolor. Su orgullo le hizo caminar un par de pasos más, desde cuando todo un caballero dorado se quejaba por un simple tobillo?!!, pero estaba claro que Kamus ya no era el mismo caballero; al perder la fe en sí mismo perdía gran parte del poder de su cosmos, de su autocontrol, y en su estado actual no era capaz de comportarse más que como un orgulloso ángel caído. Hasta que no tocase fondo no conseguiría salir a flote.....y estaba más cerca de hundirse de lo que él mismo creía. Sobre la mesa se encontraba una botella de vino, la tomó y la vació en pocos minutos provocándole un intenso mareo al no estar acostumbrado a beber alcohol.
Gracias a su tozudez apoyó mal el pie y cayó al suelo sin fuerzas para levantarse así que se quedó dormido allí mismo.
A la mañana siguiente despertó en el sofá del salón, cubierto por una manta y notando un punzante dolor en el tobillo. Al abrir los ojos se encontró a Jabu untándole un poco de crema justo en el punto donde le dolía. Sus dedos eran hábiles y le aliviaban bastante, quedó en silencio, haciéndose el dormido.
-Ya sé que has despertado así que no hace falta que finjas, cuando termine de curarte esto me iré todo el día fuera así que no te molestaré.
-Ya me estás molestando así que vete cuanto antes para que no tenga que soportar tu odiosa voz....
-Que iluso....y yo que creía que todo lo sucedido te habría bajado los humos....jajajaja.
-Te estás riendo de mí mocoso?
-Y de quién si no? No veo a nadie más por aquí.
Iba a contestar cuando Jabu apretó un punto que le hizo saltar de dolor, los dedos del unicornio se hundían cada vez más en el tobillo causándole un profundo dolor. Quiso incorporarse pero Jabu se lo impidió cogiéndolo del hombro y echándolo hacia atrás.
-Espera.....ya falta muy poco.....
Se le veía realmente concentrado en lo que hacía y era tal la serenidad de su voz y la fuerza de su brazo que Kamus no pudo evitar que siguiese haciéndolo. Un crujido bastante fuerte sonó en la habitación, al fin consiguió poner el hueso en su sitio. Después de unos segundos de un agudo dolor comenzó a sentir algo de alivio. La mano de Jabu desprendía calor, estaba usando su cosmos al igual que hizo Kamus para aliviar el dolor mientras estuvo atrapado. Pasado un rato el unicornio tomó una mano del aguador y la puso sobre el tobillo.
-Ahora aplica un poco de frío . -No me des órdenes niñato.
-Hazlo! Ahora. – su tono era de repente muy frío y autoritario pero en seguida volvió a ser el de siempre – El contraste de temperaturas es bueno para el dolor, no se puede ser tan visceral en todo.....es mejor complementar el fuego y el hielo.
Nuevamente quedaron en silencio, Kamus hizo lo que le pidió. Durante una media hora alternaron sus cosmos sobre el tobillo y para sorpresa del caballero, aquello daba resultado. Jabu recogió todas las cosas antes de subir al cuarto para cambiarse de ropa e irse a entrenar.
-Dónde vas unicornio?
-Acaso te importa? Voy a realizar una sesión intensiva de entrenamiento, ya te dije que pasaría todo el día fuera y ya que siempre me repites que no necesitas mi ayuda me voy más que tranquilo. –le dedicó una sonrisa bastante irónica- Hasta esta noche...."maestro"
-Al fin podré respirar tranquilo al librarme de ti aunque sea por unas horas y.......
Quedó en silencio al percatarse de que ya nadie lo escuchaba, el sonido de una puerta al cerrarse le indicó que estaba solo. Echó un vistazo alrededor, Jabu lo dejó todo al alcance de su mano para evitar que tuviese que levantarse. En la mesa se encontraba un plato con un par de bocatas, bebidas y el mando de la tele, lo que más le llamó la atención fue encontrar a su lado un par de muletas algo rústicas por estar formadas con fuertes palos de madera y estaba seguro de que eran obra del unicornio. Sonrió al darse cuenta de todas las molestias que se tomaba con él, ya era la segunda sonrisa en un intervalo de horas y las dos veces las provocó el muchacho. Quizás debiera tratarlo de otra forma...realmente se estaba comportando muy amablemente con él debido a su estado. Una sombra oscureció su mirada, al fin lo comprendía, todo aquello lo provocaba la lástima y eso no lo soportaba. Maldito mocoso! Ni pensar siquiera en agradecerle aquello, no necesitaba la lástima de nadie.
