Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


Capítulo 3

Dos años después...

Edward gruñó al escuchar el insoportable sonido del timbre de la casa, era sábado por la mañana y estaba seguro de que no pasaban de las diez, era imperdonable lo que hacían.

El timbre se silenció por unos segundos, pero antes de que pudiera sonreír y creer que se habían marchado, de nuevo tocaron el insoportable artefacto, además de que podía escuchar los sonidos de la puerta.

Se levantó de la cama aventando las sábanas lejos de su cuerpo, sonrió al ver la pierna desnuda de Bella, que dormía plácidamente ignorando por completo el timbre. Se puso los pantalones sobre el bóxer que usaba para dormir y salió de la habitación principal.

—¡YA VOY! —gritó a mitad de las escaleras para que dejaran el maldito botoncito del timbre de una buena vez.

Aún medio dormido abrió la puerta, frunció el ceño cuando notó a la pequeña niña que lo abrazaba y sonreía mostrando sus diminutos dientes de leche.

—Hola, dulzura. —La tomó en brazos procurando no levantar el vestido amarillo más de lo necesario—. ¿Que haces aquí en tu día con tu papá? Déjame adivinar, ¿te escapaste porque estás impaciente por irnos a Italia con la abue Esme?

Samy se rio y escondió su rostro en el cuello de Edward mientras el gruñido de Jacob causaba la risa disimulada de Edward.

Había una gran satisfacción en molestar al ex de su prometida.

Y se molestaría aún más cuando se enterara del anillo en el dedo de Bella, si hasta Rosalie esperaba el momento en el que sucediera, había pedido una fotografía de eso.

—Adelante, Jacob, el clima está algo frío.

Jacob cerró la puerta detrás de él y siguió a Edward hasta la sala en donde Samy comenzó a rebuscar en una de las cajas que aún estaba abierta.

—Necesito hablar con Bella —habló ignorando el hecho de que la mayoría de las cosas ya estaban empacadas.

—Sigue dormida, Jacob, tuvimos una noche bastante ajetreada, empacar no es nada sencillo.

—Es urgente que hable con ella.

—De acuerdo, ponte cómodo en donde puedas, iré a buscarla.

Edward tomó a Samy y la llevó con él escaleras arriba.

—¿Qué hacen aquí, Sam? —preguntó en un susurro.

—No che —contestó imitando el susurro—, papi quelia hablal con mami.

—Vamos a despertarla entonces.

Entraron a la habitación y Edward dejó a Samy sobre la cama. La pequeña niña gateó bajo las mantas hasta llegar a la altura del rostro de Bella y comenzó a picarle la nariz, cachetes, y ojos.

Bella atrapó el dedito fisgón con sus labios causando el gritito de sorpresa de Samy.

—Buenos días, preciosa.

—Benos días, mami.

—Jacob está abajo —informó Edward acostándose de nuevo en la cama—, quiere hablar contigo.

—¿Para qué?

—Como si me lo fuera a decir. —Rodó los ojos y se cubrió con las sábanas al mismo tiempo que acurrucaba a Samy entre sus brazos—. Tú ve a ver, nosotros dormiremos un poco más.

Bella se levantó de la cama y encendió la televisión para que Samy viera las caricaturas e ignorara la obvia discusión que tendría con su padre.

Edward siempre se quedaba con Samy cada vez que Jacob iba a la casa, la verdad era que no sabía por qué estaba molesto ahora. Ni siquiera sabía por qué había decidido volver a dirigirle la palabra.

Tan solo dos semanas atrás había terminado el juicio en donde Bella había obtenido nuevamente la custodia de Samy y el juez había permitido que la llevaran con ellos a Italia.

Jacob había luchado para que Samy se quedara con él, Charlie y Renée habían estado a su favor en que Samy se quedara en Seattle, ya que querían ver a su única nieta crecer.

Emmett —quien nuevamente había sido su abogado— presentó las invitaciones de cumpleaños, correos electrónicos y mensajes de texto que Bella había enviado invitándolos a pasar cumpleaños, Navidades, Años Nuevos y cualquier otro día festivo con ellos, y cómo ambos se habían negado a visitarlas a menos que recapacitara y volviera con Jacob.

¿En serio cree que la niña estará bien en un ambiente en donde reprimen su libre albedrío? —había dicho Emmett muy confiado de sí mismo.

La madre de Jacob había utilizado la vieja táctica de la abuela desvalida que quería pasar sus últimos años de vida junto a su querida nieta.

Emmett había vuelto a atacar.

Una nena de tres años no está capacitada para cuidar de una mujer mayor en silla de ruedas. ¿A usted le parece justo que la libertad que Samantha Black goza con mi cliente sea interrumpida por tener que hacer feliz a su abuela? ¿Aquí lo importante no es la felicidad y el bienestar de la niña?

