Advertencia: Este fic contiene LEMON, por lo que no es una historia apta para todo publico 9w9, están advertidos... no me hago responsable de las mentes inocentes que pueda corromper con esto XDDDD (nah, mentira X"D la verdad es que este fic tiene un lemon bien suave jajaja)
Antes de dejarlos con la historia, les hago la pequeña acotación que este conjunto de one-shot son parte de otra historia. Aunque este fragmento en especial esta escrito en primera persona, desde el punto de vista de Zelda. El siguiente que subiré será desde el punto de vista de Link 9w9, con sus pecaminosos pensamientos jajajaja XD nah broma jajaja.
Sin más... los dejo con la historia...
.-. NO LO RECUERDES .-.
.-.-.-. Nuestro nido .-.-.-.
Alejé de mí esa sensación de pereza que embelesaba mis sentidos. Afuera podía oír el canturreo de las avecillas, quienes habían comenzado su concierto desde muy temprano.
Me sonreí tontamente haciéndome una imagen mental de la pareja de avecillas que había anidado justo en el manzano que se encontraba a un lado de la casa, el árbol había crecido tanto que ahora la copa casi rozaba la zona alta por fuera de la vivienda.
Se me había hecho la mala costumbre de salir de la casa por la ventana del segundo piso que estaba más cerca a la cama. Me escabullía mientras Link no me miraba, o al menos eso creía, y me sentaba largo rato a mirar a los padres alimentar a sus polluelos con esmero. Me parecía una escena de lo más tierna, aunque los pequeños eran bastante escandalosos a la hora de exigir a sus progenitores la primera merienda del día, seguro había sido ese "rutinario" escenario el que había despertado a mi "héroe", quien curiosamente no estaba en la cama.
Me senté mientras me refregaba mis ojos, y con una de las manos sujetaba una de las sabanas para cubrir la desnudes de mi cuerpo, se nos había hecho la mala costumbre dormir así, pero justificábamos el hecho con el calor que hacía en esta época del año y con lo encendidos que nos terminábamos durmiendo después de...
Sentí como mis mejillas se encendían. Agitando mi cabeza alejé las nítidas imágenes de la noche ya pasada. Me levante y lo primero que hice fue ponerme mis bragas, y seguidamente, busque con algo de prisa algo para vestirme, cruzándome con la túnica del campeón que Link solía usar, aunque hoy no era uno de esos días.
Sin pensarlo demasiado, tomé la prenda entre mis manos y la abracé con un cariño injustificado, pero en el fondo sabía que aquella pieza significaba mucho para mí, al final este simple trozo de tela que yo misma había diseñado marcaba un símbolo de esperanza, una que no sólo se albergaba en mí corazón, sino en todo un reino destruido por la calamidad.
Y mientras tenía la prenda entre mis manos, otra loca idea paso fugazmente por mi cabeza y al instante siguiente ya tenía la "famosa túnica del campeón Hyliano" sobre mí. Caminé hasta un espejo delgado pero alargado que habíamos ubicado en una de las paredes y me observé de cuerpo completo, vestida con la "legendaria" prenda. Me quedaba algo grande, se notaba en las costuras de los hombros que caían de forma graciosa por mis brazos, en mí, el traje de Link, parecía una camisola holgada con dos provocadores escotes a los costados de mis piernas.
De pronto me pregunte qué pensaría Link si me viera ahora y aún frente al espejo coloque uno de mis brazos tras mi nuca, levantando un poco mi cabello y la otra la apoye sobre mi pierna, inclinando un poquito mi cuerpo hacia adelante, me miré y me sonreí con un dejo de coquetería, obviamente no estaba haciendo esto pensando en mí, sino en lo que Link pudiera pensar al verme o quizás la cara que pondría, sentía curiosidad por averiguarlo y por eso mismo no me quite la prenda, sino que simplemente me reí de forma nerviosa y golpeé tres veces mi frente con la palma de mi mano. En verdad lo que estaba haciendo era muy bobo.
Los pajaritos chillaron con fuerza y me trajeron de golpe a la realidad, sin pensarlo demasiado, corrí hasta la ventana y aún vestida sólo con la túnica del campeón y unas simples bragas, me escabullí por la ventana y salí directo a la zona alta del exterior de la casa, me detuve en el borde, junto al pequeño establo donde descansaban nuestros corceles e hincándome en el suelo mi mirada se perdió entre el follaje tupido del manzano e inconscientemente busque con la mirada el nidito y sus ocupantes.