La noche llegó después de un día largo y envuelto en molestias lo que no ayudaba a mejorar el humor del caballero. La puerta de entrada se abrió dando paso a un cansado y magullado caballero del unicornio. Todo su cuerpo estaba cubierto de arañazos y moratones provocados por las caídas contra las rocas. Pasó todo el día en unos riscos en los que rompían las olas en toda su potencia y más de una vez cayó al agua o sobre la piedra cortándose la piel. Pasó como un zombi al lado de Kamus ignorando su intento por comenzar una nueva discusión y entró al baño para darse una buena ducha. Salió vestido tan solo con unos pantalones de deporte, el torso desnudo y el cabello mojado y despeinado. Tenía un aire bastante inocente pero al mismo tiempo desprendía la sensualidad de aquellos que no son conscientes de su propio encanto. El aguador se descubrió a sí mismo admirando el cuerpo bien formado del muchacho e incorporándose para hacerle sitio a su lado. Jabu se sentó a mirar la tele, no estaba dispuesto a entrar al juego y discutir con el dorado, demasiado cansancio además de que daban su programa favorito esa noche. Cogió la pierna de Kamus y la puso sobre las suyas a fin de ver como estaba el tobillo, dando gracias interiormente porque el caballero no abriese la boca retiró la venda para observar complacido que mejoraba bastante.
-Ummmm veo que el tratamiento está dando resultados...-hablaba más para sí mismo que para Kamus, empezó de nuevo el ritual de masajes antes de untarle la crema y vendarlo- Si no es demasiado esfuerzo te agradecería que quitases tu pierna de encima mía.....ya he terminado.
Kamus la quitó corriendo, no se había dado cuenta de que pasó un rato desde que el unicornio terminó pero se encontraba tan sumido en sus propios pensamientos que no se enteró.
-Que te ha ocurrido pequeño? Vienes cubierto de heridas.......
Lo miró extrañado, el rostro de Kamus parecía sincero, su mirada ya no era tan agresiva como siempre pero aún así no bajó la guardia.
-Cómo!? Donde has dejado mi apodo preferido? El de mocoso.....
-Solo me preocupaba por ti maldito engreído! No sé ni por qué me molesto.......
-Perdona, es que estoy bastante cansado. Lo que pasó es que entrené muy duro junto al mar y he caído varias veces sobre las rocas.
-Ya veo....por eso has venido aquí? Para entrenar?
-Sí, digamos que tal y como tú bien dijiste me cansé de no ser más que un estorbo cuando se presenta el enemigo, llevo más de un año entrenando en diferentes países y climas a fin de intensificar mi cosmos y lo he logrado.
El rostro del muchacho expresaba verdadero orgullo, en vez de abandonar luchaba contra sus límites y conseguía sus propósitos. Se arrepintió enormemente de las duras palabras que le dedicó y ahora entendía la razón por la que se borró la perenne sonrisa de los labios del unicornio en aquella ocasión, había acertado de lleno en la herida. Se planteó la posibilidad de que si se equivocó al juzgarle también podía haberse equivocado al pensar en que lo cuidaba movido por la lástima.......no parecía algo muy propio de Jabu.
Siguieron hablando un buen rato de mil cosas sin importancia sellando así un pacto silencioso por el cual comenzaban una tranquila tregua.
Los días siguientes pasaron en una relativa calma, Kamus se recuperaba rápidamente de su tobillo y Jabu lo acompañaba durante todas esas horas interminables mientras que no pudiese andar. Tan solo se separaba de su lado las horas necesarias para ir a entrenar y había cogido la costumbre de hacerlo al amanecer, cuando Kamus dormía y así poder prepararle un buen desayuno antes de ir a ducharse.
Cuando no veían la tele el unicornio leía en voz alta para distraer a Kamus o ponía algo de música relajante. Obviamente no todo era paz y cordialidad y más de una vez se enzarzaron en batallas verbales, la diferencia era que ya no se hablaban con desprecio sino que casi se podía decir que discutían con la confianza de unos buenos amigos.
