HunterxHunter KilluaxGon {By your side}
Disclaimer: HxH no me pertenece. Pertenece a su respectivo autor. Esto es solo un fic sin fines de lucro.
Capítulo 3: Lágrimas de cristal.
La pequeña sesión que habían tenido Leorio y Gon había finalmente terminado, después de haber luchado un poco para lograr que Gon aceptara tomar la medicina que le estaba ofreciendo el pequeño cayó rendido. También Leorio se vio en la necesidad de aplicarle una inyección pues aunque su malestar parecía sencillo era ridículamente peligroso, hasta el punto de poner su vida en riesgo. Por supuesto le comentaría ese detalle a Kurapika, pero quizás no a Killua. No estaba muy seguro de querer contárselo en ese preciso momento. Leorio salió con su maletín en mano de la habitación del pequeño Gon y encontró a Killua sentado en la butaca de la cocina, esperando a que Kurapika terminara de preparar la comida que había comenzado a hacer. Killua tenía un pantalón largo negro y un polo color azul con unos cuantos diseños abstractos en el pecho, color negro. Su blanco cabello estaba mojado, por lo que caía haciéndolo parecer más lacio de lo que era y pequeñas gotitas cristalinas caían de sus flecos. También, la piel de Killua se veía más pálida, a lo mejor por el frío clima del momento.
En el momento en que se acercó más al par que lo miraba con curiosidad, Leorio dejo el maletín sobre la mesa y se sentó en una silla de la misma, bostezó ligeramente y luego tomó el periódico para continuar leyendo como era de costumbre. Kurapika le entregó el desayuno a Killua quien respondió con un «Gracias.» y posteriormente comenzó a comer. A pesar de ya haber terminado, Kurapika permaneció viendo a Killua por unos segundos y después de un rato tomó una toalla y comenzó a secar el cabello del antes mencionado. Como era de esperarse, el más joven de los tres se sonrojó ligeramente sintiendo algo de vergüenza pues no está acostumbrado a ese tipo de contacto, pero no pudo oponer resistencia pues el Kuruta le decía con la mirada que ni siquiera intentara hacerlo. Nunca supo porqué, pero Leorio no pudo evitar sonreír al ver esta escena pensando en que esos dos de esa forma incluso parecían un par de hermanos. Kurapika entonces tomó un secador de sabrá Dios donde y comenzó a peinar el cabello de Killua. Era muy extraño, muy extraño. ¿Por qué estaba Kurapika comportándose de esa manera repentinamente?
— Será mejor evitar que te enfermes, Killua. Con este clima frío no deberías dejarte el cabello mojado. — Leorio fue quien tomó la palabra como si hubiese leído los pensamientos del alvino. El de ojos azules miró al Kuruta y éste simplemente asintió. Killua realmente estaba avergonzado, hubieran comenzado por ese punto y hubieran evitado que él pasara por ese momento embarazoso, para él claro. — Sobre Gon, fue necesario ponerle una inyección…. — en ese momento, la completa atención de Killua volvió a estar sobre Leorio. — Ahora está dormido, tranquilo. Solo necesita descansar. — Leorio no apartaba la mirada del periódico, Kurapika ya sabía que le hablaría con lujo de detalles más tarde así que el único que estaba poco informado era Killua, pero él no era ningún tonto.
— Una simple enfermedad no necesitaría una inyección, un «solo necesita descansar» no la curaría entonces. — mencionó mientras Kurapika continuaba peinándolo, el calor del secador tocaba su piel y era realmente agradable con ese clima. — ¿Tan grave está? — interrogó directamente ansioso por conocer los detalles.
— Puede decirse que simplemente su estado empeoró. ¿Había mostrado señales de enfermedad últimamente? — La última frase o mejor dicho pregunta tomó por sorpresa a Killua, realmente Gon no había mostrado ningún síntoma. No había estado extraño ni le ocultaba nada…. Momento, la noche anterior Gon tenía planeado decirle algo ¿Acaso era sobre eso?
— No tenía síntomas… tampoco parecía enfermo y su actitud era igual que siempre, pero anoche estaba actuando extraño. — Kurapika dejó el cabello ya esponjoso y suave del alvino y se sentó en el sofá frente a ellos con intenciones de unirse a la conversación.
— ¿Extraño en qué sentido? — esta vez quien habló fue Kurapika, comenzaba a parecer un interrogatorio esa conversación. No perdían ni un segundo para realizar otra pregunta y según veía el Kuruta analizaba la situación con bastante velocidad.
— No podía dormir así que estuvo rondando por la habitación, supongo. Cuando lo noté él estaba mirándome, pero no estaba abrigado así que lo metí a la cama otra vez. — Resumió todo para evitar más preguntas, claro que no pensó en mencionar la pequeña conversación que habían tenido. No pensaba dar tantos detalles, al menos no en el momento.
— Quizás estuvo ocultándolo. — finalizó Leorio, mirándolo directamente a los ojos. No lo creía ¿Por qué Gon le ocultaría algo tan importante. — O quizás, ni él mismo lo había notado. Seguiré estudiando su caso. — Dijo para entonces ponerse de pie aún observando a ambos jóvenes y para luego sonreír. Kurapika sonrió suavemente mientras que Killua permaneció algo pensativo.