— Uno... —murmuré al tiempo que percibía como la cálida brisa acariciaba suavemente mi cuerpo y agitaba ligeramente mis cabellos—. Dos... —me concentré tratando de encontrar al tercer polluelo.
Pero él no estaba.
Una sensación extraña me inundo y casi como si fuera mi propio bebé, comencé a sentir la angustia de no ver al pajarillo en el nido, sus hermanos se hundieron entre las pajitas y las ramas como si de pronto hubieran detectado mi intensa mirada, sus ojos grandes y redondeados parpadeaban y sus plumitas parecían erizarse haciendo que sus menudos cuerpecitos los hicieran parecer dos bolitas.
— Buenos días bonita.
Me sobresalte al escuchar la voz de Link tras mi espalda, había estado tan concentrada mirando el nido que había perdido la noción de lo que ocurría a mi alrededor.
— Link —susurré dándome la vuelta, arqueando mis cejas en una expresión que no podía fingir frente a él—. No está.
— ¿Eh? —Vi como levantaba una de sus cejas y su cabeza se ladeaba ligeramente. Ese día había decido usar su túnica Hyliana, con ese bonito rojo que tan bien le asentaba, aunque eso no era lo que precisamente estaba llamando mi atención en ese momento, porque evidentemente sentía que aquella expresión que ahora enmarcaba su rostro era el claro reflejo de que él no me estaba comprendiendo.
— El polluelo, Link —casi que lo estaba regañando, como si ese pajarito fuera nuestro hijo y su padre no estuviera atento a sus pasos—. No está en el nido.
Volvió a mirarme con una expresión extraña y yo fruncí el entrecejo, ¿acaso no entendía lo importante que era para mí?
Entonces apoyó una de sus manos en mi cabeza y revolvió mis cabellos mientras se hincaba para colar una de sus manos por mi cintura, tratando de acercarme hacia él con una sonrisilla traviesa.
En verdad no sabía que era lo "tan" gracioso. Quizás el estar usando la famosa túnica estaba restándole importancia a mis palabras, pero independiente de lo que se le estuviera atravesando por la cabeza, me resistí, demostrándole que en ese momento no estaba para juegos, que mi preocupación era real y que necesitaba que me ayudara.
— Ah, el nido de los gorriones —me sonrió aún más amplió y volvió a jalar mi cuerpo sintiendo como yo me oponía a su afecto.
— ¡Link el pajarito puede haber caído del nido! —Me queje frustrada, golpeando con mi puño cerrado su pecho.
Él soltó a reír divertido ante mi reacción y mi regañó. Y yo aún sin entender nada me quedé quieta y lo desafié con la mirada... tenía que entender que esto iba muy en serio.
— Te ves linda cuando te enojas —me dijo entre risas, robándome un beso furtivo en los labios.
Así como se oye... me había literalmente robado ese beso, porque yo evidentemente no estaba de ánimo para eso.
— ¡No le veo lo gracioso!
— Cierra tus ojos.
— ¿Qué? —no sabía si me estaba tomando el pelo o que diantres.
— Quiero que cierres tus ojos y respires profundo —me volvió a decir tomando mis manos entre las suyas—. El pequeño pajarito está bien —me susurró luego al oído—. Te mostrare si te calmas y confías en mí.
Ante su última frase no pude ocultar mi sorpresa y parpadeando un par de veces lo observé exigiendo una explicación.
Pero él simplemente sonrió amplia y encantadoramente. Ante eso, no pude más que suspirar y obedecer, al menos ya sabía que Link había visto al pajarito.
— ¿Y ahora? —Pregunté mientras sentía como me abrazaba por la espalda y deslizaba sus manos por mis brazos haciendo un lento recorrido hacia mis manos.
Pude sentir su cálido aliento junto sobre mi cuello, de forma refleja me estremecí ligeramente, pero traté de controlar esa reacción involuntaria en mí al sentirlo tan cerca. Aunque podía ver su sonrisa traviesa, aunque mantuviera mis ojos cerrados, podía imaginarme a la perfección aquella expresión.
