CAPITULO III
Son ya las 7 p.m y como acordado, Lee Kyu Won ha llegado a casa de Kim Suk Hyun y su esposa Yoon Soo. Ambos la recibieron con la misma calidez de siempre.
Después de servir la cena, Suk Hyun fue directo al grano.
- Bien Kyu Won. – Dijo entrelazando sus manos sobre la mesa. – La razón por la que te pedí que vinieras es porque tengo una propuesta que hacerte.
- ¿Si? – Preguntó la pelinegra un poco nerviosa. Le asustaba lo directo que estaba siendo el director.
- Si… Verás, te ofrezco la dirección de una obra de teatro…en Broadway.
Los ojos de Kyu Won se abrieron como platos. ¡¿Era en serio?!
- ¿U-una obra de B-broadway?
- Así es. – Le afirmó Suk Hyun. - ¿Te interesa?
- E-espere director. – Le pidió nerviosamente, viendo los rostros sonrientes de él y de Yoon Soo. – No entiendo.
- Verás, originalmente me hicieron la propuesta a mí. Pero debido a que faltan a penas dos meses para que Yoon Soo de a luz, no puedo dejarla sola. – Explicó el hombre colocando su mano sobre el prominente vientre de su esposa. – Entonces ellos me pidieron que les recomendara a alguien y yo pensé inmediatamente en ti.
- ¿Por qué? Yo apenas dirigí la obra de la Universidad este año. – Reprochó Kyu Won. - ¡Eso no me califica para dirigir una obra de BROADWAY!
- Lee Kyu Won, si yo no creyera que puedes hacerlo, nunca te habría recomendado. – Le insistió Suk Hyun.
- Yo estoy de acuerdo. – Comentó Yoon Soo. - ¡Kyu Won Fighting!
La chica cubrió su rostro con sus manos, como si estuviera llorando.
- ¡Director!
- Vamos, no creas que es imposible. – Le animó él con una amplia sonrisa. – Visualízalo como una obra universitaria pero un poco más grande.
Ambos continuaron animándola y exponiendo que bueno sería para su carrera si pudiera diversificarse. Además una chica coreana como directora de Broadway era algo totalmente de categoría "Hallyu Star"
Sin embargo, Kyu Won no podía dejar de pensar en Lee Shin. Realmente quería pasar más tiempo con él, en especial ahora que apenas habían salido de la universidad. O tal vez, el querría ir con ella… Definitivamente era una decisión que no podía tomar sola, tendría que consultarlo con él.
- ¿Vas a pensarlo? – Le preguntó Suk Hyun.
- Uhmm… está bien, lo pensaré. – Aceptó finalmente la confundida pelinegra.
- Perfecto. Te daré el guión para que lo leas y veras que te va a encantar. – Le dijo el director. – Solo te recuerdo que no hay tanto tiempo para pensarlo. Decídete pronto o buscaran a otra persona.
La mañana siguiente, la chica sacó las bolsas de basura a la calle y se encontró con Lee Shin, quien casualmente hacía lo mismo frente a su casa.
El, al verla, le sonrió dulcemente.
- ¿Hay algo que tal vez quieras decirme hoy? – Le preguntó ella.
El solo negó con su cabeza de una manera muy tranquila.
Ella hizo uno de sus típicos mohines, ganando la risa de Shin.
Kyu Won abrió la puerta para entrar a su casa cuando él la detuvo.
- ¿O sabes qué? Tal vez si haya algo que deba decirte. – Le dijo con una expresión de preocupación en el rostro. - ¿Qué te parece si vamos a almorzar hoy a ese restaurante que te gusta?
- ¿Almorzar? – Preguntó la chica desanimada. - ¿Por qué no mejor a cenar?
Shin negó con su cabeza una vez más.
- Por la noche tengo que ir a Catharsis.
- ¡Assh!... Está bien. – Cedió finalmente. – De todas maneras, yo también quiero decirte algo.
- ¿Qué es? – Preguntó con curiosidad el guitarrista.
Esta vez fue ella quien negó con su cabeza.
- Dependiendo de lo que tú me digas, yo te diré o no.
Finalmente, Kyu Won le sacó la lengua y entró rápidamente a casa, dejando a un nervioso Shin afuera.
Justo a medio día, Kyu Won salió nuevamente de su casa a esperar a Shin. Se había puesto muy linda, esperando llamar su atención. Su hermoso cabello largo, estaba suelto como a él le gustaba y su vestido le hacía justicia a su cuerpo también.
De pronto escuchó una bocina familiar. Shin ya estaba esperándola dentro del vehículo. Tanto tiempo trabajando en el club y en alguno que otro lugar, había sido suficiente para comprarse un lindo auto y dejar la bicicleta solo para paseos en el parque.
Por supuesto, él también se había vestido elegantemente, ya que la ocasión lo ameritaba. Nada podría salir mal esta vez, ni siquiera sus nervios estropearían el momento.