El último y contundente golpe de Emmett fue recordarle al juez que la custodia de la niña había sido dada a Bella porque Jacob no estaba capacitado para cuidar de ella.

¿Cuál es la diferencia ahora?, en ese entonces Samantha Black tenía tan solo un año, una bebé que estaba aprendiendo del mundo que la rodeaba, ahora tiene tres años, demanda más tiempo y energía, más atención y cuidados. ¿Sabe que su hija es intolerante a la lactosa, señor Black?

La negativa de Jacob había sido el último punto que Bella necesitó para que el juez estuviera a su favor.

Bella dejó los recuerdos a un lado y vio a Jacob que esperaba sentado en el sofá de la sala.

—Pensé que aprovecharías el fin de semana que te dejé a Samy.

—¿Cuándo pensabas decirme que te ibas a casar? —preguntó poniéndose de pie—. Soy el padre de Samantha, merecía saberlo.

—Eres su padre, no el mío. No tengo por qué decirte lo que voy a hacer con mi vida.

—Claro que lo tienes que hacer, tus decisiones afectan la vida de mi hija.

—Cuando comience a afectarle avísame por favor.

—Deja tu sarcasmo, Isabella, esto es serio.

—Me voy a casar con Edward y nos iremos a vivir a Italia, eso no te afecta en nada a ti.

—No te niegas a casarte con él, ¿pero cuando yo te lo pedí me rechazaste?

—Las cosas son diferentes, Jacob.

—No lo son, tú te vas a casar con ese imbécil y serás la jodida sirvienta que tanto te negaste a ser conmigo.

—Dices puras estupideces —bufó exasperada—, no seré la sirvienta de Edward porque él me apoya en mi trabajo y me quiere como su compañera, no como quien le lava la ropa y atiende a su madre. Soy su pareja, PA-RE-JA, estamos juntos en todo, algo que tú y yo nunca hicimos. No hay punto de comparación.

—Eres una doble cara y debes saber que le diré al juez que omitiste la parte de que te casarás.

—Ve y dile a Alice que vaya a chillar con el juez —se burló Bella—, no ha podido ayudarte en nada durante estos tres años, ¿en serio crees que podrás quitarme a Sam con ese argumento tan estúpido? Me voy a Italia Jacob, el matrimonio estaba implícito en el viaje.

—Pero lo omitiste.

—Claro que no, Edward me pidió matrimonio al día siguiente en el que el juez me volvió a dar la custodia de Samy.

Jacob se jaló el cabello, exasperado.

—No puedes hacerlo, Bella —murmuró tirando una de las cajas en donde estaban guardadas algunas películas y adornos—. Si te casas con él dejaremos de ser una familia.

—¿En serio aún no lo superas? —preguntó cansada de la situación—. No somos una familia, Jacob, entiende que nunca lo fuimos, solo estuve contigo para no molestar a Rosalie y que mis padres dejaran de intervenir en mi vida. Si Renée no te hubiera llamado nunca hubieras sabido nada acerca de Sam.

—Mientes, tú me querías contigo.

—No lo hacía, Jacob, solo lo hicimos tres veces y en una de esas terminé embarazada, así de sencillo, tú fuiste el que se obsesionó con todo, yo nunca te di alas.

—Nunca nos diste una oportunidad —murmuró enojado—, si tan solo lo hubieras hecho, ahora seríamos una familia y Samy tendría un hermanito o dos.

—¿Y quién dice que Samy no tendrá un hermanito? —preguntó burlona—, o mejor aún, un dos por uno.

Jacob abrió los ojos como platos al ver que Bella se llevaba la mano al vientre.

No pronunció palabra alguna, tan solo fulminó con la mirada el vientre plano de Bella y salió de la casa azotando la puerta detrás de él.

Bella se dejó caer sobre el sofá.

NO ESTABA EMBARAZADA, y dentro de sus planes y los de Edward no había un bebé en un futuro cercano. Pero había querido deshacerse de Jacob y sabía que con esa noticia falsa lo haría.

Ya lo había aguantado por casi cuatro años, quería pasar sus últimos días en Seattle en paz y tranquilidad. Confiaba plenamente que Jacob no iba a decir nada acerca del tema.

Se puso de pie nuevamente y fue a la cocina a calentar la masa para waffles que había comprado en el supermercado días atrás.

Quería algo dulce para olvidar el amargo momento que pasó con Jacob.

Al verter la mezcla en la wafflera recordó su vida como una universitaria despreocupada.