— Tranquila —susurró de nuevo. Para ese instante sus manos ya habían alcanzado las mías, y guiándome me hizo juntarlas, listas para poder recibir algo sobre ellas—. Aguarda un segundo, sin moverte.
Tanto misterio me tenía intrigada, en verdad quería saber que era lo que pretendía hacer. Pero me mantuve quieta, como él me lo pidió y sentí en momento en que dejaba de abrazarme para buscar algo entre sus cosas, probablemente estaba sacando algo desde su alforja.
— Sujete esto, princesa —me dijo suave y deposito sobre mis palmas un montón de cosillas pequeñas y frías que de un segundo a otro no supe que eran.
Instintivamente abrí mis ojos y observé lo que ahora sujetaba.
— ¿Semillas? —Pregunté totalmente perdida.
— Tengo un secreto —me sonrió ampliamente—. Uno que compartiré hoy contigo si prometes guardarlo —me dijo en un tonito misterioso apoyando su dedo índice sobre mis labios entreabiertos.
— Creo que... estoy más perdida que antes —le dije sinceramente, ladeando ligeramente el rostro.
Su sonrisa se amplió y luego examinando la copa del árbol pareció verificar algo, entonces llevo una de sus manos a su boca poniendo sus dedos en una posición extraña y luego silbó, haciendo un sonidillo agudo con un ritmo muy peculiar.
Lo miré intrigada y él sólo me devolvió otra bonita sonrisa.
— ¿Y ahora? —Pregunté esperando una respuesta más esclarecedora de su parte.
— No te impacientes.
Pero no podía simplemente esperar, abrí la boca a punto de decir otra cosa cuando Link tapo mis labios con su palma y me hizo un "shh" suavecito.
— Mira —me dijo susurrando junto a mi oído.
Me concentré en lo que él apuntaba y observé como entre el follaje de los árboles se movían saltando de ramita en ramita la pareja de gorriones, al cabo de un par de saltos extendieron sus alas y agitándolas con prisa se elevaron para después planear con gracia hasta donde nosotros nos encontrábamos.
Sus miradas inquisitivas se clavaron sobre nosotros, y dando saltitos desconfiados se acercaron más. Link sujeto mis manos y las guio para que las dejara apoyadas sobre el suelo. Fue sólo entonces cuando las aves dieron un último brinquito y llegaron hasta mis manos, aferrándose con sus dedos alargados y sus garritas.
— Link están... —había hablado suave para no asustarlos, pero ahora ambas aves estaban robando las semillas de mis manos con movimientos rápidos y certeros.
— Llevo semanas alimentándoles —me sonrió y se acercó un poco para volver a abrazarme por la espalda aprovechando que estaba paralizada con ambas manos como comedero—. Ya se han acostumbrado, y creo que les caes bien —su mentón se apoyó sobre mi hombro y de forma juguetona beso la piel que quedaba descubierta por lo grande que me quedaba la túnica haciendo que me estremeciera ligeramente— ¿Creíste que no me había percatado que pasabas horas mirando el nido?
Me sonrojé al escuchar su pregunta, en verdad había pensado que Link no había descubierto todo el tiempo que pasaba furtivamente junto al árbol.
— Link... yo...
— ¡Mira quién viene ahí! —Me dijo con tanto entusiasmo que asusto a los otros dos gorriones quienes se alejaron volando en dirección al árbol.
Observé al pequeño pajarito que Link acaba ver llegar, era casi del tamaño de sus padres, pero tenía el plumaje algo más alborotado y parecía que pequeñas plumitas como pelusillas se asomaban entre las más firmes, sus ojitos eran más grandes y redondeados y parecía tener una cabecita un poco más menuda.
— Esta bien —susurré emocionada, pero contuve mi emoción para no asustarlo.
Seguro mis ojos habían adquirido un brillo especial, algo que quizás Link había detectado, porque en una rápida ojeada que le di, parecía embelesado observándome.
— Te dije que no había nada de qué preocuparse —volvió a sonreírme y a estrechar mi cuerpo con más fuerza.
Respiré pausadamente y volví a sorprenderme al ver como el polluelo daba un brinco, siguiendo a sus padres que volvían a alzar el vuelo para regresar a mis manos, de forma algo torpe imitaba a los adultos y llego junto a ellos a mi mano, apoyando sus patitas delgadas de deditos menudos con pequeñas garritas.