Aquella mañana regresó más pronto de lo acostumbrado encontrando al aguador aún dormido. El sol jugaba con sus cabellos dándoles la apariencia de puro fuego que resaltaba sobre la palidez de su rostro. Sin poder evitarlo tomó un mechón de pelo y jugueteó con él. Era la primera vez que se fijaba en la belleza de Kamus y quedó extasiado, pasaban tanto tiempo discutiendo que no se molestó en observarlo. La mano del caballero lo cogió fuerte por la muñeca.
-Se puede saber qué estás haciendo? Me has asustado.....y quita tus manos de mi pelo que me lo engrasas.
Jabu se molestó por el comentario, en la otra mano llevaba un vaso con agua, lo miró y sin pensarlo dos veces lo vació completamente sobre la cabeza de Kamus.
-Ahora ya no tienes que preocuparte porque se te ensucie jajajajaja.
Kamus lo miraba fijamente, la ira en su rostro dio paso a algo que Jabu no pudo distinguir hasta que la voz ronca del aguador lo sacó de dudas.
-Maldito unicornio.......
Tiró de la mano de Jabu hasta dejarlo sobre él para besarlo con pasión. El unicornio en vez de negarse se pegó todo lo que pudo a él respondiendo cada beso con la misma intensidad.
-Te deseo........
No dijeron nada más sino que dieron rienda suelta a sus cuerpos para que expresasen algo que ninguno de los dos comprendía aún, dejaron que sus cuerpos se amasen en una larga y desenfrenada noche mientras cada uno se preguntaba qué sentía el otro.
Después de una hora al fin salió del baño, un delicioso olor llenaba el lugar y sobre la mesa se encontraba una deliciosa cena. No había ni rastro del unicornio, se acercó a la mesa y comió con avidez, aunque Jabu le llevó comida durante los días pasados era tan solo la suficiente para mitigar su hambre.....el chico le había cuidado pero sin ningún lujo. Al fin y al cabo no merecía otra cosa después de cómo lo trataba pero es que él no le había pedido ayuda y mucho menos su compañía.
Sonrió, quizás hubiese encontrado la horma de su zapato en aquel mocoso entrometido. Soltó el cubierto y puso una mano sobre sus labios al darse cuenta de lo ocurrido, acababa de sonreír después de más de un año y fue provocado por el recuerdo de Jabu. Ahora sí que estaba realmente confundido pero se sentía demasiado cansado como para pensar en nada. Se levantó dispuesto a subir a su cuarto pero el efecto de los calmantes se terminaba devolviéndole el dolor. Su orgullo le hizo caminar un par de pasos más, desde cuando todo un caballero dorado se quejaba por un simple tobillo?!!, pero estaba claro que Kamus ya no era el mismo caballero; al perder la fe en sí mismo perdía gran parte del poder de su cosmos, de su autocontrol, y en su estado actual no era capaz de comportarse más que como un orgulloso ángel caído. Hasta que no tocase fondo no conseguiría salir a flote.....y estaba más cerca de hundirse de lo que él mismo creía. Sobre la mesa se encontraba una botella de vino, la tomó y la vació en pocos minutos provocándole un intenso mareo al no estar acostumbrado a beber alcohol.
Gracias a su tozudez apoyó mal el pie y cayó al suelo sin fuerzas para levantarse así que se quedó dormido allí mismo.
A la mañana siguiente despertó en el sofá del salón, cubierto por una manta y notando un punzante dolor en el tobillo. Al abrir los ojos se encontró a Jabu untándole un poco de crema justo en el punto donde le dolía. Sus dedos eran hábiles y le aliviaban bastante, quedó en silencio, haciéndose el dormido.
-Ya sé que has despertado así que no hace falta que finjas, cuando termine de curarte esto me iré todo el día fuera así que no te molestaré.
-Ya me estás molestando así que vete cuanto antes para que no tenga que soportar tu odiosa voz....
-Que iluso....y yo que creía que todo lo sucedido te habría bajado los humos....jajajaja.
-Te estás riendo de mí mocoso?
-Y de quién si no? No veo a nadie más por aquí.