Gon abrió los ojos suavemente mientras estiraba un poco su cuerpo sobre aquella acogedora cama, las blancas y acolchadas sabanas provocaban que los deseos de permanecer en la cama fueran muchos, pero al parecer había estado allí por bastante tiempo. ¿Cuánto tiempo había dormido? Ni siquiera podía recordar en qué momento volvió a dormirse, solo recordaba que estaba peleando con Leorio porque no quería tomar una medicina… medicina. Sí, quizás la medicina lo durmió. Lo peor de todo es que aún no había conseguido disculparse y agradecerle a Killua como este se lo merecía, realmente estaba pensando en un plan para compensar sus acciones. Después de todo, el que estuviera enfermo no era más que su propia culpa.
Lentamente se sentó sobre la cama y con su mano derecha tallaba sus ojos en un intento de hacer que el sueño y la pesadez abandonaran su cuerpo y al mismo tiempo para lograr que los mismos se acostumbraran a la luz. En la habitación ya no había nadie, y tampoco se sentía nadie en el apartamento. No escuchaba voces, todo estaba tan tranquilo que lo desconcertaba y confundía. Cerca de la puerta había unas maletas, dos para ser exactos. Dos maletas de tamaño regular, un par que nunca antes había visto. ¿Qué estaba ocurriendo? En ese momento Killua entró a la habitación y se sorprendió ligeramente al ver al chico del cabello puntiagudo ya despierto.
— Oh, lo siento. ¿Te desperté? — preguntó mientras se acercaba para tomarle la temperatura, pero había algo extraño en él… en su aspecto… en su voz. Se notaba decaído, pálido, preocupado. Sin vida. Esa mirada que había tanto tiempo había desaparecido nuevamente decoraba su rostro. ¿Por qué?
—No, descuida. — respondió inmediatamente y posteriormente Killua retiró su mano de la frente ajena, comenzando a caminar hacia afuera. — ¿Para qué son esas maletas? ¿Alguien ha venido? — las preguntas hicieron que Killua se paralizara, no quería darle la cara. Killua se mantuvo en silencio, un silencio agudo, doloroso y desconcertante. Nuevamente, comenzó a caminar. — ¿Killua? — llamó su nombre, quería respuestas. Comenzaba a preocuparse. ¿Qué ocurría?
—Me iré. — respondió frío y cortante, nunca había sido así con Gon. Su gran temor se volvía realidad. El más joven pudo sentir como algo se hundía en su corazón, como si el mismo se destrozara. ¿Qué había ocurrido mientras él dormía tan tranquilo? ¿Acaso Killua pensaba en irse sin antes despedirse?
—… ¿Qué? Killua, no juegue con eso… — Gon se negaba a creer en las palabras de su mejor amigo, pero le hablaba con tal seriedad que parecía real… o en el peor de los casos, era cierto.
— No estoy jugando. — nuevamente, las palabras de Killua causaron dolor en el pecho de Gon. Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas del moreno y los ojos de Killua amenazaban con hacer lo mismo`, pero se veían más fríos y sin vida. Killua estaba dispuesto a avanzar pero un golpe seco lo detuvo. Se dio la vuelta y vio a Gon en el suelo, había intentado levantarse y había perdido el equilibrio.
—¡No puedes irte, no sin antes darme una explicación! ¿Por qué? — la voz del pequeño estaba quebrada, en su garganta un nudo se había formado. Killua no pudo evitarlo y corrió para socorrerlo, levantarlo y acostarlo en la cama. Al menos esas eran sus intenciones. Gon se aferró a él tan pronto como pudo mientras aún continuaba dolido, la actitud de su mejor amigo lo había herido mucho más de lo que podría haber imaginado.
— Gon… — Killua susurró mientras era abrazado de tal forma, pero no lloraba. Al parecer definitivamente había olvidado cómo hacerlo.
—Si no me respondes, dejaré de reposar e iré tras de ti, solo para saber la verdad.
—No me interesa — puñales, puñales que se incrustaban en el ahora débil y frágil cuerpo de Gon. El niño estaba sorprendido, y extrañamente un dolor que sabía perfectamente no era causado por esas palabras invadió su cuerpo. El corazón le dolía mucho, llevó su mano hacia su pecho y sus ojos se cerraron con fuerza. Realmente le dolía ¿Por qué le pasaba eso a él? El dolor de perder a alguien querido y el dolor del corazón. Estaba muriendo lentamente. Poco después comenzó a gritar.
—¿Gon? — escuchó un susurro, pero no abrió los ojos. Dolía demasiado, nuevamente escuchó su nombre ser llamado. No prestaba atención a nada, ni a nadie. Solo deseaba que ese insufrible dolor terminara cuanto antes, que su sufrimiento cesara. No podía con tantas cosas juntas… todo el tiempo había creído que era bueno resistiendo pero había notado que no era así. —¡GON!
Sus ojos se abrieron con fuerza, su respiración era agitada y su rostro estaba lleno de lágrimas. Sobre sus hombros se posaban las manos de Killua y la expresión del mismo era una bastante preocupada. En la habitación también se encontraban Leorio y Kurapika, quienes observaban la escena angustiados. Las maletas ya no estaban. Todo había sido un sueño. Los gritos de Gon habían alertado al trío que fue corriendo a la habitación a socorrerlo. — Finalmente despiertas. — murmuró Killua algo aliviado, pero fue sorprendido cuando sintió el abrazo de Gon. Lo abrazaba con tal fuerza que creía iba a sofocarlo, las lágrimas continuaban cayendo pero Killua no se atrevía a decir una palabra, solo correspondió el abrazo sin importarle quien estuviera presente. El bienestar de Gon era primero. Kurapika y Leorio observaban como el pequeño lloraba desconsolado ¿Qué habría soñado? Se preguntaban.