No supe cuánto tiempo paso antes de que las aves se acabaran la merienda y volaran de regreso al nido para alimentar a los dos pequeños que aguardaban su regreso.
— Son una bonita familia —le dije a Link recargando mi cuerpo en él, sin dejar de observar como los pequeños pajaritos se apuraban para abrir sus piquitos esperando que sus padres depositaran en ellos el alimento.
— ¿Cómo te imaginas la nuestra? —Me pregunto de pronto tomándome nuevamente por sorpresa.
Me separé para observarlo, sabiendo que el rubor adornaba mis mejillas. No me había esperado una pregunta como esa, en realidad ni siquiera me imaginaba que Link había pensado en ello antes. Sin poder evitarlo mi corazón empezó a latir con fuerza, no estaba segura si era parte del nerviosismo que repentinamente me había inundado o era producto de esa miradita soñadora que él me dedicaba, pero fuera lo que fuera... me sentía sofocada.
¿En qué estaba pensando?
En verdad quería saberlo, quería descubrir que pasaba por su mente en este momento.
— Bueno —empecé tratando de recuperar el habla, desviando la mirada porque no podía, simplemente no podía sostener la mirada que él mantenía sobre mí—. Me gustaría una familia como la de ellos —respondí con un aire soñador viendo el nido y sus ocupantes, sonriendo inconscientemente al pensar en mis siguientes palabras—. Me encantaría tener un niño... no... quiero que sean tres —agregue enseguida—. Tres pequeños que crezcan juntos, que tengan lo que nosotros no tuvimos Link, que puedan sonreír, caer y levantarse, juntos —dije viendo como el más grande de los polluelos agitaba sus alitas y daba saltos alrededor del nido incitando a sus hermanos a imitarlo.
— Seriamos una familia de cinco —me dijo Link recuperando mi atención, pero no así mi mirada—. Podríamos empezar con uno, ¿no? —Me sugirió provocadoramente volviendo a atraparme entre sus brazos, haciendo que mi cuerpo se tensara y mis nervios aumentaran—. Te ves muy sexy con esto —agregó haciendo referencia a la túnica del campeón que estaba usando, y mientras lo hacía sentí como una de sus manos se deslizaba por mi muslo desnudo—. Me he estado conteniendo… pero no creo poder seguir haciéndolo.
Con sus últimas sugestivas palabras, abandono la mesura y sujetándome firmemente mordió mi cuello, haciendo que mi piel se erizara y que de mis labios se escapara un suave suspiró, placentero y trémulo.
— Podríamos entrar —le dije arqueando mi espalda mientras su lengua subía rápidamente por mi cuello.
Sus ansias se transformaron en mis ansias y sin darnos cuenta nuestras manos buscaron en el cuerpo del otro aquello que hacía arder algo en nuestro interior.
Agitada deje mi cuerpo caer sobre la cama, deshecha aún desde la mañana. Nuestros besos subieron de tono y mi corazón parecía andar tan rápido que casi sentí que no podía respirar.
Pero necesita más de eso, deseaba más de su cuerpo. Quería sentir su piel contra mi piel, porque entre cada caricia, entre cada hambriento beso y cada gemido ansioso, sentía que me estaba quemando, que mi sed crecía como lo hacía el espejismo de un oasis en medio de un desierto.
Y el ruido de las aves al exterior era acallado por nuestros nombres, por aquel llamado incitante que se elevó aún sobre aquel suave flujo de aquel riachuelo que cruzaba el frente de nuestro hogar, haciendo que el agua chocara con ímpetu sobre las piedras, tanto como lo hacía el cuerpo de Link sobre el mío.
Sólo parte de sus ropas lo abandonaron, porque la prisa que llevábamos nos hizo alcanzar una ávida unión, donde entre la túnica del campeón arrepollada, sus manos escudriñaron mi cuerpo y sin aviso previo su miembro firme y fogoso se deslizo en mi interior con fuerza.
Gemí su nombre una y otra vez, escuchando ahogada como su respiración entrecortada chocaba contra mi rostro y su expresión cargada de placer pervertía los pocos pensamientos puros que guardaba, transformándolos en un deseo alocado, una sensación que sólo él podía llenar en ese momento.