Iba a contestar cuando Jabu apretó un punto que le hizo saltar de dolor, los dedos del unicornio se hundían cada vez más en el tobillo causándole un profundo dolor. Quiso incorporarse pero Jabu se lo impidió cogiéndolo del hombro y echándolo hacia atrás.
-Espera.....ya falta muy poco.....
Se le veía realmente concentrado en lo que hacía y era tal la serenidad de su voz y la fuerza de su brazo que Kamus no pudo evitar que siguiese haciéndolo. Un crujido bastante fuerte sonó en la habitación, al fin consiguió poner el hueso en su sitio. Después de unos segundos de un agudo dolor comenzó a sentir algo de alivio. La mano de Jabu desprendía calor, estaba usando su cosmos al igual que hizo Kamus para aliviar el dolor mientras estuvo atrapado. Pasado un rato el unicornio tomó una mano del aguador y la puso sobre el tobillo.
-Ahora aplica un poco de frío . -No me des órdenes niñato.
-Hazlo! Ahora. – su tono era de repente muy frío y autoritario pero en seguida volvió a ser el de siempre – El contraste de temperaturas es bueno para el dolor, no se puede ser tan visceral en todo.....es mejor complementar el fuego y el hielo.
Nuevamente quedaron en silencio, Kamus hizo lo que le pidió. Durante una media hora alternaron sus cosmos sobre el tobillo y para sorpresa del caballero, aquello daba resultado. Jabu recogió todas las cosas antes de subir al cuarto para cambiarse de ropa e irse a entrenar.
-Dónde vas unicornio?
-Acaso te importa? Voy a realizar una sesión intensiva de entrenamiento, ya te dije que pasaría todo el día fuera y ya que siempre me repites que no necesitas mi ayuda me voy más que tranquilo. –le dedicó una sonrisa bastante irónica- Hasta esta noche...."maestro"
-Al fin podré respirar tranquilo al librarme de ti aunque sea por unas horas y.......
Quedó en silencio al percatarse de que ya nadie lo escuchaba, el sonido de una puerta al cerrarse le indicó que estaba solo. Echó un vistazo alrededor, Jabu lo dejó todo al alcance de su mano para evitar que tuviese que levantarse. En la mesa se encontraba un plato con un par de bocatas, bebidas y el mando de la tele, lo que más le llamó la atención fue encontrar a su lado un par de muletas algo rústicas por estar formadas con fuertes palos de madera y estaba seguro de que eran obra del unicornio. Sonrió al darse cuenta de todas las molestias que se tomaba con él, ya era la segunda sonrisa en un intervalo de horas y las dos veces las provocó el muchacho. Quizás debiera tratarlo de otra forma...realmente se estaba comportando muy amablemente con él debido a su estado. Una sombra oscureció su mirada, al fin lo comprendía, todo aquello lo provocaba la lástima y eso no lo soportaba. Maldito mocoso! Ni pensar siquiera en agradecerle aquello, no necesitaba la lástima de nadie.
La noche llegó después de un día largo y envuelto en molestias lo que no ayudaba a mejorar el humor del caballero. La puerta de entrada se abrió dando paso a un cansado y magullado caballero del unicornio. Todo su cuerpo estaba cubierto de arañazos y moratones provocados por las caídas contra las rocas. Pasó todo el día en unos riscos en los que rompían las olas en toda su potencia y más de una vez cayó al agua o sobre la piedra cortándose la piel. Pasó como un zombi al lado de Kamus ignorando su intento por comenzar una nueva discusión y entró al baño para darse una buena ducha. Salió vestido tan solo con unos pantalones de deporte, el torso desnudo y el cabello mojado y despeinado. Tenía un aire bastante inocente pero al mismo tiempo desprendía la sensualidad de aquellos que no son conscientes de su propio encanto. El aguador se descubrió a sí mismo admirando el cuerpo bien formado del muchacho e incorporándose para hacerle sitio a su lado. Jabu se sentó a mirar la tele, no estaba dispuesto a entrar al juego y discutir con el dorado, demasiado cansancio además de que daban su programa favorito esa noche. Cogió la pierna de Kamus y la puso sobre las suyas a fin de ver como estaba el tobillo, dando gracias interiormente porque el caballero no abriese la boca retiró la venda para observar complacido que mejoraba bastante.
