Disclaimer: Todos los personajes mencionados a continuación son propiedad de JK. Rowling.
Nota de la autora: Este fic participa en el Reto #29: "Llega el Kinktober " del foro "Hogwarts a través de los años"
"En un beso, sabrás todo lo que he callado"
Pablo Neruda.
Intoxicated
Parte III: Amor
Scorpius tomó tu mano entre las suyas y juntos salieron del ministerio ignorando las curiosas miradas que les dirigían, estabas sumido en tus pensamientos recordando la increíble sensación que recorrió tu cuerpo al sentir sus suaves y húmedos labios moviéndose con ímpetu sobre los tuyos. Caminaron en silencio bajo la oscuridad del cielo dirigiéndose una que otra mirada por el rabillo del ojo, habían decidido disfrutar del clima y aprovechar en sí el tiempo que tenían juntos. Estaban a pocas cuadras del apartamento, sin embargo, la tensión sexual era fuerte y palpable, y constantes corrientes de excitación te recorrían.
Te atrajo a sí de improvisto y te empujó contra la pared más cercana del callejón, sin vacilar siquiera un poco tomó posesivamente sus labios entre los tuyos con intensidad recorriéndote a fondo, no se hizo esperar e introdujo su lengua en tu boca reclamándola con decisión. Sus manos te recorrieron desesperadas sin dejar de lado ninguna parte, empezó bajando por tu cuello hasta tu estomago centrándose ahí por un momento, introduciendo sus manos debajo de tu camisa acariciando y arañando tu espalda, primero lento y luego aumentando el movimiento. Era tan placentero que no pudiste evitar gritar y retorcerte entre sus brazos; sus labios abandonaron tu boca y bajaron hasta tu cuello con fervor para dejar marcas.
Se arrodilló y desabrochó tu pantalón hábilmente dejando expuesta la gran erección contra tu ropa interior, gemidos y murmuros incomprensibles salieron de tu boca al sentir sus manos frotar velozmente de arriba a abajo la zona.
Estabas perdido en placer por las sensaciones y a la vez estabas encantado con la atención que te estaba dando.
—Albus… — murmuró con los ojos cerrados para luego ajustar tu pantalón en su lugar y levantarse hasta quedar a tu altura. —Si continuamos aquí, no seré capaz de detenerme.
Te aclaraste la garganta y asentiste comprendiendo sus intenciones, sacaste la varita de tu chaqueta y con un movimiento de muñeca pronunciaste el encantamiento. En segundos se encontraban en la sala de estar de tu apartamento, Venus estaba en la mesa principal durmiendo complaciente en su jaula, no sería problema. Scorpius recorrió el lugar detallando tu vivienda hasta centrar sus ojos en tu rostro, te acercaste a él y le dirigiste una mirada profunda tratando de transmitir con tus ojos todas las emociones que había logrado causarte por años. Tomaste su cara entre tus manos y con los pulgares acariciaste tiernamente sus mejillas, cerrando el espacio entre ambos juntaste sus bocas, primero solo eran labios contra labios pero luego lo profundizaron uniendo sus lenguas saboreando el interior mutuamente.
Envolviste ambas manos alrededor de sus hombros y empezaron un baile dominante, exploraste su cálida y acogedora boca y al acercarte a él pudiste sentir el gran bulto contra sus pantalones presionar contra ti. Los besos se intensificaron y el calor se empezó a extender por sus cuerpos, ambos soltaron gemidos y Scorpius aprovechó para desabrochar tu chaqueta quitando la camisa, mientras se deshacía de parte de la tela iba dejando un rastro de mordeduras y besos húmedos. Tu pecho quedó expuesto por primera vez en la noche, abriendo los ojos Scorpius acarició tu pecho incontables veces ganándose fuertes gritos de tu parte.
Ese hombre sí que sabía usar sus manos.
Decidiste devolverle el favor e hiciste lo mismo con la parte de arriba de su traje desabrochando con prisas cada botón de su camisa, la arrogaste al suelo y exploraste con tus ojos su figura.
—Maldición— soltaste con admiración. Era incluso más hermoso y escultural de lo que pensabas, si eso era posible.