Había hecho muchas estupideces, se había acostado con algunos chicos, aunque sin duda su peor opción había sido Jacob y no hablaba de que fuera malo en la cama, porque ciertamente era bastante bueno, además era muy guapo, pero había desarrollado cierta dependencia hacia ella. Había sido divertido la primera y segunda vez, pero la tercera fue un completo error de Bella, se había emborrachado de más y despertado en la cama junto a Jacob.

Aún recordaba que meses después, Jacob había llamado a casa de sus padres preguntando si se encontraba bien, ya que no le regresaba las llamadas. Si tan solo no hubiera llamado, Renée nunca lo hubiera contactado y Bella habría sido muy feliz siendo madre soltera, lo había planeado de ese modo junto con Rosalie cuando la prueba mostró dos rayitas rosas.

Pero ya no era momento de pensar en las posibilidades en donde Jacob no existiera en su vida, tenía casi veintisiete años, un buen trabajo, una preciosa niña a la que amaba y que en ese momento reía a carcajadas con su guapo prometido, con quien se iría a vivir a Italia.

Al ver entrar a su hija y prometido a la cocina pidiendo comer waffles, aceptó que, sin Jacob, no tendría a su pequeña junto a ella ni mucho menos hubiera entrado hacía casi tres años a esa cafetería —después de haber discutido con Jacob por negarse a bañar a su madre— en donde discutió por el mismo café con un guapo chico italiano.

Había salido con Edward mientras aún vivía con Jacob, fue bastante difícil hacerlo ya que la señora Black no veía bien que saliera tanto de la casa, aun cuando se excusaba en que sacaría a pasear a Samy, pero Rosalie la había ayudado acompañándola en cada una de las citas que tenía con Edward. Mientras su amiga cuidaba de Samy, Bella y Edward se iban conociendo lentamente, disfrutando del tiempo para enamorarse perdidamente el uno del otro.

Había sido sincera con Edward respecto a su situación y él entendió perfectamente, así como aceptó el no conocer a Samy hasta el día en que dejara a Jacob. Edward había sido su confidente y quien le había dicho acerca de la entrevista de trabajo.

Emmett fue de gran ayuda para el caso, con tantos años como abogado de lo familiar, le había dado los consejos específicos para asegurarse que Samy estuviera bajo su custodia demasiado fácil.

Sabía que había lastimado a Jacob y tal vez fue su culpa el que terminara demasiado obsesionado con ella, pero tenía que vivir su vida y esa vida no la quería junto a Jacob.

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Trece años después...

Con dieciséis años, Samantha tomaba su maleta morada de la banda en movimiento, había sido un largo viaje desde Italia hasta Seattle, un viaje que había hecho sola desde que cumplió los seis.

Había rogado por no viajar más a Seattle, le gustaba Italia y quería pasar las vacaciones con sus amigas, no junto a su abuela y padre en donde no conocía a nadie, pero Bella se había negado y dicho que suficientes problemas seguía teniendo con su padre como para soportar otro drama por no mandarla a Seattle.

Vio a su padre desde lejos, por supuesto que lo amaba, pero no quería despedirse de Italia todas las vacaciones dejando a sus padres —Edward también lo era, aunque nunca lo diría frente a Jacob—, y a sus dos hermanos, no era justo que ella tuviera que pasar las vacaciones junto con su dramática abuela, mientras sus hermanos jugaban en casa.

—¿Qué tal el vuelo?

—Igual que siempre —contestó y se encogió de hombros.

Jacob no era muy conversador, así que Samantha permaneció callada el resto del viaje hasta llegar a la casa de su padre.

Besó a su abuela y subió las escaleras para mandarle un mensaje a su madre avisándole que había llegado bien.

Tal vez Sam debería aprender de su madre y dejar en claro que no quería seguir visitando Seattle.

—Baja a comer, Sam.

—Voy, papá.

Samantha bloqueó su teléfono y guardándoselo en la bolsa del pantalón bajó a compartir la comida junto a su padre y abuela.

No le extrañaba que su madre se hubiera marchado de ese lugar, la casa no había cambiado ni un poco, tan solo había más portarretratos de ella a lo largo de su vida.

Jacob no había superado a Bella ni un poco y Samantha lo veía cada vez que regresaba durante las vacaciones.

Definitivamente le dejaría en claro a su madre y padre —Edward—, que NO QUERÍA, regresar más, si tanto era el deseo de Jacob por verla y pasar tiempo juntos, que fuera a Italia a visitarla.

Fin

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Hola

Yo sé que es tarde, pero espero que disfrutaran el capítulo.

Sobre aviso no hay engaño.

Tres capitulo prometí y tres capítulos solamente habrá.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Yanina muchas gracias por tu ayuda.

Nos vemos.