Sin pensarlo le pedí más, le rogué para que aquella posesión fuera más intensa. Y mientras mordía con fuerza su labio inferir vi cómo se aferraba del respaldo de la cama para embestir con más poderío.
Su frente perlada y sus mejillas enrojecidas, aquel jadeó que dejaba escapar entre cada estocada y aquella mirada que se perdió en la mía me transportaron a un lugar del que no quería irme. Me excitaba ver como sus músculos se tensaban entre mis manos, como su cuerpo temblaba para mantener esa energía.
El tiempo se detuvo para mí, y pronto ahogué un grito al sentir como aquel exquisito roce elevaba una sensación indescriptible por todo mi cuerpo y aun así él no se detenía, haciendo que aquella magnífica experiencia se dilatara por aquello que yo sentí como una eternidad.
— Para —le pedí temblando con fuerza, pero mi petición sonó más como una invitación, porque seguramente la expresión en mi rostro decía todo lo contrario.
Y él se detuvo, sólo para contemplar el éxtasis de mi mirada, volvió a besarme dulcemente y retomó aquello que había dejado sonriendo complacido al escuchar nuevamente mis suspiros sosegados.
— Zelda —me llamó a duras penas, apoyando su frente contra la mía, mientras su mano temblorosa subía por mi mejilla y sus labios dibujaban una sonrisa cansada pero lujuriosa—. No puedo… estoy… —no fue capaz de terminar, pero sabía perfectamente a lo que se refería.
Aumento el ritmo y la fuerza de un momento a otro, consiguiendo que mis gemidos subieran en tono e hicieran coro con los suyos justo antes de que ambos alcanzáramos un clímax pleno y exaltado.
Respirando agitado se dejó caer junto a mi lado, cubriendo sus ojos con su antebrazo, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente.
Sonreí aún agitada al verlo y acomodando un poco la túnica del campeón sobre mi cuerpo me acurruqué junto a él.
— ¿Estás bien? —Pregunté divertida al escuchar su sepulcral silencio, parecía cansado, muy cansado.
— Dame… un minuto —me sonrió, pero enseguida me abrazo cariñosamente para mantenerme junto a él.
— Si seguimos así la familia crecerá rápidamente —me burlé soltando una risita divertida.
— Me gustan las familias numerosas —me dijo en el mismo tonito divertido, mientras acariciaba lánguidamente mi espalda.
— Muy gracioso.
Probablemente si no nos cuidábamos, en vez de tres tendríamos muchos... muchos hijos, pensé sin saber que esta tranquilidad que disfrutábamos podría quebrarse algún día. Pero por ahora sólo me regocijaba de sentirlo cerca, con escuchar su corazón palpitar con fuerza, de saber que estábamos vivos a pesar del aquel pasado lóbrego que gobernaba mis pesadillas.
Quizás algún día podríamos tener una familia tan bonita como las avecillas que anidaban en el manzano fuera de la casa.
Anhelaba que así fuera.
Deseaba que estos días de paz perduraran por siempre y que este hogar fuera el nido que albergara nuestros miedos, nuestras alegrías y nuestros sueños.
¿Continuará…?
En un minuto pensé en dar por finalizado este fic, pero la verdad es que me quedaron unos lemon que nunca subí por falta de tiempo para revisarlos y arreglarlos xDD, y bueno después de bastante tiempo n-nUU les traigo este oneshot, espero que les guste.
Para los que no saben, esta historia tiene continuación, no he avanzado mucho en ella, pero tengo muchos capítulos escritos xD (en beta ya voy por la región orni y en el fic aún ni salen de la zora XDDDD), no he corregido los caps que siguen porque estoy tratando de terminar el último capítulo de un fic muy antiguo que tenía, para poder retomar otra historia que creo que es más vieja que esa x0x, yo y mi desastre de fics X3, pero los terminaré todos… lo prometo.
Por ahora me despido, ojala y alcancé a actualizar otro fic antes de mañana XDD (porque me voy a operar), así que XDD sino será para el finde, todo depende de como salga del procedimiento :P, porque quiero subir el siguiente capítulo de UN HEREDERO PARA HYRULE, que ayer revise hasta la mitad XDD
¡Saludos!