Él te dirigió una mirada sonrojada y sin perder contacto se dirigieron a tu habitación contigo guiando el paso, se aferró a ti empujándote con suavidad sobre la cama, respiraste pesadamente y sus ojos se encontraron por lo que parecieron horas, tus ojos verdes descifraron los suyos grisáceos. Se subió a la cama y se cernió sobre ti bajando la cabeza para llevarse un pezón a la boca, empezó a girar su lengua alrededor causando que jadearas y arquearas la espalda en busca de más.
Te recostaste contra las almohadas sintiendo tu necesidad de él crecer con cada movimiento que realizaba.
Comenzó a desabrochar tu pantalón y luego lo bajó junto a la ropa interior haciéndolos aterrizar en el suelo y dejándote expuesto. Él observó cada centímetro de tu cuerpo, desde tu estómago y pecho hasta tu pene rígido, sus manos empezaron a moverse de arriba a abajo a un ritmo rápido debido a su excitación. Escuchar y ver las reacciones de tu cuerpo hicieron que su erección se volviera aún más dolorosa contra la tela de sus pantalones.
—Eres malditamente perfecto— suspiró y tú sonreíste con timidez por el cumplido. Si tan solo supiera lo que pensabas de él y cuán alto lo tenías en un pedestal de ensueño.
Sin poder aguantar más se sentó en la cama y comenzó a desabrocharse los pantalones, no sin antes colocar un paquete en tu mesa de noche. Su apetito aumentaba a cada segundo y quería follarte con vehemencia hasta que el sol saliera. Le dirigiste una mirada ansiosa queriendo lo mismo y el latido de tu corazón empezó a saltar a un ritmo muy rápido al verlo finalmente desnudo a tu lado. Era menudo y musculoso, tan agraciado y encantador, desde la punta de los cabellos platinos en su cabeza hasta el último centímetro de piel, y lo mejor, es que ese cuerpo que tanto te deleitaba era todo tuyo por la noche.
Estiró tus piernas y colocó su cuerpo sobre el tuyo, respiraste agitadamente al sentir su piel desnuda y su erección presionando contra la tuya, se sentía muy cálido y suave. Sus labios comenzaron a viajar por tu pecho nuevamente centrándose en introducir su lengua en tu ombligo y retorcerla dentro; colocaste tus manos sobre sus hombros mientras seguías gimiendo. Inclinándose más detuvo los besos y chupo dos de sus dedos, índice y medio para luego introducirlos en tu interior y con firmeza empezar a moverlos ágil y vertiginosamente.
—Scorp… Scorpius— gemiste sonoramente perdido en sensaciones. Él tomó la envoltura circular que hacía unos momentos había dejado en la mesa, rasgó un extremo y sacó el condón. Lo observaste con anticipación deslizarlo sobre su erección y ya preparado Scorpius se arrastró de regreso a la cama.
Estabas tan mojado y palpitante esperando su reclamo con intensidad.
Posicionó su erección en tu entrada húmeda por la ansiedad y te dirigió una mirada esperando tu aprobación, sin palabras y con respiraciones ahogadas asentiste y la cabeza de su pene entró en tu interior de un golpe. Jadeaste al instante intentando ajustarte rápidamente a su tamaño y colocaste tus manos sobre sus omoplatos arañándolos en el proceso. Con cuidado empujó más de su longitud contra ti, cuando lo sentiste llenarte por completo gemiste un poco de incomodidad mientras te acostumbrabas. Él acarició tus mejillas sonrojadas esperando tu comodidad, al sentir tus caderas empezar a moverse contra las suyas comprendió la señal.
—Mírame— ordenó con firmeza, levantaste la mirada y mantuviste tus ojos concentrados en su rostro.
Empezó a moverse de manera lenta pero firme y gemiste de placer, retorciéndote apartaste la mirada, Scorpius volvió a deslizarse aumentando el ritmo y el volumen empujando contra ti, con sus manos tomó tu rostro y lo posicionó para que lo miraras nuevamente.
Sentiste el placer acumularse y te retorciste jadeando en busca de aire.
—No te detengas— gemiste volviendo a reunirte con sus labios.
Él sonrió y pasó sus dedos por tus muslos y empujó más profundo dentro de ti. Al sentirlo golpear y golpear gritaste, nunca habías sentido tanto placer en tu vida. La fricción de su virilidad, la vista de él sudando y la sensación de su aliento producto de sus jadeos.
Qué hombre.
