Disclaimer: Sweeney Todd no es mío... pero algún día, lo será.

Copyright: Por favor, no copiar :)

No me puedo creer lo que he estado escribiendo este capitulo. Casi llego tarde a recoger las notas y todo XD Espero que os guste porque me he dejado los dedos (:D) y prometo que habrá, al menos de este, capitulos igual de largos.

Aclaro:

Guiones (—) para las conversaciones.

Cursiva y guión para Lucy.

Entre comillas ("") y en cursiva para cuando Lucy habla en la cabeza de la Sra. Lovett en medio de una conversación.

Entre comillas y normal para pensamientos, recuerdos, etc.

Cursiva, negrita y guión para cuando la Sra. Lovett y Lucy hablen a la vez, es decir, digan lo mismo. Bueno, eso se explica abajo.

¡A leer!


Locura


Suspiró, observándose en el espejo. ¿De verdad era ella? Lucy había dicho tres años… llevaba tres años muerta… ¿cómo no se había dado cuenta?

¡Vamos! —se quejó la otra mujer sin hacerse visible—. ¡Que no se va a hacer sólo!

Gruñó, no le gustaba que la dieran órdenes.

Salió de la habitación con cuidado, estirando las piernas para desentumecerlas. Bajar la escalera fue casi una tortura por tanto desnivel, y las risas de su difunta amiga tampoco ayudaban mucho. Sobre todo cuando la recordaba que eso lo tendría que hacer durante todo el día y todos los días.

Llegó a la tienda minutos después, y, por lo menos, se llevó una sorpresa grata. Estaba limpia, no había bichos. No estaba como la recordaba, sucia y destartalada, ahora se parecía más a cuando la compró.

Lucy sonrió con agrado desde su reflejo en los cristales de las ventanitas mientras la Sra. Lovett avanzaba por la habitación mirándolo todo.

Entonces… ¿lo he hecho bien? —preguntó.

—Ya lo creo… pienso que es lo único que has hecho bien estando en mi cuerpo —respondió la Sra. Lovett maravillada.

—¿Perdón?

Una voz proveniente de la sala la sacó de sus pensamientos e hizo que enrojeciera por la vergüenza. Se dio la vuelta lentamente. Un niño la miraba desde la entrada a la trastienda, con los ojos adormilados y un pijama de rayas viejo. ¿Quién era?

Toby —le recordó Lucy. La Sra. Lovett miró en su dirección asustada. ¿Qué podían pensar el niño si la veía? —. Él no puede verme ni oírme… —respondió Lucy, cansada por su idiotez. La Sra. Lovett disimuló un poco.

—Nada —respondió. "Cariño" le recordó Lucy—. Ca-cariño —terminó.

Si te comportas así va a notar que algo raro pasa.

—Cállate —susurró la Sra. Lovett sin mirarla.

—¿Está bien, Sra. Lovett? —preguntó Tobías, extrañado por la reacción de su madre. ¿Por qué decía aquello? Parecía hablar sola… era raro.

Claro amor, ¿cómo iba a estar, sino? —respondió Lucy, usando la boca y la voz de la Sra. Lovett, la cual, como siempre, no pudo evitar hacer una mueca rara—. Anda, vete a dormir un rato más mientras hago el desayuno, ¿eh?

—Sí, gracias, señora —respondió, bostezando, aunque no muy convencido se fue.

Cuando desapareció, la Sra. Lovett miró escandalizada al reflejo de Lucy, que la miraba bastante preocupada.

—¡Cómo te atreves! —le dijo, aunque susurrando por si la oían—. ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Nunca!

No sabes comportarte, y casi la lías. Lo voy a hacer siempre que cometas estupideces como esas —respondió.

—¡Ni se te ocurra! No tienes idea de lo mal que se siente.

Me da igual —dijo, encogiéndose de hombros.

—Pues no te ayudaré —dijo, alzando una ceja "amenazadoramente".

A ver si opinas lo mismo después de tener que hacer tú sola el desayuno.

Atónita, la Sra. Lovett observó como la figura de Lucy desaparecía del espejo, y la dejaba a ella con todo el marrón.

—¡Vuelve aquí ahora mismo! —exigió.

No. Vamos a ver si tan lista eres —dijo su voz.

Refunfuñando, la Sra. Lovett trató de recordar qué desayunaban el barbero y el niño. La tela que cubría sus memorias era muy espesa, y la información que supuestamente sabía se le escurría entre los dedos. Tuvo que pensar con obviedad.

Puso agua a calentar para hacer té, y mientras, miró a su alrededor por si algo se lo recordaba.

¿Empanadas? Del Sr. Todd lo dudaba, todas eran humanas.

¿Tostadas? Sí, posiblemente para el niño.

¿Ginebra? ¡No! ¿Cómo iban a desayunar con eso?

Tu querido niñito adoptado lo hace —se rió la voz de Lucy.

—Gracias —respondió ella.

Se escucharon algunas malas palabras provenientes de Lucy… o de la mente de la Sra. Lovett, que empezaba a pensar que se estaba volviendo loca.

"¿Y cómo no voy a pensarlo?", se preguntó. "¡Veo a una muerta! ¡Hablo con ella! Si no fuera porque su historia parece real, me internaría yo misma en Bedlam".

Cuando terminó con la comida, que le quedó bastante mal, decidió que lo mejor sería subirle el desayuno al Sr. Todd primero. Cogió lo que mejor estaba para él, no fuese que la pegase o algo, y subió rápidamente. Cuanto antes, mejor.

Pero entrar en la tenebrosa barbería fue un mal trago para ella. Estaba oscuro, escaso en decoración. Y la única luz que había era la que llegaba desde la ventana, que apenas y era nada.