-Ummmm veo que el tratamiento está dando resultados...-hablaba más para sí mismo que para Kamus, empezó de nuevo el ritual de masajes antes de untarle la crema y vendarlo- Si no es demasiado esfuerzo te agradecería que quitases tu pierna de encima mía.....ya he terminado.
Kamus la quitó corriendo, no se había dado cuenta de que pasó un rato desde que el unicornio terminó pero se encontraba tan sumido en sus propios pensamientos que no se enteró.
-Que te ha ocurrido pequeño? Vienes cubierto de heridas.......
Lo miró extrañado, el rostro de Kamus parecía sincero, su mirada ya no era tan agresiva como siempre pero aún así no bajó la guardia.
-Cómo!? Donde has dejado mi apodo preferido? El de mocoso.....
-Solo me preocupaba por ti maldito engreído! No sé ni por qué me molesto.......
-Perdona, es que estoy bastante cansado. Lo que pasó es que entrené muy duro junto al mar y he caído varias veces sobre las rocas.
-Ya veo....por eso has venido aquí? Para entrenar?
-Sí, digamos que tal y como tú bien dijiste me cansé de no ser más que un estorbo cuando se presenta el enemigo, llevo más de un año entrenando en diferentes países y climas a fin de intensificar mi cosmos y lo he logrado.
El rostro del muchacho expresaba verdadero orgullo, en vez de abandonar luchaba contra sus límites y conseguía sus propósitos. Se arrepintió enormemente de las duras palabras que le dedicó y ahora entendía la razón por la que se borró la perenne sonrisa de los labios del unicornio en aquella ocasión, había acertado de lleno en la herida. Se planteó la posibilidad de que si se equivocó al juzgarle también podía haberse equivocado al pensar en que lo cuidaba movido por la lástima.......no parecía algo muy propio de Jabu.
Siguieron hablando un buen rato de mil cosas sin importancia sellando así un pacto silencioso por el cual comenzaban una tranquila tregua.
Los días siguientes pasaron en una relativa calma, Kamus se recuperaba rápidamente de su tobillo y Jabu lo acompañaba durante todas esas horas interminables mientras que no pudiese andar. Tan solo se separaba de su lado las horas necesarias para ir a entrenar y había cogido la costumbre de hacerlo al amanecer, cuando Kamus dormía y así poder prepararle un buen desayuno antes de ir a ducharse.
Cuando no veían la tele el unicornio leía en voz alta para distraer a Kamus o ponía algo de música relajante. Obviamente no todo era paz y cordialidad y más de una vez se enzarzaron en batallas verbales, la diferencia era que ya no se hablaban con desprecio sino que casi se podía decir que discutían con la confianza de unos buenos amigos.
Aquella mañana regresó más pronto de lo acostumbrado encontrando al aguador aún dormido. El sol jugaba con sus cabellos dándoles la apariencia de puro fuego que resaltaba sobre la palidez de su rostro. Sin poder evitarlo tomó un mechón de pelo y jugueteó con él. Era la primera vez que se fijaba en la belleza de Kamus y quedó extasiado, pasaban tanto tiempo discutiendo que no se molestó en observarlo. La mano del caballero lo cogió fuerte por la muñeca.
-Se puede saber qué estás haciendo? Me has asustado.....y quita tus manos de mi pelo que me lo engrasas.
Jabu se molestó por el comentario, en la otra mano llevaba un vaso con agua, lo miró y sin pensarlo dos veces lo vació completamente sobre la cabeza de Kamus.
-Ahora ya no tienes que preocuparte porque se te ensucie jajajajaja.
Kamus lo miraba fijamente, la ira en su rostro dio paso a algo que Jabu no pudo distinguir hasta que la voz ronca del aguador lo sacó de dudas.
-Maldito unicornio.......
Tiró de la mano de Jabu hasta dejarlo sobre él para besarlo con pasión. El unicornio en vez de negarse se pegó todo lo que pudo a él respondiendo cada beso con la misma intensidad.
-Te deseo........
No dijeron nada más sino que dieron rienda suelta a sus cuerpos para que expresasen algo que ninguno de los dos comprendía aún, dejaron que sus cuerpos se amasen en una larga y desenfrenada noche mientras cada uno se preguntaba qué sentía el otro.