—¡Oh! ¡Más rápido!— gritaste, Scorpius escuchó atento y golpeó un punto específico una y otra vez sin parar.
—¡Merlin, que bien se siente!— murmuró él ya sintiendo su orgasmo acumularse en su interior. Se lanzó tan rápido como pudo sintiendo que podía liberarse en cualquier momento. Echaste la cabeza hacia atrás y repetiste su nombre incontables veces, Scorpius estaba enloquecido de emoción, escuchar tus gemidos de placer, sentir el calor de tu entrada y tu impresión lo tenía fascinado.
Apoyó su frente sudorosa justo sobre la tuya y se corrió cálidamente liberándose dentro de ti, tú estabas temblando y al ver el brillo de emoción en sus ojos te sonrojaste y tus músculos se contrajeron alcanzando el punto máximo con un fuerte gemido. Nunca en tus pocos años de vida habías tenido un orgasmo tan exquisito y deleitable. Scorpius se derrumbó a tu lado y envolvió sus brazos alrededor de tu cuerpo de manera posesiva, esperando que sus jadeantes respiraciones se calmaran.
—¿Qué haces aquí, Scorpius?— le preguntaste luego de unos pocos minutos al recuperar tu voz lleno de curiosidad y confusión.
—Creo, Albus, que acabados de dejar eso claro— respondió irónico con un sonrisa petulante.
—No. Me refiero aquí, conmigo.
—Sé que tal vez suene inédito a tus oídos— se aclaró la garganta. —Pero no eres el único que ha estado observando al otro.
—¡¿Qué?!— preguntaste sorprendido, durante tu tiempo en la escuela te habías asegurado de ser cuidadoso para que no se enterara de tu manía hacia su persona.
—Desde ese día en el corredor de Hogwarts, cuando me atrapaste en esa situación no tan bonita de ver— se rió brevemente. —Me he sentido intrigado por ti.
—Pero… yo pensé que tú eras… es decir, estabas con una chica ese día— susurraste nervioso.
—Soy bisexual, Albus— asentiste comprensivo sin poder quitar el asombro de tu mirada, tomó tu rostro entre sus manos y empezó a acariciarte felizmente. —Desearía que pudieras ver lo que yo veo.
—¿Y…? ¿Qué ves?
— Una belleza impresionante y seductora, una maravilla que no pertenece a este mundo ni a los siguientes planeados en la creación del universo— murmuró contra tus labios para luego besarte. —Siempre lo he visto.
—Scorpius… yo…— no podías encontrar las palabras correctas para salir de tu asombro.
—Sé que no te soy indiferente, tu mirada me lo dijo esta noche.
—No, no me eres indiferente— decidiste tomar el valor de confesarlo. —Te he observado por tanto tiempo, que me es imposible imaginar que siempre he sido correspondido.
—Entonces, es momento que empiezas a creerlo— dijo observando y acariciando tus manos.
—Es que yo… yo… ¿Por qué yo?
—¿Por qué no tú?— te devolvió la pregunta con una mirada de picardía astuta.
—Merlin… Es tanto por procesar que yo… no sé qué decir.
—¿No te gustaría intentarlo?
—¿Intentar qué?— dijiste confundido, tus pensamientos no estaban concentrados y tu corazón bombeaba a mil por hora.
—Tu y yo… juntos— le dirigiste una sonrisa y asentiste dispuesto. Tantas noches habías soñado con esas mismas palabras, eras tan afortunado de que ese hombre tan maravilloso que compartía tu cama en esos momentos te quisiera como tanto tiempo tú lo habías querido.
—Me asusta la manera en que me gustas— murmuraste contra su rostro. —Es como si antes no hubiera nada, y después de ti tampoco.
Él junto sus bocas nuevamente sin esperar y recorrió tu cuerpo con una sonrisa amplia y brillante, retomando el acto que ya habían culminado y dando inicio a uno nuevo.
No existía nada para ti en ese preciso momento, excepto los dos y su ferviente pasión y necesidad del otro.
Nota de la autora: Ya ha culminado el fic y debo decir que estoy orgullosa del resultado XD Como había mencionado anteriormente es la primera vez que me animo a escribir con clasificación M y me esforcé para hacerlo lo más ameno posible, así que espero que haya valido la pena.
¿Qué opinan? ¿Les gustó? Anhelo que así sea. ¡Los amo!