Le he traído el desayuno, amor —dijeron ambas. Ahora la Sra. Lovett fingió normalidad, a pesar de que estaba bastante enfada con Lucy por volverlo a hacer.

—Bien —contestó él, sentado en su silla.

Ella no dijo nada y caminó hacia la puerta, queriendo salir de allí cuanto antes.

—Sra. Lovett —la llamó sin darse la vuelta, mirándole desde el reflejo de su navaja.

—¿Sí, Sr. Todd? —preguntó ella de forma neutral, luchando por las palabras que Lucy quería decir por ella.

—Siento lo de ésta mañana.

—No importa —respondió—. Entiendo por qué se puso así.

—¿Ah, sí? —preguntó él. ¿Y qué podía saber ella? —. ¿Por qué?

—Ha soñado —respondió, encogiéndose de hombros y saliendo por la puerta.

Sweeney Todd se quedó un momento en silencio. ¿Había soñado? ¿Cómo que había soñado? No lo entendía. La respuesta era acertada, por supuesto, pero jamás pensó que ella pudiese… entenderle. Entender que sus sueños eran pesadillas, que le ponían de aquél extraño humor cada vez que amanecía.

Y esos sueños eran terroríficos, pues siempre soñaba que estaba con Lucy, su Lucy, en la cama, compartiendo su amor. Y eran pesadillas porque, aunque trataba de disfrutarlas en vano, sabía que despertaría tarde o temprano, y experimentar el volver a perderlo todo, noche tras noche, día tras día, le hacía un daño imposible de reparar.

Lo que él no sabía es que todo era culpa de la susodicha, que había decidido vengarse de él de la forma más cruel posible.

La Sra. Lovett bajó las escaleras a trompicones, asustada.

Cuando le miró a los ojos, aquellos pozos vacíos, sólo recordó muertes y dolor. Los sentimientos que supuestamente antaño tuviese ya no estaban. Todos eran de Lucy, y no suyos.

Despertó a Toby, fingiendo estar bien, y le dio el desayuno.

Rápidamente volvió a su habitación, se le habían quitado las ganas de comer.

Lucy… maldita per-… Ahora encajaban muchas cosas. Las preguntas que siempre se hizo tras el velo de: "¿Qué tuvo ella que yo no tenga?" en realidad eran "¿Por qué no puede ver que yo soy ella?". Había estado cegada por ilusiones creadas por el espíritu.

Sólo lo hice por tu bien —dijo Lucy, apareciendo en el espejo del tocador.

—¿Por mi bien? —preguntó escandalizada—. Has jugado con mis sentimientos, con mi mente, ¡has jugado conmigo! —le recriminó.

Tenías que pensar que de verdad estabas enamorada de él. Verás, Margaret, cuando caíste por las escaleras pensé que te habías muerto. No podía permitirlo, ¡él vendría directo aquí! Y tú eras mi amiga, ¿Cómo podría dejar que murieses?

—Fuiste una egoísta. ¡Hubiese preferido morir antes que verme incriminada en esta guerra… venganza que no es la mía! —gritó.

Pero estás viva, y no pienso dejar que te suicides —dijo tercamente—. Escúchame bien, Margaret. No estabas muerta del todo. Tu alma se había fraccionado, y poco a poco te morías, sí, pero aún no lo estabas. Me apoderé de tu cuerpo y presioné los cachos de tu alma. Me volví mortal por ti. Hice que tú absorbieras mi energía por la noche para poder juntar tus piezas. He tardado tres años en conseguir que volvieses a la vida. ¿No me estás agradecida? Ya te cobré tu deuda conmigo, aprovechándome de tu cuerpo para volver a disfrutar un poco más de la vida. Pero, ¿acaso es pecado? Te he dado una vida, alguien que puede protegerte. Hemos hecho lo correcto, juntas.

—¡Por tu culpa he matado! —dijo casi llorando—. Iré al infierno… ¡esto es un infierno!

¡Te equivocas! Yo maté por ti, y yo sufriré las consecuencias. Eso ya lo he hablado con los superiores —mintió.

—Ah… ¿sí? —preguntó, tranquilizándose.

Sí. Así que no te alteres, y hazme caso.

—E-está bien.

En su habitación, el Sr. Todd no paraba de darle vueltas a lo que ella había dicho mientras desayunaba. De repente todo era diferente. Su comida sabía diferente, ella parecía diferente. Sus palabras eran diferentes.

Por primera vez en mucho tiempo, su comida no le daba asco. Sí, se le habían quemado las tostadas, pero eso a él jamás le había importado. No. Tenía que ser otra cosa.

Se sentó a pensar.

¿Por qué nunca la había mirado ni tratado bien? La respuesta era sencilla. Ella era familiar. Odiaba todo lo que pudiese recordarle a Lucy. Saber que había otra mujer pretendiéndole, bien por egoísmo bien por obsesión le traía de cabeza. Había decidido apartarla, no pensar en ella.

Pero sus palabras aquella mañana le habían descolocado.

Le comprendía, y le entendía. Tal vez ahora, así sin más, hubiese entendido su forma de ver las cosas. Eso era lo que él necesitaba, sentirse comprendido.

¿Cuántas tardes lluviosas, cuando la gente no viene, había secuestrado un cliente y le había contado toda su vida sólo para desahogarse con alguien antes de matarlo? Pero él sabía que aquellas personas sólo decían entenderle por miedo a morir, pero ella aún no estaba condenada.

No había oído en sus palabras un sentimiento irracional hacia él. Sólo… comprensión.

Sí. Sentía que alguien, y por primera vez en muchos años, le entendía. Y ese alguien, era la Sra. Lovett.


Vaya vaya, dicen que la comida sabe diferente depende de qué persona la haga... ¿será que al Sr. Todd no le gusta la comida de Lucy? XD